miércoles, 23 de noviembre de 2016

MATT GROENING, UNA ENTREVISTA DE GARY GROTH (PARTE 1 DE 7)

Matt Groening, una entrevista de Gary Groth.
(The Comics Journal 141, abril de 1994. Parte 1 de 7.)

No puedes escapar de su presencia: esa sonrisa amenazadora, su frente de Frankenstein. Se te queda mirando con maníaca agudeza de estudiante desde portadas de revistas, camisetas, estanterías de tiendas de juguetes. Literalmente está por todas partes: "¡Cómeme el culo, tío! ¡Cómeme el culo!" ¡Aaaaaaaargh! Es Bart Simpson, el último monstruo creado por el merchandising. Pero Bart no es Garfield. Desafiando en apariencia aquella regla básica que afirma que la popularidad de un artefacto de la cultura pop americana es inversamente proporcional a sus auténticos méritos, no solo es que los Simpsons sean un fenómeno popular, sino que es uno de los mejores programas comerciales que se están emitiendo ahora mismo en la televisión. Los Simpsons son televisión de calidad. Algunos tenemos bien presente que tan débil elogio se debe en su mayor parte a Matt Groening, el creador del programa y su inspiración creativa más importante. Groening empezó su carrera en lo setenta dibujando historietas en el más completo anonimato. Su tira de cómic sobre los horrores cotidianos de la vida en Los Ángeles y la exasperación provocada por la sociedad actual, "Life In Hell", fue publicada por primera vez en el L.A. Reader en 1980. Groening ha continuado escribiéndola y dibujándola todos estos años y puedes encontrarla en periódicos semanales alternativos de casi todas las ciudades norteamericanas. Además la tira ha sido recopilada en tomos. Los Simpsons aparecieron por primera vez en 1986 como varios cortometrajes de animación que aparecían en The Tracey Ullman Show, un programa de variedades ya cancelado que formaba parte de la programación estrella de la cadena Fox. Fue el productor del programa, James L. Brooks, quien eligió a Groening para hacer dichos segmentos y quien convenció definitivamente a la Fox de arriesgarse con un show de dibujos animados de media hora para adultos en horario de máxima audiencia. Groening le ofrece todo el crédito a Brooks, quien ya tenía un historial de éxitos en Hollywood (fue el creador de sitcoms televisivas como Taxi y The Mary Tyler Moore Show, y director de películas como Terms of Endearment [La fuerza del cariño, 1983] y Broadcast News [Al filo de la noticia, 1987]) de proteger a la a menudo controvertida serie de convertirse en algo vetusto por culpa de los mandamases de la cadena Fox. Groening ha recibido muchas críticas de sus colegas animadores e historietistas, la mayoría inmerecidas. Tal y como el propio autor ha comentado, con su serie y su tira de cómic le ha "tocado la lotería cartoon", pero esta es una suerte bastante difícil de tragar. El último año Groening comentó en la revista de Los Angeles Times:"El hecho de que yo sea un ejecutivo de televisión es una auténtica mascarada". Más sabelotodo que iconoclasta, el artista se pasea por los Estudios Fox vestido con camisas hawaianas y pantalones cortos entre el resto de ejecutivos embutidos en trajes caros. En la siguiente entrevista, realizada en febrero, nos enteraremos de cómo ha podido sobrevivir un sabelotodo en dicho ambiente. Y la verdad es que le va bastante bien, gracias.
Groth: En algún sitio he leído que lo que intentabas hacer era entretener y subvertir.

Groening: Creo que debes intentar entretener al público antes de subvertirlo. Aunque según me he ido haciendo mayor, la subversión se está convirtiendo en algo que me parece cuestionable. No sé si con este tipo de material puedes ser capaz de cambiar la forma de pensar de alguien. Creo que en  realidad lo que haces es contentar a personas que ya estaban de acuerdo contigo desde un principio. 

Groth: Supongo que eso es algo que no puedo evitar preguntarte: ¿qué o a quién crees que estás subvirtiendo, o te gustaría subvertir, con tus dibujos animados? 

Groening: Mi meta tan solo es ofrecerle una alternativa al público y enseñarles que hay algo más aparte de la basura mainstream que les están presentando como si fuese lo único. Sé que decir que lo que yo hago tiene algún tipo de valor puede parecer una suposición egocéntrica, porque en realidad yo también formo parte del mercado. 

También me parece presuntuoso por parte del mundo alternativo comentar que el mainstream no tiene remedio. Cuando me mudé a Los Angeles en 1977 y conocí a Gary Panter, solíamos sentarnos en el Astroburger de Melrose hasta muy tarde por la noche para compartir unas hamburguesas y planear cómo podríamos invadir los medios de comunicación. Nuestra idea era la de ir más allá y esparcir nuestras ideas por todos lados, en lugar de considerarnos a nosotros mismos mejores, o más refinados, o autores que solo iban a ser comprendidos por unos pocos. Esto ocurrió cuando los dos éramos unos completos desconocidos, en mi caso lo era incluso más que Gary. Gary había catado un poco la fama. Pero pasó bastante tiempo antes de que él se convirtiese en co-creador y ganase un Emmy por Pee Wee´s Playhouse [1986]. 

Groth: Creo que Gary y algunos otros artistas escribieron una especie de manifiesto artístico. Suena bastante similar a lo que acabas de comentar, eso de invadir los medios de comunicación. ¿Sabes algo sobre el tema?

Groening: Claro. Se titulaba Rozz Tox Manifesto. Gary lo escribió como algo personal a finales de los setenta.

Groth: Cuando estabais de charla en el Astroburger, ¿tuvisteis presente alguna vez la posibilidad de que podíais ser asimilados por los medios? ¿Era algo que os preocupase?

Groening: Lo considerábamos una especie de falso obstáculo. Hasta cierto punto, cada vez que te involucras en algún trato comercial eres asimilado, pero lo ideal es que también ganes algo diferente para ti en algún otro nivel. Nosotros pensábamos que sencillamente debíamos intentarlo para ver hasta dónde éramos capaces de llegar. Siempre puedes volver a auto-publicar comic-books fotocopiados si eso no funciona.

Me doy cuenta de que en tu caso tienes ciertas reticencias en cuanto al hecho de ser asimilado por alguna organización grande e impersonal.

Groth: Claro, me he esforzado todo lo que he podido para evitarlo.

Groening: Si puedes seguir tu propio camino en este mundo, me parece magnífico. Pero también creo que es importante no permitir ser asimilado por la otra parte, porque quizá entonces ni siquiera puedas trabajar.

Me refiero a que si eres un oscuro genio avant-garde e independiente, puede que nadie tenga acceso a tu obra y te quedes presumiendo todo el rato desde tu amarga superioridad sin que nadie te llegue a juzgar nunca. Y yo puedo hacer este tipo de declaración porque definitivamente hay una parte de mí que es exactamente así. Cada vez que hago algo para el consumo público, hay una parte de mí que me chilla: "No, no, no, ¡no lo hagas!" 

Invadir los medios significa tener que tratar con personajes aterradores que llevan trajes caros y fuman cigarros. Cuando por fin te reúnes con ellos no parecen tan aterradores. Y ya sabes, los cigarros también están bastante bien... [risas.]
EL PEQUEÑO CREADOR DE PROBLEMAS

Groth: Tu infancia transcurrió en Portland, ¿no?

Groening: Claro, en Portland, Oregon.

Groth: Tengo la impresión de que eras alguien capaz de crear problemas desde un principio.

Groening: Fui un niño problemático. Solía fastidiar a los profesores y directores desde el momento en el que empecé a ir a la escuela, y así continué durante el resto de mi época como estudiante. Si alguna medida o regla me parecía injusta, intentaba romperla.

Groth: ¿Siempre has dibujado?

Groening: Desde el primer momento en el que asistí a primer curso, recuerdo que siempre estaba garabateando. Probablemente me he pasado más tiempo haciendo garabatos en clase que haciendo cualquier otra actividad. Solía dibujar elaboradas escenas en hojas de papel, y cuando se me acababa el papel, lo hacía sobre el pupitre. Que los chicos no les prestaran atención irritaba un montón a los profesores. Algunos solo arrugaban las hojas y las arrojaban a la basura, pero otros las rompían en pequeños trocitos. 

Groth: Tu padre también era dibujante, ¿no es cierto?

Groening: Antes de que yo naciese mi padre trabajaba como historietista: solía hacer chistes de una viñeta, pero se dio cuenta de que la cantidad de gags que dibujaba y los que vendía no valían los 35 centavos que le daban por cada uno. Así que se metió en publicidad y más tarde en el mundo del cine.

Groth: ¿Te influenció lo suficiente como para que te aficionaras al cómic?

Groening: Cuando era un niño me regaló unos rottrings y un montón de hojas de papel. Solía dibujar un montón para los niños de la familia, y nos animaba para que nosotros también lo hiciésemos. En casa teníamos una biblioteca con varias antologías de historietas, y además mi padre estaba suscrito a cualquier revista de interés general nacional, porque así podía mirar los anuncios con ofertas de trabajo. Crecí entre un montón de cómics, y leyendo también el New Yorker, el Esquire y el Punch.

Además me leía los comic-books de mi hermano mayor, Mark. Tenía un gusto exquisito. Yo solía leer los cómics de la Disney, el Tío Gilito, el Pato Donald, y también la pequeña Lulú, así como un montón de antiguos cómics malísimos.
Groth: ¿Te enteraste de la explosión underground de finales de los sesenta?

Groening: Del todo. Creo que fue en el año 1966... descubrí un número de la revista Ramparts donde se informaba sobre una nueva música psicodélica de la que nunca había oído hablar antes, pero que sonaba muy bien. El artículo incluía fotografías de los pósters que se hacían en San Francisco y que eran imposibles de leer. Me encantaron. Descubrí que en el centro de Portland habían abierto un nuevo sitio llamado Psychedelic Shop. Me fui para allá vestido con mi uniforme de Boy Scout. Nuestro jefe de exploradores había reclutado a la tropa como voluntarios para que prestáramos servicio durante la Pascua en el Memorial Coliseum, pero me escabullí del servicio, crucé el puente y me metí en la Psychedelic Shop. Los hippies se rieron de mí, pero así es como conocí el ambiente psicodélico.

Poco después me enteré de la existencia de Zap Comix. Solía leer el Eye, una revista cultural para adolescentes. En el centro de cada uno de los números había un póster de dos páginas. En la parte trasera aparecían noticias con el encabezado: "Chispazos de última hora". En la esquina derecha de la parte de arriba de uno de los pósters aparecía reproducida la portada del primer Zap con el tamaño de una postal, era esa en la que Mr. Natural conducía un coche abombado. En portada se podía leer la frase "los Comix Zap son Comix Inestables", y esa pequeña imagen hizo que mi cerebro explosionase. Años después, cuando me tropecé con Gary Panter, me dijo que él había tenido una experiencia similar. Esa pequeña imagen parecía sugerirle al mundo del cómic un montón de posibilidades.

(Continuará)