miércoles, 6 de febrero de 2019

ENAMORADO DE LOS CÓMICS, una entrevista con Mario sobre su vida con Jaime y Beto Hernandez. (PARTE 3 DE 4)

Esta entrevista se publicó originalmente en Comic Book Artist nº 15 (2001). Fue conducida por Jon B. Cooke y transcrita por Jon B. Knutson. Tradujo: Frog2000. Parte 1. Parte 2

COMIC BOOK ARTIST: ¿Es Oxnard una zona residencial?

MARIO: Si, en gran parte es suburbana. Empezó siendo un lugar de agricultores, y desde entonces ha ido creciendo hasta convertirse en una zona suburbana.

CBA: ¿Al estilo del cinturón que rodea Washington D.C.?

MARIO: No lo sé.

CBA: Allí todo son centros comerciales, y más centros comerciales. El punk se generó a partir del aburrimiento, ¿no? [Risas.]

MARIO: ¡Eso es! El punk trata sobre todo de hacer las cosas por uno mismo. Algo que también tiene mucho que ver con los cómics.

CBA: ¿Ibas con pintas hippies en aquel entonces?

MARIO: Oh, por supuesto. Fui un hippie, y un rockero glitter, [risas.] De alguna forma también fui un punk rocker, excepto que para cuando apareció el movimiento, yo me había casado.

CBA: ¿Cuando lo hiciste?

MARIO: Fue en el ´74. Yo tenía 21 años. Tuve algo así como la necesidad de asentarme.

CBA: ¿Cómo evitaste el servicio militar?
MARIO: Yo era un poco idiota, pero tan solo tuve que dar largas, y entonces llegó el momento en el que tenía que ir sí o sí, pero tuve suerte y no me tocó ir en el sorteo. Todos mis amigos se tuvieron que ir para Alemania, y yo me quedé en casa, cuidando de los bebés. [risas.]

CBA: ¡A tu rollo! [risas.] Obviamente, en los primeros setenta las drogas se podían encontrar por todos lados. ¿También formaban parte de tu vida?

MARIO: Oh, claro, porque vivías en los suburbios, y allí no hay otra cosa que beber, tomar drogas, vagabundear, y claro, también formé parte de todo eso. Recuerdo que Gilbert hizo una historias sobre una fiesta, y me dije: "¿Por qué no te pones a hacer cómics sobre gente que acude a fiestas? Podría ser muy divertido." Siempre estábamos dándole vueltas a esas cosas.

CBA: Tus hermanos tienen como una especie de veta de resuelta independencia, y además, en muy poco tiempo se asociaron con uno de los editores más independientes del negocio, Gary Groth. Sacasteis el primer número de Love and Rockets con la esperanza de conseguir algún trabajo, pero en ese momento estabais en el paro, ¿verdad?

MARIO: Oh, claro. Fue todo una cuestión de hacerlo en el momento adecuado. Por alguna razón, llegamos justo en el momento en el que Gary estaba listo para editar algo, lo que fuese, aunque no sabía el qué. Estoy seguro de que se estaba devanando los sesos, o esperando que algo le cayera en las manos, y eso es lo que ocurrió. Seguimos guardando su carta, que empieza: "¡Jodido Jesús!", o algo así. [Risas.] "¡No me puedo creer que hayáis hecho algo como esto, chicos!"

CBA: ¿Cuántas copias se imprimieron de aquel primer número?

MARIO: Oh, se supone que hay unas 1.000 copias [risas], pero creo que fueron algo menos. Por poner un ejemplo, el otro día estuve rebuscando en el garaje, y encontré una caja con algunas páginas separadas de ese primer número.
CBA: ¿Sin grapar?

MARIO: Si, porque nos quedamos sin una de las páginas. El tío de la imprenta no puso toda su atención en el trabajo. Solo nos dijo: "Son 400 dólares". Las grapamos en mi cuarto de estar con una grapadora que nos habían prestado. Lo montamos todo, y entonces descubrimos que había 800 páginas de una parte, y solo 700 de la otra. [Risas.] Aún me llegan cartas de gente que se compró ese primer número.

CBA: ¿Cuánto tiempo os llevó devolverle el dinero a vuestro hermano?

MARIO: Oh, dios mío, toda la vida. [Risas.] ¿Estás de broma? En esa época era muy difícil.

CBA: ¿Recuerdas el año o el mes en el que fuisteis a la imprenta? ¿Fue antes de Reagan?

MARIO: No, estábamos en plena era Reagan. De hecho, Gilbert decía que estaba contento porque hubiesen vuelto los Republicanos, porque cuando estaban al cargo eran épocas de mayor creatividad. Nosotros pasamos por buenas épocas durante los años de Reagan y Bush.

CBA: Una época que estaba lista para Love and Rockets. Supongo que fuisteis creciendo poco a poco, ¿no? ¿Cuándo empezasteis a recibir respuesta a ese primer número?

MARIO: Bueno, dios... no sé, nos llegaban cartas de gente que nos decía: "Wow, esto está muy bien", y lo comparaban con otro material. Cuando empezaron a comparar a Gilbert con García Márquez, me pareció demasiado. [Risas.] Nunca habíamos escuchado hablar sobre "Cien años de soledad". Así que cogimos y nos lo leímos, [risas], y nos dijimos: "de acuerdo".

CBA: Obviamente, eras un hombre familiar con un curro de nueve a cinco, un trabajo diario. ¿Te diste cuenta entonces de que quizá te iba a llevar bastante tiempo hacer evolucionar tus propios cómics?

MARIO: Oh, claro. Les estoy muy agradecido a mis hermanos por dejarme participar con mi material más crudo, porque su obra se había pulimentado a toda velocidad, y yo iba por detrás. Aún sigo practicando,  y últimamente he estado haciendo material muy chulo, pero creo que podría ser mucho mejor. Estoy muy orgulloso de mi contribución a Measles.

CBA: ¿Existía una especie de rivalidad entre hermanos? Obviamente, los hermanos suelen vivir unas cuántas anécdotas centradas en la rivalidad y la competitividad. Que uno siempre puede superar al otro, que otro puede ser más listo que el primero, y que aún pueden seguir queriéndose. ¿Es lo que ocurrió en vuestro caso?
MARIO: Bueno, para mí, Gilbert es el Picasso del grupo, puede hacer cualquier cosa, y tiene ideas que parecen surgir de la nada. Jaime me dejó muy sorprendido. No quiero menospreciar su trabajo ni nada así, pero de vez en cuando me deja absolutamente anonadado. Pero en el caso de Gilbert, me pasa siempre. Por supuesto, envidio mucho lo que hace, porque ¡yo soy el mayor, hostia! [Risas.] Pero tampoco es que me cabree con ellos ni nada. Siempre he admirado lo que hacen. Pero aún no estoy listo para enterarme de qué es lo que piensan ellos sobre mi obra. A veces, el único que me ha dicho algo ha sido Gilbert, que me ha comentado: "sigue adelante y no te preocupes por nada". [Risas.] No sé si es algo bueno o malo, o si no le gusta lo que hago, no tengo ni idea. [Risas.]

CBA: Fuiste tú quien guardó las 700 copias del primer número, ¿cuánto tiempo te llevó venderlo?

MARIO: Aún tengo un par de cajas. Puede que vendiésemos un par de cientos, pero todavía me quedan cajas en el garaje.

CBA: ¿De la primera tirada?

MARIO: Claro.

CBA: ¡Creo que el precio se ha disparado por las nubes!

MARIO: ¡No lo sabía! Suelo ir a Convenciones y a tiendas de cómics, y me fijé en que el de la portada del primer número en blanco y negro llegó a venderse por 200 dólares cuando estuvo más caro, pero ahora ha bajado a unos sesenta dólares. Últimamente ni me he fijado en cuánto cuesta. Nos guardamos algunos. En el pasado le vendí una buena porción a las tiendas, pero no sé qué habrán hecho con ellos. Todavía tengo algunos por aquí cerca.

CBA: Cuando descubrí Love and Rockets era bastante tarde, quizá 1985. Había escuchado hablar de la serie, aunque no confiaba demasiado en el anuncio que había visto en una tienda, ya que me había equivocado más de una vez. Pero por fin me compré el número 11, y de inmediato me volví loco con "Errata Stigmata".
MARIO: Su historia es que un día estábamos hablando sobre cine, y estábamos a punto de ver "Mickey One" [Acosado, 1965], donde sale Warren Beatty. Pusieron el anuncio, y la verdad es que antes nunca habíamos visto una película como esa, porque nos parecía muy bizarra, y Gilbert me dijo: "deberíamos escribir una historia parecida". Y le contesté: "Pues no sabría decirte de qué va esa película". Así que escribí un guión y se lo pasé a Gilbert, y entonces se convirtió en "Errata Stigmata", tan retorcida como es. El ritmo y lo que ocurre en el cómic son cosas que yo escribí, pero la mayoría del diálogo y de los personajes son suyos. Está muy bien [risas], ¡es asombrosa! Me habría gustado hacer cosas similares para siempre, darle cualquier cosa y decirle: "toma, haz que esto mole mucho" [risas].

CBA: ¿Os ocurrió algo parecido con más proyectos?

MARIO: Quizá con otros dos. Comos cuando hicimos Mister X, en el que colaboramos todos, la única vez que hemos colaborado los tres.

CBA: Se dice que fuiste tú el que más tiró de ese proyecto, ¿es cierto?

MARIO: Bueno, de alguna forma, fue algo extraño. Habíamos visto los bonitos pósteres que había hecho Paul Rivoche más o menos dos años antes de que se editase esa serie. Recordábamos las ilustraciones, y nos quedamos en plan: "¡guau, qué ganas tengo de que salga esto de una vez!" Y un día, no sé cómo pudo pasar, pero creo que Ken Steacy llamó a Gilbert o a Gary, o algo así, y le dijeron que estaban buscando a alguien que hiciese la serie porque, supongo, Paul no podía terminarla, y tenían cierta idea del aspecto que querían para la colección.
CBA: Se supone que Ken dijo: "bueno, ¿crees que esos tíos podrían funcionar?"

MARIO: Así que pensamos: "bueno, es nuestra oportunidad de ganar algo de dinero", porque ninguno de nosotros tenía dinero, así que nos dijimos: "quizá esta sea la forma de meternos en el mainstream." Así que decidimos hacerlo, y Jaime dijo que él dibujaría la serie, Gilbert dijo que él se encargaría de los diálogos, y yo haría todo el entramado y diseño restante del guión y el ritmo, y empezamos a apuntar ideas... fue muy raro, porque Gilbert sabía bastante bien lo que quería hacer, y yo me quedé un poco más callado y en la retaguardia, pero estuvo bien. Me quedaba callado cada vez que me decía: "esa idea es una estupidez", [risas.] Y yo reaccionaba: "muy bien, ¿y qué te parece esta otra?" A veces me sentaba en la sala de estar, y Gilbert se venía con un trozo de papel, y Jaime ni siquiera prestaba atención, y yo decía: "De acuerdo, entonces Mister X...", y Jaime decía: "quiero dibujarlo saliendo de un pozo". [Risas.] "De acuerdo, sale de un pozo, ¿y luego? Oh, se marcha en coche con alguien y se van a una fiesta". [Risas.] Se nos ocurrían ese tipo de cosas. Pero el esqueleto de los personajes, y su apariencia y lo que le ocurría, que no podía dormir, que tomaba drogas, y la ciudad y el resto... algo que encontraba fascinante, fue cosa mía. Pero se nos presentaron algunos problemas, porque no nos pagaron, así que decidimos dejar la serie después de solo cuatro números. Tampoco matamos a todos los personajes como habíamos planeado hacer en un principio.

CBA: ¿Queríais matar a todos los personajes?

MARIO: A nuestros personajes, a los que habíamos creado nosotros, porque Gilbert se había encargado de todas las mujeres de la serie. Te puedes dar cuenta si te fijas en los primeros números, porque solo aparecía una chica en la serie. Y él quiso meter más, porque (supongo) en Love and Rockets estaba funcionando muy bien, y le gustaba dibujar personajes femeninos, así que hicimos muchos, y quisimos matarlos para que no los pudiesen utilizar en los siguientes números. Pero, bueno, supongo que al final lo hicieron, no estoy seguro. Ya no le presté más atención a la serie.

CBA: He leído Mister X, y también he hablado con Dean y Paul sobre el tema, y parece como si algo faltase al final de la colección. El personaje arquitecto de Mister X es estupendo, pero luego se convierte en un cómic donde aparece menos, y que trata más sobre Mercedes...

MARIO: Nos dimos cuenta de que Mister X no era demasiado interesante, se parece un poco a The Spirit. Te habrás dado cuenta de que la mayoría de las historias de The Spirit no tratan sobre él, sino sobre lo que ocurre a su alrededor, ¿verdad? Aparece para pegar a alguien en la cabeza, y luego se marcha y le besan o lo golpean. Forma parte de la atmósfera. Pero si te fijas, no tiene demasiado diálogo.

CBA: Mister X parece deslizarse por agujeros e ir a fiestas (algo que también podría servirles a Luba y a Maggie). Al mirar el póster, parece prometer drama, amenaza, suspense, lo que en realidad no se ve nunca.

MARIO: La idea también era humanizarlo, y Dean Motter... tuvo una idea que estaba muy bien y todo eso, pero el personaje parecía transmitir un poco de frialdad... trataba más sobre la ciudad, y sobre cosas, que sobre personas.

CBA: Así que vosotros aportasteis el elemento humano, ¿no?

MARIO: Claro, en especial porque cuando se editó, Gilbert y Jaime estaban alcanzando sus respectivos cénits en "Sopa de Gran Pena" y en el material protagonizado por Maggie y Hopey. Se habían metido en los personajes hasta el fondo, y escribirlos suponía aportar una buena cantidad de emociones humanas.

(Continuará)

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