lunes, 11 de noviembre de 2013

UNA PROPUESTA MODESTA: LO QUE NECESITAMOS ES MÁS MIERDA, por Kim Thompson


UNA PROPUESTA MODESTA: LO QUE NECESITAMOS ES MÁS MIERDA
Por KIM THOMPSON para el Comics Journal (29 de Diciembre de 1999), traducido por Frog2000.

Cada pocas semanas recibo un lote de mediocres álbumes enviados desde Francia. Humor que ni fu ni fa, aburridas historias de detectives, necias historias de fantasía heroica, repugnantes relatos policíacos... cosas que si no tuviese nada mejor que hacer me leería, pero que realmente no puedo permitirme comprar.

Básicamente es basura. Pero creo que aparte de un puñado de series estelares como Astérix, Blueberry y algunos otros, es la mierda la que mantiene viva la industria del cómic francés.

Lo interesante de la mierda francesa es que todo es técnicamente muy bueno, y funciona con las trampas del género de ficción que son tan accesibles para el lector medio. Es el equivalente a ese tipo de libros de bolsillo que se ​​pueden comprar en el aeropuerto.

Lo que también resulta interesante es que las obras de género francesas de mierda cubren un espectro de calidad relativamente amplio, de modo que para el momento en que alcanzas la parte superior has podido ver unas cuantas series de detectives realmente excepcionales, algo de ciencia ficción de primer nivel, algunos grandes westerns y así sucesivamente. En realidad, muy poca cantidad de ellas son tan malas como para resultar ilegibles o incomprensibles, o grotescamente inmaduras. A diferencia de los EE.UU., algunos de lo dibujantes franceses más importantes han hecho carrera en el género de la ficción, o han hecho incursiones en dicho campo. (Posiblemente Jacques Tardi sea el mejor dibujante de su generación, y por lo menos media docena de sus obras más importantes están inscritas indudablemente en el género policíaco.)

Uno de los mayores éxitos de los noventa fue XIII, un thriller paranoico bastante absurdo pero irresistible que era el equivalente a una película de Bruce Willis o Mel Gibson (o a una maxi-serie de TV). Estaba bien dibujado (aunque de forma un poco fría) por el maestro dibujante William Vance, y guionizado por el prolífico Jean Van Hamme (estoy seguro de que gente como mi estimado co-editor se lanzará a trocearla), pero para mí es lo suficientemente bueno como para que lamente que la oferta de nuevos volúmenes se haya agotado debido a un cambio de guardia en el editor. (Catalán publicó un par de los volúmenes como parte de su canto del cisne, ante la indiferencia general.)

De forma similar, la serie "Jeremiah" de Hermann, que Fantagraphics publicó hace una década en Estados Unidos bajo el nombre de "The Survivors", continúa editando sin pausa un nuevo álbum cada año, aunque no sea mucho más que una especie de locura post-apocalíptica de guerrero de la carretera, pero está muy bien dibujada y es insidiosamente adictiva. Me compro un par cada vez que me encuentro en París y luego los oculto por vergüenza.

Lo que veo que falta en los cómics americanos es ese baluarte de sólido y accesible género de ficción sin pretensiones. Una masa de cómics más o menos mediocres, que, de acuerdo, estén tan bien que puedan captar tu atención y proporcionar alguna emoción que haga que los fans leales los adquirieran por costumbre, y que cualquier otra persona pueda pillárselos simplemente por el placer de hacerlo.

En EE.UU. no tenemos ésto. Lo que tenemos es "Art Comics" en uno de los extremos y horrible mierda inimaginable de Super-Héroes en el otro. El puñado de dibujantes que están tratando de explorar un término medio decente del género de ficción son pocos y están muy distantes entre sí, y por lo general son ignorados por los fans de superhéroes y despreciados por los aficionados "alternativos" (a menos que sea algo que estuviese hecho en la década de los 50, un caso en el que adquiere como una pátina de frescura). No me gusta "Sin City" en particular, pero tengo la sospecha de que un montón de gente que lo odia también lo haría incluso si se hubiese hecho con la misma habilidad, ingenio y entusiasmo de la gran serie española Torpedo (y una gran cantidad de las personas a las que les encanta, lo hace porque es Frank Miller, y pasarían por alto una serie que fuese mejor, aunque estuviese realizada por Joe Blow.)

Estoy convencido de que un medio de arte funciona sólo mientras se apoye en un medio que produce mierda popular. La lectura, o el teatro o el cine son un hábito, y no son un hábito que esté impuesto desde el extremo más elevado del espectro.

No estoy argumentando que los editores tengan que hacer mierda para apoyar las cosas buenas que no sean rentables. (Aunque eso es algo que probablemente sea cierto, pero no es lo que estoy argumentando específicamente en este momento.) Estoy argumentando que en lo que se supone que es un medio emergente, nos guste o no, se necesita la parte más "pop" para sostenerlo.

Los cómics necesitan Dean Koontzes y Robert Ludlums, y Leones Urises y ese tío de "Clear-and-Present-Danger", Tom como-se-llame. Tienen cosas que son un poco estúpidas, pero también algo inteligentes y que no son especialmente adultas, pero tampoco totalmente juveniles. Necesitamos un término medio entre la mierda absoluta y el Arte de Gran Nivel. De lo contrario la marginación continuará, y las cosas de género se convertirán en cosas al estilo de las de la moderna red de televisión (es decir, horribles hasta más allá de lo que te podrías creer) y las cosas buenas se convertirán en poesía moderna, y entonces todos estaremos jodidos.

Creo que esto es en cierta medida lo que Alan Moore está intentando hacer con su línea de ABC Comics (a pesar de que esté fuertemente sesgada y dirigida hacia los cómics de superhéroes, que es algo así como un problema en el gran esquema de las cosas). Creo que es lo que estaba en la mente de Art Spiegelman cuando co-creó la línea Neon Lit, pero ¡vaya! finalmente terminó convirtiéndose en Cómic Artístico (sin dobles sentidos). Hay brillos y parpadeos y pueden verse pequeños ejemplos de lo que digo, desde lo bueno (Usagi Yojimbo) a lo malo (Ms. Tree) hasta lo más olvidado (los títulos de ciencia ficción de los años 80 de la DC). Pero hasta que no llegue el día en el que exista una cantidad suficiente de este tipo de material básico de género y sin glamour, un día en el que Joe Public pueda entrar en una librería y comprar un cómic para leérselo en la playa, sólo porque quiere sentir cómo desconecta de la realidad, el cómic probablemente seguirá siendo algo marginal e ignorado. Y sospecho que tendremos que vivir con ello.

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