miércoles, 18 de noviembre de 2015

LO GLORIOSOS QUE FUERON LOS SIMPSONS (parte 3 de 4)


LO GLORIOSOS QUE FUERON LOS SIMPSONS (parte 3), por Robert Fiore para The Comics Journal Special nº 4, 2004. (Parte 1, parte 2.)

SOBRE LA SUPUESTA BLANDURA DE LOS SIMPSONS

Cuando le propuse este artículo a mi editor su comentario fue bastante desalentador. ¿No era el programa demasiado blando como para funcionar como una sátira? ¿Acaso el definitivamente benigno punto de vista de Homer no ejercía de tranquilizante de la audiencia en lugar de desafiar su complacencia? Suponía una buena objeción. Trabajar en televisión supone negociar con el diablo incluso en las mejores circunstancias, e incluso el programa "más afilado" debía ofrecerles a sus espectadores la oportunidad de pensar que sus creencias habían sido reforzadas. Casi todos los episodios corren el riesgo de caer en la sensiblería con el fin de pagar tributo a la sagrada institución familiar. A lo largo de su recorrido el programa ha abusado descaradamente de finales con “cambio de actitud” (uno de los personajes llega a un punto en el que él o ella debe elegir entre hacer el bien o el mal, entonces mira a su/ sus madre-papá-hermano-hermana-perro, que tienen expresión suplicante, y hace lo correcto). La sátira superficial de la energía nuclear, los jefes codiciosos y maliciosos, los políticos corruptos y demás se ve socavada por la exageración (por ejemplo, la planta de energía nuclear está gestionada de forma tan negligente que la crítica del poder nuclear no tiene un verdadero peso.) Así mismo, cualquier celebridad invitada que esté interpretada por la propia celebridad será tratada con paños calientes.

Pero dentro de este suave cascarón encontramos un duro núcleo. Es como la frase de Noel Coward sobre las películas, donde retratar el matrimonio hasta el noveno rollo resulta imposible, aunque será indispensable hacerlo en el décimo. La pregunta es, ¿qué parte del episodio vas a creerte, los primeros 27 minutos o los tres últimos? Los Simpson revisten sus desagradables observaciones de una azucarada capa de despreocupación, que refleja exageradamente nuestra propia despreocupación ante las desigualdades e iniquidades que nos rodean. La tendencia instintiva del público es la de tomarse menos en serio las acciones de los dibujos animados que las de los programas con criaturas de carne y hueso, lo cuál le permite a los Simpsons un notable grado de licencias. (¿Cuántas comedias de situación actuales incluirían al borracho del pueblo entre su elenco con el fin de hacer reir?) La pregunta que pide tácitamente el público es la siguiente: ¿hablamos en serio cuando decimos que no estamos hablando en serio? No se debería confundir a Homer Simpson con personajes como el fanático, pero con corazón de oro, que protagoniza “All In The Family” [Todo en familia]. Aquí se recurre a la virtud sólo en las situaciones más extremas; su respuesta normal ante las situaciones ordinarias es la inmoralidad.


¿EN QUÉ SENTIDO ES BUENO HOMER? O HOMER CONSIDERADO COMO UN VEHÍCULO UTILITARIO DEPORTIVO.

Sin embargo, de vez en cuando algún personaje (generalmente Marge) deja establecido que la personalidad de Homer es la contraria. Para ella Homer es un buen hombre, y el programa parece estar de acuerdo con su punto de vista. Resulta difícil ver qué es lo que quieren decirnos. Como trabajador es perezoso, como vecino es envidioso, como esposo es grosero, como padre es negligente. Siempre está de mal humor, es infantil, auto-indulgente e incluso un ladronzuelo. Se puede decir que no tiene malicia, pero esto supone más la ausencia de un vicio que una virtud. Su única virtud de verdad es la fidelidad conyugal, algo que dice mucho acerca de los límites de lo que puede llegar a hacer, incluso en una comedia "afilada" para televisión (tengamos en cuenta que Al Bundy, de “Married With Children” [Matrimonio Con Hijos] comparte el mismo rasgo.) Si Homer le fuese infiel a su esposa sería un personaje verdaderamente desagradable. (Por otro lado, si Marge engañase a Homer resultaría muy interesante. Difícilmente podríamos culparla, y tener una vida secreta la otorgaría una dimensión inesperada que tendríamos que intentar comprender.)


Homer es el equivalente humano de un vehículo utilitario deportivo. Si quieres verlo de esa forma, el “SUV” supuso todo un triunfo de la desregulación. Debido a que se fabricó con el fin de ser regulado como un camión, se encuentra exento de las habituales regulaciones que se les aplican a los turismos. Por lo tanto, el comprador percibe que está recibiendo algo de mucho valor a cambio de su dinero. De forma perversa, la buena voluntad generada por los coches de pasajeros regulados redunda en beneficio de los “SUV”, y su peso y altura generan una nueva ilusión de seguridad. Sin embargo, al final el mayor problema de seguridad relacionado con el SUV reside en que tiende a ser conducido por personas que (a) no saben cómo conducirlo, y (b) no se dan cuenta de que lo que están conduciendo es un camión. Gracias a su fenomenal éxito se ha convertido en una de las bases de la economía. Del mismo modo, la pereza y negligencia de Homer, que normalmente supondría un enorme inconveniente en cualquier negocio, para el dueño de la descuidada central nuclear de Springfield es toda una bendición. La idea de hacer que Homer sea el inspector de seguridad en esas instalaciones fue uno de los golpes maestros de la serie y, aparentemente, uno que llegó tarde. El personaje no consiguió el cargo hasta el segundo episodio de la serie regular, y puedes notar cómo los creadores se lamentaron por no haberlo pensado antes. (Aparte del de Homer, en la Planta de Springfield hay dos puestos de trabajo más: (1) Llevar papeles de un lado a otro vestido con bata de laboratorio y (2) Perder el tiempo utilizando las barras radiactivas como bate. Originalmente Homer estaba empleado en una bolera.) En el trabajo es tan negligente como ejerciendo de padre, ya que no tiene en cuenta que gracias a su empleo puede solventar una interminable serie de pagos de facturas a tiempo y proporcionar a su familia una vida de clase media hasta que venza la factura final.


LA INEVITABLE LISTA DE MEJORES EPISODIOS

Es el gran cliché de los artículos sobre los Simpsons, lo sé, pero si una revista se compone de artículos, un programa de televisión está hecho de episodios. En cuanto a mi lista, me parece que mis episodios favoritos tienden a provenir de dos épocas diferentes: la época clásica de la tercera y cuarta temporadas, en las que los personajes y su mundo terminaron alcanzando su madurez y todos los involucrados parecían estar encantados mientras se salían con la suya, y el período barroco de la séptima y octava temporadas, cuando empezó a mostrarse la tirantez y los creadores intentaron exprimir la serie con nuevas historias a base de explorar las implicaciones más profundas del mundo que habían creado. Cabe señalar que desde sus comienzos el programa adoptó la práctica de combinar la historia principal de cada episodio con una trama secundaria, y generalmente una de las tramas suele ser más poderosa que la otra. (En un episodio Bart se preguntaba por qué la visión revelada por un sabio indio desvelaba extrañas cosas sobre Homer. "El espíritu debe haber pensado que la visión principal era un poco más floja," responde tímidamente el sabio.) Encontrarse con episodios que mantienen la calidad a lo largo de toda la trama no suele ser muy habitual, y por lo general, cuanto más se refuerce y aparezca el argumento principal en un episodio, éste será mejor.


Casa Árbol del Terror II [Treehouse of Horror II]: Los episodios de Halloween ejemplifican perfectamente el ingenio y sofisticación con los que Los Simpson tratan a la cultura de masas, y esta fue una entrega que en un principio sólo iba a aparecer anualmente (al menos hasta que la apestosa Fox comenzó a programar los episodios después de Halloween.) En el primer segmento, una versión Simpsonizada de "La pata de mono" [relato de W. W. Jacobs, 1902], los tres deseos fracasarán necesariamente y Homer le entregará el talismán a Ned Flanders, anticipando el desastre. Como es natural, Flanders utilizará los deseos correcta y sabiamente. "Ojalá tuviera una pata de mono", se queja al final un malhumorado Homer. El segundo segmento, una parodia del episodio de "Twilight Zone" titulado “It´s a good life” le ofrece a Bart el dominio absoluto sobre la realidad. Algo que hace que Bart demuestre ser una encantadora creación cómica es que mientras que suele hacer cosas que sobrepasan su edad, en el fondo es un niño, algo que en esta ocasión demuestra perfectamente. El tercer y último segmento (con Monty Burns como Dr. Frankenstein y con Homer proporcionándole su defectuoso cerebro) realmente no es gran cosa, pero como los dos primeros han sido altamente estimulantes, eso hace que llegues hasta el final.



El Flambeado de Moe [Flaming´s Moe]: Destaca por su visión de la personalidad venal de Homer. Cuando Moe el camarero convierte un cóctel inventado por Homer en un fenómeno popular, Marge intentará consolar al abatido personaje quitándole hierro a las ganancias que genera su combinado señalando que sus invenciones también están haciendo feliz a mucha gente. La respuesta de Homer: "¡Oh, mírame! ¡Estoy haciendo feliz a la gente, qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del país feliz, de la casa de gominola de la calle de la piruleta!"



Kampamento Krusty [Kamp Krusty]: En su búsqueda de cómplices adultos que refuercen su rebelión, Bart acude al encuentro más desafortunado y de cometido más engorroso que ha tenido nunca con Krusty el payaso, en un producto tan anticuado que sólo podría vendérsele a un niño. En este episodio la disposición de Krusty a poner su nombre en cualquier cosa que tenga un signo de dólar en ella choca con la disposición de Bart a poner su buena fe en todo lo que tenga el nombre de Krusty en ella, y la fe de Bart sólo podrá ser restaurada mediante la peregrinación a Tijuana, el Lourdes de la cultura basura.



Homer, el Hereje [Homer the Heretic]: Hasta ahora he enfatizado los vicios de Homer, pero hay un segundo aspecto del personaje, el de Santo Inocente. Él peca, pero sólo por su ignorancia absoluta de lo que es el bien y el mal. En este episodio, Dios le da la dispensa para que comience su propia religión, que consiste principalmente en holgazanear los domingos. (Extraño, pero cierto. Yo también he empezado a militar en esa misma teología.) Al final Homer le pregunta a Dios si le puede dar respuestas sobre los secretos del universo, y Dios le dice que tendrá que esperar hasta después de su muerte. Cuando Homer responde que no puede esperar tanto tiempo, Dios le dice: "¿No puedes esperarte seis meses?"



Rasca y Pica, La Película [Itchy and Scratchy: The Movie]: Probablemente no hay nada que capture mejor el sinsentido puro de la destrucción infantil que cuando Bart está martilleando unos paquetes de mostaza con la melodía de "jingle bells" sonando, salpicando la alfombra de una pegajosa sustancia amarilla. Cuando le preguntan por qué hace esas cosas, él responde con toda sinceridad: "No lo sé". En el mismo episodio aparece la apoteosis de la despreocupación, unos dibujos-animados-dentro-de-los-dibujos-animados: Rasca y Pica. Se basan en todos los dibujos animados con gato y ratón incluidos en ellos, pero creo que una de sus inspiraciones particulares bien puede ser la serie “Herman and Catnip”, en donde la tiranía del gato sobre los ratones funciona como preludio mínimo de la sinfonía de sadismo que los ratones le aplicarán al gato. Aquí también nos encontramos cara a cara con la siempre fastidiosa pregunta sobre cuál podría ser el destino de Bart. Imaginamos que en el momento en el que Bart se haga mayor se largará de su casa, o eso nos gusta pensar. Contar lo que le ocurre es algo imperdonablemente simplista por parte del guionista de un programa televisivo. En este episodio se postula que finalmente Bart se convertirá en juez de la Corte Suprema porque una vez Homer lo castigó firmemente, lo cual resulta poco satisfactorio a varios niveles, siendo el menos importante lo poco creíble que resulta dicho futuro. En otros vistazos posteriores sobre el futuro de Bart este se convierte en un perdedor y en un derrochador, careciendo incluso de la rudimentaria ética por el trabajo de su padre, algo que resulta mucho más probable, aún siendo demasiado desmoralizador.



Lisa Sobre Hielo [Lisa on Ice]: Creo que uno de los indicativos que funcionan como punto fuerte de la serie es que muchas de sus mejores frases no tienen sentido fuera de su contexto dramático. (Aquí tenemos una que hará sonreír a cualquier fan: [Homer hablandos sobre Lisa.] "No quiero que nadie abuse de ella sólo por el hecho de que sea diferente. No quiero burlas, ni bromas... ¡JA! ¡Mirad, un niño con tetas! ¡[Dadme] una toalla mojada!") Lo más destacado de este episodio son las circunstancias que llevan a gritar a una pacifista para toda la vida lo siguiente: "¡Id a por el hueso! ¡A por el hueso!"



Espectacular Episodio Número 138 [The Simpsons 138th Episode Spectacular]: Improvisar un "nuevo" episodio con trozos de los antiguos es algo que se ha convertido en un elemento básico de las comedias televisivas. Aquellos que las desarrollan para la televisión por cable se han vuelto tan desvergonzados como para hacerlo en cada temporada. Nadie antes de Los Simpson había hecho que uno de estos fraudes se convirtiese en uno de sus episodios más divertidos, y creo que nadie más podrá hacerlo después. El secreto era que tenían un montón de antiguos cortes en los archivos que resultaban novedosos para los espectadores, y que mezclados todos juntos constituyen una marcada parodia de los masturbatorios programas tributo.

(Continuará)