lunes, 26 de septiembre de 2016

LOST IN TRANSLATION: BAKUNE YOUNG (3 DE 5)

Artículo de Bill Randall para The Comics Journal 247 (2002). Traducido por Frog2000.  Parte 1, parte 2.

Afortunadamente, sus habilidades artísticas están vinculadas con una historia de peso, aunque en un primer momento no parezca que ese sea el caso. La obra es un desmadre continuo y repleto de violencia y acción desenfrenadas. Pero en lugar de utilizar estos recursos de forma gratuita, Matsunaga se esfuerza por retratar los conflictos de la historia de forma grotesca, incluso satírica. Por un lado se satirizan las convenciones del género, aunque es incluso mucho más satisfactorio cuando el autor también satiriza las estructuras sociales que logran que este tipo de ficciones resulten necesarias. La violencia hace aparición en un mundo de ridículas convenciones sociales e idiotez burocrática, y es ejercida tanto por parte de los yakuza como por la propia policía. Cada ejemplo de violencia de cómic al límite y cada página empapada completamente en sangre también se encuentra repleta de parodias súper repugnantes al estilo Sonny Chiba que sacan a la luz la conciencia social del autor. Por lo general, casi todas las mejores parodias terminan convirtiéndose en aquello en lo que estaban parodiando, y de todos modos, gran parte de nuestra cultura suele rayar en lo auto-paródico. Que nunca se llegue a caer en trampas similares en esta obra engrandece los logros conseguidos por Matsunaga. 

En un principio, Bakune Young funciona casi como un entretenimiento ultraviolento y desechable, aunque en realidad hay mucho más que mascar bajo la superficie. Dicha cualidad no se hace evidente hasta llegar al tercer tomo, aunque en los dos primeros se puede encontrar material más que suficiente para proseguir con su lectura hasta el final. El argumento básico trata sobre Bakune Young, un tarado descomunal, que un buen día decide repentinamente acabar con la yakuza. Durante su periplo obtendrá un botín de cien trillones de yenes (más que todo el presupuesto fiscal de Japón) que depositará en su Suiza (no se nombra la palabra "cuenta", tan solo "Suiza"), conseguidos gracias al rapto de Don de Nippon, al  que ocultará junto a otros jubilados en el Castillo de Osaka. Inmediatamente la policía entrará en juego, en especial el súper policía Sorigami (más conocido como Cabeza de Código de Barras por culpa de su peinado). Durante la historia irán teniendo lugar explosiones y peleas constantes, y podrán verse algunas páginas de llamativos diseños asombrosamente atestadas de figurantes. De forma tan hilarante como apropiada, la sátira campará a sus anchas a lo largo de la historia. Un ejemplo es la "Operación: Robots Humanos Que Persiguen Ritmos de Batería" ideada por Sorigami, y (aunque parezca no tener ningún sentido) a continuación harán aparición soldados consecuentemente enganchados a los ritmos de batería. Si Matsunaga hubiese finalizado su obra con estos dos volúmenes, habría creado un trabajo memorable pero bastante ligero cuyo alcance sería el mismo que el del género que parodia. Sin embargo, con el tercer tomo la obra revela todo un nuevo nivel de significado.
Al final del tercer volumen Matsunaga arroja en la mezcla las políticas y modos de hacer habituales del Ejército de los Estados Unidos. Las ideas apuntadas son bastante apropiadas, algunas veces absurdas, aunque totalmente en consonancia con la percepción que tiene Japón de los norteamericanos. Por lo general, Japón ha tenido un inexplicable relación de amor-odio con los Estados Unidos. Después de la Guerra teníamos la intención de que Japón se reestructurara como un pequeño productor de bienes y servicios, no como el gigante tecnológico y la súper potencia económica en los que ha acabado convirtiéndose. Más aún, nuestra presencia militar en el Este Asiático se apoya en las bases que nuestro país tiene en Japón. Estas bases han sido una fuente constante de tensiones para muchos japoneses, que creen que el Ejército de los Estados Unidos se está aprovechando de Japón. Gran parte del problema puede ser que a menudo los soldados americanos han tenido relaciones problemáticas con los ciudadanos japoneses. Por ejemplo, en 1995 tres soldados de Estados Unidos raptaron y violaron a Okinawan, una estudiante de doce años. Aunque finalmente los tres fueron sentenciados a pasar siete años en prisiones japonesas, en un principio el Ejército norteamericano rehusó entregárselos a las autoridades del país, muy en consonancia con el cuestionable historial del Ejército al tratar con incidentes similares. Puede que la última catástrofe significativa haya sido el incidente de febrero de 2001, cuando el submarino U.S.S. Greeneville volcó un barco de pesca japonés y asesinó a varios de sus tripulantes. El Ejército norteamericano fue fuertemente criticado en los medios de comunicación japoneses por la forma que tuvieron de afrontar la situación.
Al comienzo del tercer tomo, Matsunaga tiene en cuenta todo estos incidentes. Renge decide iniciar una serie de movimientos que tendrán como última consecuencia la destrucción del gobierno japonés para poder reemplazarlo con el suyo propio, además de alcanzar el destino que se le ha profetizado. Para conseguirlo abordará subrepticiamente el Kitty Hawk norteamericano e intentara manipular a su tripulación para que ataque el Edificio de la Dieta japonés. En realidad es un acto de terrorismo, pero astutamente, Matsunaga hará que el Capitán Mercury Cougar pontifique sobre lo que significa la "justicia": "La Guerra significa luchar por al búsqueda de la justicia. Por supuesto, como nosotros tenemos la razón,, no tenemos necesidad alguna de justicia. Tener la razón resulta de lo más apropiado... y ese es el motivo de que nosotros podamos vigilar lo que hacéis vosotros." Estas palabras son pronunciadas justo después de que la dotación de Cougar vea el helicóptero civil de Renge y se pregunte: "¿qué pasaría si generásemos un poco de fuego amigo?"

Matsunaga caricaturiza a grandes rasgos las prácticas habituales del ejército norteamericano, y aunque sea por encima, sus descripciones tienen algo de verdad, o por lo menos la verdad que la mayor parte del mundo percibe acerca de nuestras políticas internacionales: egoístas, farisáicas y demasiado tajantes como para poder oponerse a ellas. De hecho, Takeshi Yamashina, un periodista del periódico de Mainichi, escribió en el número especial sobre la región de Asia y el Pacífico ("un análisis sobre Oriente-Occidente") de octubre de 2001 que justo después de los ataques del 11 de Septiembre, muchos japoneses tenían el sentimiento generalizado de que los Estados Unidos habían empezado a excusarse en dichos ataques para poder llevar a cabo sus políticas en el extranjero, porque "los americanos se comportan como matones que le dictan al resto del mundo lo que tiene que hacer". No es ninguna sorpresa (ni tampoco un rasgo subversivo ni una forma de sorprender al lector, ni siquiera el cómic es más tenebroso de esta forma), que al final de la obra el combatiente americano escriba en el cielo "USA" justo sobre las ruinas del Edificio de la Dieta. Simplemente es lo que esperábamos.

(Continuará)  

1 comentario:

Anónimo dijo...

Akí el recopilatorio de otoño de Mick Collins en su twitter:
http://www43.zippyshare.com/v/RsilxIBz/file.html