sábado, 29 de septiembre de 2012

KING SOUND QUARTET - THE GETDOWN IMPERATIVE LP


King Sound Quartet - The Getdown Imperative LP
(In The Red Records, 1997)

1-I Would´t Put It Past You
2-Inebriation ´63
3-I Want To
4-White Streak
5-Sheer Terror 
6-Space Is The Place

AQUI.

*** BONUS:

-King Sound Quartet - Annihilate This Week 7"
-Entrevista con Alex Cuervo
-Alex Cuervo Solo EP
-The Gospel Swingers 7"
-The Gospel Swingers LP
-Mick Collins & Kenny Dixon Jr. O.C. EP



viernes, 28 de septiembre de 2012

GOUDOU GOUDOU (8 de 10), por ANN NOCENTI


Goudou Goudou (8 de 10. Posteado por Ann Nocenti el 17-01-2011 en Hilobrow. Aquí el post original. Traducido por Félix Frog2000.) 
Pinzas en las mejillas, en las cejas, en los labios que cuelgan como pendientes, con el rostro encanillado como si intentases hacer frente a un puerco espín gigante. Pinzas en filas recortadas a lo largo de su cuello y brazos, creando la sensación de un lagarto que está abanicándose. Su rostro estoico está sujeto no sólo por las pinzas de la ropa y por el dolor, sino también por la humillación. Cada “pin” representa un juego que está perdido, y los espectadores se burlan y le toman el pelo. Se sienta bajo un platanero frente a su oponente, colocando sus fichas con una constante deliberación que no parece que le esté funcionando.

El adversario tiene una silla más grande que él mismo por encima de su cabeza, en un intento de aferrar su racha ganadora. Le da una palmada a la mesa de dominó con gusto, como si pudiese mejorar las baldosas manchadas con su especial victoria “juju”. Y a lo mejor puede que sí que le funcione.

Estoy observando desde la carretera este duelo de dominó a muerte, esperando un mototaxi que nunca termina de llegar. No se puede encontrar ni una sola gota de gasolina. Las especulaciones habituales flotan alrededor de rumores como: ​​cuando los precios del gas se hunden, las empresas de combustibles van acumulando hasta que el precio vuelve a subir. Otro susurro en el viento dice que tal vez esté llegando por mar un tanque de combustible venezolano o canadiense. Quién sabe. Los ricos no tienen ningún problema, tienen alijos escondidos, sus vidas no pierden el ritmo. Son los pobres los que están condenados a perder su trabajo, a hacer cola en filas sin fin para conseguir gas, o a comprar gas basura demasiado caro y aguado que arruina todos los motores.

La gente me dice que no use las motobikes. Los conductores no tienen licencia y tal vez hayan aprendido a conducir ayer mismo, nadie usa casco, hay un sinfín de baches, cada uno va a la velocidad que le da la gana, incluso cuando se dirigen hacia ninguna parte. Las colisiones de motobikes son la mayor causa de mortalidad en Haití. Pero yo soy adicta a sus carreras. No me canso de recorrerlas, admirando el paisaje al pasar... una niña pequeña tira con todas sus fuerzas de la cuerda atada a una vaca obstinada, una mujer pasea con una pila de un metro de tupperwares color caramelo que hacen equilibrio sobre su regia cabeza, la chispas de una soldadura de arco se disparan como mil aleluyas fuera de la sede de una iglesia derrumbada convertida en la tienda de un mecánico. Y la brisa: la única vez que me siento “cool” es cuando me azota mientras voy montada en una motobike.

Demasiados bebés, digo. Ningún bebé, digo. Mis bebés son mis 40 alumnos. No tengo bebés y tengo un montón. Por ahora nos estamos riendo profundamente, pero no sabemos de qué. Las risitas se me pegan como burbujas de forma extraña, aunque haber fracasado en conseguir una motobike no sea demasiado motivo de alegría.

Anoche capturé unos minutos de la goteante melaza que pasa por ser internet en Haití. Los hombres que se hacen pasar por policías en Haití estaban secuestrando el ancho de banda, sentados en el parking mientras se descargaban películas de acción, pero incluso en los días que va bien es demasiado lento. Todo lo que se puede hacer es echar una ojeada al correo electrónico y esperar poder hacer clic y vislumbrar algunos de los mensajes más importantes antes de que se muera la conexión. Entre el montón de correos electrónicos acumulados había uno de la oficina de la escuela de cine de Nueva York en el que me pedía que consiguiese el tamaño de los pantalones vaqueros y la talla de camisa que visten mis alumnos. Alguien de Nueva York quiere donar algo de ropa bonita. Titubeo. La mayoría de los extranjeros que prometen cosas nunca se las llegan a entregar a los haitianos.

Las chicas están especialmente excitadas. Encontramos un buen pedazo de papel, dibujamos líneas, un gráfico con el nombre de cada estudainte, columnas. Las chicas comprueban las presillas elásticas, agarran a los chicos por sus cinturas y miran la parte trasera de sus pantalones vaqueros. Nadie parece saber de qué tamaño son. Es una representación escénica enorme, llena de travesuras y bromas y risas y cachondeo. Esto puede que se coma todo el tiempo y haga fracasar las lecciones de hoy, pero me gusta verlos tan felices.

La única manera de distraer la atención de un sueño es atraer la atención de ese alguien con algo más interesante. Hago estallar una película de acción en el reproductor. Empiezo a charlar superficialmente y a congelar la cinta con la intención de mostrar todos los ángulos posibles a la hora de grabar una secuencia de acción. Les pido que especulen sobre dónde estaba la cámara en cada toma. Cómo se han de cortar ciertos planos y ponerlos todos juntos para aumentar la tensión. Hoy es un día especial. Charlie Libin, cámara, se encuentra de visita por los EE.UU. y hoy viene como invitado para dar una clase. Mi amigo Christophe se ha ofrecido a montar su ATV en una pista local de motocross, vestido con su impresionante uniforme de carreras de cuero negro. La pista tiene colinas, saltos bastante decentes, senderos plagados de vacas, caballos y toros.

Comprobamos y cargamos el equipo, nos dirigimos hacia el emplazamiento. Todo parece como impulsado. ¡Acción! Cuatro ruedas! ¡Motores ruidosos! ¡Velocidad! ¡Carreras! ¡Trajes “cool” de superhéroe! ¡Un verdadero maestro profesional de Hollywood! Charlie coloca mañosamente una cámara en el casco de Christophe, muestra cómo ocultar la cámara para grabar un salto y que los planos tomados desde abajo del vuelo suspendido puedan obtenerse correctamente. Divide a los estudiantes en equipos de grabación y los posiciona. Filmamos a Christophe mientras descarga sus neumáticos gordos, la bestia de cuatro ruedas y mientras se ciñe su elegante traje de protección, transformándose en un motorista que parece un alienígena “cool”. Los lugareños se reúnen para verlo, porque es un evento de alto octanaje  en una serie de días que de lo contrario parecerían demasiado lánguidos. Los niños miran con asombro a mis alumnos y sus elegantes bártulos de la cámara. Un hombre aparece con su pitbull, ordenándole que haga trucos que el perro se niega a realizar. Las vacas braman, los caballos relinchan. Los jóvenes toman el sol con un deje machista y comienzan a trepar a los árboles, hacen volteretas, posan. Cuanto más se contonean los hombres, más salvajes consiguen que se pongan los chicos.

Yo parloteo, arrastro por ahí a los estudiantes, animándoles a que consigan buenos planos del evento, manteniendo en marcha la entrevista con Christophe. Soy la molesta maestra del látigo que verifica la lista. Consigue esa toma, comprueba los focos, limpia esa lente, sostén el plano.

El toro me interesa mucho. Hay algo testosterónico en las ruedas y en el ruido del motor que podría intercalarse bien con el toro y con la forma en la que aplasta con sus pezuñas la tierra, y como agita y balancea su cabeza, espejo de Christophe mientras este inicia el rugido del motor, baja la cabeza para ponerse el casco negro, y encaja la visera hacia los ojos. Es un poco como un cliché, pero suena bien, podría ser divertido. Veo al toro cagando y le digo a Marco que ruede toda esa mierda. Marco me da su respuesta habitual: “Te amo, profe, pero estás loca”, gira la cabeza y empieza a rodar la mierda del toro. Uno nunca sabe cuando quiere lograr una comedia “slapstick” poniendo un poco de mierda, literalmente, en la historia. No se puede predecir lo que necesitarás en la sala de edición.

Christophe comienza a retumbar por la pista, corriendo en un ATV diferente. Los estudiantes ruedan su ir y venir, y comienzan a adelantarse a por tomas según la moto se acerca rápidamente y gira en círculo a continuación. Están aprendiendo cómo cambiar de dirección, cómo cogerle el ritmo al rodaje de acción, a correr con las ruedas, a anticiparse y saber dónde poner la cámara, manteniendo el plano en la nube de polvo no sólo según se levanta, si no también cuando empieza a desvanecerse, tomando planos de las reacciones de la muchedumbre. Es emocionante ver a alguien aprender tan rápido. Charlie y yo nos metemose entre ellos, tratando de mantenerlos a todos a salvo.

Una de las primeras clases que imparto es la de "La Cámara Es Tu Bebé." Les digo a los estudiantes que acunen a la cámara, que la envuelvan en un paño blanco para mantenerla limpia de polvo, para desviar el calor, para mantener el polvo fuera del visor. Atesoran la cámara, la protegen. Anteriormente Charlie y yo les dimos una conferencia sobre que la "seguridad es lo primero", explicándoles que el ATV podría golpear una roca, que ésta saltase y virase de forma explosiva, y por eso siempre han de tener a un "observador" y tienen que filmar desde detrás de un árbol o desde otro tipo de barrera, no dar la oportunidad de que ocurra nada.

En su entusiasmo por tomar los mejores planos dejan de escucharme. Ahora correteo y les grito a los equipos que se pongan detrás de los árboles. Pero en cuanto oyen el chasquido de las llantas se convierten en pequeños imanes en busca de acción. En cuanto me doy la vuelta, se arrastran hacia fuera para conseguir un ángulo mejor, por lo general se ponen directamente en el camino de la ardiente bestia.

Los niños pequeños sienten inclinación por las motocicletas, y tratan de actuar con dureza en este gran escenario para chicos. Pequeños niños que están viendo a niños grandes y recogen su rítmica. El toro brama y añade una banda sonora de barítono que rebota, contruyéndola enérgicamente. Una rueda de Petri del machismo.

Los conductores llevan sus ATV hasta la parada de boxes para descansar sus pectorales y comprobar sus motores. Me encuentro a la sombra de un árbol con algunos de los estudiantes. Una mujer se escabulle. Cabello en retroceso, cráneo omnipresente, ojos saltones. Fou, susurran mis estudiantes. Locura. Fou fou. Se levanta la camiseta azul. Quiere hablar sobre sus pechos. Quiere filmar sus pechos, o su enfermedad, o simplemente escuchar su historia. Sus pechos son tristes. Cuelgan vacíos, casi llegando a lo que parecen ser cicatrices de parto que discurren por su vientre y desaparecen en sus pantalones vaqueros. No se trata de una pareja alegre sin historia, dispuesta a conquistar el mundo, se trata de tetas con historia, tetas que han alimentado demasiado. ¿Dónde están tus hijos?, quiero preguntarle. Pero no lo hago. Apunta hacia mi cámara. Pretendo fotografiarla.

De vuelta en la tienda, veo que la tabla de tallas de ropa ya está rellenada completamente. Cada tamaño es el mismo: medio, medio, medio. Me quedo mirando las cifras. ¿Qué quiere decir? No tengo ni idea. ¿Nadie quiere admitir que es de tamaño grande o pequeño? ¿Todo el mundo quiere ser de talla media?  ¿No se utilizan diferentes tallas de ropa? ¿Es todo un juego? ¿Sospechaban, como yo, que la ropa prometida nunca terminaría de llegar, pero de todas formas juegan al juego, sólo por el placer de hacerlo?

Trato de averiguar las respuestas, pero misteriosamente las chicas tan sólo se encogen de hombros. Es lo mejor que pueden hacer.

Los haitianos son a menudo muy desconcertantes, con su forma de ser mercurial, serpenteante. Imagino que también les parecerá desconcertante que los conduzca como si fuese un sargento con mi hiper-ética del trabajo. No pretendo comprender su mundo, ni que yo ellos conozcan el mío. Pero aún así nos modificamos unos a otros. Estamos cambiando hacia algo que no sé qué será al final.

jueves, 27 de septiembre de 2012

RUTA 66, NUMERO CUARENTA


RUTA 66, NUMERO CUARENTA (Mayo, 1989)
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Nota: para poder bajar el archivo se tiene que tener instalado Google Chrome.

En este Ruta 66 número cuarenta, la sección SUSCRÍBETE estaba protagonizada por un "supuesto" lector anónimo y su desternillante carta de odio dirigida contra la redacción de la revista en pleno:

Sí, queridos amigos y amigas, no siempre iban a ser los pobres suscriptores las víctimas propiciatorias de esta humillantes sección. Ya era hora de que alguien se atreviese a poner en su sitio a los miserables berzotas que confeccionamos esta hedionda revista. La iniciativa ha sido de un lector escondido tras el anonimato, como es costumbre en estos casos -que no ha tenido pelos en la lengua para cantarnos las cuarenta y quedarse tan pancho (por cierto, gracias mil por escribir esta página por nosotros). Lee, pues, y descubre gracias a tan privilegiada mente el verdadero y lamentable rostro de los abyectos ruteros... malas gentes donde las haya:
 

"No sois más que un rebaño de mulas, un atajo de semovientes rebozado en estiércol. Una cuadrilla de seminaristas a quienes corroe la envidida por no poder pasar del polvo semanal con vuestras sufridas parientas en vez de dedicaros a vuestra verdadera vocación, cual es iniciarse en las placenteras artes del fist fucking, deleitarse con la lluvia dorada vía cochino manchego, o practicar el sexo oral con Torrebruno.
Tras un tiempo prudencial ya no me caba ninguna dduda. Jaime Gonzalo mejor haría en dedicarse al ejercicio profesional del tiro y arrastre como estrella principal, esto es, como burro, o de dedicarse a lamer los calzones guarros, plagados de palominos, de Ron Asheton -cosa harto delitosa para tan depravadas personalidades- que en insistir en emborronar los (pocos) momentos lúcidos que tiempo ha su pluma nos deparó.
En cuanto a Ignacio Juliá debo hacer varias puntualizaciones: 1- Que ha sido calificado con matrícula de honor cum laude por sus estudios acerca de las reacciones escatológicas de Lour Reed tras haber éste devorado, con verdadera fruición, diecisiete órganos sexuales de nativos de la República de Malabo, adobados con salsa de butifarra y regados por excelente y suculento orujo combinado con anís El Mono en la fiesta anual de Ruta 66. 2- Que lo suyo es más fuerte que los amores secretos entre Kike Turmix y Cristina Almeida (surgidos tras su casual encuentro en el Garage Michinelesco, sala donde proyectaba la visionaria película "The pig semen revenge; Keep on putting onions in my hole"). Eres más corto que la picha de Burt Reynolds, más sublimente estúpido que la versión hardcore del "Es una lata el trabajar" y más inútil que Arteche jugando al Polo (de jinete me refiero, de caballor haría su papel). 3- Sigue así, diciendo estupideces del tamaño de que si no fuese por el single de Marine Girls te suicidarías (comentario a un pack de sencillos en el Rock Espezial). Con mil argumentos como éste, aburridos de enumerar, creo que conseguirás figurar en el Guiness book, sección julandrones, entre las proezas de aquel que ponía la cubitera sobre el Triniton para congelar la imagen y la del primer ministro de Trinidad & Tobago, a quien sólo le faltaba copular con Rafoetus Cervera para cumplir su promesa, encomendada a San Filemón, de yacer en lecho con todo especimen animal viviente (?) en el planeta Tierra.
Por úlitmo, esa piara de mal nacidos llamados colaboradores, transfugas del P.U.T.A (Piara unificada de tarados y anormales), muertos de hambre impenitentes, socios solidarios de Georgie Dann -angelito-, miembros de honor de la congregación de eunucos de Qatar, hijos deformes de Mariscal Romero -otro pobrecito-, herederos del Ramon Trecet e hijos SA, cofrades de Teddy Bautista, engendros resultantes de los experimentos de las Bodegas de Tomás Terrry, monaguillos de Peret, escoria nauseabunda... Que os viole el Fary pasado de Peyote, que en vuestros zafios rostros defeque la junta central falleratras abundante degustación de naranjas navelate, que os sometan a una audición intensiva de las obras completas de Puturrú de Fua y la Orquesta Platería "Scratcheadas" por Joaquín Arozamena, quien a la vez rapea, pléyade de gusanos.
No merece la pena. Sé que no váis a tener huevos de publicarla, y que en caso de hacerlo vendrá fusilada a traición para solaz de la manada de piojosos cueros cabelludos que lucen los amorfos de vuestros lectores (mayormente, no todos). Así les va. Yo ya he catado ratas inmundas. Y OS VOY A LLENAR DE PLOMO, MALDITOS BASTARDOS. AL TANTO.
Atentamente, se despide: CHARLES BRONSON (en Valencia eventualmente, debido al rodaje de "The rocker who eats his brains")."


Nota: no os perdáis los estupendos enlaces a algunos de los mejores discos de la historia que va desperdigando Koolthing BCN en los comentarios de cada Ruta 66.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

RUTA 66, NUMERO TREINTA Y NUEVE


RUTA 66, NUMERO TREINTA Y NUEVE (Abril, 1989)
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Nota: es necesario utilizar Google Chrome para poder bajar el archivo.

"Directo e inspirado, impregnado de la amplia visión que retrata, este nuevo LP es una recompensa que ya no esperábamos, para todos aquellos que le hemos tomado en serio hasta en sus épocas más confusas, que hemos escuchado con similar voluntad "Coney Island Baby" o "Metal Machine Music". "The Blue Mask" o "Sally Can´t Dance". "Transformer" o "Take No Prisoners". Lo es porque Lou Reed pocas veces había mostrado tanta convicción. Tanta humanidad."

Junto con Sabino Méndez y Rafa Cervera, Ignacio Julia rendía un merecido homenaje a Lou Reed, quien a su vez hacía lo propio con su ciudad favorita en el LP "New York".

martes, 25 de septiembre de 2012

GOUDOU GOUDOU (7 de 10), por ANN NOCENTI


Goudou Goudou (7 de 10. Posteado por Ann Nocenti el 03-01-2011 en Hilobrow. Aquí el post original. Traducido por Félix Frog2000.) 

-Goudou Goudou 4
-Goudou Goudou 5
-Goudou Goudou 6

Llega un espíritu, se sube encima tuyo y te empieza a cabalgar. Si es el escandaloso Baron Samedi quien te monta y te follas un árbol, tan sólo será el espíritu haciendo de las suyas. Si tus amigos te ven follándote un árbol, puede que te sonrían pero no te lo mencionarán al día siguiente. Saben que es el intratable barón usando tus labios y la cadera para hacer hablar a su lascivo espíritu.

Una mujer dibuja en la mierda con un palo. Su movimiento es fluido, siguiendo un camino trazado mil veces antes, aunque novedoso cada vez. Vierte un puñado de harina de maíz en su palma. Una fina corriente de blancura fluye de sus dedos tan firmemente como la arena de un reloj de arena se escurriría entre un reino y otro. Aparece un filamento de fino garabato blanco. Un copo de nieve que parece un símbolo “veve” que tendrá toda la noche para fundirse con el suelo.

“Veves” dibujados, llamas de velas rojas, telas adornadas, botellas dispuestas con lentejuelas, comida “Lain”, el lento golpeteo de los tambores... tal y como un romántico ansioso prepararía un dormitorio para ejercer la seducción. ¿Qué es? ¿una llamada seductora al Loa, a los espíritus..?. ¿Quién viene esta noche?

Estoy sentada rígidamente en una silla de respaldo recto. Mi escolta para esta ceremonia en lo alto de una cima de la montaña está borracho, poseído, ha sacado un machete, se le ha reprendido por llevar una “blan”, una forastera blanca, a una ceremonia privada. Se le destierra. Me dicen que me tengo que marchar, pero cuando lo intento me llevan de vuelta a la silla. Al menos eso es todo lo que puedo inquirir con mi fracturado trasvase de palabras de Inglés y Creole con un chico joven. Alguien derrama líquido dulce por mi garganta, otro me da un puñado de semillas. Al final, me quedo y bailo durante toda la noche, con los niños y las “Mambos” y con un hombre que ha llegado vestido con una chaqueta roja de lentejuelas. Pero esa es otra historia. Aquella noche, hace diez años, fue mi introducción al “Vodouisants”.

En los últimos dos años he asistido a unos pocos actos más de masas vudú. Uno parecía estar creado para los turistas, porque el “Houngan”, el sacerdote, parecía más interesado en la recogida de dinero. Algunos eran casuales posesiones espontáneas durante una noche de tambores de ron y rítmico golpeteo nocturno, y también acudí a algún otro evento ceremonioso a la luz del día que un hombre me describió, en tono de broma, como "ningún Loa sería cogido en vida en este.”

Al igual que cualquier otra niña criada con las películas de Hollywood, para mí el vudú son zombies y alfileres clavados en muñecas. “White Zombie” de Victor Halperin, “Yo andúve con un zombie”, de Val Lewton, “La serpiente y el arco iris”, de Wes Craven, que representaba el vudú como una maldad mortal, películas que  han inspirado una legión de zombies y muñecas alfiletero, marchando por encima de todo, desde “The Three Stooges” hasta el Thriller de Michael Jackson.

Es como si el único entendimiento sobre el cristianismo proviniese de las monjas sexualmente enloquecidas que aparecían en “The Devils”, de Ken Russell, o de “Greaser’s Palace”, de Robert Downey Sr., donde Jesús llevaba un traje “zoot” y Dios escondía a su madre en una jaula, o del frío y grave Cristo de “El Evangelio según San Mateo”, de Pasolini.

Mi estudiante de cine, Zaka, y yo, hemos sido invitados a una ceremonia post-terremoto. Zaka filma meticulosamente cada detalle. El altar está dispuesto con una cabeza de cerdo, platos de semillas, botellas, símbolos “veve” como base. Ancianos de distinguidos rostros y notables manos golpean los tambores, tocan las flautas. Los “Mambos” giran rápidamente, luciendo sus vestidos divinos; se balancean, bailan, tiemblan, giran sus ojos, listos para ser penetrados por un Misterio. El Vudú es una religión extática, sus practicantes están deseosos de servir, hablar y actuar en nombre de un espíritu.

Papa Legba, siempre el primero en llegar, es llamado. No le veo aparecer. Una “Mambo” blanca llama al espíritu del amor y la belleza. La atmósfera está cargada. Parece poseída, pero de una forma que nunca había visto antes. Tiene apariencia de ser alguien estricta y furiosa, empuña un cuchillo, se desmaya en el suelo, se cubre con una sábana. Cuando se levanta de nuevo, sostiene una paloma.

Una “Mambo” me invita a bailar, y por alguna razón, en mi estado de embriaguez, me marco un baile al estilo “western swing”. Ella se ríe y me permite que la dé vuelta, y luego otra mujer también quiere probar. Mis ojos buscan a Zaka, para que me dé alguna pista sobre si enseñar a las sacerdotisas a bailar country es grosero o no, pero no puedo encontrarlo. Más tarde, una sacerdotisa me pregunta si sentía el espíritu, y la contesté que no sentía nada aparte de que me encanta bailar. Es inútil resistirse a los atractivos y arrebatados ritmos de la percusión.

Luego aparece un perro. Los perros de Haiti son furtivos y cautelosos carroñeros que tienden a estar al acecho cerca de la cabeza del cerdo. Este cuenta con todo un elenco diferente de miradas en sus ojos penetrantes, y parece tener un grave interés en el baile. ¿Es un espíritu post-goudou goudou? Los haitianos suelen mencionar casualmente el caso de una Tía que se convirtió en vaca. O el de un niño que se convirtió en un cabritillo. Un niño que ahora es un tipo diferente de niño. En el momento en el que le señalo a alguien el perro, éste ya no está. Mis estudiantes dicen no creer en Tías-Vacas y en Niños-Cabra y en zombis. Y sin embargo parecen estar secretamente aterrorizados por ellos. Lo real y lo irreal, la creencia y la incredulidad; ignóralo bajo tu propio riesgo.

El día amanece en domingo, y oigo cantar a lo lejos, largas notas que se mantienen sin retomar el aliento y que parecen tan agudas como si fuesen emitidas dentro del agua. Camino a la deriva hacia la playa y veo un semi-círculo de fieles frente al mar, con una joven lista para el bautismo. Hay dos palos largos con los extremos bifurcados como lenguas de serpientes. Imagino que las dos pértigas serán para sacar a alguien fuera del agua si fuese necesario. El mar es apacible, las sacerdotisas la sumergen profundamente en la espuma del mar y ella se incorpora con felicidad aturdida.

Veo a un perro molestando a todo el mundo con un palo. No es capaz de encontrar a alguien que juegue con él. Ellos están leyendo biblias y cantando himnos. No tienen tiempo para esa criatura animada. Así que él mismo arroja el palo hacia el aire y lo recoge. Parece feliz teniéndose a sí mismo para jugar.

lunes, 24 de septiembre de 2012

GOUDOU GOUDOU (6 de 10), por ANN NOCENTI



Goudou Goudou (6 de 10. Posteado por Ann Nocenti el 20-12-2010 en Hilobrow. Aquí el post original. Traducido por Félix Frog2000.) 
 
-Goudou Goudou 4

Los chavales se chupan los pulgares. Grandes mujeres en cuclillas agitan enormes ollas de arroz turbio. Hemos estado filmando durante tantos meses que mis ojos ven a través de cuadrados. El aire está lleno de humo gris que provoca náuseas. Creo, quizá indebidamente, que esta atmósfera difusa produce cambios en el humor. Una mujer pasa un trapo por la cara de su bebé una y otra vez, la cola de una vaca chasquea limpiándose de moscas. Las moscas flotan y aterrizan con un patrón que no tienen fin. Me hace pensar, absurdamente, en el profuso tráfico aéreo de helicópteros que ha habido en este país después del desastre.

Campo Pinchinat. Mis estudiantes ruedan la distribución de comida. El ejército tiene un área apartada para que las mujeres puedan cocinar, hay redes para controlar las líneas del hambre. Los niños y las mujeres comen primero. Los hombres los últimos. Alguien ha decidido que los hombres no son capaces de compartir tanto como las mujeres. Hace unos años fui a una cena gitana rumana de la mafia donde los hombres y los niños comían primero. Más tarde, las mujeres y las niñas picaban en los huesos sobrantes.

Tengo los ojos vendados. Opto por no mirar lo peor de los sufrimientos con mis propios ojos. Eso me obligaría a hacer algo por ese chico con el hongo en su cara que podría curarse con un tubo de tres dólares de crema antibiótica. Tengo tres dólares en el bolsillo. Se quedan ahí. Estoy aquí para enseñar a rodar. Las vendas se quedan en mis ojos.

El campamento está partido en dos. Uno de los grupos es leal a los venezolanos y el otro depende de los canadienses. Los rumores flotan sobre los malos olores: los canadienses se van, la gente está enojada porque la gran bandera venezolana ondea ligeramente por encima de la bandera haitiana, más pequeña, y quieren tirarla abajo. Las personas tienen que salir del campamento hacia terrenos más altos antes de que llegue la temporada de lluvias, tienen que conseguir semillas de la tierra antes de que se pase la temporada de siembra. Sin embargo, los venezolanos han prometido construir refugios temporales para quien se quede y el Programa Mundial de Alimentos mantiene el suministro de arroz. Los colchones son robados de las tiendas para ser utilizados para la prostitución, las mujeres son violadas, la comida robada, los venezolanos han suministrado cuchillos. ¿Quién sabe lo que es cierto? La única verdad indiscutible es que se prevee una fuerte lluvia en el horizonte.

Vigilo a mis alumnos mientras vagan por los alrededores, escogiendo planos, rodando. Cuento hasta diez en silencio para asegurarme de que mantienen los planos el tiempo suficiente como para que la edición del mismo resulte más fácil, y compruebo sus lentes de enfoque. Tomo dos fotos con mi cámara digital, una de la sobrecargada y burbujeante olla de arroz y otra de un niño golpeando su plato metálico de la cena con una cuchara de madera, y se las enseño a mis alumnos. Es como una simple frase visual: la comida, la anticipación. Estoy enseñando a componer oraciones a través de planos, y también enseño cómo encontrar un principio y un final rodando con la cámara desde un punto hasta el otro, contando una historia dentro de la historia. Ruedo tres tomas más: un montón de basura, un niño pequeño convirtiendo quebradizos jirones en una cometa, con un pedazo de una bolsa de basura negra extendida entre dos palos, otra cometa que nos sobrevuela. Una frase visual: la miseria aumenta la esperanza. Filmo dos tomas más: basura y a un bebé llorando. La miseria a la miseria. ¿Qué es lo que quieres decir?

La larga línea de personas que esperan por el arroz estalla en una improvisada sesión musical: los niños golpean cacerolas y ollas de estaño con cucharas y sinuosamente se deslizan al compás, sonriendo ampliamente. Por eso me encanta Haití. Tan seguro como que el sol sale todos los días, la alegría se levantará entre la suciedad.

Esta noche llueve. Una lluvia fuerte, implacable. La lluvia rompe contra las lonas, chorrea sobre los ríos, lo anega todo.

Por la mañana mis alumnos tienen un aspecto sombrío. Se echan sobre las sillas, lánguidos, pensativos, apáticos. Hace un día soleado, pero la miseria de anoche se refleja en los innumerables charcos fangosos. Las risas se han marchado de la habitación.

La tormenta de ayer por la noche anunciaba lo que todos saben: la temporada de lluvias está a punto de llegar, y luego los huracanes, lo cuál traerá una nueva dimensión a este infierno. El agua se empozoñará, los mosquitos se reproducirán, el moho florecerá. Los montones de basura se endurecerán. Todas las cosas que crecen en el agua estancada y la basura horneada: hongos, gusanos, disentería, malaria.

Lamour se presenta en la tienda escolar con material de archivo de los torrentes de anoche. Hablamos de hacer una PSA, una “Película de Anuncio de Servicio Público”, acerca de cómo sobrevivir a la temporada de lluvias en los campamentos. Vemos las imágenes. Es algo miserable. Los espíritus se hunden. Algunos de mis estudiantes viven en Pinchinat, todo el mundo tiene amigos allí. Su gente está en la miseria.

Les pregunto a los alumnos que si creen que sería una buena idea traer películas a las tiendas de campaña, para animar a la gente, especialmente a los niños.

Zoul, nuestro experto en sonido y DJ en el club local, hurga por ahí y mete un DVD en el ordenador. Vídeos de batacazos cogidos de YouTube: un bulldog monta un monopatín y se estrella, un collie se tambalea y golpea otra vez con su correa a un bebé. Porrazos mudos e hilarantes. Nos reímos. Risas escalonadas, enloquecidas, imparables. El tipo de risa que se convierte en su propio monstruo. Todos sabemos que tenemos que enseñar esto en los campamentos.

Silver, nuestra profesora técnica, va a ver qué equipo sobrevivió al terremoto. Necesitamos una pantalla, un proyector, altavoces. El joven “Juice Master Junior” comprueba nuestro generador. Thibaud, Sergo y yo nos dirigimos hacia el campamento para obtener el permiso para poder ofrecer una noche de cine. Con las películas que tenemos. Las películas que hemos estado haciendo durante todos estos días. Películas de y sobre los haitianos, en Creole.

Otro estudiante entra corriendo en la tienda sin aliento. Ha conseguido material que le ha dado un hombre que hace luces para los campamentos. Ha construido unas pequeñas cajas de alambre, ha atado una linterna en ellas y ha extendido un condón sobre los marcos. Son hermosas. Condón lumière. Tengo la sensación de que es como un símbolo.

Luces de condón. Manasse sugiere que podríamos llamar “Cine Lumière” a estas noches de cine, porque ellos hicieron algunas de las primeras películas: una película de un tren encabritado que hizo que los espectadores saliesen corriendo del cine, esqueletos danzantes. Luminosos encantamientos flotantes que podríamos traernos a los campamentos.

Unos días más tarde estacionamos en Pinchinat una furgoneta repleta de equipo: altavoces de tamaño demasiado grande y pantallas de tamaño insuficiente. Zoul elige con ahínco un poco de música dance que ejerce de Flautista de Hamelín. Nos lleva varias horas montarlo todo, pero poco después del anochecer el goteo de niños del principio se convierte en una masa de anticipación, la noche se alumbra con la película. Al principio hay un silencio de desconcierto, y luego las risas cosquillean el aire, rebotan, se únen gritos de alegría, risitas más grandes cada vez.

Cuando la alegría se levanta del implacable lodo, es una alegría que no tiene igual.

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Aquí puedes ver el vídeo “Tent in the Water”.  

HOMENAJE A ANTONIO VEGA EN RUTA 66






Homenaje a Antonio Vega en Ruta 66 número 267 (solicitado hace días en los "comentarios".)

domingo, 23 de septiembre de 2012

THE BEGUILED - GONE AWAY LP


THE BEGUILED - GONE AWAY
(Dyonisus Records, 1988)

A1-Bustin' Out Of Tights
A2-Psychotic Girl
A3-Big Daddy
A4-Jackie-O
A5-Jack The Ripper
A6-That's Why
B1-(Theme From) The Unknown
B2-The Widow
B3-Little Girl
B4-Next In Line
B5-Madness
B6-Gone Away

AQUI.

sábado, 22 de septiembre de 2012

THE GORIES - COMPLETE BANDIN´ SESSIONS


The Gories - Complete Bandin´ Sessions (Detroit, 1989)

1-Yaha Baby            
2-Sister Ann            
3-Telepathic            
4-Guess I'm Falling In Love            
5-Aaaah         
6-I'll Go            
7-You'll Be Mine          
8-Bright Lights, Big City           
9-Give Me Love            
10-Cry Girl          
11-You Little Nothing           
12-Land Of A Thousand Dances            

13-Thunderbird ESQ          
14-To Find Out            
15-Gories Stomp + I Just Wanna Make Love To You          
16-Makin' Love          
17-Boogie Chillun            


AQUI.

Más Gories en Frog2000:

-HOUSEPARTY!
-COMPLETE SINGLES
-ENTREVISTA CON DAN KROHA

viernes, 21 de septiembre de 2012

FORUM Y YO: CURIOSIDADES (10 de 25)



UN PASEO POR MARVEL HEROES (III) 

Séptimo de EGB, trece años, exámen de física y química en apenas una hora. Me había pasado estudiando toda la tarde anterior en la sala de estar (cuando estaba mi madre presente) y leyendo el número 21 de Marvel Héroes (en cuanto mi madre se ausentó para preparar la cena). Después de una noche de sueño reparador, las clases matinales, la comida apresurada, sin haber repasado nada de nada y cincuenta y seis minutos antes de plasmar mis respuestas en un test con el que me jugaba el trimestre, me encontraba con las manos crispadas sobre los mandos de la máquina recreativa del bar más cercano al colegio. En la pantalla podía verse cómo “Trojan”, el personaje protagonista del juego homónimo, avanzaba lateralmente por un mundo en el que se mezclaba lo apocalítpico y lo medieval. Sin embargo, en el tebeo que me había arrebatado un buen pedazo de tiempo de estudio y que en ese mismo momento reposaba en mi mochila, las cosas se presentaban mucho más mundanas, pues Spiderman siempre ha sido un héroe urbanita. Y no había nada más apegado a las calles de la ciudad que la famosa saga de la Cacería de Kraven, donde el ominoso ruso del título “asesinaba” al héroe arácnido y lo enterraba, en un oscuro Nueva York que actuaba como telón de fondo deprimente, asediado por la lluvia y por la rutina. El comienzo era tan impactante como el resto de la mini-serie dibujada por Mike Zeck con su granítico estilo característico, uno que parecía una variación del moderno academicismo conseguido por John Buscema. El guión ideado por Jean Marc DeMatteis sustituía al jovial Peter Parker por una versión de su alter-ego interpretada por su presunto asesino y antecedía aquel estilo “grim & gritty” supurado por la primera Image. ¿Podían matar los super-héroes? El super-villano que suplantaba a Spiderman lo hacía sin ningún remordimiento, pero el avispado lector, ya fuese por perspicacia o por un argumento graciosamente ideado, sabía en todo momento cuál era la diferencia entre el “doppelganger” y el verdadero lanza-redes. Y la respuesta obvia es no, los super-héroes no matan, o por lo menos no lo hacen los que pueblan el Mundo Marvel. Y cuando lo han hecho ha sido para subir las ventas o como simple (simplísimo) truco narrativo o porque el guionista tenía una merma mayor de la habitual.


Mis manos seguían enganchadas a la máquina de “Trojan”, intentando derrotar a uno de los “jefes” finales de pantalla, un taimado hombre-tortuga que siempre acababa exterminándome. Otra moneda de 25 pesetas, pulsar el botón para que desapareciese el adictivo “Continue?” y los números en orden descendiente del 9 al 1 y otra vez estaba en el juego. Sabía que estaba listo para acabar con ese enemigo, pero lo que no sabía era cuáles serían las siguientes series limitadas que aparecerían en la colección durante los meses sucesivos. Cuando se editaron todos estos cómics en la edad dorada de Forum, los checklist no estaban aún de moda y las revistas informativas no llegaban a los quioscos con demasiada regularidad (más bien no llegaban nunca), pues su distribución era la misma que tenían los fanzines: errática. Tardé años en hacerme con la colección completa de Krazy Comics por dicho motivo. Se podría decir que dicha situación fortaleció mi sentido de la maravilla y mi adición al papel, ya que como casi nunca se desvelaban los planes editoriales con anticipación, además de que parecía imposible saber cuántas colecciones publicaba exáctamente una editorial, cada vez que me escapaba de la compañía de mi familia cuando viajábamos a Santander y me acercaba a la parte trasera de uno de los quioscos acristalados que había en la ciudad, mis ojos se regalaban con todo un festín de colores (produciéndome una enorme congoja no poder adquirir todo lo que se podía ver allí expuesto.) Había tebeos de todos los tamaños. Una vez, en uno de esos quioscos de ensueño, pude hacerme con la versión en tomo gigante de Sin City publicada por Norma. Lo tenían colgado de una cuerda como si fuese una grapa sobredimensionada. Utilicé el dinero de los reyes.

La pantalla del arcade seguía ardiendo mientras eliminaba arqueros tecnológicos y bárbaros apocalípticos, y con bastante esfuerzo (y mucha maña) conseguí llegar hasta otro de los enemigos de final de fase: un jorobado saltarín que me iba a hacer sudar la gota gorda, aunque no tanto como aquel que se había puesto a mi espalda para observar mis avances (y los insultos que profería a los enemigos de mi avatar). Giré la cabeza: ahí tenía a mi profesor de física que me miró solemnemente y me soltó: “buenas tardes”. Faltaban veinticinco minutos para que estuviésemos uno frente al otro, en el exámen.

(Continuará)

jueves, 20 de septiembre de 2012

ENTREVISTA A BLUES EXPLOSION SOBRE "MEAT AND BONE"



Entrevista a Jon Spencer Blues Explosion por Tessa Jeffers, Octubre 2012.
(Traducida por Frog2000, sacada de Premier Guitar)

Jon Spencer y su conspirador en Blues Explosion Judah Bauer reinician su fusión de punk-blues con "Meat and Bone": un retorno en forma, deliciosamente sucio y arrogante e impulsado por guitarras de casas de empeño, sólidos amplificadores de mala muerte e implacable fuzz.

“Uh … play that ca-ca-cow bell! Ready? Get yo pants off!” canta a grito pelado Jon Spencer al comienzo de la nueva canción "Get Your Pants Off." Es uno de sus recuerdos favoritos de las sesiones de “Meat and Bone”, el esfuerzo en estudio que realiza por primera vez desde hace ocho años la “Jon Spencer Blues Explosion”. En ese momento el baterista Russell Simins toma la delantera con un abandono que parece imprudente, estrangulando sutom-tom” a ritmo de motor mientras Spencer y su guitarrista Judah Bauer aceleran la crudeza marca de la casa que los ha convertido en héroes subterráneos durante los últimos veinte años. Casi se siente como si fuese la secuela de la seminal melodía de JSBX "Bellbottoms" [Pantalones de Campana]. Pero seamos realistas: esto ya no trata de pantalones.

“Todo va sobre vibrar,” dice Bauer.

Esa vibración (voces a lo Elvis punk lamentádose sobre las seis cuerdas que se agitan sobre los contagiosos e indecentes grooves de Simins, sin ningún bajo), nos informa de sus influencias igualmente sucias e irresistibles, que van desde enrabietados bluesmen como RL Burnside y Hound Dog Taylor and the Houserockers hasta James Brown y Public Enemy.

Simins, Spencer y Bauer se juntaron en los primeros noventa, cuadno los “power trios” no eran algo tan común en la escena punk de su nativa NYC. Bauer y Spencer sostienen que Blues Explosion no han allanado ningún camino para otras bandas sin bajo como esos White Stripes y Black Keys que vendrían más tarde y que han logrado un mayor éxito comercial. Pero aún así, realmente no hay ninguna otra banda que los iguale en sonido o en actitud: Spencer (que empuña una guitarra marca Zimgar, prácticamente ya sin tonos, de la que Bauer comenta que "casi que me ha marcado de por vida"), es conocido tanto por su maníaca interpretación de predicador callejero, por sus patillas a lo chuleta de cordero, y por sus pantalones de cuero que parecen de plástico y sus gritos empapados de reverberación y riffs perpetuamente en fuzz.

Así que quizá las cosas sí que traten un poquito sobre pantalones de campana.


Spencer y Bauer se ocupan de tantos proyectos paralelos que es fácil ver por qué se han tomado tanto tiempo para sacar este álbum. Spencer tiene otras dos bandas (Boss Hog, junto con su [ex-] esposa, Cristina Martínez, y su grupo de garage-rock Pussy Galore.) Y Bauer se ha pasado los últimos años desde el anterior disco de estudio de la Blues Explosion (Damaged, 2004) dando conciertos con su banda 20 Miles y de gira con Cat Power.

Pero cuando toca con JSBX, Bauer compara la experiencia a una especie de sorpresivo acto primaveral improvisado: No hay listas establecidas, sí que hay señales y apretones de manos al estilo del baseball, y "canciones que se pueden truncar de repente y cosas que pueden llegar a ser casi iguales que un “medley”, por lo que hay que estar tanto todo el tiempo”. Y añade con la mayor naturalidad: "es como estar de pie en el techo."

Spencer no niega nada. De hecho, aunque incluso ya estés algo familiarizado con sus furiosas “jams” de baja fidelidad, has de creer que lo está disfrutando mucho. "Lo que hacemos puede ser un poco salvaje y enloquecido", dice. "Creo que la banda es bastante confusa de entender para algunas personas, pero cuando nos ven en directo todo cobra sentido."

Ocho años es una pausa bastante larga. ¿Qué ha ocurrido entre “Damage”, de 2004, y las sesiones de “Meat and Bone”?

Jon Spencer: Hemos estado parados durante unos años, aunque la recopilación de algunos de nuestros singles salió con el título de Jukebox Explosion” en 2007, y después de eso comenzamos a recibir ofertas para tocar en distintos shows y festivales. Así que pensé: "¿Por qué no?, intentemos tocar algunos conciertos." Nos gustó mucho hacerlo, así que empezamos a tocar más y regresamos al directo. Luego, en 2010, hicimos un programa de reediciones muy exhaustivo, sacando seis álbumes de los diez primeros años de la banda. Estábamos tocando, pasando un buen rato y comenzamos a escribir canciones. Parecía algo muy natural y nos dimos cuenta de que teníamos escrito todo un álbum, así que volvimos al estudio.


¿Fue durante la gira cuando se hizo casi toda la composición de las canciones, o tan sólo fue el catalizador de vuestro regreso después del parón?

Spencer: Hubo veces en las que nos dijimos, “Nos vemos en el estudio, allí ya compondremos algo,” pero hubo otras en las que estábamos ensayando para hacer un “tour” o para tocar un bolo (o incluso en una prueba de sonido), y surgía una canción. Salía de repente a la luz. No fue hasta la pasada primavera cuando nos pusimos en serio a hacer un disco.

Judah Bauer: Había un montón de canciones que tocamos en la gira, pero algunas ya estaban compuestos desde hacía tiempo. Creo que algunas eranouttakes” de las sesiones de “Damage”, y el resto las escribimos muy rápido entre julio y septiembre [de 2011]. Por lo general solíamos tener un montón de material adicional, material suficiente como para dos o tres discos, pero en éste todo fue bastante conciso.

Jon Spencer toca su legendaria guitarra Zimgar (comprada en una tienda de empeños por su esposa) en tono D. Comenta que Russell Simins le anima a tocar fuerte, fuerte, fuerte, y más rítmicamente. ¿Fueron esas sesiones muy diferentes a las de los discos anteriores, por ejemplo en la forma en que determinásteis la dinámica que habría entre las diferentes partes de la guitarra?

Bauer: Todo empezaba con “jams”, tanto si estábamos en una prueba de sonido o en un sótano de la Avenida B [en Nueva York]. Cualquiera [de la banda] puede empezar cualquier cosa, así que más o menos somos como un colectivo musical. Creo que este álbum tenía unos plazos más apretados que los otros. Creo que tuvimos 10 días en julio y otros 10 en agosto para conseguir grabar las canciones que teníamos compuestas. Pero en cierto modo, disponer de ese tipo de horarios tan estrechos ha influido mucho en la grabación: es como una especie de carestía que nos hace crecer para mejor, y también un poco com un retorno a estar en forma. Definitivamente, la grabación que más duró fue la de "Bootcut". Pasé una semana tratando de resolverla por completo. Entonces me di cuenta de que gran parte de la canción era improvisada. Porque la banda ha estado improvisando durante tanto tiempo que nos resultaba muy fácil empezar y derribar las paredes. Como con las canciones "Zimgar" y “Black Thought”. Yo seguía llevando cosas al estudio y el ingeniero se ponía en plan, "¿Otra parte más de guitarra?" Y yo le contestaba,"¡Claro!"

Spencer: Siempre trabajamos de la misma forma. Componemos las canciones juntándonos y tocando. Entre nosotros tres no hablamos las cosas, ni discutimos ideas o conceptos o sobre estructuras, sino que simplemente tocamos la canción. Las canciones sencillamente surgen. Por supuesto, en un momento dado puede que las editemos y refinemos y jugueteemos un poco con su estructura. Russell toca la batería, Judah toca la guitarra, yo toco la guitarra y canto. Como soy el cantante principal, tengo tendencia a conducir las pausas o los cambios y también cuando cantamos los dos o cuando hacemos esos grandes cambios en las canciones. Pero dentro de todo eso, cada uno hace lo que le toca. A lo largo de los años hemos ido desarrollando una especie de lenguaje, pero en realidad no es algo que hayamos discutido nunca anteriormente. No decimos: "Oye, voy a hacer esto desde aquí hasta el mástil, y luego esto y lo otro." Sencillamente cogemos y lo hacemos.

Eso suena a que hacéis las cosas con verdadero amor.

Spencer: [Risas.] Supongo, claro, es como una especie de amor verdadero.

Jon, ¿es “Zimgar,” la última canción del disco, una oda a la guitarra que te compró tu mujer?

Spencer: Sí, pero en realidad se la compró para ella misma. En aquella época estaba tocando en un grupo llamado the Honeymoon Killers, así que usaba esa guitarra. Cuando se fue del grupo la guitarra estaba por ahí en nuestro apartamento y yo la cogí y empecé a tocar con ella. Esa es la guitarra que estaba usanado la primera vez que toqué con Judah y Russell. Tiene un sonido distintivo, así que me quedé con ella. A lo largo de los años he tenido otro par y todas tenían personalidades diferentes, sonidos diferentes. A veces tengo que rehacer las pastillas si creo que no tienen el empuje suficiente. No estoy seguro de qué tipo de pastillas son. Puede que sean DeArmond, pero no las he cambiado nunca por otra marca, sino que siempre consigo bobinarlas de nuevo.

¿Aún está viva esa primera Zimgar?

Spencer: Oh, claro. Aún es capaz de patear culos.

Bauer: Está bastante abollada, algunas personas la llaman “el bastón”. Realmente, la entonación es algo apagada, y me ha marcado bastante tocar permanentemente junto con ella, tocar con él y esa guitarra... Finalmente acabo tocando acordes de forma automática en la parte más arriba del mástil, para igualar el sonido. Me sorprendí mucho a mí mismo haciéndolo en Cat Power y me quedé estupefacto: "Espera un segundo ¡No necesito hacer eso!" [Risas.] Ahora se ha convertido en un hábito. A veces voy y doblo una nota porque estoy acostumbrado a esa entonación [sobre Spencer en “Zimgar”] y a veces las cosas suenan funky, simplemente no tengo manera de evitarlo. Jon dice, "¿Estás fuera de tono?" Y yo respondo, "No, yo voy bien, es culpa de tu guitarra."


¿Tocas con esa guitarra en esa canción?

Spencer: Probablemente sí. Quiero decir, tenía dos guitarras allí, en el estudio: cogí la antigua, la original, y otra que es un poco más pequeña. Tengo tres en condiciones de funcionar.

Bauer: La original no tiene casi nada de pintura encima, y tiene un sonido muy distintivo. Ninguno de los otros sonidos de guitarrasZimgar” nos gustaba tanto. No estábamos muy seguros de por qué. Varias personas han dicho que las pastillas están desfasadas o que el afinador marca algo diferente de lo que es en realidad [cuando se mide], pero no sé, simplemente creo que es una combinación de ambas cosas. Para mí es lo mismo, realmente creo que suena como una aspiradora o algo así.

Spencer: Sencillamente el tono es diferente. No sé si cuando salió de la caja ya estaba así, o es el resultado de todos estos años tocando con ella, pero definitivamente tiene un tono diferente. Es como un si fuese un poco más bajo de lo normal. Un bajo sonaría un poco diferente, creo que sería como un rango medio, y además las pastillas hacen que se distorsione todo.

Jon, ¿qué puedes comentar sobre todo ese rollo de “estar marcado de por vida” que comentaba Judah?

Spencer: Bueno, tenemos estilos diferentes, y la guitarra que uso no está considerada como una “buena” guitarra. Y ciertamente, existen algunos problemas con la entonación, pero eso es lo que hay. Yo soy quien soy, y toco lo que toco.


Realmente “Zimgar”, la canción, tiene un “groove” infeccioso y profundo, un sonido como el de un bajo. ¿Cómo lo conseguiste?

Spencer: Sencillamente es el sonido de la guitarra y el amplificador, y también mi forma de tocar. Uso un tono en D, pero no se ajusta con holgura a la canción. Tampoco es como si estuviese usando cualquier afinación enloquecida, y desde luego no creo que sea por el hecho de usar ningún pedal. A lo largo de estos años he aprendido algunos trucos sobre cómo hacer una buena mezcla en estudio en segundo plano para que resalte la canción. Además las cosas cambian entre una canción y otra, (en "Zimgar") hay una sección hacia el final que tiene un pedal de órgano. Pero la mayor parte de la canción está tocada con esa guitarra.

Así que, Judah, ¿realmente tocas tú la mayor parte de los solos y puentes más limpios de la canción, y es Jon quien toca las partes de guitarras de tono más bajo y explosivo?

Bauer: Ambos tocamos los solos, pero definitivamente él hace las partes más fuzz. Tiene un sonido más crudo, que es el motivo de que yo gravite alrededor usando la Telecaster, intententando que los sonidos se queden más separados. No necesitamos que el sonido de ambos sea como una explosión.

¿Has tocado otras guitarras en “Meat and Bone”?

Bauer: He tocado una guitarra, la Tele. Solía tener un montón de juguetitos, pero ahora uso una sóla. La he estado usando durante los últimos cuatro o cinco años, quizá más. Es una Tele “sunburst” de una pieza que llevo a todas partes, porque tengo un montón de guitarras antiguas, pero no me las puedo llevar de gira. Así que mis “técnicos” de guitarra midieron y pesaron ​​todo, y básicamente tengo varias piezas Fender que pueden ajustarse en el mismo cuello, y además me lijaron algunas cosas para que encajasen entre sí.

¿Quiénes son tus “técnicos” de guitarra?

Bauer: Son Imai Guitars [en New York City]. Son unos genios. Es una empresa japonesa, y mi técnico personal (Norio Imai) lo sabe todo sobre la guitarra, así que sabe lo que quiero. Me construyó esa [la Tele “sunburst”], así que mi ’66 se ha quedado en la funda. Me está fabricando otra, porque he llegado a un punto en el que no me gustaría perderla, porque suena mejor cuanto más la tocas. Así que me daba miedo que llegase un día en el que una compañía de aviones me dijera: “Lo siento, hemos perdido tu guitarra.” Solía pasar con mis guitarras de los ’50 y no me importaba mucho, pero a veces la compañía aérea estaba detrás mío uno o dos pasos durante la gira, para devolverme la guitarra, y no conseguían contactar conmigo. Así que ya no me las llevo muy lejos cuando estoy de gira, por lo que acabo utilizando copias de las guitarras originales que construyo con partes Fender


¿Qué amplificadores usaste para esas sesiones?

Spencer: Definitivamente lo intenté con viejos amplificadores. No me llevé ningún amplificador externo al estudio. Bill Skibbe y Jessica Rubbins [ingenieros del Key Club Studio en Benton Harbor, Michigan] tienen una colección de antiguos instrumentos, y eso incluye un montón de amplificadores. Lo que más me atraía era que había un montón de agradables y sólidosamplis” (una pareja de Heathkit y un Kustom o dos.) Generalmente me atraen las cosas más sólidas. No sólo los Heathkits parecían muy interesantes, porque algunos de ellos forman parte de un “kit”, sino que también sonaban geniales.

Bauer: Mi amplificador principal es mi Fender Twin blanco del ´61 que he tenido siempre. Sin embargo no lo usé en este disco, porque en el estudio no me gusta usar amplificadores muy ruidosos, sino que suelo utilizar amplificadores más pequeños. Tengo unos Magnatone 412 del  '61 o '62 que me gustan mucho, y luego un Tweed Deluxe del 59 que suena mejor porque le puse unos altavoces de 150 vatios JBL, porque alguien me dijo que es el “ampli” más limpio del país y quería conseguir un poco más de sonido en ese estilo. Con suerte puedo utilizarlo en la mayoría de los shows. Pero sin embargo, no me lo llevaré a Europa. Antes solía hacerlo, valía la pena, pero hacerlo es bastante caro.

¿Sigue sonando el Twin tan magníficamente como la primera vez?

Bauer: Si, ese amplificador es fantástico. No le he cambiado nada, pero los altavoces son Kendricks que alguien había cambiado. No sé si ayudan o fastidian el sonido, pero el resto viene todo de serie. Aunque realmente no suelo prestarles mucha atención a los altavoces. Creo que todo aquello que haga que suenen con menor claridad es positivo. He estado tocando con otros Twins blancos, con sus altavoces originales, y para mí los Kendricks suenan mejor, o quizá es que ya me he acostumbrado a ellos.

¿Qué micros usas y cómo sueles situarlos?

Spencer: [En los estudios Key Club] tenían una pequeña habitación de madera, otra de tamaño mediano, y una habitación enorme. Así que hicimos algunas canciones en cada lugar para poder obtener diferentes sonidos. Probamos diferentes amplificadores y diferentes micrófonos y formas de procesar el sonido. Todo con la intención de conseguir sonidos interesantes que se adaptasen a cada canción en particular.

Bauer: Normalmente no presto mucha atención a los micrófonos y su colocación. Me gustan los micrófonos “ribbon”, de nuevo porque creo que me parece mejor que el sonido tenga menor claridad. Cuando se usa una Fender con amplificadores Fender consigues mayor claridad y fragilidad siempre, así que todo lo que minimice esa claridad es algo positivo. Ponemos un micrófono en la parte delantera y otro en la parte posterior [de los amplificadores] y luego lo ponemos todo fuera de fase, por lo que todo lo que necesito son dos micrófonos fuera de fase. Suena muy bien: tendré que recordar durante el resto de mi carrera que me gusta ese sonido fuera de fase.


Hablemos de pedaleras. ¿Qué efectos usáis?

Bauer: Cuando estoy de gira suelo usar “delays”. Los uso cada vez menos, porque me he dado cuenta de que empezaban a saturar el sonido. Muchas veces los efectos hacen que la guitarra suene un poco menos, aunque depende del lugar donde se toque. Si se trata de una pequeña habitación recubierta de madera, usaré menos el “delay”. En el disco utilizo un Echoplex en un par de canciones, y creo que en “Black Mold” he usado algún tipo de fuzz. Tengo un montón de delays y trémolos. Es casi todo lo que necesito, pero antes solía usar el fuzz con moderación, aunque no puedo recordar cuál era. Era uno de esos pedales de fuzz donde tienes que tener el pie posado en un lado...

Spencer: Solía usar un [Jennings] Growler, que tiene un pedal que puedes girar de izquierda a derecha, es una cosa muy rara. Tengo un fuzz llamado Fuzz-Stang que alguien me dió una vez en Portland de buena gana. Realmente es un fuzz fantástico. Me gustan los fuzzes, porque puedes ahogar la nota de repente. Además tengo dos pedales de órgano diferentes, un “Chorus X3”, y una copia eléctrica de un Hammond ochentero.

¿Hay algún bajo en el álbum? ¿Cómo conseguísteis esas pistas de bajo que suenan como se estuviese tocando uno?

Bauer: En el disco no suena ningún bajo. Hay teclados de bajo, o suena una de las guitarras a través de un filgro de gama baja (que es lo que hacemos en directo. Pasamos las guitarras a través de un “crossover” que aumenta los niveles más bajos y la gente se piensa que está sonando un bajo, pero tan sólo es una guitarra pasada por un filtro “low-end”). Casi es como un componente más de la banda, es un viejo “crossover” Ashly que no nos costó nada y que llevamos usando desde siempre, está en primera línea cuando tocamos en directo, y Jon también lo utiliza allí [en el estudio] cuando está mezclando.

Así que por lo general, ¿eres tú quien hace la parte que cubre las frecuencias de bajo?

Bauer: Depende de la canción, depende... Si toco la línea de bajo, la guitarra estará pasada por el “crossover”. No sé si se le podría llamar "línea de bajo"... bueno... porque tocar el bajo aún me desconcierta.


¿Cuál fue tu primera experiencia con la guitarra? ¿Cuando decidiste "Realmente quiero hacer esto?”

Bauer: Vi en televisión a Bruce Springsteen tocando una canción realmente larga, “Rosalita,” y observé que corría por todo el escenario y se subía encima del piano y saltaba arriba y abajo y yo me quedé como, "esto parece un buen trabajo que hacer. Quiero hacer eso para ganarme la vida." No es que fuese fan de Bruce Springsteen en absoluto, porque a mí me gustaba sobre todo el punk y el hardcore. Más bien era como ver a alguien que estaba pasando un buen rato.

Spencer: Realmente no empecé a tocar rock ’n’ roll hasta los 17 años, que para alguna gente es algo que le parecerá bastante edad. Antes de meterme con la guitarra, estuve tocando el bajo. Pero no hubo ningún punto de inflexión que resultase crucial.

¿Por qué dejaste el bajo?

Spencer: La guitarra es más “cool”, eso es lo que suelo decirle a la gente.

¿Por qué empezar en 1991 con una formación avant-garde, de doble guitarra y sin bajo?

Bauer: No proveníamos de la escena en la que estábamos en ese momento o de las influencias que teníamos. Quiero decir, teníamos a Hound Dog Taylor como influencia, tuvimos a los Cramps. Fue algo normal desde mi punto de vista. Incluso en las bandas que estuve cuando era un chaval, no teníamos bajista, todo el mundo parecía tener guitarras, pero nadie tenía bajo. Eso es lo que pasó, ¿sabes? No necesitábamos bajo. En algunos discos en los que he tocado, Jon tocaba el bajo o el contrabajo por aquí y por allá, aunque tampoco mucho, y definitivamente no lo hacemos en este disco.

Spencer: Ha habido bandas antes que nosotros que han hecho lo mismo. Estaban The Cramps, los más famosos, y The Electric Eels. Una gran inspiración para nosotros fue Hound Dog Taylor and The Houserockers, eran una formación de dos guitarras, sin bajo.

No fuimos los primeros, pero creo que la Blues Explosion no es muy tradicional o lineal. Somos un poco punk, y tal vez seamos algo confrontacionales, y sí, somos avant garde. Ese siempre ha sido el rollo de esta banda. Somos diferentes... no somos la banda habitual de rock 'n' roll.

Pero has dicho que tampoco sois una banda de blues.

Spencer: No, no lo somos.


Entonces, ¿por qué incluir el término en el nombre de la banda?

Spencer: Me pareció un buen nombre, un nombre loco, una especie de nombre confuso. Como una especie de declaración.

¿Por qué la Blues Explosion trata por entero sobre tí?

Spencer: Porque por supuesto, es un proyecto muy personal. Un vehículo en el que puedo dar voz a mis diferentes ideas, sentimientos, emociones, pero también es una asociación.

No se podría hacer ningún tipo de sustitución en la forma en la que los tres nos complementamos entre nosotros.


Bauer: Para alguien que ama la música, la Blues Explosion tiene un montón de referencias interesantes. Cuando toco con Cat Power no siento que los fans sean muy amantes de la música. Podría tocar un solo de guitarra impresionante en Cat Power y a nadie le importaría mucho. Se parecen más a los fans de Chan Marshall y no reconocen los ritmos de James Brown o de todos los diferentes géneros que tocamos o el sabor country. Gran cantidad de los seguidores de la Blues Explosion sí que se dan cuenta de esas cosas. Creo que las mezclamos de forma bastante buena. A veces rendimos homenaje, a veces cortamos las cosas por la mitad, y a veces hacemos algo gracioso... y muchas veces todo es tan sólo parte de una buena influencia que nos hemos inventado nosotros mismos.

Entonces, ¿me dices que ser fan de la Blues Explosion es algo mental?

Bauer: Ellos saben un montón sobre música, un montón de nuestros fans. Un grupo de ellos nos escuchan para beber y como música festiva. Pero los otros (los coleccionistas de discos, los fans de la música), para ellos es como si fuésemos parte de la historia de la música. Sencillamente no creo que haya muchas bandas que puedan decir lo mismo.

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El Taller de Judah Bauer

Guitarras
Telecaster de los ’50 y ’60 reformadas con partes de Fender, Barítono Danelectro, Gretsch 6121

Amplificadores
Fender Twin del ´61 con altavoces Kendrick, combo magnatone 412 1x12 del ´61 ó ´62, Fender Deluxe del ´59 con altavoz de 150 vatios JBL, Amplificador Fender Vibroverb marrón (para los “overdubs”)

Efectos
Echoplex, Delay Honda Sound Works Fab, Audio Kitchen “The Big Trees”, heathkit fuzz, Fender bass fuzz

Cuerdas y Púas
DR Tite-Fit .011–.052 set, Púa Jim Dunlop 1 mm

El Taller de Jon Spencer

Guitarras
“Zimgar”

Amplificadores
Varios amplificadores solid-state y otros de vávulas propiedad de Key Club Studio (Sesiones “Meat and Bone”), Cabezal Kustom 200, Vox 2x12 con altavoces “heavy-metal” (para el directo en U.S.A), Cabezal Kustom 100 y FAD 2x12, un combo Peavey Bandit 65 (para el directo en Europa), Sunn 2x12 combo, SG/CMI combo, Marshall JCM800, Mesa/ Boogie MkIII, Mesa/ Boogie MkIV

Cuerdas y Púas
Juego personalizado de GHS Boomers (.011, .015, .018, .028, .036, .050), Púa Jim Dunlop .73 mm Tortex