lunes, 24 de agosto de 2015

EL CANTO DE SIRENA DE LA SANGRE (2 de 3)


EL CANTO DE SIRENA DE LA SANGRE.
El alzamiento de los vigilantes sedientos de sangre en los cómics, por Andrew Dagilis. Artículo aparecido originalmente en The Comics Journal nº 133 (1989). Traducido por Frog2000. Parte 1.

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El segundo número de Faust, de la editorial Northstar, fue anunciado con una ilustración a página completa de una mujer en topless manchada de sangre que enarbolaba una goteante navaja de afeitar, mientras que El Puño de la Estrella del Norte, de Viz Comics, era descrito de esta forma en su anuncio: "Las cabezas explotan, la sangre y los sesos se derraman de los cráneos. Las lanzas se hunden en los torsos. Los ojos saltan de sus órbitas." Hay que tener en cuenta que estas son frases llamativas, los cantos de sirena que los editores creen que son más seductores para los compradores.

Incluso auténticos villanos como el Joker o Lex Luthor han conseguido sus propios tomos de tapa dura con muchos brillitos, o como en el caso de Deadshot (el más mortífero del Escuadrón Suicida y casualmente, el único en conseguir algo parecido), su propia mini-serie. De hecho, los villanos más queridos normalmente son los más crueles: Doctor Muerte, Kingpin. En consecuencia, cuando un villano se "ablanda", su popularidad cae en picado: Magneto, Ra´s Al Ghul, Dekko. Definitivamente existe una gran demanda de crueldad. Nightwing (el Robin original) es muy parecido a Batman, pero sin su definitoria sensación de amenaza; Dick Grayson está cuerdo y por eso es mucho menos popular. Por otro lado, su novia Starfire es muy propensa a los ataques de ira y eso la ha hecho ser más conocida. A estos "héroes" sociópatas se les permiten hacer cosas que en una época anterior ni siquiera los villanos podrían haber hecho.


Algunos ejemplos recientes:

-Lobezno: en el tercer número de "Meltdown" [Kaos y Lobezno: Meltdown], el protagonista atraviesa la cabeza de un guardia ruso con sus garras, por lo que a este le salen a través de los ojos llenas de sangre.
-The Question: en el número 27 rompe el brazo de un matón y arroja a otros dos desde un tejado.
-La Cazadora: en el segundo número prende fuego a dos personas al hacer añicos el cóctel Molotov que llevaba una de ellas y luego se queda mirándolas mientras deja que se quemen. Antes, en ese mismo número, se encarga de otros dos matones rociándolos con ácido.
-Wonder Woman: en el número 31 arranca la cola de Cheetah de su cuerpo (forma parte de ella, no es un apéndice mecánico) y luego la golpea con la misma hasta casi matarla.
-Armor: en Samurai #1 lanza contra el antebrazo de un terrorista un enorme cuchillo, enterrando allí la hoja como si el brazo fuese la propia funda. (En realidad, las series de Continuity Comics son significativamente de mentalidad más sangrienta que la mayoría de las del resto de editores. La mano derecha de Armor se separa gráficamente de su brazo mientras hace polvo a Rage. En Samurai podamos encontrarnos a la titular con su entrepierna explícitamente expuesta y haciendo algunas otras poses mientras la desquiciada heroína trocea, hace rodajas, destripa y decapita alegremente a sus enemigos con una espada. Crazyman destroza a sus enemigos con sus propias manos, y eso es en concreto lo que hacen los héroes, por lo que...)

Si se eliminaran las atrocidades de las historias, la mayoría, si no todos, de estos nuevos "héroes" no tendrían razón alguna para seguir existiendo. Dicha eliminación también les quitaría de encima su (a menudo única) razón para existir: estos personajes no tienen la suficiente personalidad o profundidad como para sobrevivir por sus propios méritos. (De hecho, sus poderes son los que definen su identidad. Cuando presentan a un nuevo personaje, la mayoría de los lectores de los cómics no se preguntan "¿Quién es él o ella?" sino, "¿Qué poderes tiene?")


En el mundo real, alguien que matase y mutilase tan despreocupadamente como Conan sería una amenaza pública, no un héroe. En la mayoría de los números de su revista decapita a sus enemigos, corta sus brazos y piernas, y aporrea a la gente hasta la muerte, a veces con el más débil de los pretextos, y muchas con ninguno, aunque las consecuencias de sus acciones mortíferas, las viudas o huérfanos que deja atrás, los afligidos padres y amigos, no se tienen en cuenta. Conan mata sin reflexionar; si este hombre tiene la conciencia perturbada por el hecho de ser una máquina de matar (hasta ahora debe haber matado personalmente a más de un millar de personas), es algo que nunca se ha mostrado en sus series. Los guionistas que intentaran convertirlo en alguien similar al más equilibrado Príncipe Valiente pronto serían reprendidos: "¿Dónde está la sangre? ¿donde esta el gore?" Ya puedo ver cómo llegan las cartas de protesta.

Por supuesto, los cómics no pueden ser acusados de ser el único medio de entretenimiento donde ocurre esto, de acuerdo con el patrón tradicional de ser poco más que un regurgitador barato y rápido, la industria del cómic está simplemente reflejando el signo de los tiempos de la Sociedad en general.

Tengo un amigo (llamémosle "Joe", aunque no sea su verdadero nombre, pero valdrá por ahora) que es un microcosmos andante y parlante de este estado de ánimo social. Los libros que lee: muy pocos. El último que le pude ver era la novelización de Rambo II. La música que escucha: hard rock y heavy metal. Mira de forma sospechosa, como si fuesen unos blandos, a los metaleros que no titulan sus canciones con temáticas sobre la muerte, los cadáveres purulentos, los zombies, la aniquilación nuclear, etc. Lo mismo ocurre con las portadas de discos que no parecen como si "Los desastres de la guerra" de Goya hubiesen sido rehechos por Frank Frazetta (o por su clon más plastificado y rígido, Boris Vallejo). Los programas de TV que suele ver: Corrupción en Miami, El Equipo-A (ambos piadosamente cancelados), y el wrestling profesional. (Puede que los adultos vean el wrestling como una broma, tipos gigantescos golpeándose unos a otros con cadenas, sillas, porras de la policía que aporrean las cabezas de sus oponentes y combates que provocan marañas sangrientas contra las cuerdas, etc, pero los chavales se lo toman más en serio. Son quienes constituyen los clubes de fans y suponen la mayoría de los seguidores más devotos de estos "deportes".) Las películas que le gustan: cualquier cosa de Arnold, Sly, Chuck, Dolf, Van Damme, Sho Kosogi, etc. Le gusta La Jungla de Cristal, pero cree que hablan demasiado. Tiene copias de "Faces of death". Los deportes que ve: no aguanta el béisbol o el tenis, por no mencionar las palabras "golf" o "curling"; tolera a duras penas el fútbol. Pero le encanta el hockey, y no puede entender por qué hay tanto alboroto con la violenta imaginería que presenta: "¿Quieren que sus hijos jueguen como maricas o qué?" Incluso tiene recopilaciones de peleas en partidos de hockey y de disturbios en partidos. Los video-juegos a los que juega: todos incluyen disparos, combates o explosiones, ni se molesta en jugar a uno en el que haya que investigar un poco. Las revistas que lee: Guns & Ammo, Knives, Soldado de Fortuna, Muscle & Fitness, Hustler, Fangoria, Gorezone, Slaughter House. Los cómics que lee: te lo puedes figurar. Los personajes de cómic que prefiere: adivina.

¿Tengo que comentar cómo se viste?


"¿Y qué?", me dirás. "Así que tu amigo es un idiota, vaya cosa." 

Bueno, verás, creo que hay un montón de gente que es exactamente igual que él. Alguien está subvencionando la continuada existencia y expansión de todos estos vehículos de entretenimiento. También creo que en la película que él puede escuchar en la intimidad de su mente, a mi amigo le gusta matar gente. Creo que a veces desearía meterse en situaciones en las que estaría justificado matar a alguien. Cuando se vive como él lo hace, completamente saturado con escenas de violencia y carnicería, listo para la sangre, siempre preparado para la acción, empiezas a buscar momentos en los que creas que tienes el derecho legítimo a explotar de una vez por todas. Y una vez que empiezas a pensar de tal forma, tu mente se anega con las soluciones simplistas y sangrientas de tus héroes favoritos. Después de todo, admirar a alguien significa que deseas emularlo. No se llaman "modelos de comportamiento" por nada.


LA TRADICION DE VIGILANTISMO (EN EL MUNDO REAL)

Esta creciente popularidad de lo cruel en el entretenimiento discurre en paralelo, y probablemente esté sinérgicamente relacionada, con el reciente endurecimiento de la sociedad a todos los niveles: el resurgimiento de las pandillas juveniles vestidas de cuero, la elección del antiguo Imperial del KKK, David Duke, como candidato para el Estado de Louisiana, la creciente audacia de los promotores de odio como los skinheads, la Nación Aria, la "Posse Comitatus", El Pacto, La Espada y El Brazo del Señor, la Resistencia Aria Blanca (en inglés un acrónimo de WAR), y los seguidores políticamente estridentes de Lyndon LaRouche. El año pasado la Liga Anti-difamación informó de un incremento del 41 por ciento respecto a 1987 de los actos de acoso, amenaza y agresiones antisemitas. El Departamento de Policía de la Ciudad de New York registró 550 incidentes motivados por diferencias de raza, religión, origen étnico u orientación sexual en 1988, un aumento del 100 por ciento en dos años.

Estos actos no fueron perpetrados por unos fanáticos supervivientes del pasado discriminatorio norteamericano, incluso muchos de los skinheads ni siquiera tienen edad suficiente como para votar, y su líder nominal, David Duke, está en la treintena. Al ser entrevistados, a menudo estos suministradores de odio y prejuicios defienden sus acciones invocando la larga tradición de vigilantismo en Estados Unidos. En el sentido clásico, la tradición de vigilantismo se refiere a los movimientos extra-legales organizados que se tomaban la ley por su propia mano. Muy a menudo, estos actos eran violentas santificaciones de algunos valores sobre la vida y la propiedad que eran profundamente apreciados. En el siglo pasado el principal objetivo del vigilantismo era restablecer los valores conservadores y los privilegios sobre la propiedad, el orden y la ley en cada zona de reciente asentamiento.


Pero aunque la doctrina de la vigilancia fuese la base para organizar muchos movimientos "vigilantistas", los vigilantes sabían muy bien que sus acciones eran ilegales, y por eso se sentían obligados a legitimar su violencia inventándose una filosofía del vigilantismo. "Reguladores" de Condados predominantemente republicanos como La Grange y Noble, del Norte de Indiana, prepararon una ley para oficializar el linchamiento, declarada como la Primera Resolución del 9 de enero de 1858:

"Consideramos que Nosotros somos creyentes de la doctrina de la soberanía popular y que el pueblo de este país son los verdaderos soberanos, para cada ocasión en que las leyes aprobadas por aquellos a los que se les ha delegado la autoridad sean encontradas inadecuadas para la protección de su propiedad, esta se realizará bajo su propia mano".

Esta postura fue redactada de forma algo más sustancial en 1902 en una nota encontrada clavada en el cuerpo de un hombre ahorcado por vigilantes en Casper, Wyoming:

"El procedimiento para aplicar la ley es un poco lento.
Así que este es el camino que tendréis que seguir,
asesinos y ladrones, ¡tened cuidado!
ESTE ES EL VEREDICTO DEL PUEBLO"

Los que se oponen al vigilantismo prefieren referirse a la "soberanía popular" como "la ley de la calle", ya que pone de relieve una verdadera falta de fe en los poderes y procesos de la democracia. Esta pérdida de fe en las instituciones sociales y su resultante cinismo ante la corrupción en ocasiones ha sido desencadenada por la innegable forma inadecuada de aplicar la ley.


En el siglo XIX, cuando la tradición de los vigilantes estadounidense se encontraba en plena floración, el sistema judicial no era, por decirlo suavemente, demasiado equilibrado. A menudo los jurados no condenaban a los criminales por culpa del miedo, la simpatía o la mera corrupción. Y la falta de cárceles en aquellos primeros días, o su endeble construcción, hacía que casi resultara imposible evitar que los delincuentes se escapasen.

El sistema también presentaba innumerables oportunidades de ser manipulado por los forajidos que a menudo se amparaban en la ayuda local. Siempre que resultaba posible, los fuera de la ley conseguían falsos testimonios a su favor, jurados a medida, sobornaban a los funcionarios, y en casos extremos intimidaban a todo el sistema. Tales deficiencias en el proceso judicial eran la fuente de innumerables quejas por parte de los pioneros y colonos, quienes argumentaban la idea tantas veces repetida de que la forma americana de administrar justicia en realidad favorecía al acusado en lugar de a la Sociedad. Los culpables, cuando eran acusados, tenían sencillo acceso a todas las grandes lagunas del sistema con las que conseguían librarse de su justo castigo...

Ya que el conservadurismo se encuentra en la raíz del vigilantismo, sería muy sorprendente si no hubiese también una justificación económica a la hora de llevarlo a la práctica, y de hecho así es. Los vigilantes suelen trabajar gratis, se ocupan de sus propios gastos y ahorran los gastos de juicios y cárcel. Con todo, a menudo el linchamiento resulta ser económicamente beneficioso para la comunidad. Poco interesados en los derechos humanos y las libertades civiles -a las que se refieren burlonamente como "sutilezas legales"- los vigilantes y sus partidarios suelen aplaudir si alguien al que perciben como sospechoso socialmente es despachado de forma rápida, barata y, si es necesario, permanente.


Pero los días de la Frontera se han terminado, y con ellos la necesidad de administrar justicia casera. Hoy en día el vigilantismo es esencialmente un rechazo del progresismo y de las políticas que favorecen las resoluciones pacíficas y la reforma a través de las instituciones de gobierno representativas, un deseo de abrazar los estrechos valores conservadores que promueven una sociedad rígidamente estratificada donde la gente sepa cuál es su lugar y donde todo el mundo haga piña contra el miedo al cambio. Por encima de todo, los actos de los vigilantes no revolucionarán la Sociedad, sino que en su lugar detendrán la marcha hacia el desconocido reino del futuro y nos llevarán de vuelta a la conocida seguridad del pasado.

Para aquellos que se sienten alienados por el progreso y que creen que la modernidad les ha despojado de su identidad, el vigilantismo tiene el aliciente de que puede convertir a don nadies en alguien relevante, ofreciéndoles la oportunidad de participar junto con otras personas afines en una misión para salvar los valores que una vez le dieron a su vida la reconfortante sensación de pertenecer a algo y una dirección en la vida. Darle a la gente un sentido de identidad y pertenencia también significa llenar sus vidas de un nuevo significado; a menudo dichos conversos abrazan el movimiento en el que se involucran con un celo que normalmente solo está reservado a la devoción religiosa.

En pos de dicha devoción, los vigilantes tienen pocos, si es que tienen alguno, reparos en utilizar métodos extremos para imponer su voluntad. Por lo tanto, las acciones de los vigilantes a menudo suelen ser tan duras como arbitrarias. Por ese motivo, con frecuencia son socialmente destructivas, ya que el resultado final es, por lo general, desordenado, por lo que casi toda la Sociedad en pleno tampoco estará de acuerdo con las acciones llevadas a cabo por los vigilantes. 

(Continuará)