viernes, 11 de febrero de 2011

ESPECIES EN PELIGRO, por Alan Moore


ESPECIES EN PELIGRO

Por Alan Moore. Ilustraciones de Bryan Talbot. Publicado en The Superheroes Annual 1984, UK. (Traducido por Frog2000)

PARA: PLUCITER FNEED, PRESIDENTE DE LA LIGA INTERESTELAR DE CABALLEROS PREOCUPADOS POR LAS ESPECIES SALVAJES EN PELIGRO

DE: GRAUNCH QUIGLOW, CAPTURADOR JEFE DE ANIMALES, DISTRITO DE LA VIA LACTEA

Hola, aliento de estroncio.

Lo dejo.

Sí, lo que oyes. Estoy totalmente decidido a dejarlo, retirarme, colgar mi Gancho Quark, renunciar a esta labor.

Este negocio me enferma. Me enferma andar resoplando por las rutas espaciales en busca de alguna estúpida forma de vida oculta con demasiadas piernas y hábitos repulsivos. Me enferma tener que acecharlos y capturarlos en prismas de éxtasis para luego poder transportarlos de vuelta a mi mundo natal para que tú y tus colegas millonarios de Tau Cetian podáis sentaros y comer celebrándolo, charlando sobre lo liberales que sois, poniendo a esos "critters" a pastar en algún Asteroide para Reserva de Animales durante el resto de sus incomprensibles vidas. Quiero decir, ¿de verdad te parece una idea tan genial? A nadie le importa ni un escurridizo squork si esas cosas viven o se mueren.

Me refiero a que ya llevo pensándolo desde hace mucho tiempo. No es que haya tomado la decisión durante un arrebato puntual. Mira las tareas que me han llegado últimamente.

La última vez me enviasteis detrás de esos pececitos iridiscentes de sonrisita irrespetuosa que viven en las heladas llanuras de metano del Planeta Snorky. Claro, ya sé que sólo quedan cinco de esas cosas en todo el Universo, pero esa no es la cuestión. La cuestión es que tuve que vadear el congelado y apestoso metano sumergido hasta la cintura, buscando una fea, y al parecer, radioactiva bola que simplemente se rió de mí cuando finalmente pude dar con ella.

Y luego está lo de ese Ecto-Wombat de Floobool IV. Y lo de los Marsupiales Explosivos de Prark. Aún no he terminado de limpiar mi nave tras mi encuentro con esas pequeñas bellezas, y eso fue hace meses. Pero nada de todo esto es lo que me hace renunciar. Oh, no. La culpa es de la última tarea de todas las que he tenido que llevar a cabo.


Probablemente ya te habrás olvidado, así que permíteme que te refresque la memoria.

Me enviaste al planeta Sol III, que debe ser uno de los sitios más deprimentes del universo conocido. Podrás hacerte una idea mejor por el nombre que los autóctonos le han puesto a su propio planeta. Lo llaman “el Sucio”, ¿o era “Lodazal”? Ya ni lo recuerdo. De todas formas, me dijiste que allí había una forma de vida que estaba a punto de extinguirse, porque sólo quedaban dos ejemplares en todo el universo. De acuerdo con la información que tenía, ambos habían llegado a ese “Sucio” lugar después de que explotara su verdadero planeta de origen, motivo por el que sólo quedaban dos especímenes. Lo que quiero decir es que si en un principio esas cosas no pueden ni valerse en sus propios planetas, ¿para qué querría nadie darles otra oportunidad? Pero nadie me escucha. Sólo soy el tío que hace todo el trabajo. Pero de todas formas, ahí estaba yo, husmeando desde mi Nave-Zoo la asquerosa y repugnante atmósfera de ese miserable planeta pequeñajo, mientras hacía una rápida búsqueda en mi ordenador de todos los detalles que iba a necesitar para poder realizar el trabajo. Fue en ese mismo momento cuando me encontré con el primer problema.

Mira, nadie se había molestado en decírmelo, pero la respuesta que me vino sobre estos dos animales en peligro de extinción fue que eran más o menos exactamente iguales a los nativos de ese “Lodazal”, donde por lo menos habría como un billón de ellos. El mismo número de piernas, el mismo número de cabezas, absolutamente idénticos en cada detalle. Pero soy un tío bastante ingenioso. Realicé un escáner cerebral de ondas alfa sobre todo el piojoso planeta (lo que explica todas esas horas extraordinarias, bola de grasa tacaña), y pude dar con dos patrones cerebrales que coincidían con los que tenía en mi perfil sobre los animales. Una de ellas era una hembra, y el otro era un macho. El escáner localizó al tío en mitad de una grande y fea ciudad justo en el centro de uno de los Continentes más grandes. Desde que empecé en este negocio he podido darme cuenta de que normalmente las hembras son más grandes, duras y más peligrosas que los machos, así que decidí empezar por lo más fácil e ir primero a por el tío. Parece lógico, ¿verdad? Así que me dirigí hacia donde mi escáner había captado su blip, y entonces, cuando ya lo tenía triangulado apropiadamente, cogí mis redes, las pistolas tranquilizantes y el resto de mis cosas y me teleporté allá abajo para saludarlo. 


De repente aparecí en medio de una pequeña habitación, no sé dónde me encontraba, pero parecía alguna especie de depósito de almacenamiento o algo así. Empecé a buscar al chico, pero él ya me estaba mirando y no sabría decir cuál de los dos se encontraba más sorprendido. Inmediatamente pude ver por qué le habían puesto en la lista de especies en peligro. Quiero decir, parecía alguien patético e insignificante. Tenía los hombros demasiado encorvados y en sus ojos tenía una de esas pequeñas lentes que llevan ciertas especies animales cuando algo no marcha bien con su vista. Y por supuesto, era un humanoide, y siempre he pensado que, incluso en las mejores circunstancias, parecen un poco débiles.

De todas formas encendí mi traductor para que pudiese entender todo lo que le decía, y le expliqué que le iba a llevar a un lugar mucho más agradable que el Planeta Suciedad, donde sería feliz y cuidaríamos de él durante el resto de su vida. Quiero decir, fui muy educado con él. No tiene sentido asustar a nadie si es posible no hacerlo, ¿verdad? 


De todos modos el tipo me miró sorprendido durante un segundo o dos y entonces empezó a reírse. Inmediatamente pensé, “Oh, oh, me parece que está loco.” No se me ha olvidado el problema que tuve con esos Psico-Calamares de Vorbal IX. Desde entonces, si algún animal empieza a actuar como si estuviese loco, lo primero que hago es tranquilizarlo y luego intento razonar con él en cuanto lo he dejado arropado sin peligro dentro de un prisma de éxtasis. Así que blandí mi pistola del sueño y se la vacié encima. Las dos cargas. ¿Y sabes lo que ocurrió a continuación?

Nada. Eso es lo que pasó. Se quedó plantado en el mismo lugar donde estaba, como si no le hubiese disparado con uno de los más poderosos tranquilizantes de la Galaxia. Lo único que ocurrió es que dejó de reírse. Entonces, mientras intentaba decidir si el arma estaba encasquillada o algo así, vino caminando hasta donde yo estaba y agarró la pistola por el cañón. Y luego la deshizo como si fuese de papel. Aún sigo sin poder creérmelo. La rasgó y la rasgó y la rasgó. Diez mil plastoons de valioso hardware se quedaron tirados en el suelo hechos pedacitos. Obviamente tenía un problema entre manos. Bueno, de alguna forma fui capaz de mantener la calma. Quizá el arma tuviese daños estructurales o algo parecido. Esas pistolas tranquilizantes están hechas por los Altroxianos, que las fabrican despreocupadamente a mano, por lo que probablemente un niño de dos años podría romperlas para poder mirar en su interior. Decidí usar mi red, que está fabricada en el planeta Siriano por un Lagarto de Granito macho durante el apogeo de su época de apareamiento. Así que le arrojé la red a este enfermizo y pequeño espécimen con anteojos.

La red voló por los aires hasta él, ¿vale? Y él se quedó mirándola, ¿de acuerdo?, y yo también me quedé mirándola fijamente.

Y de repente se empezó a fundir.

Se fundió y dejó un charco de pasta gris en el suelo, muy cerca de los trozos que quedaban de la pistola tranquilizante. Escucha. Si eres capaz de decírmelo, ¿qué es lo que puede haber a lo largo y ancho del Cosmos que sea capaz de derretir una red para animales fabricada en el planeta Siriano? ¿Y que lo haga con sus propios ojos? No, tan sólo dímelo.

Estaba pensando cuál podría ser mi siguiente movimiento a la luz de estos acontecimientos cuando de repente la criatura hizo algo verdaderamente extraño... tan extraño que estaba en lo cierto cuando pensé que estaba algo majara. ¿Sabes lo que hizo?


Empezó a quitarse la camisa. Solo que llevaba más ropa debajo... de colores realmente espeluznantes. Decidí que lo mejor sería volverme a la nave a por algún arma mucho más pesada antes de que se quitase toda la ropa, quiero decir, si era capaz de derretir cosas con sus propios ojos, no quiero ni pensar lo que podría hacer con su ombligo, ¿verdad?

Así que, ¡zas!, ya estaba de vuelta en la cabina transportadora de la nave, intentando buscar qué armas podría necesitar para doblegar a este critter. Estaba armándome a lo grande con un Cañón de Neutrinos y un cinturón de granadas subespaciales y algunas cosas más, y por alguna razón se me ocurrió mirar la pantalla del escáner, para comprobar si ese ser aún seguía donde estaba antes. Pero no lo estaba.

Lo primero que pensé es que los instrumentos estaban estropeados, porque de acuerdo con las lecturas ese animal estaba medio kilómetro por encima de la ciudad y se dirigía derecho hacia mí tres veces más rápido que la velocidad del sonido. Empecé a golpear el escáner para que funcionase bien otra vez y de repente el animal llegó hasta la nave. 


Y entró a través del muro. Sí, lo que oyes. Directamente a través del muro de mi nave. ¡Ka-Grunch!

Me costó reconocerle. Ya no llevaba sus lentes y vestía de la cabeza a los pies con una especie de traje horrible y llamativo y con una gran bandera de tela roja revoloteando a su espalda. Pero sabía que era él porque, verás, tengo instinto para estas cosas. Así que intenté obstaculizarlo con el Bazooka de Neutrinos.


Y no ocurrió nada.

Y luego con las granadas subespaciales. Y tampoco pasó nada de nada. Y luego lo intenté con la Lanza Térmica, el Láser Martillo, el Disruptor Celular y dieciséis Blidgets cebados por completo.

Nada, nada, nada, nada y nada.

Y entonces le tocó a él.

El tipo hinchó sus carrillos... esas bolsas que los humanoides tienen en la cara... y sopló empujándome a través de... no. No te lo creerías. Tan sólo déjame decirte que cuando atravesé el tabique de la cabina me dolió muchísimo y que recibirás mi reclamación por daños y perjuicios.

Mientras me ponía en pie, de alguna forma salió fuera de la nave, cogió con una sola mano todo el bajel y ¡sencillamente lo lanzó! De acuerdo con los instrumentos, me arrojó en dirección Andromeda, pero como la nave aún no ha desacelerado lo suficiente como para poder comprobarlo, ya te diré si es cierto o no cuando llegue allí.

De todos modos, lo dejo. No me importa ni un Fazuka volador si todas las especies en peligro se extinguen mañana mismo. Somos nosotros los que necesitamos protección, no ellos. Los Peces-Sonrientes no necesitan protección, los Ecto-Wombats no necesitan protección. Los Marsupiales Explosivos no necesitan protección.

Y definitivamente, los Kriptonianos tampoco necesitan ser protegidos.

Sinceramente,

Graunch Quiglow.

Desde algún punto del espacio en dirección hacia Andromeda.

FIN DEL MENSAJE.

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