miércoles, 15 de junio de 2016

LOST IN TRANSLATION: "¡HEY, CHICOS! ¡GEKIGA!" PARTE 8 DE 8, por Bill Randall.

Artículo aparecido en The Comics Journal nº 244 y 245 (2002). Traducido por Frog2000. Parte 1parte 2parte 3parte 4parte 5parte 6, parte 7.

Imiri Sakabashira, creador de MA MA FU FU

En "Genius of Dreams", su ensayo sobre Imiri Sakabashira, Shinbo Minami escribía que era bastante normal que el creador de Ma Ma Fu Fu no fuese capaz de recordar lo que había soñado. Pero sin embargo, la primera vez que se leyó "Screw-Style" el autor supo de inmediato que ese bien podía ser uno de sus propios sueños. Puede que parezca inapropiado empezar hablando sobre Sakabashira haciendo referencia a otro artista, pero en realidad es una introducción completamente apropiada. Imiri Sakabashira ha seguido fielmente los pasos de Tsuge a lo largo de su carrera y es uno de los más consistentes y exquisitos autores de una generación de artistas que no le hace ascos a las indagaciones surrealistas, de la misma forma que toda una generación de autores fueron capaces de apropiarse de las auto-exploraciones de Robert Crumb como licencia para hacer, bueno... todo tipo de basura perversa. 

Al igual que ocurre en "Screw-Style", la obra de Sakabashira parece estar extraída directamente de sus sueños. Pero a diferencia del variado corpus artístico de Tsuge, Sakabashira evita la temática autobiográfica en favor de las fantasías surrealistas. Sus historias se centran en una criatura gatuna que recuerda a un niño al que le encanta explorar. Aunque resulta bastante extraño, sin embargo este personaje palidece si lo comparamos con el entorno por el que suele moverse. La mayoría del tono y contenidos propuestos por Sakabashira se consiguen de forma visual, a través de los fondos brillantemente ejecutados que dibuja de forma minuciosa.

Inevitablemente, estos paisajes urbanos apestan a concurrida decadencia. Además, suele tomar algunos de los elementos de la obra de Tsuge de forma original, que a su vez eran derivaciones de la visión de las ciudades que tenía Tatsumi, y lo expande mucho más. El resultado ofrece unas páginas cubiertas de blancos y negros, un entintado de apariencia mugrienta que parece el petróleo que está contaminando estos barrios pobres. 

Aunque la distribución de las páginas de Sakabashira se asemeje un poco a la de Archer Prewitt o a la de Kaz, el autor ha conseguido encontrar su propia voz, una con la que se encuentra a sus anchas. Una de sus recopilaciones en particular puede ser la que mejor sirva para presentar su obra. No solo porque Ma Ma Fu Fu contenga la historia en inglés titulada "Horse Horse Tiger Tiger", traducida para el Sake Jock de Fantagraphics, sino que además en ella también se pueden encontrar algunas otras historias para las que no hace falta conocer el idioma japonés. La principal es "Doorakumono no Umi" ("Playboy´s Sea"), de 58 páginas de extensión y la que mejor representa las temáticas y técnicas de Sakabashira. Al igual que ocurre con las calles de Tokyo, las imágenes del autor pueden ser confusas cuando se observan todas de un vistazo. Sin embargo, cuando se revisan una por una presentan una remarcada individualidad, debido a que cada viñeta de la historia contiene una gran riqueza de detalles. En "Playboy´s Sea" vemos al niño gato y a su colega motorista atravesando las tripas de la ciudad durante 38 claustrofóbicas páginas, un viaje normalmente descrito a lo largo de grandes viñetas que ocupan media página cada una de ellas y que están repletas de minuciosas particularidades. Es un catálogo tremendo donde se pueden encontrar tiendas de linternas, casinos, bares de karaoke o maquinaria mugrienta, por no hablar de innumerables puestos y comercios. La recompensa para el lector aparece a través de dos dobles páginas adyacentes. En la primera se puede ver un plano longitudinal de toda la ciudad, con todo un coro de azoteas y paredes fangosas que obliga al lector a darle la vuelta al tomo. La siguiente, la carrera de motocicletas por encima del Océano a través de la nada es un plano medio. Después de 38 claustrofóbicas páginas, este espacio abierto supone todo un alivio. Sin embargo, el final tan solo es capaz de confundirnos. Cuando desmontan de la moto y liberan a "Papá" de su prisión, le dicen: "Aquí está el Mar Playboy. Vete con tus amigos, Papá." Por supuesto, "Papá" es medio hombre, medio cangrejo. ¿¡Cómo!?
A Sakabashira le fascina la biología deformada. Su recopilación empieza con una serie de dibujos a color de criaturas gigantes que han mutado desde sus formas originales de rana, crustáceo y salamandra. La secuencia recuerda un poco al típico género kaiju de cine y televisión, el hogar de los actores vestidos con trajes de goma de Godzilla y Baltan. Pero ni es un homenaje ni tampoco una reflexión irónica posmoderna. En su lugar lo que hace es subrayar la idea que tiene Sakabashira del cuerpo como fuente de conflicto. Curiosamente, el kaiju es una de las piedras de toque de un montón de artistas japoneses de avant-garde, de igual forma que los super-héroes pueden dar pie a la ironía camp, significar códigos homosexuales o una abrumadora nostalgia por la infancia y la añoranza de la figura paterna, pero para el mangaka underground, el kaiju puede significar cualquier cosa, desde el absurdo nihilista bombardeado continuamente desde los medios y recogido por Hironori Kikuchi, hasta el terror y la perturbación del mundo de Sakabashira. El autor pone de relieve la forma en que las formas de vida más pequeñas parecen mutar y cambiar en presencia de polucionantes como los químicos y la radiactividad. 

Este mareante enfoque se extiende hasta el cuerpo humano: como ocurre con Tsuge, Sakabashira se apresta incluso a deformar la carne. En su historia "Koorei", los trabajadores deambulan por las calles de la ciudad llevando futones por encima de sus cabezas para poder protegerse de la lluvia. Dicha lluvia hincha a un fantasma hasta convertirlo en algo gigantesco, y a continuación ocurre algo más raro aún, algunas criaturas mutadas empiezan a emanar de su cuerpo y a atacar a los currantes. La conexión más obvia que puede hacerse es con las criaturas atómicas. Aunque el eco de la guerra persiste en las historias de Sakabashira, no lo hace por los imperativos morales propios de la obra de Tsuge. En lugar de intentar conectar con el mundo de alguna forma, Sakabashira parece estar más interesado en crear uno alternativo, o por lo menos caricaturizar los absurdos que observa en el que está viviendo. Uno de sus temas principales parece ser el consumo: sus ciudades están repletas de basura disponible a la venta, y en su historia "America" aparecen montones de equívocos sobre los precios en los productos, mientras un personaje le pide a otro: "por favor, colabora con nosotros para llevar a cabo el exterminio de América". Sin embargo, algunas otras críticas parecen ser mucho más sutiles. 

De hecho, el mundo de Sakabashira se resiste a ser interpretado de una forma específica, como si tan solo se conformase con existir. Por ejemplo, en la historia "Uni" ("Sea Urchin") vemos a la cosa-gato caminando por un área rural que se encuentra en el interior de la ciudad y de repente el personaje ve a un hombre saliendo de un banco de sangre con una bolsa llena de sangre. El largarto-mascota de una mujer salta hacia la bolsa y empieza a lamer la sangre que se derrama de ella. La mujer lo agarra, se corta su propio brazo con su collar lleno de pinchos y lo alimenta con su propia sangre. Cuando la cosa-gato intenta dar un salto hasta donde está el lagarto, una niña lo agarra en el aire y lo arrastra consigo hasta una playa polucionada y de aspecto triste. A continuación pide yaioba (fideos fritos) en un puesto cercano, mientras empieza a ahuecar y masajear a la cosa gato para que esta se duerma, el propietario del negocio, un yakuza, saluda a sus trabajadores con un saludo ritual. Ellos están conduciendo un bulldozer por la orilla del mar mientras pescan peces con la pala. Una ballena asesina que ha sido atrapada es demasiado poderosa como para seguir enjaulada y los golpea con fuerza contra la orilla antes de que puedan volver a dominarla y encerrarla. Mientras su jefe les entrega algo de gelatina, el gato se fija en un dibujo de un demonio del agua que aparece lentamente en los pezones de los trabajadores. Fin. 

Puede que parezca incomprensible, porque en realidad lo es. Sin embargo, Sakabashira le echa una mano al lector utilizando fundamentalmente formas narrativas bien engarzadas que pueden sonarle a todo el mundo, como la de la excusa de la búsqueda. Al hacerlo permite que nos enganchemos a sus historias sin repelernos, al estilo de Jean-Luc Godard, que se aseguraba nuestra atención con ensayos cinématicos presentados bajo la guisa de películas de gángsteres. Incluso aunque las recompensas al lector de Ma Ma Fu Fu le dejen a uno rascándose la cabeza, al menos el viaje resultará lo suficientemente familiar como para continuar a bordo. Además, Sakabashira convierte a sus historias en un fino estudio que podemos identificar con las técnicas que Scott McCloud ha hecho famosas en sus libros. Si McCloud describe el "efecto enmascarador" como la forma de "dejar que el lector circule con seguridad por un mundo sensualmente estimulante", entonces las historias de Sakabashira ejemplifican perfectamente dicha teoría. La mayoría de ellas consisten en largos viajes a lo largo de callejones secundarios de un mundo polucionado y abarrotado de gente. Estos viajes no sirven para explicar la narrativa de por sí, pero en realidad la narrativa no es la preocupación principal de Sakabashira. Por eso sus cómics se pueden comparar con Little Nemo in Slumberland de Winsor McCay. Ambos tienen protagonistas sin apenas caracterización de algún tipo. Los dos se encuentran en mitad de una búsqueda de sí mismos, ya que tampoco hay nada que en realidad tengan que encontrar. En su lugar, como niños sin formar que son aún, han empezado a descubrir el mundo, así que el énfasis de la historia bascula entre los personajes y el entorno que los rodea. Por lo tanto, la dependencia de esta búsqueda de Sakabashira, así como el increíble dibujo de McCay, se encuentran al servicio de una no-historia. Es como si los dos autores dijeran: "Atención, mira esto". Y mientras que McCay nos pregunta: "¿No es precioso?", Sakabashira dice en su lugar: "Esto es raro." 

Pero su rareza se encuentra completamente apegada al momento cultural único experimentado por Sakabashira y sus colegas del gekiga. Su estilo ha hecho aflorar algunos de los cómics japoneses más interesantes, trabajos completamente diferentes al tradicional manga de amplios ojos tan popular en Occidente (y también en Oriente. Y en Bélgica.) En lugar de romance y apocalipsis, el gekiga se centra en las pequeñas tragedias humanas. Al hacerlo se ha ganado un lugar único en la historia del manga. Los serios intentos artísticos de Tatsumi han presagiado movimientos similares en Occidente, y los artistas del estilo son merecedores de la mayor de las consideraciones, así como de la traducción de muchas de sus obras.