miércoles, 5 de octubre de 2016

LOST IN TRANSLATION: BAKUNE YOUNG (5 DE 5)

Artículo de Bill Randall para The Comics Journal 247 (2002). Traducido por Frog2000.  Parte 1parte 2parte 3, parte 4.

De hecho, tampoco parecen estarlo el resto de personajes. Sus preguntas teológicas se quedan sin responder, ocultas por completo bajo la siguiente lluvia de balas. Lo mismo ocurre con el absurdo guión, que incluye algunas partes con Profundos Significados en una historia de acción que parece intentar decir más de lo que dice, aunque de nuevo Matsunaga consiga llevarla a cabo sin pretensiones aparentes. Quizá su compromiso con sus contradictorios y absurdos personajes le permita hacerlo de esta forma, ya que en lugar de parecer estar motivados psicológicamente, parecen estarlo kármicamente. En la cuarta página, el propio Bakune empieza a ser el blanco del mal karma y no se reconciliará con él hasta casi el final de la historia. Incluso será capaz de abandonar a Renge para seguir sufriendo en solitario. Sin embargo, la clave de toda esta rueda kármica de retribución no es la finalmente nueva Emperatriz, sino alguien considerablemente menos importante en la historia. 

Tan solo el lacayo de Renge, Purima, parece actuar sin que la rueda del karma penda sobre su cabeza. Tan obeso que parece un muñeco Sanrio Sumo, Purima encarna muchos de los ideales budistas acerca de la compasión y el altruismo, pero al mismo tiempo es un cobarde servil: llegado a un punto, es capaz de limpiar uno de los caminos por orden de Genre utilizando su campana budista. Purima ejerce de interesante contrapunto del personaje de Bakune, de características igualmente enormes y potentes. Más adelante Matsunaga los conectará de forma literal, y Purima asumirá las características de Bakune. Cuando Renge decida reclutar al ejército de los Estados Unidos para conseguir llevar a cabo sus planes para Japón, Purima tomará la difícil decisión de detenerla. Desafortunadamente, también lo intentarán el mítico ninja Johnson Membodeath, Bakune, la Cuarta División de Investigación de Asuntos de los Yakuza de la Policía y los colegas yakuza de Purima, Mametan y Yoshio. Un choque de trenes a gran escala. 

A pesar de todas las intrigas, planes maquiavélicos y contra-planes, todos los intentos de detener el destino de Renge se irán cancelando según el karma se ladee hacia el lado negativo. Solo Purima será capaz de actuar libre de su flujo. Por eso logrará alcanzar el éxito, porque no está sometido a la rueda kármica de retribución que había empezado en la cuarta página de la obra. En ese momento actúa sin preocuparse por sí mismo y con la intención de salvar a otra persona, por lo que el ciclo se romperá y la historia finaliza. De hecho, Matsunaga ni siquiera se molesta en mostrar los funerales y reconstrucción posteriores. La última página de la historia habla sobre el vacío y la pérdida, y el coda de tres páginas con el que se cierra la narración se centra en la falsedad y hastío que siente Renge después de haber logrado levantar su nuevo Imperio. La última petición de la obra: "¡Señor, tan solo quiero una palabra tuya!" plantea de nuevo la pregunta de qué sentido puede tener la vida en un mundo ridículamente violento. Matsunaga sabe mejor que nadie que no hay por qué responderla, porque ya lo ha hecho Purima. Con su historia de acción desmesurada y cómica exageración, Matsunaga ha sido capaz de crear una tremenda ópera que se hace preguntas sobre la retribución divina y el sufrimiento humano. Solo uno de los personajes es capaz de actuar de forma desinteresada y elevarse sobre la violencia que lo rodea por todas partes. Pero hacerlo acaba con él, aunque en cierta forma, por lo menos durante el proceso se respondan algunas de las cuestiones planteadas.

En cuanto a la parte de la trama sobre su país, la visión de Matsunaga es mucho más cínica. Renge restablece el dominio imperial en Japón. Predeciblemente, su éxito la deja vacía, quizá porque no ha tenido que sufrir en absoluto para llegar hasta ese punto, ya que se ha apoyado en el dolor y la muerte ajenos para alcanzar el trono. Si observamos la obra bajo el contexto de la política internacional con el que Matsunaga impregna sus páginas, el regreso de Japón al sistema imperial dominado por una mujer que pertenece a la yakuza es tanto una regresión como un cínico comentario acerca del magro compromiso que parece tener el Gobierno de Japón por alcanzar la paz. Dudo que Matsunaga se sorprendiera mucho cuando su Gobierno capituló ante la presión de los Estados Unidos, neutralizando eficazmente el Artículo 9. También dudo mucho que le parezca un paso hacia la madurez, y eso que él es alguien que se gana la vida dibujando cómics de acción desenfrenada.