martes, 13 de diciembre de 2016

MATT GROENING, UNA ENTREVISTA DE GARY GROTH (PARTE 6 DE 8)

Matt Groening, una entrevista de Gary Groth.
(The Comics Journal 141, abril de 1994. Parte 6 de 8.) Parte 1parte 2parte 3parte 4, parte 5.

Groening: Además de todas estas bromas espantosas, los animadores diseñaron a los personajes de forma más gomosa, consiguiendo que no se pareciesen demasiado al modelo, y si nos ponemos a hablar en general sobre la animación, en realidad entregaron un trabajo que solo se puede calificar de incompetente. Por eso, si la Fox hubiese dado paso a un episodio piloto solitario, ahora mismo la serie no existiría. Como teníamos unas fechas de entrega tan apretadas, este desastre nos dejó completamente estupefactos y tuvimos que mezclarnos con otros animadores para poder reformar el 95% de lo que nos habían entregado los primeros. Como resultado, el episodio se emitió tres meses más tarde de la fecha que nos habían propuesto en un principio.

Groth: Tu padre se llama Homer, al igual que tu hijo, pero alguna vez has comentado que el nombre del personaje está sacado de "The Day of the Locust" [Como plaga de langosta, 1975]. 

Groening: Claro. En esa película aparece un personaje que se llama Homer Simpson

Groth: Te tiene que gustar mucho el nombre de Homer, ¿no?

Groening: Me gusta el nombre. Además también se lo puse con toda la intención como broma recurrente para nuestra familia. He bautizado a muchos otros personajes de los Simpsons con el nombre de mis familiares, pero fue antes de saber que el programa se terminaría convirtiendo en una serie de televisión. Si tuviera que hacerlo de nuevo...

Groth: Dicho esto, tengo mucha curiosidad: ¿aprecias de verdad al personaje?

Groening: Me encanta Homer Simpson. De alguna forma es el personaje que más me gusta, porque sus errores tienen consecuencias mucho más desastrosas (es capaz de volar todo Springfield en cualquier momento), pero también intenta mantener unida a su familia. Creo que es el más gracioso de todos. Me parece muy divertido que a la gente le encante Bart, porque me parece un idiota. [Risas.]

Groth: Es un idiota arrepentido.

Groening: Es un personaje que tiene algo del estilo de Groucho Marx. Suele decir las cosas que la gente se espera que tiene que decir, pero además es un poco odioso.

Groth: Me parece que antes de trabajar en los Simpsons y en la Fox nunca habías trabajado en Hollywood para la televisión, ¿no es cierto?

Groening: Si, nunca lo había hecho.
Groth: Me da la impresión de que allí tiene que existir una burocracia de cuidado. Que has tenido que tratar con censores, tablas de clasificación, índices Nielsen y todo lo demás. ¿Nos podrías dar una idea de lo que supone trabajar en un ambiente como ese?

Groening: Al principio suponía que tendría que pelear y transigir un montón para poder sacar adelante los contenidos. Cuando miras la TV y ves lo horribles que son la mayoría de cosas que aparecen en ella, te imaginas que es a eso a lo que vas a tener que hacer frente. Creo que gracias sobre todo al apoyo de James L. Brooks, quien ha dejado una enorme huella en la televisión y el cine, la cadena nos dejó ir a nuestro aire. Y esa cadena es Fox Network, que suele ser mucho más flexible con las ideas diferentes. La misión que habían asumido era la de emitir programas que no se podían ver en otras cadenas. Al ser la primera serie de animación en prime time que se programaba desde Los Supersónicos [The Jetsons, 1962], Los Simpsons suponían todo un riesgo. Ni siquiera me imagino cómo se logró que les dieran paso, pero lo hicieron. 

Al empezar con la serie, recibimos un montón de notas acerca de los guiones de parte de la cadena, porque la gente que estaba al cargo se toparon con las palabras malsonantes y el contenido negativo y no entendían que estos no eran dibujos animados para niños. Nos dijeron que no podíamos emitir los guiones que habíamos escrito con ese tipo de lenguaje y contenidos en un medio que estaba representado por encantadoras payasadas infantiles como Mickey Mouse. Les respondimos que si se pensaban que íbamos a hacer más forraje para niños, estaban bastante equivocados. Siempre nos hemos referido a los Simpsons como un programa para adultos que también puede ser atractivo para los niños. Afortunadamente, nos permitieron seguir haciendo todo lo que queríamos.
Groth: ¿Se te da bien sortear los problemas?

Groening: En un programa de televisión, a menudo surgen crisis que tienes que ser capaz de afrontar, porque no te puedes permitir que te dejen paralizado.

Groth: Pareces uno de los artistas menos temperamentales de todos los que he conocido.

Groening: Cuando lo necesito, puedo ser temperamental, enloquecer y ponerme a gritar. He sido testigo de muchos berrinches que me han parecido estúpidos e innecesarios, así que intento no caer en algo parecido. He comprobado que muchos otros historietistas hacen gala de molestos resentimientos por culpa de la falta de atención en lo que hacen y los exiguos cheques que reciben. En aquellos días en los que yo no tenía ni un duro, me juré que no dejaría que esa biliosa actitud se apoderara de mí. Esperaba tener la habilidad suficiente como para poder pagar el alquier cada mes, pero no tenía ni idea de que acabaría trabajando en los dibujos animados. Por lo general, trabajar como historietista suele ser una ocupación muy solitaria, y eso trae consigo todo tipo de auto-flagelaciones mentales. Resulta difícil resistirse, pero yo lo intentaba. 

Groth: ¿Cómo te tomas que Los Simpsons sea un trabajo de equipo en lugar de tener que hacerlo todo personalmente como en la época de Life in Hell?

Groening: Probablemente, el mayor obstáculo psicológico que tuve que superar al principio de la serie fue el de tener que ceder el control. Trabajar de forma independiente me resulta muy satisfactorio, pero también es muy solitario. Todos estos años me los he pasado sentado solo en mi garaje dibujando la tira de cómic sin que provoque reacción alguna en nadie hasta que termina siendo publicada. Trabajar con un puñado de personas en los Simpsons genera un estado de ánimo completamente diferente.
Groth: ¿Haces algún tipo de distinción creativa entre Life in Hell y los Simpsons?

Groening: Yo soy el que recibo todas las alabanzas y las críticas por Life in Hell, mientras que por los Simpsons recojo todas las alabanzas y ninguna de las críticas. [Risas.] No, los Simpsons son un esfuerzo grupal, y siempre hablo sobre ellos con mucho entusiasmo, porque de esa forma también estoy alabando el trabajo de todos los que están colaborando en la serie. Los guionistas, los directores de animación, los actores que tanto contribuyen a que la serie sea tan divertida. Es un enorme placer trabajar con todos ellos. 

En realidad, incluso Life in Hell es un esfuerzo grupal. Trabajo junto a un grupo de personas que me ayudan a que la tira sea distribuida, editada, vendida en librerías y todo lo demás. También considero que forman parte del proceso creativo. Es un poco menos gratificante que idear y dibujar a los personajes, pero forman parte de todo el proceso que hace que la serie llegue hasta el público.
Groth: Supongo que cuando estabas haciendo los dibujos para el Tracey Ullman Show, en realidad lo que lograste fue conceptualizar a los personajes y escribir tú mismo todo el material, dejando de esa forma establecido el contexto, el tono y los personajes, todo preparado para que los que vinieran detrás pudieran seguir avanzando a partir de ese punto.

Groening: No quiero minimizar la contribución que han hecho otros al programa. Brooks me dijo al principio de todo que era importante que la serie estuviese sustentada por una realidad emocional que no se pareciese demasiado a la de los dibujos animados. Nuestra meta era hacer que la gente se olvidase de que estaban viendo dibujos animados. Eso elevó nuestras ambiciones mucho más allá de lo que yo creía que seríamos capaces de alcanzar. Sam Simon, el otro productor ejecutivo (que había estado en Taxi y The Tracey Ullman Show), es un brillante director y guionista que ha estado trabajando antes en animación y que también había hecho historietas. Entendía los peculiares rasgos de la animación que consiguen que las series sean diferente de los shows en vivo y en directo. Además también tenemos la suerte de colaborar con un puñado de guionistas que son las personas más ingeniosamente divertidas que he conocido alguna vez. Mike Reiss y Al Jean son colegas bregados en mil batallas en el Garry Shandling´s Show. Además de trabajar con nosotros, nuestro guionista George Meyer edita un pequeño y notorio magazine humorístico titulado Army Man. Jay Kogen y Wally Wolodarsky son veteranos del Tracey Ullman Show, y gracias a su entusiasmo son capaces de levantar los ánimos de todo el mundo cuando ya estamos cansados y nos queremos marchar a casa. A John Swartzwelder, un antiguo guionista del Saturday Night Live, le gusta diseñar locuras de todo tipo en su trabajo. Herman, el vendedor de antigüedades militares paranoico con un solo brazo de la serie, se parece vagamente a Swartwelder. Jon Vitti es el tío más tranquilo de todo el equipo, pero aunque parezca pasar desapercibido, lo que hace es muy gracioso. Solía actuar como Flunky, the Late Night Clown en el programa de Letterman. Y luego también está David Stern, que entrega material de primera de forma regular y consistente.

Los directores de animación (David Silverman, Wesley Archer, Rich Moore, Greg Vanzo, Mark Vanzo y Brad Bird) son capaces de hacer un buen trabajo con presupuestos y fechas de entrega demasiado apretados. Incluso soy capaz de predecir que dentro de unos años, esta puede ser la lista de animadores y guionistas más reputados de las futuras series de televisión y películas cinematográficas de los noventa. 
Groth: ¿Nos puedes explicar cómo se te ocurren las ideas para el programa? ¿Eres tú quien suministra ideas que hacen la labor de plantilla o es más un esfuerzo grupal? 

Groening: Los guionistas nos reunimos al principio de cada temporada en un hotel. Alquilamos una suite para un día o dos, y todo el mundo se lleva un puñado de ideas a la reunión. Nos sentamos a primera hora de la mañana hasta finales de la tarde y vamos enumerando las ideas mientras algún desgraciado las va apuntando a toda prisa. Algunas ideas las abandonamos de inmediato, otras las desarrollamos bastante hasta que también las dejamos de lado, y algunas más acaban en los guiones.

Puede que cualquiera describa una de sus ideas y que sepa bien hasta dónde quiere llegar con ella, pero de repente alguien le interrumpe y la idea acaba transitando por una dirección completamente diferente. Intentamos que las tramas tengan giros de guión tan complejos que nadie pueda ser capaz de imaginar cómo va a acabar siendo el capítulo. Por lo general, las sitcoms están confinadas por unas cuantas variaciones de guión y un número limitado de personajes y entornos, pero en los Simpsons podemos hacer lo que queramos.

Groth: ¿Cuánta gente suele tomar parte en esas reuniones?

Groening: Diez u once personas. Tres productores ejecutivos y  ocho guionistas/ productores.

Groth: ¿Esa forma de trabajar en común en oposición a los guiones para un episodio redactados por una sola persona ha generado problemas alguna vez?

Groening: Antes me solía alarmar cuando las situaciones humorísticas se dirigían hacia algún sitio que personalmente nunca habría escrito, un punto de vista que no me atraía demasiado. Había algunas cosas que me parecía que la serie no sería capaz de soportar. Pero me di cuenta de que no tenía por qué acabar con una idea que no me atraía en cuanto la había escuchado, porque cada proposición se revisa tanto de principio a fin durante este período de varios meses que si algo no funciona, en última instancia acabará por ser desechada.

La gente que vive del humor tiende a ser más mezquina cuanto más salvaje se pone, y yo intento resistirme a hacerlo para no fastidiar mi trabajo. Al principio me alarmaba un montón, porque pensaba que la serie se estaba enfocando en esa dirección, pero todavía no hay nada que se haya emitido que me haya molestado. 

Groth: ¿Por qué crees que existe esa tendencia de (tal y como lo has descrito) ser más mezquino entre la gente que vive del humor?

Groening: La mayoría se obsesiona demasiado con su trabajo comercial, así que cada vez van traspasando más los límites, y es entonces cuando la ira hace aparición. La mala leche me parece bien, pero cuando está ideada por guionistas relativamente acomodados suele golpear el blanco con muy poco encanto. Algunos de los guionistas de televisión con buenos sueldos pueden ser insensibles ante las realidades del mundo exterior.

Groth: Tienes razón. Forma parte de la insularidad de Hollywood.

Groening: La mayoría de las familias de clase trabajadora que aparecen en televisión viven en casas mucho más espaciosas y mejor decoradas que las que conozco en persona. Nosotros solemos decir: "¡Hagamos que sea más decrépito! Pongamos grietas en las paredes y basura en la calle".

(Continuará)