jueves, 22 de enero de 2015

FORUM Y YO: CURIOSIDADES (22 de 25): CAPITÁN AMÉRICA DE LOS SETENTA DE JACK KIRBY


Todas las reseñas tienen algún motivo egoísta detrás. O bien el "crítico" que la realiza quiere imponer su criterio en el lector, o bien lo que le apetece es vociferar ante el Mundo que lo que ha descubierto es la repanocha y que él se ha dado cuenta antes que nadie, o también las escribe por el parné (aunque esto sea algo cada vez más raro y en los últimos cinco años el "juntaletras", tenga éste mucha o poca gracia, escriba no porque vaya a ser remunerado, sino porque encaja en alguno de los dos primeros ejemplos comentados unas líneas más arriba.) En mi caso los motivos son igual de prosaicos e interesados, porque lo que pretendo con esta modesta llamada de atención es coaccionar a cualquiera que la lea para que se compre la más reciente edición de las aventuras del Capitán América perpetradas por Jack Kirby al guión y al dibujo que está editando en castellano Panini, y de esa forma, ante la respuesta comercial masiva, animar a la editorial para que siga editando toda la etapa del autor neoyorquino en los cuatro supuestos tomos (el segundo acaba de aterrizar en las estanterías) en los que se reunirá completa La Etapa Del Capitán América de los Setenta de Jack Kirby. Y eso a pesar de que el formato elegido sea uno de los que más detractores ha conseguido desde que la editorial empezó a reeditar en él las mejores sagas de la Marvel producidas durante los sesenta, setenta y ochenta, principalmente por el papel lleno de brillos que según algunos atenta continuamente contra la retina como si de un láser se tratara. Pero para mí, que soy menos purista que lo que mi fijación durante tres décadas con la editorial de Spiderman supondría, me parece que le sienta como un guante. Y no me refiero al resto de diversas aventuras que se han editado en Marvel Gold a lo largo de estos años, merecedoras en su mayoría de otros soportes principalmente por el trazo más orgánico y algunas necesidades de impresión especiales que tiene el dibujo de Neal Adams o John Buscema, sino concretamente a esta etapa de Kirby.

El Capitán América de La Saga de la Bomba Loca es el personaje más pop que tuvo la editorial en cualquiera de sus etapas "pop", y estas son las que van desde finales de los sesenta, cuando Marvel consiguió ser aclamada por los estudiantes universitarios (e incluso por activistas sociales de diverso pelaje) como editorial más “enrrollada”, hasta los últimos años de la década de los setenta, cuando Marvel explotó y se expandió hasta convertirse en una de las tres editoriales más grandes del mercado de cómic norteameamericano gracias a los talentos que se habían amamantado con los tebeos de super-héroes de la década pretérita y que empezaron a plagar los fanzines "do it yourself" y prozines que se pusieron de moda en torno a 1971, terminando por encajar en lo que los editores habían decidido que era el nuevo cómic mainstream. Además, estos jóvenes, que no le hacían ascos a ninguna expresión de la cultura popular, tenían ideales que estaban deseosos de poner en solfa a través de tebeos con mucha reflexión en cada número pero también con su correspondiente batalla entre héroes y malvados para no cansar demasiado al lector.


En este ambiente en el que se respiraba cierta actitud "laissez faire", Jack Kirby regresó a la editorial que había ayudado a montar unos años antes tras el sonoro fracaso que había supuesto su odiséico Cuarto Mundo en la competencia, pero esta vez, a pesar de la rendición que le supuso dicho regreso, también estaba dispuesto a no ceder un milímetro y lograr hacer realidad sus inquietudes artísticas. Jack Kirby empezó a idear conceptos tan locos como enigmáticos ("2001"), tan personales como poco comerciales (Dinosaurio Diabólico), títulos atractivos y tan avanzados como de costumbre, repletos de conceptos vibrantes donde los dioses actuaban como humanos que se habían levantado con el pie izquierdo (Los Eternos), dirigidos hacia cualquier lector adulto enganchado a una cultura de masas que justo empezaba a acelerarse en ese momento. Pero además el consumidor de los setenta todavía quería que su pedacito de entretenimiento tuviese algún significado, cierta pátina de respetabilidad. Y eso es lo que conseguía con los tebeos de la Marvel.

La editorial, quizá para restañar las heridas que anteriormente le había causado al Rey de forma reiterada a base de desplantes, extorsiones, robos de originales y menosprecios, le dejó hacer lo que quiso, tanto con algunos personajes que en ese momento no importaban demasiado en el Bullpen, como la Pantera Negra, como con primeros espadas tan importantes como el Capitán América. En la serie del superhéroe norteamericano Kirby aprovechó para diseminar algunas ideas que parecían fruto de lecturas muy dispersas sobre genética, control social y milenarismo, además de las propias certezas con las que había sido educado y que tenían como protagonista a un héroe que siempre triunfaba porque era capaz de sacrificarse hasta casi fallecer para lograr sus objetivos. Aquí el Capitán América es menos bobalicón y más resolutivo que de costumbre, mientras que el Halcón no aparece como simple comparsa del titular, sino que es un tipo duro y hecho a sí mismo que ya sea por la cuota de corrección política que parecía impregnar aquellos tebeos o por algún otro motivo que desconozco, en ciertos momentos amenaza con robar el protagonismo al “Capi”. Además, Sam Wilson parece el mejor colega que podría querer tener el protagonista. Incluso Sheila, la novia del Halcón, excluyendo ese arrebato homicida del primer número de la saga, tiene más empaque y protagonismo que muchas féminas del comic book de la época, y eso a pesar de que aparezca en cuatro viñetas mal contadas, en una de ellas de forma bochornosa, sirviendo té mientras los dos heróicos machos echan un pulso y expulsan litros de testosterona para pasar el rato. Nadie dijo que estos cómics fuesen perfectos. Eso sí, ella se pregunta entre confusa y cabreada cuál es el motivo de que esté al servicio de payasos semejantes. Y justo en ese momento EXPLOTA la acción con el estallido de la Bomba Loca, un diabólico ingenio que es capaz de trastear en las emociones humanas, haciendo que lo que único que desee el ciudadano de a pie sea DESTRUIR. Aunque los protagonistas serán capaces de detener el artilugio, la ciudad quedará para el arrastre, convertida en un escenario apocalíptico que bajo los lapices de Kirby luce estupendo. El mundo después de una catástrofe sería así: un lugar lleno de color pero sin alegría, pop destruido. Los enemigos del Capitán América en este primer tebeo de la saga son el hombre común llevado hasta el límite, un ciudadano que se ha deshecho de la máscara de civilización y que enseña el verdadero lobo que se esconde detrás. Y eso en apenas dieciocho páginas donde la acción no decae en momento alguno. Con la excusa de probar si son dignos de afrontar la engorrosa misión que les espera, el Gobierno Americano pone a prueba a los dos agentes, América y Halcón, y casi está a punto de matarlos en el proceso. En cuanto son aprobados (con nota) el mismísimo Henry Kissinger le informa a la pareja de amigos cuál será la próxima amenaza urdida por un villano desconocido que tiene la intención de cargarse el Bicentenario Americano celebrado el 24 de julio de 1976. Si una Bomba Loca tan grande como un pepino ha sido capaz de acabar con toda una ciudad, la próxima, del tamaño de un edificio, podría destruir el Mundo entero.


El guión, criticado por muchos con tirria argumentando que le faltaba alguien al volante y que estaba hecho a base de escenas desarrolladas de forma impulsiva que hacían descarrilar la historia por varios afluentes que nunca desembocaban en un río principal, es una película de alto presupuesto non-stop repleto de hostias de tebeo y de gentuza que quiere gobernar el planeta de forma más seria y gris de lo habitual, una trama de argucias superheróicas que transcurren a velocidad de tren japonés y de situaciones divertidas y sin sentido (que yo atribuyo a la sana paranoia que cualquier americano de la época había aprendido a sufrir después de la Era Nixon, incluido Kirby) que con el paso del tiempo parecen cada vez mejores. Por ejemplo, en el primer número de la saga el 56º Secretario de Estados Unidos les enseña al Halcón y al Capitán una foto de la próxima Bomba Loca con la que tienen que acabar y que se ha sacado del bolsillo de la americana porque "es de tan alto secreto que la llevo [siempre] encima".

Yo me he leído estas peripecias tres veces, y como dicen sobre El Principito, cada vez, y según la edad, me han producido sensaciones diferentes. La primera vez que pude echarlas un ojo fue con trece años, cuando apenas llevaba un par leyendo cómics, por lo que me quedé completamente pasmado con el dibujo de Kirby que pude ver en aquella colección de desangelada edición que le dedicó Vértice al personaje del Capitán América. Había algo tan atrayente como repulsivo en esos escorzos en los que los humanos eran más feos que mis vecinos y en donde parecía que el autor neoyorquino se quitaba de encima de un plumazo el engorro de dibujar elementos como los dientes, perfilando dos en cada boca para pasar rápidamente a hacer otra cosa. La siguiente ocasión fue con la reedición miniaturizada y en blanco y negro que Forum puso en circulación en el año 2000, donde mi pasmo anterior se convirtió en asombro. No recordaba la potencia que tenía esta aventura en siete partes. Si con trece años parecía que Kirby había escrito y dibujado su tebeo para entretener a los niños mientras se comían su bocata de nocilla antes de ver su serie favorita de dibujos animados en televisión, esta vez estaba seguro de que lo que el autor pretendía en realidad era hacer el mejor tebeo posible para un lector empedernido de treinta años que fuese capaz de captar todas las referencias ocultas. En 2011 Panini se atrevió a editar la saga de nuevo en color, y así, con esos brillos que parecen realzar lo granítico del trazo del Rey, esa tosquedad en los lápices de un Kirby menos optimista y más cansado, mi anterior tímida reverencia se convirtió en veneración. En su crepúsculo Jack Kirby había guionizado una saga donde la única pureza es la de los esforzados héroes, pues el resto somos muy capaces de destruir los logros de varias décadas en apenas unos segundos. En lugar de apagarse lentamente, el autor dio un golpe de pecho bizarro y convincente ciertamente difícil de comprender para el lector que había crecido con sus Cuatro Fantásticos y que se acercaba a esta colección para catar más de lo mismo. En su lugar le esperaba lo desconocido. Sólo cuando encajas todas las piezas y observas la inconmensurable fuerza que tiene el novedoso dibujo geométrico, la maquinaria atroz que parece de un universo alternativo donde la ciencia no sólo es peligrosa, sino que también es horrorosa, las manías y metas que impulsan a los malos, tan ordinarias como las que vemos todos los días en nuestros telediarios, es en ese momento cuando te das cuenta de que lo que hizo Kirby es una cosa tan audaz que tienes que leértela más de una vez para poder sacarle el jugo revitalizador que se encuentra enterrado a varios metros de profundidad, y es cuando mayor satisfacción produce este material, muchísima más que con trece o que con treinta años. En ese instante revelador es cuando llegas a la conclusión de que este Jack Kirby definitivo y legendario es el mejor ejemplo que se me ocurre sobre cómo nos gustaría recordar las postrimerías de la vida artística de cualquiera de los ídolos culturales a los que más estimamos.

1 comentario:

Mariano dijo...

Pues yo cuando lo leí de crío tuve una sensación rara. Por un lado La bomba loca era un tebeaco, claro. Pero por otro lado venía justo tras la etapa Englehart y de repente toda la tridimensionalidad del personaje añadida por este escritor y casi todos los personajes secundarios desaparecieron de un plumazo. Era una sensación de reseteo avant la letre.