lunes, 26 de diciembre de 2016

EL PORNÓGRAFO LAUREADO, UNA ENTREVISTA CON ALAN MOORE (1 de 3)

Entrevista de Gary Groth en The Comics Journal número 143 (1991). Transcrita por Craig Maynard. Traducida por Frog2000.

Hasta ahora, Alan Moore ha sido capaz de estirar los límites de géneros del cómic como el de las tiras de prensa (con Maxwell the Magic Cat), los superhéroes (con Miracleman, Watchmen), el terror (con La Cosa del Pantano), el cómic político (con Real War Stories, Brought to Light), los futuros distópicos (con V de Vendetta) y el de la geometría fractal y los centros comerciales (con Big Numbers). En esta ocasión, Moore y la historietista Melinda Gebbie están redefiniendo las convenciones de los cómics eróticos con Lost Girls, una historia atmosférica y surrealista ambientada en 1913 que examina las vidas y los deseos de sus tres mujeres protagonistas.

En la siguiente entrevista Moore charla sobre Lost Girls, sexo y psicología, sexo y política, sexo e Historia, sexo y religión, sexo y cómo se ven a sí mismas las mujeres y mucho más.

GARY GROTH: En la actualidad estás guionizando un cómic erótico titulado Lost Girls del que Melinda Gebbie se va a ocupar de los dibujos...

ALAN MOORE: Y en el próximo Taboo #5 van a aparecer los dos primeros episodios. Serán capítulos de ocho páginas que se irán editando en los siguientes Taboos a razón de bloques de uno, dos o tres episodios de la obra. Aparecerán como un suplemento a color de la revista. Los recopilaremos en tres tomos de varias páginas que terminarán conformando una novela de 240 páginas.

GROTH: Otra obra sin mucha ambición.

MOORE: Todas estas cosas suelen empezar de una forma más modesta para a continuación pasar a convertirse en algo absolutamente amenazador. En este caso, Melinda y yo habíamos empezado a planear una tira erótica de ocho páginas para una futura recopilación de cómics eróticos que nunca llegó a aparecer. En cuanto empezamos a darle vueltas al concepto, nos dimos cuenta rápidamente de que el proyecto era demasiado grande como para extenderse únicamente en ocho páginas. Después de pensarlo un poco más decidimos que sería mejor crear una novela gráfica para facilitarnos las cosas.

GROTH: ¿Qué cantidad del proyecto tenéis pensada y cuánta habéis realizado hasta ahora?

MOORE: Como siempre, el proyecto está pensado y trazado por completo. Acabo de terminar el guión de los cinco primeros capítulos, y Melinda ya ha empezado a trabajar en ellos. 

El enfoque de Melinda requiere un montón de trabajo. Antes ella trabajaba en el campo de la animación, así que hace cosas como currarse las hojas de personaje. Su enfoque del coloreado es muy artístico. El resultado es impresionante. Está intentando eliminar los trazos de negro. Todo el dibujo está construido basándose en el color.

En realidad he estado cerca de dos o tres años dándole vueltas a la idea de Lost Girls, pero no se me ocurría cómo llevarla a cabo. Es posible que haya tardado demasiado, porque me ha llevado mucho tiempo pensar en cuál podría ser la forma más adecuada de realizar una obra erótica. 

Supongo que hacer un cómic erótico no debería ser tan difícil. El erotismo es como el terror. Si describes cómo alguien le arranca un ojo a otra persona, todo el mundo sentirá repulsión. Si describes una mamada, todo el mundo debería sentir aunque sea una leve excitación. El caso es que resulta muy difícil hacerlo bien, en especial porque tampoco es que haya demasiados precedentes. Es como si estuvieses volando en solitario. En décadas y siglos pasados te podías encontrar con un montón de obras eróticas tan recomendables como dignas. Pero al mismo tiempo, cuando te fijas en ellas te das cuenta de que provienen de un clima social muy diferente, con una percepción diferente de la mujer y el sexo, independientemente de sus otros méritos, aunque en realidad puede que
escribir material erótico a finales del Siglo XX parezca poco apropiado.
GROTH: Supongo que con esta obra estáis intentando hacer algo más que suministrar material que le sirva de estímulo al lector. 

MOORE: Por supuesto. Lo ideal sería juzgar el erotismo con los mismos criterios con los que se juzgan el resto de las Artes. Y además debería conseguir ponerte cachondo. El tipo de erotismo que estoy intentando crear debería ser capaz de estimular a la gente a cualquiera de los niveles que tradicionalmente consiguen el resto de las Artes (con esto también me estoy refiriendo a los aspectos intelectuales y emocionales). Si la obra es lo suficientemente buena, debería ser capaz de abarcarlo todo.

GROTH: Parece bastante obvio que la obra haga hincapié en el erotismo, por lo que, ¿cómo se puede reconciliar este objetivo con los otros fines de las Artes?

MOORE: En la obra incluiremos una proporción de sexo tan brutal como instructiva para asegurarnos de que no se sobre-intelectualice. Estoy seguro de que al menos cada cuatro páginas habrá otras cuatro con material abiertamente sexual. Estamos intentando desarrollar una historia que incluya un montón de escenas sexuales, pero si te la lees de un tirón te darás cuenta de que principalmente trata sobre el tema del sexo. Trata acerca de nuestras vidas sexuales íntimas de fantasía y lo importantes que son. Trata sobre la importancia que tiene hablar sobre sexo y lo que la represión sexual ha sido y es capaz de hacerles a las personas y a las sociedades.

Por supuesto, en el plano artístico el sexo es un tópico digno de consideración. El sexo no es un tema menor. Si hablamos desde la perspectiva de la experiencia humana, me parece muy extraño y perverso que aunque muy pocos de nosotros seamos detectives, cowboys, superhéroes o zombies putrefactos que han regresado de la muerte (áreas relativamente raras de la experiencia humana), sin embargo existan géneros que se dedican a examinar esas áreas de actividad. Por otra parte, el sexo es algo que nos atañe a todos, incluso aunque seamos completamente asexuales, y ese es el motivo de que tanto la derecha como la izquierda hayan encerrado el sexo en un ghetto sucio, sórdido y secreto. 

GROTH: ¿Le atribuyes únicamente esa forma de actuar a la naturaleza puritana de nuestras respectivas culturas? 

MOORE: Eso es lo que pienso. El control y la supervisión del deseo es algo que se puede rastrear al menos hasta el Antiguo Testamento. Está tan arraigado en nuestra cultura que ya ni siguiera hablamos de ello como algo ajeno a nuestra cultura.
GROTH: ¿Cómo fue tu educación sexual mientras estabas creciendo en tu hogar?

MOORE: En casa jamás hablábamos sobre sexo. Crecí en una familia dominada por una matriarca victoriana muy estricta y de clase trabajadora, mi abuela.

En realidad, mi educación sexual fue un proceso bastante misterioso. La única educación sexual que recibí provenía de los chistes guarros que se contaban en el patio de colegio que tan solo comprendía vagamente y que, en primer lugar, estoy casi seguro de que nos los estábamos contando de una forma equivocada. Cuando tenía doce años me las arreglé para absorber una cantidad alucinante de desinformación sexual.

Me parece que solo llegamos a recibir un par de clases de educación sexual de catorce minutos durante todo el segundo curso de secundaria. Tenía trece años. Me acuerdo de entrar en clase de biología esperando para hacer algunas de las cosas divertidas habituales, como seccionar la cuenca de un ojo o diseccionar ratas, y el profesor de biología se dirigió hacia un chico que estaba en primera fila y le dijo: "Galsworthy, ¿qué sabes sobre las enfermedades venéreas?" Y sencillamente el chico se giró y empezó a vomitar por todo el suelo.

Nos contaron un montón de cosas horribles que eran completamente discutibles. Nos dijeron que la homosexualidad sencillamente era un fijación neurótica de la adolescencia que algunos no habían sido capaces de superar.

GROTH: ¿Qué has hecho para desengañarte de todas esas leyendas, de las que obviamente has conseguido librarte? 

MOORE: Bueno... sencillamente lo que tienes que hacer es salir de tu casa y practicar sexo. En realidad es la única forma de aprender sobre cualquier cosa. Según empiezas a disfrutar de diferentes encuentros románticos vas aprendiendo cada vez más cosas de primera mano, y también un montón sobre los demás. Probablemente puede ser la experiencia de aprendizaje más formidable que una persona joven puede recibir.

Pero a lo largo de tu vida te sigues encontrando con un montón de nuevas mitologías sobre el sexo, posturas que interiorizas y de las que algunas veces no eres capaz de deshacerte, varias fijaciones eróticas que, dependiendo de la década en la que hayas nacido y la cultura en la que hayas crecido, estoy seguro de que facilitan que algunas personas sigan teniendo un pensamiento encorsetado sobre el tema. Por fortuna, también puedes seguir tu propio camino para atravesar todas esas mitologías. Supongo que todos seguimos haciéndolo a lo largo de nuestras vidas sexuales. Todo forma parte del proceso de aprendizaje, o por lo menos así es como debería ser.
GROTH: ¿Qué crees que se puede aprender durante ese proceso?

MOORE: En realidad podemos aprender mucho sobre la mayoría de áreas fundamentales de la experiencia humana. Porque todo se puede resumir en que nacemos, practicamos sexo y morimos, ¿no es cierto? El sexo tiene el potencial de ser un momento humano tremendamente importante, aunque algunas veces pueda resultar demasiado trivial. Puedes aprender un montón sobre tu paisaje emocional interior, tus deseos, las cosas que te marcan, que algunas veces pueden ser sorprendentes y otras bastantes perturbadoras. 

En particular, los hombres padecen un montón de bloqueos emocionales. Sentimentalmente hablando, a veces se construyen prisiones de hierro personales, y luego se dan cuenta de que no son capaces de escapar de ellas. Pero a veces las relaciones emocionales o sexuales pueden abrir esas prisiones. 

El sexo no tiene nada que ver con la carne. Claro, el acto sexual (la fricción, las partes corporales) también forma una parte muy importante del sexo, pero solo es la punta del iceberg. En su mayoría es un proceso cerebral del que nadie suele hablar. El sexo trata acerca de las cosas que más nos gustan (las cosas que nos avergüenza contar, los secretos más lujuriosos), pero en su mayoría esas cosas solo ocurren en el interior de nuestro cráneo. Son esas cosas que únicamente has contado a tus amigos íntimos. Y en gran medida estos deseos motivan nuestro comportamiento. No quiero aferrarme demasiado a una hipótesis freudiana, pero hasta cierto punto, todo lo que hacemos, desde el acto humano más vil hasta el más benigno y noble, está relacionado con nuestros impulsos sexuales. Es obvio que a menudo la violencia es sexo sublimado. En cierto modo, la gente que logra un éxito atroz en su profesión, podría responder a sus propósitos de ser una persona atractiva.

Todos los sórdidos paisajes de fantasía que evocamos en nuestra imaginación son trascendentes. Son reales e influyen en los eventos humanos de una manera bastante importante.

GROTH: En este caso, entrecomillas lo de "sórdido", ¿verdad?

MOORE: A veces. A veces será "sórdido" sin las comillas. Dependerá del tipo de imaginación que poseas. Llega un punto en el que la fantasía se ha repetido tantas veces que se puede convertir en una cosa reflexiva y mortecina, puede que ya no tenga nada que ver con el espíritu del sexo, que es animado y está lleno de vida.

GROTH: Supongo que en Lost Girls intentas explorar el sexo desde cierto punto de vista filosófico. ¿Podrías hablar un poco más sobre el tema? 

MOORE: Para responderte debería hablarte un poco sobre la esencia real de Lost Girls.

La obra se ambienta en 1913. En aquella época estaban sucediendo interesantes eventos por toda Europa. Uno de ellos fue la performance de La Consagración de la Primavera ofrecida por Stravinsky, que también aparece en Lost Girls. Terminó provocando disturbios. En Europa se estaban produciendo tensiones sexuales y emocionales por todos lados, una buena cantidad de sexualidad, y ante la exhibición de esta obra estallaron con una ferocidad completamente injustificada. Un año después asesinaron a Franz Joseph en Sarajevo y mira todo lo que conllevó ese asesinato. Todas las tensiones que existían en ese entonces en Europa eran bastante únicas. Es un marco muy interesante en el que ambientar nuestra historia erótica.

En ella, tres mujeres se conocen en un hotel de Austria en un momento en el que más o menos las fronteras entre Austria, Suiza y Alemania han empezado a converger. Una de las mujeres es una anciana aristócrata inglesa que está casada, otra es una mujer de mediana edad y clase media inglesa que se encuentra allí con su marido en viaje de negocios. Y también tenemos a una joven del Medio Oeste americano. Las tres se acaban de conocer, pero llegan a la conclusión de que tienen mucho en común. Cada una de sus experiencias ha culminado con un despertar en sus vidas que parece el equivalente a una erupción masiva y tumultuosa y que las ha arrojado casi completamente hacia un nuevo mundo. Cada una de ellas también se ha construido una vida de fantasía que gira en torno a sus experiencias tempranas que nunca han compartido con nadie más.

Gradualmente, y puede que a regañadientes al principio, las tres mujeres empiezan a narrar su biografía sexual a las demás, al igual que las fantasías que han ido construyéndose alrededor de su vida sexual. Sus historias son muy diferentes, aunque existen varias similitudes. Gracias a las mismas tenemos la oportunidad de hablar sobre la sexualidad humana de una forma panorámica.
Las tres mujeres son, (respectivamente), Alice, Wendy y Dorothy, de Alicia en el País de las Maravillas, Peter Pan y El Mago de Oz. Las historias que refieren, y que suponen el grueso de Lost Girls, son versiones decodificadas sexualmente de los tres libros. Aparte de estas historias, en el hotel (una fabulosa y disparatada construcción art nouveau), van produciéndose varios sucesos más, al igual que en Europa. 

Lost Girls trata sobre la importancia de la ficción en nuestras vidas, la importancia de la fantasía, la importancia de nuestra vida interior. Con esto conseguimos que estos tres personajes en particular resulten completamente apropiados para el tipo de historia que queremos hacer. Además, a todo el mundo le sonará la imaginería de los tres libros. Creo que retorcer estas imágenes, conceptos e historias, y hacer que ellas descodifiquen sus historias sexuales le otorga un verdadero poder e impacto a la obra que podría ser difícil conseguir de otra forma.

Queríamos realizar una obra erótica que no estuviese completamente limitada por las habituales restricciones del erotismo heterosexual orientado hacia los hombres, tal y como ocurre con la mayor parte de la pornografía. No estoy de acuerdo con la actitud tradicional
hacia la pornografía enarbolada por algunas feministas que asegura que hay que quemarla. Pero también tenemos que dejar claro que la mayoría de la pornografía es fea y ofensiva para las mujeres. Queremos hacer algo que resulte atractivo para ambos sexos. Es una de las razones por las que colaborar con Melinda me llena de orgullo. Tengo la sensación de que el cómic no funcionaría tan bien si dos creadores masculinos se hubiesen encargado de él. Bajo esas circunstancias me parecería muy difícil que la obra no hubiese quedado impregnada con un ligero olor a vestuario, aunque fuese con las mejores intenciones.

Los dos hemos estado hablando largo y tendido sobre el cómic: lo que queríamos y no queríamos que apareciese en la obra. Estamos colaborando estrechamente en todos y cada uno de los pasos del proyecto. La forma en que la que nos estamos ocupando hasta ahora me parece perfecta, y creo que Melinda también está encantada de lo bien que esta funcionando el proceso. 

El estilo de dibujo de Melinda (no sé si es por el hecho de que es una mujer, o porque es Melinda), se suele centrar en cosas diferentes a las que quizá un artista masculino se habría fijado. La pornografía masculina tiende a ser muy mecánica: "esta pierna por aquí y esta otra por allá". Aunque la técnica de dibujo de Melinda es completamente competente tal y como ha sido hasta ahora, en Lost Girls se está centrando más en ambientar las emociones. Y su forma de utilizar el color ofrece en las viñetas cierta sensación de ensoñación y genera un paisaje emocionalmente cálido. La ausencia de trazos de negro consigue que el aspecto no tenga la aspereza y enfoque de una película pornográfica. Y eso por no hablar explícitamente de los detalles: porque se pueden encontrar un montón.

(Continuará)

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