viernes, 17 de febrero de 2017

LOST IN TRANSLATION: COMPRAR ALGO LISTO PARA LA AUTO-DESTRUCCIÓN, por Bill Randall. (2 de 4)

Artículo de Bill Randall para The Comics Journal nº 249 (2002). Traducido por Frog2000. Parte 1.

DE ACUERDO, Y AHORA LOS MANGA

Me encantaría poder decir sin reservas que durante su andadura Pulp entregó un plantel de cómics magníficos, pero dicho de la estúpida forma habitual eran cómics "para adultos", aunque probablemente los adultos hacia los que iban dirigidos no fuesen del tipo maduro, dado el gran número de series entregadas a la violencia estúpida a y la puerilidad más absoluta. Eso por no hablar del sexo sin alma. Especialmente durante su primer año, las series parecían haber sido elegidas para que pudiesen encajar en la plantilla más simplista de los géneros "erótico" o "violento", no por su cualidad estética. Comparadas con las series que se publicaron a continuación, la mayoría de estas pioneras no parecían nada especial. El primer número y el último podrían pertenecer a revistas completamente diferentes. Mientras que las últimas series tenían un aspecto extraño, e incluso experimental, algunas de las primeras no se distinguían gran cosa de los cómics que se podían encontrar en las estanterías occidentales. 

Un buen ejemplo podría ser Strain. Esta serie, repleta de violencia brutal y sexo violento, parecía una versión ligeramente con mayor fundamento que cualquier otra serie de Ryoichi Ikegami y Buronson, el equipo creativo de Santuario. La historia de Buronson, tan formuláica como cualquier otra cosa que haya guionizado hasta el momento, desarrollaba los puntos fuertes del género negro de una forma competente pero sin llamar demasiado la atención. El dibujo de Ikegami es el propio de su estilo. Bello y trillado a la vez, no obstante funciona muy bien para contar su historia. Junto con Rumiko Takahashi y Masamune Shirow, su estilo artístico le ha prestado al manga su rostro más público, porque es reconocible de forma instantánea. Eso no significa que sea el mejor artista que se puede escoger como embajador del manga. Su estilo se parece un poco al de los cómics occidentales, así que solo funciona de esa forma.

Otra serie que se incorporó desde el principio hasta el final de la revista fue Dance Till Tomorrow de Naoki Yamamoto, en la que se nos hacía partícipes de las peripecias sexuales de un adolescente tras descubrir que iba a heredar una gran cantidad de dinero. En realidad el título lo resume todo. Sé joven, sé libre, practica mucho sexo. Es la soap opera de relaciones humanas que el manga suele hacer muy bien sin el soap de por medio, un Maison Ikkouku con sexo. Mucho sexo. Pero en realidad nunca examina el sexo como uno de los rasgos que nos ayudan a ser humanos, aunque ten por seguro que aparece en grandes cantidades. Aparentemente, esta serie era una de las favoritas de los seguidores de la revista, pero es probable que no fuese por el sexo, sino porque estaba correctamente serializada, dándoles a los fans la oportunidad de ir conociendo a los personajes cuyas vidas a veces les hubiese gustado tener.

Pulp acabó su existencia publicando Cinderalla de Junko Mizuno. Mizuno, de la que previamente habíamos visto parte de su trabajo en la irregular antología Secret Comics Japan de Cadence Books, repasa el cuento de Cenicienta a través de una lente mutada, tan linda como asustadiza. Por lo general, su trabajo me parece muy atractivo, aunque quiero reservarme el derecho de opinar hasta que haya podido leérmelo completo en color en un tomo recopilatorio. La copia promocional anuncia la serie en la habitual línea promocional de los artículos de la revista ("psicodélica, super-saltarina y grotesco-monísima, el último objeto pop japonés"), pero el cómic se inclina por la copia de los cuentos de hadas y las imágenes góticas. Otra comparación de los anuncios asegura que es "las Powerpuff Girls en ácido", y dado que el interés de la serie de dibujos animados reside en que es poco más que un mestizaje sin fin de referencias culturales pop, no se equivoca. Al menos es bastante mejor que Strain.

Definitivamente, las tres series están a la altura de este tipo de antología: son nuevas, frescas, un poco trashy y probablemente olvidables. La mayoría del resto de series se les parecen, pero algunas de ellas son lo suficientemente buenas como para lamentar la desaparición de la revista.   

HEARTBROKEN ANGELES
Masahiko Kikuni

Hearbreak Angels fue una de los primeras series con una presentación en forma del popular diseño de cuatro viñetas al estilo de OL: Survival in the Office en ser traducida. Fue todo un acierto. El estilo no difiere demasiado del de nuestra tira de periódico de cuatro viñetas. Sin embargo, es diferente porque es más transgresora. Al menos eso es lo que aseguraba la copia de prensa: "Sexo. Escatología. Fetichismo. Muerte. Todo hay que achacárselo a Masahiko Kikuni, creador de algunos de los cómics japoneses más retorcidos que se han visto en América alguna vez. Kikuni es capaz de dibujar los personajes más monos y parecidos al anime imaginables... y luego hacer que empiecen a practicar actos poco naturales que hará que se estremezcan algunos de los autores de cómics estadounidenses más explícitos." Desafortunadamente, esta presentación cae en la trampa habitual que reclama que las cosas son mejores porque provienen del otro lado del charco, y que los pobres estadounidenses nunca van a ser capaces de emular. No soy demasiado fan de los cómics erótico-grotescos sinsentido, pero estoy bastante seguro de que fácilmente Crumb y los primeros undergrounds pueden hacer morder el polvo a Kikuni en la categoría de "más transgresor".

Eso no significa que la serie no esté bien, aunque vender cómics basados en la repugnancia puede que solo resulte atractivo al lector de impulsos más juveniles. En su favor hay que señalar que Kikuni es un maestro del formato de cuatro viñetas y un artista muy capaz, si bien sus diseños de personajes no varían mucho de lo habitual. También se las arregla muy bien para idear chistes con buen ritmo. Sin embargo, a menudo sus bromas son la mitad de divertidas. Quizá sea ese el motivo principal por el que guardando una gran relación con su temática, la mayoría de su humor se base en derivaciones de las violaciones de un claro conjunto de normas sociales. Hasta hoy, el humor británico sigue permaneciendo como una de las fuerzas vitales del humor derivado de una sociedad con un entendimiento completamente interiorizado del decoro. Tanto los libros de Jane Austen como "Guardando las formas" explotan el mismo territorio. A menudo el humor japonés funciona de forma similar, porque la sociedad ha desarrollado algunas de las prácticas sociales más rígidas del mundo. Sin embargo, en el caso de una artista como Kikuni, en cuyos cómics puede pasar literalmente de todo, el potencial por la fricción cómica causada por el choque de opuestos yuxtapuestos termina desapareciendo. Todo lo que queda es una transgresión que, como cualquier otra cosa, envejece muy mal después de un tiempo.

(Continuará)