
“Desde el Infierno: Correspondencia”, (1997), cartas entre Alan Moore y Dave Sim en Cerebus números 217 a 220; reimpresas en “The Extraordinary Works of Alan Moore”.
Parte 1 de 7. Traducido por Frog2000.
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Dave Sim
Una de las razones por las que accedí a esta “charla” contigo es porque me he enterado de que ya no lees la revista The Comics Journal con asiduidad y la verdad es que no te culpo (a veces yo me pregunto por qué la sigo leyendo). Hay un tal Robert Cwiklik que lanzó una extraña y vociferante diatriba en el Journal que trataba sobre lo poco apropiado que es el medio del comic-book para realizar trabajos largos y complejos. Casualmente, me estaba preparando para devorar por completo From Hell y también leí en la sección de correo del Journal a Robert comentando que Cerebus es “un trabajo serio, pero no es nada realista”. Bueno, la verdad es que eso es algo que no me afecta lo más mínimo, pero según avanzaba con From Hell, en particular con el maravilloso tomo final, me vino a la cabeza el siguiente pensamiento: “Sabes, apostaría que el tío ese, Cwiklik, también pensaría que esto es poco realista.” Es interesante saber que lo que no le importa lo más mínimo al Dave Sim autor, para el Dave Sim Fanboy es como si le hubiesen clavado un cuchillo en las costillas. Me indigné bastante en tu nombre y según estaba analizando los diferentes puntos de vista, me di cuenta de que el quid de la cuestión era: ¿Qué es y qué no es la realidad?”
Personalmente, creo que un trabajo que funciona a un sencillo nivel del estilo de “esto es lo que pasa, esto es lo que ellos dicen, esto es lo que parece” será algo muy insatisfactorio, o por lo menos muy poco satisfactorio. Por lo tanto he pensado que una charla informal entre dos tíos que tienden a percibir la realidad bajo los términos de “grandes ruedas (mecanismos) dentro de ruedas aún mayores en el interior de ruedas tan grandes que te harán vomitar si las contemplas” quizá podría ser útil como contrapunto (como tónico vigoroso) a la hora de aliviar los síntomas producidos por la dieta de sopa fría que sirve el Journal representada por “una rueda es una estructura circular de material duro, sólido o con radios, que es capaz de rodar sobre un eje” (suponiendo que Gary Groth sea el eje, por supuesto.) O puede que simplemente podamos empezar este intercambio inicial desde puntos de vista contrapuestos para luego, más adelante, adentrarnos en lugares más interesantes, ahondando en lo absolutamente interesante que habéis conseguido realizar Eddie y tú en From Hell.

Alan Moore
Bueno, lo primero de todo, supongo que debería prologar brevemente todo lo que voy a comentar, apuntando que en los últimos tiempos mis opiniones no son muy cercanas a las del Journal y probablemente también sean diferentes de los tuyas, además de que, necesariamente, no se han originado a partir de que me haya desencantado con la propia revista. A pesar de sus ocasionales incursiones sin sentido al estilo francotirador, sus insultos partidistas manufacturados y todo lo demás, probablemente siga siendo la revista más incisiva relacionada con los cómics que se puede encontrar ahora mismo. Mi interrupción de la lectura del Journal y del resto de publicaciones del mismo estilo se debe a mi completo distanciamiento actual de la industria del cómic. A pesar de mi permanente amor por el medio, éste no es mi único interés en la actualidad, y ni siquiera es lo que más me interesa. En consecuencia, en una época en la que veo y leo pocos cómics, los artículos sobre los mismos tienden a desaparecer por completo de mi lista de lecturas. Pero esto no debería entenderse como una crítica hacia nadie excepto a mí mismo. Una vez dicho todo esto, probablemente no sea una gran sorpresa saber que no he leído el artículo del que hablas, pero si tu resumen del punto de vista que presenta es correcto, no creo que, de un modo u otro, no se me pudiesen ocurrir unas cuantas respuestas. Estoy seguro de que estas son las opiniones reales de alguien, pero seguramente serán poco menos que papel mojado a estas alturas de Siglo, simplemente debido a la enorme cantidad de opiniones que inundan el mercado. Afirmar que los cómics son un medio que no se presta a producir obras de gran extensión parece un comentario que no tiene ningún sentido, incluso ignorando Our Cancer Year, Maus, Stuck Rubber Baby y el resto de obras del estilo.

Asumamos que los cómics son un medio que no está lo suficientemente maduro como para poder soportar trabajos de gran longitud. Incluso si esa fuese la verdad, la respuesta apropiada sería “¿y qué?”. Los aspectos prácticos de la industria del cine garantizan más o menos que las películas de más de dos horas sean algo relativamente extraño. Eso no parece demostrarnos que el cine sufra de alguna restricción. En la pintura, las sencillas leyes de la física y la arquitectura humanas determinan más o menos que un lienzo, aunque sea enorme, no será mayor que la pared de una casa normal. Realmente no se tendrá un espacio mayor por mucho que se quiera. Me lo llevo repitiendo desde la pubertad y ha terminado siendo una gran verdad.
Por lo que respecta a la cada vez más pintoresca noción de “Realismo”, ese es un concepto que depende de la noción aún mayor de “Realidad,” por lo que me temo que el comentario me deja un poco perplejo. Las nociones habituales de realismo en el arte, que de todas formas se revisan continuamente, parece que empezaron a debatirse a partir de Einstein y la física cuántica que le siguió. El físico Niels Bohr, mientras estaba al cargo de experimentos con partículas en los que usaba los toneles de la cervecería Calsberg en Copenhague, comentó muy exitosamente que todas nuestras observaciones sobre el cosmos y la mecánica cuántica sólo pueden ser vistas, en última instancia, como la observación de nosotros mismos, de los procesos de nuestro propio subconsciente. Y esto se conoce como “La interpretación de Copenhage”. Y mientras que podríamos llegar a objetar la cerveza elegida, no estoy dispuesto a contradecir su teoría básica.
El comentario más sencillo es que los fenómenos que ocurren en esta supuesta “realidad” no se pueden percibir inmediatamente: todo lo que percibimos es a través de nuestra propia percepción, y está actualizándose continuamente en el mosaico de comprensión y recelo al que llamamos realidad. Si por ejemplo, tomamos un suceso humano dramático como puede ser un asesinato, entonces ¿cuál es la realidad de la situación? ¿Estará compuesta por los hechos que revisa el médico forense y nada más? Bueno, claro, quién sabe. Si tenemos sólo un cuerpo, supongo que entonces podríamos argumentar que los forenses son la única realidad que existe en dicha situación. Si por otra parte, tenemos algo más que el cuerpo y las pruebas de balística, entonces seguro que deberíamos tomar en cuenta muchas más cosas. ¿Cuáles fueron los pensamientos y sensaciones de la víctima? ¿Y los del asesino? ¿Y qué hay de los testigos y de aquellos que están conectados con el crimen? ¿No son una parte, y quizá la mayor, de la realidad del suceso incluso aunque todo sea una percepción subjetiva? ¿Y qué hay de las implicaciones abstractas, como las sociológicas? ¿Y de la mítica y la poética en el más amplio esquema significativo de las cosas?

Seguramente todas son facetas de la realidad igualmente válidas. Me gustaría apuntar que si la realidad sólo fuese una genuina cuestión de médicos forenses, pruebas balísticas y vasta mecánica cuántica, todos tendríamos un jodido panorama más sencillo.
Más bien, la triste o gloriosa verdad es que nuestras fantasías también conforman la realidad. Existen, aunque en un reino inmaterial más allá del alcance de la ciencia o de la investigación empírica. Influyen en nuestro comportamiento e influyen en el mundo material, con mejores o peores resultados. En efecto, la fantasía es uno de los gigantescos componentes de la realidad y realmente no se puede discutir sobre la misma como si fuese una entidad separada.
La sublime trilogía "Gormenghast" de Mervyn Peake, tristemente excluida del canon de lo que vale la pena en la literatura inglesa, y seguramente por razones no muy diferentes a aquellas que le atribuyes al artículo del Journal, es un retrato de la ensoñación ritual y obligatoria de la Inglaterra de los cuarenta y cincuenta. Una inolvidable y signficativa instantánea que no podría ser etiqueta de ninguna otra forma que como literatura fantástica. Si no vamos a esgrimir nada más que el realismo tradicional, enlazándolo a todo aquello que consideremos arte serio y que merezca la pena, entonces, con el mismo estilo inimitable, también deberíamos destripar totalmente el mundo cultural. Adios Swift, Rabelais y todo el arte y la literatura basada en temas clásicos o mitológicos. Adios Pynchon, Burroughs, Blake. Wilde se fue, o al menos lo hizo Dorian Gray. Hawthorne también, por culpa de su obra “The Marble Faun”. Henry James por “The Turn of the Screw”. Y respecto a M.R. James, W. H. Hodgson, Wells, Verne, "Eddie" Poe y demás perdedores y cultivadores de género parecidos, tampoco podrán tener ninguna oportunidad. Mientras prendemos fuego a la casa, tampoco nos olvidemos de la ausencia absoluta de realismo humano, emocional y conversacional de la mayor parte de la literatura de los ochenta, a esa también hay que prenderla fuego. Luego, presumiblemente, todos nos acercaremos al irrefutable, realista y duro cul-de-sac de Hemingway y le haremos una felación a nuestro padre Webley con tanta verosimilitud como podamos tragar.
La idea de que el Arte sólo debería ser el espejo de la realidad simpre me ha parecido una gilipollez, dado que el Arte, siempre y en cualquier sitio, se ha acicalado y disfrazado impecablemente, incluso aunque la Realidad llevase un par de Adidas de dos años de antigüedad y una camiseta de Toy Story. Por lo que a mí respecta, intentar reflejar el Arte es más bien un trabajo de la Realidad. El propósito del Arte no es ser espejo de la Realidad, sino darla forma estampando las ambiciones de la mente humana.
De todas formas, ya basta de hablar de Arte y de Realidad. Hablemos ahora de mí.

Dave Sim
Bien dicho. Hubo un par de momentos en los que he podido verte interactuando con tu esposa de aquella época (ahora ex esposa) y me llamó la atención el hecho de que... mierda, olvídalo. Hablemos sobre tu forma de escribir y dejemos tu vida a un lado, ¿de acuerdo?
Como te comenté por teléfono, realmente no me gustaría continuar hablando de este tema con un tedioso formato de pregunta-respuesta. Cuando visité a ese bastardo escocés de Eddie Campbell (realmente se tomó su tiempo para conocerme), mientras sosteníamos nuestras bebidas durante una tarde, empezó a hablar de tus guiones. Ya sabes. Anne acababa de recibirlos e iba a empezar con ellos, subrayando lo que se debía incluir en cada viñeta. Y comentaba lo jodidos que son tus guiones. Habiendo leído unos cuántos, soy capaz de comentar que siempre has sido muy bueno al permitir que el dibujante sepa que una descripción extensa puede redundar en vuestro mutuo beneficio y que también podrá usar lo que a él o a ella (hola, Melinda) le parezca más adecuado. Bueno, Eddie no hizo nada de eso, sino que entró en su estudio, cogió uno de tus guiones y empezó a leer dramáticamente una de tus largas explicaciones. O quizá de forma menos dramática, para enfatizar más su propio punto de vista. Luego Eddie se sentó en la cocina tarareando tu descripción y yo me senté en su porche trasero del tamaño de un sello de correos (Campbell Enterprises es un entorno libre de humo) pegado a su cocina. Entonces, cuando llevaba leídas unas cien páginas fotocopiadas de From Hell, yo ya estaba tan sumergido en el Londres de 1888 como se puede estar, y entonces empecé a fundirme mental y psíquicamente con tus descripciones. Como Eddie seguía mascullando, tus palabras me envolvieron como un encantamiento y empecé a agitarme hacia atrás y hacia adelante en la silla de plástico blanco de la cocina, en la que estaba sentado, mientras me quedaba completamente ensimismados con tus rítmicas palabras e invocaciones y además cabreado con la vieja cara burlona de Campbell, anticipando el bondadoso (o quizá no tanto, ya que ambos somos bastardos escoceses) escándalo inminente que dichas reacciones divergentes iban a desatar. Alguien tenía que hacerlo, y le tocó a la silla en la que estaba sentado. Una de las patas se rompió, tirándome de espaldas y lanzando una de las jarras más preciadas de Eddie, una edición limitada de Guinness que se me deslizó de las manos, y que rebotó por una decena de escaleras antes de romperse en un millón de fragmentos. Por supuesto, me estuve disculpando todo el tiempo, mientras Eddie se quedaba cabizbajo. Nunca iban a hacer más jarras parecidas. Me hacía a la idea de cuántas Guinness se había tenido que tomar hasta poder pillar una de ellas (como si ESO fuese algo tortuoso para él), etc, etc Había tenido seis de ellas (en el Tarot, el seis es el número de los amantes, ¿y dónde hay un mayor enamoramiento artístico y literario –hablando metafóricamente- que en el equilibrado balance entre guionista y dibujante?), y ahora le quedaban cinco (el número del Hierofante, intérprete de la sabiduría arcana. Su aspecto negativo se resume en que dicha labor está impuesta sin el acompañamiento de ninguna sabiduría.) Creo que fue para mejor. Le sirvió jodidamente bien.
Imagino que has debido tener momentos bastante duros al escribir algunas de las descripciones, tejiendo una invocación para poder motivarte a la hora de proceder. En particular, me viene a la cabeza el séptimo volumen, que describe el más espeluznante y ritualista de los asesinatos.

Alan Moore
Bueno, no puedo decir con mucha honestidad el que me sorprendan las incesantes y amargadas quejas que surgen por culpa de mis guiones. Ese tipo de cobarde puñalada por la espalda, por supuesto, sólo puede esperarse de alguien de un clan que estuvo de parte de los Ingleses durante el reparto de las Highland y masacró a los McGregors mientras dormían. ¿Sabías que hay un hotel situado en la cima de Glencoe en el que, hasta el día de hoy, tenían una señal en la puerta en la que se podía leer: “Ni perros, ni Campbells”? Y no es que esté maldiciendo a Eddie, sino que es la profunda y resonante voz de la propia Historia la que le maldice.
Sobre el problema de la contraproducente palabrería que puede observarse en alguna de las partes donde describo lo que debe aparecer en las viñetas, intentaré captar tu atención con el volumen final de From Hell. Más específicamente con la página dos, viñeta cinco de nuestro epílogo, "The Old Men On The Shore". En la descripción del argumento para dicha viñeta, me permití, desafortunadamente, un breve momento de laxitud y omití las palabras “LA CABEZA DEL INSPECTOR ABBERLINE AUN SE DEBERIA ENCONTRAR SOBRE SUS HOMBROS EN ESTA VIÑETA. NO HAY NINGUNA TORTUGA, SINO QUE ES SU CUELLO, Y TAMPOCO HAY FORMA ALGUNA DE REFRACTAR LA LUZ A SU ALREDEDOR COMO SI FUESE UNA NAVE KLINGON, CON LO QUE EL INSPECTOR TENDRIA CIERTO PARECIDO A MAGRITTE, CON SU SOMBRERO HONGO FLOTANDO SUSPENDIDO POR DETRÁS DEL VACIO CUELLO DE SU ABRIGO.” Por supuesto, la última vez que tengo un error parecido.

Dave Sim
Para el lector desprevenido, déjame dar un paso más y comentar que admito libremente que quería provocarle, Sr. Moore, intentando parecerme al inusual espíritu burlón de tu colaborador y amigo mutuo. “Vamos a pelear ya” sería algo parecido al lema nacional escocés para todos los miembros de nuestro agriado accidente geográfico. Me avergüenzo mucho e intentaré portarme mejor que lo que me dicta mi naturaleza genética durante el resto de la conversación. Por otra parte, puse la carreta delante del burro al nombrar el séptimo volumen, ¿no crees? Empecemos por el principio. Gerhard acaba de leer toda la obra y lo hizo de la misma forma que lo hice yo: primero se leyó la historia y luego los meticulosos apéndices que llevan de nuevo a las páginas y viñetas. Estoy seguro de que no es por una cuestión de falsa modestia tu auto-desprecio en dichos complementos, pero más allá de la modestia genuina, serías de los primeros que han hecho un estudio histórico tan extenso en forma de cómic, además de compartir la extensión de dicho trabajo con el lector. “¿Esto va a parecer pretencioso o igual es que me vanaglorio demasiado?” se te habrá ocurrido en más de una ocasión. Los autores de comic-book sienten que tienen que esconder las huellas de su “ingenio” bajo la laboriosa meta del bajo común denominador. Algo que me chocó al leer dichas notas fue que la historia parecía encajar “en su lugar” desde el principio. Cuando nos cuentas que este punto de la obra o aquel otro podrían desarrollarse aún más en futuros volúmenes, por Dios que puede hacerse.
Así que entonces, al principio de todo, ¿te fuiste leyendo todo lo que encontrabas sobre Jack el Destripador y luego proseguiste evolucionando la teoría de la locura de dos siglos interconectada, en realidad la verdadera idea central de From Hell? ¿También te interesaba cómo se produjo la abolición de las sociedades matriarcales? ¿La masonería? Te pido que te remontes casi toda una década, lo reconozco, pero es que estoy interesado en qué fue primero, si la gallina o el huevo y etc, con el máximo respeto (como suele decirse cuando alguien pregunta en el Senado).

Alan Moore
Bueno, supongo que debería prologar mi respuesta diciendo que todo mi trabajo más serio suele tener una extensión que siempre está destinada a ser una especie de estudio y exploración de un proceso dinámico determinado. V For Vendetta fue mi forma de explorar las dinámicas que poseen tanto el fascismo como la anarquía bajo el formato de una narración de fantasía y aventura. Watchmen fue una forma de explorar, entre otras cosas, las dinámicas que posee el poder en un mundo post-Hiroshima. Con Lost Girls intenté buscar cómo interactúan la guerra y el erotismo, este último bajo constante escrutinio. Por favor, entiéndeme, no estoy diciendo que estas exploraciones sean hechos filosóficos mayoritarios: simplemente intento dar un nombre al proceso envuelto en los mismas.
Con From Hell, la idea germinal fue sencillamente el asesinato, cualquier asesinato. Se me ocurrió que el Asesinato es algo que podemos encontrar en el extremo absoluto de los sucesos humanos. Me llamó la atención el hecho de que si exploramos a un nivel más profundo la dinámica de un asesinato, al buscar todo aquello que se necesita para saber lo que es un asesinato, podríamos encontrar un tipo de información extrema sin precedentes. Quizá predeciblemente, en un primer momento ni siquiera consideré los asesinatos de Whitechapel, sencillamente porque imaginé que ya estarían quemados, agostados de cualquier vitalidad o significado debido a que habían sufrido un siglo de investigación y publicidad. Empecé partiendo de algunos homicidios más oscuros e inusuales, como por ejemplo el caso del Dr. Buck Ruxton (una especie de personaje a lo Lord Lucan, en 1930, que asesinó a su esposa y a su niñera, pero que no logró una exitosa y necesaria desapareción posterior.)
Pero a finales de 1988, cuando me rodéo una gran cantidad de material emitido por los medios centrándose en el centenario de los asesinatos, fue cuando empecé a entender que, primero, todavía existían formas de aprovechar los asesinatos de Whitechapel, exponiendo retales de signficado previamente inexplorados, y segundo, que la historia del Destripador tenía todos aquellos elementos que necesitaba y que estaba buscando. Ambientado durante una época fascinante y explosiva, en una rica ciudad que poseía leyenda, historia y relaciones sociales, el suceso rozaba de forma periférica a muchas personas e instituciones atrayentes que podrían proveer el tipo preciso de paisaje narrativo que buscaba. Verás, hasta cierto punto las periferias del asesinato, el mito, los rumores y el folklore asociado al suceso... siempre tendrían un potencial fructífero y gratificante mucho mayor que si se llevaba a cabo otro redundante estudio sobre los dificultosos hechos forenses centrados en el asesinato.
Puede que este enfoque tradicional nos dijese quién es el culpable (que admito que es la más inmediata de las consideraciones prácticas), pero no nos diría qué es lo que ha ocurrido más allá de ese nivel obvio y maquinal. Para poder encontrar algo verdaderamente útil, debíamos sumergirnos en el mito y en su significado, y para mí, algo que posee un rico remanso mitopoético como pueden ser los asesinatos de Whitechapel, de inmediato me pareció el lugar perfecto para ir a pescar.
Una vez que tuve el propósito y terreno por donde iba a moverme me quedé satisfecho, así que procedí con la lectura preliminar del campo de juego. Con esto me refiero a que visité y exploré personalmente el territorio donde se produjeron los asesinatos, y además de eso exploré el paisaje de los mismos desde el punto de vista de la literatura que ya existía en torno al acontecimiento. He de decir que para ello realicé una amplia sesión de lectura y mapeado del evento a varios niveles, tomando la distancia apropiada.

Por ejemplo, tomé algunas notas seleccionadas de un número muy antiguo de The Fortean Times, en el que se les entregaba a un grupo de presuntos psíquicos unas fotografías de ganado mutilado y se les decía que las “leyesen” psíquicamente. Frases como “orejas cortadas... genitales mutilados... 888... líneas de fuerza en el suelo...” me parecieron resonantes, así como un artículo en otro Fortean Times en el que uno de sus escritores, posiblemente Matt Hoffman en su columna sobre la América arcana, trazaba los paralelismos que existían entre las inexplicables mutilaciones de ganado y los crímenes violentos contra mujeres de la misma época. Obviamente estos recortes nunca encontraron sitio en el From Hell terminado, pero formaron parte de mi impresión mental sobre los eventos ocurridos en Whitechapel: una especie de confuso mapa en baja definición, como visto a través de una nube, en donde, sin embargo, podían verse ciertos rasgos prominentes del paisaje simbólico. Ríos de teoría. Puntos cruciales conjeturados y líneas maestras de asociaciones.
Este mapeado inicial me permitió entrever en detalle un destello de todo el territorio que iba a abarcar. Podía ver qué rasgos del paisaje parecían ser los más significativos y prometedores, incluso aunque no pudiese suministrar un análisis preciso hasta el punto de poder decir el por qué me parecieron tan prometedores con mucha exactitud. Las teorías matemáticas de C. Howard Hinton, hijo del amigo de Gull, James Hinton, también me parecieron prometedoras. La lectura de Londres inspirada en Iain Sinclair como una constelación mítica e histórica parecía prometedora. Las teorías Masónicas del fallecido Stephen Knight, fuesen o no verdad, parecían inaugurar territorios fascinantes del folklore popular. El concepto Masónico sobre el Universo, sobre el espacio-tiempo, como un áspero y sólido bloque que estaba labrado por el Gran Arquitecto, dejando después que sus sirvientes mortales, los Artífices Dionisíacos y los Francmasones, acabaran el trabajo, bueno, eso parecía encajar como un guante con todo lo demás. La concepción de Hitler durante 1888 también me pareció algo que traía ecos. Las nociones matriarcales y patriarcales de mito e historia llegaron a través de una lectura intuitiva del “London Pentacle”, tal y como describí en el cuarto capítulo, filtrado a través de las intuiciones de Robert Graves.
Básicamente, lo que intento decir es que, sí, costosamente tuve que darle forma a todo en mi cabeza, sujetando dentro muchos de los detalles, antes de comenzar. Por ejemplo, para el segundo capítulo ya estaba aposentada firmemente la parte del Monstruoso-Destripador-de-Halifax-Asesinando-En-Los-Páramos-Peter Sutcliffe que podemos ver en el último capítulo. Sin embargo, no encontré la visión infantil que tuvo Ian Brady de la cabeza flotante hasta mucho más tarde. Sabía que haría alusión a la misma cuando puse a Gull a reflexionar en voz alta sobre la familiaridad del nombre “Brady Street” durante el primer asesinato, pero no era consciente de que lo haría conmemorando el nombre de la compañera de Brady, Myra Hindley, en el exterior de la fábrica de sacos, lugar donde ocurre el tercer asesinato. Sabía que la última línea de la serie sería la de Robert Lee: “Creo que habrá otra guerra,” pero no decidí usar el cuadro “Wild Hunt” pintado por Von Stuck, dibujado con el rostro adulto de Adolf Hitler superpuesto con el del dios Odin en 1889, el año del nacimiento de Hitler, hasta un mes antes de que el último capítulo partiese para la imprenta. Sabía que Netley moriría antes de que concluyese la serie y que esos obeliscos eran, de algún modo, importantes para la simbología que aparecía en la historia, pero en dicho punto aún no había encontrado toda esa mierda maravillosa sobre la carroza colisionando con un obelisco y haciendo que derramase sus sesos por encima de los adoquines.
El asunto es que si el primer nivel es lo suficientemente correcto y perspicaz, cualquier pequeño detalle que se desentierre después de una investigación más detallada, de alguna forma, estará obligado a encajar con el todo. De todas formas así es como yo suelo operar. En cuanto a mi tono auto-despreciativo en los apéndices, no fue tanto una cuestión de modestia como un brusco intento de disculpa por haber hecho una mierda descuidada y un trabajo poco profesional. Quiero decir, “Creo que he leído esto en algún libro, pero no puedo recordar en cuál fue, y tampoco me voy a molestar en buscarlo” difícilmente será el mayor estándar de reportaje de investigación con el que a menudo se podrá promocionar “From Hell”, ¿no es verdad? Y que algo no se haya hecho con anterioridad en los cómics, realmente no es excusa para realizar un trabajo descuidado. No hay nada malo en demostrar algo. Algunas veces uno necesita algo bajo lo que esconderse.
Con eso y con todo, probablemente estés en lo cierto y puede que haya sido muy duro conmigo mismo. Al menos no me olvidé de describir la cabeza del personaje principal.
Dave Sim
Considerando nuestra predisposición compartida (y las muchas razones de las que disponemos para sostener esta conversación), que a menudo suele obviar a algún otro que “pueda dar un aspecto diferente” de una cosa determinada, anotaré que me divirtió mucho descubrir la viñeta en la que el diálogo de Abberline es: “Todas las cosas que nunca vas a conseguir. Todas las cosas que nunca resolverás.” Sin duda, el mucho más maligno Eddie Campbell (realmente DEBERIAMOS detenerlo) seguramente ofreció su propio refuerzo creativo para que esa frase tuviese dos niveles de significado. Sin duda también podríamos intentar encontrar un lugar de retiro seguro para que la extraña y perdida “cabeza de Abberline” (en la primera edición del décimo volumen) pudiese ocultarse. De todos modos, mi favorita personal es esa categoría de “dobles sentidos” del capítulo cuarto, página ocho, en el que Gull informa a Netley de que “Las mujeres tuvieron una vez el poder: en las cuevas, la vida giraba en su entorno...”, etc Eddie rotuló claramente “Back como Balk”, obstaculizando la opinión expresada (el cerdo sexismo) al añadir un trazo de la pluma que convierte la L en una C.

“Para poder encontrar algo realmente útil, deberíamos sumergirnos en el mito y en su significado”. Estoy de acuerdo. Y millones no lo estarán. Cuando me reuní contigo en 1988, cuando te encontrabas recolectando el material de From Hell en crudo, recuerdo que pensé cuán... generoso eras en tu forma de dicurrir, considerando que había dos guionistas más en la misma habitación (el otro era Jaime Delano). Al contrario, yo era completamente tacaño al ofrecer mi discurso. Estaba en el tramo final del primer tomo de “Jaka´s Story” y mentalmente estaba montando lo que al final se convertiría en “Reads”. Mi forma de incluir varios niveles de mapeado (a propósito, buena forma de llamarlo), consistió en tomar el mejor afluente de pensamiento que existe sobre la naturaleza del Big-Bang, basándome en los datos que se pueden encontrar en el áspero material de Stephen Hawkings. A partír de ahí modelé un mito creacionista que se adaptase a los datos de los que disponía. Como te estarás temiendo, hice libre uso de tu intuitiva frase “todas las historias son verdad”, y de hecho, me gratificó mucho que me dijeses que el mito creacionista te golpeó como, hasta cierto punto, lo más próximo a una experiencia mística que habías tenido a través de un medio impreso. De todas formas, en un primer nivel de percepción, todos aquellos que nos sentimos inclinados a observar ese “nivel de mapeado” simplemente nos encontramos hablando para otros, ¿no es así? Lo que nos interesa, esculpido amorosamente hasta dejarlo pulido, luego lo encajamos en algún otro lugar con el fin de no violar el disfrute y placer de nuestros mayores... lectores que interpretarán la obra de forma literal, The Comics Journal, etc, etc. Neil lo hizo en Sandman, yo he intentado hacerlo en Cerebus, tú lo haces en tu propio trabajo. ¿Sabes lo que intento decir? Y me carcajeo de mí mismo: “Espera que Neil vea esto”, o “Alan, esto te va a encantar.”
El período de gestación del arco “Reads” es un espejo de la experiencia de la que hablabas con From Hell. Cada pequeña golosina con la que me topaba (o la mayoría de ellas) tan sólo parecían encajar en su sitio cuando el trabajo estuvo terminado.
Recuerdo que te pregunté (ya que eres la única persona que he conocido que piensa las cosas como yo suelo hacerlo, además de que tenía “Reads” muy presente cuando te lo pregunté): ¿Alguna vez te ha preocupado de que estemos haciendo estas cosas al servicio de algo que nos horrorizaría completamente si descubriésemos lo que es? Ya sabes, que sea algo tan ampliamente despectivo como en la canción de Dylan “Christian kick”, en la que canta: “Será al diablo o será al Señor, pero vas a tener que estar al servicio de alguno.” Parece traerme una especie de eco de... ¿podríamos llamarlo malestar?
Aquella vez tu respuesta fue (tal y como recuerdo): “he estado pensando en ello y he decidido que mientras haga una buena historia, eso será lo más importante.” Por eso decidí que si esa respuesta era lo suficientemente buena para Alan Moore, también lo sería para mí. Así que bien podrías fumarte un buen porro en las profundidades del infierno y yo bien podría darte fuego.
Antes de que nos adentremos aún más en las características de From Hell, también me preguntaba si habías llegado a reconsiderar tu postura desde entonces y si alguna vez has encontrado alguna sincronicidad preocupante en algunos de los pequeños detalles atados al hecho de escribir From Hell que pudieses exponer a lo largo de estas líneas.

Alan Moore
Bueno, Dave, esa es una pregunta muy infernal a la que responder para un hombre que profesa culto a una serpiente.
Supongo que he de decir que para cualquiera que haya tenido o haya creído tener una experiencia paranormal, la terrorífica reacción de cagarse en los pantalones es algo normal, así como todo tipo de ansiedad espiritual confusa y sin ningún tipo de sentido traída a la luz a partir de vestigios religiosos, cualesquiera que sean con los que nos han educado; o con aquellas novelas ocultistas de Dennis Wheatley que se nos ocurrió leer durante nuestra época de estudiante. Así que volviendo al principio, claro que he tenido mis momentos cuando empecé a investigar esta obra, cuando me encontré dominado por una terrible penitencia Faustiana: “Víboras y culebras, dejádme respirar... ¡o quemaré mis libros!” Como decía, eso ocurrió al principio. Sin embargo, cuanto más exploraba dichas ideas, más evidente me parecía que conceptos como “bondad” y “maldad” no significaban nada más allá de un nivel netamente humano. Subiendo un poco más, incluso cosas como la consciencia tampoco tienen ningún sentido. Vete más allá aún, y no habrá nada que sea reconocible sin el armazón humano.
Si tuviese que explicar mis sentimientos básicos sobre el tema desde un modelo físico, debería decir que en el núcleo de las cosas hay una radiante singularidad creativa, interminable, hermafrodita y dichosa, que bien se podría nombrar como Dios absoluto. Esa es la fuente de luz en el lienzo de la existencia. Luego dicha luz se polariza en dos frecuencias diferentes: una se podría llamar “Dios considerada en femenino” (o en negro, o en negativo... esos términos no significan nada que podamos mantener en un nivel material, ni tienen nada que ver con el género, el color, o con los valores de diferencia) y el otro podría llamarse “Dios considerado en masculino.”
Después de eso, la luz golpea algo a lo que metáforicamente podríamos referirnos como prisma. Los estudiantes de la Cábala preferirán llamarlo el Abismo. Bajo los términos de la física moderna, te lo podrías imaginar como el perímetro curvado del espacio/tiempo. Cuando la luz blanca golpea en el prisma, se disgrega en un espectro lleno de entidades: Dios en plural, Demonios, quimeras, ángeles, hadas, alienígenas grises... una pluralidad de colores y fuerzas espirituales a los que les ponemos nombre, les damos imagen o una identidad. Según dicha reacción se propaga más allá de su fuente de origen, parece perder velocidad o coagularse o espesarse de alguna forma hasta que, en sus extremos más alejados, tendremos la materia física. Todo lo que está dentro de ese contínuo es una refracción de la única fuente de luz originaria. Las entidades en las que tradicionalmente pensamos como “el otro” no las podemos percibir tal y como están desplegadas (están en una frecuencia mayor). La Maldad y la Bondad realmente no entran en esa ecuación. En mi esquema del Universo, realmente no puede haber nada que no sea definitivamente Dios. O, en el caso de la Maldad, que sea Dios cuando está bebido, como apuntó genialmente un gran hombre.
De todos modos, si eso te esclarece la estructura completa de la Existencia, me gustaría volver a lo que comentabas antes sobre aquello de que, realmente, todos nosotros escribimos para los demás. Al principio es cierto. A nivel técnico, hablando en términos de narrativa en el cómic, si conseguimos algo inteligente, sabemos que sólo habrá unas cuantas personas lo suficientemente perceptivas que nos recordarán lo intrincada que es la narrativa y podrán apreciar completamente la sangrienta investigación que hemos realizado.

Por otra parte, debo admitir que durante los últimos tiempos, también he tenido esa frecuente sensación de “espera a que Neil o Dave o quien sea vea esto”. Más y más, la persona para la que escribo es ese amigo imaginario como escritor incipiente, el lector que supone cosas. Siento la necesidad de intentar afilar o hacer evolucionar mi trabajo hasta un mayor nivel de profundidad con el fin de intimar con el lector, lo cuál no significa que seamos amigos. La intimidad no siempre es algo confortable. Supongo que lo que quiero decir es que simplemente quiero extender mi alcance y potenciar más aún mi obra. Con “extender mi alcance” no quiero decir que desee que más gente lea mi obra o que quiera vender más copias, sino que simplemente me gustaría que la gente que se expone a mi trabajo sienta que llega más lejos de donde habían llegado anteriormente con una obra parecida.
Posiblemente, dicho vano intento me parece que requiere un paso mayor que el meramente técnico, algo que sea mucho más intuitivo y basado en las sensaciones (lo siento, Dave) que lo basado en lo racional, en la lógica y en la habilidad de la que dispongamos. Por supuesto, cada onza de esa preciosa racionalidad y técnica serán necesarias para anclar dichas intuciones en forma de material legible, pero respecto al tipo de profundas áreas humanas a las que quiero llegar, de algún modo se deberán trascender las necesidades racionales. Lo que intento decir tan confusamente es que, actualmente, estoy intentando llegar a lo que dramáticamente podríamos llamar la cuarta pared... una entre el público y la historia... y establecer una gloriosa relacción cara a cara con el lector, o con el oyente en el caso de los dos CD´s de performance. Actualmente, casi preferiría que nadie reconociese mis florituras técnicas, ya que si son capaces de hacerlo, estas, hasta cierto punto, no habrán hecho su trabajo de afectar al lector desde una distancia sutil e imperceptible.
En cuanto a mi interminable, compulsivo y abundante fanfarroneo sobre aquello que me acuerde que estoy haciendo en un momento dado, no puedo decir que me parezca una gran fuente de preocupación. Si la gente se enterase de que estoy planeando algo de unas cuatrocientas páginas, que examina a fondo los asesinatos de Whitechapel con gruesos apéndices y una exhaustiva investigación añadida, y luego decidiesen que van a intentar sobrepasarme pero terminan haciendo algo muy parecido, entonces francamente, lo que sea que va mal en ellos es mucho peor que lo que sea que está mal en mí. Me descubro ante ellos y les deseo la mejor de las suertes a esos pobres, miserables y condenados bastardos.

5 comentarios:
Te superas con tus traducciones compañero. ;-D
Espero las próximas entradas con impaciencia. Ésta la enlazo desde ya.
Impacientes Saludos.
yo también voy a enlazarte.Impresionante entrevista
A ver si saco tiempo para leer esto.
Y pensar que no te gustan los Fab (ja,ja).
dejo esto, es el cuadro del que habla Moore: la caza salvaje
http://3.bp.blogspot.com/_BKAyBIkuY5c/TLwQqG6dKSI/AAAAAAAAAyM/QXuXaPIdVwQ/s1600/Franz+von+Stuck+-+Wild+chase+%28Die+wilde+jagd%29+1889.jpg
Gracias por la imagen, la añado, ¡Saludos!
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