jueves, 7 de abril de 2011

DESDE EL INFIERNO: CORRESPONDENCIA ENTRE ALAN MOORE Y DAVE SIM (1)

“Desde el Infierno: Correspondencia”, (1997), cartas entre Alan Moore y Dave Sim en Cerebus números 217 a 220; reimpresas en “The Extraordinary Works of Alan Moore”. Parte 1 de 7. Traducción de Frog2000.

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Dave Sim

Una de las razones por las que he accedido a celebrar esta “charla” contigo es porque me he enterado de que ya no sueles leer la revista The Comics Journal con asiduidad, y la verdad es que no te culpo (a veces yo me pregunto por qué lo sigo haciendo). Allí escribe un tal Robert Cwiklik, quien lanzó una extraña y vociferante diatriba acerca de lo poco apropiado que le parecía el medio del comic book para llevar a cabo obras largas y complejas. Casualmente en ese momento me estaba preparando para devorar por completo From Hell, pero además pude leer en la sección de correo del Journal que Robert comentaba sobre Cerebus que le parecía “un trabajo serio, aunque no sea nada realista”. Bueno, la verdad es que es algo que tampoco me afecta lo más mínimo, pero según avanzaba en la lectura de From Hell, en particular en el maravilloso tomo final, se me ocurrió lo siguiente: “sabes, apostaría que el tío ese, Cwiklik, se piensa que esta obra también peca de poco realista.” Resultará interesante saber que lo que no le importa lo más mínimo al Dave Sim autor, al Dave Sim fanboy es como si le hubiesen clavado un cuchillo en las costillas. Me indigné un montón en tu nombre y según seguía analizando los diferentes puntos de vista, pude darme cuenta de que el quid de la cuestión era: ¿Qué es y qué no es la realidad?”

Personalmente me parece que un trabajo que funciona a un nivel sencillo, del estilo de “esto es lo que pasa, esto es lo que ellos dicen, esto es lo que parece que es”, podría ser bastante insatisfactorio, o por lo menos muy poco satisfactorio. Por lo tanto he pensado que una charla informal entre dos tíos que tienden a percibir la realidad bajo los términos de “grandes mecanismos de ruedas dentro de mecanismos de ruedas aún mayores que se encuentran en el interior de mecanismos de ruedas tan grandes que te harán vomitar cuando los contemples”, quizá podría resultar útil como contrapunto (como tónico vigoroso) para aliviar los síntomas producidos por la dieta de sopa fría que suele servir el Journal representada por: “una rueda es una estructura circular de material duro, sólido o con radios, que es capaz de rodar sobre un eje” (y suponiendo que Gary Groth sea el eje, por supuesto.) O puede que simplemente podamos empezar este intercambio inicial desde puntos de vista contrapuestos para luego, más adelante, adentrarnos en zonas más interesantes, ahondando en el trabajo absolutamente cautivador que habéis conseguido realizar Eddie y tú en From Hell.
Alan Moore
Bueno, supongo que para empezar debería prologar brevemente todo lo que voy a comentar a continuación, apuntando que en los últimos tiempos mis opiniones no se encuentran muy cerca de las del Journal, aunque probablemente también serán diferentes de las tuyas, mientras que además creo que resulta necesario apuntar que estas no están originadas por un desencanto con la propia revista. A pesar de sus ocasionales incursiones sin sentido al estilo francotirador, sus insultos partidistas manufacturados y todo lo demás, probablemente siga siendo la revista más incisiva relacionada con los cómics que se puede encontrar ahora mismo en el mercado. Mi interrupción de la lectura del Journal y del resto de publicaciones del mismo estilo se debe a mi completo distanciamiento actual de la industria del cómic. A pesar de mi permanente amor por el medio, éste no es mi único interés en la actualidad, y ni siquiera es el que más me interesa. En consecuencia, en una época en la que veo y leo muy pocos cómics, los artículos sobre ellos tienden a desaparecer por completo de mi lista de lecturas. Pero tampoco este punto se debería entender como una crítica hacia nadie excepto a mí mismo. Una vez dicho todo esto, probablemente no resultará una gran sorpresa para nadie saber que no he leído el artículo del que hablas, pero si tu resumen del punto de vista que se presenta en el mismo es correcto, de un modo u otro tampoco creo que se me vayan a ocurrir unas cuantas respuestas. Estoy seguro de que esas son las verdaderas opiniones de alguien, pero a estas alturas del siglo se habrán convertido en poco menos que papel mojado, simplemente por culpa de la enorme cantidad de opiniones que inundan el mercado. Afirmar que los cómics son un medio que no se presta a producir obras de gran extensión parece un comentario que no tiene ningún sentido, incluso aunque ignorásemos Our Cancer Year, Maus, Stuck Rubber Baby y el resto de obras por el estilo.
Asumamos que los cómics son un medio que no se encuentra lo suficientemente maduro como para poder soportar trabajos de gran longitud. Incluso si esa fuese la verdad, la respuesta adecuada sería: “¿y qué?” Los aspectos prácticos de la industria del cine garantizan más o menos que las películas de más de dos horas son relativamente raras. Tampoco esto parece demostrarnos que el cine sufra de alguna restricción. En la pintura, las sencillas leyes de la física y la arquitectura humanas determinan más o menos que un lienzo, aunque sea enorme, no puede ser mayor que la pared de una casa normal. Realmente no se puede tener más por mucho que uno quiera. Es algo que me llevo repitiendo desde la pubertad y que ha terminado siendo una gran verdad.

Por lo que respecta a la cada vez más pintoresca noción de “realismo”, me parece un concepto que depende de la noción aún mayor de “realidad,” por lo que me temo que el comentario me deja un poco perplejo. Las nociones habituales de realismo en el Arte, que de todas formas son revisadas continuamente, parece que empezaron a debatirse a partir del nacimiento de Einstein y la física cuántica que le siguió. Mientras se encontraba al cargo de experimentos con partículas en los que usaba los toneles de la cervecería Calsberg en Copenhague, e
l físico Niels Bohr comentó con mucho juicio que todas nuestras observaciones sobre el cosmos y la mecánica cuántica sólo pueden ser vistas, en última instancia, como la observación que hacemos nosotros mismos a partir de los procesos de nuestro propio subconsciente. Y a eso se le conoce como “la interpretación de Copenhage”. Y mientras que podríamos llegar a discutir lo que queramos sobre la cerveza elegida, no estoy dispuesto a contradecir su teoría básica.

El comentario más sencillo que puede hacerse es que los fenómenos que ocurren en esta supuesta “realidad” no se pueden percibir de inmediato: todo lo que percibimos lo hacemos a través de nuestra propia percepción, mientras que el mosaico de comprensión y recelo al que llamamos realidad 
está actualizándose continuamente. Si por ejemplo tomásemos un suceso humano dramático como puede ser un asesinato, entonces ¿cuál podría ser la realidad de la situación? ¿Estaría compuesta por los elementos revisados por el médico forense y nada más? Bueno, claro, quién sabe... si tan sólo tuviésemos un cuerpo, supongo que entonces se podría argumentar que en esa situación los forenses son la única realidad que existe. Si por otra parte tuviésemos algo más que el cuerpo y las pruebas de balística, entonces seguro que deberíamos tener en cuenta muchas más variables. ¿Cuáles fueron los pensamientos y sensaciones que padeció la víctima? ¿Y los del asesino? ¿Y qué hay de los testigos y de aquellos otros conectados con el crimen? ¿No forman parte, y quizá la mayor, de la realidad del suceso, incluso aunque todo sea una percepción subjetiva? ¿Y qué hay de las implicaciones abstractas, como las sociológicas? ¿Y de la mítica y la poética en el más amplio esquema significativo de las cosas?
Seguramente todas ellas son facetas de la realidad igualmente válidas. Me gustaría apuntar que si la realidad sólo fuese una genuina cuestión de médicos forenses, pruebas balísticas y vasta mecánica cuántica, el jodido panorama sería mucho más sencillo.

Más bien, la triste o gloriosa verdad es que nuestras fantasías también conforman la realidad. Existen, aunque en un reino inmaterial que se encuentra más allá del alcance de la ciencia o de la investigación empírica. Influyen en nuestro comportamiento y en el mundo material con mejores o peores resultados. En efecto, la fantasía es uno de los gigantescos componentes de la realidad y realmente no se puede discutir sobre la misma como si fuese una entidad separada.

La sublime trilogía "Gormenghast" de Mervyn Peake, tristemente excluida del canon de lo que vale la pena leer de la literatura inglesa, y seguramente por razones no muy diferentes a aquellas que le atribuyes al artículo del Journal, es un retrato de la ensoñación ritual y obligatoria de la Inglaterra de los cuarenta y cincuenta. Una inolvidable y significativa instantánea que no podría ser etiquetada de ninguna otra forma que como literatura fantástica. Si no queremos esgrimir nada más que realismo tradicional conectándolo a todo aquello que consideremos arte serio y que merezca la pena, entonces, con el mismo estilo inimitable también deberíamos descerrajar el mundo cultural por completo. Adiós, Swift, Rabelais y todo el Arte y la Literatura basadas en temas clásicos o mitológicos. Adiós, Pynchon, Burroughs, Blake. Wilde se ha ido, o al menos lo hizo Dorian Gray. Hawthorne también, por culpa de su obra “The Marble Faun”. Henry James a cuenta de “The Turn of the Screw”. Y respecto a M.R. James, W. H. Hodgson, Wells, Verne, "Eddie" Poe y demás perdedores y cultivadores de género parecidos, tampoco pueden tener oportunidad alguna. Mientras prendemos fuego a la casa, tampoco podemos olvidarnos de la ausencia absoluta del realismo humano, emocional y conversacional de la mayor parte de la literatura de los ochenta, a ese también habrá que prenderle fuego. Luego, presumiblemente todos nos deberíamos acercar al irrefutable, realista y duro cul-de-sac de Hemingway mientras le hacemos una felación a nuestro padre Webley con tanta verosimilitud como seamos capaces de tragar.

La idea de que el Arte sólo debería ser el espejo de la realidad siempre me ha parecido una soberana gilipollez, dado que el Arte, siempre y en cualquier sitio, ha sido capaz de acicalarse y disfrazarse de forma impecable, incluso aunque la realidad llevase un par de Adidas de hace dos años y una camiseta de Toy Story. Por lo que a mí respecta, intentar reflejar el Arte es más bien un trabajo de la Realidad. El propósito del Arte no es ser espejo de la Realidad, sino darla forma estampando en ella las ambiciones de la mente humana.

De todas formas, ya basta de hablar de Arte y de Realidad. Ahora vamos a hablar sobre mí.
Dave Sim
Bien dicho. Ha habido un par de momentos en los que he podido verte interactuando con tu esposa de aquella época (ahora ex esposa) y me ha llamado la atención el hecho de que... mierda, olvídalo. Hablemos mejor sobre tu forma de escribir y dejemos tu vida aparte, ¿de acuerdo?

Como te he comentado por teléfono, en realidad no me gustaría seguir charlando sobre estos temas mediante el tedioso formato de pregunta / respuesta. Cuando le hice una visita a ese bastardo escocés de Eddie Campbell (se tomó su tiempo para conocerme, la verdad), mientras sosteníamos nuestras bebidas durante una tarde, empezó a hablarme sobre tus guiones. Ya sabes. Anne acababa de recibirlos e iba a empezar a revisarlos, subrayando lo que tenía que incluir en cada viñeta y lo que no. Y me comentó lo jodidos que le parecían tus guiones. Habiendo leído unos cuántos, bien puedo comentar que siempre has sido muy bueno permitiendo que el dibujante sepa que una extensa descripción también puede redundar en beneficio mutuo, además de que son libres de utilizar lo que a él o a ella (hola, Melinda) les parezca más adecuado. Bueno, Eddie no hizo nada parecido, sino que entró en su estudio, cogió uno de tus guiones y empezó a leer dramáticamente una de tus largas explicaciones. O quizá de forma menos dramática intentó enfatizar su propio punto de vista. Luego Eddie se sentó en la cocina tarareando tus descripciones y yo me senté en su porche trasero del tamaño de un sello de correos que está pegado a su cocina 
(Campbell Enterprises es un entorno libre de humo). Luego, cuando llevaba leídas unas cien páginas fotocopiadas de From Hell, yo ya estaba tan sumergido en el Londres de 1888 como se puede estar, y entonces empecé a fundirme mental y psíquicamente con tus descripciones. Como Eddie seguía mascullando, tus palabras me envolvieron como un encantamiento y empecé a agitarme hacia atrás y hacia adelante en la silla de plástico blanco de la cocina en la que estaba sentado, mientras me quedaba completamente ensimismado con tus rítmicas palabras e invocaciones, cabreado con la vieja cara burlona de Campbell y anticipando el bondadoso (o quizá no tanto, ya que ambos somos bastardos escoceses) escándalo inminente que dichas reacciones divergentes podían estar a punto de desatar. Alguien tenía que hacerlo, y le tocó a la silla en la que yo estaba sentado. Una de las patas se rompió, tirándome de espaldas y lanzando al aire una de las jarras más preciadas de Eddie, una edición limitada de Guinness que se me deslizó de las manos y que rebotó por una decena de escaleras antes de romperse en un millón de fragmentos. Por supuesto, estuve disculpándome todo el tiempo mientras Eddie se quedaba cabizbajo. Nunca iban a hacer más jarras parecidas. Me hacía a la idea de cuántas Guinness se había tenido que tomar para poder pillar una de ellas (como si ESO le resultara tan tortuoso), etc, etc. Había conseguido hasta seis (en el Tarot, el seis es el número de los amantes, ¿y dónde puede existir un mayor enamoramiento artístico y literario –hablando metafóricamente- que en el equilibrado balance entre guionista y dibujante?), y ahora le quedaban cinco (el número del Hierofante, el intérprete de la sabiduría arcana. El aspecto negativo se resume en que dicha labor es impuesta sin ir acompañada de sabiduría alguna.) En realidad creo que fue para mejor. Igual le hice un servicio de la hostia. 

Imagino que has debido pasar por momentos bastante duros escribiendo algunas de las descripciones, procediendo a tejer una invocación para poder motivarte a la hora de escribir. En particular me viene a la cabeza el séptimo volumen, donde describías el más espeluznante y ritualista de los asesinatos.
Alan Moore

Bueno, con honestidad he de decir que tampoco me sorprenden las incesantes y amargas quejas que suelen provocar mis guiones. Pero por supuesto, este tipo de cobarde puñalada por la espalda sólo podría esperarse de alguien que pertenece a un clan que durante el reparto de las Highland se encontraba de parte de los Ingleses y que además masacró a los McGregors mientras se encontraban durmiendo. ¿Sabías que hay un hotel situado en la cima de Glencoe en el que, incluso en fecha actual, tienen un cartel en la puerta en el que se puede leer: “Ni perros, ni Campbells”? Y no es que esté maldiciendo a Eddie, sino que es la profunda y resonante voz de la propia Historia la que lo hace.

En cuanto al problema de la contraproducente palabrería que puede observarse en alguna de las partes donde describo lo que debe aparecer en las viñetas, intentaré captar tu atención con parte del volumen final de From Hell. Más específicamente con la segunda página, quinta viñeta de nuestro epílogo: "The Old Men On The Shore". En la descripción del argumento para esa viñeta, desafortunadamente me permití un exiguo momento de laxitud y omití las frases: “LA CABEZA DEL INSPECTOR ABBERLINE DEBERÍA SEGUIR ENCONTRÁNDOSE SOBRE SUS HOMBROS EN ESTA VIÑETA. NO ES NINGUNA TORTUGA, SINO QUE TIENE CUELLO, Y TAMPOCO HAY FORMA ALGUNA DE REFRACTAR LA LUZ A SU ALREDEDOR COMO SI FUESE UNA NAVE KLINGON, PORQUE DE ESA FORMA EL INSPECTOR PODRÍA TENER CIERTO PARECIDO CON LA PINTURA DE MAGRITTE, CON EL SOMBRERO HONGO FLOTANDO SUSPENDIDO POR DETRÁS DEL VACÍO CUELLO DE SU ABRIGO.” Por supuesto, es la última vez que cometo un error parecido.
Dave Sim

En favor del lector desprevenido, seré más atrevido y comentaré que admito libremente que quería provocarle a usted, Sr. Moore, intentando parecerme al inusual espíritu burlón que encarna tu colaborador y amigo mutuo. “Peleemos de una vez” podría ser el lema nacional escocés que aglutina a todos los miembros de nuestro agriado accidente geográfico. Me avergüenzo un montón, por lo que intentaré portarme mejor que lo que me dicta mi naturaleza genética durante el resto de esta conversación. Por otra parte, 
al nombrar el séptimo volumen cometí un error de bulto, ¿no crees? Empecemos por el principio. Gerhard acaba de leerse toda la obra y lo ha hecho de la misma forma que yo: primero se leyó la historia y luego los meticulosos apéndices que llevan a revisar de nuevo las páginas y viñetas. Estoy seguro de que el auto-desprecio que destilan dichos complementos no puede ser por una cuestión de falsa modestia, pero más allá de la modestia genuina creo que eres de los primeros que ha hecho un estudio histórico tan extenso en forma de cómic, además de compartir con el lector la investigación precedente para dicho trabajo. “¿Parecerá pretencioso o quizá es que me estoy vanagloriando demasiado?” se te habrá ocurrido pensar en más de una ocasión. Los autores de comic book sienten que tienen que esconder las huellas de su “ingenio” bajo el más laborioso bajo común denominador. Cuando empecé a leer esas nota me chocó mucho que la historia pareciese encajar “perfectamente” desde el principio. Cuando revelas que tal punto de la obra o que tal otro podrían desarrollarse aún más en futuros volúmenes, por Dios que nos damos cuenta de que podría hacerse. 

Por eso, me gustaría preguntarte: en los comienzos, ¿empezaste leyendo todo lo que ibas encontrando sobre Jack el Destripador y fue a continuación cuando elaboraste la teoría de la locura interconectada a lo largo de dos siglos, en realidad la verdadera idea central de From Hell? ¿Te interesaba saber cómo se había llegado a producir la abolición de las sociedades matriarcales? ¿Querías saber más sobre la masonería? Lo reconozco, te estoy pidiendo que te remontes casi toda una década, pero es que estoy bastante interesado en saber qué fue primero, si la gallina o el huevo y etcétera. Todo con el máximo respeto (como suele decirse cuando alguien pregunta en el Senado).

Alan Moore
Bueno, supongo que debería empezar mi respuesta diciendo que todo mi trabajo más serio suele tener una gran extensión porque siempre está destinada a ser una especie de estudio y exploración de un proceso dinámico determinado. V For Vendetta fue mi forma de explorar las dinámicas que poseen tanto el fascismo como la anarquía imbricados en el formato de una narración de fantasía y aventura. Watchmen fue una forma de explorar, entre otras cosas, las dinámicas del poder en un mundo post-Hiroshima. Con Lost Girls intenté buscar cómo podrían interactuar la guerra y el erotismo, este último bajo constante escrutinio. Por favor, entiéndeme, no quiero decir que todas estas exploraciones sean grandiosos hechos filosóficos: simplemente intento darle un nombre al proceso que las envuelve.

La idea germinal para From Hell fue sencillamente el asesinato, cualquiera de ellos. Se me ocurrió que el asesinato es algo que podemos encontrarnos en el extremo absoluto de los sucesos que nos acontecen a los humanos. Me llamó mucho la atención el hecho de que si explorásemos a un nivel más profundo la dinámica de un asesinato, al buscar todo aquello que se necesita para saber lo que es un asesinato podríamos encontrarnos con un tipo de información extrema y sin precedentes. Quizá predeciblemente, en un primer momento ni siquiera tuve que tener en cuenta los asesinatos de Whitechapel, sencillamente porque supuse que ya estarían quemados, agostados sin vitalidad o significado alguno debido a que habían sufrido un siglo de investigación y publicidad. Empecé partiendo de algunos homicidios más oscuros e inusuales, como por ejemplo el caso del Dr. Buck Ruxton (una especie de personaje a lo Lord Lucan de 1930 que asesinó a su esposa y a su niñera, pero que no logró la tan exitosa como necesaria desaparición posterior.)
Pero fue a finales de 1988, momento en el que empecé a sentirme asediado por una gran cantidad de material emitido por los medios que se centraba en el centenario de los asesinatos del Destripador, cuando empecé a entender que, primero, todavía existían formas de aprovechar los asesinatos de Whitechapel, teniendo en cuenta los retales de significado previamente inexplorados, y segundo, que la historia del Destripador disponía de todos aquellos elementos que necesitaba y que estaba buscando. Ambientados en una época fascinante y explosiva, en una rica ciudad que poseía leyenda, historia y relaciones sociales, el suceso rozaba de forma periférica a muchas personas e instituciones atractivas que podían proveer el tipo preciso de paisaje narrativo que estaba buscando. Verás, hasta cierto punto las periferias del asesinato, el mito, los rumores y el folklore asociados al suceso... siempre tienen un potencial fructífero y gratificante mucho mayor que si se llevase a cabo otro redundante estudio sobre los dificultosos hechos forenses centrados en el propio asesinato.

Puede que este enfoque tradicional nos diga quién es el culpable (que admito que es la más inmediata de las consideraciones prácticas), pero no nos desvelará qué es lo que ha ocurrido más allá de ese nivel obvio y maquinal. Para poder encontrar algo verdaderamente útil, tenemos que sumergirnos en el mito y en su significado, y para mí, los asesinatos de Whitechapel poseen un rico remanso mitopoético, por lo que de inmediato me pareció el lugar perfecto para irme de pesca.

En cuanto encontré el propósito y el territorio por donde iba a moverme me quedé satisfecho, así que procedí con la lectura preliminar del campo de juego. Con esto me refiero a que empecé a visitar y explorar en persona el terreno donde se produjeron los asesinatos, y además comencé a investigar los alrededores desde el punto de vista de la literatura que ya existía sobre el acontecimiento. He de decir que para ello realicé una amplia sesión de lectura y mapeado del evento a varios niveles, intentando tomar las distancias apropiadas.
Por ejemplo, tomé algunas notas seleccionadas de un número muy antiguo de The Fortean Times, en donde se les entregaba a un grupo de presuntos psíquicos unas fotografías de ganado mutilado y se les decía que las “leyesen” psíquicamente. Frases como “orejas cortadas... genitales mutilados... 888... líneas de fuerza en el suelo...” me parecieron resonantes, así como un artículo en otro número del Fortean Times en el que uno de sus escritores, posiblemente Matt Hoffman en su columna sobre la América arcana, trazaba los paralelismos que existían entre las inexplicables mutilaciones de ganado y los crímenes violentos contra mujeres de la misma época. Obviamente estos recortes nunca encontraron sitio en el From Hell finalizado, pero formaron parte de mi impresión mental sobre los eventos ocurridos en Whitechapel: una especie de confuso mapa en baja definición que parecía visto a través de un velo en donde, sin embargo, podían atisbarse ciertos rasgos prominentes del paisaje simbólico. Ríos de teoría. Puntos cruciales conjeturados y líneas maestras de asociaciones.

Este mapeado inicial me permitió entrever en detalle un destello de todo el territorio que iba a intentar abarcar. Podía ver qué rasgos del paisaje parecían ser los más significativos y prometedores, incluso aunque no pudiese suministrar un análisis preciso hasta el punto de poder decir por qué me parecían tan prometedores con demasiada exactitud. Las teorías matemáticas de C. Howard Hinton, hijo del amigo de Gull, James Hinton, también me parecieron muy prometedoras. La lectura de Londres inspirada en Iain Sinclair como una constelación mítica e histórica parecía prometedora. Las teorías masónicas del fallecido Stephen Knight, fuesen o no verdad, parecían inaugurar territorios fascinantes en el folklore popular. El concepto masónico sobre el Universo, sobre el espacio-tiempo, como un áspero y sólido bloque que estaba labrado por el Gran Arquitecto y que había dejado que a continuación sus sirvientes mortales, los Artífices Dionisíacos y los Francmasones, acabaran el trabajo, bueno, eso parecía encajar como un guante con todo lo demás. La concepción de Hitler durante 1888 también me pareció algo que despedía algunos ecos. Las nociones matriarcales y patriarcales de mito e historia llegaron a través de una lectura intuitiva del “London Pentacle”, tal y como describíamos en el cuarto capítulo, filtrado todo ello por las intuiciones de Robert Graves.

Básicamente lo que intento decir es que, sí, claro que tuve que darle costosamente forma a todo en mi cabeza, embutiendo en ella muchos de los detalles antes de comenzar. Por ejemplo, para el segundo capítulo ya estaba aposentada firmemente la parte de 
Peter Sutcliffe el-Monstruoso-Destripador-de-Halifax-Que-Asesina-En-Los-Páramos que se podía ver en el último capítulo. Sin embargo, no encontré la visión infantil de la cabeza flotante que le asaltaba a Ian Brady hasta mucho más tarde. Cuando hice que Gull reflexionara en voz alta sobre la familiaridad que le producía el nombre “Brady Street” durante el primer asesinato, sabía que tendría que hacer alusión a ella, pero no era consciente de que finalmente lo haría conmemorando el nombre de la compañera de Brady, Myra Hindley, en el exterior de la fábrica de sacos, lugar donde tenía lugar el tercer asesinato. Sabía que la última frase de la serie sería la que dijo Robert Lee: “Creo que va a haber otra guerra,” pero no decidí utilizar el cuadro “Wild Hunt” pintado por Von Stuck y dibujado con el rostro adulto de Adolf Hitler superpuesto sobre el del dios Odin en 1889, el año del nacimiento de Hitler, hasta un mes antes de que el último capítulo partiese hacia la imprenta. Sabía que Netley moriría antes de que concluyera la serie y que esos obeliscos eran, de algún modo, muy importantes para la simbología que aparecía en la historia, pero en ese punto aún no había encontrado toda esa mierda maravillosa sobre el coche que colisionaba contra un obelisco y que hacía que se derramasen sus sesos sobre los adoquines. 
Lo importante es que si el primer nivel es lo suficientemente correcto y perspicaz, de alguna forma cualquier pequeño detalle que se desentierre después de una investigación más detallada estará obligado a encajar con el todo. De todas formas suelo operar de esta forma. En cuanto a mi tono auto-despreciativo en los apéndices no fue tanto una cuestión de modestia como un brusco intento de disculparme por haber hecho una mierda descuidada y un trabajo tan poco profesional. Quiero decir: “creo que he leído esto en algún libro, pero no puedo recordar en cuál ha sido, y tampoco me voy a molestar en buscarlo” difícilmente puede ser el estándar de reportaje de investigación con el que se podría promocionar “From Hell”, ¿no es cierto? Y que algo no se haya hecho con anterioridad en los cómics, realmente no es una excusa para realizar un trabajo descuidado. Creo que no hay nada malo en intentar demostrar algo. Algunas veces uno necesita algo bajo lo que poder esconderse.

Con eso y con todo, probablemente estés en lo cierto y puede que haya sido muy duro conmigo mismo. Al menos esta vez no me he olvidado de describir cómo es la cabeza del personaje principal.

Dave Sim
Considerando nuestra compartida predisposición -y las muchas razones de las que disponemos para sostener esta conversación- que a menudo suele obviar a algún otro que “pueda darnos una opinión diferente” sobre una cosa determinada, anotaré que me divirtió un montón leer la viñeta en la que el diálogo de Abberline es: “Todas las cosas que nunca vas a conseguir. Todas las cosas que nunca vas a resolver.” Sin duda, el mucho más maligno Eddie Campbell (realmente DEBERÍAMOS detenerlo de una vez) ofrecería su propio refuerzo creativo para que esa frase dispusiera de dos niveles de significado. Sin duda también podríamos intentar encontrar un lugar de retiro seguro para que la extraña y perdida “cabeza de Abberline” (en la primera edición del décimo volumen) pudiera ocultarse. De todos modos, mi favorita personal es la categoría de “dobles sentidos” que aparece en el cuarto capítulo, octava página, en la que Gull informa a Netley de que “Las mujeres tuvieron una vez el poder: en las cuevas la vida giraba en su entorno...”, etcéra. Eddie rotuló claramente “Back como Balk”, obstaculizando la opinión expresada 
(sobre el cerdo sexismo) por el personaje al añadir un trazo de la pluma que convertía la L en una C
“Para poder encontrar algo realmente útil, deberíamos sumergirnos en el mito y en su significado”. Estoy de acuerdo. Pero millones no lo estarán. Cuando me reuní contigo en 1988 estabas empezando a recolectar por primera vez el material de From Hell, y recuerdo que pensé cuán... generoso eras en tu forma de discurrir, considerando que en la misma habitación había dos guionistas más (el otro era Jaime Delano). Al contrario, yo era completamente tacaño al ofrecer mi discurso. Me encontraba en el tramo final del primer tomo de “Jaka´s Story” y mentalmente estaba diseñando lo que al final se convertiría en “Reads”. Mi forma personal de insertar varios niveles de mapeado (a propósito, buena forma de llamarlo), consistió en tomar el mejor afluente de pensamiento que existiese sobre la naturaleza del Big-Bang, basándome en los datos que se podían encontrar en el áspero material de Stephen Hawkings. A partir de ese punto empecé a modelar un mito creacionista que se adaptara a los datos de los que disponía. Como te estarás imaginando, hice libre uso de tu intuitiva frase “todas las historias son ciertas”, y de hecho, me gratificó mucho que me dijeses que el mito creacionista en cierto sentido te sorprendió tanto como si te hubiese ofrecido una de las experiencias más cercanas a lo místico que hubieses tenido alguna vez a través de un medio impreso. De todas formas, en un primer nivel de percepción, creo que todos aquellos que nos sentimos inclinados a observar ese “nivel de mapeado” simplemente estamos intentando hablar para otros, ¿no es cierto? Cogemos lo que nos interesa en realidad, lo esculpimos amorosamente hasta dejarlo pulido, para luego encajarlo en algún otro lugar con el fin de no violar el disfrute y placer de nuestros mayores... lectores que interpretarán la obra de forma literal como los de The Comics Journal, etc, etc. Neil lo hizo en Sandman, yo he intentado hacerlo en Cerebus, tú lo haces en tu propio trabajo. ¿Sabes a lo que me refiero? Y también sé reírme de mí mismo: “espera a que Neil vea esto”, o “Alan, esto te va a encantar.”

El período de gestación del arco “Reads” es un espejo de tu experiencia con From Hell. Cada pequeña golosina con la que me iba topando (o la mayoría de ellas) tan sólo parecían encajar en su sitio cuando terminé rematando la obra.

Recuerdo que te pregunté (ya que eres la única persona que he conocido que piensa las cosas como yo suelo hacerlo, además de que tenía “Reads” muy presente cuando formulé la pregunta) ¿Alguna vez te ha preocupado de que estemos haciendo estas cosas al servicio de algo que nos horrorizaría completamente si descubriésemos lo que es? Ya sabes, que sea algo tan ampliamente despectivo como en esa canción de Dylan, “Christian kick”, en la que canta: “Será al diablo o será al Señor, pero vas a tener que estar al servicio de alguno de los dos.” Parece traernos una especie de eco de... ¿podríamos llamarlo malestar?

Aquella vez tu respuesta fue (tal y como la recuerdo): “le he dado vueltas y he decidido que mientras haga una buena historia, eso será lo más importante.” Por eso decidí que si esa respuesta era lo suficientemente buena para Alan Moore, también lo podía ser para mí. Así que bien podrías aprestarte a fumar un buen porro en las profundidades del infierno, que yo te lo encendería.

Antes de que nos adentremos aún más en las características de From Hell, me preguntaba si habías llegado a reconsiderar tu postura desde entonces y si alguna vez has encontrado alguna sincronicidad preocupante en algunos de los pequeños detalles enlazados a la escritura de From Hell que pudieses debatir en estas líneas.
Alan Moore

Bueno, Dave, 
para un hombre que profesa culto a una serpiente esa parece una pregunta muy infernal a la que responder.

Supongo que debería decir que para cualquiera que haya tenido o haya creído tener una experiencia paranormal, la terrorífica reacción de cagarse en los pantalones resulta bastante normal, así como lo será para todo tipo de ansiedad espiritual confusa y sin ningún tipo de sentido alumbrada por vestigios religiosos, cualesquiera que sean con los que nos hayan educado; o los provocados por las novelas ocultistas de Dennis Wheatley que se nos ocurrió leer durante nuestra época de estudiante. Así que volviendo a los comienzos, cuando estaba realizando mis primeras investigaciones para esta obra claro que tuve mis momentos, por ejemplo en aquella ocasión en la que me encontré dominado por una terrible penitencia faustiana: “Víboras y culebras, dejadme respirar... ¡o tendré que quemar todos mis libros!” Como decía, fue algo que ocurrió al principio. Sin embargo, cuanto más exploraba todas esas ideas, más evidente me parecía que conceptos como “bondad” y “maldad” no significaban nada más allá de un nivel netamente humano. Si subiésemos a otro nivel, incluso creo que cosas como la consciencia tampoco tendrían ningún sentido. Adéntrate más allá y no habrá nada reconocible por alguien con armazón humano.

Si tuviese que explicar lo que creo a partir de un modelo físico, debería decir que en el núcleo de las cosas existe una radiante singularidad creativa e interminable, hermafrodita y dichosa, que bien se podría nombrar como Dios absoluto. Esa es la fuente de luz en el lienzo de la existencia. Luego dicha luz se polariza en dos frecuencias diferentes: una se podría llamar “Dios considerada en femenino” (o en negro, o en negativo... esos términos no significan nada que podamos mantener en el nivel material, ni tampoco tienen nada que ver con el género, el color, o con los valores de diferencia) y el otro podría llamarse “Dios considerado en masculino.”

A continuación la luz golpea contra algo a lo que metáforicamente podríamos referirnos como prisma. Los estudiantes de la Cábala preferirán llamarlo el Abismo. Visto bajo los términos de la física moderna te lo puedes imaginar como el perímetro curvado del espacio/ tiempo. Cuando la luz blanca golpea contra el prisma se disgrega en un espectro lleno de entidades: Dios en plural, Demonios, quimeras, ángeles, hadas, alienígenas grisáceos... una pluralidad de colores y fuerzas espirituales a las que le ponemos nombre, le damos imagen o identidad. Según esa reacción se va propagando más allá de su fuente de origen, parece perder velocidad o coagularse, o quizá espesarse de alguna forma hasta que, en los extremos más alejados, nos encontramos con la materia física. Todo lo que se encuentre dentro de ese continuo es una refracción de la única fuente de luz originaria. Tal y como se encuentran desplegadas, nunca podríamos ser capaces de percibir aquellas entidades sobre las que tradicionalmente pensamos como “la otredad” (porque existen en una frecuencia mayor). La Maldad y la Bondad realmente no entran en esta ecuación. En mi esquema del Universo, realmente no puede haber nada que no sea definitivamente Dios. O en el caso de la Maldad, que sea Dios cuando está borracho, como apuntó genialmente un gran hombre.

De todos modos, aunque esto te pueda haber esclarecido un poco la estructura completa de la existencia, será mejor que volvamos sobre el tema de que en realidad todos nosotros escribimos para los demás. En un principio es muy cierto. Pero a nivel técnico, si hablamos en términos de narrativa en el cómic, cuando conseguimos algo inteligente sabemos que sólo va a haber unas cuantas personas lo suficientemente perceptivas que nos puedan recordar lo intrincada que parece la narrativa y que puedan apreciar completamente la jodida investigación que hemos realizado para llevarla a cabo.
Por otra parte me gustaría admitir que durante los últimos tiempos también he tenido esa frecuente sensación de “espera a que Neil o Dave o quien sea vea lo que he hecho”. Cada vez más, la persona para la que escribo es para ese amigo imaginario en plan escritor incipiente, el lector que sabe suponer las cosas. Siento la necesidad de intentar afilar o hacer evolucionar mi trabajo hacia un mayor nivel de profundidad con el fin de intimar con ese lector, lo cuál no significa que seamos amigos. La intimidad no siempre es un lugar confortable. Supongo que lo que quiero decir es que simplemente quiero extender mi alcance y darle más potencia aún a mi obra. Con “extender mi alcance” no me refiero a que esté deseando que haya más gente que lea mi obra o que quiera vender más copias de mis tomos, sino que simplemente me gustaría que la gente que se expone a mi trabajo sienta que llega más lejos leyéndolo que donde había llegado anteriormente con otra obra parecida.

Es posible que tan vana intentona requiera dar un paso mayor que el meramente técnico, uno que sea mucho más intuitivo y basado en las sensaciones (lo siento, Dave) que el que se basa en lo racional, en lo lógico y en las habilidades de las que disponemos. Por supuesto, cada onza de esa preciosa racionalidad y técnica son necesarias para anclar todas esas intuciones en forma de material legible, pero si quiero alcanzar las profundas áreas humanas a las que aspiro llegar, de algún modo debería intentar trascender las necesidades racionales. Lo que intento decir tan confusamente es que actualmente estoy intentando traspasar lo que dramáticamente podríamos llamar la cuarta pared... la que existe entre el público y la historia... y establecer una gloriosa relación cara a cara con el lector, o con el oyente en el caso de los dos CD´s de performance que he grabado. En la actualidad casi preferiría que nadie reconociese mis florituras técnicas, ya que si son capaces de hacerlo, hasta cierto punto no habrán funcionado, haciendo el trabajo de afectar al lector desde una distancia sutil e imperceptible.


En cuanto a mi interminable, compulsivo y abundante fanfarroneo sobre lo que estoy haciendo en un momento dado, no temo que se convierta en una gran fuente de preocupación. Si en algún momento la gente se hubiese enterado de que estaba planeando algo de cerca de las cuatrocientas páginas que examinaba a fondo los asesinatos de Whitechapel con gruesos apéndices y una exhaustiva investigación añadida, y luego decidiesen que iban a intentar sobrepasarme pero terminaban haciendo algo muy parecido, entonces francamente, lo que sea que marchase mal en ellos sería mucho peor que lo que sea que marcha mal en mí. Me descubro ante ellos y les deseo la mejor de las suertes a esos pobres, miserables y condenados bastardos.


(Continuará)

5 comentarios:

PAblo dijo...

Te superas con tus traducciones compañero. ;-D

Espero las próximas entradas con impaciencia. Ésta la enlazo desde ya.

Impacientes Saludos.

Anónimo dijo...

yo también voy a enlazarte.Impresionante entrevista

David dijo...

A ver si saco tiempo para leer esto.
Y pensar que no te gustan los Fab (ja,ja).

Experimento 626 dijo...

dejo esto, es el cuadro del que habla Moore: la caza salvaje

http://3.bp.blogspot.com/_BKAyBIkuY5c/TLwQqG6dKSI/AAAAAAAAAyM/QXuXaPIdVwQ/s1600/Franz+von+Stuck+-+Wild+chase+%28Die+wilde+jagd%29+1889.jpg

frog2000 dijo...

Gracias por la imagen, la añado, ¡Saludos!