jueves, 5 de noviembre de 2015

LO GLORIOSOS QUE FUERON LOS SIMPSONS (2 de 4)

LO GLORIOSOS QUE FUERON LOS SIMPSONS, por Robert Fiore para The Comics Journal Special nº 4, 2004. (1 de 4). Traducción: Félix Frog2000.

Parte 1.
Parte 2.

Comenzó como un periodicucho hippie casi doctrinario y se convirtió en una crónica de la desintegración de las ilusiones de la contracultura. En virtud de los tiempos que corrían, fue el destinatario del mayor regalo que una revista satírica podría haber recibido jamás: Richard Nixon. Si la contracultura era ante todo un estilo, Nixon fue la auténtica antítesis de ese estilo. Desagradable en persona, banal en pensamiento, de crudas formas y brutales tácticas, era todo lo que se podía desear en un enemigo: si él estaba en tu contra, ¿cómo podrías estar equivocado? Era lo suficientemente ridículo como para burlarte de él constantemente, y lo suficientemente peligroso como para que no te cayese simpático. Elegido para presidir una Reacción de Termidor para la revuelta de los sesenta, en cambio su corrupción personal nos hizo entrar en una Era de Cinismo sin igual en la que cualquier normativa no tenía ningún valor. No es tan casual que el período álgido del National Lampoon se terminase poco después de la humillación de Nixon.

El marco de referencia del National Lampoon era la crueldad. Como he señalado antes, casi todo el humor se suele hacer a expensas de alguien, y según la Sociedad se va refinando, empieza a considerar qué límites deberían permitir a las burlas. En la década de 1960 el humor mainstream se había vuelto tan cursi que estaba completamente fuera de la realidad. El National Lampoon introdujo de nuevo el sufrimiento en el humor. Por supuesto, aunque en cierta forma el humor negro es una manera de enfrentarse a los horrores de la vida, algunas veces supone su negación. En cosas como el "Dr. Strangelove" [¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (Stanley Kubrick, 1964)] casi se puede escuchar la voz de un adolescente particularmente sarcástico: "Oh, sí, como que las dos grandes potencias de la Tierra van a tener la capacidad suficiente de destruir el mundo y están a punto de lanzar el primer aviso. Si, claro, seguuuuro." En cualquier caso, el ingenio mordaz y el ataque a ultranza del Lampoon tocó la fibra, y finalmente llevó a cabo el sueño de Kurtzman de que existiese una revista de humor adulta para el mercado de masas. Tuvo tanto éxito que prácticamente puso fin a las revistas de humor como fuerza social, llevando el estilo de las revistas de humor a la televisión y al cine.
Sin embargo, los ochenta mantuvieron con Spy la tradición de la revista humorística. Si la Era Nixon había sido un falso "Termidor", entonces la Era de Reagan fue el de verdad y Spy fue la respuesta de clase en su contra. En concreto, se trataba del producto surgido de los sentimientos encontrados de la ciudad de Nueva York de aquellos tiempos. Por un lado, los neoyorquinos estaban empezando a ser conscientes de que su ciudad había cruzado los terribles setenta manteniendo su primacía intacta respecto al resto de ciudades estadounidenses, y que, de hecho, nunca había sido seriamente cuestionada. Por otro lado, el completo giro hacia niveles mínimos de la riqueza de la ciudad había sido culpa en gran medida de la reestructuración social realizada durante la Era Reagan, lo que no encajaba demasiado bien con la forma en la que se percibían a sí mismos sus habitantes.

Las clases adineradas hicieron denodados esfuerzos para convertir los años de Reagan en una era de maravillosas idioteces. Pero no les fue demasiado bien. Con el fin de disfrutar de una época de maravillosas tonterías, tuvieron que intentar equilibrar tanto el país que incluso los pobres se convirtieron en alguien relativamente próspero. Esto les hizo dejar de sentirse culpables por la desigualdad y ya no tuvieron que hacer nada al respecto. Lo que finalmente demostró la Era Reagan fue que la economía de todo el mundo no puede prosperar si está confinada a las órdenes de unos pocos. Como en esas bacanales en las que participaba Malcolm Forbes para olvidarse de la muerte que tan tristes nos parecen, no tiene pinta que las estupideces se puedan llegar a transformar en algo maravilloso.
Fue en este fértil terreno de contradicciones donde prosperó Spy. Su marco de referencia era la mala leche. Su gran logro fue encontrar una manera de ejercer el periodismo con los famosos, aunque manteniendo su dignidad. Su burla de las pretensiones de las clases adineradas llevaba consigo el reconocimiento implícito de su posición. El Mad de Kurtzman fue creado por antiguos urbanitas que no querían serlo. National Lampoon fue creado por antiguos insurgentes que alguna vez habían soñado con hacerse cargo de las cosas. Spy fue creado por trepas sociales que adoptaron el estilo de los insurgentes como un medio para abrirse camino.

El mensaje oculto de los temas de Spy era que la gente tan inteligente e ingeniosa como ellos harían mejores amigos que enemigos. Para el editor E. Graydon Carter, Vanity Fair era la meta y Spy era el medio. Aunque no es que supusiera un gran éxito financiero, Spy fue la revista más influyente de su tiempo, y sus ideas han seguido siendo esquilmadas hasta el día de hoy.

Y luego ya no hubo nada. "Bueno, ¿qué pasa con Onion?", podrías exclamar. En realidad no fue hasta que las recopilaciones de bolsillo se convirtieron en bestsellers -alrededor de la época en la que Los Simpson empezaron a golpear la pared creativa por primera vez, algo bastante interesante- cuando The Onion logró la presencia cultural suficiente como para ser una revista de humor de su época. Por aquel entonces había desarrollado una voz única, ampliando el género de la parodia de noticias y convirtiéndolo en una crítica sobre la trivialidad de la cultura contemporánea. Pero su principal problema era que después del titular, el resto era un reportaje, y todo lo que hacía la mayor parte de las veces era repetir la premisa del titular y profundizar en ella. Aún así, ahora mismo golpea la nota correcta mucho más a menudo que cualquier otra cosa existente. Su reacción ante los ataques terroristas del 9/11 ("¡JODIDA MIERDA SAGRADA!") daba mucho más en el clavo que cualquier otra publicación. El hecho de que Mad evite por completo la publicidad y The Onion sea totalmente dependiente de la misma nos ofrece una medida de cómo y hasta dónde han cambiado los tiempos.

Y ahora volvamos a nuestro artículo programado y en pleno proceso sobre los Simpsons.
¿Quiénes Son Los Simpsons? ¿Qué Son?

Obviamente un programa de televisión no es una revista de humor, pero Los Simpsons tiene todas las características que más destacan de las revistas de humor. Los crearon principalmente un pequeño grupo de gente que los entiende con una cierta sensibilidad. Como disponían de una inclinación satírica y un montón de minutos que rellenar, sus preocupaciones necesariamente fueron creciendo, ofreciendo una panorámica completa de su época. Y por último, han generado un marco de narraciones de referencia mediante las que poder visualizar su época, lo que podríamos resumir con la expresión de "punk suave". Mientras que la contracultura declaraba que la sociedad era corrupta e injusta y exigía que las riendas del poder se entregasen a alguien más digno, a alguien como por ejemplo ellos mismos, el punk declara que la sociedad es corrupta e injusta y exige que se reforme ella misma, y que lo haga rápidamente. La principal diferencia entre los dos puntos de vista es que mientras que parece cierto que la primera tiene una receta para curar los males de la sociedad, el último ya ha aceptado que no la tiene. Ese aspecto, junto con un proceso de reblandecimiento con la intención de convertirse en algo más aceptable para la televisión, le ha aportado al programa una especie de rasgo de humildad. Mientras que las revistas de humor antes citadas acarreaban la presunción de que el mundo sería un lugar mucho mejor si la gente sensata como ellos lo estuviesen gobernando, Los Simpsons presentan su propia visión del mundo con desapego mordaz.

Al principio en Los Simpsons se podía observar un considerable parecido con la comedia de situación de actores de carne y hueso de la época "Matrimonio con hijos" (1987-1997). Como en ella, Los Simpsons fueron una respuesta a la nuevas comedias familiares tradicionalistas y saludables ejemplificadas por El Show de Cosby -1984-1992- (y ambas sobrevivieron durante muchos años a lo que habían empezado satirizando.) Las dos eran inteligentes y auto-conscientes, y sus personajes presentaban de forma lúcida sus miserias personales como un reproche hacia el mundo estéril y azucarado en torno suyo. Quizá los guionistas de los Simpsons se dieron cuenta de que un "Matrimonio con hijos" animado y sin sexo suponía una desventaja significativa, o que un programa semanal necesitaba una visión más humanizada, porque para la segunda temporada habían dejado de fijarse en sus personajes desde las alturas y empezaron a presentar las historias desde el punto de vista de los propios personajes. Desde ese punto de vista, el programa empezó a abordar casi todos los aspectos de la sociedad contemporánea que merecía la pena abordar.
Pero lo que se supone que no representan Los Simpsons es a la típica familia americana. En su lugar, representan a la familia televisiva que vive en una ciudad llamada Springfield, donde tantas familias de comedias de televisión han vivido antes, por lo que la temática general de Los Simpsons es la cultura que ha creado la televisión. El problema de la televisión no es principalmente por su contenido, que por lo general no es más estúpido que el del cine, y que en términos de calidad es mejor de lo que nunca ha sido (Los Simpsons son un buen ejemplo de ello). El problema es que por culpa de su cómodo formato y de que requiera un esfuerzo mínimo por parte del espectador, es capaz de causar su atrofia más rápido que otras formas culturales más difíciles y costosas. Además, hizo que una sociedad que ya estaba demasiado obsesionada con la compra-venta, comprase y vendiese, comprase y vendiese, sin parar, consiguiendo que la compra-venta formase parte de cualquier momento de la existencia. Erosionó su capacidad de atención, abarató el discurso público y pisoteó cada vez más el nivel intelectual de la sociedad. Que esta crítica se haga desde la perspectiva de un programa de televisión es un ejemplo perfecto del dilema con el que se encontraron sus creadores. Ellos se identificaban con la gente común, pero formaban parte de una aristocracia del talento que en términos de privilegios los pone más cerca de Montgomery Burns que de Homer Simpson. Tenían dudas sobre las consecuencias que la televisión puede acarrear a una sociedad de la que a su vez se encontraban aislados. Por lo que parece, la gente común no comparte esas dudas, y de hecho, si les enfatizaras que hay algo equivocado en su forma de vida, lo normal sería que se cabreasen. Por lo tanto, el mensaje que envía el programa a su público siempre debe ser implícito, y ese es el de que la vida podría fácilmente mejorar si tan sólo quisieran hacerlo.
Ante todo, Los Simpsons son, tanto de forma individual como colectivamente, unos simplones. Simplones del todo. En una economía donde los sabiondos claman que los tontos son poco menos que plancton, el elemento más bajo de la cadena alimentaria solo es apto para ser masticado por cualquier organismo con boca y garganta. Homer, el padre, se ha convertido en una gran creación de cómic dominical, un compendio viviente de todos los pecados capitales, con doble ración de gula sustituyendo a la lujuria. Su apetito lo es todo y saliva ante cualquier estímulo. Su mente es una gran pelota de chicle que se queda pegada en cualquier falsa promesa, pensamiento delirante e impulso auto-indulgente que sea capaz de abrirse camino a lo largo de sus ojos y oídos. Como madre, Marge interpreta el desagradecido papel de Starbuck de Homer / Acab, la voz de la razón y la prudencia cuando tanto el programa como su familia no tienen interés alguno en razonamientos. Los hijos mayores, Bart y Lisa, representan el punto de vista de los guionistas. Bart es un espíritu libre en mitad de un mundo lleno de grilletes. Los espacios entre los eslabones son lo suficientemente amplios como para deslizarse hasta el exterior y volver al interior a su antojo, pero a medida que se hace más grande y el mundo se hace más pequeño, esos espacios empiezan a constreñirlo. Él lo sabe y se rebela en su contra, pero los aliados que se imagina tener no son más que agentes provocadores y sirven al enemigo. Lisa representa el intelecto, y tiene una verdadera comprensión del mundo a su alrededor, pero se sigue sintiendo atraída por cualquier chuminada y golosina con la que adornarse y brillar, una forma de escapar de la miseria. Maggie sólo es un bebé.

(Continuará)

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