lunes, 28 de marzo de 2022

EMBUSTES, POR GRANT MORRISON /6

Columna para Speakeasy nº 106 (1989), traducción: Frog2000. 

He de avisaros que el embuste de este número apenas vale el precio de la entrada. Simplemente es una columna desesperada de 'relleno' que sirve para reemplazar un artículo que escribí hace un mes, antes de mi gira de firmas por la Tierra de la Libertad. Esa columna nunca vista se centraba en mi posible muerte en un desastre aéreo del Jumbo que me llevaba de camino a casa después de mi visita a los Estados Unidos.

Lamentablemente, como os quedará claro al leer lo que he escrito, no llegué a perecer. Sigo vivo, atormentado por una gripe asesina y casi sin llegar a tiempo para la entrega del mes.

De todos modos, el propósito de aquella primera columna a modo de obituario era presentar una maravillosa y afectuosa propuesta: mi intención era pedirles a todos mis colegas de la industria del cómic que se unieran a mí rememorando el espíritu compasivo de la Band Aid para un cómic benéfico. Dicho proyecto, que se llamaría Grief Stricken [de luto], iba a llenar sus llorosas páginas con obras de los mejores talentos que este medio puede ofrecer.

¡Imagínatelo! ¡Qué imparable conglomerado de emociones! ¡Una portada en forma de collage envolvente llena de raspados de Dave McKean, que incorporaba fragmentos de cascotes de aviones y retales de camisas de cachemira raídos!

¡Una introducción de seis líneas de Clive Barker! ¡Un pastiche pulp-noir sobre las normas de seguridad en los aviones de Miller! ¡Un poema de despedida de Neil Gaiman escrito utilizando una forma de rimar del siglo XVII! ¡Una doble página central de Sienkiewicz con las palabras "¿POR QUÉ OH POR QUÉ?" en tinta rayada con una pluma! Un poema conmovedor en prosa de Alan Moore, en donde los acontecimientos de ese trágico vuelo final se entrelazan sutilmente con el mito de Ícaro y la difícil situación de las mujeres de Greenham Common. ¡Un pin-up de un robot de Simon Bisley! ¡Una polémica historia de Pat Mills sobre la participación secreta de la British Airways para reprimir la Revuelta del Mau Mau!

¡Por mi parte, un pedazo de galimatías surrealista lleno de citas ingeniosas y que lo jodan a todo lo demás! ¡Un pequeño y divertido chiste de Hewlett y Martin para redondear toda la operación con buen gusto! ¡Y más-más-más!

Este tomo benéfico era como una oportunidad de oro para unir a nuestra comunidad dividida. Soñé que mi sacrificio desinteresado podría ayudar a generar un mayor entendimiento entre los profesionales del cómic. Tal vez veríamos el fin de toda esa falsa bonhomía y los cotilleos furtivos y viciosos. Quizá, y le recé al Niño Jesús para que se hiciera realidad, veríamos a un grupo verdaderamente unido de hermanos y hermanas juntando solidariamente las manos para cantar Imagine.

Desafortunadamente, sigo absolutamente vivo.

Lo más interesante de mi viaje por los Estados Unidos fue la brutal cantidad de personas que me rogaron que no querían aparecer mencionadas en Embustes. Solo para demostrar que he cambiado de tercio, no respiraré ni el más mínimo aliento sobre ninguno. Otros elementos a destacar incluyeron la HORRIBLE comida y los vergonzosos estándares de los programas de televisión. Después de dos semanas de sirope de arce con todo y una selección de béisbol las 24 horas o de Leave It to Beaver [Aventuras de Pablito] me ponía a berrear por una hamburguesa de judías y un episodio de Terry and June. También hay que hacer mención al clima abominablemente frío: ¡en Chicago había -12 grados! Una sola inhalación fue suficiente para convertir los pelos nasales en carámbanos.

En el lado positivo, la gente era sorprendentemente agradable y, de entre varios miles de fans, solo encontramos algunos adolescentes genuinamente perturbados. Dicho esto, si alguien me pregunta otra vez: "Debes estar sufriendo los típicos calambres de escritor...", le encerraré dentro de un par de pantalones de tortura japoneses.

¿Qué más? Nueva York era mucho más pequeña de lo que me esperaba y, curiosamente, a pesar de pasar un rato en los baños de la West 42nd Street, no vi ni a un solo proxeneta o prostituta menor de edad. ¿Qué es lo que ocurrió? ¿Es que todos se marcharon nada más escuchar que llegaba?

Del mismo modo, la Muscle Beach de Los Ángeles estaba desierta cuando me pasé por allí, al igual que el Sunset Strip y el Hollywood Boulevard. Hasta aquí lo que pude ver del colorido local. Disfruté mucho en Berkley, donde los Sesenta nunca llegaron a su fin y donde conocí a alguien que está trabajando desarrollando tecnología de realidad virtual (lo que creo que es algo que probablemente transformará la sociedad tal como la conocemos durante los años noventa).

Sin embargo, lo más destacado de la gira fue, simplemente, conducir por la Bay Blidge (el escenario de tanta diversión sísmica reciente) hacia San Francisco. R.E.M. en la radio, la ciudad iluminada por neones, el romance sin aliento de la conducción temeraria: ¡una isla de belleza en un mar de vulgaridad!

En la glacial Connecticut conocimos a Bill Sienkiewicz, uno de los mejores seres humanos que he visto. Incluso pude admirar el primer número de Big Numbers, y confieso que me impresionó mucho. Ese es el problema: ha habido tan poco de qué quejarse últimamente. Si no puedes ser grosero y desagradable en esta vida, ¿qué vas a hacer? Por otra parte, me encantó saber que Sienkiewicz planea matar a Howard Chaykin la próxima vez que se lo encuentre en un espacio cerrado. No tengo nada más que agregar.

Como puedes ver, he regresado de América con una canción en mi corazón, gérmenes en mi torrente sanguíneo y un amor profundo y duradero por el prójimo. Ahora mismo, estoy escuchando el segundo álbum de Flintlock y haciendo planes para la maravillosa década que se nos viene encima. Próximamente, en enero, acudiré al festival de cómics de Angulema, que este año destacará los magníficos logros de los creadores de cómics británicos. Un vuelo charter con casi todos los que son alguien en la escena de los cómics de aquí, listo para despegar en dirección a Francia el próximo 23 de enero.

¿No sería horrible si se produjera un accidente...?

lunes, 21 de marzo de 2022

LA SENDA DE JENETTE KAHN, UNA ENTREVISTA CON LA EDITORA DE DC COMICS DURANTE MÁS DE DOS DÉCADAS (PARTE 6 DE 7)

Por Robert Greenberger para Back Issue nº 57 (2012). Transcrita por Brian K. Morris. Realizada durante varias semanas entre el 13 de mayo de 2011 y el 16 de septiembre de 2011. Editada por Greenberger y Jenette Kahn. Agradecimientos a Paul Levitz. Traducción: Frog2000. Parte 1parte 2parte 3parte 4, parte 5.

KAHN: Finalmente descubrimos que para vender los cómics en Canadá, era más económicamente provechoso lanzar miniseries de cuatro números, y aunque World of Krypton fue la primera, y únicamente tuvo tres números, decidimos seguir con las series de cuatro ejemplares.

GREENBERGER: En realidad, no. The Untold Legends of The Batman de Len [Wein], John Byrne y Jim Aparo también tuvo tres números.

KAHN: ¿También de tres? Bueno, entonces empezamos poco después [risas mutuas]. Bobby, me encanta que sepas todas estas cosas. Nelson era una especie de héroe geek de DC Comics. Se volcaba completamente en lo que le apasionaba. The World of Krypton fue en su mayor parte idea suya, y demostró que existía una demanda por las historias limitadas que llenasen los vacíos del Universo DC. Aprendimos que los espacios sin rellenar fascinaban muchísimo a nuestros lectores. En cuanto comprobamos el éxito de estas miniseries, nos dijimos: "¿por qué no lanzar una maxiserie?" La idea era contar una historia épica en 12 números, lo que se convirtió en la primera de todas, Camelot 3000. La historia era fabulosa, el dibujo hermosísimo, y de nuevo nos demostró que podíamos afrontar riesgos, ser pioneros en nuevos formatos, y salir exitosos.

Seguimos los progresos que habíamos empezado con The World of Krypton y Camelot 3000 con la miniserie de Ronin. También era una serie limitada, pero la imprimimos en papel de alta calidad y usamos separaciones de color fotográficas que permitieron que tuviese un aspecto mucho más pictórico. Fueron pequeños pasos que cada vez nos llevaban a empujar un poco más los límites del medio. Lo mismo sucedió con nuestros primeros tomos recopilatorios. Nos dijimos: "Muy bien, los nuevos formatos están funcionando, pero ¿y si su encuadernación fuese perfecta?" ¿Crees que fue el caso de Ronin?

GREENBERGER: No, todo empezó con Dark Knight.

KAHN: Tienes razón, la encuadernación de The Dark Knight era perfecta. De editar Ronin, con su papel brillante y sus hermosas separaciones de color, pasamos a Dark Knight, que tenía la primera encuadernación perfecta, el primer lomo de los cómics, o al menos en el caso de DC Comics. Imprimimos el título en el lomo, y gracias a su encuadernación cuadrada, podías colocarlo en la estantería. Todo esto nos llevó a preguntarnos: "De acuerdo, ¿por qué no sacar más tomos? ¿Por qué los comic books no pueden ser libros de verdad?" ¿Es cierto que soñamos con todo eso desde el principio? ¿Visualizamos todo lo que llegamos a hacer más tarde nada más editar The World of Krypton? No, claro, [se ríe] pero cada paso nos acercó un poco más para caer en la cuenta.

GREENBERGER: Es obvio que tuvo que funcionar, porque poco después editaste la recopilación de Watchmen y más tarde empezaste a recopilar todo lo demás. Y de repente, nació una nueva línea comercial, nuevo material capaz de atraer a nuevos lectores. ¿Estaba vuestra compañía hermana, Warner Books, igual de entusiasmada con todo ese potencial tan palpable?

KAHN: Al principio todo el mundo tenía sus dudas. Ya sabes, en el pasado la gente todavía pensaba que los cómics eran un medio solo adecuado para los niños. No se podían creer que los adultos leyeran cómics y que además los consideraran literatura. Se respiraba cierto desdén por los cómics, pero éramos empresas hermanas, y Warner Books pensó que podía ponerse al volante. ¿Sería el riesgo tan grande? Cada vez que probábamos algo nuevo, el mercado nos demostraba que seguía habiendo espacio. Nuestro negocio con los tomos empezó siendo minúsculo, pero los recopilatorios y las novelas gráficas suponen ahora una enorme fuente de ingresos para los cómics, y mucho tendrá que ver con esa sensación de permanencia del producto que acarrea editarlo con una encuadernación perfecta.

Muchos de nosotros leímos todos estos cómics a medida que iban apareciendo, y no podíamos esperar el próximo número. Que el último número de Camelot 3000 tardase meses y meses [risas] nos dejó hechos polvo. Pero estos cómics se publicaban con un continuará, y había muchas personas que aún no leían DC. Los tomos, cuyo propósito era otro, eran para ellos. Una forma de ponerse al día con las historias que se habían perdido. Mucha gente confundió los recopilatorios con novelas gráficas, y se pensaron que eran intercambiables, pero no es cierto. Cada uno está pensado para que funcione de forma diferente.

GREENBERGER: Oh, absolutamente.

KAHN: La novela gráfica fue algo que diseñamos desde el comienzo como una historia completa. Sí, su encuadernación perfecta era perfecta, y no se había publicado originalmente a lo largo de una serie de números durante un período concreto de tiempo. Por otro lado, el tomo era un recopilatorio de números que formaban una historia dentro de un título de continuará. Los dos tenían buenas encuadernaciones, ambos parecían libros, pero el origen era diferente.

EL ESPECTRO DE LA CENSURA

GREENBERGER: En 1985 se cumplió el 50º Aniversario de DC. Fue un gran año, pero 1986 fue aún más grandioso porque casi todos los meses tenía lugar algo fenomenal. Sin embargo, desafortunadamente el año terminó con una nota amarga. Déjame contarlo para que podamos ponernos en contexto.

En 1984, Alan Moore se hizo cargo de los guiones de Swamp Thing. Y todos comprobamos de primera mano que sus guiones eran increíblemente sofisticados y maravillosos, lo que alentó a más talentos británicos para que se viniesen a los Estados Unidos, donde fueron recibidos con los brazos abiertos. Pero junto con esa mayor exposición que empezaba a tener la DC, con el aniversario y el resto de eventos, también se palpaba cierta preocupación porque series como Swamp Thing y algunas otras en proceso de desarrollo pudiesen no ser apropiadas para su venta en los quioscos.

En lugar de eliminar el Código de los cómics, se pensó en etiquetar algunas series con el rótulo de "Suspense sofisticado", que fue lo que sucedió. Luego, a finales de 1986, DC decidió promover algunos nuevos detalles internos, un sistema de calificación que provocó que una docena de talentosos autores escribiesen una carta de protesta, entre ellos estaban Alan Moore, Steve Bissette, ambos trabajando en Swamp Thing, Howard Chaykin o Marv Wolfman, y esto causó mucha agitación a nivel interno y entre los fans que estaban al tanto de la carta, porque al final se hizo pública. ¿Qué recuerdas de esa época?

KAHN: Mm-mm. Bueno, estaba claro que nos estábamos dirigiendo hacia un territorio que no solo era más sofisticado y literario, sino con un contenido más gráfico, más sexual, más violento y más provocativo. Como todavía se pensaba que los cómics eran un medio para niños, en ciertos casos en los que había escenas que podían resultar obscenas quisimos proteger a las tiendas que vendían nuestro material.

Pero evitamos escrupulosamente la censura. Si un editor pensaba que algo carecía de calidad o simplemente tenía algún componente gratuito, puede que le sugiriese cambios al guionista, pero todo formaba parte natural del diálogo continuo entre editores, dibujantes y escritores. En principio, hicimos todo lo posible para apoyar cualquier tema provocativo que explorasen nuestros autores.

Al mismo tiempo, teníamos la obligación de respaldar a las personas que vendían nuestros cómics. Nuestra solución fue idear un sistema de clasificación donde se podía leer "Suggested for Mature Readers" en los cómics que contenían el material más gráfico. No queríamos que los padres, especialmente los que aún pensaban en los cómics como un medio para niños, se horrorizaran en algún caso como: "Oh, déjame comprar algunos cómics para mi hijo", solo para descubrir que eran absolutamente inapropiados para sus niños de ocho años. Sabíamos que causaría mucha controversia y que nos catapultaría de regreso a los primeros años del Comics Code, pero nuestro objetivo era proteger a las tiendas e idear algún tipo de protección que ejerciese de red de seguridad para que el padre con todas esas viejas ideas preconcebidas no se llevase a casa cómics con un determinado tipo de material. Cuando recibimos el pasquín de los autores centrado en sus protestas contra la censura, pensamos que nos habían malinterpretado. Porque no estábamos intentando alterar el contenido para hacerlo más apetecible. Eso hubiese sido censura. Simplemente indicábamos que ese material era para adultos.

Sentíamos que lo estábamos haciendo por el bien de la industria, y sigo apoyando lo que hicimos. Pero como algunos de los mejores autores firmaron y nos acusaron de censura, generó un tremendo revuelo entre los fans que se unieron a su grito de guerra. Creo que la etiqueta de "para lectores maduros" sigue existiendo. ¿No es cierto?

GREENBERGER: Sí.

KAHN: Sí, [risas]. Es que no estoy tan segura de qué puede haber cambiado desde que me marché. Esa medida la adoptamos en los años 80 y ha continuado durante cerca de 25 años.

GREENBERGER: Mm-mm.

KAHN: Veinticinco años, y me parece que ha sido muy útil para los cómics y para la industria.

GREENBERGER: Una de las quejas de la famosa misiva se centraba en que todas las decisiones se habían tomado completamente de forma interna, sin ningún tipo de aporte por parte de los autores. Al revisar el momento, ¿no crees que deberían haber estado involucrados?

KAHN: [Pausa larga.] Creo que fue una decisión de los editores, y me parece muy apropiado.

Hablar con los autores no es negativo, y siempre hemos respetado sus aportaciones. Puede que si hubiésemos conversado antes de anunciar lo que íbamos a hacer, hubiésemos podido explicar mejor que no estábamos censurando su material, tan solo lo estábamos etiquetando en un esfuerzo por proteger a las tiendas y a una industria que en alguna ocasión había sido neutralizada por las protestas públicas. Igual habría sido más juicioso hablar con nuestros dibujantes y guionistas de antemano, pero no creo que su aporte hubiese causado una diferencia significativa en nuestra decisión final. Necesitábamos un sistema de catalogación protector, ya que los cómics estaban pasando de ser un medio para niños a uno para adultos.

LA LLEGADA DE VERTIGO

GREENBERGER: Está bien, me parece justo. Continuemos. La flexibilidad que alcanzó DC con estas clasificaciones y con las que se alejó del Comics Code, dio finalmente a luz al concepto de una marca separada. ¿Te pareció una evolución natural o fue más un paso radical de tu figura como editora?

KAHN: ¿Estás hablando de Vértigo?

GREENBERGER: Sí.

KAHN: Creamos Vertigo no por un problema con los diferentes lectores, sino que estábamos publicando mucho material que no era sinónimo de los superhéroes de la DC. Había espacio para otro sello en el que se pudieran contar historias que, en su mayoría, no tenían nada que ver con personas disfrazadas. Antes de Vertigo, habíamos publicado varios cómics que parecían tener algo en común, algo diferente a los superhéroes, y pensamos que esos títulos merecían tener su propio paraguas.

GREENBERGER: Karen Berger se convirtió en la primera de los editores de Vertigo, y finalmente fue la cabeza visible de todo el sello, que desde entonces ha crecido y prosperado junto con la empresa. ¿Qué cualidades crees que aportó Karen al tratar con las diferentes temáticas y autores?

KAHN: Dick Giordano y yo realizamos un primer viaje de caza de talentos a las Convenciones británicas, y creo que fue Paul quien me sugirió que Karen se podía venir en la segundoa vuelta. Karen, Dick y yo celebramos una reunión tras otra con varios autores británicos, y luego, cuando volvimos, Karen nos entregó un informe completo de todos los autores que habíamos visto y varias muestras de su trabajo y recomendaciones personales. Me quedé impresionada [se ríe] y la dije: "En realidad, eres tú quien debería encabezar este nuevo sello". Karen había tomado la iniciativa por su cuenta y había redactado un informe completo. Solo por el hecho de que hubiese pensado en hacerlo, logró ganarse mi respeto. Y desde entonces ha demostrado que vale para ser la cabeza visible de Vertigo, porque sencillamente es maravillosa. El estilo de Karen es discreto, pero ha desarrollado sólidas relaciones personales con los autores y demuestra un gran respeto por sus ideas. Con su voluntad de correr riesgos, Karen ha trazado un nuevo y audaz territorio para los cómics bajo el estandarte de Vertigo.

AGREGANDO PIRANHA A DC

GREENBERGER: ¿Dirías que el éxito de Vertigo condujo, un par de años más tarde, a la idea de Piranha Press?

KAHN: Absolutamente, claro.

GREENBERGER: ¿Y cómo crees que se puede diferenciar Piranha de Vertigo, aparte de los diferentes autores de cada marca?

KAHN: Piranha tenía un tono más underground que Vertigo. Iba a ser un poco más extravagante, un poco más extraño. No sobrevivió, puede que porque no hubiese una diferenciación clara entre las dos. Pero sus diferencias estaban diseñadas desde el principio.

GREENBERGER: Fuiste mucho más allá y entrevistaste a varias personas para el cargo de editor de Piranha, algunas las terminó contratando DC, como Mark Waid y Brian Augustyn, pero en su lugar elegiste a Mark Nevelow, que era completamente ajeno al ámbito de los cómics. Al echar la vista atrás, ¿crees que fue la mejor elección?

KAHN: [Pausa larga.] Sé que Mark tenía mucha energía que aportó a la marca, mucha energía, mucho entusiasmo. Pero seguimos adelante y, finalmente, Andy Helfer se hizo cargo. No recuerdo el motivo.

GREENBERGER: Creo que había cierta insatisfacción por la lentitud que tardaba en publicarse el material y, supongo, por el plan de publicación. Se produjo cierta fricción creativa, porque Mark era inadecuado para lo que estábamos haciendo, ese desdén terminó por convertirse en algo mutuo.

KAHN: Mm-mm, mm-mm. Bueno, prefiero no comentar nada, porque no lo tengo claro.

GREENBERGER: Está bien, pero finalmente Andy se hizo cargo del sello, lo que parecía encajar muy bien con sus intereses, talento y habilidades, y el tipo de temas y materiales que queríais editar. Así que hizo los Big Books y empezaste con cosas como Camino a la perdición, historias de ficción originales, lo que pareció darle una nueva vida a la marca, probablemente por eso el nombre cambió de "Piranha" a "Paradox", para ayudar a diferenciarlo.

KAHN: Ajá.

GREENBERGER: Pero al final, todo se terminó. ¿Crees que no era el momento adecuado para ese tipo de material, quizá porque no había mercado suficiente?

KAHN: Algunas de las cosas que hizo Andy en Paradox fueron geniales. Los Big Books, por ejemplo, son un clásico y encarnan muchas de las cualidades que esperábamos que tuviese Piranha. Eran extravagantes con un tono underground, y presentaban un lado extraño de los Estados Unidos, con muchos detalles interesantes, suponían una lectura genial. Títulos como Camino a la perdición y Una historia de violencia tuvieron una vida más allá de los propios cómics. Es cierto que gran parte del material de Paradox aparecía de forma muy, muy lenta [risas], ¡y tal vez no fuimos capaces de acumular suficientes buenas críticas! Es una pena que el sello no continuase, pero sigo estando muy orgullosa de las cosas que publicó Andy.

GREENBERGER: Oh, absolutamente. En términos porcentuales, el hecho de que cosas como Camino a la perdición y Una historia de violencia llegasen al cine ciertamente superó a muchas otras compañías, e incluso a los propios personajes de DC que llegaron a la pantalla grande. Así que hay mucho de lo que enorgullecerse.

KAHN: Absolutamente. Y algunas películas son fabulosas. Una historia de violencia es una película de primera, porque las personas que la adaptaron cogieron lo mejor del cómic y supieron cómo darle forma para que se transformase en una película.

ACTIVIDADES CORPORATIVAS

GREENBERGER: Bueno, llegamos al momento en el que en DC estaban pasando cosas como entidad corporativa, y me gustaría hablar un poco sobre el tema. DC formaba parte de Warner Publishing, junto con MAD, Warner Books e Independent News (más tarde Warner Publisher Services) desde 1968. Sé que cuando llegaste a la empresa en 1976, Bill Gaines todavía seguía contratado como editor-consultor de la empresa. ¿Tuviste alguna vez trato con él?

KAHN: No, Bill se pasaba una vez por semana a revisar los libros con nuestro contable Arthur Gutowitz, pero yo no interactuaba con él. Lo considero una gran pérdida, porque Bill era una de las personas más singulares e imaginativas sobre la faz del planeta. Se suele hablar de las nuevas empresas como Google y de cómo han creado entornos de trabajo tan extraordinarios para su personal, pero Bill creó sus propias condiciones totalmente locas y llenas de diversión para el personal de MAD mucho, mucho antes de que llegase esta nueva Era de las Empresas. No merece nada más que mi respeto, y desearía haberlo conocido mejor.

GREENBERGER: Tuvo que ser algo extraño cuando, años después, Bill falleció y, de repente, DC se convirtió en la empresa matriz de MAD. Tuvo que ser tanto un desafío como un honor.

KAHN: Sin duda, supuso un absoluto honor. Aunque MAD formaba parte de Time Warner, Bill la protegió de las maquinaciones corporativas. Las oficinas de MAD estaban separadas del resto de la compañía, se situaban en Madison Avenue (Mad Ave, por supuesto), y Bill se aseguró de que estuvieran en el piso 13. Un King Kong gigante asomaba por la ventana de su oficina y había zepelines volando por encima.

El personal nunca tuvo que interactuar con nadie más que con Bill, y mantuvo la rentabilidad de la revista durante todos los años que la dirigió para que nadie se pudiera entrometer. Todos en MAD asumían que las cosas continuarían así después de la muerte de Bill, pero ese tipo de autonomía es una casualidad en la vida corporativa que no prosiguió. Tuvieron que empezar a rendir cuentas a alguien. Sin duda, Bill era el mejor de los mejores excéntricos, y los rumores en Time Warner eran que la empresa había empezado a buscar a una segunda persona más idiosincrásica para dirigir MAD, pero que no encontraron a nadie.

GREENBERGER: [Risas.] Perfecto. Y mientras DC se llevaba la MAD de Bill Gaines, empezó a formar parte de Warner Publishing. Me da la impresión de que aunque fuiste contratada por Bill Sarnoff, estaba bastante alejado de la empresa, ¿no es cierto?

KAHN: En su mayor parte. Solía reunirme con Bill Sarnoff una mañana por semana para revisar cómo marchaban las cosas. Pero fue una de las personas que consideró más improbable que los adultos pudieran amar los cómics. Aún así, como éramos muy rentables y la compañía estaba creciendo, Bill sintió que mientras todo continuara de la misma manera y ganásemos dinero, las cosas iban bien.

GREENBERGER: Bueno, después de un tiempo se produjo una fusión con Time Warner y, de repente, DC se convirtió en parte de Warner Bros. En tu caso, ¿te pareció discordante dicha experiencia?

KAHN: Bueno, formábamos parte de Warner Publishing, y nuestra relación con Bill era buena, así que siempre asumimos que dondequiera que fuese Bill, también iríamos nosotros, porque formábamos parte de su equipo.

El fin de semana de la fusión, Bill me llamó para decirme que Warner Publishing se iría con él a Time. Tenía mis dudas sobre cómo encajaríamos, porque se consideraba que Time era el lugar adecuado y "de clase alta" y nosotros éramos el hogar de los empollones. Pero luego, justo antes de terminar el fin de semana, Bill me llamó para contarme que mientras que la mayor parte de Warner Publishing se mudaría a Time, nosotros nos iríamos a Warner Bros.

Bill estaba tremendamente consternado. Siempre habíamos funcionado bajo su tutela y creo que sintió que lo estaban despojando de uno de sus activos. Pero Bob Daly, el jefe de Warner Bros. que siempre había codiciado los personajes de DC, llamó a Steve Ross y le dijo: "No tan rápido. Si DC se va a algún sitio, es con nosotros", y Steve accedió.

Creo que Bob tenía razón en que DC debía estar alojada en Warner Bros. Al igual que el personal de MAD después de morir Bill Gaines, pensábamos que podíamos continuar con nuestra alegre forma de trabajar habitual. Pero como teníamos que ir a alguna parte, Warner Bros. encajaba mejor. Time Inc. era una empresa de información, pero DC y Warner Bros. eran empresas de entretenimiento, y las dos contábamos historias mediante imágenes y palabras. Además de encajar culturalmente, nuestro contenido también encajaba en Warner Bros..

GREENBERGER: Yo formaba parte del personal durante el cambio, y todo lo que recuerdo es que cuando nos mudamos al 1325 de la Sexta Avenida, nos guiábamos mucho por la sensibilidad de Warner Bros. de "tienes que estar en este tipo de oficina porque tu rango anterior era de esta manera, y por eso tenemos tantas plantas y sillas para invitados". [Jenette se ríe.] Para muchos de nosotros, encajar nos resultó bastante costoso.

KAHN: Bueno, sí. Pero tampoco tengo dudas de que si nos hubiésemos mudado a Time, habría ocurrido lo mismo. En cuanto nos convertimos en parte de Warner Bros., la mano corporativa se cernió sobre nosotros. Tal y como suelen ser estas cosas, al menos era una mano muy ligera, a pesar de manifestarse a base de metros de superficie, sillas de escritorio y plantas dentro de macetas. Claro que formaba parte de una cultura corporativa jerárquica, pero seguíamos teniendo mucha libertad. Y en la vida corporativa eso es poco menos que un milagro.

GREENBERGER: ¿Dirías que Bob Daily tuvo una especie de curva de aprendizaje para descubrir qué es lo que solíamos hacer y cómo lo hacíamos? ¿O ya estaba familiarizado con los personajes?

KAHN: Bob estaba familiarizado con los personajes, pero no con los tremendos cambios que se habían producido en los propios títulos. Fuese en Warner Bros. o Time Warner, la mayoría de las personas de una generación suelen estar familiarizadas con los personajes, pero les cuesta aceptar los cómics como forma literaria. En cuanto a si nos respetaban o no, nosotros éramos como el Rodney Dangerfield de la empresa. Lo que pensaba Warner Bros. de DC se limitaba a los personajes principales y a los ingresos que podían generar mediante los programas de televisión, películas y productos licenciados. Para la gente como Bob, que había crecido cuando los cómics eran para críos, resultaba difícil entender que la publicación de cómics, las historias que contábamos, fuesen capaces de capturar la imaginación de los fans, que en realidad los personajes eran el corazón y el alma de la empresa. Pasó mucho tiempo antes de que Warner Bros. aceptara que se había producido un cambio radical y que los cómics habían encontrado un público sofisticado y apasionado, por lo que su publicación ya no era un negocio marginal, sino que en realidad generaba mucho dinero.

GREENBERGER: Recuerdo lo discordante que fue. En 2000 estaba yéndome de la empresa, justo cuando empezó la fusión con AOL, y me contaron que fue aún más discordante.

KAHN: [Risas.] Creo que fue discordante porque la fusión se estaba promocionando como el mejor negocio del siglo, pero se convirtió en un caso para estudiar en Harvard sobre cómo hacerlo de la peor forma. Aunque lo llamaban fusión, AOL parecía haberse tragado a Time Warner por completo. Pero AOL no cumplió sus promesas. Cuando se anunció la fusión los precios de las acciones se dispararon, luego se desplomaron en cuanto la gran oferta inicial empezó a disiparse. Para apaciguar a los inversores, se hicieron recortes radicales en toda la compañía, y AOL, el nuevo advenedizo, empezó a tomar decisiones en una compañía legendaria que había producido algunas de las películas, música y publicaciones más icónicas del siglo XX. Fue un momento muy difícil para todos los involucrados.

EDITORA PRINCIPAL

GREENBERGER: Volvamos sobre la fusión por un segundo. Una de las cosas que cambiaron al dejar Time Warner y mudarnos a Warner Bros. es que adoptaste el título de editora principal. ¿Cómo ocurrió?

KAHN: Toca sacar el nombre de Paul Levitz a colación. En muchos sentidos, Paul era mi colega. Había ascendido de rango. Empezó como editor asistente a tiempo parcial y fue ascendiendo de una posición a otra hasta que me quedé sin títulos que darle [Bob se ríe]. Los dos únicos títulos que me quedaban eran de presidente y de editor principal. Así que me dije: "Está bien, puede ser el editor".

Felizmente le cedí el título de editor a Paul, pero me quedé con el de editor principal porque estábamos a punto de mudarnos a Warner Bros. y quería expresar cuán importantes eran los cómics y, en serio, con el cargo de presidente no era suficiente. Con ese cargo no podía transmitir que el corazón palpitante de la compañía lo conformaba su contenido editorial, que nuestro negocio era mucho más que las ventas de anuncios y licencias, y que había que aprovechar mejor a los personajes en películas, productos y programas de televisión. Todo empezó en los cómics, en las propias historias. Pensaba que con el título de "editor principal" (tampoco es que preguntara nadie por el título [risas]), pero me dije que si hubiese algo así, el [título de editor principal podía señalar bastante bien la importancia del contenido creativo.

GREENBERGER: Tiene muchísimo sentido. Nada más empezar reviviste aquellos anuncios institucionales que Neal Adams había dibujado alguna vez, una serie de anuncios de servicio público. Luego te involucraste en los números centrados en las drogas de Los Nuevos Titanes con el respaldo de la empresa. ¿Crees que fue un movimiento importante en ese momento?

KAHN: Siempre he pensado que si podíamos entretener y hacer el bien al mismo tiempo, sería genial. No es que todos los cómics tengan que hacer el bien, pero algunos de nuestros personajes eran íconos culturales que, si defendían algo, si decían algo, los lectores podían escucharlos. Los usamos como portavoces de nuestros anuncios institucionales, y en nuestros títulos en curso: presentamos personajes homosexuales, hablamos sobre el suicidio adolescente y destacamos la violencia doméstica y la proliferación de armas en las escuelas. Intentamos analizar los problemas más urgentes de nuestra sociedad y, con nuestros personajes como vehículo, intentamos contar historias que esperábamos que empoderasen a nuestros lectores, que los hicieran sentir más cómodos con quienes son, y hacerles saber que tenían otras opciones cuando tal vez pensaran que no tenían ninguna. En mi caso fue una preocupación constante, era muy importante para mí, y lo llevamos a cabo con dibujantes, guionistas y editores que también se subieron a bordo y que, a menudo, nos proponían sus propias historias.

GREENBERGER: Sí, recuerdo que estuviste muy volcada en los dos cómics donde se presentaba una historia que tenía que ver con minas terrestres, en la década de los ochenta.

KAHN: Mi interés por las minas terrestres, o por intentar concienciar a la gente sobre el tema, empezó cuando me telefoneó un día Judy Collins, la cantante. Era Embajadora Especial de UNICEF, y en ese momento yo no tenía ni idea sobre el tema. Fue antes de que las minas terrestres se convirtiesen en un problema para el público, pero Judy había pasado un tiempo en Bosnia y Serbia y lo que me contó me pareció devastador. Judy quería distribuir un disco para generar conciencia sobre el problema de las minas terrestres, y había hablado con Seymour Stein de Sire Records sobre la idea. Pero Seymour la dijo: "Oh, en realidad deberías llamar a Jenette Kahn", y Judy le contestó: "Oh, Dios mío, conozco a Jenette. ¿Por qué no habré pensado en ella antes?"

Cuando Judy me propuso lo del álbum, me dije: "Es una idea encantadora y estoy segura de que podría hacer mucho bien, pero te interesa llegar a los niños e igual podemos llamar la atención de los niños de los países devastados por la guerra". Estoy segura de que como directora de DC parecía poco imparcial, pero los comic books me parecen una manera muy eficiente y poderosa de llegar a los niños.

"A los niños les encantan los cómics y no los leen una vez, sino una y otra. Además, se comparten tanto que puede aumentar la cantidad de niños a los que podemos llegar. Cada uno de los cómics es relativamente económico, y en ellos se puede presentar una historia entretenida para transmitir un mensaje potente que haga que los niños sean conscientes del peligro de las minas terrestres y les sugiera cómo mantenerse a salvo". Judy me dijo: "Me parece una gran idea. Deberías conocer a Madeleine Albright". En ese momento, Madeleine Albright era nuestra Embajadora en la ONU y a ella también le encantó la propuesta. Ofreció todo su apoyo a nuestros cómics centrados en las minas terrestres y también involucró al Departamento de Estado y al Departamento de Defensa. Me pidieron que participase en una misión de investigación de minas terrestres en África que me pareció bastante reveladora. Visitamos países como Ruanda, que tiene una tierra asombrosamente exuberante y fértil, pero allí no se puede cultivar porque los campos estaban minados.

Para demostrar cómo unas minas pueden doblegar a un país, a menudo nos preguntaban si seríamos capaces de aventurarnos en un campo de fútbol si nos hubiesen avisado que había una sola mina plantada en él. Las minas terrestres son insidiosas. A menudo están diseñadas para que parezcan juguetes y que llamen la atención de los niños, pero matan y mutilan. La amenaza absolutamente real de las minas hace que los padres tengan miedo de enviar a sus hijos a la escuela, y que los adultos tengan miedo de cultivar sus campos. Incluso hacer pastar a los animales o ir al pozo a por agua es una tarea peligrosa. 

En África, caminamos por angostos senderos que se habían limpiado de minas terrestres. Tenían solo dos metros de ancho y estaban marcados a ambos lados con nada más que una cuerda. Podíamos ver minas activas justo fuera del perímetro de las cuerdas, y pensé en lo fácil que nos matarían si alguno de nosotros tropezara. Regresé del viaje pensando que teníamos que hacer algo. Así que donamos nuestros personajes y nuestro trabajo, y nos pusimos a producir una serie de cómics sobre minas terrestres que UNICEF y el Departamento de Defensa distribuyeron en Bosnia y Serbia, y más tarde en Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Fue una experiencia maravillosa, Bobby, porque nos dijeron que las historietas estaban marcando una diferencia, que a los niños les encantaban y que incluso se las leían a sus padres, que a veces no sabían leer ni escribir. Cuando llegó el turno de preguntas en la Convención de San Diego del año pasado, un hombre se puso de pie entre la audiencia y me dijo: "Estuve en el Ejército, y también en una de las zona donde se distribuyeron los cómics, he visto cómo salvaban vidas". No hay nada más gratificante que escucharlo de boca de alguien que había estado allí y que realmente había visto que los cómics habían marcado una diferencia.

GREENBERGER: Ya que has mencionado a Judy Collins... se puede ver que trabajaste, operaste y socializaste con un mundo bastante diferente al del resto del personal contratado por DC, porque estuviste en contacto con gente como Judy o Andy Warhol y todo eso. ¿Alguna vez intentaste contratar a alguien de esos otros mundos para que trabajasen en los cómics?

KAHN: [Tarareando.] A veces esos mundos encajaban. Estoy en la junta de Exit Art, y después del 11 de septiembre, Exit montó una exposición extraordinaria que ahora pertenece a la colección permanente de la Biblioteca del Congreso. Se pidió a los dibujantes que crearan una página de 8 1\2'' x 11" que expresara sus sentimientos sobre la tragedia, y todas esas páginas, más de mil según recuerdo, se colgaron en los pasillos ocupando todo el espacio. Al mismo tiempo, en DC estábamos editando un libro conmemorativo del 11 de septiembre, y Exit Art exhibió sus dibujos como parte de la muestra. Por lo general, nuestro material no se mezcla con lo que se considera "arte elevado", pero pudimos vivir esa experiencia gracias a que me junté y pude valorar ambos mundos.

Del mismo modo, publicamos un importante cómic sobre David Wojnarowicz, un artista, cineasta y provocador muy venerado. De adolescente, David vivía en las calles de Nueva York, prostituyéndose para sobrevivir, pero se convirtió en un artista tremendamente influyente y en un poderoso activista contra el SIDA. Si yo no hubiese puesto un pie en el mundo del arte, en realidad, un dedo del pie, no habríamos podido hacerlo.

(Continuará)

martes, 15 de marzo de 2022

EMBUSTES, POR GRANT MORRISON /5

Columna para Speakeasy nº 105 (1989), traducción: Frog2000.

Bienvenidos a la "largamente esperada" y "controvertida" quinta entrega de EMBUSTES, impresa encantadoramente en el mejor y más espléndido papel, extraído de las maderas tropicales más raras vendidas al por menor a 300 dólares.

Oh, cariño.

Así que aquí nos encontramos todos, mientras la década más ausente de carácter que se haya conocido llega a su miserable fin y las luces se encienden de nuevo a las cuatro. Afuera, todo está oscuro y los árboles tiemblan como jubilados moribundos. Incapaz de hibernar, paso las extenuantes tardes dosificándome con Benylin y Maltesers, Baudelaire en una mano y un cóctel letal de analgésicos en la otra.

Parece que ha llegado la hora de elucubrar un resumen de la década, ¿no?

Pero primero...

QUE SIGA ADELANTE EL CASTIGO

Aparte de la censora perorata de libre sintaxis de mi última columna de "Embustes", hace poco pude ver un par de ejemplares del encantador cómic de PUNISHER publicado por la Marvel UK compartiendo espacio en las estanterías con MI PEQUEÑO PONY.

La primera portada mostraba al Castigador con los dientes bien apretados disparando contra una turba de vagos cuyas harapientas ropas y aire sospechoso los identificaba como el tipo de sucias alimañas humanas que suelen merodear por los comedores del Ejército de Salvación. El eslogan decía: '¡SACA LA BASURA!'

La segunda portada encuadraba el torso varonil del Castigador, además de su mano, no menos varonil. La mano estaba levantada y mostraba una bala que se parecía sospechosamente a un vibrador 'Jumbo'. El lema: '¿QUÉ ES LO ÚLTIMO QUE PASA POR LA MENTE DE UN CRIMINAL?'

Todos estos ingeniosos juegos de palabras y chascarrillos positivamente Joyceanos están muy bien, pero también es muy curioso que los impresores, que como todos sabemos hacen gala de los más elevados principios morales, puedan alegremente imprimir venenosas publicaciones como esta en sus preciosas imprentas y, sin embargo, se sientan justificados para prohibir el material para adultos. ¿O está bien depravar y corromper a los chavales a base de violencia barata y glamurosa, siempre y cuando no empujemos al pecado a ningún skinhead sensible?

BATMAN ES UN PAJERO: MENSAJE REVISADO PARA NAVIDAD

Me prometí que me mantendría tranquilo y simplemente me reiría histéricamente ante cualquier mención de algo tan miserable, pero es que sencillamente no me puedo controlar. Debo, debo, DEBO aportar mi poco valiosa opinión sobre el tema A****M A****M. Imagínate que soy un observador puramente imparcial y no un amargado participante en los hechos. Finge como si en realidad no hubiese escrito a ese cabrón. Porque eso es exactamente lo que planeo hacer una vez que la inevitable, muy tediosa y puntual reacción se ponga en marcha a toda velocidad.

Si te soy sincero, estoy absolutamente harto del 'tan esperado' ARKHAM ASYLUM. Es decir, estoy harto de las cifras arcanas y de los porcentajes coreados como catecismos en cada artículo que me he leído. Pedidos anticipados de 200.000 copias, ventas en dólares de 2,5 millones... ¡cómo se regodea la prensa especializada con las cifras! CBG se las arregló para escribir una reseña de la obra completa sin mencionar ni una sola una vez que había sido guionizada y dibujada por alguien. Me harta la gran maquinaria de eructos y pedos que convierte 'solo un tomo' en 'el evento de cómics del milenio' y, sobre todo, estoy harto de escuchar a la gente quejándose de que los cómics independientes están sufriendo porque las tiendas están pidiendo ARKHAM ASYLUM a kilos. La verdad es que el 99% de los cómics mainstream son una completa basura y merecen lo que les ocurra, de la manera más dolorosa y humillante que sea humanamente posible.

Al final, como he dicho un millón de veces, es solo un cómic y solo es de Batman. Si te gusta, te gusta, si lo odias, igual me pongo a llorar. No me importa que me critiquen por el contenido (bueno, de hecho, sí que me importa...), pero no veo por qué he de cargar con la culpa de las ventas de mierda de muchos cómics de mierda.

¡Por lo tanto, y tal y como decía San Sebastián con los pantalones bajados a la altura de los tobillos: '¡Dispárame, cariño!'

¡POR FIN, EL SHOW DE 1989!

Y así, mientras Batman finalmente se derrumba bajo el peso de sus propias pretensiones, la década afortunadamente llega a su fin. ¿Qué vamos a hacer con estos últimos diez años? La presencia constante de Thatcher, el peor Top 40 que se recuerda, el ascenso de la conciencia verde justo a tiempo para ver al planeta respirar por última vez...

¡Ay, la nostalgia! En cuanto a los cómics, y todavía no han llegado tan lejos como me gustaría, hemos visto el ascenso inexorable hacia la dominación mundial de la así llamada 'Ola británica'. Supongo que en lo que respecta al mainstream, todo empezó con WARRIOR y termina, aquí en el crepúsculo del '89, con DEADLINE: experimentación seria y entusiasta en uno de los extremos, iconoclastia sexy y suspicaz en el otro. Una progresión verdaderamente razonable.

Así que ya tenemos a las tiras de cómic en casi todas las revistas de estilo y con editoriales respetables reuniendo sus listados de novelas gráficas. Los tiempos de ´solo para coleccionistas´ quedaron atrás, la aceptación general está a solo un paso de distancia y, todos nuestros ojos se posan en el lejano horizonte, ¿qué es lo que se puede ver? Bueno, veo la sección de reseñas de libros del Sunday Times, que a principios de este noviembre se ocupó de la edición Penguin de RAW. Aquí tenemos, por fin, la voz de la aceptación general:

´Uno podría esperar que las tiras de cómic fuesen divertidas, pero no hay mucho de qué reírse en esta nueva recopilación de Raw... Beano y Dandy no tienen nada que temer.´

Hola, 1990.

lunes, 7 de marzo de 2022

EMBUSTES, POR GRANT MORRISON /4

Columna para Speakeasy nº 104 (1989), traducción: Frog2000.

Bueno, supongo que de vez en cuando hay que sentarse y ponerse serio. Y ha llegado el día. Me indigna que cada vez haya más censura en el cómic. Esta agitada gota que colma el vaso de mi actitud viene provocada porque finalmente el SKIN de Milligan y McCarthy no va a tener su anunciado debut en el número 30 de CRISIS.

Pero luego seguimos con el tema.

Esta progresiva decadencia empezó su lento progreso cuando DC decidió adoptar el sistema de catalogación PARA LECTORES MADUROS, lo que condujo a la carta de protesta rubricada por un número de súper-estrellas del cómic tristemente olvidadas. La reacción de DC frente a la amenaza de perder los servicios de sus más prestigiosas gallinas de los huevos de oro fue la típica: impusieron más restricciones. ¡Brillante! 

Así, poco tiempo después asistimos al espectáculo de Rick Veitch intentando defender sus motivaciones para meter a Jesucristo en su historia de la Cosa del Pantano. (Si alguna vez ha habido algo que me haya dado auténtica pena, esta es. Me refiero a que... ¿quién no querría ver a los dos mayores hippies afeminados de la historia en la misma aventura? Los lectores actuales suelen buscar respuestas a las grandes preguntas, a las más importantes cuestiones, como por ejemplo: ¿es Jehová más rarillo que Odín o qué?) El posterior estrépito de este pequeño asunto condujo al establecimiento de lo que ahora se llama "tener conciencia de Cristo" en DC. Básicamente, significa que nunca vamos a volver a ver cosas como un Jesucristo Bizarro ni una Liga de la Justicia contra los Doce Apóstoles. Significa también que nadie podrá utilizar a Cristo de cualquier manera en cualquier historia donde alguien le diga cortésmente que se vaya a tomar por culo a Galilea de nuevo. Lo sé, yo era ese soldado. En la historia de Kid Eternity (puedes reírte burlonamente, si quieres) que escribí hace poco para DC, me dijeron que tenía que eliminar una de las escenas, porque aparecía representado el Cordero de Dios. Os lo aseguro, al final la quitamos, aunque solo fuese una estatua. 


Cuando uno considera que la mayoría de editores de DC son judíos, su preocupación por la imaginería cristiana parece bastante ridícula. (Los editores con los que he charlado sobre el tema están de acuerdo conmigo y dicen que es ridículo, pero no pueden hacer nada porque temen las represalias de la Mafia.)

Y hay más.

Porque hace poco se produjo un pequeño tornado provocado por la yuxtaposición de unas imágenes televisivas en el cómic del Dr. Fate (aparentemente, uno de los personajes estaba haciendo zapping y aparecía un fotograma de Bugs Bunny seguido por otro de una pareja inmersa en una experiencia de sexo profundo y significativo. Los abogados de Warner Brothers sintieron que esta mezcla de conejos y polvos podía corromper a los millones de fans de Bugs Bunny que iban a leer Dr. Fate y que les molestaría ese momentáneo vislumbre de su ídolo). Todos sospechamos que los cómics de DC ahora están siendo revisados por el departamento legal antes de ser publicados. Los abogados comprueban que nadie utilice en el material que pertenece a la empresa cosas como fragmentos de canciones, imágenes o nombres de gente real. Lo que significa que nunca jamás volverás a ver a Woody Allen en la serie de los Maniaks o el hilarante encuentro entre Bob Hope y Batman.

Puede que las malas noticias te destrocen por completo, pero en mi caso, que he utilizado de todo tipo de formas las letras de mis canciones preferidas y los trozos de diálogo de mis películas favoritas, es una restricción que me parece cercana a lo intolerable. El único vestigio de esperanza que se vislumbra en el horizonte es que los abogados de DC son iletrados culturales y no sabrían reconocer una frase de Marat-Sade aunque se acostase con su secretaria. Así que, de ahora en adelante no habrá más frases mangadas a los Pitufos, Scooby Doo, o a Scrappy. Yo me vuelvo de todas todas a la época de Harold Pinter y Christopher Marlowe, sabiendo como sé que los abogados de DC no son capaces ni de deletrear los nombres de esos escritorzuelos, mucho menos de reconocer un extracto de sus libros. Sin embargo, es mi triste deber apuntar que esta creciente marea de restricciones no solo se confina en el País de la Libertad.

Lo que nos lleva a SKIN. Tampoco necesitamos comentar mucho más sobre el SKIN de Milligan, McCarthy y Swain centrado en la vida de un skinhead en los setenta. Demos mejor un salto y fijémonos en lo absolutamente brillante e innovador que es el cómic. 

Pero las imprentas rehusaron a hacer su trabajo y no quisieron imprimirlo.

Así que me parece bastante sencillo: esto significa que CRISIS no ha podido editar la tira. Por supuesto, es probable que estos impresores moralistas se lean el Sun en su descanso para el té, y por todo lo que sé, impriman felizmente cosas como ´Razzle´ [revista de pornografía softcore]. Sin embargo, cuando los impresores rehusaron imprimir el tebeo, los que estaban al cargo de Fleetway preguntaron si podían echarle un vistazo, y después se lo pasaron a los abogados, que aparentemente sufrieron un ataque al corazón. Desafortunadamente, los abogados de Fleetway se recuperaron y argumentaron que no había forma de que SKIN se fuese a publicar. Temían que los propios skinheads tomaran represalias y demandaran a la revista. La verdad es que no recuerdo la última vez que he escuchado algo tan gloriosamente descerebrado. Bueno, en realidad sí, pero alguien podría demandarme si lo cuento.

Es una pena que justo cuando parece que CRISIS va a seguir adelante con obras de Philip Bond, Garth Ennis y Warren Pleece, SKIN sea consignada en un cajón hasta que algún editor emprendedor se dé cuenta de lo que vale. Podemos hablar todo lo que quieras sobre los cómics adultos, pero este tipo de cosas significan que algún idiota con una máquina para imprimir de marca John Bull puede decidir cancelar algo porque no se parece a El Oso Biffo. ¿Y qué hay de dejar que los abogados lean cómics? 

Oh, ¡es que me cabrea tanto!

Te sugiero que escribas a los editores para demandar que los abogados e impresores sean echados como comida a un Espaghetisaurio hasta que terminen por arrepentirse. Lo más triste de todo es que tampoco va a haber diferencia alguna, así que sencillamente me despido y salgo corriendo hacia la peluquería, donde Dusty Fleming, Estilista del Cabello Internacional, se ocupará de mi pelo. 

´Dusty, ¡tú sí que eres una estrella!´

lunes, 28 de febrero de 2022

EMBUSTES, POR GRANT MORRISON /3

Columna para Speakeasy nº 103 (1989), traducción: Frog2000.

VUELVE, DON McGREGOR, TE LO PERDONAMOS TODO

Sábado, 29 de julio de 1978. 

´¡Fantástica! A pesar de los problemas que he tenido para llegar hasta allí, ¡la Convención ha sido absolutamente brillante! Conseguí un montón de cosas de [Neal] Adams. Y puede que solo por 25 libras. Don McGregor también estaba firmando. Conseguí su autógrafo en el folleto oficial de la Convención. Todo muy divertido.´

Por mucho que me avergüence admitirlo, en realidad he descubierto este elogio que encabeza la columna en uno de mis viejos diarios. En mis apuntes actuales, la historia es un poco diferente.

Viernes 8 de septiembre de 1989, UKCAC.


´Nunca falla, ¿verdad? Aquí estoy, en una absoluta, abyecta y jodida miseria.'

Me sorprende un poco saber que ahora soy más miserable de lo que era incluso en mitad de mi torturada y traumática adolescencia. En aquel entonces, el mejor remedio para la angustia adolescente era relativamente simple, pero diez años después ya no resulta suficiente con viajar cuatrocientos kilómetros y pico para sentir la emoción de que te cubra la sombra de Don McGregor.

¿Seré un viejo y hastiado idiota (las respuestas en forma de billete de 10 libras, por favor), o es que realmente las cosas habrán degenerado tan drásticamente?

Este ´Embustes´ en particular se ha ampliado a lo que llamaremos risueñamente 'Informe de la Convención'. En efecto, eso significa que deberé pasarme dos páginas escribiendo sobre lo emocionante que ha sido, sobre los eventos que ocurrieron en ella y sobre las caras entre bastidores (o quizá debería decir 'las heces entre bastidores´ [en el original, juego de palabras entre ´faces´ y ´faeces´]) que salen de los Beano favoritos de toda Gran Bretaña.

Suena muy bien, pero de alguna manera me las he podido arreglar para perderme una o dos cosas importantes que sucedieron en la UKCAC así que, como resultado, soy la última persona cualificada para escribir un ´Informe de la Convención´. Además, han pasado dos semanas desde entonces, y el horror absoluto apenas ha empezado a diluirse. ¿Por qué tendría que revolcarme en esas aguas residuales de nuevo? ¿Bueno, y por qué no? Afuera, el viento aúlla y las ráfagas de lluvia golpean los cristales de las ventanas en una débil imitación del Huracán Hugo.

Curiosamente, acabo de comer una cantidad bastante grande de hongos de psilocibina, por lo que todo esto lo estoy escribiendo en un estado de conciencia ligeramente alterado. Me sorprende incluso ser capaz de escribir, y mucho menos pensar, y os aseguro que todo se está volviendo muy extraño. Afortunadamente, la parte de mí que escribe cosas como esta es bastante capaz de operar por sí misma. Así que... mientras mi cerebro se larga para divertirse, tú y yo sigamos en esto y etc.

UN NEGOCIO DIFÍCIL

He de confesar que el fin de semana empezó de forma bastante divertida, porque algunos de los otros miembros del contingente de cómics escoceses y yo llegamos a Heathrow, y allí un oficial de la Marina de los Estados Unidos nos confundió, de entre todas las cosas, con Simple Minds. La verdad es que no hicimos nada para disipar su conmovedora creencia y, después de proporcionarle información privilegiada sobre nuestro nuevo álbum y nuestros planes para futuras giras, le dejamos hacernos una fotografía. ´Los muchachos del submarino no me van a creer´, dijo, sin sospechar cuán cierto sería. A partir de ese punto, las cosas se desplomaron rápidamente cuesta abajo. De hecho, Londres es 'una ciudad muy parecida al infierno...' Y si ya era malo estar en ella en el siglo XVIII, hoy es un millón de millones de veces peor. Si alguna vez una ciudad supuso la prueba absoluta de que existe un innegable efecto invernadero, esa ciudad es Londres. Llegué al Hotel Bedford, en el corazón de la metrópolis, sudoroso, mugriento y conmocionado por lo que había visto.

El primer evento del fin de semana fue la Feria Comercial, que me temo que no entendí demasiado bien. Parecía ser poco más que otra oportunidad para que un grupo de viejos profesionales se reunieran e intercambiaran recetas. De todos modos, ¿qué es exactamente una feria comercial?

¿Me atreveré a responder a mi propia pregunta?

HOLA, TENGO QUE IRME

El siguiente elemento de aprendizaje fue la cena de la DC. La fiesta de este año tuvo lugar en el Groucho Club, un tugurio del Soho que se distingue solo por unas pantallas de luces que parecían estar modeladas por gigantescos dedos ulcerosos. Un lugar bienvenido y que produce ligero alivio en un ambiente de otro modo estéril. El horror finalmente descendió sobre mi persona con toda su fuerza durante la cena. Encontrarse repentinamente rodeado por docenas y docenas de personas con las que uno no tiene absolutamente nada en común es una experiencia aleccionadora. El viejo relato filosófico de '¿Por qué estaré aquí?' adquiere un nuevo y horriblemente urgente significado. Aparte de dos o tres amigos notables, me di cuenta de que estaba pasando una noche con personas que por lo general evitaría viajando un millón de kilómetros para alejarme de ellos. Seguro que esas personas horribles deben sentir lo mismo por mí. ¿Por qué entonces insisten en sonreír e intentar entablar conversación? La espantosa realidad de mi tormento se repetía implacablemente cada vez que escuchaba a algún bastardo presumido hablar sobre su miniserie prestigio o el nuevo símbolo de estatus de este año: su 'trato con Penguin'. Los cómics son odiosos y los creadores de cómics lo son aún más. Engreídos peces grandes que nadan en una pecera vergonzosamente pequeña.

Naturalmente, me excluyo a mí mismo y a las personas que me gustan.

DESNUDO Y BAILANDO

Volví tambaleándome hasta el hotel a una hora intempestiva con la cabeza cargada. Afuera, la carretera había sido excavada y, por lo tanto, estaba libre de tráfico y ruido. El letrero sobre un Deep Pan Pizza Co. parpadeó débilmente. Justo enfrente de mi ventana, en el hotel de enfrente, un hombre empezó a desnudarse con el aplomo de una estrella del Raymond Revue. Caminó desnudo durante un rato, y luego se puso unos calzoncillos luminosos y se sentó a ver la televisión.

Me di cuenta con horror que mis peores temores eran completamente ciertos, Howard Chaykin estaba escribiendo mi vida.

HOMBRES VESTIDOS

¡Gracias a la biodramina, mi dolor de cabeza se convirtió en cosa del pasado! El sábado amaneció y cayó la lluvia. Aparecí en la inauguración pública de la UKCAC '89. Más o menos era lo de costumbre. He de confesar que esperaba ser derribado o al menos abucheado durante la hora de 'Conoce a los Invitados' celebrada en el Logan Hall. En su lugar, me conmovió y me hizo sentir humilde la pequeña ovación con la que nos dieron la bienvenida cuando me tambaleé hasta el escenario en compañía de Steve Yeowell. Mis temores originales se basaban en el rumor de que una banda de Jóvenes Socialistas descarriados había aparentemente amenazado con aparecer armados con panecillos y cuerdas de piano. Por lo que pude deducir, me iban a arrastrar por las calles y colgarme de la farola más cercana. Honestamente, no me hubiese importado, pero no apareció nadie, y después de esa primera breve ovación, la Convención y yo pasamos, como de costumbre, completamente desapercibidos. Todo lo que siempre he querido conseguir del mundo de los cómics es que me arrojasen calzoncillos durante una tediosa discusión sobre los 'Derechos de los creadores'. (Sobre este tema, sostengo que a los 'creadores' se les deberían quitar todos los derechos de inmediato). Claro, Neil Gaiman es honrado con dicha adulación casi cada hora. ¿Qué estaré haciendo mal, Neil?

A continuación, se suponía que debía hacer aparición en uno de esos paneles aplastantemente aburrido centrado en 2000 AD. En lugar de buscar desesperadamente la alarma después de que, como siempre ocurre, algún chaval retrasado preguntase quién debería interpretar al Juez Dredd en la próxima película, decidí dejar de lado la precaución y salir a dar un paseo. Y así fue como, con esta sobredosis de libertad ilícita, me topé con un restaurante francés en Charing Cross Road, comiéndome con los ojos el fabuloso cartel de 'La Petite Voleuse'.

Volví a participar en la firma de Fleetway y el evento más mágico del fin de semana tuvo lugar cuando fui golpeado en la cabeza por un caramelo de menta arrojado desde las alturas por Brendan McCarthy. Si hubiese sido el amigo de Superman, Jimmy Olsen, el golpe seguramente me habría otorgado un superpoder maravillosamente mentolado. Desgraciadamente no fue así y el acto continuó sin más incidentes.

Más allá de estas pequeñas islas de belleza en un cosmos por lo demás lúgubre, la Convención transcurrió como siempre. Posiblemente peor. Tengo la impresión de que el año pasado hubo un entusiasmo innegable por todo el asunto de los cómics. Los medios de comunicación estaban presentes y durante todo el transcurso del evento se respiraba cierta alegría de vivir, un je ne sais quoi, un apres ski...

Sin embargo, este año la asistencia se redujo en un par de cientos y no pude evitar sentir un malestar subyacente. Difícilmente se podría evitar llegar a la conclusión de que en el caso de los cómics la fiesta casi había terminado. Aunque no tiene por qué ser malo. Creo que el extremo creativo del medio está empezarse a diversificarse y alejarse de sus raíces de aficionado. Puede que pronto la Convención de Cómics tal como la conocemos deje de existir.

Tristemente, aún quedaba el domingo.

Me temo que me perdí la 'controvertida' presentación de Howard Chaykin, y lo único que vi fue a un hombre joven que se presentó vestido como el Joker al concurso de disfraces, y que fue incitado a reír nerviosamente por un presentador con voz cacareante. Hora de largarse.

El sábado por la noche terminó con el hombre del otro lado de la calle poniéndose un vestido blanco bastante atractivo y admirándose frente al espejo. Era como si ahora estuviese viviendo en 'El guardián entre el centeno'.

¿Podrían empeorar las cosas?

SÍ.

Si.

El domingo estuvo marcado por mi participación en dos atroces y poco interesantes paneles, uno de ellos sobre 'Cómo escribir cómics', un tema que se ubica junto a 'mirar fijamente a la pizarra' por su valor como entretenimiento. A pesar de los grandes esfuerzos de Pete Milligan y míos, el panel degeneró rápidamente en un esfuerzo pesado que inspiraba la siesta y que se centraba en los argumentos más endebles sobre la importancia de Lois Lane como barómetro social. Tengo un consejo esencial para futuros oradores:

Nunca nunca NUNCA habléis durante más de treinta segundos. Porque puede que aburráis a las ovejas.

Si hubiese seguido dicho consejo, qué trágico hastío nos hubiésemos ahorrado todos.

El segundo panel, 'Moonlighting', que trataba sobre la producción de tiras de cómic para periódicos y revistas, fue, si cabe, aún más grotescamente aburrido. La gente se alejaba en tropel de este asesino de atención, lanzándose desesperadamente a la carretera en un esfuerzo por ahogar los zumbidos de las personas que, deberían saberlo, pero que claramente no saben cuándo detenerse.

Y eso fue todo. Todo el circo lamentable paró después de la presentación de los Premios SSI Mekon. Eran tan predecibles como sentarte en el banquillo de los acusados cuando eres culpable, aunque mucho menos convincentes. El premio a la 'Persona que lo gana todo, haya o no hecho algún trabajo' está actualmente en camino hacia su destinatario habitual. Phillip Bond fue el único rostro nuevo en ser homenajeado y pude ver que estaba casi llorando cuando aceptó la espléndida figura Play Doh de dos pulgadas del archienemigo de Dan Dare, The Mekon. El acto culminó con una presentación especial por los '100 años al pie del cañón' que recayó en Leo Baxendale. Es mi triste deber informar que lo que pareció ser una merecida ovación puestos de pie para el señor Baxendale fue, de hecho, el resultado de que todos se levantasen para correr hacia la salida.

Pensar que me perdí 'Songs of Praise' de St Michael and All Angels, -guiño, guiño- por esto.

Todo lo que quedaba era la fiesta organizada por Deadline, que estuvo bien aunque, como antisocial empedernido, no es del todo mi estilo. Ahogué mis penas en soda y cal y regresé al hotel. El hombre del otro lado de la calle se había marchado. Empecé a preguntarme si, de hecho, no habría sido otro de los invitados a la Convención.

Y así termina mi informe de la Convención. No es gran cosa, lo admito, pero tampoco lo ha sido la Convención. Además estoy bajando de mi vuelo de fantasía inspirado por los hongos. Lamento decir que deberías haber visto este texto antes de que lo editaran.

Tampoco hay que ser pesimistas. Por más desagradable y cínico que me haya vuelto, estoy seguro de que en esta gran tierra nuestra habrá algún joven que aprieta contra su pecho un preciado diario en el que indica...

Sábado. 9 de septiembre de 1989. 

´¡Fantástica! ¡La UKCAC ha sido absolutamente brillante! Mike Grell estaba allí y le pedí un autógrafo...´

Dios lo ayude.

lunes, 21 de febrero de 2022

EMBUSTES, POR GRANT MORRISON /2

Columna para Speakeasy nº 102 (1989), traducción: Frog2000.

Antes de lanzarme a charlar sobre el batiburrillo de este mes, me gustaría hacer una pausa para cantarle el "Happy Birthday" de Altered Images a Deadline, que acaba de rebasar su primer aniversario mientras lees esto. Si Jamie Hewlett y Alan Martin no terminan ganando todos los Premios Eagle y los Oscar, prenderé fuego a la fina cabellera de Richard Clayderman.

Además... os quiero dar las gracias a todos los que enviasteis frases y mensajes de apoyo después de mi columna debutante. La broma de Howard Chaykin también me pareció muy divertida, pero tampoco me puedo permitir que un lenguaje tan obsceno, por así decirlo, ensucie mi columna. De todos modos, no quiero herir los sentimientos de nadie, así que cambiemos de tema de inmediato.

Por lo que...

BATMAN ES UN PAJERO ABURRIDO

Hace varios cientos de años, en la época del punk rock, solía pasar el rato en el garito musical de Customs House Quay, situado en el sórdido paseo marítimo de Glasgow. Puede que aún llevase puestos mis pantalones acampanados, quizá aún luciese un corte de pelo a lo Wayne Osmond, pero mi mueca de desprecio, os lo aseguro, era sincera. Todos los sábados, las bandas locales se subían al escenario y hacían su "numerito", que en aquel momento consistía en escupir, maldecir al anciano encargado del garito y usar cubiertos en lugar de una púa para tocar la guitarra. Una memorable tarde, una banda montada en unos minutos que se hacía llamar Inland Revenue saltó al escenario, robó los instrumentos de los Mental Errors y se lanzó a atacar de una forma emocionantemente inepta el tema "Batman". Después de luchar con los acordes durante menos de un minuto, la "banda", abrumada por la frustración, destruyó los instrumentos y llegó al clímax con un "feedback" de pesadilla y un último grito desgarrador de: "¡Batman es un pajero aburrido!'

Os lo aseguro, después de eso no quise más pantalones de campana.

Por supuesto, poco después, los nazis invadieron Polonia y nos sumergimos en la guerra, el racionamiento y los cánticos reconfortantes en los sótanos. Sin embargo, aunque os parezca que caigo en la nostalgia, me encantaría señalar cuán cierta era la observación del cantante de Inland Revenue. Batman es un pajero aburrido.

Y todo por culpa de la película. El filme ha provocado los primeros movimientos de una reacción violenta que seguramente resonará en todo el mundo del cómic. A pesar de los grandes esfuerzos llevados a cabo, la palabra cómic sigue pegada en la conciencia pública casi como sinónimo de la palabra Batman. Y ahora absolutamente todo el mundo ha terminado harto de Batman. En consecuencia, cada centímetro del terreno ganado para dignificar este arte en los últimos años está a punto de perderse de nuevo gracias a la película. No se necesita mirar muy lejos para darse cuenta de lo que está empezando a suceder. Incluso Time Out ha empezado a referirse a los lectores de cómics como "analfabetos a la última".

Y luego, por supuesto, The Sun también intervino y extrajo algunos garabatos prehistóricos firmados por un tal "Bob Kane". ¡Qué cómodo parece Batman, acurrucado junto a Striker [revista británica de deportes] y la Perpetually Naked Middle Class Bastards! El Regreso del Señor de la Noche no importa gran cosa, ni tampoco Watchmen o Love and Rockets. A finales de los ochenta, esta es la verdadera faz de la percepción pública de los cómics. ¡Un hurra por la 'generación de la cultura'!

En cuanto a la película, supongo que estuvo bastante bien. ¿Alguien más recuerda la participación de Kim Basinger en Dog and Cat o solo lo he soñado?

Oh bien, no importa. Time Out podrá decir lo que quiera, pero no se puede negar la simple evidencia:

Puede que seamos analfabetos, ¿pero a la última? ¡Jamás!

UNA INVITACIÓN

Si me dejáis, me gustaría descansar un momento de los cómics para proponer la búsqueda de un tesoro nacional tristemente perdido. Por supuesto, hablo de la iluminada televisiva que trajo la alegría a nuestras pantallas y el amor a nuestros tímidos corazones.

¿Qué le pasó a Billie de Double Deckers [El clan de los pilluelos, 1970]?

Igual no te interesa gran cosa, pero en mi caso, es una pregunta que me atormenta la vida. Lo que ocurrió con el resto más o menos se puede explicar: Scooper pasó a ser Peter Firth (uno de esos viejos actores dramáticos como Alan Bates y Jenny Agutter que se las arreglan para quitarse la ropa en casi todas las películas). Spring, o como se llame, toca ahora la batería en Aswad y estoy seguro de que todos los demás, Sticks, Doughnut, Tiger y el resto, se las arreglan con éxito para vivir más allá del depósito de chatarra. Incluso Melvyn Hayes, el alegre basurero, se convirtió en una desgracia pública como el lánguido Gunner Beaumont de It Ain't Half Hot, Mum. Pero la que me preocupa es Billie. Llena mis pensamientos de vigilia y persigue mis sueños.

Estoy seguro de que estará haciendo algo maravilloso, como ayudar a enfermos mentales a diseñar sellos postales para Navidad, o quizá venda Warcry en los pubs. Siempre fue una chica de buen corazón. Sin embargo, lo que me preocupa es que haya tenido que afrontar una mala época. No puedo soportar pensar en ella interpretando a una mujer embarazada con un pie gangrenoso en un episodio de Casualty.

Si alguien sabe lo que le ocurrió a este ángel de las pantalla, que no dude en callárselo.

EL PUNK AÚN NO HA MUERTO

Será cruel, pero no he podido evitar reírme al ver a los punk rockers en un reciente número de Crisis. ¿Qué pasó con la vanguardia de los cómics? ¿Esa vanguardia recién salida de las malas calles con la juventud actual en mente? Alguien debería darles la noticia de que el punk se zambulló por el inodoro hace ya más de diez años. Esnifar pegamento está tan de moda como bailar el Mashed Potato (aunque no es tan divertido).

¿Punks en el año 2000?

Dios nos ayude, es como si los Bros. nunca hubieran existido.

Ah, y por cierto: si me buscáis en la UKCAC, estaré en la ´Sala de descanso´.

NUEVA YORK EN EL DAREDEVIL DE FRANK MILLER

"Investigué mucho para hacer un buen trabajo. Si me pedían que dibujara una cascada, iba hasta una y la dibujaba. Esto es algo que a...