
¡SIMON DICE! Joe Simon charla sobre el negocio del comic-book, Jack Kirby y unas cuántas cosas más. Entrevista realizada por Jim Amash y transcrita por Brian K. Morris. 3 (de 5).
Parte 1, parte 2.
Originalmente apareció en Alter Ego número 76 (marzo, 2008).
Traducido por Frog2000. [Nota: esta entrevista es complementaria de la autobiografía de Joe Simon, "The Comic Book Makers”. Si puedes, consíguela cuanto antes, pues además de ser muy amena, esclarece algunas cosas muy interesantes sobre los comienzos del cómic de super-héroes].

JA: Cuando creásteis “The Newsboy Legion” y “Boy Commandos”, ¿llegásteis a algún acuerdo con Liebowitz sobre los porcentajes de ventas?
SIMON: Si. Liebowitz nos pagó bien, mejor de lo que lo había hecho Martin Goodman. Esa fue una de las diferencias que vimos. Y cuando nos fuimos a hacer el Servicio Militar, nos estuvo enviando los cheque de royalties continuamente. Amábamos a Liebowitz. Yo solía llamarlo “Señor Liebowitz”. En la empresa todo el mundo le llamaba “Jack”, pero yo nunca lo hice.
En aquella época montamos un estudio en un apartamento de Tudor City, en la calle 42. No lo sabíamos, pero Will Eisner tenía su oficina cerca de la nuestra, en el mismo complejo de apartamentos.
JA: Cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, Jack y tú sabíais que os llamarían a filas, así que contratásteis a gente para que os ayudara a hacer frente a los títulos que estábais creando.
SIMON: Liebowitz quería que le dejásemos adelantados un par de años, si es que podíamos hacerlo. Pero eso no lo hablamos con Harry Donenfeld, lo dejamos de lado. Era un alcohólico y ni siquiera nos reconocía. Cada vez que lo veíamos, teníamos que volvernos a presentar. Los tíos que estuvieron trabajando para nosotros fueron contratados y pagados por nosotros mismos, no por DC. No tuvimos ninguna interferencia o guía editorial, hicimos el producto por completo. No estábamos de acuerdo ni con Mort Weisinger ni con Jack Schiff. Querían hacerlo todo a su manera, con entintado muy pulcro. Jack y yo estábamos haciendo un montón de cosas con entramado. Intentaron quitar de en medio nuestra forma de trabajar, pero no pudieron. Teníamos un contrato. Hasta cierto punto nos dejaron hacer las cosas a nuestro aire porque nuestros títulos se vendían muy bien.
JA: Hay una historia de la “Newsboy Legion” en la que alguien les dice que “The Boy Commandos” han sido asesinados en combate. Kirby dibujó a Whit Ellsworth y a Jack Leibowitz en esa historia. ¿Les gustó aparecer en ella?

SIMON: Se sintieron muy halagados. Era como una especie de historia de broma. En esa época, y por razones parecidas, nos obsesionaban las “pandillas de chicos”. Eramos los reyes de las “pandillas de chicos”.
JA: ¿Os influyeron las películas de los “Dead End Kids”?
SIMON: Puede ser. Creo que la influencia principal fue un libro que leí cuando era un niño que se llamaba “The Boy Allies”. Eso inspiró los “Young Allies” de la Timely.
JA: El escudo del Guardián era diferente del que llevaba el Capitán América. ¿Era el Guardián otra versión más del Capitán América?
SIMON: Hicimos tantos personajes en los que les poníamos un escudo por aquí o por allá... Simplemente era un accesorio [se ríe por lo bajo]. No creo que tampoco exista otra explicación. No creo que nos sentásemos y empezáramos a hablar de hacer algo parecido al Capitán América, o algo parecido. Respecto a las pandillas de chicos, las usábamos una y otra vez, todas eran el mismo concepto.
JA: Kirby y tú estuvísteis produciendo una gran cantidad de material para DC, ¿recuerdas la cantidad de guiones tuviste que escribir?
SIMON: No, realmente no me acuerdo.
JA: ¿Dónde encontrábais a la gente que trabajaba para vosotros? ¿Se acercaron ellos? ¿Habíais anunciado el trabajo en algún sitio?

SIMON: Durante aquellos años tuvimos a mucha gente trabajando para nosotros, personas como Chales Nicholas. Pero sí que lo anunciamos y así conseguimos a alguna otra gente más. Había un chico, un inmigrante alemán, que tenía un estilo como el de Milton Caniff. Una vez, vino donde yo estaba y me dijo: “Mi forma de entintar es importante, ¿verdad?”, y le dije: “Claro, ¡es muy importante!, y me respondió: “Creo que debería tener un socio”, y le dije: “Creo que es hora de que te vayas a casa” [ambos se ríen].
JA: En esa época ¿érais Kirby y tú socios al 50%?
SIMON: Siempre lo fuimos, excepto en Timely, en donde le dí a Jack el 10% de mi porcentaje.
JA: ¿En qué momento os convertísteis en socios legales?
SIMON: Cuando nos vinimos a DC hicimos un contrato que nos convertía en socios legales, asi que firmamos un contrato con DC, especificando que éramos socios y que produciríamos un trabajo determinado para ellos. No recuerdo la extensión del primer contrato, pero... ahora que lo pienso, quizá era de un año de extensión.
JA: ¿Quién se marchó primero a hacer el Servicio, Kirby o tú?
SIMON: Kirby se fue primero. Al final yo no fui al Ejército. Ingresé en la Guardia Costera, porque así tuve la oportunidad de estar en la Patrulla Montada. Tengo la calificación de suboficial por haber sido buen jinete. Al principio estuve haciendo guardias en la playa, y era bastante famoso entre los granjeros que también estaban en mi misma patrulla de playa. Luego me presenté como voluntario para entrar en los “Combat Art Corps”, en Washington, DC, y me pusieron a hacer comic-book en la revista True Comics. Hice un trato con el sindicato según el cuál, haríamos una historia sobre la Guardia Costera cada tres de ellas. Así que me contrataron, aunque nunca me llegaron a pagar. ¡Qué divertido era hacer cómics! “Hey, vamos, dámelo, sigo aquí por aquí.” [Ambos se ríen] Fui a hacer el Servicio a finales de 1942 y volví a casa finales del ´45.
JA: Volvamos a DC por un momento. En la portada del “Boy Commandos” número diez, la figura principal que aparece me recuerda un poco a Joe Simon...

SIMON: Esa es una en la que los “Boy Commandos” están en el agua. Creo que la hice yo. Dibujé algunas de las portadas de la serie mientras estaba haciendo el Servicio, para poder ganar algunos pavos. Una de ellas fue la portada del número doce, en la que alquien escribió: “Tokyo, 5 miles”, aunque escribiesen mal la palabra “Tokyo”. Solía describirla como la portada más extraña que había hecho alguna vez, porque el perro llevaba colores de camuflaje, y nadie más tenía ropa de camuflaje en la portada. Creo que uno de los hermanos Cazeneuve fue el entintador. Un entintado horroroso. ¿Has visto lo enloquecida que parece? Es mi portada más rara.
Había gran escasez de dibujantes. Un buen porcentaje habían sido alistados, así que a DC le valía cualquiera que se le enviase. Estaban muy contentos con cualquiera. Creo que deberían haber tenido algún corrector.
JA: ¿Empezaron los hermanos Cazeneuve (Arturo y Louis) a trabajar con vosotros en DC? ¿Qué recuerdas de ellos?
SIMON: Ya estuvieron trabajando en Timely para nosotros. Creo que no se manejaban muy bien con el inglés. Eran de Bolivia o de Argentina. Vinieron aquí porque había mucha escasez de dibujantes, y porque querían ganar dinero. Eran unos chicos muy agradables. Ambos abocetaban a lápiz y entintaban. Por lo que sé, no tenían un buen nivel. Teníamos dibujantes clase “A”, “B” y “C”, y ellos no estaban en el grupo de los mejores. Hacían mucho trabajo. Eran muy productivos, se esforzaban mucho. Eran profesionales.
Aún recuerdo cuando Louie llegó y me dijo: “Ya sabes, me gustan esas chavalas jóvenes. Pero ellas no saben ni quién soy.” [Risitas mútuas] Es divertido de lo que te puedes llegar a acordar, ¿verdad?
JA: Cuando tenías dibujantes que no estaban considerados como buenos, ¿intentábais emparejarlos con alguien que fuese un poco mejor?
SIMON: Era imposible hacer eso. Tenías que aceptar lo que podías conseguir.
JA: Joe Kubert me contó que había entintado una historia o dos. ¿Lo recuerdas?
SIMON: Si, eso creo. Estoy seguro de que lo hizo bien. Gil Kane también trabajó para mí, y solía copiar mucho a Kirby, incluso más de lo que yo lo hacía.
JA: Me parece asomboro que dos años antes pudiéseis con todos esos títulos.
SIMON: Creo que la calidad de nuestro trabajo era asombrosa. Todo lo que hicimos se sostenía muy bien. Todo nuestro trabajo.
JA: Lo hacía. A propósito, Jack fue licenciado antes que tú. Supongo que se encontraría trabajando en las oficinas de DC cuando volviste.

SIMON: Sí, allí estaba. Recuerdo que estaba trabajando junto con Arturo Cazeneuve. Vi su trabajo, pero no me gustó mucho.
JA: Parecía que a Kirby no le preocupaba mucho quién se encargaba de entintar su trabajo.
SIMON: Creo que no. No creo que eso sea cierto. Quizá algunas veces tuvo que aceptar... no, nunca oí que se quejase de ninguno de los entintadores.
JA: Por cierto, ¿tienes algún equipo de béisbol favorito?
SIMON: No. Donde crecí teníamos a los Rochester Red Wings. Era un equipo de una liga menor. En realidad, mi deporte era el baloncesto. Yo era el más mayor y naturalmente por eso era el jefe del equipo, [ambos se ríen].
JA: Una de las razones de preguntar si tienes un equipo de béisbol favorito es porque hacíais un montón de referencias a los Dodgers de Brooklyn en vuestras series.
SIMON: Eso es de Jack. Era de Brooklyn. Mi esposa también era de allí.
JA: Nunca me pareció que Jack fuese un tío al que le gustaba el béisbol o, para el caso, cualquier otro deporte.
SIMON: No, no. No le gustaban mucho los deportes.
JA: Grabemos tu historia de Jack Dempsey en cinta.
SIMON: Jack Dempsey estaba en nuestro departamento, en Relaciones Públicas, allá en Washington DC. No trabajaba en la sala de los dibujantes, pero solía pasarse mucho por allí. Tuvo que dejar de fumar pero a veces le daba dos caladas a un cigarro y luego lo tiraba. Todos los chicos se peleaban por las colillas. [Ambos se ríen]. Era muy agradable, de voz suave, guapo. A veces se traía alguna celebridad con él. Sid Caesar también estaba allí. Tenían a varias celebridades que utilizaban para animar a las tropas, y también solían charlar con ellos, o viajaban en barco. Todos eran tan amables como se puede ser. Solían caminar por ahí con todo un séquito detrás. No hacían el Servicio [se ríe], pero siempre estaban por allí.
Pero a veces Dempsey viajaba solo y también tenía varios negocios en New York. Su mejor momento ya había pasado. Nunca más volvería a boxear. Tenía el Restaurante de Jack Dempsey en Broadway, en Times Square. Era el propietario del Great Northern en Broadway, justo al oeste de la Quinta Avenida, un hotel muy agradable.
Después de la guerra los hombres se licenciaron y muchos de ellos se vinieron a New York. Todos querían ir a las grandes ciudades, pero New York era el objetivo principal. Los hoteles tuvieron que restringir el alquiler uno o dos días, o como mucho, una semana, a todos los nuevos inquilinos uno o dos días o, debido al volúmen de personas que había. Yo no tenía ningún sitio a donde ir. Piensa en ello: esos chicos volvían de una guerra y no tenían apartamento porque habían renunciado a él. Habían vendido sus casas para poder ir a prestar el Servicio Militar. Y luego, un día eran licenciados y de nuevo estaban en la calle... sin ningún sitio donde poder ir, ni ningún lugar donde poder vivir. No tenían casa, ¿sabes? Por supuesto, muchos de ellos tenían familia y trabajos a los que poder volver, pero otros muchos no los tenían.
En aquellos días yo estaba bastante bien porque tenía los royalties de DC. Pero no tenía una casa a la que ir, así que dejé mi equipaje en Harvey y empecé a buscar una habitación de hotel. Pasé una noche en un hotel, las dos siguientes en otro diferente. Y Jack Dempsey me dijo: “Ese tío podrá vivir aquí todo el tiempo que quiera”. Era una persona bastante maja. Así que esa es la historia de la situación de los hoteles de New York.

JA: ¿Durante cuánto tiempo estuviste viviendo allí?
SIMON: Estuve viviendo allí durante un par de años, creo. Por lo menos un año. Allí estuve instalado. Tenía una mesa de dibujo, así que allí podía hacerlo todo. Los tíos de Harvey solían venir a verme todo el tiempo, y ya sabes, yo no era muy bebedor, pero tenía una cuenta allí, en el hotel. Vieron que tenía ese bar y cuando pedían algo de cenar o lo que fuese, ponían mi número de habitación en la factura. Esos chicos estaban locos, [risas mútuas] Y me preguntaban, “¿Podemos volver por aquí?”, y yo les contestaba: “Claro, pero no me molestéis mucho, que estoy trabajando.” Así que solían venir y usar mi cuenta para beber, y se quedaban más felices que una gallina. De todas formas yo no bebía mucho, y más tarde, cuando Harriet y yo nos casamos, nos trasladamos a Long Island, y cada dos días recibíamos un cheque de alguien. De New York o de algún otro sitio del país. [Ambos se ríen] Me estaban devolviendo todo lo que se habían gastado con mi cuenta de hotel. Nunca llevé las cuentas de cuánto fue, y mi esposa no entendía qué infiernos estaba pasando. [Jim se ríe]. Ahí viene otro cheque en el correo. A esos tíos (a todos ellos) les encantaba trabajar con nosotros. Realmente apreciaban mucho que les dejase utilizar la cuenta y también todo lo demás.
En 1957, Harvey se encontraba entre la 68 y Broadway. Estaba como a tres o cuatro manzanas de donde vivía yo. A mí no me gustaba ir a la oficina todos los días, así que trabajaba desde casa, en el hotel. Algunos tíos no podían trabajar en su casa. Les encantaba ir a la oficina. Kirby era uno de esos tíos, Meskin también. Muchos de ellos tan sólo querían llegar a las oficinas y empezar a trabajar, pero yo era uno de esos a los que no les gustaba.
JA: Tuviste mucha suerte de que esos chicos te devolvieran todo lo que habían gastado y ellos de que pudieras prestárselo.
SIMON: Ya sabes, yo ganaba mucho dinero en esa época. Estaba recibiendo royalties de DC, y el “Boy Commandos” era lo que más se vendió durante todo el conflicto.
JA: No lo sabía, ¿superó a Superman?
SIMON: Durante la guerra, sí. Por supuesto.
JA: ¿Recuerdas cuánto vendió?

SIMON: No tengo una factura de los royalties. Creo que las ventas eran más o menos un millón de copias al mes. Todos los chavales se lo leían.
JA: Antes de que Harvey empezara a publicar, estuvieron haciéndose cargo de Champ Comics, de Worth Carnahan. ¿Te dice algo ese nombre?
SIMON: No. El editor era Leo Greenwald. No recuerdo a Carnahan. Leo era de mediana edad, corpulento, un tipo pesado. Hice portadas para ellos a cambio del alquiler, mientras trabajaba en Timely. Por ese motivo cambié mi nombre por el de Jon Henri en aquellas portadas. Teníamos nuestras oficinas en su oficina, y su mujer le compró a ese tío su negocio en aquella oficina porque no quería tenerle en casa. De acuerdo con lo que me han contado, eso es todo. Al Harvey solía venir por la noche. Nosotros también nos encontrábamos allí por la noche. Antes de empezar con su negocio, Al Harvey solía observar a los dibujantes de Leo y también se leía su correspondencia y otras cosas. Y luego decidió que iba a meterse en el negocio del comic-book. ¡Y al final lo hizo!
JA: Terminó haciendo aquel título… ¿cómo lo logró?
SIMON: Creo que en esa época Leo iba a quitarse del negocio. Registró un título y luego éste cambió de manos.
JA: Antes de que Goodman descubriese que ibas a irte a DC Comics, ¿ya sabía que en algunas ocasiones trabajabas para otras compañías?
SIMON: Cuando me interrogó en la Corte, el abogado me dijo: “¿Por qué no le dijiste a Martin que estabas haciendo todas esas otras cosas? ¿Y sabes lo que le respondí?, “No era asunto suyo.”
JA: Así que cuando volviste del ejército, Jack y tú os fuisteis a Harvey Comics.
SIMON: Bueno, Harvey estaba en Washington. Al Harvey, Will Eisner (que en esa época era “Bill”), Al Avison y yo. Todos formábamos un equipo. Solíamos salir juntos de juerga por Washington. Alfred era oficial. Will Eisner era suboficial y yo era contramaestre. Creo que Avison era una especie de sargento.
JA: Cuando empezaste a trabajar para Harvey, seguiste haciendo algo de “Boy Commandos”, una serie que estuvo funcionando hasta 1949.

SIMON: ¿Hasta después de la guerra? No lo recuerdo. ¿Aún siguió funcionando hasta 1949?
JA: Es cierto. Finalizó en Diciembre de 1949. Y ahí tenemos Jack en el ´49, haciendo algunas portadas para “Boy Commandos”. Y la del número 30, con Bob Feller, estaba firmada por “Simon & Kirby”. ¿Le ayudaste en esa portada? [Nota: en Grand Comic-Book Database aparece Steve Brodie como entintador de la portada de BC número 30, -Jim]
SIMON: Jack no pudo hacerlo sin mi consentimiento o sin mi participación. De alguna forma tuve que estar involucrado en esa portada, o puede que fuesen portadas antiguas que no se habían usado todavía. ¿Quizá eran trabajos que Jack hizo para DC mientras estuvo esperando que yo terminase con el Servicio militar? Eso también es posible. Algunas veces, DC puso nuestros nombres en historias que no habíamos realizado. No te olvides de que Independent News era parte de DC, y también nuestro distribuidor en Crestwood.
JA: Lo sé, lo vi en un comic book de DC de finales de los cuarenta, media página de anuncio en un Prize Comics. ¿Lo conocías?
SIMON: Claro.
JA: ¿No te extrañó que DC anunciase a otra compañía de comic books en sus cómics?
SIMON: Nos estaban distribuyendo y estaban ganando mucho dinero, así que era publicitarnos era una ventaja. Cuando Independent News empezó a distribuir a Crestwood y a Prize, fue como una pulga para un elefante. Crestwood se convirtió en uno de los mayores jugadores del negocio en un momento en el que Simon & Kirby sacaron “Young Romance” y algunos otros títulos.
JA: Empezaste con Harvey justo después de la guerra, y se dice que te sentías mal por no haberle dado la oportunidad a Liebowitz de ofrecerle tus servicios, ¿por qué no le ofreciste esa oportunidad?
SIMON: No creo que estuviesen muy interesados. Creo que los subestimé, o los sobreestimé, no sé, lo que sea. Lo que sí que subestimé mucho fue la reputación de Simon & Kirby. Una vez Liebowitz se quejó de que no le hubiésemos dado la oportunidad de poder usar los servicios de Simon & Kirby. Eso fue un error por nuestra parte, porque sí que deberíamos haberlo hecho, y siempre me sentí culpable de no hacerlo. Le expliqué a Liebowitz que Harvey nos había ofrecido un buen trato, y Liebowitz replicó: “Bueno, el negocio es el negocio”. Nunca nos tuvo rencor por eso.
JA: Para Hillman, creásteis “My Date”. ¿Obtuvísteis algún porcentaje de ello?

SIMON: No. Hablando con franqueza, en esa época estábamos sin trabajo.
JA: Así que no te sentías lo suficientemente seguro como para poder negociarlo. Cuando se te ocurrió ese título, “My Date”, también hiciste “Pipsi” y “The Flying Fool”. Ed Cronin era el editor.
SIMON: Cronin era un hombre muy nervioso, uno de esos tíos de café contínuo. Nos llevó a cenar a un “automat”. Ed Cronin era mi tipo de persona. Conocía cómo funcionaba el trabajo. Podría clasificarlo como uno de los editores más capaces de todos aquellos con los que he trabajado. En esa época Hillman era una editorial con mucho renombre. Pero sencillamente, estuvimos matando el tiempo hasta que nos salió algo mejor. La serie “My Date” tan sólo era un título más al estilo “Archie”. No era un cómic “romántico”, aunque creo que la gente sigue pensándolo.
JA: ¿Cómo se te ocurrió la idea de crear los “cómics románticos”?
SIMON: Fue algo obvio. Estaba en el Servicio y se estaban vendiendo muchos “Boy Commandos” y “Donald Ducks”, ya sabes, todo ese tipo de material. Y empecé a mirar a mi alrededor, y vi a esas chicas que estaban leyendo ese mismo material, y pensé, “Realmente, en esos cómics no hay nada para ellas”. Recuerdo que mi padre y mi hermano solían leer aquellos libros románticos auténticos, y en un momento dado enviaron una historia a un concurso. [Se ríe] Mis padres, que no tenían ningún tipo de habilidad para la escritura, se sentaron y empezaron a escribir su propia historia romántica. Y pensé: “Bueno, eso también podría convertirse en un comic-book”. Nos habría gustado que sonase un poco pornográfico para la época, o por lo menos que fuera algo que pasase por tal, pero en realidad era algo muy inocente, estaba orientado a las quinceañeras. Así que de ahí me vino la idea.
JA: En tu libro comentas que al principio habías pensado publicarlo tú mismo y que Kirby te dijo: “Busquemos a alguien que lo financie”.
SIMON: Si. Primero llamamos a [Maurice] “Reece” Rosenthal, que era el director de Prize Comics. Ese fue otro más de aquellos períodos en los que no teníamos nada de trabajo. Teníamos hecho todo el número, en el que incluimos cosas de inventario que no encajaban en otros sitios. Teníamos una historia, “To Your Eyes”, en la que se veía cómo contaba una chica una historia, estaba relatado en las cuencas de sus ojos. Ya estaba hecha de antes, pero no había encajado en ningún otro sitio. Creo que estaba dibujada por Bill Draut.
Así que lo pusimos todo junto e hicimos una portada para la recopilación. Pensábamos que cuando se lo enseñásemos a la gente, si intentaban robárnoslo, les golpearíamos. Se lo enseñamos al director y se quedó muy, muy impresionado. Dijo: “Mira, no se lo déis a Prize. Quiero que mi cuñado vea esto y ponga el dinero, para sacarlo él mismo.” Su cuñado era un tío llamado Brill. Brill nos dijo: “Sabes, no sé mucho sobre cómics, pero ¿qué queréis por esto? Y le contesté: “El 50%”. Nos dijo: “El que pone el dinero debe llevarse más del 50 %”. Cogí las páginas y le dije: “Bien, eso es lo que tú te crees. Esa es toda nuestra oferta”, y me fui. No salió detrás nuestro, así que Reece tuvo que sacar el título a través de la editorial Prize. Y Reece, desde ese día, ya no perdonó a su cuñado. Decía: “Me jodiste con lo del “Young Romance”. Te traje una idea que costaba un millón de dólares y me has jodiste.” [Risas] Pero no sabía nada. Podría haber sido un desastre o ser todo un acierto, tal y como ocurrió. En los comic-books nunca sabías lo que iba a pasar. Por mi parte, creo que fue una idea magnífica.
JA: Pero también le diste la oportunidad de producir todo un primer número, invirtiendo tu tiempo y todo lo demás. Pero crees que...

SIMON: Bueno, creo que yo era alguien bastante perspicaz, pero pensaba que la idea era estúpida, porque si la cosa fallaba, perderíamos todo lo que nos había costado el dibujo y el guión, porque era un primer número. Pero Dios estaba conmigo y se vendió muy bien. Fueron de los mejores momentos de mi vida, cuando pude ver las ventas de los primeros números de “Captain America” o “Young Romance”. Pude ver gente en las tiendas que cogía el título de las estanterías y se lo compraba. Las chicas estaban allí, en los quioscos, revoleteando alrededor del título. Me sentí genial.
JA: Fuisteis los co-propietarios de todos los títulos de Crestwood, ¿es cierto?
SIMON: Claro, de todos ellos. Black Magic, Headline, etc
JA: No estábais preparados para el enorme éxito conseguido con los títulos románticos, ¿verdad?
SIMON: Yo me quedaba sorprendido cada vez que algo tenía éxito. Había demasiados factores como para que un título lo lograse. Pero recuerdo que la noche que salió “Young Romance”, Jack y yo estábamos de camino para visitar a mi nuevo hijo en el hospital, que acababa de nacer. Paramos en una de esas tiendas para Papis y Mamis, sin saber que nuestra serie había sido distribuida ese mismo día. Debía haber unas diez o veinte chicas mirando la revista y estaban sonriendo. Se las veía contentas. Decían, “Oh, me compraré todos los números que salgan.” Esa tienda vendió todas las copias que tenía del número uno el mismo día que se distribuyó. Y Jack y yo estuvimos allí para poder comprobarlo. También estábamos muy contentos.
JA: Las chicas solían comprar comic-books. ¿Por qué crees que pararon de comprar, no sólo cómics románticos, sino cualquie cómic en general?
SIMON: Nunca lo he sabido. De hecho, no me di ni cuenta. Pero ahora que lo mencionas, ya no hay cómics para chicas, ¿verdad? Intentamos hacer otras cosas para interesar a las chicas, y por supuesto, esos cómics confesionales estaban un paso por encima del resto. Estaban en su propia categoría, así que no se podían comparar con ninguna otra cosa. En un momento dado llegamos a vender un millón de ejemplares de “Young Romance” y otro millón de “Young Love”. Ese era mensual. En aquella época los dos eran mensuales. Eran los que mejor se vendían.
JA: He oído que cada número del Capitán América vendía en torno a las 900.000 copias cuando vosotros lo estábais haciendo.

SIMON: Capitán América, hasta donde sé, era un super-ventas. No sé cuántas copias se imprimirían. La marca del millón ronda por mi cabeza, pero nunca he estado muy seguro de esa cantidad.
JA: ¿Por qué crees que los super-héroes perdieron popularidad después de la Segunda Guerra Mundial?
SIMON: Las estanterías estaban saturadas con un montón de títulos. Es así de sencillo. Durante la guerra había racionamiento de papel. Pero después, eso se acabó, y muchos buitres vinieron al negocio del comic-book. Los editores dejaron a un lado los pulps y empezaron a editar comic-books. Había mucha competitividad.
JA: Pero los cómics románticos desaparecieron y los del Oeste y los Bélicos se volvieron muy populares. Me preguntaba si tenías alguna idea de por qué ocurrió eso en particular, por qué los cómics de super-héroes no vendían tan bien como los Westerns o los románticos. Estoy hablando de finales de los cuarenta, y de principios a mitad de los cincuenta.
SIMON: Es la primera vez que oigo que los cómics del Oeste vendiesen bien. Hasta donde recuerdo, nunca vendieron muy bien. Los Westerns no vendieron las mismas cantidades que los demás. Y tampoco los cómics de Ciencia Ficción.
JA: Nunca se vendieron bien. ¿Por qué crees que los super-héroes sufrieron tal declive en las ventas durante aquel período?
SIMON: ¿Quizá porque no se estaban haciendo muy buenos cómics? Hablo respecto al formato, las historias de 25 ó 20 páginas, y también respecto al dibujo. Y la impresión en baja calidad, y además todos tenían siete u ocho páginas de anuncios. Los editaban con una calidad muy baja.
JA: Para Harvey hicísteis “Boy Explorers” y Stuntman, ¿por qué crees que no duraron tanto, a pesar de que me parezca que eran cómics magníficos?
SIMON: ¡Yo estoy de acuerdo!
JA: ¿Quién guionizó esas series?
SIMON: Jack y yo. Cuando no teníamos otra cosas que hacer escríbiamos los guiones de nuestro material. Oh, Dios, llegamos a Harvey con una plantilla de guionistas y dibujantes que habíamos reclutado en la Guardia Costera y en los Marines. Veamos. Teníamos a Ken Riley, de la Guardia Costera, que era un pintor fabuloso, y también a un tío llamado Spencer que era oficial en la Guardia Costera. Era un escritor mediocre. Y teníamos a otro guionista llamado John Henry, cuyo nombre era similar al del lápiz, “Jon Henri”. Y a Bill Draut.
Jack era importante para que las series fueran existosas. Se involucraba en la creación de casi todas ellas. Cada cosa que hacíamos estaba hecha con mucho tesón, hablábamos mucho entre nosotros. Eramos socios en igualdad de condiciones. Te puedo decir que, si no hubiese sido por Jack, no habríamos tenido tanto éxito. Y a veces, ni aún así conseguíamos algo que tuviese éxito. Tengo algunas historias muy buenas sobre todo esto de lo que esto y hablando y que están listas para ser publicadas en otra parte, así que tampoco puedo hablar mucho sobre ello.

JA: Entonces no te quiero presionar. ¿Cuál era el acuerdo con Harvey mientras estaban publicando Stuntman y “Boy Explorers”? ¿Era la primera vez que eráis los propietarios de vuestros propios personajes?
SIMON: Teníamos un trato del cincuenta por ciento.
JA: ¿Les dísteis el copyright o se lo guardaron ellos mismos? ¿O quizá la razón es que lo compartísteis con ellos?
SIMON: Había un contrato de por medio. Por supuesto, sabíamos que el Capitán América era de nuestra propiedad, pero sólo éramos unos jovencitos que estaban siendo estafados por todos esos hombres de negocios. Nos desollaron vivos.
JA: Al volver de la guerra, Jack y tú os instalásteis uno frente al otro. A veces, Jack trabajaba tanto en tu casa como en la suya, pero también, a veces tú ibas a la oficina de Crestwood, en Broadway, 1790. ¿Cómo era trabajar allí, en vez de en tu propia casa?
SIMON: He de añadir a esas escenas de tiempo el marco adecuado. En 1945 acabábamos de licenciarnos, o por lo menos yo lo había hecho. Jack ya se encontraba aquí, y en ese momento es cuando nos compramos los apartamentos. Cogimos parte d las oficinas de Crestwood, y convertimos esa parte en un departamento de arte. A veces también trabajábamos desde casa. Nos encantaba nuestro trabajo. Recuerdo bien cuando estábamos allí, trabajando. Kirby solía decir: “Me pregunto qué es lo que estará haciendo ahora mismo la gente que trabaja,” [ambos se ríen].
JA: No sólo hacíais el diseño de los comic-books, también los editábais vosotros. Supongo que todo el mundo que trabajaba con vosotros tenía que ir a la oficina de Crestwood para coger los guiones o para entregar los dibujos. Estoy intentando identificar dónde se hizo todo el trabajo durante la mayor parte de aquellos años.
SIMON: Probablemente fuese en Crestwood. Era una época en la que “Young Romance” era algo grande. Young Love, Western Romance, Western Love, Black Magic, Headline, teníamos la mejor alineación de todo el negocio. Eramos Crestwood. Lo éramos todo. En aquella época éramos los mejores.
JA: ¿Eras tú el editor de esos títulos, o lo érais Jack y tú juntos?
SIMON: No lo recuerdo bien. “Editor” tan sólo es un título. Diseñábamos los títulos, Jack y yo compartíamos todo el trabajo. Nunca tuve en cuenta quién es el que hacía qué. Eramos socios y nos llevábamos bien. Lo hablábamos todo, hasta el último argumento o diálogo. Trabajamos como socios en Crestwood / Prize. Esas empresas tenían un montón de nombres diferentes. No sé si era para evadir impuestos o no. Hasta hoy mismo no lo he sabido. Recargos, impuestos... no sé. Nadie me lo dijo nunca.
En la oficina trabajaban muy pocas personas. Ben Oda, Mort Drucker, Joe Genola, Jack Kirby, Joe Simon, Jim Infantino (mi asistente), Mort Meskin. Esos son los que estaban todos los días. No podían trabajar desde casa, ya sabes. John Henry también guionizaba para nosotros, pero creo que la mayor parte lo hizo desde su casa. Así estuvo unos tres años.

JA: Carmine Infantino me dijo que también trabajaba en las oficinas en ocasiones.
SIMON: Si él lo recuerda de esa forma, estoy de acuerdo. Todos los tíos que venían hacían pequeños arreglos y correciones.
JA: ¿Tenías alguien contratado para hacer el coloreado o las correcciones?
SIMON: Nosotros no hacíamos el color. De vez en cuando puede que hiciésemos la guía de color para el dibujo de portada, pero las mujeres de la imprenta eran quienes hacían todo el coloreado. Si quieres que te diga la verdad creo que lo hacíamos todo, hasta las correciones.
El hermano menor de Carmine, Jimmy, me ayudaba con lo que fuese que hiciese falta, con las correciones, el borrado, dejaba las páginas limpias, también traía los almuerzos... cosas de esas. En esa época tendría unos dieciséis años.
Joe Genola era parte del equipo de Prize. Compartía el espacio de Crestwood con nosotros, porque él también tenía un departamento de arte. Pero no trabajaba para nosotros. Creo que era un gran jugador de bolos, [risas]. Trabajaba en producción.
JA: ¿Había personas compartidas entre vosotros y Crestwood?
SIMON: No, en realidad ese era el único miembro de ellos que trabajaba allí. Nosotros teníamos nuestro equipo. Ellos no tenían a nadie trabajando allí excepto a Reece. Era el gerente... un tío agradable, afable y listo que provenía de Texas.
JA: ¿Tenías secretaria?

SIMON: No he tenido secretaria en mi vida. Nunca. Mike Blier y Teddy Epstein eran los presidentes de Crestwood, y nunca se dieron cuenta de lo importantes que éramos para su empresa, pero todo el mundo en la industria lo sabía... excepto nosotros, [ambos se ríen]. Pero nos lo pasamos bien. Eramos felices.
JA: Me gustaría que hablases un poco de la gente que trabajaba allí.
SIMON: Kenneth Riley era un magnífico pintor a la antigua. En Washington DC era una estrella, pintaba murales. Teníamos una especie de equipo artístico de combate. Puede que esos tíos saliesen por ahí a abocetar, y luego volvían a las oficinas de Washington, DC, a dibujar. Había una especie de combate amistoso entre los dibujantes de la Guardia Costera, la Armada, la Marina y los Marines. Bill Draut estuvo en los Marines, y Ken era el mejor de todos de todos ellos. En el Ejército y en la Marina tenían a varios pintores famosos. Así que nos trajimos a esos tíos a Harvey, y también a algunos guionistas.
Bill era un tío muy reservado, alguien genial con el que trabajar. Eramos muy amigos. Nunca tuvimos una mala palabra entre nosotros, y estábamos muy contentos con su trabajo. A veces venía a mi casa con su esposa y su bebé, John, que tenía unos seis meses de edad. Lo siguiente que supe es que ella se había largado y le había dejado al bebé. Quizá a ella no le gustaban sus amistades, no sé, [risas mútuas] Pero ella era una mujer muy ordinaria, y Bill adoraba al niño. Me dijeron que se volvió a casar más tarde y que tiene otra hija.
Yo tenía un montón de dibujantes favoritos, pero todos ellos eran muy diferentes entre sí. Diría que cercano a Kirby, el dibujo de Mort Meskin era el más interesante. Bill Draut era el tio más digno de confianza, tenía un estilo parecido al de Caniff. Se había convertido en profesional y era capaz de contar una buena historia. Eso era lo más importante para mí. Había otros dibujantes que yo pensaba que eran buenos, pero no me gustaba mucho cómo narraban las historias. En realidad, suelen gustarme más los dibujantes que los guionistas. No creo que muchos de esos guionistas hiciesen un buen trabajo. Si quieres que te diga la verdad, no creo que hubiese muchos buenos guionistas en el negocio, pero creo que el nivel de dibujo era espléndido.

JA: ¿Y por qué piensas eso?
SIMON: No sé... quizá porque yo era un snob. No sé. Les dábamos los argumentos, reescribíamos el diálogo, y hacíamos que esas historias se convirtiesen en “nuestras” historias. No sé para qué diablos los necesitábamos. [Risas] ¿Sabes quién era bueno? Mi cuñado Jack Oleck. Era un profesional.
JA: No reescribiste mucho material suyo, ¿verdad?
SIMON: Oh, le tenía miedo, [ambos se ríen y Jim pregunta “¿por qué?”] Porque era mi cuñado. Bill Draut y Jack Oleck tenían la misma personalidad hosca, y se protegían bastante a sí mismos, [se ríe por lo bajo] No te gustaría ver lo que podría ocurrir si los insultabas. El hermano de Oleck publicaba guías telefónicas parecidas a las páginas amarillas. En parte era un negocio ilegal, pero era un buen negocio. A Jack le resultaba un trabajo muy aburrido, así que cuando tuvo oportunidad Jack lo intentó en el campo de los cómics. Estrictamente, era un profesional. Trataba con los argumentos como un trabajo más, las páginas estaban escritas perfectamente a máquina, con historias muy bien construidas. No temía usar guiones una y otra vez, o incluso copiarlos, algo que me parece muy bien. Le admiraba por eso. Admiro a todos los ladrones que había en este negocio.
(Continuará)

2 comentarios:
Frog2000,
Estás traduciendo un documento impagable para los que nos gustan estas cosas. Ya te he enlazado.
Impacientes Saludos.
Gracias!!
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