viernes, 30 de noviembre de 2012

"DEDICATED FOOL", UNA ENTREVISTA CON JEFFREY EVANS



"DEDICATED FOOL", UNA ENTREVISTA CON JEFFREY EVANS

Una leyenda de culto local demuestra que la persistencia es una recompensa por sí misma.
(Por Bob Mehr, 2006, extraido de Commercial Appeal. Traducido por Frog2000)

Monsieur Jeffrey Evans sabe cuáles son las virtudes de trabajar bajo el rádar. "Lo mejor de que te etiqueten como "artista aún no descubierto” es que tengo un amplio bagaje de veinte años de obra musical, por lo que si alguien quiere descubrirlo, ahí lo tiene, a su disposición” comenta Evans, líder durante largo tiempo de Gibson Bros. y ´68 Comeback.

“Ya sabes, algunas bandas son distribuidas con normalidad, pero los discos de las mías se pueden encontrar en los cajones de saldo y en los mercardillos del Ejército de Salvación”, dice. “He tenido el mismo código postal durante los últimos 17 años, por lo que me siguen llegando mensajes de gente comentando: “me he pillado un disco de Gibson Bros. y creo que es magnífico, ¿váis a venir a tocar a Seattle?” Pero lo que ocurre es que el grupo se separó en 1991... aunque gracias de todas formas, me encanta que te hayamos gustado.”

A pesar de haber sido uno de los miembros más prominentes del rock americano “underground” durante más de dos décadas, realmente a Evans nunca le han llegado sus 15 minutos de fama. Al igual que ocurre con sus héroes musicales y herederos espirituales (gente como Charlie Feathers y Claude “Blues Boss” Long), el lugar definitivo de Evans en la historia de la música probablemente esté en los márgenes.

Mientras la música generalista tiende a venerar a los artistas por “rockear” con el corazón y con la cabeza, Evans siempre ha “rockeado” con un sentimiento desbordante, como el que se produce echando un polvo rápido en el asiento trasero del coche, con un innegable sentido del absurdo. Puede que te quedes amargado cuando ves que algunas estrellas menores han ganado mayor protagonismo mientras sacaban dificultosamente adelante una versión de segunda al estilo de vertedero posmoderno de las auténticas raíces de las que Evans fue pionero, pero el músico ha manejado con gran generosidad de espíritu la incómoda carga que supone ser un artista de culto viviente, un músico que actúa como faro de varias generaciones de colegas músicos y seguidores.

Aunque parezca una década más joven, Evans cumplirá cincuenta el próximo año. “Realmente no pienso mucho en ello”, dice. “Básicamente, estoy viviendo la misma vida que tuve con diecinueve años”. Continúa ofreciendo conciertos de forma regular con una amplia permutación de músicos, y muy frecuentemente con Ross “Baron of Love” Johnson, con quien interpreta una particular mixtura maníaca de música y comedia.


“Es como si hubiese llegado a un punto desde el que no puedo regresar”, dice. “Por supuesto, para mí alguien como Carl Perkins marca la diferencia, porque tocaba música para no tener que volver a recoger algodón”. Pero igualmente tengo que darle a la música el crédito que se merece: he podido ir a Europa un montón de veces y he visto y he hecho cosas que no habría hecho de otra manera si no hubiese tenido dicha conexión.”

Nativo de Finley, Ohio, Evans casi ha perseguido una carrera apartado de los focos en lugar de una sobre el escenario. Aunque ha sido un ardiente fan de la música y un coleccionista de discos desde su infancia, recibió el grado de Licenciado en Bellas Artes en la Universidad de Ohio, especializándose en Fotografía, e incluso estuvo dando clases en dicha Universidad durante un tiempo.

Evans llegó a Memphis hace veinte años, no mucho después de haber formado su primer grupo de verdad, la unidad de psychobilly llamada Gibson Bros. El grupo llegó a finales del ´86 para tocar con Tav Falco en la Fiesta Anual de Halloween que se celebró en el Antenna Club. Probó ser una experiencia que cambiaría la vida de Evans. “Fue algo tan diferente, tan demencial... la idea de celebrar una fiesta desde las nueve de la noche hasta las seis de la mañana era algo que nunca había visto en Ohio,” comenta. “Era una experiencia cultural totalmente diferente de las que solía experimentar.”

Evans empezó a visitar la ciudad, asistiendo a eventos como “The Music and Heritage Festival”. “Como seguidor de la música de raíces tradicional estaba bien enterado de las grabaciones de Junior Kimbrough, Jessie Mae Hemphill y R. L. Burnside, pero al trasladarme a Memphis pude ver que no sólo seguían vivos sino que también tocaban en directo (¡y todos en el mismo concierto!)”, dice Evans. “Recuerdo que me monté en el autobús desde Ohio para poder verlos, esa gente eran mis Beatles.”

En 1989 Evans decidió mudarse a Memphis, justo antes de que Gibson Bros. grabasen su segundo álbum, el clásico “Dedicated Fool”. El grupo se mantuvo como proyecto a larga distancia junto con sus compañeros de banda de Ohio durante unos cuantos años más antes de la ruptura final. Después de una pequeña etapa con la banda “Evans Hot Rod Gang”, aterrizó con ´68 Comeback en 1992. Este grupo estuvo resoplando durante casi toda una década, lanzando sin parar una sucesión de singles y discos cada vez más estridentes a través del sello de Los Angeles Simpathy for the Records Industry.

A mediados de los Noventa, Evans se convirtió en un nombre que molaba citar en los círculos del “underground”. Jon Spencer, colaborador ocasional que terminó convertido en estrella en solitario, habló sobre él en un artículo de Los Angeles que fue el motivo por el que el Billboard reseñó la historia de Evans en 1996. “Fue divertido, porque en aquella época yo no tenía teléfono, estaba desconectado porque no había podido pagar las facturas”, comenta Evans. “Así que tuve que pagar la factura telefónica para llamar al periodista, tuve que poner unos 3 dólares con 75 para poder hablar con ese reportero. Y después de haber pasado por mucho es cuando ya pude aparecer en la portada del Billboard.”

Capitalizando la creciente aclamación por parte de la crítica, ´68 Comeback pasó un largo período en la carretera, viajando en el coche mortuorio plateado propiedad de Evans, reproduciendo furibundamente una larga serie de difíciles noches en vela. “Hay un cierto precio perverso a pagar en el hecho de ser el líder de un grupo que está compuesto por cinco personas que viajan juntas en un coche y que se afeitan y duchan en las áreas de descanso de las autopistas”, dice Evans. “Probablemente lo hiciese bien, una vez que rebasamos ese momento en el que la mayoría de la gente le gustaría abandonar y donde empiezan a pensar las cosas de forma más realista. Pero también es algo repleto de diversión.”

A finales de los Noventa Evans empezó a realizar una importante cantidad de producciones en su estudio casero en Midtown, ofertando su marca de fábrica “lo-fi” y su estética High-Energy a grupos como Porch Ghouls, Lucero y Mr. Airplane Man. “Mi política siempre ha sido la de estar dos o tres generaciones por detrás de donde se encuentre ahora mismo la tecnología”, dice Evans. “Quiero decir, si el aparato no estaba a la venta en un mercadillo de garaje, no quería usarlo.”

Según se iba levantando el nuevo Siglo, Evans giraba cada vez menos, y ´68 Comeback se quedó en un punto muerto. “Realmente ´68 Comeback nunca se han separado oficialmente”, comenta. “Pero el teléfono dejó de sonar”. El último concierto propiamente dicho de la banda fue un memorable canto del cisne celebrado en 2001 en el festival “Las Vegas Shakedown”. Desde entonces, Evans ha ido marcando una miríada de proyectos que incluye a C.C. Riders (con los componentes de Lost Sounds, Alicja Trout y [el tristemente fallecido] Jay Reatard) así como a los Memphis Roadamasters y la reunión de músicos con base entre Memphis y Austin llamada South Filthy. Mientras tanto, sus canciones han sido grabadas por un rendido grupo de admiradores que incluye a Eugene Chadbourne, Jimbo Mathus y Jack Oblivian.


El año pasado Evans también empezó a indagar en su archivo de grabaciones y ha lanzado la serie de 6 cdr´s “Jeffrey Evans Archives”, que se añade así a su ya prodigiosa discografía.

“Bueno, si has editado cien discos de los que se han vendido dos mil copias de cada uno, puede que no parezca que eres tan importante”, dice Evans. “Pero si echas un vistazo por el otro lado, puede que 200.000 personas hayan comprado uno de tus discos. Ahora, si pones a todas esas personas juntas en un estadio al mismo tiempo, conseguirás la entrada para un concierto de la hostia. Podría ser algo parecido a Fleetwood Mac o algo así. Por supuesto, probablemente sería igual si fuesen 2000 las personas que se han comprado todos tus discos.”

“Pero de vez en cuando me encuentro con esa gente en sitios como el Gonerfest o cuando toco en Europa”, comenta. “Conozco a gente en Europa, y cuando voy a su casas veo que tienen algo así como catorce de mis discos. Es algo como: “Guau, realmente ibas en serio cuando estabas hablando de esta música idiota.”

Actualmene Evans se gana la vida vendiendo discos raros en eBay y por supuesto, tocando su propia música. Aparte de las ocasionales incursiones en Europa, ha ido ofreciendo bolos en el circuito de Institutos del Sur, siendo respaldado por miembros de los Dexateens de Alabama. Planea grabar su primer disco en solitario propiamente dicho desde 2001 con ese grupo durante el próximo año. Mientras tanto, en las estanterías se puede encontrar un nuevo single de South Filthy así como un acto rockabilly llamado The Gina Ferlina´s, con los que ha estado ensayando últimamente. Y también ha tocado algunas fechas en la ciudad junto con Johnson, incluyendo una aparición en el Murphy un sábado noche, mientras abría para The Limes y Mouserocket.

“La razón para seguir es que ésto todavía sigue siendo algo divertido, sigue produciéndome la misma sensación que me maravilló la primera vez,” dice Evans. “Siempre uso como ejemplo aquella vez que con nueve años pude ver a los Rolling Stones en el programa de Ed Sullivan. Eso me borró el cerebro. Fue como, “Hey, eso es lo que quiero hacer. Y aún sigo haciéndolo.”

“Seguro que habría estado muy bien tener el dinero necesario y quitarte todas las preocupaciones, como cuando tenías treinta años.” Pero en vez de quedarme amargado, lo que siempre me he dicho es: “Ya llegará mi turno”. Aunque después de un tiempo tienes que afrontar la realidad y decirte que ya no tienes veinte años. Ya no estás en los huesos. Yo no soy lo que actualmente está buscando el público. Pero estoy en paz conmigo mismo. Y en este punto, estoy contento de poder seguir participando en el mundo de la música. Creo que eso es lo que hay que intentar conseguir: tirar hacia adelante.”

jueves, 29 de noviembre de 2012

UNA CONVERSACION CON PENELOPE HOUSTON


Una Conversación con Penelope Houston (antigua cantante de The Avengers. Por Bill Kopp para MUSOSCRIBE, junio de 2012, traducida por Frog2000)

Uno de los más famosos y legendarios conciertos de los Sex Pistols fue el último de su gira por EE.UU. En el escenario del Winterland de San Francisco desarrollaron un caótico y típico “set” de canciones, y mientras el “feedback” de la guitarra aullaba durante el final de “No Fun”, su versión de The Stooges, Johnny Rotten (que pronto retomaría su verdadero nombre, John Lydon) sonrió y le preguntó a la multitud, "¿Alguna vez habéis tenido la sensación de que habéis sido engañados?"

Aquellos que asistieron a esa actuación el 14 de enero de 1978 nunca podrían haberse sentido engañados: tan sólo fueron testigos de cómo se lo hacían los Pistols sobre un escenario (algo de lo que muy pocos estadounidenses podrían presumir en un futuro), y si se presentaron con el tiempo suficiente, podrían haber visto al grupo telonero, aquellos héroes locales llamados The Avengers.

Liderados por una Penelope Houston que entonces tenía 19 años, The Avengers fue un intransigente acto punk de primer orden. A su manera, The Avengers eran tan políticos y provocativos como los Pistols; su himno "We Are the One" aclara muy bien lo que "nosotros" no somos (católicos, cerdos fascistas, Jesucristo, etc) pero de alguna manera también sigue siendo toda una Declaración. Las guitarras motosierra de Greg Ingraham y la implacable velocidad y demoníaco ataque de la sección rítmica formada por Danny Furious (batería) y Jimmy Wilsey (bajo) proporcionaban un telón de fondo sonoro justo-en-toda-tu-cara para la agresiva pero (de alguna manera) juvenil e inocente voz de Houston.

La banda nunca tuvo algo a lo que llamar apropiadamente “álbum”, a pesar de que después de su separación se aglutinasen varios temas piratas en vivo y en estudio para formar un (por otra parte) magnífico disco titulado como el nombre del grupo (y que también se conoce como The Pink Album). Los mismos Avengers durarían tan sólo dieciocho meses más tras su actuación en Winterland. Houston comenzaría una carrera en solitario que impulsaría su música en lo que en aquellos momentos podría haber parecido una sorprendente y novedosa dirección.

Basados en el lado más folk del rock, a menudo los álbumes en solitario de Penélope Houston tenían más en común con Nick Drake o con Joni Mitchell que con su álbum rosado. (Como se supo más tarde, con Avengers se grabaron algunas pistas en las que el sonido de la voz de Houston estaba más orientado hacia la melodía, pero esas pistas no estuvieron disponibles del todo hasta mucho más tarde. En la reedición en doble CD lanzada en el actual 2012 se incluye todo el material de Los Vengadores: el álbum original más un disco "bonus" más largo y con una calidad musical comparable a la del original.


Mientras que es más variado tanto en estilo como en textura, el trabajo en solitario de, Penelope Houston se ha caracterizado en gran parte por disponer de una marca de fábrica en la que se mezclan dulces melodías que enganchan con unas letras irónicas. Y todavía hay un montón de rock and roll en las estilosas canciones con sabor Americana del último disco de la cantante y compositora: “On Market Street”. La pregunté cuál era el elemento unificador que cree que discurre a lo largo de toda su música. "El hilo conductor es mi actitud frente a la vida", dice Houston. "Mi punto de vista. Tiene que haber algo propio ahí que espero que exprese la forma en la que veo al mundo y" (riéndose a carcajadas) "que diga que el mundo puede hacerlo mucho mejor." ("No me puedo creer que esté diciendo esto", añade, riéndose de nuevo.)

"Pero en parte tengo esa actitud, y este disco viene de la misma. A veces" (observa) “es divertido, y a veces es amargo. No es que sólo exprese una única emoción durante todo el tiempo, pero definitivamente creo que sí que soy crítica, hay algo oscuro en gran parte de mis letras. Aunque al mismo tiempo tengo sentido del humor al enfrentarme a la vida. Y espero que todas esas cosas se hagan visibles y que mis letras resulten comprensibles para mi público."

Houston ha sacado 14 discos, si contamos aquellos de edición limitada, los álbumes en directo y las recopilaciones. Pero ella no enfoca sus colecciones de nueva música con algún tipo de concepto temático en mente. "En realidad el disco tiene más que ver con algo parecido a: “Oh, ha pasado una temporada muy larga desde que saqué el último álbum, ¡y tengo compuestas un montón de canciones! Tan sólo tengo que escribir un par de temas más, y así tendré suficiente para un álbum". Houston comenta que “escribo muy lentamente, y sólo cuando me siento inspirada".


Mientras que Penelope Houston no llegó a tocar ningún instrumento en el escenario junto a The Avengers, actualmente sí que usa uno: el autoharpa. “Lo uso como herramienta para escribir canciones,” explica. Dicho instrumento es una parte clara y distintiva de la mezcla en algunos de mis discos como “Cut You” (1996) y “Tongue” (1998). Pero nadie podrá encontrarlo en este  “On Market Street”. Houston ha tocado el instrumento en algunas de las pistas básicas, pero se han eliminado de la mezcla final. La mayoría de las canciones del nuevo disco disponen de órgano Hammond o Piano Eléctrico Wurtlitzer, y como explica Houston, "la gama de tonos del arpa y el rango de tonos de los teclados son muy similares, por lo que finalmente dejamos el arpa de lado." Ella sostiene que el arpa produce "un sonido muy interesante, pero realmente necesita una gran cantidad de espacio. Y ese espacio ya se había rellenado con otros instrumentos."

En el presente Houston está dividida entre la promoción de “On Market Street” (en su mayor parte (aunque no exclusivamente) a través de algunos conciertos en el área de la Bahía de San Francisco) y sus conciertos con unos reformados The Avengers (el guitarrista Ingraham es otro los miembros originales que ha vuelto al reunido grupo). El producto oficial “The Pink Album” está ayudando a renovar el interés en esta banda que tanto se había pasado por alto.

Mucha gente conocía únicamente a The Avengers por haberse leído el libro de Richie Unterberger “Unknown Legends of Rock’n'roll”, donde se les dedicaba un capítulo a Houston y a The Avengers. Cuando se publicó el libro (1996), el material de Avengers era extremadamente difícil de conseguir, incluso para aquellos pocos que lo conocían o que se habían preocupado de buscarlo. Eligiendo sus palabras cuidadosamente, Houston explica que el hecho de que el disco haya estado largo tiempo innacesible se debía a “cuestiones que concernían a quién era el poseedor de los derechos para poder editarlo”. Llevó mucho, mucho tiempo resolverlo legalmente. Pero finalmente todo se ha resuelto. Su voz se apaga según añade juguetonamente: “Y... esa es mi frase oficial, la que soy legalmente capaz de poder decir," se ríe. Hablando en nombre de todos los miembros originales, Houston deja claro que están muy contentos de que finalmente hayan podido hacer que las canciones de The Avengers estén disponibles para todo el mundo.

Para mi gusto, hay restos de la influencia de Jackie DeShannon que pueden escucharse en el trabajo en solitario de Houston. Y al ver algunos de los anuncios de “On Market Street” me viene a la mente The Band (“You Reel Me In”), The Kinks, (“USSA”) e incluso Suzanne Vega (“Winter Coats”). “Scrap” suena un poco como un cruce entre The Roches y The Violent Femmes. “Cuando era muy joven, incluso antes de estar en The Avengers,” recalca Houston, “escuchaba mucho a The Incredible String Band, Fairport Convention y Pentangle.” (“¡Ajá!” replica el entrevistador.)


“Y entonces, después de que The Avengers se separaran, Tom Waits y (sí, estás en lo cierto) The Violent Femmes fueron mis grandes influencias.” Ella lo puede observar en su cambio de estilo: del punk al “folk, o folk-rock.” Ese enfoque a lo Tom Waits en el que usa “el instrumento dependiendo de lo que necesite la canción” la marcó profundamente. Y de los Violent Femmes aprendió que “podías hacer que la música fuese más tranquila, y tan escarpada y afilada como cualquier otra cosa punk.” De “The Band” tomó el enfoque de hacer música que tuviese un sonido “grandioso”, y no (o por lo menos no siempre) agresivo. A lo largo de su trabajo en solitario (aunque quizá nunca haya tenido anteriormente la misma fluidez que en “On Market Street”) Houston ha usado todas estas lecciones de forma muy efectiva.

Algunos artistas incluyen un libreto con las letras y otros no. Cada disco de Houston lo incluye. Algunas de sus canciones empiezan como si la artista estuviese hablando de un tema concreto, o desde un punto de vista determinado o emocional, pero luego las letras de la canción revelan que hay algo más en su interior. “All the Way" es un buen ejemplo: en un principio se puede sentir como una canción de amor, pero el tema se revela como algo más complicado, más matizado. Se lo señalo a Penélope, que me responde, "definitivamente hay algo de eso. Creo que es porque la vida es muy complicada. No creo que ninguno de los temas sobre los que escribo en mis canciones sean lo suficientemente simples como para verse reflejados desde un sólo punto de vista". También está de acuerdo sobre el contraste entre su música y las letras. "Creo que a veces, cuando la gente escucha la música, se involucran mucho: “Oh, esto es muy bueno", y luego, cuando escuchan la letra, es como “¡Auh! ¡Ouch!"

miércoles, 28 de noviembre de 2012

RUTA 66, NUMERO CINCUENTA



RUTA 66, NUMERO CINCUENTA (Abril, 1990)
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Nota: es necesario tener instalado Google Chrome para poder bajar el archivo.

¡Gary Glitter en portada y los Dead Kennedys en el interior del número cincuenta de Ruta 66! Javier S. Piñango retrataba al grupo de San Francisco de la siguiente forma:

"Sí, son los Kennedys Muertos vivitos y coleando, ejecutando -nunca mejor dicho- en directo una sulfúrica versión de "Holiday in Cambodia". Jello Biafra parece haber desayunado un batido de nitroglicerifetaminas. Los otros tres chicos, ¿comedidos?, un simple té relajante que los mantiene casi inmóviles. Biafra corre a derecha e izquierda, se retuerce, cae sobre el público como empujado por la apisonadora que sus tres compañeros conducen sin freno tras él. La gente le arrebata el micro, le pisotea. Al fin, alguien consigue llevarle de nuevo al escenario. Sus muecas son... ¿cómo diría yo?, demencia de "clase A". El volúmen del televisor no puede más. Parece que el aparato va a autoachicharrarse. Y mis oídos también. La velocidad puesta al servicio de un contundente cruce de cables. East Bay Ray estrangula la guitarra ajeno a todo lo que sucede a su alrededor. Klaus Flouride tiene cara de no haber roto un plato en su vida. D.H. Peligro aporrea la batería, al fondo de la imágen. Y "Holiday in Cambodia" es un misil sin control, una pelota de cemento y reverberación rebotando una y otra vez contra tímpanos y paredes. ¡Qué tiempos!"

Nota: No os perdáis los estupendos enlaces a algunos de los mejores discos de la historia que va desperdigando Koolthing BCN en los comentarios de cada Ruta 66.

martes, 27 de noviembre de 2012

REVISTA EL WENDIGO


Desde hace unas cuántas temporadas, en el blog EL CINE DE ULTRAMUNDO están subiendo bastantes números (¿escanearán la colección completa?) de la veterana revista El Wendigo para su inmediata descarga. Ya hay disponibles más de dos docenas, tanto de la primera hornada, como de la última (ver la imagen que ilustra éste artículo.) 

Mientras me encontraba felizmente descargando alguno de los primeros números (imposibles de conseguir en mercadillos y badulaques) caí en la cuenta de que ya había pasado todo un año desde que lanzaron el anterior ejemplar. La desaparición de la edición regular en papel me parece lamentable, pues ésta publicación especializada en la crítica de cómic, fundada en 1974, no sólo llevaba funcionando desde hace 30 años, sino que era otro de los referentes  (con sus más y sus menos, como el resto) del medio. El último número aparecido hasta la fecha fue el 117-118, de 2011, pero esperemos que el equipo al mando de la revista se ponga las pilas y mantenga, como mínimo, una cadencia anual. Por ahora nos queda su casilla oficial en internet. Algunos de los críticos del equipo mencionado también se encargan de repartir anualmente los prestigiosos premios Haxtur a lo mejor del año (en 2012, el Haxtur al mejor guión se lo llevó El Torres por "El Bosque de los Suicidas" y el de dibujo fue a parar a Alfonso Font por "Tex: Los Lobos Rojos"). Insisto, otro de los pocos magazines especializados que nos quedaban nos ha abandonado. Esto se parece cada vez más a un terreno cultural yermo, pues en mi opinión, la crítica especializada es la que se encarga de solidificar cada disciplina cultural, alentando el esfuerzo, premiando el talento y destruyendo a cantamañanas y emuladores...

SMURFIN´ USA



"SMURFIN´ USA"

(Kim Thompson habla sobre Los Pitufos. En nuestro país, “Smurf” (en inglés) equivale a Pitufo (en castellano). El título de la reseña juega con el nombre inglés de los personajes y la canción de Beach Boys "Surfin´ USA". Extraído de Comics Journal 75 y traducido por Frog2000.)

Al testimoniar la salida de dos tomos de los Pitufos, el fatigado observador de cultura-pop debería suspirar algo del estilo “Oh, no, ¡otro producto de los Pitufos no!” Pero estos dos álbumes, “El Rey Pitufo” y “El Cosmonauta” no son meros “spin-offs” más de una moda que se está extendiendo por toda la nación. Esto es un artículo con peso propio, la fuente desde la que ha florecido el fenómeno completo.

En efecto, los dos álbumes muestran una inconfundible integridad tanto en su concepción como en su ejecución. A pesar de la versión en dibujos animados de los sábados por la mañana realizada por Hanna-Barbera, obviamente están creados con una sensibilidad artística única y enfocada. Dicha sensibilidad recae en la labor de Pierre Culliford, un historietista belga que firma su trabajo como “Peyo”. La influencia de Peyo en los círculos del cómic europeo es enorme. Junto con el magnífico Andre Franquin, virtualmente han definido el terreno de la historieta para niños desde los cincuenta, y actuamente el medio está lleno de autores que se inspiran en Peyo, muchos de ellos artistas que empezaron su carrera como asistentes suyos.

Random House ha elegido para probar, a ver cómo funcionan, dos historias de los Pitufos de cuarenta páginas, empaquetadas de forma muy parecida a como suelen estarlo en Europa: un producto de apariencia bonita y a todo color, con un precio excelente (2,95 $). “El Rey Pitufo” es de principios de los Sesenta, el primer álbum con una historia larga dibujado por Peyo, después de haber ejercitado sus músculos con un par de historias cortas. Por otra parte, “El Cosmonauta” fue publicado por primera vez a principios de los Setenta. A pesar de que me ha encantado releer ambos tomos (mi familiaridad con los personajes se remonta hasta hace una década y media), prefiero “El Rey Pitufo” por un margen muy amplio.

Para explicar por qué, debería detenerme un momento y bosquejar cuál es el concepto central de la serie. La sociedad pitufa está formada por un pequeño pueblo que está situado en el exterior de un bosque, durante la Edad Media Europea. Bajo el benevolente mandato de su barbado patriarca, el Papá Pitufo, los 99 pequeños gnomos de color azul trabajan y juguetean y hacen frente a los desafíos del último plan lanzado por el malvado hechicero Gargamel, que podría consistir en diferenciar los dialectos de las partes norte y sur de la aldea.

Fundamental para la naturaleza de la serie, y clave para entender cuál es su atractivo, es la relación paternal entre Papá Pitufo y los otros 99 pequeños pitufitos. (Por cierto, se trata simplemente de una cuestión de autoridad y responsabilidad, ya que la reproducción sexual de los Pitufos es un tema que nunca se ha tratado en la serie, aunque sí que han existido algunos casos fronterizos. En la segunda historia larga de Peyo, “La Pitufina”, se trataba de forma sorprendente el cambio que se produce durante la pubertad en los varones adolescentes, desde la misoginia hasta la fascinación por las mujeres.) La autoridad de Papá Pitufo es definitiva e incuestionable, y su sabio y prudente liderazgo le da a la serie una base sólida y confortable que la hace ser popular entre los niños y entre aquellos que desean capturar brevemente las alegrías que se experimentaron durante la infancia. Una de las razones de que “El Rey Pitufo” sea mi álbum favorito es porque creo que fortalece dicha premisa básica a base de invertirla durante toda la duración de la historia. Finalmente, con la restitución del orden al final del tomo se genera un sorprendentemente poderoso sentimiento de alivio.


“El Rey Pitufo” podría describirse como una “Rebelión en la Granja” (George Orwell, 1945) con final feliz contado para los niños. Papá Pitufo tiene que irse del pueblo para realizar un encargo. En cuanto se ha ido, los Pitufos empiezan a discutir quién debería gobernar en el pueblo mientras su líder no se encuentra allí. Por lo general, la pueril anarquía de los pitufos evita que las cosas lleguen demasiado lejos, pero sin embargo, en esta ocasión, y a través de la combinación de la suerte y la astucia, uno de los pitufos descubre cuáles son los procesos del politiqueo, llegando a valerse de los mismos para adquirir una posición de poder. Después de convencer a sus colegas pitufos de que lo elijan como líder, consolida su poder y empieza a abusar de él. Hace erigir monumentos con su efigie, convierte hábilmente una manifestación en contra a su favor mediante el proceso de contratar a los manifestantes como su propia guardia personal, nutriéndolos de armas, arroja a prisión al inofensivo pitufo bromista por culpa de una de sus bromas sin importancia... El antagonismo sigue aumentando y empieza a fermentarse un movimiento clandestino, y en el momento en el que regresa Papá Pitufo, está en pleno desarrollo una guerra civil a gran escala.

Debido a que “El Rey Pitufo” está narrado como si fuese una fábula para niños, no tiene las específicas referencias que Orwell entretejió en su “Rebelión en la Granja”, pero Peyo (y su ingenioso guionista ayudante, Yvan Delporte) adaptan hábilmente la historia de dicho ascenso político hasta un nivel en el que un niño podría entenderla sin que la narración perdiese la estructura dramática por el camino. En un primer vistazo la historia podría resultar un poco absurda debido a que la mayor parte de nuestras necesidades y deseos humanos (con la notable excepción, articulada por Freud, del sexo) no cambian demasiado a medida que crecemos sino que van refinándose. Como resultado, cuando el Rey Pitufo explota la credulidad y la codicia de sus compañeros para ser elegido, o explota el amor propio de otros para construir un ejército, o cocina un primitivo patriotismo con la ayuda de medallas y discursos, los paralelismos con el mundo “real”, con el mundo adulto, se convierten en algo que casi resulta opresivo.

“El Rey Pitufo” funciona como un modelo a escala perfecto sobre el poder y la política que podría resultar pavoroso si no fuese por su tranquilizador final, la mágica disolución de la guerra fratricida que se ha generado gracias al regreso de la figura paterna. A pesar de que el álbum sea una especie de historia genérica sobre el ascenso al poder, Delporte y Peyo no se resisten, especialmente durante la la segunda parte, a lanzar referencias más o menos obvias sobre la historia de Francia, especialmente sobre la Revolución de 1789. “El Rey Pitufo”, con su traje dorado, evoca visiones del famoso Luis XIV, “el Rey Sol”, y cuando el pitufo bromista es encerrado en prisión, dudo que no haya un solo niño francés que no recuerde la Bastilla de forma instantánea, un ícono histórico que en la cultura francesa se perfila como algo tan importante como el Motín del Té para la cultura norteamericana. Estos ejemplos de humor al estilo de Asterix probablemente no sean tan asequibles para el niño americano promedio (o para el americano promedio, pausa...), pero al igual que Asterix, los pitufos tienen los suficientes niveles como para mantener maravillados a los lectores de otras culturas.

Lo más divertido de “El Rey Pitufo” es su elaborada trama y el humor dulce entrelazado en la historia a base de gags y juegos de palabras (y no es menos divertido su lenguaje, uno que ya es marca de la serie, consistente en reemplazar una de cada diez palabras por la palabra “pitufo”); además de los encantadores y amigables dibujos que llevan al lector hasta el suelo de las arboledas, como si se hubiesen reducido mágicamente hasta ser del tamaño de un gorrión. Pero creo que el auténtico secreto de los pitufos reside en que es un mundo en el que siempre te puedes refugiar, un reino diminuto de dulzura y calidez, una mágica Tierra-De-Nunca-Jamás en la que la felicidad se extiende desde aquí hasta la eternidad, donde los momentos difíciles son rápidamente superados.


En “El Cosmonauta” también tenemos esa misma dulzura como premisa. Uno de los pitufos está obsesionado con la idea de irse a otro planeta para explorarlo. Cuando queda decepcionado debido al hecho de que su cohete casero no funciona, el resto de pitufos conspiran para hacerle creer que ha alcanzado el planeta haciéndolo dormir plácidamente con un narcótico, colocándolo en el cohete, y luego arrastrándolo hasta un cráter de tierra yerma y disfrazándose de alienígenas. Desafortunadamente, el Cosmopitufo se queda tan prendado del lugar que decide quedarse allí para siempre, con la consiguiente angustia de sus camaradas, que no quieren gastar el resto de sus vidas viviendo en esa montaña simulando ser los “Tufos”. Después de varios intentos fallidos, finalmente logran disuadirlo para que “regrese al Planeta Tierra”, repitiendo toda la charada de la nave espacial, pero al revés. La historia no es mucho más que una premisa, y páginas de la historia son menos que en las de “El Rey Pitufo”, porque Peyo redujo el número de filas de viñeta por página, desde las cinco hasta las cuatro. Pero no es una mala historia corta (y hay algo conmovedor en todos los problemas por los que pasan los Pitufos para hacer feliz a su compañero obsesionado). Además, el dibujo de Peyo tiene esa apariencia sencilla y suelta de un autor que ha llegado a su plena madurez creativa. Aún así hay otras historias de los pitufos mejores para imprimir.

Aunque en anteriores reseñas he podido ser cruel con los traductores, no podría dejar de comentar la labor de los artífices de la palabra que han traducido estos tomos: Anthea Bell y Derek Hockridge. Bell y Hockridge son bien conocidos por sus traducciones superlativas de Asterix. En su trabajo se combinan la fluidez y la gracia con una esmerada fidelidad al original, y es una obra de arte por sí mismo. Como de costumbre han realizado un espléndido trabajo. A veces algún anglicismo le podría parecer un poco extraño al lector americano (“Hullo!” como exclamación de sorpresa, etc), pero la naturaleza de cuento de hadas de los Pitufos hace que dicho acento británico parezca algo natural. Y también debería comentar que el editor americano ha cambiado escrupulosamente el británico “travelled” por el más americano “traveled”, así que puede observarse que Random House no ha tomado un atajo editando la edición británica del tebeo.

Dicho esto, ignora las figuritas de los personajes, los dibujos animados televisivos y las colchas y píllate un álbum de los Pitufos. Serán clásicos genuinos para niños en cualquier hogar, y se merecen la mayor de las suertes.

lunes, 26 de noviembre de 2012

POST-POPEYE PUNK: ENTREVISTA CON KAZ (1 de 2)


Post-Popeye Punk: Entrevista con Kaz (parte 1 de 2)
(Realizada por John Kelly, extractada de The Comics Journal 186, traducida por Frog2000)

*** Página Oficial de Kaz.
*** Submundo, su tira más famosa, ha sido recientemente editada por Autsaider Cómics. Anteriormente apenas se había editado algo del autor. Llegaron a aparecer historias cortas en Nosotros Somos los Muertos y en el Víbora.

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Kazimieras G. Prapuolenis, o el artista anteriormente conocido como Kaz, empezó a destacar durante sus comienzos como uno de los componentes de la escena cultural de los cómics de finales de los ´70, a través de sus apariciones en el RAW de Art Spiegelman (junto con sus compañeros de la Escuela de Artes Visuales Drew Friedman y Mark Newgarden). Las primeras tiras, una mezcla vanguardista de punk rock y la clásica estética de cómic, notificaron la llegada de una nueva voz que era innovadora pero que también se basaba en las tradiciones del medio. Y como sus compañeros y alumnos en RAW, Gary Panter (con quien comparte más de un puñado de influencias) y Charles Burns, el estilo de Kaz ha ido evolucionando hasta un punto en el que es reconocible de forma instantánea, sobre todo cuando aparece en la obra de otros dibujantes a los ha "influido".

Nacido de inmigrantes lituanos en Hoboken (Nueva Jersey) en 1959, Kaz dispone de un impresionante y gigantesco cuerpo artístico de historieta e ilustración surgido a través de las apariciones que ha hecho en Weirdo, Bad News, the East Village Eye, The Village Voice, Details, Nickelodeon, The New Yorker, Swank, Eclipse, N.Y. Rocker, Screw y Bridal Guide, junto con muchas otras más en diferentes cómics, revistas y fanzines.

A partir de 1992, su tira semanal “Underworld” (Submundo: Cómics Bestias y un Poco Raros, Autsaider Cómics) ha aparecido en periódicos semanales alternativos de todo el país. Junto con Glenn Head co-editó la antología de cómics “Snake Eye”, y cuenta con tres recopilaciones de su obra disponibles en Fantagraphics: Buzzbomb, Underworld, y más recientemente, Sidetrack City. Otros proyectos incluyen la portada de “My Cousin, My Gastroenterologist”, el libro del novelista Mark Leyner, diversos trabajos para “trading cards” editadas por Topps y diseños de juguetes basados en Pee-wee Herman, así como varios proyectos para Internet y de animación en los que actualmente se encuentra trabajando.

Kaz vive en un desordenado apartamento repleto de cultura pop en el Upper West Side de Manhattan, junto a su novia Linda Marotta, una compradora de libros de “Shakespeare and Company” y crítica literaria de la revista Fangoria. Lo que sigue es un extracto de la entrevista que aparecía en The Comics Journal 186.


TRABAJOS EN LA FÁBRICA

JOHN KELLY: Antes de empezar a hablar de tu aprendizaje como historietista, ¿quieres comentar algo para abrir la charla?

KAZ: Los Comix Underground me hicieron ser lo que soy.

KELLY: ¿Acudiste a la Escuela de Arte nada más acabar el Instituto?

KAZ: No, antes estuve trabajando más o menos durante un año.

KELLY: ¿Y qué estuviste haciendo?

KAZ: Estuve desempeñando unos cuántos trabajos en algunas fábricas. El primer trabajo que tuve fue en una factoría llamada Springboard Records que era la que tenía la licencia para prensar los álbumes de los Chipmunks [Alvin y las Ardillas]. Mi cometido allí era barrer el suelo. Ese fue mi primer trabajo nada más acabar el Instituto. Y me resultaba completamente desalentador pensar que iba a estar así durante el resto de mi vida. Los conductores de las carretillas elevadoras me compadecían tanto que me levantaban en lo alto con las horquillas de sus vehículos y me depositaban en las estanterías superiores de la nave, y allí me quedaba durmiendo durante toda la tarde. También tuve otro trabajo en una fábrica llamada Boyle-Midway que era donde se hacían los botes de spray “Black Flag”, y también fabricaban limpiadores de alfombras, para hornos y de todo ese tipo de cosas. Era un trabajo en una cadena de montaje. Te sentabas allí, junto a la cinta transportadora, y tenías que vigilar la cinta para que no se cayese la tapa de los botes. Había que taparlos de nuevo. O si tenían una fuga, tenías que tirarlos a la basura. El lugar más peligroso de toda la cinta estaba justo después de la habitación del compresor, donde metían el limpiador de hornos dentro de las latas. Cualquiera de esos recipientes podía estallar en cualquier momento. Una noche estaba sentado allí, con mis gafas de seguridad de torpe, fantaseando sobre alguna cosa, y escuché una explosión. Alcé la vista y mi rostro se quedó completamente empapado de líquido limpiador de hornos. También sentí cómo se alzaba mi cuerpo y entonces mi cabeza se introdujo dentro de una fuente de agua. Un compañero de trabajo me comentó que pensaba que mis ojos estaban llenos de spray. También estuve trabajando en una fábrica donde se montaban aparatos de aire acondicionado. Era otro de esos empleos en una cadena de montaje que adormecen la mente. Tenía una pistola remachadora para poner los tornillos, y mi trabajo consistía en colocar dos tornillos que sujetaban la unidad de frío al aparato de aire acondicionado. Eso era todo. Durante todo el día. Las máquinas pasaban por la cinta sin parar. Se parecía a la película “Tiempos Modernos”. El lugar era grande, caluroso y muy ruidoso. Tenía algunos amigos trabajando allí que dejaban caer “Black Beauties” y perforaban los tanques de compresión sólo para romper con la monotonía. La tarea de uno de los chicos consistía en forrar las cajas de cartón con espuma de plástico que tenía pegajoso uno de los lados. Dejaba que esos rollos gigantes se cayeran. Un día se enrolló esa espuma alrededor de la cabeza hasta parecerse a una momia y se alejó de la cinta. Iba por ahí, caminando por mitad de la fábrica como si fuese un sueño. La gente se apartaba de su camino. Por fin llegó a la enfermería donde declaró: "¡Me duele el cerebro!" Fue despedido en el acto.


KELLY: ¿Cuánto tiempo estuviste trabajando allí?

KAZ: Más o menos durante un año. Estaba sufriendo mi propia crisis. Me estaba desenganchando de la droga, al igual que el personaje principal de mi tira “The Little Bastard”. Una mañana me estaba colocando cerca de la cinta transportadora, y cuando estaba retrocediendo hacia mi puesto, pude ver como desaparecía toda la fábrica. Se parecía al final de una vieja historieta donde la oscuridad envuelve toda la imagen, dejando una pequeña vista circular que se va cerrando hasta que incluso ese círculo desaparece. Luego perdí el conocimiento. Me desperté en la ambulancia. Después me enteré por las histéricas mujeres puertorriqueñas que trabajaban a mi lado que me había caído en la cinta transportadora y que había empezado a sacudirme mientras mi cabeza se golpeaba contra la cinta. Mi pistola de tornillos, que estaba en posición de "encendido", aleteaba contra mi entrepierna. Nadie quería tocarme. Estaban convencidos de que yo era un adicto a las drogas de todos modos, así que asumieron que estaba sufriendo un ¡colocón! Más tarde, el doctor del hospital me comentó que había sufrido algún tipo de convulsión, pero no estaba muy seguro de cuál era el motivo. Dos semanas más tarde me enteré que ese mismo médico se había volado la tapa de los sesos. De hecho, volví a mi puesto. Pero estaba bastante avergonzado. Todo el mundo se mantenía a distancia esperando que me quedase colgado de nuevo. Fue entonces cuando decidí a escuchar a mi corazón. Siempre había jugueteado con la idea de ser dibujante. Y me parecía que si no lo intentaba, me moriría allí mismo, en la fábrica. Así que dejé el trabajo y me fui a la Escuela de Arte, donde mis cuelgues serían más placenteros.

KELLY: Y eso fue en Hoboken.

KAZ: Eso ocurrió cuando estaba viviendo en Rahway, un suburbio de Nueva Jersey.


KELLY: ¿Cuándo llegaron tus padres a este país?

KAZ: Mi padre vino a principios de los Cincuenta,y más tarde, a finales de década, llegó mi madre. Fue el responsable de traer aquí a la familia de mi mamá, ya que ambos eran refugiados lituanos. Habían escapado de Lituania, que se había vuelto comunista. Mi padre era un nacionalista lituano que se había visto obligado a luchar con los rusos durante la Segunda Guerra Mundial. En ese momento los países bálticos eran un verdadero desastre, primero estuvieron allí los alemanes y luego los comunistas y entre todos acabaron por aplastarlos del todo. [A mis padres] los rozaron un montón de balas y casi terminaron siendo fusilados por un pelotón de fusilamiento alemán. ¿O era un pelotón de fusilamiento ruso? Todo me suena bastante confuso. Tengo esa imagen en la cabeza de mi padre, corriendo por un campo de batalla como si fuese Charlie Chaplin y jadeando de un sitio para otro. Con el tiempo, la CIA se puso en contacto con él, para que espiase a los comunistas, y mi padre se dio cuenta de que si cogía ese trabajo no pasaría mucho tiempo más en este mundo. Había un proyecto “underground” para llegar hasta Estados Unidos, así que lo utilizó. Todo lo que siempre había querido ser era un sacerdote que trabajaba para una colonia de leprosos.

KELLY: ¿Y qué hizo para ganarse la vida cuando llegó aquí?

KAZ: Trabajó en una fábrica. No tenía ninguna otra habilidad y tampoco tenía ningún interés en mejorar su inglés. También organizó protestas anti-comunistas y daba clases a los hijos de inmigrantes lituanos, y soñaba con regresar algún día a su amada patria. Mi madre era ama de casa y luego también estuvo trabajando en las fábricas.

KELLY: ¿Así que naciste en Hoboken, Nueva Jersey, en 1959?

KAZ: Nací en 1959. Tengo una hermana gemela llamada Laima. Ambos tenemos nombres lituanos. También tengo dos hermanos menores, Vincent y Thomas.


KELLY: ¿Cómo fue crecer en ese lugar?

KAZ: Éramos pobres. Vivíamos en una casa comunal con varios vecinos. Nos comprábamos la ropa en el Ejército de Salvación. Comíamos la horrible comida lituana de mi madre. Pero no sabía hacer algo mejor. Mi padre tenía dos trabajos, por lo que nunca estaba en casa. Jugábamos en la calle, en los parques de la ciudad, en edificios abandonados, en los muelles de Hoboken. Fuimos “Dead End Kids”. Siempre había grandes fiestas familiares donde los adultos se emborrachaban y los chicos se volvían locos. Mi juguete favorito era un frasco de burbujas para el baño de la Ardilla Alvin. Sin embargo, el Ejército de Salvación también vendía juguetes, así que siempre teníamos un montón de basura por toda la casa. Vi un montón de programas infantiles y dibujos animados. Podía ver el Empire State desde la ventana de mi dormitorio. Entonces, a la edad de diez años, mis padres ya habían ahorrado suficiente dinero como para hacer el pago inicial de una casa en Rahway, Nueva Jersey, y nos trasladamos a las afueras. Los vecinos de al lado tenían un gran patio con columpios. Pensé que era un parque público, por lo que jugamos allí hasta que terminaron echándonos. Fue mi primer contacto con alguien que tenía algo más grande y mejor que lo que tenía yo. Así que en lugar de “Dead End Kids” ahora éramos “Little Rascals”. Jugábamos en el bosque y construíamos coches con grandes cajas de jabón para jugar a carreras, y también casitas en los árboles. Pero siempre supe que mi familia era diferente. Por ejemplo, en casa nos veíamos obligados a hablar sólo en lituano. Mis amigos estaban convencidos de que se trataba de una broma. Como si estuviésemos hablando galimatías sólo para reírnos de ellos. Nadie había oído hablar de Lituania, y yo mismo estaba empezando a dudar de su existencia. Mi padre nos obligó a tomar clases de lituano en una parroquia católica en Elizabeth, NJ, el sábado por la mañana. ¡El sábado por la mañana! En ese momento estaba profundamente enganchado a los dibujos animados que echaban por la televisión. Cada semana mi padre lo pasaba muy mal para poder meternos en el coche. Nos escondíamos bajo el porche, encima un árbol, en cualquier sitio. Y yo no se lo podía contar a ninguno de mis amigos. En esas clases nos veíamos obligados a participar en danzas populares de Lituania. Mi hermano y yo pisábamos intencionadamente los pies de los otros bailarines con la intenciçon de que nos expulsaran. Finalmente, un día me escapé de la clase en mitad de una lección y me negué a volver. Y bien, mi padre no pudo hacer nada para convencerme de lo contrario. Intentó pegarme. Pero uno de mis héroes en ese momento era Papillon, y pude soportar cualquier cosa me hiciese. Con el tiempo terminé ganando yo, y así pude ver Scooby Doo con toda la alegría de mi corazón.


“ES UN ARTISTA”

KELLY: ¿Cómo fue el Instituto para tí?

KAZ: Oh, lo pasé de forma miserable. Fue toda una tortura. Era un mal estudiante. Pasé una mala época intentando conseguir interesarme ​​en lo que enseñaban en las clases. Más tarde me enteré de que mi Instituto era uno de los peores del Estado. Lo intenté de verdad. Realmente intenté ser alguien normal. Incluso en un momento dado me uní a un equipo de béisbol para jugar una liga. Pero no participé casi nada porque todos mis compañeros de equipo jugaban para ganar el campeonato, así que yo me quedaba sentado en el banquillo todo el tiempo. He ganado dos trofeos, pero apenas he tocado un balón. Sólo mis propias bolas. Pasé por períodos en los que me unía a algunos clubes y otros períodos en los que me convertía en un solitario total. Simplemente me quedaba en casa y veía la televisión. La mayoría de mis amigos eran unos inadaptados. Pero también tuve citas con chicas y tenía amigas. Algunos niños pensaban que yo era alguien genial, porque sabía dibujar. Decían: "Es un artista. Él es un artista.” Hasta que finalmente me convertí en uno. Mis notas eran muy malas pero nunca pensé que fuese un estúpido. Simplemente los estudios no me importaban ni una mierda. Fueron cuatro años de cárcel en los que me pasé contando las horas.

KELLY: Y cuando estabas en el Instituto, ¿viajabas regularmente a la ciudad?

KAZ: Cuando descubrí que había una estación de tren en Rahway que conectaba con New York, empecé a hacer novillos y a explorar la ciudad. Todas las estaciones de televisión que nos llegaban a Nueva Jersey se retransmitían desde Manhattan. Así que no sabíamos lo que estaba pasando en nuestra propia ciudad natal, pero de New York lo conocíamos todo. De todos modos, yo me sentía como si estuviese viviendo allí. Cuando me enteré de que existían sitios como el CBGB y el Max Kansas City, y que allí me servirían licor, me pasaba por allí prácticamente todas las semanas.


KELLY: ¿También ibas a ver a los grupos y los conciertos?

KAZ: Esto fue al principio de la escena punk (’75, ’76) y me metí en ella por completo. Ramones, Blondie, Richard Hell. Y más tarde las bandas de punk británicas. Para un chico como yo era muy emocionante. He leído toda la prensa sobre rock existente. A mis amigos les gustaban todas las bandas supervivientes de los 60: Led Zeppelin, Stones, Who. Aunque a mí también me gustaban mucho, en el rock había un nuevo movimiento que prácticamente estaba surgiendo en nuestro patio trasero. No podía convencer a nadie de me acompañase a ver a esas bandas. Se burlaban de mí. Por lo que a ellos respectaba, el punk apestaba y estaba hecho para maricones. Yo estaba alienado de todos ellos. Con mis vaqueros rotos y mi chupa de cuero, destacaba mucho en la tranquila ciudad de Rahway. La gente me gritaba "¡El punk rock es una mierda!" cuando pasaban en sus camionetas a mi lado.

KELLY: ¿Leías Creem?

KAZ: Leía Creem, Rock Scene, Circus… realmente no leías todas esas revistas, porque tampoco había ningún verdadero artículo en ellas. Mirabas las fotografías y al resto lo echabas una ojeada por encima.

KELLY: ¿Y también dibujabas todo el tiempo?

KAZ: Realmente empecé a dibujar en el Instituto. A lo largo de todos los cursos, la clase de dibujo siempre fue mi favorita. No había reglas. En dibujo era donde más me esforzaba. En el Instituto había un chico, Bernard, que estaba sentado frente a mí y dibujaba esos monstruos increíblemente divertidos, en su mayoría los monstruos de Big Daddy Roth. Quería emularlo con la intención de conseguir también un poco de atención. Además, hacer eso era más entretenido que las matemáticas. También se le daba bien dibujar coches, y yo era bueno con los monstruos, por lo que comparábamos notas y nos partíamos de risa. Realmente yo era muy bueno dibujando sombreados en el pupitre de la escuela. Tenía una agradable superficie esmaltada. Nos gustaba dejar aquellas elaboradas batallas con escenas con monstruos y coches que el portero limpiaba al final del día. Incluso entonces nos molestaba bastante cuando algún otro niño nos copiaba alguno de nuestros dibujos: "¡Hey! ¡Me has copiado eso, ladrón!" Mientras tanto, ¡yo lo había estado copiando todo de la revista MAD!

KELLY: Nada ha cambiado.


KAZ: En aquella época leía un montón de cómics, pero no compartía mi pasión con nadie.

KELLY: ¿Era algo secreto?

KAZ: No era algo que escondiese, pero tampoco había nadie en mi círculo de amigos más cercano que leyese cómics. Hubo momentos en los que no tenía a nadie con quien salir a la calle, por lo que acababa cogiendo mis cómics y me ponía a leerlos. Después de un tiempo me convertí en un adicto a los cómics. Empecé a comprar de todo. Me encantaba Spider-Man, Conan y todas esas extrañas series que Kirby estaba haciendo para DC como Los Nuevos Dioses y “Forever People”. Comencé a rastrear los números anteriores de Nick Furia, Agente de SHIELD, y de “Not Branch ECCH!” Muy pronto estaba raspando el fondo del barril para comprar los cómics de Jimmy Olsen y el Madhouse Funnies de Archie. Cualquier jodida cosa para no tener que vivir la realidad. Empecé a dibujar mis propios cómics de superhéroes caseros, que eran absolutamente patéticos.

KELLY: Bueno, mira lo que estabas intentando emular...

KAZ: Entonces descubrí el cómic underground y todo cambió.

KELLY: ¿Cómo ocurrió?

KAZ: Ya sabes, después de que has empezado a coleccionar los suficientes comic-books, esos títulos empiezan a escasear muy pronto, porque sólo salen una vez al mes. Entonces terminas con montones de otras cosas y finalmente empiezas a leer los anuncios para comprar alguna otra cosa. No había anuncios con los que se pudiera conseguir números anteriores, ya sabes, de la Edad de Oro y de las series de la Edad de Plata, así que mandé una carta a uno de los catálogos de la época. En la parte de atrás de uno de esos catálogos se anunciaban algunos cómics underground que recordaba haber visto en una “head shop” en una ocasión, pero entonces era demasiado joven como para comprarlos. Me llevó un par de meses obtener el valor necesario como para pedir alguno de los títulos. Indiqué que tenía 18 años, que ya era mayor de edad  y me sentí un chico malo. Sabía que iba a comprar algo que era desagradable. Algo peor que Mad o National Lampoon. Bueno, las dos primeras revistas que me enviaron fueron Rubber Duck y una copia del Zap número 3, el que tenía la historia de S. Clay Wilson titulada “Captain Piss Gums and his Pervert Pirates”. Bueno, me dejó un poco alucinado. ¡Aquí estaban esos personajes de dibujos animados follando, metiéndose drogas y cortando las pollas de los demás! Los escondí debajo de una tabla suelta del suelo, en el ático y rápidamente pedí más. No se me permitía tener la revista MAD en casa, porque mi mamá había visto una vez una contraportada que tenía a un hippie crucificado en una aguja hipodérmica y me dijo que era un sacrilegio. ¡Y ahora yo tenía al “Capitán Piss Gums” y a Joe Blow en casa!


Yo ya había tenido el gusto de ver algo parecido en el National Lampoon. Me encantaba su sección "Funny pages". Yo era un gran fan del “Dirty Duck” de Bobby London. Entre mis colegas historietistas contemporáneos no mola mucho decir que te gustaba “Dirty Duck”, pero yo pensaba que era muy divertido. También me encantaba Vaughn Bode, otro que no mola actualmente, pero me gustaba la forma en que trazaba un universo entero que había surgido de su mente. Mitología y naves espaciales. Todo era muy singular y estaba empapado de drogas y cultura hippie. Era como el Tolkien del cómic underground. “Cheech Wizard” era muy divertido. Cobalt 60 anticipaba los cómics que saldrían en Heavy Metal y con el estilo cyber-punk. Y él era un verdadero excéntrico que vestía ropa de mujer y que murió accidentalmente durante un jugueteo sexual. ¿Qué más se puede pedir? Esa idea de crear tu propio mundo privado siempre me ha fascinado. Por eso me gustaban tanto las series de Kirby.

KELLY: A mí me gustaba comprarlos solamente para mirarlos.

KAZ: Claro, tienen un buen aspecto incluso hoy en día. Son bastante increíbles. Toda esa maquinaría demente. Sus personajes parecen estar hechos de granito. Todos tienen expresiones como si estuviesen sufriendo un dolor de cabeza permanente. Sus guiones eran realmente contundentes y al mismo tiempo alucinantes. Los personajes estaban siendo arrojados de un lado a otro constantemente a través de deformaciones temporales y puertas-trampa que te enviaban a otras dimensiones.

KELLY: Cuando íbas a New York en el Instituto, ¿también ibas a las Convenciones de Cómics?

KAZ: Oh, no. ni siquiera sabía que existían. No tenía ni idea. La primera vez que fui a una tienda de cómics fue una experiencia muy extraña. En cierto modo me asustó. Fue porque estaba bastante oscuro y todo el material estaba en cajas. Olía muy mal. Ese fue el Universo pre-Jim Hanley y St. Mark´s Comics.

KELLY: Recuerdo que cuando tenía diez años vi mi primera tienda de cómics y me quedé paralizado. Todo lo que quería estaba ahí dentro, fue algo muy traumático... ¿Cuándo empezaste a imitar los estilos de otros dibujantes a la hora de hacer tu propio trabajo?


KAZ: Después de mi total fracaso intentando dibujar cómic de superhéroes, prácticamente dejé de dibujar hasta que descubrí los “undergrounds”. Me gustaba imitar las portadas de los comic-books de Crumb y me encontré con que ese estilo de dibujos animados que me resultaba muy natural. Recuerdo que una vez copié una portada de Mr. Natural con acuarelas. A mi mamá le gustó tanto ese dibujo de Mr. Natural que lo colgó en la pared del salón. Así que fue muy alentador. El trabajo de Crumb era muy importante para mí, porque dibujaba con un estilo que pude darme cuenta que había visto en otros cómics, pero sus historietas estaban libres de cualquier fórmula. Para mí eran verdaderamente impactantes. Y acepté el desafío elaborando de mi propio comic book underground, que se llamó “Bird Turd Funnies”, aunque nunca lo terminé. El trabajo de Crumb es tan orgánico y real que no puedo alabarlo lo suficiente. ¡Viva Crumb!

Otra influencia importante fue una edición en tapa dura de los cómics de Krazy Kat que solicité por correo. De nuevo, aquí teníamos a otro hombre que había creado su propio universo con un estilo de dibujo engañosamente simple. Me sentí como si pudiese caminar por el Condado de Coconino y degustar la tinta. Había una foto de George Herriman que miraba una y otra vez hasta que me ponía en trance. Era una foto de él donde aparecía sentado en su mesa de dibujo, con su sombrero de tres picos, soñando con sus cómics. Yo fantaseaba como si estuviese sentado en su mismo sitio, ahí, en la oficina del periódico donde trabajaba para cumplir los plazos. Dick Tracy, de Chester Gould, fue otra importante influencia para mí. Me gustaba recortar las tiras dominicales y pegarlas en un álbum. Al leerlas una y otra vez, iba aprendiendo poco a poco la mecánica de la narración de historietas. En Penn Station, New York, había una librería que tenía en una de sus estanterías una copia en tapa dura de “The Celebrated Cases of Dick Tracy”. No aparecía ningún título en la polvorienta portada. Sólo un dibujo del perfil del famoso Dick Tracy. Cada vez que mi familia y yo volvíamos de un espectáculo o del circo en New York, y esperábamos en la estación el tren que nos llevaría a casa, me quedaba mirando esa portada. Era demasiado tímido como para pedirle a alguien que me bajase el tomo para poder ver el interior. Pensar que ese gran libro contenía nada más y nada menos que los cómics de Dick Tracy de los años 40 me estaba volviendo loco. Me quedaba mirando la cubierta hasta que me quedaba hipnotizado. Finalmente ahorré el suficiente dinero como para comprarlo y me quedé completamente enamorado de él. Era oscuro, violento y extraño, y estaba narrado con un estilo que yo podía aprender. Todavía se puede ver la influencia de Chester Gould en mi estilo de dibujo.


KELLY: Dick Tracy es una gran tira para un montón de gente, aunque muchos de ellos no lo admitirían nunca.

KAZ: ¿No lo admitirían? ¿En serio? Dick Tracy es la tira seminal para los historietistas que dibujan cómics policíacos y de crímenes. No existiría Batman sin Tracy y sin los criminales grotescos que inventó Chester Gould. Cada viñeta es como un dibujo plano que te meterá cada vez más en el oscuro y retorcido mundo del hampa a lo “cartoon” de Chicago. Me parece que sus dibujos son como gráficos noir. Siniestros. También coleccionaba las viñetas de “Crimestoppers Textbook”.

KELLY: Siempre daban los mejores consejos. Recuerdo que en una decían que si eras una anciana, no deberías dejar entrar a cualquiera en tu casa para que usara el teléfono. ¿Has leído Nancy?

KAZ: Me leí Nancy sin ni siquiera pensar mucho en ella. A veces la recortaba porque salía en el periódico local. No fue hasta que fui a la Escuela de Artes Visuales y di clases con Art Spiegelman y Jerry Moriarty y dibujé “Jack Survives” para RAW, que empecé a mirar y a leer un poco más sobre Nancy. Moriarty tenía una manera muy beatnik-zen de hablar sobre Bushmiller que realmente me enrrollaba. Nancy pronto se convirtió en una tira famosa entre la gente de RAW. Y cada vez que alguien decía que era estúpida o decían que no cogían el motivo de que nos gustase tanto, cerrábamos los ojos y sonreíamos. Nancy era tan cursi que estaba más allá de lo cursi. De alguna forma se introdujo en esa especie de meta-mundo por el que sólo los maestros zen saben navegar.

KELLY: Eso justo antes de que Bushmiller falleciese.

KAZ: Cierto. [Un momento de silencio.]

KELLY: Y sin embargo no estudiaste la obra de Dondi.

KAZ: Me lo he leído todo. Siempre estaré enamorado de Smoky Stover. Incluso cuando era niño ya lo estaba. Recuerdo estar leyéndolo sin enterarme de nada. Entendía “Spooky”, la tira del gato que aparecía en la parte inferior. Recuerdo que de niño me parecía que Little Orphan Annie tenía demasiadas palabras y no la suficiente acción, aunque recuerdo que me gustaba mucho “Maw Green”. Nadie habla de la influencia del “Maw Green” de Harold Gray en mi trabajo.

KELLY: Supongo que Smoky Stover te impactó mucho.

KAZ: Seguro. Pero no pensé en ello hasta mucho más tarde, cuando empecé a investigar cuál era el tipo de sensibilidad y el estilo de dibujo más adecuado que debía utilizar. Estaba esa pieza que hice para Snake Eyes número 3 llamada "Zak Smoke." El aspecto de esa tira era intencionalmente ridículo, porque la historia en sí era muy oscura y deprimente. Zak vislumbra su propia muerte inminente y luego empieza a correr desde uno de los símbolos de la muerte y se da de bruces contra otro hasta que la tira termina con su iluminación repentina. El signo brotaba como los juegos de palabras cursis que surgían como setas a lo largo de todo el cómic de “Smokey Stover”.


“ESCUELA DE ARTES VISUALES”

KELLY: ¿Por qué elegiste la Escuela de Artes Visuales de New York?

KAZ: Fui allí porque alguien me dijo una vez que la “SVA” era la Escuela de los dibujos animados y la ilustración, que es como creo que solían llamarla. Así que acudí con el portafolio de dibujos que había hecho durante mis años en el Instituto. En realidad tenía una tira que se llamaba “Mr. Roach”, y mi idea era la de presentarla en uno de los “syndicates” para conseguir publicarla diariamente en un periódico. Era realmente mala. Estaba mal escrita y mal dibujada. Ni siquiera tenía buenos gags. Pero sí que hice algunas cosas bien. Tenía el equivalente de seis semanas de trabajo. Aprendí mucho acerca de las fotocopias. Pagué toda la tirada y fui enviando ejemplares a todos los “sindicatos” y éstos me la rechazaban uno tras otro. Estuve enviando copias de la tira a algunos dibujantes, para ver qué comentarios me hacían sobre ella. El único que me contestó fue Russell Myers, que dibujaba “Broom Hilda”. Fue muy alentador. Su carta estaba escrita con el color verde habitual de Broom, dentro de un sobre verde en el que se podían ver a todos sus personajes retozando. Para mí fue muy emocionante. Pensé: "¡puede que en realidad sí que me pueda dedicar a esto!" Aunque también me dijo que debía ir a la Escuela de Arte y aprender a dibujar.

KELLY: ¿Qué te decían los “sindicatos” de tiras de prensa en las cartas de rechazo?

KAZ: Uno de ellos básicamente me dijo que no había manera de que alguna vez se fuese a imprimir una tira sobre una cucaracha [risas], así que enseguida empecé a hacer cosas “underground”. Me sigue gustando el formato de tira diaria. Pero mi sensibilidad y mi humor están más en sintonía con el “underground”. Los guiones de “Underworld” pasaron por todas las etapas de aprobación. Una semana eran clasificados para mayores de 18, a la siguiente ya eran aptos.

KELLY: Bueno, creo que la tira es más parecida a una tradicional. Quiero decir, es en blanco y negro y…

KAZ: Correcto, y los chistes tratan sobre heroína, muerte y mutilación.

KELLY: Pero si cambiases un par de palabras parecería una de las clásicas.

KAZ: La diseñé de esa forma. Para atrapar la atención. Para que pareciese atractiva.

(Continuará)

sábado, 24 de noviembre de 2012

BEWITCHED - CHOCOLATE FRENZY 12"



Bewitched - Chocolate Frenzy 12"
(Shove Records, 1986)


A-Chocolate Frenzy
B-Swamp Shoot 


AQUI.