sábado, 6 de enero de 2018

EL REGRESO DEL CABALLERO OSCURO, por Gene Phillips (2 de 2)

Artículo de Gene Phillips para The Comics Journal 114 (1987). Traducido por Frog2000. Parte 1.

El centro de cualquier discusión sobre el tema de Dark Knigt debería ser intentar fijarse en el propio Batman como una entidad que en algunos aspectos está más allá del nivel ordinario de los seres mortales, una entidad que representa lo que yo llamaría "lo supramundano". Este término captura intencionadamente los que muchos otros utilizan para describir cualquier elemento de una historia que comúnmente consideramos "fantasía con elfos, alienígenas, distorsiones en el tiempo, hombres voladores y hombres que pueden combatir con éxito el crimen vestidos con una capa" y un pijama. En géneros como la fantasía, el terror, la ciencia ficción y los superhéroes aventureros, se da por sentado que existe lo así llamado "supramundano", y mientras muchos críticos ven esta hipótesis como contraria a los objetivos de la literatura "realista", me parece que es simplemente otra forma de ficción cuyos objetivos difieren de los de la ficción mimética, aunque cuando hablamos en términos de potencial literario, no sea menos importante. Así que Miller nos ofrece la situación de "¿Qué haría Batman si existiese de verdad?", y procede a ficcionar a partir de esa hipótesis.

Esto no quiere decir que Miller se niegue a tratar con la realidad mundana. Si quiere poder reinterpretar a un luchador contra el crimen derivado del pulp ideado para una audiencia compuesta principalmente por niños, obviamente tiene que hacerlo. Miller comenta: "Una cosa que tenía que hacer de inmediato era que sus métodos se volviesen mucho más violentos, y tenía que volverlo mucho más inteligente". En consecuencia, el Caballero Oscuro ya no podría ser la fantasía infantil del héroe que somete a innumerables enemigos mediante derechos con inmediata puerta de escape y el corazón puro. En los siguientes encuentros cara a cara, el Caballero Oscuro puede elegir deliberadamente romper la pierna, la cadera o la columna vertebral de un oponente, puede usar Batarangs afilados como cuchillas para morder la carne de sus enemigos, o un Batmóvil tipo tanque para diezmar a varios Mutantes con fuego de ametralladora.

Por eso está claro que el Batman de Miller no suscribe la doctrina de la "fuerza mínima", por lo que es capaz de matar para defender a un inocente, volando a un pistolero en el Segundo Tomo (aunque el pistolero no parezca haber muerto). También se puede argumentar que muchas de sus acciones defensivas podrían haber causado su muerte inadvertidamente. (Por ejemplo, yo me sentí bastante incómodo con una escena del Cuarto Tomo, cuando Batman sabotea el tejado de un edificio para que caiga sobre un equipo SWAT que le persigue.) Aún así, cabe señalar que la meta de las actividades violentas de Batman siempre es proteger a los inocentes. Por eso, cuando se le ha preguntado si la cruzada de Batman podría ser un propia de alguien que está alucinando, Miller responde: "No lo veo como un psicótico, lo veo como un héroe".
Miller se esfuerza mucho en apoyar la dimensión psicológica de su interpretación heroica. A diferencia de otros creadores, él ve a Batman no como un hombre motivado por un incesante deseo de venganza, sino "como un niño al que un solo acto violento le quita todo sentido a su vida, y desde entonces, fuerza todo lo que puede al mundo para que adquiera sentido". En otras palabras, Bruce Wayne no solo está indignado por su propia tragedia personal, sino que cree que cualquiera debería quedar libre de sufrir tales tragedias.

Como si fuese una ligera digresión, diría que toda la situación mítica de la muerte de los padres del héroe se ha simplificado demasiado como una simple búsqueda de venganza. Si tal fuese el caso, Batman apenas tendría motivos para seguir luchando contra el mal una vez que ha encontrado al asesino de su padre, como tampoco lo haría ningún otro héroe de continuará. Por el contrario, la muerte de los padres, por traumática que sea, obliga al héroe (a menudo en una etapa infantil, aunque no sea de forma tajante) a crecer de la noche a la mañana, a asumir las responsabilidades del crecimiento adulto de manera extrema, no solo para vengar a sus padres, sino para convertirse también en un padre sustituto de los ciudadanos de Gotham, proteger a niños inocentes y castigar a los culpables.

Concretamente en el caso de Robin, esencialmente Batman se convierte en un padre sustituto. Aunque Carrie Kelly no pierde a sus padres, como sí les ocurre a Wayne y a Dick Grayson, son figuras nebulosas, "vistas" solo a través de su diálogo, y es Batman, después de salvarla, quien se convierte en un modelo a seguir. De forma similar, aunque representados en la mayor parte de la obra como residuos zombieslos Mutantes terminan tratando a Batman como una figura paterna y autoritaria, mientras que en el Tercer Tomo se enfatiza particularmente el papel de Batman como protector de los chicos que frecuentan la feria.

Los aspectos heroicos de Batman como protector parental de inocentes y de "padre" espiritual de sus hijos parece demasiado simplificado en la reseña de Cindy Carr para el suplemento literario del Village Voice (extraído del Journal 109). Ella parodia la obra de la siguiente forma: "Maldición. Alguien tiene que enfrentarse a los cretinos infrahumanos que aterrorizan a ciudadanos inocentes respetuosos de la ley". Dicha revisión pasa a caracterizar los dos primeros volúmenes como "propaganda neo-conservadora" y al Caballero Oscuro como "Rambo con una capa".


Esta es una crítica significativa, no porque sea cierta, sino porque muestra que Miller no logró que se distinguiese su producto del pésimo nivel de Rambo, aunque en Dark Knight se puedan encontrar muchas sutilezas de las que Rambo y otras ficciones similares carecen.
En la medida en que el Primer Tomo contiene una yuxtaposición de viñetas en donde un entrevistador de televisión pregunta a dos hombres en la calle por sus opiniones sobre Batman y obtiene una respuesta a su favor de un fanático conservador que "espera que vaya tras los homosexuales" y otra desfavorable de un hipócrita progresista, que predica que hay que ayudar a los socialmente desfavorecidos pero que "nunca vivan en la ciudad...", es difícil ver cómo un crítico podría etiquetar esta obra de "neo-conservadora". Los objetivos de la sátira de Miller incluyen tanto a extremistas liberales como extremistas conservadores. Un ejemplo prominente de este último es el incidente de Reagan y el traje anti-radiación antes mencionado. Los progresistas temen a Batman porque amenaza a los "desfavorecidos" con quienes (correcta o incorrectamente) se identifican, mientras que los conservadores lo odian por no seguir sus dictados. E incluso "los ciudadanos inocentes respetuosos de la ley" serían capaces de dar alguna paliza al convertirse en animales enloquecidos en cuanto falla la electricidad y todo se queda a oscuras, por lo que Batman y varios "cretinos infrahumanos" tendrán que llamarles al orden. Por supuesto, el mismo concepto de vigilante evoca imágenes de las tropas de asalto nazis y el Ku Kux Klan, por lo que claro que se esperan involuntarias reacciones negativas. Al parecer identificar a Batman con tales fuerzas reaccionarias, al no separar claramente a Batman, quizá Miller haya quedado expuesto a tales críticas, oscureciéndose así la verdadera esencia de su pensamiento, es decir, provocar el debate acerca de los problemas existentes, sin permitir que la voz personal del autor se inmiscuya: usar a Batman como un "comodín" que no se ajuste a ninguna de nuestras categorías estándar. Como el héroe ha dedicado su vida al "propósito de otro mundo" de erradicar el crimen, se convierte en "una figura mitológica, como un dios en la tierra", en perfecta consonancia con lo que antes he denominado como "supramundano", un elemento o elementos que desafían la realidad mundana convencional. Miller explica: "En las primeras aventuras de Superman y Batman, el superhéroe era un elemento inusual, a menudo místico, que se centraba en y definía situaciones y problemas del mundo real de una forma que era más clara y directa que una simple enumeración de los hechos... ("Es demasiado grande", dice Yindell de Batman, haciéndose eco de palabras similares de Gordon, enfatizando que Batman está "por su naturaleza, más allá que el resto de nosotros".)

Así, debido a los muchos mitos sobrenaturales que lo rodean, difícilmente se puede minimizar a Batman con el término "Rambo con una capa". Miller también subvierte la fantasía tradicional del superhéroe, aunque no el concepto general de heroísmo. Esperamos ver a Batman luchar contra el Joker, el representante del caos desenfrenado y la muerte, pero no contra Superman, que simboliza un orden opresivo y estúpido que merece el derrocamiento. "Sí", piensa Batman, criticando mentalmente a Superman, "siempre dices sí a cualquier persona con una insignia... o una bandera..." Para Batman, Superman ha traicionado el potencial que ambos tenían para cambiar el mundo para mejor, lo que hace posible que un jugador político como Ronald Reagan juegue con vidas inocentes. De hecho, cuando Batman casi derrota a Superman, pateando brutalmente al Hombre de Acero en la cara, en algunos aspectos ataca a todos los que se han comprometido con el mal y la estupidez, permitiendo que los inocentes sean perjudicados para proteger a los-que-son-inocentes-hasta-que-se-demuestre-lo-contrario. Para los seres humanos comunes no hay otra alternativa, y no creo que Miller esté sugiriendo que los vigilantes deberían estar sueltos en nuestra sociedad al estilo de Bernard Goetz: solo quiere usar la figura supramundana de Batman para revisar lo que ocurre desde una perspectiva más amplia. 
Sin embargo, en el lado negativo deberíamos admitir que aunque una dimensión mítica sobre el héroe excusa en parte que sea juzgado en términos ordinarios, otras características de la historia no tienen por qué estar exentas de la ley del sentido común por parte del guionista. Tal vez algunos de los sucesos de la historia se puedan justificar arguyendo que han evolucionado a partir de circunstancias inusuales; es decir, tal vez uno puede creer que al ver a Batman vencer al Líderalgunos Mutantes comiencen a adorar al murciélago, y tal vez uno pueda creer que Superman es capaz de organizar un enfrentamiento con Batman sin ninguna interferencia intempestiva del Ejército. Pero la mitología se descompone un poco en uno o dos pasajes principales: en el Tercer Tomo, parece más allá de cualquier lógica que Batman, que no es, después de todo, un dios, se sumerja en medio de una barahúnda de policía bien armada. (Si todo lo que quería hacer era meterse en el Estudio, ¿por qué no lo hace igual que hace más tarde, disfrazado y entrando por la puerta principal, sin tener que pelear con la policía?) La respuesta es, por supuesto, que Batman tenía que luchar con la policía, convirtiéndose en un salvador denostado, pero aquí la lógica del mito casi se carga la lógica de la vida real. Y en el Cuarto Libro, después del lanzamiento del misil soviético, escuchamos mucho sobre los efectos que puede tener el misil, pero nada más. Con Estados Unidos indefenso, ¿por qué Rusia no podría aniquilar a su enemigo? ¿O al menos invadirlo? ¿Los previene Superman o los convence de que no lo intenten? Nunca llegamos a saberlo. Pero el error más dañino en la estructura del Dark Knight es el desenlace. 

Los Mutantes, los adversarios iniciales de Batman, se convierten irónicamente en sus "Merry Men", un nuevo equipo de luchadores underground contra el crimen, pero nunca se les otorga personalidades diferenciadas. Son como unidades clónicas de puro caos, sin más dirección que la violencia aleatoria, hasta que Batman los moldea para que se ajusten a su diseño. No tengo problemas con la idea básica del final, porque es la extrapolación lógica de lo que un Batman fuera de la ley podría hacer de forma plausible. Pero no me puedo creer que un héroe tan justo eligiese como sus ayudantes a tipos tan descerebrados como Los Hijos de Batman, que matan y mutilan criminales (y a algunos inocentes), o que han matado a varios policías, a uno de ellos de forma bastante violenta. De nuevo, comprendo la lógica de la mítica: Miller incluso dice que "Batman comete actos malvados para luchar contra el mal", pero en la vida real, uno no puede sino dudar de que tales "cretinos infrahumanos" se pudiesen convertir en héroes más grandes que la vida. Irónicamente, el tratamiento que hace Miller de todos los héroes disfrazados (o previamente disfrazados) -Bruce Wayne, Carrie Kelly, Clark Kent, Oliver Queen- les da a cada uno de ellos una vida tan individual como sus personalidades lo permiten. Para cada uno, la decisión de luchar contra el crimen, aunque sea imposible en la vida real, es una reacción consciente a su percepción de su entorno, no una cuestión de que hayan sido arrastrados por el carisma de un líder. Miller podría haber acometido el final sin problemas si nos hubiese dado más información sobre los Mutantes que Batman ha elegido como sus ayudantes, algo que nos haga creer que no ha seleccionado simplemente a los tipos más dóciles, pero deja escapar la oportunidad. Para el caso, el final es difícil de juzgar, porque Miller deja en penumbras los verdaderos planes de Batman. Presumiblemente, no pretende derrocar al gobierno, aunque Oliver Queen parece haber estado involucrado en ciertos sabotajes contra el gobierno de Estados Unidos (Cuarto Tomo). Batman comenta algo acerca de "un mundo plagado de cosas peores que ladrones y asesinos", pero también dice "me callo" para que Superman nunca se vuelva a ver obligado a pelear contra él. Lo único que se me ocurre es que esto implica una especie de configuración tipo Robin Hood, en donde Batman y sus seguidores continuarán luchando contra la corrupción, pero Miller nunca lo deja claro. 
Para concluir, diría que la obra de Dark Knight es absolutamente entretenida y significativa, aunque de alguna forma su significado no tenga la resonancia tan rigurosa que uno podría desear. Al igual que a lo que aspira, sus defectos no siempre son pequeños, pero sus ambiciones están contadas de una forma tal que uno tiende a ignorar los fallos. Algunos críticos han optado por centrarse exclusivamente en estos fallos y han ignorado la profundidad de las orientaciones míticas del Caballero Oscuro, que es más bien como escribir sobre W.B. Yeats sin hacer referencia a la inclinación por los mitos de ese poeta. Está bien, si quieres puedes hacerlo, pero se echa mucho de menos. Si los cómics llegan a madurar y engrosan la literatura "real" alguna vez, será necesario que las futuras obras tengan la misma actitud madura sobre los cimientos míticos que la literatura, tal y como se puede ver en las obras de figuras literarias "de verdad", es decir, Yeats, Melville, Borges, Robbins (Tom, no Harold) y Calvino. Y si bien es cierto que puede que la literatura nunca llegue a aceptar de corazón obras que simplemente se basan en mitos primitivos y crudos como el primer Batman, aunque se les infunda todo el significado que pueden tener, la existencia de obras como el Caballero Oscuro de Miller, Howard, el Pato de Gerber y La Cosa del Pantano de Alan Moore suponen importantes pasos hacia delante para los cómics. Con la ayuda de estos títulos en su transición, los cómics podrían forjar algún día mitos literarios capaces de alinearse con Prospero, Michael Robartes y la Gran Ballena Blanca.

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