jueves, 28 de julio de 2016

LOS SECRETOS DEL CULTO AL DESNUDO: ALAN MOORE RESPONDE A THE BEAT (PARTE 5 DE 8)

Entrevista en The Beat, 2016. Por Ann M. Kletcha. Traducida por Frog2000. Parte 1parte 2parte 3, parte 4.

Pregunta # 6: ¿Qué opinas de 1984? ¿Y cuáles son tus novelas de ciencia ficción favoritas?

Alan Moore: Bueno, 1984, el año, fue el año en el cuál inicié WATCHMEN y me introduje en mi propia pesadilla totalitaria que, por supuesto, terminó con mi cabeza metida dentro de una jaula acompañada por una rata hambrienta, o alguna otra metáfora apropiada a cuenta de la película y las precuelas. 1984, el libro, me parece por tanto una propuesta mucho más alegre, y siempre he sido un gran admirador del mismo desde que pude leerlo por primera vez con quince o dieciséis años. Durante un tiempo pensé que la sugerencia de [George] Orwell de que seríamos golpeados brutalmente con un palo hasta someternos me parecía menos probable que la propuesta que hacía [Aldous] Huxley en Un Mundo Feliz, donde nos dirigiríamos voluntariamente como esclavos hacia la zanahoria de las drogas, los juegos y el entretenimiento. Por supuesto, se acaban de celebrar las elecciones de mayo [de 2015] y he podido darme cuenta de que no hay ninguna razón por la que cualquier administración no pueda utilizar ambas propuestas al mismo tiempo y golpearnos con una zanahoria gigante, probablemente con clavos incrustados en ella y todo. Así que... George, Aldous, no hay necesidad de pelearse: los dos teníais razón. No, me parecía un libro maravilloso, y resultó muy útil para rellenar de forma interesante parte de la historia posterior a la Segunda Guerra Mundial que aparecía en el mundo paralelo de Black Dossier. Incluso hemos podido explorar las consecuencias sugeridas por Orwell: Airstrip One está claramente dominado por los Estados Unidos y utiliza el dólar como moneda, pero claramente es un estado comunista.... después de la guerra, los propios EE.UU. se han convertido en un país comunista. Jess Nevins desentierra algunas historias de ciencia ficción soviética donde aparecía un relato melancólico y utópico en el que un comunista con el entrañable nombre de Mike Thingmaker se convierte en presidente de los Estados Unidos, algo a lo que también nos hemos referido en La Liga de los Hombres Extraordinarios: 1969 por medio de un "mash-up" con El Presidente (Wild In The Streets, 1968) de Robert Thom.

En cuanto a tu pregunta sobre mi novela de ciencia ficción favorita, creo que en alguna otra parte he comentado que tengo verdaderas dificultades para pensar en las cosas en términos de favoritos, y que cualquier libro sobre el que esté tratando refiriéndome a él con esa condición probablemente habrá sido depuesto después de pensar cinco minutos más. Si se me permite, probablemente puede ser más útil ofrecer una lista de varios libros que me gustan mucho, y hacer todo lo posible por nombrar sólo los libros o autores que he descuidado la última vez que recopilé una lista del mismo tipo, que fue alrededor de un par de semanas atrás.

En septiembre de 2015, en una entrevista en línea para Goodreads, a Moore le preguntaron: "¿cuál es tu novela favorita de ciencia ficción de siempre?" Y él respondió:

"Tiendo a no pensar en términos de "favoritos", ya que haría que mis por otra parte estupendos gustos se recrearan en una especie de competición. Una (muy) breve lista de recomendaciones que podría ir cambiando, y sin ningún orden en particular, estaría compuesta por el cuarteto de novelas del Cornelius de Mike Moorcock, "Cántico por Leibowitz" de Walter Miller, "The Muller-Fokker Effect" de Jon Sladek, "Invernáculo" de Brian Aldiss (una de las primeras novelas de ciencia ficción que pude leer), "Las estrellas, mi destino", de Bester, "The Machine in Shaft Ten" de Mike Harrison, "Compañía de Sueños Ilimitada" de Ballard, "Masque of a Savage Mandarin" de Phillip Bedford Robinson, "Dhalgren" de Samuel Delaney, los relatos cortos de Ellison, las antologías de Judith Merrill, "Campo de Concentración" de Disch, "El Sueño de Hierro" de Spinrad, cualquier cosa de Steve Aylett, y así sucesivamente (y potencialmente) para siempre."

Por lo tanto, en ningún orden en particular: ¿por qué no nombrar "En azúcar de sandía" (In Watermelon Sugar, 1968) de Richard Brautigan, con su escritura que parecen piezas de vidrio de colores? También cualquier libro de la maravillosa e ingeniosa Barrington Bailey, pero sobre todo sus cuentos y una recomendación especial para Sporting with the Child como introducción a sus sorprendentes y violentos mundos llenos de diversidad. Del mismo modo, cualquier cosa del influenciado por [GK] Chesterton, R.A. Lafferty... Los Arrecifes de la Tierra, Novecientas Abuelas, Fourth Mansions... así podrás realizar un recorrido casi psicodélico a través de una mente tan extraña como inventiva. También recomiendo la obra que escribió el ex-agente de la C.I.A. Paul S. Linebarger bajo el nombre de Cordwainer Smith, por su poesía irregular y la sospecha de que a menudo sus historias se han creado alrededor de títulos cautivadores como 'Drunkboat' o 'La Señora muerta de la Ciudad del payaso'. Una mención especial para el en algún momento fantasmal compañero de Linebarger a este lado del Atlántico, Eric Frank Russell, cuyo Avispa fue uno de los primeros libros de ciencia ficción que pude leer en mi vida, y además permanece como un libro elemental sobre anarquismo, además de ser una interesante fuente de herramientas insurreccionales. Recomiendo el trabajo de Robert Sheckley, ya sea por su recopilación The People Trap o novelas como Trueque Mental, simplemente porque cuando se trata de aunar humor y ciencia ficción (entre sus muchos otros logros estilísticos) estamos en verdadera deuda con él. Los relatos de Phillip José Farmer como el innovador 'Relacciones Extrañas" y "Jinetes del salario púrpura', y novelas como la brillante "A vuestros cuerpos dispersos" (que por desgracia tendía a perder parte de su novedad y energía cuando fue ampliada hasta la trilogía), además de brillantes rarezas como A Feast Unknown, Blown, Tarzan Alive y la extraña publicación bajo seudónimo de libros imaginarios de otros autores, como Venus en la concha o Ella es la Reina de la Oscuridad, de Kilgore Trout ([Kurt] Vonnegut), que es uno de los libros imaginarios espléndidamente titulados que aparecen en aquella biblioteca inversa descrita en El Aborto: un romance histórico (1966) de Richard Brautigan. Obviamente recomiendo a Kurt Vonnegut. Y el Slaughtermatic de Steve Aylett, sólo porque fue el primer libro de Steve que me pude pillar, y porque aparecen armas de lo más divertidas e inventivas. El sorprendente The Vorrh de B. Gatling, capaz de cambiar las normas del juego del género, si es que no las vira hacia el dominio separado de la fantasía; y por último (sólo porque aquí se está haciendo tarde y egoístamente pongo mi indolencia por encima de tu entusiasmo), a pesar de que ya he recomendado en algún otro lugar todo lo suyo, desde He aquí el hombre (Behold The Man), pasando por la tetralogía de Pyat y Cornelius hasta Madre Londres, sencillamente le insto a todo el mundo a leer The Whispering Swarm, que se merece las cinco estrellas que recibió en el Fortean Times, y que no sólo es una de las cosas más sublimes que [Michael] Moorcock haya escrito en su vida, sino que además me parece la reflexión más verdadera y conmovedora realizada por un escritor de fantasía pulp lleno de energía que he leído nunca. Y puede que también su barba sea mejor que la mía.

Una pregunta adicional: Al final del glorioso ciclo de preguntas de hoy he pensado en una nueva cuestión acerca de tus hábitos de lectura. Puede que a uno le guste hablar sobre lo que le gusta leer, pero ¿qué hay del cuándo? ¿Del dónde? ¿De cuánta cantidad? Etcétera. Debe haber algún sitio completamente dedicado a los retazos de la vida del autor como lector.

Alguien bastante cercano al Sr. Moore responde: Me introduciré subrepticiamente para dar una breve respuesta basada en datos reales, aunque carecerá de la longitud, la profundidad y la tonalidad de un artículo genuino: es alguien que lee compulsivamente. Tiene como unos 50 años de fuerte hábito a la lectura, y puedo decir genuinamente que su mano suele contraerse hacia la cercana torre de libros que tiene a su lado con esa especie de impulsivo gesto que normalmente suele asociarse a los que están en la cola para conseguir metadona frente a la farmacia local. Su casa está forrada, aislada, y sobre todo posiblemente estructurada gracias a los libros que contiene; él suele sentarse en un sillón que se encuentra en un rincón junto al fuego, y por lo general suele estar rodeado físicamente por torres de libros y revistas. Las revistas (New Scientist, Fortean Times, Private Eye) suele leerlas casualmente (y me refiero a siempre que no tenga un libro a mano y para facilitar la lectura nerviosa mientras está comiendo, bebiendo o hablando con gente.) El resto del tiempo está o bien escribiendo, o fuera de casa, o durmiendo, o leyendo libros. Cuando comenzó a realizar las investigaciones para Providence, fui a visitarlo y físicamente no podías ni ver su sillón, porque se encontraba oculto detrás de una pila de libros que medía más de 3 pies de alto y que al menos tenía 2 filas de profundidad. Tomé una fotografía en ese momento. Intentaré encontrarla y le preguntaré si no le molesta que la publique. 

Para terminar, su forma de leer podría resumirse perfectamente imaginándotelo como un buitre inclinándose sobre la carroña. Necesariamente mira a sus víctimas a través de su ojo bueno a una distancia de 5 pulgadas, y las consume con una intensidad que varía entre la producida por los personajes de dibujos animados que comen maíz y hacen un sonido que parece el de una máquina de escribir pasada de moda, y la de los ruidos producidos por un láser ocular que suena como la mezcla de una motosierra y un martillo para madera; dejando ambos la impresión de que ha terminado desmenuzando inadvertidamente las páginas, o que simplemente las ha dejado en blanco después de haber absorbido todas las palabras a través de sus ojos. Lo que me parece más alarmante de todo es que también es capaz de recordar la casi totalidad de lo que ha leído.