jueves, 30 de junio de 2016

LOS SECRETOS DEL CULTO AL DESNUDO: ALAN MOORE RESPONDE A THE BEAT (PARTE 3 DE 8)

Entrevista en The Beat, 2016. Por Ann M. Kletcha. Traducida por Frog2000. Parte 1, parte 2.

Pregunta #4: A veces has comentado algunos ejemplos de lo que no se debe hacer cuando se va a escribir ficción lovecraftiana, pero ¿existe algún ejemplo que creas apropiado y que de alguna manera te haya servido como inspiración?

Alan Moore: Bueno, supongo que se pueden comentar varios ejemplos de cómo alguien podría acercarse a Lovecraft de una forma apropiada, al menos en mi opinión. Es decir, me refiero a esos autores que han recogido algún elemento de la perspectiva o las ideas de Lovecraft como punto de partida y lo han hecho progresar elaborando material artístico más personal en lugar de elucubrar un simulacro polvoriento que ellos se piensan que Lovecraft podría haber escrito (un problema bastante particular de la gran cantidad de versiones karaoke de Lovecraft que en realidad le deben su enfoque básico a August Derleth, un escritor mucho mejor que lo que su trabajo derivado de Lovecraft podría sugerir.) Entre las personas que han recogido el brillante trapezoedro de Lovecraft y lo han hecho evolucionar deberíamos incluir al genial Ramsey Campbell, que empezó con un estilo cercano al de Lovecraft, y aunque ha vuelto a él de vez en cuando, también ha madurado hasta convertirse en una voz británica única, por lo que probablemente podría ser considerado más como un sucesor del sublime Robert Aickman que el discípulo de Lovecraft que sugiere su temprana inspiración. Otro contribuyente a la ficción de Lovecraft muy interesante y mucho más oscuro es el fascinante Fred Chappell, el autor de la extraordinaria novela Dagon de finales de 1960 (en breve podremos ver una recopilación de su extraña obra, lo que espero que facilite el reconocimiento de su estilo artístico.) Tal vez el más importante de todos estos autores post-Lovecraftianos sea el sorprendente Thomas Ligotti: en lugar de progresar a partir de las nociones de dioses y entidades extraterrestres de Lovecraft, Ligotti ha recogido la filosofía personal de Lovecraft, esa especie de pesimismo de alcance cosmológico, como punto de partida y se ha aprestado a crear un mundo de acontecimientos a menudo insondables, pero siempre inquietantes, que recuerdan al aroma de esos sueños que paralizan el alma de forma absoluta cuando te despiertas entre las sábanas húmedas sabiendo que volver a contar lo que te ha ocurrido en el sueño no va a ser capaz de transmitir el terror de la terrible y persistente experiencia propia recién vivida.

Mientras que todos los escritores anteriores han servido de inspiración y punto de referencia a cualquier aspirante a escribir material Lovecraftiano, imitar sus estilos de escritura supondría un error tan grande como intentar imitar el estilo del propio Lovecraft, porque es tremendamente individual y específico dependiendo de quién lo haya leído. Me gustaría sugerir que Lovecraft sigue siendo el mejor ejemplo de 'Lovecraft sabe hacerlo perfectamente', pero creo que a lo que hay que prestar atención no es a la reproducción de las tendencias añejas del estilo de Lovecraft o sucumbir al deseo de sumar algunas exhibiciones tentaculares más a la colección de animales salvajes en rápida expansión que aparece en los 'Mitos de Cthulhu ', una creación de Derleth a la cuál Lovecraft siempre pareció tratar con ambivalencia. No deberíamos limitarnos a reproducir las cascadas adjetivadas de Lovecraft si no se entiende que las estaba utilizando como deliberada técnica alienante, o algunas otras técnicas como la combinación de Cthulhu en tres formas que facilitan que no acabemos de hacernos una idea de cómo es la entidad, o que El Color que Cayó del Cielo solo sea un color "por analogía", o que la descripción de la licuefacción del cuerpo  de Wilbur Whateley pueda tener tantas texturas y capas que no nos resultará posible poder armarnos un cuadro coherente, porque precisamente esa era la intención de Lovecraft.

Siguiendo el consejo que HPL daba para interpretar su narrativa, colocar los eventos de sus relatos por primera vez en su verdadero orden cronológico y luego según el orden de su presentación al lector, tampoco me parece una mala idea. Como he mencionado en alguna parte, asumir algunas de las estructuras más idiosincrásicas de Lovecraft, como su insistencia en que cosas como las fases de la luna coincidan con las de las fechas descritas, por lo que siempre se podrá saber el motivo por el que se están utilizando, siempre y cuando las estés usando con tu propio estilo, podría resultar beneficioso para el relato. El cuarto número de Providence da comienzo con un recurso del que estoy bastante orgulloso y que se me ocurrió cuando empecé a pensar en el problema central y único que se presenta cuando intentas recrear visualmente las ideas de Lovecraft en películas y cómics, es decir, ¿cómo (y por qué debería ser tan importante) llevar a cabo una representación física de un monstruo que Lovecraft ha descrito a lo largo de varios ingeniosos párrafos intentando evitar que el lector se lo imagine por completo? Como he dicho, siempre es bueno aprender de los pocos autores que han logrado utilizar la obra de Lovecraft como una especie de catalizador de su propia visión, siempre y cuando se pueda lograr algo parecido sin caer en la tentación de imitar su estilo esencial. Lo mejor de todo puede ser volver a la fuente, al propio Lovecraft, pero leyéndolo esta vez con otros ojos, preferiblemente con ojos que casi se hayan quedado ciegos por culpa de la ingestión compulsiva de los modernos estudios sobre Lovecraft. Cuando se haya podido determinar qué significa la obra de Lovecraft, y cuáles son sus aspectos únicos, entonces sugiero que se continúe a partir de ese punto para ver hacia dónde nos lleva.

(Continuará)