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viernes, 1 de agosto de 2025

PIENSA EN LOCAL, QUE JODAN A LO GLOBAL, ALAN MOORE CHARLA SOBRE DODGEM LOGIC

Entrevista de John Doran en The Quietus, 2011. Traducida por Frog2000.

Alan Moore se presentará este fin de semana en el festival I'll Be Your Mirror. Su colega y editora, Queen Calluz, y él charlan con John Doran acerca de por qué el experimento global ha fracasado y por qué su fanzine local, Dodgem Logic, es un paso en la dirección correcta.

Cuando el año pasado viajé a Northampton para entrevistar a Alan Moore para un artículo, le confesé que lo que más me ponía de los nervios era afrontar una entrevista realizada fuera de Londres. Por lo general, viajar a un lugar alejado de la aglomeración habitual de discográficas, cafés, pubs, hoteles y restaurantes de la zona uno de la capital significaba para mí algo fuera de lo común. Por ejemplo, me puse muy nervioso cuando me reuní con Mark E. Smith en Manchester y con Billy Childish en Chatham. A pesar de ser un autor multimillonario de obras tan singulares como Watchmen, From Hell y V de Vendetta, Moore nunca ha dejado que los motivos comerciales lo alejen de Northampton, y mucho menos lo impulsen a mudarse definitivamente a una metrópolis mediática como Londres o Nueva York.

Tras la entrevista nos acompañó al fotógrafo Dave Ma y a mí de vuelta a la estación de tren mientras charlábamos sobre la historia local con razonamientos muy divertidos. Al pasar por el Northampton Guildhall, señaló un escudo que pertenecía a Lawrence Washington, un comerciante de lana local cuya familia se mudó a América y engendró al primer presidente de los Estados Unidos. Nos cruzamos con un hombre que se encontraba sentado en el suelo frente a una tienda tapiada, a su lado estaba posado un vaso de plástico lleno de monedas. Moore se detuvo un rato a conversar con él antes de dejarle algo en la mano. Como periodista, se pueden interpretar estos actos de generosidad de muchas maneras diferentes, pero me fijé en que ambos hombres se tuteaban. Moore podría ser un buen representante del pueblo, o mejor dicho, de sus habitantes, pues su visión, con defectos y todo, nace de un afán de mejora, por lo que es probable que no fuese del agrado de algunos de los elegidos para los cargos locales actuales. Aquellos que principalmente se deben al partido y a los negocios.

Como él mismo reconoce, su amor por su pueblo natal y su gente ha aumentado en los últimos años. Lo que antes era principalmente una forma práctica de mantener el anonimato y de seguir su propio camino como escritor, mago, filósofo popular, bon vivant psicodélico y psicogeógrafo, se ha convertido en un deseo de interactuar con la comunidad local, no sólo como un acto de afición o filantropía, sino como una declaración política radical. En ningún otro sitio queda más claro que en su revista underground local, Dodgem Logic, que nació de la frustración que le produjo el trato que recibían sus vecinos y del deseo de darles voz. Quienes solo lo conocen por sus cómics más populares podrían confundirse ante su contenido de entrevistas, recetas, ficción, pasatiempos, contracultura y noticias locales, pero los más astutos reconocerán su intención inconformista. Con ocho números publicados, la escritura, la fotografía, la ilustración y el diseño corren principalmente a cargo de los mejores (ciudadanos, no policías) de Northamptonshire, aunque también han colaborado un puñado de invitados como Michael Moorcock, Simon Munnery, Josie Long, David Quantick, Stewart Lee y Kevin O'Neill.

Aunque todos los números tienen portadas fantásticas (la fotografía de bailarinas de burlesque del segundo número y una imagen de dos amantes abrazándose en el cuarto, interpretada como si lo hubiese hecho un Aubrey Beardsley bajo los efectos del LSD), mi favorita es la de Phil Barton, un exmarinero mercante que reside en Spring Boroughs, y que blande un hacha y a su mascota, un hurón. El formidable señor Barton estuvo años quejándose al ayuntamiento por la falta de calefacción en invierno que padecían en su bloque de pisos y, después de que su amigo y vecino falleciese de hipertermia y los funcionarios del ayuntamiento irrumpieran en su piso, visitó sus oficinas para protestar con vehemencia.

Si crees que todo esto tiene un ligero tufo a lucha de clases, no te equivocas demasiado, pero desde luego, en Dodgem Logic no vas a leer nada sobre "policías hospitalizados". La verdadera pregunta es por qué es una realidad que tu periódico local no suela publicar artículos sobre estos temas. De hecho, si quieres leer historias sobre corrupción o, digamos, los turbios negocios del gobierno local, tienes que buscar algo tan centralizado y de interés relativamente inusual como la columna "Rombous Boroughs" de Private Eye. O, con suerte, quizá des con un bloguero dedicado que se encarga con detalle de la política de la ciudad. Pero dado que, por lo general, los medios locales y nacionales arrojan muy poca luz sobre todos estos temas, es aquí donde florecen las malas prácticas y la corrupción. ¡Así que viva Dodgem Logic, aunque resulta vergonzoso que hayamos tardado tanto en apoyar esta aventura perversamente fuera de onda, pero atronadoramente honesta! 

Entrevista con Alan Moore.

John Doran: Alan, ¿crees que, de una forma discreta, eres mucho más un inglés tradicional de lo que la gente puede suponer?

Alan Moore: Bueno, depende de la tradición inglesa a la que te refieras… Me gusta pensar que soy como un inglés tradicional, al menos en lo que respecta a las tradiciones que se siguen en Northampton. Pero me parece que llevamos en la lista negra de alguien desde aproximadamente 1263. Creo que fue Enrique III quien nos la tuvo jurada primero, y solo empeoramos las cosas cuando apoyamos a Cromwell durante la Guerra Civil; fabricamos las botas para el Nuevo Ejército Modelo, ¡y creo que ni siquiera nos llegaron a pagar! Y luego, por supuesto, Cromwell resultó ser peor aún que Carlos I, y solo duró 15 años hasta su muerte y la huida de su hijo al continente. Luego tuvimos de vuelta a Carlos II en el trono, a quien no le caíamos muy bien, así que derribó el castillo. Supongo que se tomó muy en serio que fuésemos «nosotros» quienes cortamos la cabeza de su padre.

JD: Yo he vivido en Hull, que también jugó un papel inconformista en la Guerra Civil Inglesa…

AM: Suelo viajar allí los fines de semana.

JD: Vive una de tus hijas, ¿verdad?

AM: Así es, suelo ir a Hull para ver a Amber [Moore] y a Dominic, mientras que Leah [Moore, la hermana de Amber] y John vendrán de Liverpool y así tendré la oportunidad de ver a los dos nuevos nietos al mismo tiempo. Un vistazo rápido a la herencia genética.

JD: Bueno, nací en St. Helens y luego me marché a Hull, supongo que son lugares poco glamurosos… ni siquiera para los que viven en ellos, pero me hizo pensar que algunas de las mejores entrevistas que he hecho, y de las más estresantes, son las que he tenido que hacer visitando sitios donde vive gente como Mark Smith en Prestwich o Billy Childish en Chatham…

AM: Habitantes locales de esos sitios.

JD: ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de que alguien como tú siga viviendo donde ha crecido durante toda su vida?

AM: Últimamente, sobre todo desde que he empezado a trabajar en Dodgem Logic, me estoy volviendo fan absoluto de lo local. Antes se me antojaba que tan sólo era local en un sentido innato, pero ahora es más una postura política. Una postura socioeconómica. Una vez leí a un futurólogo que decía que hace años tuvo sus más y sus menos en una convención de futurólogos al sugerir que la política y la economía del futuro tenían más probabilidades de ser locales que globalizadas, aunque fue antes de la gran crisis financiera, porque ahora la gente tiende a estar más de acuerdo con él. Es en esa dirección donde parece que discurre la cosa. En nuestro quinto número de Dodgem Logic publicamos un brillante artículo sugerido por Mitch Jenkins, con quien también estuve haciendo Unearthing. Nos fuimos a recorrer Spring Boroughs, el barrio desolado del que surge tanto la revista como yo. Hicimos una sesión de fotos con los habitantes de la zona, pero en plan Vanity Fair, como en el número dedicado a Hollywood...

JD: ¿El de la portada desplegable?

AM: Sí. Cuando ves la portada, cualquiera puede asumir que el que aparece en ella es una persona importante y que merece que su imagen aparezca en esa prestigiosa revista. Así que hicimos lo mismo con los habitantes de los Boroughs. La estrella de portada es alguien llamado Phil Barton, que nos contó que se hartó de que el ayuntamiento se negase a hacer algo los inviernos de los últimos diez años con el sistema de calefacción defectuoso de su bloque de pisos. Y cuando su amigo murió de neumonía protestó de forma muy enérgica. Los sucesos tuvieron lugar a lo largo de tres o cuatro días de Navidad en los que no hubo calefacción, radiadores, ni agua caliente. Pero ignoraron sus quejas. Más tarde ese mismo año, por fin consiguió que el ayuntamiento hiciese algo con la fuga de su radiador. Acudieron cuando no estaba, forzaron la entrada y, al marcharse cambiaron la cerradura de la puerta. Phil se molestó un poco, así que cogió una podadera, entró en el ayuntamiento y la clavó en una de las mesas de madera, le dio una patada en los huevos a un guardia de seguridad, y únicamente se ganó una condena condicional de dos años porque, francamente, ¡todos sabían lo que le había obligado a actuar de esa forma!

JD: Así es.

AM: Así que pusimos a Phil como estrella de nuestra portada con un hacha en una mano (le quitaron la podadera, que sigue requisada en las taquillas de pruebas de la comisaría) y uno de sus hurones en la otra. Es una persona magnífica. Encaja como celebridad de portada. Es otra forma de decir que, hasta cierto punto, la cultura de la fama ha llegado a su fin. Devaluada tanto como lo ha sido en la actualidad, ¿qué valor puede tener? Y además, se rumorea que la globalización ha terminado. Que no ha funcionado. Mejor cuidar los sitios donde vivimos, y en primera línea de batalla, no en retaguardia. Me refiero a los barrios que nos rodean, las personas que dan forma a nuestras comunidades. Tenemos que empezar a pensar en ellas y el lugar que ocupan en el contexto global, en la era de internet no tiene por qué ser tan difícil. Es el camino a seguir. O igual terminamos por no hacerlo, ni idea. Pero en el futuro deberíamos concentrarnos en los sitios donde vivimos y en la gente que nos rodea.

JD: ¿Tiene esto que ver con tu actitud respecto a internet? Es raro que alguien reconocido por su trabajo centrado en la ficción especulativa, con guiones que ficcionan el futuro cercano y las historias alternativas, no le interese demasiado internet.

AM: En el fondo, vivo prácticamente como un Amish. Desconfío bastante de cualquier tecnología posterior al buggie. Creo que internet encaja con todo el mundo. Entiendo alguna de sus desventajas. De hecho, me doy cuenta de algunos de los problemas derivados, pero en general… mis hijas usan internet… de hecho, todo el mundo, menos yo, utiliza internet, y parece que se desenvuelve bastante bien. Por mi parte, no me gusta mucho estar conectado a esa cultura cibernética omnipresente, y tampoco me gusta estar en contacto con el mundo físico [risas] más de lo que pueda evitarlo. Es más de lo que puedo controlar. En su mayor parte soy solitario por naturaleza y también lo soy por mi trabajo. Dicho esto, me suelo aventurar por la ciudad, donde la gente ya se ha acostumbrado a mí, así que no es para tanto. Casi nunca salgo de Northampton. De vez en cuando visito Londres o, si tengo que dar un concierto o actuar en una performance, viajo hasta allí, así es como me gusta estar en el mundo: en un punto de quietud y concentración. Si me moviese a la misma velocidad a la que se mueve el mundo, puede que no me viniese bien y me marease, pero como me quedo quieto, soy capaz de observar cómo todo se mueve a mi alrededor.

JD: ¿Te parece importante que Northampton no solo se encuentre cerca del centro físico del Reino Unido, sino que, a lo largo de las últimas dos o tres décadas, se parezca bastante a muchos otros lugares de Gran Bretaña? Se parece a Sheffield, se parece a Gillingham, se parece a Truro. La peatonalización de la zona comercial de la ciudad, la llegada de las cadenas comerciales, el cierre de los negocios familiares de la zona…

AM: Eso es todo. Peatonalizan las calles principales y con eso reducen el tráfico. Cierran tiendas porque los alquileres siguen siendo desproporcionadamente altos, pero el comercio ya no existe… Da para pensar que algunos ayuntamientos intenten desviar la vida y la actividad de los centros urbanos hacia los centros comerciales más rentables que rodean la mayoría de nuestras conurbaciones actuales. Así parece ser en Northampton. Nos prometen que van a realizar cierto desarrollo urbanístico, pero en realidad buscan dejar la ciudad tan desprovista de alma como la de Milton Keynes, para que podamos competir con ellos por clientes y turismo. No funciona. Creo que la gente jamás va a decir: "Viajemos hasta Northampton para ver esa maravillosa Torre del Ascensor Exprés o la estación de autobuses construida del revés". Cuando construyeron la estación de autobuses, usaron los planos al revés, y la hicieron así entera. Una estupidez de ese nivel es casi heroico. Como comenté en el editorial del primer número de Dodgem Logic, sí, esta revista se basa en Northampton, en que entendemos que es un agujero ruinoso y maltratado prácticamente idéntico a cualquier otro. Prácticamente vivimos todos en el mismo sitio. Han llevado a cabo una especie de enorme nivelación. En nuestras tiendas se pueden comprar las mismas marcas reiteradas. En cada pueblo han instalado las mismas cadenas de tiendas y, como dices, todas son peatonales. Todas tienen cámaras de vigilancia. No sé si con la misma densidad que las que se ven aquí. Northampton siempre ha sido una especie de laboratorio para el experimento social, así que hay un puñado de tíos que nos dirigen en plan: "Recoge esa colilla. Sí, tú, el del anorak." Esa especie de teatralidad suborwelliana es lo que más irrita a la gente. Y tampoco es que influya gran cosa en las cifras de delincuencia, ni en el comportamiento, ni en los niveles de felicidad de la gente.

JD: ¿Cuánto le debe Dodgem Logic al hecho de ser un hijo de la contracultura y haber llegado a la primera edad adulta cuando las revistas marginales empezaron a prosperar?

AM: Hasta donde podamos, con Dodgem Logic nos comprometemos a restablecer una cultura psicodélica abierta como la que existía en los sesenta. Pero no en sentido retroactivo. No queremos recrear los años sesenta. Solo algunas de las posibilidades que existían entonces. Sacamos un número psicodélico de verano con una hermosa portada de John Coulthard y un artículo sobre la cultura psicodélica. Y queremos reintroducir la idea del hipsterismo, que era algo elitista pero también bastante útil. Imagínate ser un estudiante que iba a una fiesta y te ponías a hablar con alguien: "¿Has leído a Sartre?", y le respondías: "¡Claro, por supuesto!", entonces corrías a casa y te informabas de quién era ese tal Jean Paul Sartre y quizá te leías parte de su obra. Así que ibas a la siguiente fiesta y quizá te ponías en plan: "¡Claro que "La náusea" es mi novela favorita!". Sí, vale, inyectaba una especie de presión social y era elitista, pero también te otorgaba una educación.

JD: Ahora se considera un término puramente despectivo y peyorativo basado en el estilo de tus gafas, el ancho de tus pantalones y si eliges llevar escote en "V".

AM: Sí. Sí, seguro que tienes razón. Solía ​​ser como una declaración de gusto por la moda, pero es probable que como declaración en sí fuese mejor que simplemente la ropa que llevabas. Después de que me expulsaran del instituto, mi educación ha sido increíble. Y ha sido justo a partir de ese punto. Es probable que esté la altura intelectual de la mayoría de las personas que han estudiado una carrera. De hecho, algunas incluso han recibido cursos sobre mis obras. Así que a pesar de que mi educación terminó a los 16, tenía un cierto toque hípster (de querer estar a la moda), lo que me llevó a leer una increíble variedad de libros sobre ciencia, misticismo, ciencia ficción, literatura, arte… Y he ido adquiriendo una educación bastante completa. Soy autodidacta, que es una palabra grandiosa… La aprendí yo mismo. Es la mejor forma de ser y creo que, si se tiene acceso al material, podemos educarnos a nosotros mismos. Necesitamos un carné de biblioteca o, en la actualidad, conexión a internet. Pero lo importante es tener el impulso de educarnos, lo que en mi caso proviene del tipo de sociedad en la que vivíamos en los sesenta. Era como se hacían las cosas en esa época, y no estoy muy seguro de si aún puede ser útil.

JD: Siempre me tienta pronunciar mal la palabra «autodidacta». ¿Pero de dónde proviene? Creo que siempre se corre el riesgo de parecer un poco anticuado o desfasado si la dices, pero...

AM: ¡Adelante, John!

JD:... ¡Ja, ja! ¿Pero de dónde ha salido este conservadurismo? No creo que haya mucho de pretencioso en la vida moderna. De hecho, desearía que hubiera más cosas pretenciosas. Pero hoy en día se oye la palabra pretenciosidad a la mínima. ¿De dónde salió este conservadurismo de que la gente tenga ideas por encima de su posición social?

AM: Bueno, fue algo así como... Recuerdo que en los 60 hubo una pequeña disputa entre Private Eye y Oz. Creo que David Widgery escribió una crítica de Private Eye donde decía que les tenían tanto miedo a los verdaderos intelectuales que tuvieron que etiquetarlos a todos como pseudointelectuales. Lo cual, por mucho que me guste "El Rincón de los Pseudos" en Private Eye, creo que tiene algo de cierto. Algunas cosas son, por supuesto, pretenciosas y ridículas. Pero a veces lees algo y piensas: "Bueno, estoy más o menos de acuerdo. Entiendo su punto de vista. El lenguaje con el que lo expresan quizá no sea el del discurso común, pero entiendo lo que dicen".

JD: En la columna Pseud´s Corner revelan qué es lo que entienden y lo que no. En mi opinión, no entienden bien la música. [Desde esta entrevista, el autor ha aparecido en Pseud´s Corner, así que quizá sí "entiendan" la música, Ed]. Sin embargo, aciertan a la perfección con las cosas sobre la temática corporativa, de relaciones públicas y políticas.

AM: Sí, hace unas semanas había algo sobre Patti Smith y me dije: "Estoy totalmente de acuerdo". Es una buena descripción de Patti Smith y su música. Creo que lo que ocurrió fue que en 1968 y 1969 todo parecía lleno de posibilidades y luego todo pareció derrumbarse. Hubo un par de golpes mortales, Charles Manson, Altamont, los sospechosos habituales, que mermaron el entusiasmo general, pero también se abrieron crecientes divisiones políticas. Se produjeron muchas disputas. Tenías a la izquierda tradicional que despreciaba a la izquierda psicodélica. Tenías una obra maravillosa llamada "Ah! Sunflower". Es una grabación que Iain Sinclair hizo en 1969 o 1970 cuando Alan Ginsberg estaba en el país. Estaban en contacto, e Iain hizo un cortometraje sobre el escritor que presentaba el Congreso sobre la Dialéctica de la Liberación que tuvo lugar en Roundhouse. Tenías a Allen Ginsberg, R.D. Laing, a los Diggers de San Francisco y estaba Stokely Carmichael, uno de los líderes negros de la época. Había mucha tensión, pues él desestimaba la resistencia blanca por considerarla irrelevante para la lucha de las personas negras. Ginsberg se mantuvo muy sereno y virtuoso durante todo el discurso al afirmar que la gente debería trabajar unida. Y también estaban las divisiones feministas. No digo que estas cosas no fueran necesarias, pero tendían a fracturar la resistencia.

La gente se quedaba aislada en pueblos de provincias donde la mayoría de sus amigos probablemente habían decidido que ya habían aportado su granito de arena durante el verano del amor libre y los psicodélicos años 60, y que ahora era el momento de madurar, tomarse la vida más en serio y pensar en ese trabajo. Siguieron adelante con sus vidas. Y, de nuevo, no hay nada malo en eso, pero tendía a dejar desamparada a mucha gente que quizá no tenía esas opciones. Yo era una de las personas que se sentía un poco abandonada en Northampton. Sentías que la gente se conformaba con ser pequeños delincuentes, drogadictos... ¡y esto era lo que ocurría con la mayoría de mis conocidos! Y sí, había algunos artistas, pero la mayoría vivían en condiciones precarias. Tras mi expulsión del instituto, no tuve ninguna posibilidad de continuar mis estudios porque le caía antipático al director y escribió a los demás colegios diciendo: «Es un traficante de drogas, no acepten su solicitud». Lo cual fue genial, porque me obligó a depender de mis propios recursos. Y eso fue probablemente lo más importante que me ha pasado en la vida. La verdad es que no tenía más oportunidades. Tenía que arreglármelas por mi cuenta o desaparecer. Lo cual supone un gran incentivo.

JD: Es realmente interesante, porque conecta con el mundo hipster. Debo decir que, como periodista de rock, añoro la época en que teníamos revistas musicales a las que uno tenía que aspirar a leer, en lugar de una cultura que favorece principalmente las revistas que se centran en el mínimo común denominador.

AM: Sí, porque crea una cultura del mínimo común denominador.

JD: Además, no es definitivo, ya que crea un ciclo de retroalimentación. En cuanto se toma ese camino, las cosas solo pueden empeorar de forma progresiva.

AM: Y la gente se hará suposiciones. La gente de la revista asume cosas en plan: "Bueno, nuestros lectores son un poco tontos y no quieren nada mejor que esto". Y al final, eso será todo lo que hay para elegir, y se está produciendo el círculo vicioso que describes, que irá empeorando cada vez más hasta que terminemos con el Gran Hermano encima o algo por el estilo.

JD: ¿Eres socialista, marxista o...?

AM: No. Soy anarquista. Probablemente tenga inclinaciones hacia el socialismo, ya que es la postura política más importante. Para el segundo número de Dodgem Logic escribí un extenso artículo sobre la anarquía y me identifico más con Mijaíl Bakunin cuando le dijo a Marx algo así como: «Sí, tus ideas son geniales, pero una revolución marxista solo acabará reemplazando a los poderes gobernantes con más poderes gobernantes». Marx discrepó fervientemente, pero finalmente resultó ser cierto. Así que sí, soy anarquista y creo que siempre lo seré.

JD: ¿Cómo conociste a Queen Calluz?

AM: La conocí cuando estaba acosando a los jóvenes delincuentes de los Boroughs. Es grafitera. Habían formado un grupo de hip hop y hecho una película sobre la zona. Me hice amigo de ellos y me parecieron unos chavales geniales. Hicimos una pequeña revista que se distribuyó en los colegios. Presenté un artículo sobre los verdaderos problemas que tiene la zona, que se deben principalmente a la negligencia del ayuntamiento, y que la revista se negó a publicar alegando que... la organización para la que trabajaba estaba financiada en parte por el ayuntamiento y era crítica con este. Así que dije: «Hagamos nuestra propia revista. Hagamos una revista underground». Y ella me preguntó: «¿Qué es una revista underground?». Porque es más joven y nunca había escuchado hablar de estas cosas. Le dije: «Es como un fanzine», y me preguntó: «¿Qué es un fanzine?». Y todo empezó ahí.

JD: En cierto modo, supongo que, dado que en los últimos 15 años se ha generado mucho discurso político y social marginal en internet, aunque en un formato muy fragmentado, volver a publicar en un medio impreso es bastante radical.

AM: Me lo han dicho. Fue lo primero que se me ocurrió. Me gustan los objetos. Los objetos bellamente producidos. A medida que la cultura se vuelve cada vez más virtual, estos objetos se volverán cada vez más preciados. Solo quería crear algo que la gente pudiera sostener en sus manos. Que pudieran leer en la bañera. Con lo que pudieran relajarse en el sofá. Algo que no les arrojara luz a los ojos. Algo que se imprimiese en papel y para lo que hay que utilizar una fuente de luz reflejada naturalmente. La página impresa. Sí, no tengo nada en contra de las revistas online, pero no son para mí. Me gusta el olor a papel viejo, es uno de mis fetiches.

Entrevista con la coeditora Queen Calluz.

¿Qué hacías cuando conociste a Alan y surgió la idea de la revista?

Queen Calluz: Yo dirigía el Proyecto Caspar, que organizaba actividades juveniles, mientras que Alan trabajaba con un grupo de músicos en un proyecto llamado X Marks The Spot en un museo local. En realidad, trabajábamos con los mismos jóvenes. Animamos al grupo a crear su propia revista, OVR2U, escrita por y para personas de entre 13 y 19 años. Imprimimos un par de números, pero tuvimos algunos problemas… Alan quería publicar el artículo sobre el quemador de residuos El Destructor, que terminó en el primer número de Dodgem Logic. Como el proyecto Caspar se gestionaba en colaboración con el Ayuntamiento de Northampton [NBC], nos desaconsejaron publicarlo. El artículo cuestionaba a la NBC y alegaba que los residentes estaban recogidos en alojamientos inapropiados. También informamos que la NBC estaba incumpliendo las leyes de seguridad contra incendios y que algunos de los alojamientos donde vivían estos residentes habían sido desalojados por el Departamento de Bomberos. Pero debido a quiénes eran los financiadores, no pudimos publicarlo. Creíamos que hacerlo era importante y no queríamos que nos silenciaran. Y así nació Dodgem Logic.

¿Cómo son los medios tradicionales en Northampton?

QC: Bueno, tenemos nuestros periódicos locales, hay varios fanzines locales y otras publicaciones similares. Hay mucho que hacer, pero rara vez se ven publicaciones independientes, lo nuestro es algo completamente autoeditado y sin ninguna burocracia. Así que somos realmente únicos.

¿Qué dificultades habéis encontrado al crear la revista?

QC: ¡Vaya!... Aunque Alan ha publicado mucho, nunca se había autopublicado. Era algo nuevo para ambos. Así que al principio, fue cuestión de familiarizarse con la gestión de una revista. Creo que también tuvimos que gestionar nuestras propias expectativas. Ambos somos muy románticos y teníamos ideas muy ambiciosas sobre lo que queríamos hacer. Y lo logramos, pero dirigir una revista es carísimo. Si no se obtienen ingresos de otras fuentes (todo lo pagaba Alan) era carísimo. Así que eso fue lo más difícil: calcular los costes.

Obviamente, Dodgem Logic tiene un enfoque local muy definido, pero ¿recibes comentarios de gente de fuera?

QC: Por supuesto… Dodgem Logic dispone de una circulación masiva. Aunque nuestro enfoque es local, la revista se distribuye fuera del Reino Unido, en Estados Unidos y otros países. A algunos les encantan la revista y los artículos, otros preferirían ver más tiras de cómic. Como Dodgem Logic era algo tan novedoso, especialmente para los fans de Alan Moore, creo que esperaban que fuera una revista llena de cómics, pero no es así. Puede que a algunos les haya costado aceptarlo, pero en general la actitud de la gente en referencia a la revista es positiva, así que hasta ahora hemos tenido bastante suerte.

¿Recibís correo de gente que quiere crear sus propias revistas locales?

QC: Nos ha llegado correo de algunas personas que gestionan fanzines y de otras que piden que comentemos artículos que ellos han escrito, así que no mucho, la verdad. Sin embargo, me interesa recibir más correo, ya que, como la revista se ha creado de forma independiente, hemos tenido que encontrar nuestro propio camino en la industria de las revistas. Ha sido un proceso de aprendizaje muy largo y al final lo hemos conseguido. Así que agradeceríamos intercambiar más correos electrónicos, porque quizá otra revista podría aprender de alguno de nuestros errores.

lunes, 29 de agosto de 2022

EN LOS NUEVOS TIEMPOS OSCUROS, V DE VENDETTA COMENTADO POR CARTER SCHOLZ (2 DE 2)

Artículo de Carter Scholz para The Comics Journal nº 137 (1990). Traducción: Frog2000. Parte 1.

Por lo tanto, las ideas de V van un poco más allá de la venganza personal y la destrucción de una sociedad represiva. Sus pronunciamientos son superficiales y nunca encuentran resistencia, ya sea cuando los pronuncia en forma de soliloquio, se los diga a una estatua, a Eve, o al público cautivo de la televisión. Este es su speech lanzado contra la estatua de la Justicia, con V en el papel de amante despechado: "Siempre tuviste buen ojo para los hombres de uniforme... Niega que te liaste con ellos, con sus brazaletes y botas altas..." La nueva amante de V es la Anarquía: "Me ha enseñado que sin libertad, la justicia no tiene sentido. Es honesta. No hace promesas ni las rompe". Lo mismo podríamos fijarnos en el tono utilizado. En el quinto número V secuestra una retransmisión televisiva para dar una conferencia a todo Londres asumiendo el papel de Dios el Empleador denigrando al Hombre Empleado, un discurso que nunca pone los pies en el suelo y que está realizado a a partir de imágenes y metáforas, un discurso tan notable por su petulancia como por su falta de contenido: "Esto ocurre por tu falta de voluntad para desenvolverte dentro de la empresa. No parece que quieras asumir ninguna responsabilidad real, o ser tu propio jefe... aunque vamos a ser claros, la gestión ha sido muy mala... hemos tenido una serie de estafadores, granujas, mentirosos y lunáticos que han tomado una serie de decisiones catastróficas. Es un hecho". (Todo esto enunciado sobre un montaje de Hitler, Stalin y Mussolini.) "¿Pero quién los eligió? ¡Fuiste tú! ¡Tú fuiste quien nombró a esa gente! ¡Tú el que les dio el poder de tomar decisiones en tu lugar! Podrías haberlos detenido. Todo lo que tenías que decir era: 'No'. No tienes fuerza de voluntad ni tampoco orgullo". Aunque uno no espera las obras completas de Bakunin o Kropotkin en un cómic, hay algo de extraño en un anarquista que bombardea y asesina sin escrúpulos, pero cuya incitación más fuerte al público para hacer frente al fascismo es "simplemente di no".

Por eso, las palabras y acciones de V se reducen a formas teatrales, por lo que la gran importancia de "¿qué es la libertad humana?" se pierde finalmente entre el humo y los espejos.

Si es algo más que una broma cruel, la anarquía se basa en la fe en la humanidad. Sin embargo, Jean Amery, uno de los supervivientes de Auschwitz, ha dejado escrito: "La fe en la humanidad, ya agrietada por la primera bofetada en la cara, luego demolida por la tortura, no se vuelve a adquirir jamás". Si V los conoce, si ha afrontado estos sentimientos después de su propio encarcelamiento, entonces su burlona máscara fija es oscuramente apropiada, y quizá sea un monstruo mayor que sus captores. Y si no es así y no los conoce, la psicología del personaje se antoja falsa, o demasiado fantasiosa.

El cogollo de la historia aparece en los números 6 y 7. Después de que V desahucie a Eve en el número 4, en el quinto hay un interludio donde nos la encontramos viviendo con un hombre llamado Gordon, con quien es feliz. En ese mismo número, Gordon muere; en el siguiente Eve está en prisión. Los momentos más dolorosos no se producen cuando someten a Eve a una tortura rutinaria, ni cuando es cosificada, sino cuando está sola en su celda, leyendo una autobiografía a base de fragmentos escrita en papel higiénico que una mujer de la celda de al lado le pasa a través de una grieta en la pared. Esta mujer, Valerie, sabe que va a fallecer, mientras que Eve piensa que ella misma va a ser ejecutada. Pero Valerie insiste: "Lo más importante es mi integridad. Igual vale muy poco, pero es todo lo que tenemos en este lugar. Es la última pulgada personal que nos queda, pero dentro de esa pulgada somos libres... Una pulgada. Será pequeña y frágil, pero es lo único que vale la pena tener en el mundo. ¡Nunca debemos perderla, ni venderla o regalarla! No podemos permitir que nos la quiten". Es un párrafo extraordinario, emocionante y sin histrionismos, poderoso y alejado de la retórica exagerada. "Este lugar" es un uso hermoso y perspicaz que eleva la escritura por encima de la narrativa. No dice: "esta prisión" (demasiado específico), ni "este mundo" (demasiado general), sino "este lugar": donde estamos todos, nuestra situación del día a día.

A continuación le piden a Eve que firme una confesión, a lo que se niega y es sentenciada a ser ejecutada. Eve dice que prefiere morir antes que renunciar a esa última pulgada de humanidad. Y escucha: "Entonces no queda nada con lo que amenazarte, ¿verdad? Eres libre". Incrédula, se da la vuelta y ve la puerta de su celda abierta; avanza lentamente por los pasillos de la prisión sin encontrar nada más que enseres teatrales, maniquíes vestidos de guardias, hasta que, al abrir la última puerta, entra en la Galería de las Sombras, donde en realidad ha estado todo el tiempo. V la dice: "Bienvenida a casa", y parece un desenlace exagerado, grosero, increíble, extremo, solo tiene la intención de ser todo lo efectista posible. Como ocurre en la obra del Marqués de Sade, a la tortura le sigue la filosofía. "Te he torturado porque te amo. Porque quiero liberarte". "Dices querer liberarme y me encierras en una prisión..." "Yo no te puse en una prisión, Eve. Solo te mostré los barrotes... Llevabas en una prisión tanto tiempo que ya no creías que ahí fuera pudiese haber un mundo". En otras palabras, la hace pasar exactamente por lo que él mismo pasó en la Sala V, incluida sus dinámicas de comunicación con Valerie, la mujer encerrada en la Sala IV. Y ahora guía a Eve a través de lo que equivale a un trauma de nacimiento. "Hace cinco años, yo también experimenté una noche como esta, me quedé desnudo bajo un cielo rugiente. Aprovéchalo... transfigúrate". La secuencia es electrizante al completo porque casi lo destapa todo: casi revela a V como un monstruo que se quiere vengar del mundo con el pretexto de liberarlo, convirtiéndolo en una imagen de sí mismo. Moore retrocede justo en ese punto y cede a lo melodramático, poco dispuesto a cometer esa fea revelación. Así que Eve se transfigura en una escena que pide a gritos un ruido de sintetizadores como banda sonora.

Parece increíble que V haya manipulado a Eve hasta ese punto, que su cuerpo, su libertad, su misma alma estén completamente bajo su férreo control: ¡lo ha llevado a cabo una persona que profesa la santidad de la voluntad individual! ¿Sigue siendo esta transformación personal una revelación cuando parte de una escenificación tan teatral? (Me pregunto qué habría hecho V si Eve se hubiese resquebrajado al someterse a su tortura). La terrible experiencia de Valerie nos parece conmovedora porque es real. Decir las palabras correctas no la salvó: murió. La terrible experiencia de Eve, coreografiada por V, se convierte en una parodia barata de la de Valerie. Es una experiencia teatral, una contradicción de los principios de V, aunque admita que sus motivos para hacerle algo así a Eve sean sólidos y por su bien. Pero en mi caso, no puedo permitir esa explicación.

En toda la espeluznante historia de exterminio en masa de nuestro siglo, dudo que el encarcelamiento de un recluso lo haya fortalecido alguna vez. Según se dice, el endurecimiento necesario para sobrevivir hace que la persona sufra un coste demasiado alto. Puede que nos parezca impresionante que un ser humano pueda funcionar después de afrontar horrores extremos, pero construir a partir de ahí, tal y como hace V, una filosofía para la transformación de la víctima, se antoja una locura.

¿Se da cuenta Moore de lo loco, de lo monstruoso que es? Si V es un héroe, la historia es verdaderamente fea, porque el mensaje es el de que el sufrimiento extraordinario genera una fuerza extraordinaria, cuando la evidencia indica que con el sufrimiento extraordinario solo van aparejados mecanismos de supervivencia extraordinarios, pero a expensas de la propia humanidad.

Dicha suposición psicológica, la de que el sufrimiento extraordinario a manos del compañero y socio de uno pueda fortalecer nuestra humanidad, solo se puede aceptar si V es un héroe. Pero si tal sufrimiento de hecho destruye la fe en la humanidad, por fuerza V tiene que estar loco, o ser un monstruo lleno de cinismo. Aunque en la ficción no se puede negar ninguna suposición, la idea de que algo así convertiría a V en un héroe parece exactamente tan deshonesta e insidiosa como la suposición por parte de Marvel Comics de que la exposición a una radiación masiva nos otorgaría superpoderes. Marvel utilizó por primera vez esta premisa más de 15 años después de Hiroshima, y ​​su tesis de que la radiación puede ser benigna ignoraba una realidad bien documentada que negaba la brillante propaganda de "átomos por la paz" de la época, la misma propaganda que tuvo tanto éxito en legarnos la industria nuclear corrupta e incompetente actual, con sus inviables centrales eléctricas, sus arsenales de armas inservibles y sus desechos eternamente tóxicos. El inquietante efecto que produce tomarnos a V como un héroe es que como lectores debemos envidiar los horrores de su pasado. Debemos desear experimentar su origen. Eso facilita poner a otros en un brete parecido. Esta filosofía no dista mucho de la interpretación de Nietzsche que hacía el nazismo. Pero tal y como insiste la auténtica certeza psicológica, si V está loco, ha "liberado" a Eve (como presumiblemente esta liberará a su joven pupilo y a las masas) conduciéndola hacia la locura. Esta lectura convierte a V de Vendetta en una negra parodia del género de superhéroes. Me imagino que la lectura que realiza Rob Rodi en el Journal nº 132, tomándose entusiasmado y al pie de la letra el episodio, y aduciendo que "mi humanidad ha sido recargada", es más típica. En su opinión, la prueba del encierro "conduce a a Eve" a abrazar la plena humanidad". Pero creo que se pierde las implicaciones que residen en esta prueba de fuego.

Por mi parte, ¿habré visto algún tipo de indicio parecido después de mi lectura de la obra? No los suficientes. En el segundo número, Eve quiere hacer un "trato" con V para ayudarlo en su búsqueda. V alude al trato de Fausto con Mefistófeles. La insinuación es lo suficientemente vaga, pero proyecta un foco satánico sobre el personaje protagonista. En Westminster, V revela los cuernos de su frente y cita el "Sympathy for the Devil" de los Rolling Stones. (Es probable que sea una ironía intrascendente, sencillamente porque la víctima de V en ese ejemplar es un arzobispo corrupto.) En el séptimo número, Eve dice: "casi me vuelves loca", y V responde: "De eso se trata". Pero las alusiones a Fausto, Mefistófeles y la locura terminan por no sostenerse. Para retorcer la propia forma de esta aventura tan completamente como sugiere mi interpretación, Moore requeriría un control de las implicaciones de sus acciones más riguroso y centrado, un cinismo total que, una vez descubierto el secreto, sería obvio en cada viñeta. No lo veo. V no es creíble como héroe, porque no es humano; se desvanece detrás de la grandilocuencia y las inverosimilitudes. El problema no es que ambas lecturas sean posibles, sino que ninguna está lo suficientemente respaldada. Supongo que a medida que fue descubriendo las implicaciones más oscuras de su historia, Moore la empujó en la dirección de mi interpretación, pero que el género superó tales intentos imponiendo el paradigma del héroe. Después de todo, incluso el vigilante psicópata posmoderno Batman sigue siendo un héroe. Cuando has leído este tipo de historia cien veces antes, no puedes leerla la número 101 como si fuera nueva. Los recientes acontecimientos en Europa del Este hacen que la premisa política de la historia parezca más ingenua. (Tampoco es que Moore, o cualquier otra persona, pudiera predecirlo.) Es probable que los acontecimientos dictatoriales con los que nuestros espíritus serán golpeados en el futuro sean menos de corte totalitario y más una orgía incontrolada de excesos capitalistas. Cuando por fin el mundo despierte, las consecuencias de este libertinaje serán un medioambiente devastado, una clase baja pandémica, y la hostilidad cada vez mayor entre aquellos con poder suficiente para hacerse con unos recursos mundiales que se desvanecen y aquellos que nunca obtendrán una parte. Tal vez entonces el fascismo reafirme su atractivo. Pero en esa edad oscura ninguna salvación residirá en el anarquismo romántico. En esa época nos veremos obligados a reconocer (aunque solo sea mediante la negación) que, como asegura V de Vendetta casi a pesar de sí misma, lo único que trascenderá de nuestra situación será la locura o la muerte.

Pero ya es suficiente. Si V de Vendetta tiene fallos considerables es porque es una obra a tener en cuenta. Moore se exige más que cualquier otro escritor del mainstream, y sus mejores trabajos siempre tienen una particularidad satisfactoria: están hechos artesanalmente, aunque con un patrón maquinal. Sus grandes defectos no provienen de la falta de habilidad (si acaso posee un exceso de habilidad), sino de las inevitables tensiones entre la seriedad de sus intenciones y las demandas limitadoras del género de aventuras/ superhéroes. Nadie es más consciente de esto que Moore. Esta tensión es su mayor valor en este mercado, y claramente el autor disfruta de ella: es lo que hace que Watchmen y V de Vendetta funcionen, el interés que nos despierta por ver hasta dónde puede llegar sin romper los familiares ritmos emocionales del género. Pero también le permite moverse a gran velocidad entre temáticas de gran profundidad y el melodrama ligero. (Si lo desea, puede colocar a Ian Fleming y a Dante en la misma estantería, pero es sensato y tiene la suficiente sensibilidad como para tratarlos como dos sabores diferentes de lo mismo). Ha demostrado hasta dos veces que es capaz de hacer una interesante, densa y atractiva obra larga a partir de materiales de género aparentemente gastados, pero no un trabajo serio. En los momentos más críticos, cuando el pensamiento original exige nervio, compromiso y un método propio para abordarlo, el género clama por resoluciones comunes, un giro melodramático, un clímax en el segundo acto, y Moore, con instintos de showman de primer orden, suele estar dispuesto a complacerlo. Sospecho -espero- que su interés por jugar de esa forma se haya agotado por fin, porque en última instancia es estéril. Habiendo alcanzado hasta dos veces un brillante punto muerto, su mejor movimiento actual debería pasar por encontrar su propio patrón.

domingo, 21 de agosto de 2022

EN LOS NUEVOS TIEMPOS OSCUROS, V DE VENDETTA COMENTADO POR CARTER SCHOLZ (1 DE 2)

Artículo de Carter Scholz para The Comics Journal nº 137 (1990). Traducción: Frog2000.

Nadie puede gobernar sin culpa.

-Louis Saint-Just

La fe en la humanidad, agrietada ya con el primer bofetón en la cara, y luego desfigurada por la tortura, no se vuelve a adquirir jamás.”

-Jean Amery, superviviente de Auschwitz

Prolífico inventor de detalles y matices, en la mayoría de sus guiones Alan Moore sigue siendo menos un inventor que un fusionador y un custodio de primer nivel de las formas convencionales de género. Es posible que nadie haya entendido tan bien los parámetros del cómic de superhéroes. Su justamente aclamada serie Watchmen extrae el máximo interés posible de un género popular abrumadoramente limitado, sin romper o incluso torcer ninguna de sus convenciones y, ciertamente, sin sugerir ninguna dirección adicional para el mismo. Aunque menos pulido, puede que por su intermitente periplo de creación a lo largo de siete años, V de Vendetta es su mejor trabajo hasta la fecha, un cómic cuya forma resulta tan familiar y accesible como radical su contenido.

Donde la mayoría de los cómics muestran únicamente insipidez, postureo y una ignorancia abismal que únicamente uno espera de los medios de comunicación y del propio gobierno de los Estados Unidos, V de Vendetta posee una conciencia política (aunque oscura, preocupante e inacabada). En el Reino Unido, donde el socialismo siguió siendo un concepto solvente durante más tiempo que en los Estados Unidos, y en una Europa donde un puñado de docenas de naciones soberanas de igual tamaño más están más cerca de ese concepto de lo que Chicago está de Washington, puede ser más difícil, a pesar de la señora Thatcher, permanecer ajeno al concepto. Quizá los estándares intelectuales europeos sean también un poco más elevados que los de Estados Unidos, donde las opiniones de irritables aristócratas como William F. Buckley, Jr. y George Will se consideran de forma abundante como discursos razonados en lugar de patochadas ligadas a una clase social.

Aunque no lo excuse, esto puede explicar por qué se ha necesitado a un guionista británico para producir el primer cómic estadounidense mainstream (estadounidense solo en virtud de que ha sido DC quien ha reimpreso la publicación británica original en Warrior entre 1982 y 1983 y facilitado su continuación) donde se trata la política como una realidad en lugar de un espectáculo. Hasta ahora, teníamos "conciencia política" sin riesgos y soñolienta bajo la forma del retorcimiento de manos, los golpes de pecho y las incrédulas miradas de asombro, pero las declaraciones genuinas, incluso en la truncada forma que ofrece Moore, son algo mucho más extraño.

No era necesario el prefacio del propio Moore para dejar claro que escribió V de Vendetta impulsado por su desconsolada repulsión frente a las políticas regresivas y socialmente divisorias del gobierno conservador de Thatcher en el Reino Unido y su gemelo reaganista en los Estados Unidos. ''He pensado en llevarme a mi familia y salir pronto de este país... es frío y mezquino y ya no me gusta vivir aquí".

Las virtudes de V de Vendetta son muchas: el fino oído de Moore para los diálogos (de los mejores del mundo del cómic), su cuidadosa construcción de las acciones, su sentido del equilibrio, su habilidad, propia de un showman, para hacer saltar sorpresivamente lo extravagante y lo inesperado en un entorno que nos resulta familiar. (Los guiones de Moore se complementan perfectamente con los dibujos de David Lloyd, tan controlados, inventivos, además de histriónicos, y finalmente, igual de convencionales.) Los placeres que se consiguen leyendo sus cómics son obvios, y aunque me concentre en los fallos que afean V de Vendetta, tal  y como voy a hacer, no pretendo menospreciar la obra. A veces los fallos de un artista consumado resultan más interesantes que sus logros.

La historia comienza el 5 de noviembre de 1997: la Noche de Guy Fawkes. En esa fecha de 1605, los conspiradores contra el rey Jaime I intentaron volar ambas cámaras del Parlamento. El complot fracasó y Fawkes fue ejecutado, pero ha pasado a ser recordado para siempre en el folclore inglés. En la futura Inglaterra de Moore, un misterioso personaje llamado "V" ha adoptado el atuendo, la dicción jacobina y el modus operandi de Guy Fawkes. El 5 de noviembre de 1997 bombardea el Parlamento, deteniéndose brevemente antes del evento para rescatar a una vagabunda y prostituta inexperta de 16 años llamada Eve de las brutales "prerrogativas" de un escuadrón anti-vicio del gobierno.

Aunque nunca se da a conocer su identidad, la trama revela parte de la historia de V: era el "hombre de la Sala cinco" (Sala V) del infame campo de concentración de Larkhill, uno más de las docenas de centros de detención construidos por un gobierno fascista inglés después de una breve guerra nuclear para internar a homosexuales, negros y otros indeseables prisioneros políticos. (Dichos campos están modelados, quizá demasiado verazmente, como los campos de concentración nazis, incluso sus hornos y experimentos médicos). Durante su encarcelamiento experimentan con V, que sin embargo, consigue escapar y regresar a Londres. Años más tarde, operando desde una suntuosa guarida subterránea, se propone tomar personalmente venganza del personal del campo y resarcirse públicamente del gobierno. (Vale la pena señalar que una de las dramáticas formas de actuación jacobina más popular era el juego político de la venganza, y que a menudo el protagonista habla de forma parecida, a base de versos libres yámbicos.) La consecución en sus acciones es extraordinaria. Cuando por fin un investigador del gobierno lo rastrea y lo hiere de muerte, se arrastra de regreso hasta su guarida y le pasa la batuta de la resistencia a Eve, su heredera adoptiva.

La historia me sonaba. Es la saga de un hombre contra el sistema cuyos ejemplos pasan por "1984" de Orwell y cien epígonos menos consecuentes. Como rebelde, V automáticamente consigue nuestras simpatías; es un héroe. Incluso es más: un superhéroe. Viste máscara, capa, tiene fuerza y​ velocidad sobrehumanas, motivación para buscar su venganza, identidad secreta, escondite secreto, sidekick. Gran parte de los diálogos de Moore recuerdan tímidamente a un Superman de la Edad de Oro: "¿Cómo lo ha hecho? Nunca había visto a nadie moverse tan rápido". "¡Me has rescatado! ¡Como en las fábulas! No me lo puedo creer". "La gente normal no es capaz de hacer ese tipo de cosas".

A Moore nunca le irritaron dichas limitaciones del género. Es más, prospera a partir de ese punto utilizando argumentos formuláicos y personajes comunes como base para encontrar matices y arabescos inesperados. En sus mejores momentos, evoca el sentimiento que transmite un buen músico de jazz tocando una tonta melodía. Aún así, aunque adherirse a una estructura predecible parece otorgarle cierta sensación de libertad, es capaz de sabotear el orden de las cosas, y lo hace, porque la complejidad de su forma de ejecutarlo apunta a una complejidad en sus propósitos que la estructura de género no es capaz de soportar.

Moore escribe densamente, como si quisiera ocultar la simplicidad esencial de dicha estructura. 

Los detalles y las alusiones pululan tan densamente como los mosquitos en un lago en verano, y muestran la misma enloquecedora negativa a ser comprendidos. En esta espesura, difícilmente se puede separar lo fundamental de lo periférico. Algunos detalles, como las recurrentes "V" plasmadas por todas partes (el símbolo personal del personaje, una V circular -¡a la sombra del Zorro!- es una inversión del círculo anarquista contemporáneo con el símbolo de la A) son un rápido hallazgo feliz que se vuelve aburrido, al igual que ocurría con las recurrentes caras sonrientes de Watchmen: una marca reflexiva cuya agradable inclusión se desgasta rápidamente. Aunque más sugerentes, otros detalles parecen inconclusos y arbitrarios. Más de una vez cierta ambigüedad o una laguna en el guión esconden desgarbados lazos entre uno de los arabescos más elaborados de Moore y las sencillas exigencias de la aventura formal.

Por ejemplo, en una ocasión se menciona a Arthur Koestler como autor de Las raíces del Azar y de nuevo como presidente [en realidad vicepresidente] de EXIT. Por supuesto, Koestler es mucho más conocido por ser el autor de una de las novelas básicas de este siglo, El cero y el infinito, una obra maestra ante la que han de inclinarse todos los trabajos posteriores sobre el totalitarismo. Moore es muy consciente de que V de Vendetta se queda directamente a la monumental sombra del trabajo de Koestler, y no estoy seguro de por qué lo apunta simplemente de forma tan oblicua. Quizá sugiera que en su Inglaterra futura, la gran obra de Koestler ha sido purgada, de modo que sólo se le conoce como un excéntrico escritor sobre percepciones extrasensoriales y partidario de la eutanasia. Esta descabellada suposición es todo lo que se me ocurre.

El elaborado escondite de V, "la Galería de las Sombras", es una mezcolanza de pop y alta cultura. Los carteles de películas de serie B compiten por el espacio con los viejos maestros (me gustaría saber si las pinturas son originales). En una estantería, Shakespeare reposa codo con codo con Homer, Ivanhoe, Dante y Ian Fleming. Eve reacciona ante la "hermosa" música que suena en la gramola. En su mejor estilo pontificio, V responde: “La canción se llama 'Dancing in the Streets', de Martha and the Vandellas. ¿Puede que la Motown te resulte familiar?" (Quizá la escena sea más graciosa de lo que pretendía Moore, porque al leerlo me imaginé a Alistair Cook presentando un concierto de Run-DMC). También, esta mezcla de filigrana manierista con cruda energía pop, malabarismos poco útiles y mucha profundidad suele ser la emblemática forma de trabajar de Moore. Cada una de las historias de Moore parece una especie de galería de sombras, maravillosamente repleta, aunque parezca hacerlo de forma indiscriminada, de todo lo que se le antoje en ese momento. Seguro que únicamente la coincidencia en las letras explica que Moore ponga un ejemplar de "V" de Thomas Pynchon en manos de su personaje; cualquier otra novela escogida al azar tendría tanto, o tan poco, que ver con el relato de Moore.

Incluso vemos algo similar en las fundamentales referencias a Guy Fawkes. Aunque se supone que V es un reemplazo de Fawkes, no es tanto el anarquista implacablemente opuesto al gobierno como el burlado por el gobierno. La conspiración de la pólvora de 1605 fue frustrada en el último momento: Fawkes y sus conspiradores no lograron volar la Cámara de los Lores porque el Conde de Salisbury, el secretario de estado de Jaime I, supo del complot durante meses. Salisbury permitió que los planes de los conspiradores progresaran hasta la misma noche antes del bombardeo planeado, cuando el desventurado Fawkes fue detenido in fraganti en el sótano de la casa, y su ejecución sirvió de ejemplo público. De hecho, en su amor por lo teatral y su manipulación de los acontecimientos, V se parece más a Salisbury que a Fawkes. Por eso, a pesar de su complejidad, V de Vendetta, como Watchmen, tiene sentido. Si en Watchmen el plan de Veidt para salvar a la humanidad de sí misma parecía emanar más de los clichés de ficción pulp que del cerebro de "el hombre más inteligente del mundo", V de Vendetta es por su parte un laberinto de cabos sueltos y preguntas sin respuesta. ¿De dónde saca V el dinero para llevar a cabo sus operaciones? Seguro que el gobierno había incautado todos sus bienes en el momento de su encarcelamiento. ¿Cómo este famoso fugitivo político es capaz de crear la Galería de las Sombras y trabajar como un terrorista solitario en una sociedad donde todos los ciudadanos comunes se encuentran bajo minuciosa vigilancia? ¿Cómo podrían 40 antiguos integrantes del personal de Larkhill morir "accidentalmente" sin despertar las sospechas de alguien? Si las respuestas son que V tiene acceso a la computadora central del gobierno, Fate, ¿cómo ha obtenido el acceso? No son enigmas, sino agujeros en la trama.

Las cuestiones sobre su personalidad producen similar inquietud. Escribir un personaje enigmático no da licencia para el enigma absoluto. En un momento dado, Eve observa: "Esas cosas son muy importantes para ti, ¿no es cierto? ¿Todas esas cosas teatrales?" "Lo es todo, Eve. La entrada perfecta, la gran ilusión. Lo es todo". ¿Por qué V está tan obsesionado con lo teatral? ¿Quizá porque la mujer de la Sala IV era actriz? ¿O porque una rama de la ficción popular, desde Robin Hood en adelante, ha retratado a los anarquistas como románticos encantadores, y dicho arquetipo se gana nuestra simpatía por V a pesar de que cometa actos de terrorismo a sangre fría? ¿Cuánto del comportamiento de V proviene de la naturaleza de su personaje y cuánto de la necesidad de su autor por generar una gran ilusión? Para cuadrar su personaje con todos los acontecimientos de la historia, V tiene que haber sido, antes de ser prisionero en Larkhill, actor, músico, programador, químico, experto en demoliciones y conocedor del Arte en general, alguien rico e independiente, el tipo de compuesto glamoroso más común que nos podemos encontrar mejor en los alter-egos de los superhéroes (por ejemplo, Bruce Wayne, Tony Stark) que en la vida real.

Tampoco hay nadie con quien medir la personalidad de V. En El cero y el infinito, Rubashov tiene un antagonista (Ivanov) que es su igual intelectual y moral. Algo que no se permite en una historia de superhéroes: casi todos los personajes excepto V son cobardes, matones, victimizados, intrigantes, débiles o amorales. El único personaje principal con cierta decencia, el detective Finch, no es un verdadero rival para V, aunque al final consiga rastrearlo y matarlo, solo es con la complicidad de V. Si lo observamos teniendo en cuenta este punto de vista, contra tal elenco, V tiene las relativas virtudes de Sócrates, Bertrand Russell y Fred Astaire combinadas, y no mucha más profundidad que el Capitán Marvel.

En algún punto, V aduce: "Dentro de esta capa no hay carne y sangre a la que matar. Solo un ideal". 

Entonces, tal vez deberíamos examinarlo en lugar de su personalidad.

En el libro de Koestler, Rubashov el prisionero e Ivanov el interrogador tienen ideas opuestas. Ambos están convencidos de su rectitud moral, pero son conscientes de su falibilidad. El epígrafe de Koestler protagonizado por Saint-Just, el revolucionario francés, apunta lo que ya saben ambos: "Nadie puede gobernar sin culpa". Por supuesto, la regla de V ("haz lo que quieras") no es una regla y conduce al caos, que él ve como un lamentable pero inevitable paso en el camino hacia la verdadera anarquía. Pero, ¿qué es la verdadera anarquía? Lo mejor que logra V dilucidar es: "'En el clamor de la insurrección, es fácil olvidar el motivo por el que luchamos. ¿No es eso un baile? ¿Hombros perfumados? ¿Pupilas dilatadas por el vino o el deseo? La anarquía debe abrazar el fragor de las bombas y el fuego de cañón, pero debe amar aún más la dulce música". Y “La anarquía tiene dos caras: la creadora y la destructora. Así, los destructores derriban imperios: crean un lienzo de escombros sobre el que los creadores pueden pintar un mundo mejor".                                                                                             

Cerca del final, V le da la oportunidad a Eve de arrancar una rosa de su jardín secreto, un ligero simbolismo que le ofrece una venganza que la mata y la permite vivir. ¿Quizá lo siguiente será una anarquista más amable y gentil en ciernes? Sin embargo, la historia vuelve a su comienzo: Eve rescata a un joven de los disturbios que ocurren a continuación y se lo lleva. El chico se despierta en la Galería de las Sombras, donde Eve, ahora con la máscara y el disfraz de Fawkes, lo saluda con la voz y el estilo del antiguo V: "Esta es mi casa." ¿Un nuevo jefe en negativo muy parecido al antiguo jefe en negativo? Sabemos que Eve ha evitado asesinar, pero eso es todo. Conocemos sus planes. (Puede que parezca que la rosa que crece entre los escombros en la contraportada de los 10 números de la serie apunte a una reconstrucción optimista, pero el uso simbólico que hace V de una rosa al asesinar lo contradice).

(Finalizará)

miércoles, 21 de abril de 2021

LA LIGA DE LOS HOMBRES EXTRAORDINARIOS, LA TEMPESTAD, por Brian Nicholson

Artículo de Brian Nicholson para The Comics Journal (2019). Traducción: Frog2000.

Una explicación en cinco actos.

I. Es después del fin del mundo, ¿aún no te has enterado?

Asegurar que Sun Ra dijo una vez: "Es después del fin del mundo, ¿aún no te has enterado?" sería un eufemismo. June Tyson lo repitió nueve veces en los primeros cuarenta y cinco segundos de la primera canción de la banda sonora de la película "Space Is The Place" ["IT’S AFTER THE END OF THE WORLD, DON’T YOU KNOW THAT YET?”]. No pretendía ser un comentario ingenioso, sino un apunte enfático. Haríamos bien en aceptar la idea, y si eres lector de cómics de superhéroes desde hace mucho, debería resultarte bastante fácil hacerlo, ya que estarás familiarizado con la fastidiosa tendencia de la existencia a seguir adelante sin problema después de muchos... exagerados eventos apocalípticos. Si eres lector de Alan Moore, es muy posible que sepas que la conclusión de su arco "American Gothic" en La Cosa del Pantano, coincidió con la celebración de las Crisis en Tierras Infinitas en toda la editorial, aunque su etapa continuó otro año más sin disminuir la calidad. Puede que recuerdes que presionar el botón de reinicio del evento empujó a Moore a escribir una historia final de Superman, un poco antes de que John Byrne comenzase otra el mes siguiente.

Décadas más tarde, Moore comandaba su propia línea de cómics de superhéroes, uno de los cuales, Promethea, estaba destinado a servir como núcleo explicativo de la sincera creencia de Moore en lo oculto. El fin del mundo fue profetizado en la serie y maniatado al año 2012, y cuando el mundo terminó al final de su etapa, fue una experiencia positiva para todos los seres vivos, un alejamiento de los tupidos velos que dividen a la humanidad, iluminándose el mundo y desplazándose hacia un lugar mucho mejor. Esa secuencia concluyó el trabajo de Moore en su sello America's Best Comics, con un epílogo que apareció en un número de la serie Tom Strong. Es un final optimista. Sus obras para Avatar Press centradas en la mitología de H.P. Lovecraft, terminaban con la Tierra y la humanidad descendiendo hacia una oscuridad de la que nunca volverán a emerger.

Si Moore creía realmente que el mundo iba a terminar en 2012 o no, parece de mala educación imprimir su punto de vista en una fecha posterior. El mundo no se acabó, el globo terráqueo siguió dando vueltas, aunque si por fin llegó o no un anticristo al escenario mundial sigue siendo tan discutible como siempre. Ciertamente, subrayar que existía dicha amenaza a la vida revistió de cierta urgencia a la creación de otro apocalipsis, esta vez en The League Of Extraordinary Gentlemen: Century, que comenzó en 2009 y se presentó en tres números de cadencia anual, cuyas tramas transcurrían en 1910, 1969 y 2009, y donde la tensión se iba incrementando hasta llegar a una conclusión apocalíptica. El final era anticlimático: la serie continúa de nuevo en este último volumen, "The Tempest", unos años después. Si bien los cambios en el contexto cultural solo han reforzado la sensación de que el final de "Century", con su descripción de Harry Potter como anticristo, se podría interpretar como un pequeño agravio sacado de quicio, ese diálogo con la literatura de género británica se entendió como la razón de ser de la serie, excusable a medida que avanzamos hacia un Moore que aborda un panorama cultural aún más espantoso.

II. La legión de héroes sustitutos

Empezando en 1999, The League Of Extraordinary Gentlemen continuó las historias de los personajes creados en las novelas británicas del siglo XIX, e integró obras dispares en un universo compartido muy parecido al que se podía encontrar en los cómics de Marvel o DC de los años sesenta. Esta idea de altos vuelos surgió esencialmente cuando sus autores entendieron que tales obras, con frecuencia serializadas, tenían sus antecedentes en los pulps del siglo XX y en el fermento cultural general del que surgió la narrativa de superhéroes individualizada de la década de los 30. Con ese punto de partida, plantearon un “universo compartido” que incorpora tantas creaciones como pueda recoger a partir de textos ya existentes.

Basado originalmente en la utilización de figuras literarias del siglo XIX actualmente de dominio público, avanzar hacia el presente ha requerido escoger a personajes populares con errores ortográficos y completar ciertos detalles de fondo con otros cuyos autores es poco probable que pongan una demanda. Aún así, hay que cubrir el expediente histórico, y cuando lo han hecho en su ficción, los autores lo han representado de la siguiente forma: para las crónicas de la Segunda Guerra Mundial utilizaron al personaje de Chaplin en "El gran dictador", Adenoid Hynckel, como sustituto de Adolf Hitler. En "The Tempest", para hablar del presente tenemos a Johnny Gentle, de "La broma infinita" de David Foster Wallace, como sustituto de Donald Trump. Es más una broma discreta que uno de los momentos importantes de la trama, pero como la obra se refiere al momento presente, hay que reconocer la existencia de Trump. Aún así, el proyecto se define por hablar sobre la ficción, la cultura que dicta nuestro discurso, que en 2019 significa hablar de forma explícita de superhéroes, porque sus hazañas se pueden encontrar por todas partes, en salas de cine y series de televisión, y son entendidas y apreciadas por un amplio rango de público del que seguramente formarán parte personas que habrán despreciado los cómics como basura para analfabetos durante los primeros veinte años de la carrera de Moore.

En virtud de la influencia inmortal de su trabajo en el género sobre lo que vino posteriormente, para Moore el material superheróico se encuentra cargado de significado. Su trabajo con personajes que creó como análogos de las antiguas propiedades de la Charlton ha tenido influencia en décadas de obras, y ahora los estantes de DVDs de los grandes comercios están tan recargados de películas de superhéroes como los estantes de una tienda de cómics lo estaban en 1992 de cómics de superhéroes. Los personajes lo son apenas desde una perspectiva literaria, y la omnipresencia del género es mayor de la que podría tener cualquier personaje individual, por lo que no hay necesidad de analogías.

Los superhéroes que aparecen en este volumen de League Of Extraordinary Gentlemen provienen del dominio público, habiendo aparecido anteriormente hace décadas en los cómics británicos que intentaron hacer negocio esquilmando los cómics estadounidenses, antes de ser demandados o simplemente desapareciendo al despertar poco entusiasmo, tal y como suelen hacerlo las copias. Cada número contiene una "strip" de complemento donde estos personajes forman un equipo, y se les ubica en un contexto paródico de principios de los sesenta como añadido a su aparición en la narrativa principal. A continuación están las contraportadas con páginas de correo falsas, similares a las que se pueden encontrar en la serie de Moore 1963, iniciada para Image Comics en 1993, aunque nunca llegase a concluir.

Si bien he dicho que estos personajes no son directamente análogos de los superhéroes populares, en realidad hay una parodia bastante simple del origen de Batman en el quinto número. De acuerdo con mi referencia inicial de Sun Ra, se podría decir que Moore "desenmascara a Batman" en ella, enarbolando contra el personaje esa crítica de que es una persona rica que golpea a los pobres, y trasladándola al más delineado sistema de clases británico, donde su figura parece aún más ridículamente innecesaria.

Mientras tanto, cada número de "The Tempest" está diseñado para que su portada se parezca al tipo de cómic que ha aparecido en las estanterías de las tiendas y ha ganado popularidad sin estar protagonizado por superhéroes: cómics para chicas, cómics de humor, cómics de terror, Classics Illustrated. El interior en sí mismo abraza a medias todo esto: uno de los segmentos del  "cómics para chicas" incluye un cómic con fotografías, el número de terror tiene interjecciones realizadas por un macabro anfitrión, el número humorístico juega un poco más con los elementos de la farsa. Mientras tanto, la portadilla interior nos presenta un texto complementario con una biografía de un historietista británico maltratado por la industria.

III. El infierno está vacío y todos los demonios están aquí

Puede parecer un confuso cargamento de bagaje conceptual, y lo es. La obra es densa, y leer cada número a medida que ha ido saliendo, ha hecho más difícil encontrar un hilo conductor para poder determinar su significado.

Sin embargo, así es como se ha sentido la vida desde 2016 hasta ahora: como si gran parte de la ciudadanía se estuviese mintiendo a sí misma, creyendo en múltiples teorías de la conspiración, pensando que la realidad consensuada es esencialmente irreconciliable, y que solo puede ser interpretada por aquellos que están versados en los locos sistemas de pensamiento en los que creen otras personas. En la derecha tenemos a QAnon y el Pizzagate, junto con el viejo y confiable supremacismo blanco de "Los protocolos de los ancianos de Sion". Al investigar los orígenes de cualquiera de estas conspiraciones, uno descubre la  posibilidad de que los temas de QAnon sean una broma urdida por izquierdistas. En la izquierda hay muchas luchas internas sobre cuán digno es invertir en la narrativa de la colusión rusa, en lugar de simplemente intentar ganar las próximas elecciones, y hay aún más divisiones provocadas por cómo ganarlas exactamente. Muchas de las formas supuestamente objetivas con las que se mide la realidad, por ejemplo las estadísticas, están siendo manipuladas conscientemente para ganar votaciones. Los funcionarios electos tienen entonces una influencia considerable sobre las narrativas que se nos cuentan gracias a la credulidad de los medios de comunicación: por eso muchos optan por hablar sobre lo poco que se puede confiar en los medios de comunicación.

Hablo desde mi perspectiva vital en Estados Unidos, porque es lo que conozco. Mi comprensión de la política del Reino Unido es más vaga, pero lo que yo entiendo es igualmente difícil de seguir para los oriundos de aquí, mientras las figuras de la izquierda son regularmente tachadas de antisemitas con acusaciones realizadas con toda la mala fe del mundo. Si las narrativas de las novelas de Thomas Pynchon tratan sobre conspiraciones de tal complejidad fractal que degeneran en entropía, la interpretación de Moore del momento moderno es que la entropía lo ha superado todo, pero que todavía existe una densidad propiciada por el peso de la historia.

La idea principal detrás de The League Of Extraordinary Gentlemen es que existe un universo narrativo general en donde encajan todas estas viejas historias. Lo que hacía que esto fuese una mala idea es que es imposible reconciliar todas estas ficciones, ya que no fueron diseñadas para encajar. Moore puede tener la inteligencia suficiente como para hacer ensamblar ciertas partes con resultados elegantes y divertidos, pero aquí, en el mundo real, el resto de nosotros nos estamos volviendo locos con lo que básicamente son diferencias filosóficas esencialmente irreconciliables entre las historias que estamos viviendo y lo que nuestros vecinos se cuentan a sí mismos. No somos capaces de ponernos de acuerdo, y muchos sienten que ya no vivimos en el mismo universo que las personas de nuestra familia inmediata. Este es el momento histórico sobre el que Moore nos está hablando.

Moore está especialmente capacitado para escribir una historia sobre la función de las historias en los momentos finales de la narrativa. Es de los primeros de la generación de los novelistas gráficos: personas que observaron la interminable serialización de los cómics de superhéroes y se dieron cuenta de que no era tan satisfactoria como una obra literaria real por su falta de finales. Luego trabajó, esforzándose en serio, en las páginas de La Cosa del Pantano, para conseguir la suficiente caracterización y peso temático como para que los arcos de la historia pudieran terminar de forma satisfactoria. Más tarde guionizó "La Broma Asesina" con la gravedad suficiente como para que se pudiera interpretar como una historia final de Batman. Escribió "¿Qué fue del hombre del mañana?" después de ser reclutado para finalizar décadas de historias de Superman, un universo absolutamente auto-referencial, y consiguió hacer algo conmovedor utilizando décadas de material con una salvaje variación de tonos construida alrededor de un núcleo de auto-referencialidad que nunca había estado destinado a ser cohesionado como obra única. Fue hace más de treinta años, y desde entonces, su propia narrativa le ha sido arrebatada de múltiples formas. Literalmente, las historias que ha escrito le han sido arrebatadas, el significado del trabajo que creó con la intención de que le perteneciese ha sido comprometido por el hecho de que una corporación ha visto un mayor potencial de ganancias en basura franquiciada que en una obra de mérito literario.

Al mismo tiempo, hay una generación más joven de fans que da validez a todos estos reclamos, además de desechar a Moore como un simple anciano, señalando la preponderancia de la violencia sexual en el trabajo de Moore como el fetiche de un viejo verde, y la aparición de una extraña y arcaica caricatura racial en "Dossier Negro" como indicativo de alguien que está ya alejado de cualquier actitud tolerante. Ambos ejemplos coinciden con el hecho de que en DC puedan lavar con un tono rosáceo el robo de la propiedad intelectual de Moore al hacer que la primera aparición de Promethea en un número de la Liga de la Justicia estuviese guionizada por un creador abiertamente gay que cumple con el importante rol de escritor apropiado para Midnighter, un análogo gay y más violento de Batman que se convirtió en una propiedad de DC en la misma fusión corporativa que posiblemente adquirió a Promethea. (Digo posiblemente porque parece que es un terreno tan pantanoso que Moore simplemente no ha tenido la fuerza de voluntad suficiente para litigar).

Tom Strong apareció en una serie titulada The Terrifics, guionizada por Jeff Lemire, un autor al que tal vez se considera con cierta “credibilidad independiente” por haber escrito y dibujado originalmente novelas gráficas publicadas en Top Shelf. Honestamente, no sé cómo los creadores de estas obras justifican o excusan su participación, y se siguen considerando "buenas personas" o miembros de una comunidad de artistas. Estoy seguro de que, después de que sus editores les hayan encomendado la tarea de integrar las creaciones de Moore en la continuidad de DC, profesarán ser fans de Moore, a pesar de los hechos evidentes que hacen que tales afirmaciones parezcan profundamente poco sinceras. Es como enterarse del artículo sobre Bernie Sanders que Pete Buttegieg escribió en el instituto: supongo que en tu juventud puedes estar al tanto de muchas cosas sin aprender nada de ellas.

Hay muchos motivos por los que Moore ha sufrido una amarga decepción con la industria del cómic mainstream. Me gustaría llamar la atención acerca de que la industria del cómic convencional es una metonimia de las tendencias más importantes que circulan dentro de la cultura estadounidense. La diversidad que ofrece es superficial, con un montón de cosas que comparten el mismo núcleo hueco y vacío, está enamorado de la violencia y del Imperio, y le resulta indiferente cualquier elemento exterior que aumente su cuota de mercado a medida que se deterioran los recursos necesarios para llevar a cabo un plan sostenible a largo plazo. Hay un exceso de producto ofertado, por lo que no hay forma de ser consciente de lo que verdaderamente podría ser bueno o trascendente, solo un producto comercializado en un nicho para individuos atomizados, para que jueguen con su engreída auto-satisfacción, sea porque quieren ser halagados por aspectos superficialmente inteligentes y de enfoque serio, o simplemente por avivar su cerebro de lagarto a base de sádica crueldad hacia otro ser imaginado. Aprovechando las tensiones de la nostalgia en nuestra cultura, las corporaciones propietarias de estos personajes han podido capitalizar décadas de prácticas laborales explotadoras, y han ampliado el espectáculo utilizando el impulso presupuestario adicional que les puede brindar su asociación con el siempre rentable ejército estadounidense.

Si es cierto que hay un "universo compartido" que enlaza las historias que se cuentan en las películas de Iron Man y Thor, también existe un universo moral compartido que une a Marvel y DC, y las voces dominantes de los principales partidos políticos. Es uno donde principalmente se valora el poder, aunque no es ese el mundo que ocupa Moore. Las historias que cuentan las "majors" esperan crear una apariencia simplista de “bien contra mal” en base a grupos dispares que luchan por el poder y sus incómodas coaliciones. La historia que necesita contar Moore es diferente. No trata acerca de la psicología que motiva al electorado y sus representantes, pero sí entiende que su psicología es un tenso revoltijo. Todos los involucrados disponen de un marco de pensamiento diferente con el que abordar las cosas, y entran en conflicto entre sí por múltiples razones, de tal forma que muchos de ellos están completamente trastornados. Parece deprimente a muchos niveles, pero también alcanza cuotas excelsas de absurdez, y si bien los tiempos nunca han sido más oscuros y las apuestas han estado tan increíblemente altas, casi todo lo que dice alguien con cierto grado de poder en la actualidad siempre parece muy estúpido. De ahí que a menudo "La tempestad" no parezca avanzar utilizando una lógica basada en la caracterización realista o el naturalismo mimético. Está escrito en un registro más cercano a las tiras de humor que Moore realizó para su antología "Tomorrow Stories" que a "From Hell". La tragedia se repite como una farsa, y Moore conoce el material que parodia mucho mejor de lo que Donald Trump conoce la etapa como presidente de Ronald Reagan.

Las dos entrevistas más recientes de Moore que he podido leer apoyan la idea de que su obra actual debería leerse como un proyecto político: entrevistó al escritor Jarett Kobek para un video de Youtube, en donde Kobek hablaba sobre su nuevo libro, en el que los intentos de un autor de escribir una novela de fantasía dan paso a las quejas atormentadas sobre el actual y abrumador estado del mundo. Al hablar sobre la imposibilidad de contar una historia en este momento, Moore asentía, a pesar de que la narrativa de "The Tempest" es satisfactoria de una manera que no tiene mucho que ver con el texto de Kobek. Unos días antes de que el número final llegara a las tiendas, Moore apareció en el podcast Chapo Trap House, un show cuyas tendencias políticas se corresponden básicamente con las quejas sobre la opinión pusilánime centrista que yo he estado ofreciendo en este artículo.

No deseo alinear mis creencias políticas con las de Alan Moore, ni tampoco sugerir que su política se alinea con quien esté más a la izquierda en una celebración electoral determinada. Moore es un anarquista declarado, algo hacia lo que mis propios instintos se acercan cada pocos meses más o menos, ya que la democracia representativa parece cada vez más una farsa, con un sistema de controles y equilibrios como premisa que se acerca cada vez más al mínimo común denominador, mientras esperamos a que los funcionarios electos actúen de una vez y se comporten heroicamente mientras cada transgresión contra las normas democráticas es tratada como una tentación para que el público espere a la siguiente y emocionante entrega de El Proceso de Votación. Me ha cansado de la misma forma en que me cansé de leer cómics de superhéroes mensuales: fueron demasiadas veces en las que sentía que acababa de leer la misma historia que el mes anterior. Cada elección es catalogada como la más importante de nuestras vidas, su forma de vender esta serie de eventos es asegurando que la actual y última es la que lo va a cambiar todo. Por citar al rapero Aesop Rock cuando habla sobre terapia: "Te recuerdo que es un chanchullo, no una rehabilitación".

Moore ya había intentado antes alejarse de los peores aspectos de la industria del cómic, y su último intento lo obliga a despedirse completamente del medio.

IV. El Historietista, el Guionista, su Esposa y su Influencia

Este volumen se titula "La tempestad" rememorando la última obra de Shakespeare. Moore ha declarado que planea que este sea su último cómic, y el título alude a dicho paralelismo entre las dos obras. El título también apunta a la prominencia en la historia del personaje de Próspero, un mago con su origen en la obra de Shakespeare, pero que lleva presente en The League Of Extraordinary Gentlemen desde el "Dossier Negro" de 2007. En la Liga, el personaje parece, al menos en parte, un sosías de Moore, con su bien publicitado interés en la magia y su larga barba.

En la Liga, Próspero reside en The Blazing World, el reino de la magia explícita, las hadas y todo lo demás. El mundo más amplio que lo rodea es el mundo de la literatura, de modo que los dos, con sus reglas separadas, deberían, esencialmente, ocupar un nivel diferente de realidad. The Blazing World está representado en 3D estereoscópico, las gafas van incluidas tanto en The Tempest [no en la edición española] como en The Black Dossier, y los residentes de estos reinos están representados con gafas similares. Para mí, y supongo que para los demás, leer un cómic en 3-D es bastante difícil, debido a la forma en que se mueven los ojos durante el proceso de lectura para poder asimilar el texto. Básicamente, a partir del "Dossier  Negro" la densidad de la experiencia de lectura vibra en el cerebro de forma similar: como si los hemisferios del cerebro del lector estuviesen captando el contenido de la página desde ángulos ligeramente diferentes. El ojo se esfuerza en los segmentos en 3D, el cerebro se esfuerza todo el tiempo en todas partes.

El grado de dificultad disminuye al volver a leer los volúmenes que recordabas más tediosos. The Tempest es una experiencia de lectura mucho más divertida que "Dossier Negro" o "Century". La serie logra un delicado equilibrio entre generar un espacio que haga referencia y reconcilie todas las historias de las que habla, y contar una historia satisfactoria por derecho propio. Si los anteriores volúmenes te parecieron demasiado opacos al leerlos por primera vez, ahora nos ayudan a recordar lo fácil que era perdernos en la historia que nos contaban porque sus hilos se entretejen por fin en este volumen actual.

Aún así, si la referencia a Shakespeare del título no nos advierte que deberíamos tener algo de cariño por los intelectuales y las personas de pensamiento elevado para saber si este cómic está hecho para nosotros, permíteme mencionar a otro artista que "no es para todo el mundo", y que viene al caso. "La tempestad" de Shakespeare también fue la base de la película de 1991 "Prospero’s Books" [Los libros de Próspero] de Peter Greenaway. La obra de Peter Greenaway dispone de una especie de estructuralismo quisquilloso capaz de impresionar a nivel intelectual a cualquiera, incluso aunque es visceral y pervertida. Su genio parece similar al de Moore y, aún manteniéndose aparte del resto del mundo, vibrando en su propia frecuencia, parece una más que probable fuente de inspiración. La capacidad de Moore para hacer sus cosas con una premeditación comparable sugiere que su distanciamiento auto-impuesto de Internet le ha sentado bien: su cerebro no se ha derretido ni se ha vuelto adicto a sus propias distracciones.

Sé que afirmar que la adicción a Internet es mala para el cerebro se considera grosero, porque muchos jóvenes nacieron con ella en la sangre y no se pueden imaginar afrontando voluntariamente un período de abstinencia. Pero debido a las diversas diferencias generacionales que convierten a los baby boomers en un significativo blanco de desprecio, acusar a las personas mayores de sufrir daños cerebrales por la exposición a las redes sociales no parece estar tan vetado. Ya he hablado acerca de los elementos del trabajo de Moore de los que se burlan los fans más jóvenes, pero deberíamos apuntar que los cómics que ama Moore, impregnados en su ADN, están bastante pasados ​​de moda en este momento.

Moore nació una década después de Robert Crumb, y su éxito comercial sin duda le ha permitido fumar más hierba que a cualquier otro dibujante underground con quien comparta veneración por la MAD de Harvey Kurtzman. A pesar de la formalidad de su trabajo, hasta cierto punto está claro que aspira a la concepción anarquista de los autores underground. Hasta donde sé, las únicas veces que Moore ha ofrecido respaldo publicitario en este siglo a algún cómic publicado por DC, estaba dibujado por Richard Corben [se refiere a "La Casa en el Confín de la Tierra"]. Aparte de Kevin O’Neill, el colaborador con el que Moore ha tenido una relación más extensa sin dejarla de lado, tenemos también a Rick Veitch y Melinda Gebbie, personas cuyo primer trabajo publicado apareció en cómics underground. Aunque O'Neill no proviene de ese mundo, el Comics Code denegó la aprobación de su trabajo durante los ochenta porque les parecía retorcido. Es el colaborador ideal para Moore, porque sus composiciones mantienen la claridad, mientras el trazo en sí no solo posee "bordes angulosos", sino que parece mantener una capa de suciedad que infecta cualquier cosa con la que se atreva.

No me refiero a "angulosidades" en el sentido de "debilidades de estilo", aunque en la obra aparecen muchos personajes, y definitivamente no todos son reconocibles al momento incluso en el caso de los personajes principales, no solo de los secundarios. Pero se puede resolver todo gracias al contexto; tan solo es una lectura compleja, con un montón de partes en movimiento. O’Neill está obligado a hacer un montón. Supongo que fue quien dirigió las secuencias fotográficas. Dibuja grandes mapas recortados, secuencias en formato de tira cómica, y una gran variedad de pequeños homenajes a fragmentos de la historia de los cómics. Si eres fans del cómic como medio, o has crecido leyéndolo, hay muchos momentos que te encantarán, porque es como si se estuviesen interpretando sus grandes éxitos. A cierto nivel, el trazo de O´Neill puede parecer rígido y afectado, pero es capaz de hacer cualquier cosa y cuenta los chistes de una manera socarrona.

O'Neill tiene en su haber obra propia que vale la pena considerar al hablar sobre La Liga. Cuando se anunció la serie, resultaba fácil asociar al autor con sus premisas Victorianas. Sus trazos son excelentes, es capaz de dibujar entramados con un nivel de detalle que recuerda a los grabados que siempre hemos tenido en mente. Sin embargo, gran parte del efecto se pierde por culpa de la reducción del tamaño original de sus dibujos y de las capas adicionales de coloreado digital. Ahora la serie ya no se ambienta en el siglo XIX, y sentimos que su estilo de dibujo lo determina tanto un sentido de coherencia interna como su habilidad para retratar las cosas con humor. Antes de ilustrar la serie, O'Neill era más conocido en el mercado estadounidense por su trabajo en Marshal Law, una parodia de los superhéroes mucho más oscura y cruel de lo que se puede entrever en estas páginas. Los lectores británicos conocieron a O'Neill en el magazine 2000 AD, y el último número de "The Tempest" está diseñado para parecerse a dicha revista.

Si pensamos en Moore en términos de teatralidad y dramatismo, podemos recordar su faceta de profesor impartiendo estructuralismo literario y en la de dibujante de humor underground como dos personajes enfrentados. El dibujo de O'Neill es la manifestación de ese humor, aunque paradójicamente, visto bajo un prisma escenográfico, funciona como la parte más adusta, en el sentido de que refleja la manipulación intelectual del guionista y se la toma al pie de la letra. O por volver sobre la comparación con Greenaway, la suya es una actuación mastica-escenarios propia de Michael Gambon, alguien que hace el trabajo necesario de tomarse todo con altivez para acercárnoslo y hacérnoslo más próximo. Tal vez parezca un poco agotado, pero deberíamos perdonarlo. Esa metáfora acerca de que el elemento humano es zarandeado por fuerzas superiores no solo es una buena descripción de la colaboración en un cómic donde el dibujante ilustra un guión complejo: es la mismísima historia de nuestra era.

Si bien nuestro momento actual, en función de cómo lo estamos sintiendo, se podría describir con precisión como caótico, los problemas a los que nos enfrentamos son problemas de toda la vida que se han ido construyendo y que nos han conducido hasta el presente. Ya he hablado antes sobre la política electoral, que realmente solo es la parte del presente que nos permite albergar cierta esperanza. Hay muchas cosas que me preocupan, y ramificaciones que nadie ha comenzado ni siquiera a abordar: como la forma en que está cambiando la educación. Cómo se va centrando cada vez más en los campos de la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, porque dichos campos no quieren asumir la labor de pagar por la capacitación de sus trabajadores, acrecentando cada vez más las expectativas por el conocimiento matemático en estudiantes cada vez más jóvenes, y viendo cómo aumentan el número de escuelas con una disciplina estricta o con estudios dirigidos por programas de ordenador, a pesar de que los expertos en desarrollo del cerebro infantil creen en la importancia de la escuela y el juego para enseñar empatía y habilidades sociales; los niños que más tarde carecen de estas cualidades se convierten en adolescentes alienados que se deslizan por extraños agujeros de gusano online que se aprovechan de las personas emocionalmente desconectadas para radicalizarlas con ideologías inhumanas, canalizándolos mediante algoritmos que priorizan el contenido favorecido por los que gastan más tiempo online, creando un mundo espantoso donde todo el mundo puede lavarse las manos sin afrontar las consecuencias, ya que hasta cierto punto las cosas suceden de forma automática y algorítmica.

El temor que esto genera es el opuesto al de una cosmovisión conspiranoica: no postula nada acerca de una camarilla en la sombra responsable de orquestar el mal, sino que apunta hacia una serie de circunstancias culturales no relacionadas entre sí que finalmente convergen para aumentar exponencialmente el daño causado por sus efectos individuales. Si las conspiraciones parecen reconfortantes porque conforman una narrativa en donde los malos actores tienen una agenda que cumplir, y tal vez se puedan vencer dejándolos expuestos, en la actualidad es más factible que las personas de buena intención no tengan esperanzas de poder cambiar los efectos que ya se han puesto en movimiento. Es posible que el cliffhanger del final del número 11 de Watchmen te haya familiarizado con esa sensación.

V. Nos contamos historias para seguir viviendo, y reímos para no llorar

Si bien la tempestad que se desata en la obra de Shakespeare y desencadena la trama se desarrolla durante el primer acto, aquí llega en el clímax de la narración. Es una tormenta de ficciones. El mundo está dominado por todas las premisas fantásticas capaces de destruir las mentes de aquellos que se han visto obligados a soportarlas, todos los invasores marcianos y vampiros e híbridos entre mono y humano. Muchas de estas fuerzas son referencias específicas a obras con las que no estoy familiarizado y que ni siquiera soy capaz de adivinar.

Próspero lo pone todo en marcha, pero la Liga se ha confabulado con él sin saberlo. Moore ofrece una crítica de todo su proyecto, de la Liga y de otros, como creador de lo fantástico. En el pasado, los principales antagonistas de la serie fueron el ejército, las agencias de inteligencia, los pragmáticos, los "realistas", los imperialistas. Estos hilos de la trama también están presente en los primeros números de "La Tempestad", pero lo que realmente condena al mundo, después de evitar el desastre nuclear, son nuestras viejas amigas, las ficciones. Va implícito que Moore está reconsiderando el papel de lo fantástico en la vida humana. Antes, le parecía algo inspirador que sacaba a relucir lo mejor de nosotros mismos. La ciencia ficción inspiró grandes logros, mientras que las brujas y las hadas estaban destinadas a recordarnos nuestros lazos con el mundo natural rememorando el folclore del pasado. Ahora los superhéroes dominan la cultura, nuestra época se encuentra en su momento más sombrío y hay que empezar a reconsiderar cómo son las cosas.

Moore y O'Neill llevan trabajando en The League Of Extraordinary Gentlemen veinte años de forma intermitente. Moore pronto empezó a sentirse mal por la influencia negativa que había tenido su trabajo de los ochenta en el medio del cómic. Termina su carrera con una nota de autocrítica, que rotundamente no es la crítica que otras personas le han hecho. Moore critica la forma en que se ha utilizado su propia obra, cómo su visión radical se vio comprometida por los intermediarios corporativos que le pagaban. Si The Black Dossier terminó ensalzando las virtudes de la imaginación y fue criticado por el uso de una caricatura racial que simbolizaba la imaginación, esta obra posterior destaca que la imaginación en sí misma no es necesariamente virtuosa, y que ensalzar el escapismo como un valor es tan nihilista como el enfoque rígidamente materialista del realismo. Tradicionalmente, este ha sido el enemigo de la obra, como bien ejemplificaron James Bond y su misoginia, o el ejército y su pragmatismo acerca de que el fin justifica los medios para así justificar la crueldad.

Sin embargo, al final, trayéndose de vuelta al personaje de Golliwog Moore mantiene una actitud de "si tienes algún problema con esta caricatura racial, vete a la mierda", esencialmente porque sabe que el público lo odia y también porque desea parodiar la recuperación de bazofia sentimental que satisface a los fans. Termina, como una comedia de Shakespeare, en una gran escena de matrimonio, entre personajes que los lectores apenas conocen, y con el Golliwog sentado en primera fila. Moore no se disculpa por el uso que hace del personaje porque, creo, la discusión al respecto le parece una distracción de sus intenciones, y estas son que la obra no solo se ha de ver como una distracción.

A Moore le interesa hacer preguntas sobre el pasado y lo que preservamos del mismo. Claramente, hay cosas del siglo XIX que le parecen interesantes, pero no creo que sea principalmente un nostálgico. Obviamente, durante un tiempo estuvo interesado en el hecho objetivo de que gran parte del trabajo de esa época sirve como un antecesor del género de superhéroes, pero sospecho que si ahora hay algo que sirva como un punto de inflexión en contra de esas obras, y si el guionista está realmente interesado en algo, sería en el retrato psicológico y los matices de lo que nos hace seres humanos y que aún no han cambiado. Si Moore estuviera al frente de un museo de exhibiciones históricas, que de alguna manera es lo que es esta serie, la premisa original se podría parecer a una exposición que está a punto de transformarse en otra cosa.

Una de los ideas principales de la trama de la serie es que uno de los personajes, Satin Astro, había viajado hasta 1964 para unirse a un equipo de superhéroes con la esperanza de evitar el desastre futuro que tendrá lugar en el siglo XXI. He mencionado antes que las páginas de correo falsas de cada número eran bastante similares a la serie 1963 de Moore, y este punto de la trama también es similar. The Tempest parece una secuela espiritual, además de una verdadera conclusión de aquella obra, aunque lleva unas cuántas viñetas darse cuenta y empezar a lamentar que Moore no finalice lo que empezó en Big Numbers.

El trabajo de Moore siempre tiene algún otro significado soterrado. El autor es tanto un vestigio de la época en que los niños realmente leían cómics, como alguien que está de acuerdo con la idea de brindar instrucción moral a los adolescentes y adultos que se pueden encontrar ahí fuera. Lo que incluye lecciones sobre anarquismo y ocultismo, porque eso era lo que le funcionaba. Lo más curioso de la serie The League Of Extraordinary Gentlemen es que, debido a que gran parte de la misma trata sobre literatura, se puede percibir cierto elemento de análisis sintáctico que en algún punto ha de reducirse a las preferencias estéticas. Creo que muchos lectores renegaron de la serie, y de Moore, después del volumen de Century que culminó con un enfrentamiento entre Harry Potter y Mary Poppins. Quizá fue un poco mezquino, una reacción exagerada. Sería interesante preguntar por qué Moore consideró a Mary Poppins una fuerza emblemática del bien y ridiculizó a Harry Potter como el anticristo. Sin querer ofrecer opinión sobre la respectiva calidad literaria de ambas obras, vale la pena señalar que Moore básicamente se solidariza con cualquiera cuyo trabajo creativo fuese robado y explotado por la corporación Disney, y observa con sospecha a aquellos que realmente pueden beneficiarse de las fantasías que venden a niños y adultos con retraso del desarrollo. No lo olvides: Batman fue aparentemente "creado por Bob Kane", ya que Kane fue uno de los pocos que trabajó en la industria que se las arregló para tangar al sistema de forma que consiguió el crédito por un trabajo que nunca llegó a hacer. The Tempest incluye breves biografías de historietistas británicos maltratados por la industria. Cualquier sátira sobre los cómics de superhéroes está templada por el respeto por las personas que trabajaron en ellos. Gran parte del significado que tiene este género en la obra proviene de esa sensación de falta de significado propia. La solidaridad de Moore con esas personas olvidadas se extiende a su propia visión de sí mismo en la actualidad. Es un anciano, en mejores condiciones financieras que la mayoría, pero aún no tan exitoso como sería teóricamente si poseyese una mayor porción de su trabajo. Moore es consciente de que el público ha seguido adelante, y que muchos de ellos prefieren a Harry Potter, así que lo dejan de lado. Está gritando al vacío. Allí, una vez olvidados, personajes y creadores conviven por igual, como abstracciones.

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