miércoles, 7 de agosto de 2019

EL ESTADO DEL ARTE, UNA ENTREVISTA CON GIL KANE Y ROBERT CRUMB (PARTE 1 DE 5)

Entrevista realizada en la Dallas Con por Gary Groth para The Comics Journal nº 113 (1986). Traducción: Frog2000.

GARY GROTH: Hoy tenemos ante nosotros a dos artistas de cómic que son diametralmente opuestos en la mayoría de las formas significativas en las que un artista puede diferir de otro, aunque en sus respectivas aproximaciones al medio son los mejores. Gil Kane ejemplifica cierta tradición del cómic que se caracteriza por un interés primordial en la forma y la estructura. Las figuras de Gil son líricas, elegantes e idealizadas. Las de Robert no.

ROBERT CRUMB: Es lo menos que se puede decir. [Risas.]

GROTH: Exploremos dichas diferencias. Puede que mientras tanto, descubramos algunas similitudes, pero en cualquier caso, intentaremos dar con lo que os hace ser tan remarcables. Me gustaría empezar preguntándoos qué influencias y experiencias han contribuido más profundamente a dar forma a la dirección que ha ido tomando vuestra labor artística. Gil, ¿te gustaría empezar?
GIL KANE: Cuando era un niño, además de cualquiera de las cosas que me puedan haber atrapado emocionalmente, tenía una sensibilidad madura lista para dejarse impresionar. Recuerdo ir al cine para ver a Ken Maynard. Tenía un caballo que se llamaba Tarzan. Eran las primeras películas que veía, fue alrededor de 1933 o 1934, todavía era un crío. Ni siquiera iba a la escuela. No pude superar lo de ese caballo. Nunca superé lo milagroso que me parecía que ese caballo corriese, saltase, ver sus crines y su cola moviéndose al viento. Me imbuí tanto del movimiento y de lo que hacía ese caballo, que sencillamente yo también empecé a correr. Nunca volví a ir caminando a ningún lado. Cogía y me ponía a correr y saltar por todos lados. Era un niño bastante atlético. Estaba obsesionado con el movimiento y la acción. Ese caballo empezó a ser una representación de mi persona, aunque en ese momento no conocía la palabra "lirismo", pero me atraían las imágenes idealizadas llenas de gracia, poder y lirismo. Se puede decir que desde dicho punto de vista, he perseguido esas cualidades durante toda mi vida. Me enamoré de la imagen, pero definitivamente, mi inclinación por los cómics no ha sido tan escenificada como la de Crumb, sino más ilustrativa. Bajo mi punto de vista, la diferencia entre la ilustración y la dramatización es la diferencia que se puede encontrar entre Al Williamson y aquí mi amigo. [Risas.] Y me parece una diferencia significativa, porque definitivamente, por lo general sueles seguir un patrón en tu vida y empiezas a alinearlo todo según tus necesidades, así que me llevó años superar mis necesidades para intentar aprender a ilustrar figuras elegantes o poderosas. Entonces, de repente, empecé a darme cuenta de que también necesitaba agregar la escenificación a mi obra. Utilizando los elementos dramáticos puedes empezar a hacer las cosas desde un punto de vista completamente diferente, y es que tienes que disponer de una forma de interpretar las cosas, y pasar a utilizar los elementos que necesitas para apoyar dicha interpretación. En otras palabras, si quieres hacer una mano, si quieres dibujar de forma dramática una mano, tienes que aprender rápidamente a saber lo que necesitas para hacer que esa mano funcione. Pero cuando aprendes a dibujar una mano de forma abstracta (como en una ilustración), nunca sueles aprender cómo es esa mano o cuál es su naturaleza. Solo aprendes sobre ciertas formas y músculos, pero la mano nunca parece una mano que está viva. Siempre es una mano de maniquí idealizada que nunca funcionaría en la vida real.
CRUMB: ¿Pasó mucho tiempo hasta que te diste cuenta?

KANE: Ha sido solo hace dos o tres días. [Risas.] En realidad, he de confesar que me empecé a dar cuenta hace como veinte años, cuando cumplí los treinta, fue entonces cuando empecé a ver las carencias en mi obra. 

GROTH: ¿Fue entonces cuando incorporaste la escenificación en la idelización?

KANE: Si. Fue en cuanto me dí cuenta de que mis dibujos no poseían ningún dramatismo, que en esencia suponían una situación idealizada que no era ni dramática, ni descriptiva. Era como hacer composiciones para la Biblia. Así que empecé a tener en cuenta el aspecto dramático y a preocuparme de la caracterización. Y de repente empecé a descubrir artistas que presentaban a sus personajes bajo una luz completamente diferente. Comencé a degradar a todos mis primeros ídolos porque me topé con una nueva área que quería investigar.

GROTH: Cuando dices que empezaste a degradar la obra de tus ídolos, supongo que nunca se te ocurrió hacerlo con alguien como Lou Fine.

KANE: Lo hice, pero solo durante un tiempo, luego volví a fijarme en todos los artistas que representaban las cosas que echaba absolutamente de menos.
GROTH: Tu dibujo sigue siendo muy idealizado. Cuando encaraste dicho cambio, ¿creías que tu trabajo previo era demasiado estático? ¿Es eso a lo que te refieres?

KANE: No solo era estático, sino falto de vida, sin una naturaleza optimista. Seguía tendiendo al movimiento y la gesticulación idealizadas. Resulta difícil superar un patrón que has ido desarrollando durante años, aunque sepas reconocer cómo te influye ese patrón, sea de una forma u otra, y estés intentando romper con el hecho de que te está empujando en direcciones por las que no quieres transitar del todo. Así que empiezas a resistirte, te posicionas en su contra, y empiezas a comprometer constantemente tu situación, porque sigues acarreando ese equipaje contigo y al mismo tiempo estás intentando asimilar todas estas diferentes cualidades. La cuestión es que nunca alcanzas tu objetivo del todo, sino que te quedas corto respecto a todas las cosas que quieres hacer y todas las cosas que eres capaz de hacer. Siempre vas acarreando tus limitaciones, tus viejos patrones, contigo. 

CRUMB: ¿Cuáles fueron algunos de los dibujantes a los que redescubriste cuando te empezó a interesar el aspecto más dramático?

KANE: Los más importantes fueron los dibujantes del New Yorker. Solía fijarme mucho en un chico llamado Claude Smith, el historietista que trabajaba en el New Yorker. Bueno, solía hacer chistes con mucha gesticulación. Empezó dividiendo la página en ocho o nueve viñetas diferentes. Y dibujaba a un chico que iba a un bar, entraba, se sentaba en el bar, y hacía algo, por ejemplo, hablar con la chica del bar. Cada imagen estaba tan perfectamente dibujada que no conocía a ningún otro dibujante capaz de dibujar lo que dibujaba ese tipo. ¡Era absolutamente exacto! Cada imagen daba en el clavo, los gestos eran perfectos: las actitudes, el abatimiento, la ambientación... parecía estar hecho sin esfuerzo y era perfecto.
CRUMB: ¿No has encontrado a nadie en el comic book que dibuje de forma parecida?

KANE: A nadie. Louis Fine no lo hacía. E incluso Jack Kirby no podría haber encarado estas situaciones humanas tan sutiles y discretas.

GROTH: Cuando dices que te gustaría escenificar el ideal heroico, ¿significa que lo quieres hacer de una forma específica propia?

KANE: Bueno, si, me he deshecho de un punto de vista totalmente abstracto en favor de uno más personalizado. Intento humanizar un poco más las cosas. Sigo intentándolo, y autores como Hergé y John Cullen Murphy se han convertido en mis dioses particulares, porque son como una especie de súper-historietistas. Roy Crane, Chester Gould, se han convertido en mis ídolos de nuevo. ¡Para mí, Harold Gray es un genio!

KANE: En tu obra no encuentro nada de Harold Grey, ¿no?

KANE: Creo que sí que se puede ver, y de forma continua. Creo que ahora mis imágenes secuenciadas poseen una calidad narrativa que nunca habían tenido antes. Nunca he hecho fotocopias en mis páginas, pero los guionistas dicen que no soy uno de esos dibujantes que recalcan las cosas en plan: "bueno, en este dibujo los personajes están haciendo tal cosa". Son capaces de seguir la narrativa de una viñeta a otra, de un personaje al siguiente.

CRUMB: Las apreciaciones de Gary y las tuyas parecen diametralmente opuestas.

KANE: Mis ideales me han corrompido. ¡Todavía hay un elemento wagneriano en cada pequeño dibujo que quiero hacer! [Risas.] Enseñar cómo es Thor en la cocina. Me he quedado atrapado entre elementos contradictorios, y cualquier cosa en lo que desemboque dicha mezcla, ahí es donde me podrás encontrar.

(Continuará)

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