lunes, 28 de noviembre de 2016

MATT GROENING, UNA ENTREVISTA DE GARY GROTH (PARTE 2 DE 7)

Matt Groening, una entrevista de Gary Groth.
(The Comics Journal 141, abril de 1994. Parte 1 de 7.) Parte 1.

Groth: ¿Crees que llegó a influir profundamente tu concepción sobre el medio del cómic?

Groening: Antes incluso de empezar a leer, me acuerdo de estar gateando por la sala de mi casa, enredando con algunos libros de ilustraciones. Había uno de Ronald Searle titulado "The Female Approach" en el que aparecían una serie de dibujos de las The Belles of St Trinian's, una escuela para chicas llena de delincuentes que solían apuñalarse unas a otras con tijeras. Era brutal para alguien de cuatro años, recuerdo que se me ponían los ojos como platos. Justo en mitad de ese libro aparecía una escena de dos páginas llamada "The Fall of St. Trinians" [La caída de St. Trinians] que consistía en un dibujo muy, muy detallado de cómo las chicas estaban quemando la escuela y torturando a los profesores y a los estudiantes que no se habían rebelado. Esa supuso una de mis mayores influencias.

Groth: Ciertamente tuvo que llamarte mucho la atención.

Groening: Suele haber demasiada preocupación acerca de cómo las imágenes e ideas son capaces de afectar a los niños de una forma adversa, pero recuerdo que cuando yo era un crío estaba fascinado por ambos extremos de los esfuerzos humanos, y en mayor medida por los del lado negativo, la muerte, la violencia y  otras cosas mórbidas por el estilo, porque me daba cuenta de que eso es lo que más suele sacar a las personas de sus casillas.

Groth: ¿Qué hay de la E.C.?

Groening: También solía tener sus cómics cerca, pero mi hermano y sus amigos los criticaban bastante, porque decían que tenían demasiada letra y eran aburridos. Mark tenía algunos amigos que se habían montado una casa-árbol secreta encima del garaje, y la única forma de acceder a ella era subiendo por una escalera de madera cerca de la pared, y cuando estaba arriba te tenías que arrastrar por un tablón verdaderamente estrecho. Recuerdo que nos pasamos años mirando hacia arriba, sin atrevernos nunca a subir. Por fin, cuando cumplí siete años tuve los arrestos necesarios para subir por la escalera y caminar por el tablón, y me encontré con todo un cargamento de cómics que alguien se había dejado abandonado allí, y todos eran magníficos cómics de los cincuenta, también había algunos números de la revista MAD.

Groth: ¿También te empezaste a interesar a finales de los sesenta y principios de los setenta por los cómics de superhéroes mainstream de la DC y la Marvel?

Groening: Solía leer Batman y Superman, pero me parecían una pérdida de tiempo. Cuando iba a sexto, descubrí Spider-Man, y pensé que era un material increíble. Los primeros cuarenta números de la serie me atraparon completamente, pero luego fui perdiendo interés. En esa época me gustaban otros cómics de la Marvel, como los Cuatro Fantásticos y Thor. El dibujo me parecía asombroso. Steve Ditko era mi favorito, porque no parecía estar a la moda y sus personajes resultaban bastante desagradables. Por esa época, mis precoces y pequeños colegas y yo solíamos ir a una librería del centro de Portland y rebuscar en la sección de arte para adultos, donde nos podíamos encontrar con algunos tomos de historietistas antiguos, de esa forma fue como descubrí muy pronto la historia de los cómics, los Katzenjammer Kids, Krazy Kat, Yellow Kid. Me fascinaban. Luego descubrí a Saul Steinberg del New Yorker, y me pasé unos cuantos meses intentando imitarlo.

También nos montamos un club que se llamaba el Creature Club, porque nos fascinaban los monstruos y todo lo macabro. Amábamos revistas como Famous Monsters of Filmland, las películas de Ciencia Ficción y las historietas de Charles Addams. La cuota de socio del club consistía en todo el dinero que pudiésemos reunir. Ahorramos cerca de 25 o 30 dólares y empezamos a buscar Famous Monster of Filmland y nos compramos todos y cada uno de los números. En nuestra casa-árbol secreta, un edificio abandonado que estaba cerca de donde vivíamos, fuimos capaces de reunir una gran colección de revistas de monstruos y Playboys. Desafortunadamente, unos chicos mayores invadieron la casa y nos quitaron la colección. Mis amigos y yo empezamos a dibujar cómics en sexto. Primero empezamos a parodiar los de Batman, solíamos dibujar versiones bastante libres de ese personaje, y luego ya empezamos a crear nuestros propios personajes. El primero que me inventé fue un niño que se llamaba Joe, que era como el precursor de Akbar y Jeff. Tenía una nariz muy larga y los dientes de abajo le sobresalían, mientras que sus dos ojos tenían el mismo tamaño que la nariz, algo que yo pensaba que era tremendamente hilarante.
Groth: Estudiaste en el Evergreen State College.

Groening: Empecé allí en el ´72.

Groth: Se suele describir el Evergreen como un colegio experimental. ¿Podrías comentarnos un poco cómo era?

Groening: En los sesenta había un montón de palabrería sobre la educación progresista, pero la realidad era que los colegios más progresistas solían ir parejos a las Universidades más importantes o estaban en la casa de alguien. Evergreen era un instituto fundado por el Estado que empezó en 1971 y que quería alcanzar ciertos logros progresistas: allí no había cursos, ni clases obligatorias, y en general, la forma de estudiar era bastante independiente. Para mí era lo ideal.

Me pasé peleando con profesores y la administración durante todo el tiempo que estuve en el instituto. En realidad, ir al instituto me parecía excitante gracias a todas esas manifestaciones en contra de la guerra y también por la contra-cultura que se respiraba allí, era muy divertido. Pero Evergreen estaba muy bien, porque era la primera vez que acudía a una institución en la que no tenía que pelearme para hacer lo que quería, y para un niño como yo esa era la mejor forma de seguir estudiando.

Groth: Me parece que no te gustan demasiado las estructuras disciplinarias.

Groening: No, en realidad creo en la disciplina. Evergreen era un lugar muy disciplinado. Pero también creo en la flexibilidad. Algunos estudiantes responden bastante bien a la disciplina aplicada por alguien, otros no lo hacen, y tampoco creo que la creatividad tenga que ser despreciada o desaprobada de la forma en que he visto que suele hacerse. Creo que todo lo que he logrado hasta ahora ha sido a despecho de mis estudios en lugar de gracias a los mismos.

Groth: ¿Cómo llegaste a convertirte en el editor del periódico del campus de Evergreen?

Groening: Estuve escribiendo artículos durante un par de años para el periódico, y solía pasarme por su oficina. Era divertido, así que acabé involucrándome cada vez más. En el colegio no habíamos recibido clases de periodismo ni nada parecido. Las noticias del periódico eran muy irreverentes. Yo pensaba que el humor bienintencionado sería recibido positivamente por todo el mundo, pero no conseguimos más que quejas airadas. Nos metíamos con la gobernadora del Estado, una mujer que era virulentamente anti-ecologista llamada Dixie Lee Ray. En el Colegio también nos criticaron algunas otras cosas, porque como se veía asediado por legislaciones estatales por ser un paraíso para "los hippies, poetas y revolucionarios", tal y como comentaba la propia senadora, había un montón de gente que se creía que estábamos haciéndole un flaco favor a la institución. Pero yo sentía que mi forma de hacer periodismo era lo que debería enseñarse en sus cursos.

Groth: ¿Te refieres al lema del Colegio: "Lograr las cosas sin esfuerzo"?

Groening: [Risas.] Claro. Bueno, recibimos un montón de duras críticas en algunos de los cursos de Escritura y Arte, supongo que lo que estaba haciendo era buscar problemas.

Groth: ¿Qué tipo de cosas solías escribir en el periódico?

Groening: Escribía todo tipo de cosas de interés local, algunas críticas de libros que había leído, hacía algunas historietas. Allí fue donde me topé con algunos historietistas de mucho talento: Lynda Barry, Steve Willis, Charles Burns, y otro tío que ahora está desaparecido, Jim Chupa.
Groth: Creo que alguna vez has comentado que fue Lynda Barry quien te animó a ti a hacer historietas, ¿no es cierto?

Groening: A mediados de los setenta el movimiento underground de los comix estaba prácticamente muerto. Lo único que recuerdo que se podía encontrar en esa época era Arcade, y parecía una revista solitaria que anhelaba tiempos pasados, como si se hubiese pasado una moda y no hubiese nada que la reemplazara. También es cierto que yo no creía que alguna fuese a tener la oportunidad de ganarme la vida haciendo cómics, porque tenía bien presente cómo era mi dibujo y las cosas que me interesaban.

Entonces llegó Lynda Barry, que en ese momento estaba haciendo historietas como diversión privada. Me cambió los esquemas. Se lo pasaba estupendamente haciendo lo que se le ocurría, sin obedecer regla alguna, sin saber qué es lo que iba a pasar a continuación. Los comix underground estaban repletos de cosas chungas y alucinatorias, arengas contra la policía y los padres, pero Lynda se encontraba del todo en otro plano.

Groth: Parece que en tu caso has intentado evitar por completo los elementos verdaderamente escatológicos del underground. ¿Fue una decisión que habías tomado de forma consciente, o era más una cuestión de que te estabas dirigiendo en otra dirección que te interesaba más?

Groening: A mí me encantaba el Zap! y Robert Crumb, pero no me gustaba el material más airado. Al principio me dije: "Seguro que esta es una fase por la que tienen que pasar los historietistas, pero tío, si ahora están haciendo esto, ¿qué es lo que van a hacer dentro de unos años?". No me daba cuenta de que esos tíos estaban en lo más alto en ese mismo momento.

Siempre he querido alcanzar al gran público. Supongo que en tu camino te puedes encontrar con unos cuántos obstáculos, como ciertos símbolos y palabras tabúes, y creo que eso te garantiza que tu mensaje no vaya a llegar hasta donde debería. Puede que si otra gente no hubiese peleado esas batallas, hubiese tenido que hacerlo yo, pero como ellos lo estaban haciendo bastante bien, yo podía dedicarme a otras cosas.

(Continuará)