lunes, 26 de marzo de 2018

ESCENAS DE PELEA, ESCENAS DE PELEA POR DOQUIER... ¡Y SIN TIEMPO PARA PENSAR! (5 DE 5)

Por Heidi MacDonald para The Comics Journal 87 (1983). Traducido por Frog2000. Parte 1parte 2parte 3, parte 4.

Donald intenta reunir algunos huevos de las aves, pero los nativos le pegan con un palo. Molestos con la intromisión de Donald, lo capturan a él y a sus sobrinos. Por su parte, Gilito consigue refugiarse en la nave.

Los sobrinos consultan su Manual de los Jóvenes Castores y traducen el idioma nativo. Resulta que los huevos de los pájaros son el único suministro alimenticio de los nativos, por lo que ahora que las aves se han asustado y huido, es posible que no regresen nunca.

Gilito les da a los indígenas algo de fruta, y se la comen toda. A instancia de sus sobrinos, el viejo pato les regala toda la comida que llevan en la nave.

"¿Por qué no se van a vivir a ese GRAN asteroide donde podrían tener todas la comida que quisieran?",  pregunta Gilito iracundo.

"¡Sí! ¿Por qué no?", responden los chicos. "Solo hay trescientos metros hasta esa tierra paradisíaca. Si pudieran dar un salto de trescientos metros, seguro que ya lo habrían hecho".

El entendimiento (acompañado por un halo de gotas de sudor) alumbra a Gilito: "¡Ya lo entiendo! ¡Vaya forma de vida! Tienen a la vista todos esos plátanos y no pueden comerse ningunto, salvo los huevos". En segundo plano una madre le ofrece radiante a su hijo igualmente feliz un preciado racimo de uvas.

Como no tienen suficiente combustible para llevar a los nativos hasta el Paraíso, los patos despegan para volver a la Tierra, parece que no hay nada que puedan hacer sino marcharse. En un ataque de culpa, Donald hace trizas su pistola. Gilito hace algunos cálculos más y al despegar se puede ver su desazón.
De repente, los sobrinos se dan cuenta de que Gilito regresa al Paraíso. Extiende una cuerda entre ambos asteroides, y por fin los pequeños nativos pueden trepar alegremente hasta la tierra prometida.

Gilito le queda suficiente combustible como para llegar hasta la Rueda Espacial Cinco, donde un letrero nos informa de que ahora los hot dogs cuestan 7.000 dólares, 8.000 con suplemento de mostaza.

"¿Todavía quieres trasladar tu dinero?", le pregunta Donald a Gilito.

"Donald, después de pagar este viaje, no habrá suficiente por lo que preocuparse".

Tal vez no sea una de las mejores historias de Barks, solo un ejemplo típico de su trabajo, 18 páginas de intrigante y conmovedora narrativa, con innumerables pequeños toques humorísticos tal y como solo Barks es capaz de hacerlo: echa un vistazo al divertido aspecto de la nave espacial, o la mirada de los sobrinos cuando descubren que el zumo de naranja ha sido reemplazado por combustible para cohetes. "Tomad un poco más de galletas y agua, compañeros".

Por muy repugnante que pueda parecer, imagina cómo se habría contado esta historia al estilo Marvel. Los héroes se habrían pasado la mayor parte del relato peleando con los nativos antes de enterarse de que eran amigos. Después de que se marcharan los pájaros, se habría celebrado otra pelea. Seguro que en el Asteroide Paraíso habría otra tribu contra la que también habrían tenido que combatir antes de que los pequeños nativos pudieran ser felices... ¡aagh!

Afortunadamente, en el cómic hay muchas otras historias que apoyan mi tesis. Historias perfectamente satisfactorias, entretenidas e ilustrativas que se pueden contar sin escenas de lucha.
LUCHAR O NO LUCHAR, ESA ES LA CUESTIÓN

Qué triste parece, incluso patético, que en la búsqueda de la Escena de Lucha Definitiva, el cómic convencional haya abandonado otros modos igualmente poderosos de expresión.

Se puede asegurar sin equivocación que los cómics son capaces de expresar el humor de una forma increíblemente poderosa, maravillosa e hilarante. Sin lugar a dudas, en el campo del humor los cómics son capaces de rivalizar con cualquier medio. ¿Qué tal el Mad original? Aunque igual no era un cómic, dirá alguno, sino un magazine centrado en el humor. En las tiras el género ha sido increíblemente afortunado: McManus, Dirks, Herriman, Capp, Kelly, Schulz, Trudeau, Feiffer. El cómic también ha visto muchos ejemplos de invenciones humorísticas sin nada que le haga sombra: Meyer, Barks, Stanley, Crumb, Shelton.

Desafío a cualquiera a que me argumente que los cómics son más adecuados para contar historias sobre superhéroes que para contar historias humorísticas.

Superhéroes o humor. ¿Qué categoría abunda más ahora? Imaginaos por un momento cómo serían la mayoría de los cómics actuales si fuesen series humorísticas en lugar de superheróicas.

Aunque en realidad ¿quién demonios se preocupa ya de editar funny books [otra forma de definir el comic book]?

Cualquiera que sepa algo sobre la historia de los cómics sabrá que las escenas de lucha no son una parte obligatoria de su narrativa, sino que solo las personas inmersas en la industria del cómic lo perciben como tal.

Tampoco me gustaría que los chavales dejasen de disfrutar con sus cómics, pero, ¿por qué las editoriales quieren que las personas que no están interesadas en los superhéroes dejen de disfrutar de todas las historias que se podrían contar en el cómic? ¿Por qué no se puede aprovechar toda esa energía para otra cosa?
El futuro del cómic estadounidense, si es que lo tiene, obviamente no puede y no debe estar persiguiendo a los superhéroes y aledaños. Pero hay algunos signos esperanzadores. Las nuevas compañías como Eclipse, First y Pacific, e incluso DC y Marvel (esta última con su línea Epic) han empezado a editar series que aunque no se alejan demasiado de la Madre del Cordero, al menos presentan nuevos enfoques. En particular son las compañías más nuevas las que están buscando, siempre tentativamente, fuera del marasmo de los superhéroes. Por eso, el futuro puede estar en las obras cuyos orígenes se encuentran más alejados de la Mítica Marvel como Cerebus, Elfquest y Maus. (Solo por nombrar tres series diferentes de intenciones parecidas.) El mayor problema sigue siendo intentar llegar a los mercados interesados ​​en el cómic que no es de superhéroes. Ojalá pudiese agitar una varita mágica y resolver todos los problemas de la industria del cómic. Por supuesto, nadie puede hacerlo. Tal vez las cosas cambien al final. O tal vez no. La industria se encuentra justo en medio de su mayor cambio desde la aparición del Code, y el impacto que tendrá el pago de los royalties y la tendencia hacia un mercado de venta directa aún no está muy claro. Los pulps y los folletines radiofónicos se extinguieron. La cantidad de westerns que se rodaban empezó a disminuir. Tal vez los cómics también lo hagan. Al haberse limitado durante tanto tiempo a un abanico de compradores tan extremadamente estrecho (y tan voluble), es posible que nunca puedan escapar de la cárcel en la que se encuentran. Tal vez nunca quieran hacerlo. Ningún dios de la cultura cruzará andando sobre el mar para darnos unas nuevas escrituras. Sigo pensando en aquella historia que me contaron sobre un zorro que una vez se encontraron algunos cazadores. Cuando era cachorro se había quedado atrapado en un frasco, y aunque había logrado romper la mayor parte de su prisión, todavía tenía un anillo de vidrio alrededor del cuello. El zorro estaba vivo, pero había crecido atrofiado y cabreado. Las escenas de lucha son como un anillo alrededor del cuello del medio del cómic. Hay que quitárselo cuanto antes. Hay que dejar que el zorro crezca fuerte y hermoso. Hay tantas historias llenas de aventura, humor, magia, misterio y drama que están esperando contarse... ¡Pero mientras los cómics no sigan tratando más que del viejo ¡ZAP! ¡POD! ¡THUD! nunca vamos a poder leerlas!

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