lunes, 29 de junio de 2015

SUPER-HÉROES EN EL DIVÁN, UNA ESPECULACIÓN PSICOANALÍTICA, por R. C. Harvey (2 de 2)


Super-héroes en el diván. Una especulación psicoanalítica. Segunda parte. (Por R.C. Harvey para The Comics Journal 104, traducido por Frog2000.) Leer la primera parte.

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Las nociones de Fiedler se apoyan en las típicas convenciones gráficas de los cómics de super-héroes. La representación de la anatomía superheróica está remarcadamente sexualizada. Cada músculo está dibujado como si estuviese flexionado al máximo, sugiriendo el falo erecto listo para iniciar la actividad sexual. Por otra parte, en el subconsciente humano la agresión es en sí misma una característica del comportamiento fálico, y el acto sexual se percibe inconscientemente como un acto de violencia. (Batman, por cierto, era inicialmente una criatura de la noche que cometía "hechos violentos al amparo de la oscuridad", una descripción casi perfecta de la "escena originaria" tal y como Freud llamaba al encuentro sexual visto desde la imaginación infantil del subconsciente.) De acuerdo con Freud, el propio acto sexual parece un secreto culpable porque su naturaleza exacta es de alguna forma ocultada al conocimiento del infante durante el mayor tiempo posible. El motivo de mantener fuertemente en secreto la doble identidad del super-héroe se debe a que entre los deseos prohibidos que tienen los super-héroes se encuentra la ansiedad por satisfacer su sexualidad genital. Por supuesto, jamás aparece alguna descarada gratificación en dicho campo. Como la mayoría de los cumplimientos inconscientes, la naturaleza subconsciente de la actividad superheróica está protegida, disfrazada, por las máscaras elegidas por sus identidades más sociales. Y aquí, bajo la forma habitual de la figura de fantasía subconsciente, el super-héroe se convierte en una personalidad contradictoria en sí misma, y su máscara de comportamiento aceptable contradice o deniega las motivaciones inconscientes de sus actos. Sus actos de violencia agresiva se llevan a cabo en nombre de la bondad, la ley, el orden, la nación y la decencia. (Aun así, la gratificación de los deseos prohibidos del super-héroe, como todo tipo de comportamiento prohibido, será castigado: a menudo recibirá tantos golpes por parte de sus oponentes como los que él mismo da.) Como fuerza de la Ley y el Orden, y a pesar de que a veces no acate las leyes, seguirá siendo fuente de inspiración para los demás. Bajo dicho aspecto de su complejo maquillaje, el super-héroe también funciona en parte como figura paterna, la figura de autoridad que ha de ser tanto imitada como obedecida.



Visto desde una perspectiva psicológica, los comic books de super-héroes parecen intrincados mecanismos del subconsciente, dispositivos que permiten la por otra parte prohibida gratificación de los deseos libidinosos, mientras que al mismo tiempo se plantean como figuras socialmente aceptables de respetabilidad legal. A este respecto, de acuerdo con la crítica literaria psicoanalítica, los super-héroes promulgan los mismos tipos de fantasía inconsciente que cualquier otra creación ficticia. No hay nada extraordinario en la función inconsciente aparentemente contradictoria de un super-héroe de cómic. Tampoco hay nada amenazante o peligroso. Un lector de comic books responde inconscientemente a las fantasías representadas por los super-héroes al igual que lo hace ante las fantasías subyacentes de la ficción literaria en general. Su vicaria participación en este tipo de fantasía actúa como una salida inofensiva para poder expresar sutilmente sus propios impulsos y sus deseos inconscientes similares, impulsos y deseos prohibidos que comparte con el resto de seres humanos. Con todo lo anterior como trasfondo, permítanme ahora intentar arrojar algo de luz sobre una de las preguntas más fascinantes que se han planteado alguna vez sobre un super-héroe. En "The Great Comic Book Heroes" (Dial, 1965) Jules Feiffer planteaba una intrigante pregunta sobre Superman. Superman, observa, es realmente Superman. Clark Kent es el falso. Así que ¿por qué rechaza Superman a la mujer a la que ama Clark?



Si nos basamos en las explicaciones que se nos ofrecen comúnmente como excusa para la actitud de Superman, nos encontramos con que Feiffer ha planteado un problema irreconciliable. Todos somos Clark Kent, dice el razonamiento, alguien que es rechazado por las chicas a las que amamos apasionadamente. La leyenda de Superman nos tranquiliza. Somos mejores de lo que parecemos ser: bajo nuestro suave modelo externo somos realmente superhombres. Y como tal, somos amados por las Lois Lane de este mundo. En este punto es cuando la fórmula de Superman deja de trabajar como consuelo. Con el fin de alcanzar algo que nos resulte totalmente tranquilizador, parece que el triángulo Lois Lane y Superman / Clark Kent debería resolverse de alguna manera. O bien Superman debería reconocer su amor por Lois (algo que a veces durante los últimos años ha dado lamentablemente a entender), o Lois debería terminar sabiendo que Clark es realmente Superman. A partir de cualquier evolución de ambas premisas deberíamos alcanzar la feliz resolución de nuestros sueños románticos. Pero tampoco sucede nada parecido. (Incluso los indicios más recientes de seguir uno de los dos caminos nunca termina por ser realmente efectivo.) De hecho Clark nunca termina de entenderse con su chica, (y su chica nunca termina por convertirse en el objeto de su afecto). Lo habitual ante las súplicas por parte de Superman es que ella actúe de una forma contraria a lo que él pretende. En lugar de quitarse la ​​frustración adolescente a base de actuar de una forma más tranquilizadora, se agrava dicha frustración evitando una resolución romántica feliz. Un psicoanálisis de la situación arrojará una conclusión incluso más satisfactoria.

La pregunta de Feiffer oscurece un poco todo el asunto, haciendo hincapié en la identidad "real" de Superman / Clark Kent. Que el "verdadero" Superman rechace el "falso" objeto de su propio afecto nos resulta desconcertante. Pero como he dado a entender antes, la cuestión de que la identidad de un super-héroe sea "real" es hasta cierto punto irrelevante, lo esencial es la división que ha de hacerse de la totalidad del personaje.



El desdoblamiento de la personalidad de Superman le oferta tres actores a nuestro drama. Y la relación de Superman / Clark Kent / Lois Lane sugiere una triangulación muy familiar para el subconsciente: la situación edípica clásica. El complejo de Edipo clásico involucra a un hijo y a su padre en competencia por la posesión de la madre. Aquí, el poderoso y autoritario Superman representa al padre, el modesto Clark sirve como hijo, y Lois actúa como la madre por cuyo afecto compiten ambos. (Aunque Superman no ha profesado amor romántico alguno por Lois durante años, ella, sin embargo, lo ama. Así que Clark se ve forzado a competir con Superman independientemente de los supuestos sentimientos que tiene Superman.) El deseo edípico en la fórmula de Superman es colmado al equilibrar las dos identidades del héroe, dejando que una de ellas exprese el impulso que el resto desaprueban (o tratan de ignorar.)

Al igual que otros super-héroes, Superman es tanto terreno del Superego como del Id. Como agente de la conducta legal, Superman actúa con la autoridad del Superyó, de la conciencia social. Y en su papel de padre en el triángulo edípico duplica la misma función. Pero también la poderosa Id reclama intentar colmar sus deseos prohibidos. En el subconsciente, el Ello es esa parte del Ego de la que estamos alienados por el control ejercido por el Superego, lo cuál nos obligará a interpretar el inofensivo papel que tiene Clark. Superman como figura paterna es amado por la esposa / madre Lois. Clark como hijo es rechazado por ella como amante incestuoso. El Superego de Superman tiene que rechazar el amor de Lois por la misma razón que ella rechaza el de Clark. Pero como el Id es forzado por el Superego a asumir una identidad inofensiva (Clark), frente a Lois, Superman puede expresar su deseo edípico prohibido de otro modo. Las maniobras defensivas del inconsciente incorporadas en el mito de Superman permiten colmar el impulso edípico, pero sólo cuando este se expresa a través de la identidad que menos probabilidades tiene de consumar el deseo. El inofensivo Clark Kent es tan poco sexual como todo lo que tiene de fálico Superman, así que la expresión del deseo que siente Clark por Lois no puede interpretarse como un incestuoso deseo sexual. La respuesta a la pregunta de Feiffer es que Superman rechaza a la mujer. Clark ama por las mismas razones que el super-héroe salvaguarda su doble identidad secreta. De acuerdo a su identidad de super-héroe en secreto, la personalidad privada del super-héroe niega que esté gratificando los deseos prohibidos de sus impulsos libidinosos. El rechazo de Lois por parte de Superman actúa como deseo edípico, sexual.


La explicación psicoanalítica del mito de Superman me parece más válida que la explicación que he esbozado antes porque en última instancia es más satisfactoria para el lector, y no resulta frustrante. Permite que el lector, cuyas simpatías están inconscientemente a favor de Superman, disfrute de una visión romántica de sí mismo como hombre atractivo, una circunstancia que está socialmente prohibida en su aspecto sexual más desenfrenado. Al mismo tiempo, la fantasía de Superman está estructurada de forma que pueda negarse a colmar dicho deseo. En efecto, la fórmula de Superman es una tapadera perfecta para pensar de forma "sucia".

Y luego tenemos a Spider-Man, el moderno héroe prototípico repleto de obsesiones. En el centro de las dificultades de Peter Parker tenemos su pensamiento ambivalente acerca de seguir siendo Spider-Man: a veces le gusta ser un súper-héroe; a veces lo odia. Otros super-héroes actuales pueden sufrir los mismos ataques de incertidumbre, pero sobre todo, lo que hacen es seguir los pasos de Peter. Por lo que se podría decir que ningún otro super-héroe expresa constantemente como parte de su personalidad una aversión tan profunda por su identidad de super-héroe como lo hace el pobre Peter. Y eso es algo muy raro.



El disgusto de Peter por el hecho de ser Spider-Man a menudo está teñido de vagos sentimientos de culpa: sus preocupaciones superheróicas lo alejan de la tía May que lo necesita, y le impiden ayudarla de una forma más adecuada. En un primer nivel no hay nada que resulte sospechoso o culpable, en cualquiera de los niveles conscientes o subconscientes. Después de todo, si la actividad de la identidad del super-héroe representa inconscientemente la satisfacción de los deseos prohibidos del Id, podríamos esperarnos algunos sentimientos de culpa que acompañen dicha satisfacción. Pero como he dicho antes, la paliza que un super-héroe recibe por parte de sus enemigos representa por lo general el suficiente "castigo" a nivel subconsciente como para gratificar los deseos secretos prohibidos. Pero esto no ocurre con el hombre araña. El disgusto de Peter es demasiado intenso, su culpabilidad demasiado pronunciada, como para apaciguarla o que sea expiada de la forma habitual. Es como si el "crimen" del que se siente culpable fuese de alguna manera más grande, más atroz, que los crímenes del resto de super-héroes. Y así es, de hecho, cuando descubrimos los fundamentos subconscientes que hay detrás de Spider-Man.

Peter Parker está infestado por la culpa de forma tan incansable porque mató a su padre. Sí, de nuevo llegamos a las puertas de lo edípico. Peter se pone su traje de Spider-Man, que como ocurre con todos los demás super-héroes, gratifica sus impulsos libidinosos generales. Pero Spider-Man también representa al asesino de su padre, y para recordárnoslo Peter porta consigo una carga extra de culpa.



Christopher Melchert fue el primero que me llamó la atención sobre las raíces edípicas de la personalidad de Peter Parker / Spider-Man. Su examen de Spider-Man (en su zine GOBS nº 3, 1973) es más amplio que el que hago yo aquí: explora las relaciones de Spider-Man con otros personajes vistas bajo el contexto de su situación edípica. Yo me centro tan sólo en un aspecto del dilema de Edipo, y lo veo desde una perspectiva ligeramente diferente que Melchert (hay diferentes formas de aplicar el psicoanálisis a las creaciones de la literatura), pero sin embargo, me encuentro en deuda con él.

El triángulo edípico de la fórmula de Superman hace hincapié en la naturaleza competitiva de su situación: en Spider-Man, la culpa asociada al complejo de Edipo se enfatiza. En la situación clásica de Edipo, el hijo no sólo compite con su padre por su madre: el hijo también desea la muerte de su padre para que la madre sea enteramente suya. Tía May y su tío Ben son la única madre y padre que Peter Parker ha conocido nunca. Como Spider-Man, Peter se negó a ayudar a la policía a detener a un ladrón, después dicho ladrón mató a su tío Ben. La muerte del tío Ben representa la satisfacción subconsciente de un impulso prohibido, la concesión de uno de los deseos secretos del complejo de Edipo. Además, dado que Spider-Man es prácticamente cómplice en el asesinato de la figura del padre de Peter, es tan culpable del asesinato como lo es el ladrón, en particular de una forma subconsciente.

Uno no le diría a su padre que lo va a asesinar, aunque sólo fuese subconscientemente, sin sentirse culpable. Y aquí el asesinato se lleva a cabo en términos reales, conscientes: el hecho real representa el cumplimiento final de un deseo subconsciente. No es extraño que Peter sufra tanto.

Ostensiblemente, Spider-Man se convierte en un luchador contra el crimen después de la muerte del tío Ben porque Peter se da cuenta de que "un gran poder... conlleva una gran responsabilidad."



Sus poderes deben ser utilizados para el bien público. A nivel subconsciente, Spider-Man ejerciendo como Superego retoma la lucha contra los fuera de la ley con el fin de expiar el crimen que cometió ejerciendo como Id. Pero su crimen es demasiado grande, luchar contra los fuera de la ley como penitencia no resulta suficiente al parecer. No puede ser tan fácilmente redimido o perdonado. Ni tampoco al luchar contra la delincuencia puede negar sencillamente su propio delito. Así, Peter Parker está condenado a estar plagado por los sentimientos de culpa para siempre. No sólo eso, sino que como Spider-Man es calificado públicamente de criminal, su culpabilidad es proclamada a los cuatro vientos por todo el mundo.

El disgusto de Peter por ser Spider-Man aumenta su sentimiento de culpa, por lo que ha elaborado su identidad secreta de tal forma que satisfaga descaradamente uno de los deseos edípicos prohibidos. La fantasía inconsciente de la fórmula de Spider-Man se encuentra mucho más cerca de la superficie que en las configuraciones de fantasía de muchos otros super-héroes. Y en la culpa y ambivalencia sobre sus super-heroicidades, Peter Parker / Spider-Man expresa más explícitamente los sentimientos perturbadores que están inconscientemente asociados al hecho de seguir sus libidinosos impulsos que la mayoría de los otros super-héroes. Tan grande es su culpa y tan molestos los sentimientos que encuentran equilibrio en Spider-Man (como ocurre también con otros tantos super-héroes) que la sensación de satisfacción de los resultados subconscientes de sus actividades le permiten que el Id sienta un placer rebelde gracias a los alborotos super-heroicos en los que se involucra. Y por eso mismo el hombre araña reina como la última palabra en los sentimientos superheróicos de culpa. Y de alguna forma Peter aprende a vivir con ello.


Tal y como he mencionado anteriormente, el subconsciente del lector responde con simpatía a las fantasías que ve debajo de la superficie de su lectura consciente. Hasta cierto punto, su satisfacción es mayor cuando una creación literaria se aproxima mucho más a nuestro estado psicológico. Y en este sentido, es interesante especular sobre la popularidad de Spider-Man durante los años 60 y la popularidad de Superman durante las décadas anteriores.

La psicología social apenas es mi campo, pero ten en cuenta el hecho de que cuando Spider-Man apareció por primera vez, nos encontrábamos en medio de una revuelta de los jóvenes estadounidenses, y particularmente en los campus universitarios, donde Spider-Man había encontrado un nuevo público para los cómics de Marvel. La juventud siempre se rebela contra sus mayores, pero uno podría decir con cierta seguridad que muchos de los que crecieron durante los años 60 eran más abiertamente rebeldes que sus padres y madres durante su juventud. La rebelión contra lo establecido es, psicológicamente, un asalto contra el controlador Superego. Inconscientemente la rebelión crea culpabilidad (quizás inconscientemente también.) Tal vez Spider-Man se convirtiese en alguien tan popular como lo hizo en su momento debido a que el mito de Spider-Man ofrece a sus lectores juveniles una forma vicaria de tratar con la culpa, porque ve cómo Peter Parker se enfrenta inconscientemente al sentimiento de culpa y también ve cómo el personaje lo compensa y aprende a vivir con ello.

Por otra parte, la fórmula de Superman, que enfatiza el aspecto competitivo de la situación edípica en lugar de la culpa asociada con el hecho de complacer los impulsos, era algo, sin duda, que se adaptaba mejor a décadas anteriores, cuando los lectores juveniles aceptaban más gustosamente la tradicional competitividad étnica americana que intentaba igualar el triunfo de sus mayores.

Supongo que estas observaciones sociológicas no resultarán nada sorprendentes. Pero la sociología se ha descrito como la ciencia que derriba puertas abiertas. Además, probablemente dos complejos de Edipo en una sola sesión sean ya lo suficientemente emocionantes. En cualquier caso veo que nuestro tiempo se ha acabado, la recepcionista tendrá lista su factura a la salida.

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R.C. Harvey, columnista habitual de The Comics Journal, está trabajando actualmente en la biografía definitiva de Milton Caniff.