viernes, 10 de junio de 2016

LOST IN TRANSLATION: "¡HEY, CHICOS! ¡GEKIGA!" PARTE 7 DE 8, por Bill Randall.

Artículo aparecido en The Comics Journal nº 244 y 245 (2002). Traducido por Frog2000. Parte 1parte 2parte 3parte 4parte 5, parte 6.

Para el protagonista principal de "Screw-Style", la integración en una sociedad materialista parece ser una situación tan desapacible como complicada. El frenético pedaleo en bicicleta de Yoshibo le lleva hasta las afueras de las ciudad, justo hasta una casa cerrada y desierta que se encuentra en los límites del bosque. En otras historias el protagonista tiene que abandonar a su familia en mitad de la noche y ponerse a caminar bajo la lluvia o enfrentarse con la cruda realidad que supone sobrellevar una existencia del montón, la suya propia. La importancia de la individualidad y de la elección personal van permeando todas las historias, y el propio Tsuge no se arredra al afrontar todas estas cuestiones. Con todo, su forma de encararlas tampoco es cercana al profundo humanismo moral de Osamu Tezuka. En Tsuge casi se respira una sensación de desapego budista, o incluso de resignación. 

Un ejemplo de esta ambigüedad moral se puede ver en una discreta historia en plan "slice of life" [retazo de vida] que podría compararse con cualquiera de la obra de Tatsumi. En "Chiiko", Tsuge sobrepasa la obvia alegoría propuesta por Tatsumi en "The Pimp" [El Macarra] e idea un retrato convincentemente profundo, psicológicamente complejo de sus protagonistas. El argumento trata sobre un artista de cómic y su joven esposa, que quiere comprar un gorrión como mascota que se encuentra a la venta en una tienda de la estación de la tren. Ella le convence de que la deje comprarlo a pesar de que cuesta 600 yenes. El gorrión se convertirá en un emblema de su relación, tan cariñosa como repleta de desconfianza. Cuando el artista mata al pájaro de forma accidental, lo entierra en el jardín. Sin embargo, ella coge un dibujo que él había hecho del ave y lo mete dentro de la jaula. Cuando él lo ve le asaltará la visión del animal recién muerto. Al final el viento terminará levantándolo en volandas y el matrimonio verá cómo el dibujo se empieza a alejar de ellos. 

A pesar de que los paralelismos con Tatsumi se pueden observar claramente, "Chiiko" despliega un persistente poderío ante el lector. Las interacciones de la pareja acarrean todas las ambigüedades que pueden presentarse en la vida real, y los esbozos del dibujante protagonista están enlazados con sus decisiones morales. Al final Tsuge no juzga al artista, sino que en su lugar nos muestra que simplemente él es así, tan sencillo como la pérdida de confianza que padece su esposa. Nos podríamos imaginar el punzante dilema ético que habría tenido lugar en la obra de Tezuka. La propia dignidad del ser humano habría sido puesta en tela de juicio. Sin embargo, Tsuge se centra en los pequeños engaños que vamos acumulando durante el transcurso de los años. 

La última historia de la recopilación es una de mis favoritas. Sencilla y cotidiana, "On Being an Unknown Writer" [En cuanto a ser un escritor desconocido] nos habla acerca de la reunión del escritor del título con algunos de sus antiguos colegas. Mientras empiezan a evocar tiempos pasados, recuerdan las dificultades que tuvo Okuda como artista de manga durante el ocaso de las librerías de alquiler, el mismo mercado que vio florecer a los más importantes autores de gekiga. Desde que The Way of Manga del dúo Fukio Fukijo las puso en relieve, las historias centradas en la situación de jóvenes mangakas se pueden clasificar como un subgénero propiamente dicho, pero lo que convierte a la historia de Tsuge en algo único es porque se centra en los esfuerzos de los jóvenes autores por interpretar la desconexión existente entre jikohyogen y seikatsu, intentar expresarse uno mismo y ganarse la vida. Y ganarse el pan resulta muy difícil: Okuda, el purista asceta, vive en un agujero asqueroso. Hay un momento en la historia en el que Tsuge lo dibuja como si fuese un gusano, una reminiscencia de la obra de Franz Kafka. La historia termina en el hermético y vaporoso espacio de un baño japonés lleno de viejos recuerdos, un mundo completamente alejado de las reflexiones y peleas de los artistas por alcanzar lo estético. Al centrarse en la vida tal y como se vive más allá de las abstracciones del "Arte", Tsuge evita cualquier cliché y crea una historia que se desvela única en su género. 

El motivo principal de que la historia funcione tan bien se debe a las múltiples y sútiles perspectivas que Tsuge ofrece ante la habitual pregunta sobre la integridad artística. Las fuertes creencias de Okuda se encuentran filtradas por los ojos de sus colegas, y sus diversas perspectivas son mucho más prácticas (o mercenarias, dependiendo de a quién se lo preguntes), que la suya. Su posicionamiento radical de el-arte-por-encima-de-todo va ilustrándose a lo largo de las diferentes etapas de su vida: al principio trabaja bajo contrato y acaba famélico. Más tarde se sucederá un período en el que apenas sobrevive como camarero, aunque seguirá manteniendo sus principios. E incluso los seguirá manteniendo más tarde, cuando tenga una tensa relación con su hijo. En el presente de la historia Okuda aparece con su hijo y queda claro todo lo que lo quiere cuando el chico se extravía. La sencilla viñeta en la que le vemos abrazando fuertemente a su hijo Shinichi en cuanto da con él, ilustra perfectamente los cambios que se han producido en este hombre, aunque sea capaz de admitir que hace tres años estuvo pensando en abandonar a su esposa. Luego aplasta una mosca que está revoloteando frente a la cara de su hijo y se pone a recordar cálidamente los paseos en bote de los que su retoño y él disfrutaban de vez en cuando.
Al examinar una etapa tan extensa de la vida del artista, Tsuge socava el ideal romántico básico relacionado con la iluminación espiritual: el artista como profeta de los jóvenes autores que tenían planeado morir con la tinta encharcando sus venas. Uno de los motivos por el que estos individuos nunca llegaron a aceptar ningún compromiso, al menos históricamente, es el de que los más relevantes de ellos fallecieron antes incluso de que su vida llegase a alcanzar el mismo punto al que ha llegado el protagonista de Tsuge. Shelley y Keats fallecieron por la tuberculosis, Vang Gogh se suicidó y Rimbaud murió en Africa. Demonios, incluso Shelley le informó a Keats que la tuberculosis potenciaba sus más profundos sentimientos poéticos. El crítico de literatura Kokin Karatani deconstruyó todas las tensiones relacionadas con el tema que se habían producido en Japón en su libro Orígenes de la literatura moderna japonesa. Siguiendo la pista a partir de Susan Sontag, escribió sobre cómo la imaginería propia del Romanticismo del artista adicto a las enfermedades se había puesto de moda en Japón no porque hubiese muchos inválidos en el país, sino porque los escritores tenían fetichizada la literatura occidental. Pienso en cuán arraigada puede estar la misma noción en nuestra cultura cuando solemos encogernos un poco en cuanto descubrimos que nuestro escritor preferido ha crecido en un hogar pudiente. Nos encanta que nuestros artistas sufran y lo pasen mal. En gran parte, sentimos como si lo estuviesen haciendo por nosotros.

Quizá gracias a que la noción del artista sufriente está un poco menos arraigada en su cultura, Tsuge es capaz de superarla y ver más allá. Aunque también haya sufrido para hacer su obra, el autor sabe que presentar tal cual dicho sufrimiento en su trabajo haría que este apestase. En su historia muestra todo lo mugrienta que puede ser el tipo de vida que lleva Okuda, para que luego lo sopesemos al enseñarnos a un Okuda más mayor, feliz y equilibrado. Lo más bello es el momento en el que abraza a su hijo, no porque Tsuge busque el momento en sí, sino porque tan solo es otro más. Visto a través de los ojos del narrador es profundo y capaz de llegarle al lector, aunque también le resulte algo incómodo. Después de todo, Okuda es un hombre serio, y todavía tiene que limar algunas asperezas en la relación que mantiene con su hijo. Como artista, el territorio de Tsuge se extiende desde los traumas sufridos por el individuo alienado hasta la confusión sexual, pasando por los huecos dispersos provocados por la reconversión industrial de la sociedad. A pesar de todas esas preocupaciones que impregnan la obra de Tsuge, el autor nunca desecha la esperanza, incluso aunque esta sólo aparezca cuando debamos afrontar el más absoluto aislamiento. Al hacerlo, participa de parte del ilimitado optimismo de Osamu Tezuka. Tsuge es uno de los artistas más importantes e influyentes de Japón y merece que todas sus obras sean traducidas a nuestro idioma.

(Continuará)