miércoles, 30 de julio de 2014

¿CÓMICS O COMIX?, por Jaxon, miembro de Rip Off Press (2 de 5)

Artículo aparecido en Blab nº 4 (1989). Traducido por Frog2000. Parte 1.

Y cada vez más, grandes artistas con cosas tremendamente divertidas que decir se unirán a las filas de la resistencia y tratarán de hacer lo que la industria, con todas sus gigantescas tiradas, sus conocimientos técnicos y su vasta red de distribución, debería estar haciendo. Llegará un día en el que la industria, como un marido cornudo, se despertará y se encontrará la cama vacía. En ocasiones me atormento pensando que es posible que a alguien de la industria le gustaría aceptar algo nuevo, excepto que nadie (con muy raras excepciones) ha tenido la suficiente fe en su visión como para apostar por ello. Si ese es el caso, las cosas están increíblemente mal. Significa que todo esto se está tambaleando al borde del colapso y que entonces sólo es cuestión de tiempo.

En contraste con los oscuros presagios sobre su salud rumoreados por nuestro gran hermano, he de decir que los comix proliferan vigorosamente y sin mostrar los signos de la recesión que nos rodea. Quizá algunos escépticos atribuyan esa prosperidad al hecho de que estamos funcionando en un estado de depresión aguda desde nuestra mismísima concepción. Sin embargo, ahora mismo hay más editoriales de comix que nunca, y todas están teniendo éxito más allá de lo previsto y de lo que parecía probable. The Print Mint, Rip Off Press, San Francisco Comic Book Company, Last Gasp Eco-Funnies y Krupp Comic Works (ahora Kitchen Sink Press) son las más importantes. Es más, hemos empezado a acumular medios de producción y adquirido equipo más sofisticado y mejores habilidades a cada nuevo paso. Finalmente llegaremos a poseer los medios necesarios y empezaremos a operar en cada fase de la creación, producción y distribución  de nuestro títulos, sin depender de fuerza exterior alguna que pueda presumir de controlarnos o contener nuestra energía. Hasta la fecha hemos producido interiores a color, en 3-D, tomos más gruesos y hace poco la primera portada con separación de fotolitos. Tengo que concedértelo, para los estándares de la industria todo esto son viejos trucos, pero considerando que esas técnicas las hemos aprendido por nuestra cuenta, los avances que hemos realizado durante los dos últimos años son dignos de elogio.
Aparte de estos aspectos técnicos de la producción, estamos intentando explorar tantas ideas bajo la amplia rúbrica del comix como se nos ocurran. Para empezar, los undergrounds reflejan la fantasmagoría visual que poseía el fenómeno de los pósters psicodélicos, enfatizando las extravagancias abstractas que no suelen verse muy a menudo en los cómics desde principios del S. XX. Junto con este elemento principalmente no narrativo, el enfoque del estilo ha sido el trabajo más destacado de algunos dibujantes que han empleado la narrativa gráfica de una forma desconocida e impensable para los antiguos términos de lo “que resulta apropiado” en los cómics. Puede que las historias no fuesen demasiado sustanciosas, o por lo menos no tenían mucho sentido, quizá eran palabrería cuyo único propósito era describir fantasías apocalípticas y sexuales de forma totalmente incomprensible para alguien que se encontraba en un estado normal de consciencia. Pero para la capacidad narrativa y artística de un único dibujante, también suponían disponer de un extraño don, aunque todos los grandes dibujantes de las tiras suelen combinar varias capacidades. Se ha criticado que esta podría ser la mayor debilidad de muchos de los títulos underground, particularmente en sus orígenes. La mayoría de los dibujantes de cómics admiten fácilmente que primero son dibujantes, y luego guionistas. Con algunos de ellos ocurre todo lo contrario, dibujan porque tienen una historia que contar y no han encontrado a nadie que lo haga por ellos. Creo que las dos orientaciones son igual de llamativas y que cualquiera que dude del lugar que ocupa un dibujante que se basa principalmente en los dibujos deslumbrantes para mostrar sus ideas, debería examinar muchas de las primeras entregas de los dominicales de los periódicos donde han prevalecido tendencias parecidas: las viñetas se convierten en un caos, enlazándose entre sí a base de breves diálogos graciosos y con un total e integral desprecio por los lugares comunes, como bien se puede comprobar en modernas tiras de  "soap opera" como “The Heart of Julieta Jones”.

Muchos de los historietistas de los comix fueron y aún siguen estando profundamente afectados por la tradición de la E.C. de principios de los cincuenta, donde los poderosos dibujos se combinaban con una historia coherente, y varios de nuestros títulos se han dedicado a llevar ese género un paso más allá. Muchos proyectos de terror, ciencia ficción y fantasía han sido bellamente desarrollados al estilo E.C. Aquí es donde el guión supone algo indudablemente crucial para el éxito de la tira, y muchos de los dibujantes que se han interesado por esos géneros se han apresurado a colaborar con guionistas.
Soy plenamente consciente de que ahora es una práctica común descartar el fenómeno del comix como nada más que un muestrario de perversiones sexuales y fantasías enfermizas. Pero creo que el próximo año será testigo de la aparición de varios títulos que no dejarán que estos agoreros que tan fácilmente desacreditan la sinceridad y las habilidades de los comix, lo puedan hacer tan fácilmente con títulos que abordan temáticas que siguen las de la tradición de la E.C. Up from the Deep, Fantagor, Skull y Slow Death son los primeros títulos que posiblemente marcarán el comienzo de una nueva era que no se había visto desde los primeros cincuenta. Si los lectores seguirán dicha corriente o no es algo que aún está por ver, pero por lo menos tendrán la oportunidad de entregar su dinero a alguien que ha puesto su corazón en ello. En contraste con la forma en la que funciona la industria, cada uno de nuestros títulos supone una experiencia totalmente nueva que no se preocupa de perpetuar ningún concepto anterior en particular. Ciertos temas como la guerra, la ecología, la religión, las alternativas culturales, etc, se repiten, pero como principalmente nos vemos como experimentadores, tampoco permitimos que nuestra obra siga la estela de ninguna fórmula preconcebida.

Muchas personas jóvenes de la cultura metidas en política han criticado los comix porque no nos dedicamos por completo a propagar políticas radicales. Para nosotros existen demasiados niveles de realidad como para quedarnos atrapados en las espirales dogmáticas de nadie. Principalmente considero que el arte de la persuasión es tan sutil y escurridizo como los colores de un camaleón. Quizá la forma más efectiva de insuflar valores culturales y de tener la oportunidad de que exista un cambio social no siempre pase por escoger la opción más obvia. Por ejemplo, algunos historietistas han explorado el romance en los comix con notables resultados y otros han hecho esencialmente comix nostálgicos que tienen mucho que ver con los de los cincuenta.

Alguien podría pensar que dejando a un lado todos estos puntos focales que el comix ha redescubierto o en el que es pionero, la industria del cómic profesional podría haber obtenido alguna pista sobre lo que el público tiene en mente, al menos entre los post-adolescentes, pero continúan reproduciendo mecánicamente sus títulos protagonizados por superhéroes castrados y de “terror” descafeinado. Sería ideal que la industria se animase a explorar las nuevas tendencias, incluso hasta el punto de trabajar con sus radicales vástagos mediante contratos subsidiarios, al igual que hace la industria discográfica, teniendo de esa forma acceso inmediato a las evoluciones más populares que se suelen intentar promover directamente una vez que la popularidad de cualquier medio de expresión particular ha logrado cierto grado de éxito. Quizá así se salvarían de tener que maniobrar y tratar con su torpe ingenio para abrazar lo que les gustaría pensar que es “lo nuevo”, tan sólo para darse cuenta demasiado tarde de que lo que tienen entre manos es toda una bomba. La industria no puede cambiar los gustos de lectura del público. Tan sólo puede responder a su demanda, y para hacerlo primero tienen que conocer lo que quiere el público. Si no lo conocen, difícilmente se tomarán la molestia de salir a buscarlo con cierta esperanza de alcanzar el éxito.
Esto me lleva a discutir ciertos conceptos erróneos de la industria sobre los dibujantes underground y sus objetivos. Trataré de hacer frente a algunos de los falsos conceptos más significativos. Otros tan sólo puedo mencionarlos e ignorarlos rápidamente con desprecio (las espurias acusaciones acerca de que somos pervertidos iletrados que deseamos destruir los cómics, ensuciar el medio, de que somos socialmente irresponsables, que los dibujantes de comix sólo pueden enorgullecerse a un nivel técnico de funcionar con la misma maestría práctica de maestros como Barks, Eisner, Gould, Fine, Raymond, Frazetta, Ingels, Hogarth, Kubert, Foster, Kurtzman, Wolverton, Meskin, Cole, Sterrit, Kirby, Toth, Everett, etc, por no mencionar un más amplio “scope” histórico del dibujo, Goya, Rembrandt, Bruegel, Klee, Doré, Dulac, Pyle, Wyeth, Nast, Busch, etc) Podría argumentar de forma interminable que nuestro propósito no es crear o abastecer el mercado de sexo y violencia, sino que simplemente reflejamos la sociedad que nos rodea, y sólo reflejamos dos elementos inextricablemente incrustados en el tejido del Universo, y lo presentamos en su mayor parte a base de “magníficas obras de arte”. Incluso podría darse el caso de que en lugar de estar echando por tierra el buen nombre de los cómics, en realidad seamos una de las pocas fuerzas que hacen avanzar y defienden la gloriosa tradición del medio. Que es la industria, no nosotros, quién está haciendo las cosas de forma equivocada.

Pero fijarse en estos aspectos abstractos de los cómics es como argumentar sobre la religión. Ambos posicionamientos son más obstinados y fanáticos que cuando empezaron. Sólo el tiempo podrá revelar quién está más cerca de poseer la verdad, y yo me contento con someter las reclamaciones de los comix al paso del tiempo, porque el tiempo está de nuestra parte.

(Continuará)

jueves, 24 de julio de 2014

RUTA 66, NÚMERO CIENTO NUEVE


RUTA 66, NÚMERO CIENTO NUEVE (Septiembre, 1995)
AQUI

"El sonido gótico de la Nico de "Marble Index" o "Desertshore" está también muy relacionado con tu disco, y es curioso porque no se trata de un personaje que parezca inspirar mucho a nadie.

No estoy segura si la influencia concreta proviene de Nico o de John Cale. Ella fue una de las primeras que interpretó canciones oscuras, lejos de los convencionalismos a los que estaban sometidas la mayoría de las mujeres en el pop. En cierto modo sí, es una influencia. Utilizo un armonio en el disco y supongo que eso hace que algunas canciones recuerden a Nico. Lo gracioso es que cuando la escuché por primera vez deseé poder crear un sonido como el suyo; sin embargo, terminé usando el armonio porqué encontré uno abandonado no hace mucho. 

Kurt Weill es otra clara fuente de inspiración en el disco.

Él sí es una referencia obligatoria en lo que hago. Me gusta mucho su música. Mis gustos musicales no se limitaron al rock, y tampoco soy una persona que analice sus gustos. En el caso de Weill me atrae la fuerza de sus composiciones. Me he esforzado en no prestar ninguna atención a lo que ocurre últimamente en el rock, demasiado consumista todo; prefiero escuchar cosas de los setenta como Can, Faust, Eno, Brian Wilson, Hawkind, June Tabor, y también música del oriente medio, algo que también estoy estudiando actualmente."

Rafa Cervera entrevista a Kendra Smith a propósito de la edición del estupendo "Five Ways Of Disappearing" en este número 109 de Ruta 66.

miércoles, 23 de julio de 2014

BASSHOLES - BROKER CHAMBER MUSIC


Bassholes – Broke Chamber Music (Early Singles And Unreleased 1992-1994) (Secret Keeper Records, 2004)

1-98 In The Shade
2-Cigarette Blues
3-Wooden Tit
4-Little Rug Bug
5-Jelly Belly
6-John Henry
7-Melody For An Unchained Girl
8-20-20 Vision
9-Hokey Pokey
10-Haunted Hill
11-Red Leaves
12-Cockroach Blues
13-Then Again, No
14-Pneumonia
15-Frankie And Albert
16-Lion's Share
17-Hey O.J.
18-Jesus Book
19-Baby Go
20-(She Said I Had A) Problem
21-Hell Blues
22-Changes Had To Come
23-Call Me Green (I'm A Schizophrene)

AQUI.

lunes, 21 de julio de 2014

¿CÓMICS O COMIX?, por Jaxon, miembro de Rip Off Press (1 de 5)

Artículo de Blab nº 4 (1989). Traducido por Frog2000.

Nota del editor: la primera parte de este artículo se escribió en 1971, durante el auge del fenómeno de los comix underground. Apareció en una pequeña publicación impresa de la época titulada “Infinity” que cerró sus puertas después de media docena números. Visto por pocos, recordado por algunos, decidimos recuperar el ensayo y darle la exposición que dignamente se merece. Jaxon ha dejado la mayor parte del texto original intacto, realizando tan sólo algunos cambios menores por requerimiento de los editores, además de aportar un complemento compuesto por un artículo que ha escrito durante el invierno de 1988, justo a continuación del original. En su intento de contrastar la etiqueta del comix underground con la de los cómics, estos dos ensayos quizá sean lo mejor que se ha escrito nunca sobre el tema.

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El término "comix underground" es bastante desafortunado. Sin embargo, aquellos de nosotros que trabajamos en la industria del comix nos hemos quedado atrapados en él, por lo que vamos a tener que esforzarnos utilizándolo lo mejor posible hasta que los divulgadores de lo novedoso y los responsables de las categorías se les ocurra otro término para los cómics underground más cercano a los conceptos acuñados por los padres fundadores del medio, que también son los de la industria del cómic oficial. Personalmente, cuando se habla de esta tendencia revitalizadora de la "tira humorística" prefiero la sencilla denominación de "comix". Carece de algunas connotaciones que a ojos de nuestros lectores potenciales (y quizá también a nuestros propios ojos) perjudican la sinceridad del movimiento. De alguna forma, a todo aquel que cree formar parte del underground le puede parecer un término incluso glamuroso. Después de todo, tradicionalmente en los países ocupados las redes del underground revisten un honorable sentido de resistencia ante la opresión. Sin embargo, y siendo realistas, nosotros no somos personas cautivas, excepto en la medida en que lo esté nuestra mente o les permitamos a otros detentar ese privilegio. Mientras tanto, conducimos nuestro negocio de la misma forma mundana que otros empeños comerciales. Aunque eso sí, quizá sea la política más inteligente, porque tal y como dicen los Boy Scouts: "siempre tienes que estar preparado", pero ahora mismo somos libres de llevar a cabo nuestro trabajo en un mercado libre, y sólo un obstinado paranoico podría insistir en dejar apostado un guardia armado a las puertas de la imprenta. 

En lo que a mí respecta, supongo que el verdadero peligro que amenaza la vitalidad de los comix podría ser su explotación comercial por parte de personas que no son capaces de entender lo que estamos haciendo y que los ven como una oportunidad de sacarse unos pavos rápidamente, otra moda de la que sacar provecho. Ese fue el destino de la gran “travesía” de los pósters, otra de las innovaciones surgidas en el seno del underground
Como le ocurre a mucha otra gente de la contracultura, no temo que las fuerzas de la uniformidad, sea bajo la guisa de la ley y el orden o bajo la sencilla amenaza de la represalia económica, puedan detener la actual y galopante marea de libre expresión de los comix. Tampoco temo las consecuencias que podría tener la aparición de otro desinformado Dr. Fredric Wertham que denunciase la satánica influencia de los comix. Por un lado, llevamos viendo veinte años de cómics "más limpios" en este país, y las cosas que el buen doctor afirmó que se debían rectificar y que como consecuencia instigaron un código para los cómics, han evolucionado en algo mucho peor. El Dr. Wertham estaba preocupado con la idea de que "lo que vemos, podamos imitarlo", asumiendo que porque una historia de un cómic describiese asesinatos cometidos a hachazos, todo el mundo saldría a la calle a asesinar a alguien con un hacha... pero con la misma facilidad también se le podría haber ocurrido todo lo contrario: que al observar los hechos reflejados en todo su asqueroso detalle, ¡esa fantasía indulgente podría disuadir a cualquiera de cometer un verdadero crimen! Es bastante conocido que la mayoría de las medidas terapéuticas están diseñadas sin otro propósito en mente que ayudar a la gente "enferma" a representar sus fantasías, y de ese modo convertirlas en algo inocuo. Los psicólogos de hoy en día están mucho mejor preparados para comprender la naturaleza explosiva provocada por las fantasías reprimidas que el Dr. Wertham. Ese tío estaba equivocado. Creo que el editor de Mad, William M. Gaines, se dio cuenta, porque era un hombre adelantado a su tiempo, pero no tuvo los medios necesarios para poder superar la mentalidad de caza de brujas de Wertham y sus esbirros. Ahora, a comienzos de los setenta, los que estamos en el underground nos encontramos en otra posición, jugamos a una escala que se adapta completamente a nuestras necesidades.

Incluso si en algún momento un organismo de control del pensamiento decidiese actuar con "mano dura" contra los comix, tengo confianza en que el medio desde el que creamos nuestras ilusiones seguirá existiendo y prosperando, siempre y cuando existan espíritus libres, porque la libertad de expresión es tan fundamental en la naturaleza de los cómics como la propia democracia. Ese es el motivo por el que el medio de los cómics ha brotado y florecido en un país donde celebrar la libertad siempre ha sido toda una tradición, y la razón de que sufra mucho más en los períodos de crisis del proceso democrático, proceso a través del que los hombres libres se relacionan entre ellos.

Creo que los cómics son una institución de la sociedad libre tan esencial como, por así decirlo, sagrada. Sagrada por su profundo carácter profano, por su habilidad para despertarnos, engatusarnos, involucrarnos, atropellarnos, para a continuación resurgir por nuestros propios medios. Muchos americanos sienten lo mismo y se sienten protectores con el medio, porque se dan ligeramente cuenta de que es un reflejo de las profundas corrientes que surcan nuestra sociedad. Naturalmente, no hay mucha gente que confiese tomárselos tan en serio, y así es como debería ser. Una de las características más bellas del medio es su habilidad para funcionar a varios niveles de percepción de forma simultánea (mientras se les resta importancia como si "sólo fuesen material para críos", los cómics pueden llevar envasado en su interior el mismo batacazo que te podría proporcionar una lobotomización, .)
Mientras nos sigamos manteniendo fieles a los deseos y necesidades de nuestro público, no veo cómo nosotros o cualquier otro movimiento auto-sostenido mediante la libre expresión podría ser suprimido con eficacia. Lo cierto es que la gente no consume las "dominicales" con la opresión en mente. Quizá un cómic pueda sugerirles aburrimiento, pero nunca opresión. La opresión sólo despierta el anhelo de consumir más productos surgidos de la imaginación de los historietistas, y allá donde algunos cómics la padecen hasta el punto de haberse convertido en algo inane, vacío y "correcto", han surgido otros para ocupar su lugar que han continuado estimulando la imaginación de las personas. Estoy completamente convencido de que la gente sin libertad y con un nivel de tecnología rudimentario podría quedarse completamente satisfecha sin su ración de cómics habitual. Por su parte, las personas libres tienen esperanzas, miedos, sueños, fantasías y tabúes que les gustaría que no se extinguiesen, y ese es el tradicional papel que le corresponde a los cómics, complacer las fantasías de la gente. Si alguna vez te encuentras con una cultura sin cómics, puede que también te topes con personas apresadas firmemente bajo el yugo de la tiranía. Pero incluso entonces es probable que veas graffitis en las paredes mostrando el estado de humor del hombre oprimido.

Siendo ese el caso, ¿cómo es posible que los cómics americanos consolidados se enfrenten a un terrible declive económico y creativo? ¿Por qué se hunden las ventas y los nuevos títulos fallecen nada más nacer? ¿Por qué las dominicales de los periódicos son cada vez más y más pequeñas cuando una vez fueron el eje principal del esquema de publicación de cualquiera de los constructores de imperios, hasta el punto de que la marcha de uno sólo de los artistas de un "Syndicate" podía hacer temblar al mismísimo Hearst? ¿Por qué el mercado adulto, que una vez supuso la mayor base económica del reino del cómic, ha perecido a ojos de la industria? ¿Y por qué, de forma simultánea a la agonía que sufre la industria del cómic, los comix underground están prosperando y afrontando posibilidades con un futuro que parece ilimitado?

Creo que el declive comenzó allá por 1954, cuando la industria del comic book se inclinó humildemente ante la estupidez de un subcomité del Senado y se ató de pies y manos con un "Código" que no le ofrecía a los artistas posibilidad alguna de comunicar nada significativo sobre el mundo real. Leed alguna vez el [Comics] "Code". Consigue que el más pío de los catecismos parezca blando en comparación. Cómo llegó a pensar la industria que sería capaz de cumplir con el "Comics Code" y producir algo que se acercase vagamente a la tradición de humor visual tal y como ha ido evolucionando en este país, es algo que me sigue resultando todo un misterio. Fue la mayor capitulación de la libertad creativa, voluntaria o de otra forma, que soy capaz de recordar en nuestra historia reciente. Y ocurrió en nuestro país: seguimos apegados al mismo código con cambios mínimos. No es de extrañar que la juventud americana, alimentada en la tradición de hombres que hablan con frases enérgicas como: "no sé qué camino tomarán otros, pero por lo que a mí respecta dadme libertad o dadme muerte", hayan vuelto la espalda a los cómics. Tampoco sé lo que sentirán sobre el Código muchas de las personas que trabajan en los cómics comerciales, pero a CUALQUIERA que le preocupe el papel que han ejercido los cómics durante los terremotos culturales que se han producido en nuestra sociedad en los últimos veinte años, debería empezar a elevar fuertemente la voz a favor del cambio. Hasta que lo haga, nosotros seguiremos armando un buen lío apostados en el exterior.

(Continuará)

miércoles, 16 de julio de 2014

A BURNING BUSH - AS I WENT OUT ONE MORNING 7"


Burning Bush - As I Went Out One Morning 7"
(A Fistful Of Records, 2006)

A-As I Went Out One Morning
B1-Coming Down
B2-Hell's Angel

AQUI.

*** A Burning Bush - Anti 7"

martes, 15 de julio de 2014

LA ENTREVISTA CON AL FELDSTEIN EN THE COMICS JOURNAL (6 de 6)

Entrevista de Steve Ringgenberg para The Comics Journal nº 177 (1995). Traducida por Frog2000. Parte 1parte 2parte 3parte 4, parte 5.

RETIRO

RINGGENBERG: Estuvise trabajando en Mad durante 29 años, ¿hubo algún momento en el que te sintieras absolutamente quemado?

FELDSTEIN: Bueno, fue cuando decidí retirarme, aunque no estaba quemado. Nunca me he quemado, fue más bien como si me estuviese aburriendo. No había suficientes desafíos con los que rellenar la revista. Básicamente me dije que ya había hecho cualquier tipo de sátira en la que se pudiese pensar. Fuimos los primeros tíos en hacer un libro para colorear que más tarde sería imitado por otras editoriales, como aquel libro para colorear sobre JFK. En Mad hicimos libros para colorear y los hicimos los primeros, editamos todos esos formatos diferentes en los que presentábamos conceptos satíricos, pero empezaba a sentirme un poco limitado.

Me encantaría haber hecho televisión o películas o grabaciones en un escenario en directo. Así que en parte fui yo quien quiso dejarlo. Pero también había ganado un montón de dinero, y me dije que ya era suficiente. No es que fuese rico, pero tenía suficiente como para retirarme. Podría comprar algunos bonos libres de impuestos y seguir ganando una cantidad decente, eso si no me quedaba a vivir en Nueva York en un apartamento de lujo. Y ese fue el motivo por el que mi último contrato tan sólo durase tres años.
RINGGENBERG: Tal y como lo cuentas, parece como si estuvieses disfrutando de tu retiro.

FELDSTEIN: Oh, absolutamente. Es como un sueño. Ahora estoy pintando. Tengo mi propio estudio agregado a mi rancho. Pinto en invierno y durante las vacaciones de verano me voy a pescar. Tengo caballos. Me gusta montar, es magnífico. Vivimos en una zona fantástica. No sé si conoces el valle al norte del Parque Nacional de Yellowstone.

RINGGENBERG: Creo que he pasado por Yellowstone alguna vez.

FELDSTEIN: Bueno, está al norte del Parque de Yellowstone. Se llama Paradise Valley. Está justo donde acaba Yellowstone, al norte de Montana, que luego limita al este con Livingston. Nos encontramos a catorce millas del sudeste de Livingston. Cerniéndose sobre nosotros desde el este se puede ver el desierto de Absaroka Beartooth y las Montañas Galatin al oeste. Vivimos en este valle espectacular.

RINGGENBERG: ¿Es vuestro hogar habitual?

FELDSTEIN: Si, solo tenemos este, nos hemos instalado y estamos muy cómodos. Claro, a veces nieva, pero no es tan malo como en Jackson Hole. Primero nos mudamos a Jackson Hole desde Connecticut. Mi esposa y yo nos fuimos a Jackson para esquiar y nos enamoramos del lugar. Nos compramos una casa después de pasar cuatro días en la zona, y vendimos la que teníamos en Connecticut. Pero Jackson era un poco… No es exactamente lo que queríamos. La gente que se mudaba allí lo hacía por las razones equivocadas. Dejé atrás mi vida en la ciudad, y cambié mi vida por un estilo parecido a la del oeste, pero muchas de las personas que vienen de California o de Nueva York o de donde sea, se traen consigo su filosofía. Quieren poner arbustos ornamentales y césped y deshacerse de los ciervos y los alces, y a mí me encanta esa fauna. La he estado pintando.
Tengo seis caballos, cuatro perros, y quince gatos entre los nuestros y los que viven en el granero. Pinto, expongo en varias galerías. He vuelto a hacer lo que hacía al principio, es como si hubiese completado un círculo. Ahora estoy empezando a volver a aquellos días de la Liga de Estudiantes de Arte y al Instituto de Música y Artes en el que estuve antes de entrar en el negocio del comic book. Estoy pintando. Y lo hago muy bien. 

En la época en la que estuve viviendo en Jackson Hole, Wyoming, me reuní con Jerry Weist, que es toda una autoridad entre los coleccionistas del medio del cómic, me llamó y me preguntó si tenía algunos viejos cómics de la EC que él podría vender en la primera subasta de cómics que estaba montando para Sotheby. Le dije: “nunca he guardado ninguno”. ¿Quién demonios se iba a imaginar que algún día tendrían tanto valor? Y le dije: “tengo algunas copias encuadernadas, pero son mías, personales”. Le dije: "Nunca he guardado ninguna." Decidí que desde el punto de vista de un coleccionista, haberlos cortado para encuadernarlos sería como si los hubiese destruido. El único valor que puede que tuviesen era porque pertenecen a mi colección personal y supongo que si firmase cada uno de ellos, podría venderlos.

Me dijo, “¿y qué estás haciendo ahora mismo?”

Le contesté: “estoy terminando dos cuadros para “The Arts for the Parks”, que es un concurso de mucho prestigio.”

Me dijo: "¿Por qué no pintas una de tus viejas portadas para mí y la subastamos?"

Y le pregunté: “Bueno, ¿cuánto crees que te podrían dar?”

Dijo: “No sé, 3.000, 4.000 dólares.”

Y le dije: “¿en serio? La verdad es que mis pinturas de paisajes no valdrían tanto en el mercado." No es que lo necesite, ¿sabes? Pero aún así pinté una de las portadas de Weird Fantasy y la vendimos, y al año siguiente pinté dos, y se vendieron, y al siguiente pinté tres, y las he estado pintando para él desde entonces, y he estado aceptando comisiones de otros coleccionistas para volver a pintar alguna de las viejas portadas, y también estoy haciendo paisajes de ciencia ficción originales.
REVISANDO EL PASADO

RINGGENBERG: Al revisar tu larga carrera, ¿tienes algún guión favorito de entre todos los que hiciste para la EC o para Mad?

FELDSTEIN: Ya he comentado algo sobre “My World.” Oh, claro, hay un montón de historias que no tenía planeadas y que improvisé y que me encantan. En su mayoría son las que tenían algún significado o comentario social y, por supuesto, esa en la que mencionaba al astronauta negro.

RINGGENBERG: “Judgment Day.”

FELDSTEIN: Si. En lo que se refiere a Mad, no sé. Hubo muchas cosas maravillosas. Me encantó "East Side Story", por ejemplo, donde hicimos una parodia de West Side Story con las pandillas en la ONU, y se me ocurrió coger y fotografiar la ONU, y Mort puso tramas de semitonos sobre los fondos en blanco y negro, y funcionó muy bien. Hicimos un montón de cosas interesantes. Recuerdo con enorme placer la saga sobre el 3-D de la industria del cómic, donde descubrimos quien era el titular de la patente y se la compramos justo durante los últimos cuatro meses de existencia de la misma, y en cuanto otra compañía se enteró de que la teníamos y que iba a expirar, nos compraron los derechos y desarrollaron el sistema para que lo utilizásemos en nuestros cómics 3-D. También fue muy divertido.

RINGGENBERG: He escuchado historias que relatan cuando el FBI se presentó en las oficinas de Mad.
FELDSTEIN: Oh, la anécdota del FBI sucedió por un motivo bastante simple. Quiero decir, un día se presentaron en la oficina porque habíamos editado un juego de mesa que si te lo acababas, podías enviarle tu nombre a J. Edgar Hoover. Nos sugirieron que dejásemos de hacer esa basura, lo que nos pareció bastante gracioso. Entonces el FBI, o los del Tesoro, se presentaron otro día en la oficina. En los primeros días de Mad habíamos publicado un billete de tres dólares como parte de uno de los artículos, y el billete funcionaba en esas nuevas máquinas de cambio que no eran tan sensibles como las de ahora, porque sólo leían la superficie del billete por un lado. No leían las dos partes. Nos demandaron, porque nos dijeron que estábamos falsificando dinero. Así que Bill pensó que todo esto le parecía bastante ridículo, que lo volvieran a mirar, que sólo era la impresión de un billete de tres dólares. Nunca quisimos buscarnos problemas con ellos ni nada parecido. Creo que ese juego de mesa del FBI se llamaba "el Proyecto de Dodger".

RINGGENBERG: ¿Algunas vez has pensado en escribir tus memorias o una autobiografía?

FELDSTEIN: Oh, no sé. Creo que podría sonar bastante insípida. De hecho, creo que en retrospectiva, algunas de las cosas que te he contado suenan de esa forma. La verdad es que ya han aparecido varios libros, entre ellos uno de Frank Jacobs titulado “The Mad World of William Gaines”, que trataba sobre los primeros años de EC y Mad. Recientemente se ha editado un libro tremendo sobre Mad escrito por Maria Reidelbach. Se pasó hablando conmigo todas estas horas que estás gastando tú y muchas más, y hay un montón de cosas que no le permitieron publicar en el libro, porque a Bill no le gustaron, por lo que ella las dejó de lado, y yo quedé relegado al retrato que aparecía sobre mí en el libro. Por supuesto, el libro no podría existir sin el permiso para reproducir todo el material de la revista, así que...
Me gustaría ser conocido porque a partir del ´49 empecé a escribir The Vault of Horror, The Crypt of Terror y The Witch´s Cauldron, e incluso escribí para... bien, siempre estuve escribiendo la Bruja de Graham, hasta que empezamos a utilizar a otros guionistas. Después de un tiempo, Johnny empezó a escribir The Vault of Horror, pero yo estuve escribiendo el resto, y Bill y yo solíamos planear los argumentos, por lo que no sé cuál es el porcentaje de guión y de argumento de cada uno que había en las historias, pero a Bill y a mí nos gustaba hacer juntos el argumento de las historias, y luego yo las guionizaba. Ahora bien, ¿significa eso que me corresponde la autoría de dos terceras partes de la historia, la mitad, o, ya sabes, la historia completa? Porque hacer el argumento y hacer el guión son cosas muy diferentes. Puede que se te ocurran grandes argumentos, pero si no están bien escritos, entonce no funcionarán. No es que al hacerlo estuviese buscando la fama, sino que buscaba un cheque para poder pagar mi hipoteca en Long Island y que mis chicos creciesen sin problemas y poder pagar el coche y lo que sea, ya sabes. Así que esa fue mi forma de hacer las cosas. Me convertí en un producto merecedor del salario que percibía.

FIN

sábado, 12 de julio de 2014

LA ENTREVISTA CON RICK VEITCH EN THE COMICS JOURNAL (5 DE 5)

Por Jeremy Pinkham para The Comics Journal nº 175 (Marzo de 1995). Traducida por Frog2000. Parte 1parte 2parte 3, parte 4.

PINKHAM: Habida cuenta de esa ira, ¿cómo te sientes trabajando para Tekno Comix?

VEITCH: [Risas.] Mientras trabajo en Tekno Comix ya no soy “Roarin’ Rick” [Rugiente Rick], sino “Whoarin’ Rick.” [Emputecido Rick.]

Creo que la diferencia es que he conseguido evolucionar, así que no necesito conectar con Tekno Comix a un nivel tan personal. Cuando empecé en DC todavía era un chico joven que amaba los superhéroes de Julie Schwartz. Y cuando empecé con Marvel tenía deificados a Stan Lee y a Jack Kirby. Me lo he conseguido arrancar. Me doy cuenta de que en Tekno Comix no soy nada más que un técnico bien pagado. A nivel emocional tengo la suficiente madurez como para decir: “Sí, es un trabajo para al que me han contratado, y me pagan bastante bien. Eso es todo”. Pero no quiero planear mis necesidades artísticas a largo plazo con ellos. Simplemente no sería capaz. Si se van a pique, no derramaré ni una sola lágrima. Y si se convierten en la próxima Sony Corporation y editan grandes cantidades de mi trabajo tampoco es que me vaya a deprimir.

PINKHAM: En el séptimo número de Maximortal, tu hermano Tom escribía a la columna de correo lo siguiente: "Me preocupa el subtexto racista: el Hombre De Verdad como rubio hombre ario de ojos azules contra el Malvado Y Ávaro Hombre Judío. 'Sydney Wallace' podría ser una caricatura de la propaganda nazi. El mismo tipo de prejuicios estropeaba la por otra parte excelente Bratpack." ¿A qué venía? Me parece que reaccionaste de forma bastante acalorada [risas].

VEITCH: Es lo bueno de ser editor ¡que tú tienes la última palabra! Creo que forma parte de un conflicto que hemos celebrado todos estos años centrado en la naturaleza de nuestro lado de la “sombra”, teniendo en cuenta el arquetipo de "sombra" al estilo junguiano, como término psicoanalítico. Es decir, el lado oscuro del ego que supone un componente esencial de la raza humana. Tom y yo solíamos debatir sobre… llámalo argumentos o tomas y dacas filosóficos centrados en la naturaleza de la “sombra”. En última instancia él afirmaba que no tenía “sombra” y que había sido capaz de trascender su lado oscuro, ¡y yo estaba más que obligado a señalar que pensaba que todo eso me parecía una chorrada! Esta fue su respuesta: decía que Maximortal estaba producido por el lado inconsciente de la “sombra” de mis fantasías, aunque tal vez revelase alguno de sus propios puntos débiles durante el proceso. Con su carta venenosa me arrojó airadamente a la cara esas ideas, algo habitual en él. Pero bueno, todo forma parte de la diversión. No es que nos hayamos enfadado, tan sólo es una extraña variante del juego de "la gallina" [donde dos conductores se dirigen uno contra el otro, ganando el que se aparte el último]. Le gusta escribir cartas por el estilo [risas]. No es que nos odiemos, sino que solemos jugar a ese extraño juego.

PRIORIDADES

PINKHAM: ¿Qué te parece más prioritario, “Rare Bit Fiends” o “Heroica”?

VEITCH: Ahora mismo es “Rare Bit Fiends”. “Rare Bit Fiends” está lo más cerca del arte elevado que cualquier cosa que haya hecho antes. He puesto todo mi corazón. En realidad me veo haciendo “Bit Fiends” hasta que me muera. Sería increíble poder dejar constancia de los sueños humanos en forma de cómic.

Mi enfoque para “Rare Bit Fiends” es como si yo fuera un pintor. Los días que me paso dibujando cómics sobre mis sueños son como si entrase en un profundo estado meditativo. Me resulta muy gratificante. Estoy consiguiendo llegar a un entendimiento cada vez más profundo de quién soy.

“Rare Bit Fiends” es arte. No es comercial. He pensado en comercializarlo, recopilarlo y sacarlo en el mercado directo, lo llevaré a imprenta, todo eso. Pero lo más importante es el propio trabajo con los sueños. Siento como si hubiese encontrado "mi tema".

PINKHAM: ¿Crees que has rebasado las ideas que puedas haber tenido alguna vez sobre cómo "debe" ser un cómic?

VEITCH: Absolutamente. Es completamente experimental. En lugar de simple entretenimiento es más poético. En ese sentido estoy seguro de que será difícil encontrar una cantidad decente de público que lo compre. Pero no me preocupa: tengo la sensación de que finalmente todo terminará funcionando. Al mismo tiempo me parece interesante que haya conseguido crear un cómic absolutamente imposible de licenciar.

Es como si fuese un cómic puro, es arte puro. Sencillamente no puede existir en cualquiera de esas otras formas bastardas que irrumpieron en los cómics durante los 70 y 80. Siento que con “Rare Bit Fiends” he dado con algo que es adecuado para los cómics como forma, no como mercancía.
PINKHAM: La mayoría de los sueños tienen una página de longitud, ¿es una decisión consciente?

VEITCH: ¡Tienes que recordar que hago este cómic en mi tiempo de sueño! [Risas.]

PINKHAM: ¿Has recibido más información sensorial que la que muestras en la página, aunque tomes la decisión como editor de transmitirla entera en una sola?

VEITCH: Tiendo a soñar, o a recordar mis sueños, en pequeñas unidades. Todavía poseo esos diarios en prosa de mis sueños que apunté cuando era más joven, también solía pasar muchas noches en vela. Mi cerebro no ha vuelto a funcionar de la misma forma. Sé que sigo soñando durante toda la noche, pero no soy capaz de recordarlo… Puede que sea porque me he hecho mayor, pero no estoy seguro.

PINKHAM: [Risas.] En una entrevista con James Pascoe asegurabas que en el cómic se pueden encontrar argumentos y desarrollos de los personajes capaces de traspasar su fachada para estudiar los arquetipos que se encuentran detrás. Que esos personajes arquetípicos podrían continuar expresándose de diversas formas a lo largo de una serie.

VEITCH: Te aseguro que me encantaría volver a mi antigua fábrica, que es el lugar donde mi padre trabajaba cuando era niño. Supongo que simbolizará los complejos de Rick Veitch como padre [risas]. Me doy cuenta de que en esos sueños siempre aparecen problemas reales. Aparece un montón de emoción y desesperación. Te apuesto lo que quieras a que si sigo haciendo este proyecto a lo largo del tiempo, la fábrica seguirá regresando en mis sueños. Seguro que las personas que sigan interesadas a lo largo de los años dirán: "Oh, ¡ya vuelve Rick a tocar el tema de la fábrica! Ya vuelve a lidiar con el recuerdo de su padre."

PINKHAM: Podrías organizar recopilaciones temáticas de “Rare Bit”: “El Libro de la Vieja Fábrica”, y otros parecidos.

VEITCH: Una vez estuve pensando en hacer una recopilación en CD-ROM, podría ser una buena forma de organizar mis sueños por temas. Podrías presionar la pestaña de “auto-edición” y aparecerían todos los sueños de Dave Sim. Abriría cada número con la escena de un gato, porque sueño con ellos de forma bastante regular. 

PINKHAM: ¿Por eso lo llamaste “extraños pedazos del diablo”?
VEITCH: Claro, por eso lo llamé “Rare Bit Fiends’’. En realidad me parecía gracioso, pero sí, sueño mucho con el gato. De hecho, cada vez que sueño con él tiene un aspecto diferente. En el primer sueño que he mencionado antes, el gato venía hasta mi lado, me saltaba encima y me destrozaba. Luego era algo que se moría y que vomitaba una materia que se transformaba en otro gato. Y luego, en el tercero, se quedaba plantado mirándome, dando clases sobre los sueños, erguido encima de sus patas traseras. Había otro donde aparecían unos cincuenta gatos, y todos estaban lamiéndome [risas]. Por lo tanto, no estoy muy seguro de lo que puede simbolizar, pero parece estar evolucionando constantemente. 

PINKHAM: ¿Crees que existe el peligro de que puedas dejar de soñar con cosas que son importantes para tu bienestar psicológico, o que puede que ya no resulten de interés para tu público, o que podrían llegar a avergonzarte si las mostrases en tu serie? 

VEITCH: La verdad es que no convierto todos mis sueños en un cómic. Definitivamente hay alguno que no estoy listo para compartir. Así que odio arruinar tu fantasía, (en voz baja) no se lo digas a nadie... ¡pero en realidad los dibujo mientras estoy despierto! [Risas]. Sólo comparto lo que quiero compartir.

PINKHAM: Me estaba preguntando si ahora que has decidido seguir haciéndolos, puede que en algún momento termines dibujando cómics con tus sueños menos brillantes por culpa de las expectativas creadas, algo en plan, “¡Oh, mierda... ya es hora de pensar en algunos sueños más."

VEITCH: Si alguna vez me quedo seco, podría hacer diez números más de Rare Bit Fiends sólo con el material que estuve soñando durante mis primeros veinte años. Mi verdadero interés en este proyecto pasa por ver cómo varía el contenido y el tono de lo que estoy haciendo ahora, y también en investigar lo que son capaces de profetizar. Estoy bastante seguro de que cuando sueñas aparece algún elemento profético. Lo he estado dando muchas vueltas, de hecho, puede que te envíe un sueño que tuve con 20 años. Estaba en el funeral de Jack Kirby y miraba hacia arriba, hacia la cima de una montaña, y allí estaba una figura de pie. Al principio pensaba que podía ser mi vecino, pero al mirar más de cerca me di cuenta de que era yo, pero 20 años más joven. En ese sueño me acercaba hasta mi globo ocular, y el color y el patrón de mi ojo se convirtió en aquella increíble cosa hipnótica. Ese sueño me llamó mucho la atención. Me lo tomé como una señal de que podría ser una buena idea hacer realidad este proyecto.

1963: EL TALLER DE CÓMICS EN CADENA SIMULADO

PINKHAM: En el primer “Rare Bit Fiends” contabas la intra-historia de "1963".

VEITCH: Supongo que debería contar toda la historia de "1963", porque en realidad es bastante interesante. Bissette y yo pensábamos que teníamos que auto-publicarnos porque, obviamente, lo de Tundra no iba a funcionar. Habían vendido Tundra (a Kitchen Sink), pero hacía tiempo que Steve y yo habíamos llegado a la conclusión de que Dave Sim tenía razón. Dave Sim nos había advertido sobre cada trampa que se nos iba a presentar en el camino, aunque de todos modos seguimos adelante con Tundra. Finalmente todo comenzó a cobrar sentido. Queríamos y necesitábamos retomar el control de nuestro propio destino y asumir la responsabilidad de tomar las decisiones empresariales nosotros mismos. Pero nos faltaba el capital. Los dos teníamos ingresos decentes, pero necesitábamos algún tipo de capital, porque en caso contrario nunca podríamos publicar nuestras series.

Así que estábamos dándole vueltas cuando de repente apareció Image. Creo que todo el mundo se quedó sorprendido. Esos chicos habían dejado Marvel y formado Image, e iban en serio. Estábamos muy emocionados: estos creadores no se habían quedado a la sombra de su editor, sino que le dieron la espalda y empezaron con algo propio, así que en realidad empezaron a conseguir vender muchísimo, arrebatándole un pedazo de la cuota del mercado especulador a los gigantes de la industria. Fue un punto clave en la evolución del negocio de los cómics.

De todos modos, esos chicos acudieron a nosotros y nos dijeron lo que querían, y potencialmente nos sonó bien. "Hey, aquí tenéis algunos creadores con responsabilidad y control sobre el aspecto comercial de sus cómics." Al mismo tiempo también nos dieron algo de miedo, porque acabábamos de sufrir la explosión de Mirage y Tundra, esa mentalidad de la fiebre del oro y del capital combinada con una mala organización. Todavía estábamos saliendo de la trinchera. Después de lo ocurrido en Mirage tenía problemas con el contrato que me habían hecho como externo [risas]. Algunos enloquecidos maníacos de Mirage a los que nunca había conocido y que tenían alguna extraña posición de poder, me estaban llamando y amenazándome con que si no firmaba el trabajo de los años anteriores, nunca volvería a ver ningún "royalty" por los derechos.
PINKHAM: Ouch.

VEITCH: Fue incluso peor: el contrato era más miserable que nunca, incluso peor que el que me había hecho DC.

PINKHAM: Eastman y Laird son amigos tuyos, ¿verdad?

VEITCH: Me gusta pensar en ellos como mis amigos.

Pero entendía las presiones a las que estaban sometidos. Me sentí mal por ellos, por las posiciones que habían adoptado: eran poseedores de medios increíbles y los dueños de una rica veta de la cultura del cómic, a saber, las Tortugas Mutantes Ninja. Pero a nivel personal estaban atrapados en una pesadilla organizativa.

Parecía que habían perdido la conexión humana que había formado parte de la razón por la que se habían creado cosas como la Propuesta para los Derechos de los Creadores, y fue como la otra cara de la moneda de lo que podía ocurrir por culpa de su generosidad, con toda esa gente rodeándoles de repente justo después de haber triunfado.

Por lo tanto, por un lado me enviaron ese horrible contrato, y además empecé a cabrearme por algunas críticas poco profundas que me hizo alguien del que nunca había oído hablar antes. En realidad fue lo que acabó con cualquier posibilidad de que trabajase con ellos.

PINKHAM: ¿Tuviste que firmar?

VEITCH: No, nunca llegué a hacerlo. Pero sé que un montón de gente firmó condiciones mucho peores.

Creo que tenían miedo de que les demandaran, y por una buena razón. Por culpa de cómo están establecidas las leyes de este país, tienes que protegerte de las demandas. Eso significa que tienes que mirar los contratos con lupa. Si alguna vez quisieran vender las Tortugas, podrían causarles problemas a gente como Dave Sim, Rick Veitch, Steve Bissette, Michael Zulli y otro puñado de personas que habían sacado sus propias versiones de las Tortugas ratificando el trato con un simple apretón de manos.

PINKHAM: Aunque se podría pensar que Mirage no tendría ningún problema para sobrevivir económicamente contratando a cualquier dibujante freelance disponible...

VEITCH: Honestamente, no creo que Peter o Kevin tuviesen la culpa. Fueron los abogados que estaban por allí sentados y que buscaban algo que hacer. [Risas]. Ya sabes, me alegro de que a mí no me ocurriese nada.

PINKHAM: Volvamos sobre 1963.

VEITCH: De repente Jim Valentino llamó a Bissette porque quería extender y densificar la empresa contratando proyectos de otros creadores. Jim quería contratar a Alan. Creo que al principio quería que Alan y Steve hicieran otra Cosa del Pantano, pero Alan no estaba interesado en absoluto. Tenía una vaga idea sobre que le gustaría empezar a hacer un cómic de superhéroes tal cuál, exactamente como solían ser los cómics antes. Era una idea muy tenue, pero a Valentino le bastó, "¡Sí, suena genial!" Y le vendió la serie a Image. Desde el principio decidieron que querían que yo me subiese a bordo del proyecto. De nuevo, creo que en parte porque pensaban que era bueno con… los asuntos técnicos.

PINKHAM: [Risas.] “Ahora todo lo que necesitamos es a alguien que se ponga a trabajar.”
VEITCH: Así que me llamaron nada más empezar y Alan creó de la noche a la mañana “1963”, los seis títulos. A Steve y a mí nos llevó un rato entender bien lo que quería. Hicimos los bocetos de producción y le enviamos un fax con los mismos: "No, no, Rick... Eso es demasiado bueno [risas]. Haced las cosas de forma más cruda." Muy pronto, según proseguíamos con la serie, nos convertimos en una especie de "bullpen virtual" por teléfono y fax. Él se convirtió en el "Afable Al", yo me convertí en "Roarin 'Rick" (que en realidad era mi apodo en los Hero Comics que había hecho de pequeño) y Bissette se transformó en "Robusto Steve." Y creativamente las cosas empezaron a ponerse en marcha. Todo empezó a encajar con bastante rapidez.

Ese mismo año Bissette y yo viajamos a San Diego, aunque seguíamos sin estar demasiado de acuerdo con los tratos con la editorial. Uno de los motivos era que Jim Lee quería trabajar con Alan. Tenía muchas ganas de traérselo a uno de sus cómics. De esa forma empezó a surgir la idea de un anual que iba a dibujar Lee y que pondría punto final a todo el proyecto. Sería una buena contienda entre nuestros personajes de 1963 y los modernos superhéroes de 1993 de Image…

PINKHAM: Así que no estaba previsto que fuéseis el equipo artístico del anual.

VEITCH: Claro. Nosotros sólo hacíamos los primeros seis. Pero todavía no habíamos cerrado el trato. A Steve y a mí nos daba algo de miedo. Estuvimos hablando un montón con Valentino, que se portó fenomenal y se esforzó todo lo que pudo para que los otros chicos de Image apoyaran lo que queríamos hacer. Éramos uno de los primeros proyectos externos de Image en llevarse a cabo, y esos tíos se pasaron un buen rato poniéndose de acuerdo en cuanto a lo que querían hacer. Eran siete, habían alcanzado un éxito masivo, y estaban tratando de asentarse y dar con algún tipo de forma de dirigir la empresa. Estaban contratando gente y empezando a organizarse, todo era una gran confusión. Y nosotros nos quedamos mirando y nos dijimos: "¡Oh, tío... de nuevo en Tundra" [Risas.]
 
Estábamos algo temerosos, y todavía no nos habíamos decidido del todo (todavía había un par de cosas en el aire), y una de ellas era el asunto con Jim Lee, si realmente quería hacer el proyecto con nosotros o no. Y un día estaba paseando por la zona de distribuidores de San Diego cuando se me acerca Don Simpson y me dice: "¡Hey, tío, deberías acudir al panel de Image ahora mismo! Quieren hablar contigo. Llévate a Bissette." Así que Bissette y yo fuimos allí y había como unas 2.000 personas. Quiero decir, había una multitud. McFarlane estaba haciendo su numerito a lo Oprah Winfrey con el público comiendo de su mano. Me refiero a que resultaba bastante obvio que en realidad habían montado alguna sorpresa. Y allí estábamos Steve y yo, al fondo de la sala, tratando de llegar a un acuerdo con los chicos que estaban sobre el escenario…

PINKHAM: ¿A través de los micrófonos?

VEITCH: No, haciendo señales con la mano. Ya sabes, Valentino iba a levantarse y a acercarse corriendo a charlar con nosotros, pero finalmente envió a algún otro. Después Lee bajó del escenario y le preguntamos: "¿De verdad que quieres hacer el proyecto con nosotros?" Y nos dijo: "Está bien, escuchad. Si somos capaces de anunciarlo en este mismo momento…” [risas] "Estoy dentro."
PINKHAM: Pero entonces... ¿fue como una trampa, os llamaron para poder dar las buenas noticias?

VEITCH: Eso es. Fue una situación donde sufrimos una presión enorme. Steve y yo estábamos completamente fuera de nuestro elemento. Nunca antes habíamos hecho un trato de forma similar.

Así que estuvimos hablando como unos cinco minutos y les indicamos que estábamos de acuerdo. Lo anunciaron oficialmente y escuchamos una gran ovación, y luego nos precipitamos hacia el escenario. Hablaron un poco más y entonces Liefeld empezó a tirar camisetas y gorras y otras cosas hacia el público. La audiencia se subió encima del escenario y los guardias de seguridad nos empujaron hacia la puerta lateral [risas]. La multitud se acercó al escenario y Bissette y yo nos quedamos en plan: "¿Qué pasa?" Estábamos atónitos por toda esa loca situación en la que nos habíamos quedado atrapados. [Risas.]

PINKHAM: Como una especie de firma en la Apple Records durante un concierto de los Beatles.

VEITCH: Pero todavía no teníamos un acuerdo final. Básicamente había sido como un apretón de manos, y entonces empezamos a trabajar. Los términos económicos eran una barbaridad: Image se quedaba con el 10 por ciento de las ganancias, Shadowline de Valentino obtenía el 10 por ciento de las ganancias, y los creadores obtenían el otro 80 por ciento, lo cual era fantástico. Era como un sueño. Al mismo tiempo, en cierta forma Alan y yo teníamos dificultades financieras y necesitábamos algún tipo de fondos. Necesitábamos un préstamo. Nos lo proporcionó Valentino a través de Shadowline, que nos financió con una pequeña tasa por página (75 dólares la página), lo suficiente como para mantenernos a flote hasta que se empezasen a producir beneficios.

Y entonces nos volvimos a Vermont y llamamos a Alan, y -bing, bing, bing- empezamos a trabajar. Steve y yo alquilamos una cabaña justo entre nuestras dos casas (vivimos a 30 millas de distancia uno del otro) y un par de días a la semana nos reuníamos en ella y empezábamos a producir los cómics, y Alan nos decía: "Tenéis que dibujar dos o tres páginas por día.”

PINKHAM: Para darle ese toque apresurado...

VEITCH: “…que crepite, como lo que hacían Ditko y Kirby.”

PINKHAM: Espero que en esas condiciones no os diese uno de sus guiones habituales, a menos que se estuviese refiriendo a que os teníais que leer dos o tres páginas al día.

VEITCH: Era un guión al estilo Marvel. “Afable Al” llamaba y nos describía lo que ocurría en el argumento. Entonces le enviábamos por fax los lápices acabados y él se ponía a dialogarlos… y si te lees 1963 verás que los diálogos son un poco bobos, cosa que a Alan le resulta bastante difícil.
PINKHAM: Bueno, después de hojear la miniserie de Violator

VEITCH: El error que cometimos fue que... en realidad fueron un montón. Uno de ellos consistió en que Steve y yo nos encargamos del aspecto editorial y de la producción de toda la serie sin que nos pagaran. Nos imaginamos que iba a producir beneficios, y que serían enormes. Así que terminamos poniendo toda la carne en el asador organizando la serie, asegurándonos de que llegara a buen puerto. Valentino estuvo todo el tiempo a nuestro lado, las cosas no podían haber marchado mejor por parte de Image. Se encargaba de todo lo que necesitábamos. Pero nosotros… deberíamos haberlos conocido mejor. Organizar a un grupo de artistas tarados de todo el mundo, y a un guionista que es un excéntrico de clase mundial... [Risas.]

PINKHAM: Así que el “sweatshop” simulado se hizo realidad.

VEITCH: Lo gracioso es que de alguna forma todo terminó evolucionando. No creo que Alan llegase a conectar con el proyecto de la misma forma que había hecho con otros más serios como From Hell. Según íbamos profundizando, parecía que él se iba desentendiendo. Nosotros nos sentíamos muy apegados y empezamos a hacer la sección de correo y mierdas por el estilo, algo que debería haber hecho él.

Steve y yo conseguimos solucionar cualquiera de los problemas de la parte de Image. Ya sabes, era una locura. Se encontraban en esa etapa proto-plásmica de éxito masivo, pateando a Marvel en ventas. Y por supuesto, eso fue lo que alimentó la burbuja de los especuladores. Steve y yo no entendíamos de qué iba todo eso de la especulación, porque ninguno de nuestros cómics eran realmente cómics con los que especular, pero terminamos acoplándonos. Sacamos nuestras series justo cuando la burbuja estaba estallando, por lo que los dos primeros números de 1963 tuvieron pedidos gigantescamente ridículos. Creo que del primero se pidieron 600.000 copias.

PINKHAM: Jesús. [Risas].

VEITCH: Del segundo número pidieron 500.000 copias. Era una cantidad enorme, gigantesca… Aunque el gran error que cometimos, el más importante, fue que no entendíamos lo importante que era promocionar y anunciar la serie, lo importante que era para el caché de Image. Si miras de nuevo los catálogos de los distribuidores de la época, hay bloques de anuncios de Image masivos, a todo color: “¡Tío! 20 páginas de anuncios de Image a todo color…” No hicimos nada parecido. No entendíamos lo importante que era, y tampoco teníamos tiempo, porque apenas lo teníamos para hacer aquello del “bullpen” virtual juntos, y conseguir que las series apareciesen a tiempo.

Así que el final creativo fue algo que hicimos de forma conjunta. Valentino, en un último acto desesperado por promocionar el título, contrató a Larry Marder para que hiciese una campaña publicitaria, a pesar de que era muy tarde y la serie casi estaba a punto de aparecer. Aún así fue capaz de identificar cierta cantidad de los problemas y hacerles frente. Creo que si se hubiese promocionado mejor, las ventas de 1963 podrían haber sido mayores en los puntos de venta.
SIM Y LA AUTO-PUBLICACIÓN

PINKHAM: Has comentado que Dave Sim supuso una gran influencia para que tomases la decisión de auto-editarte. Dada su idea de la familia y de la esposa como drenadores del potencial artístico del artista masculino, ¿es la auto-edición un arte propio de solteros?

VEITCH: Puedo decirte que todo lo que sé de él (nos hemos reunido poco) es que expresa cosas que ha discutido conmigo de forma informal. Ese es uno de los motivos por los que me he dado cuenta de que su tomo "Reads" es tan poderoso. Hemos pasado algunos ratos juntos, hablado de la auto-edición hasta las cuatro de la mañana, tres o cuatro de nosotros sentados en la habitación de un hotel, todos discutiendo animadamente. Y él empezaba a expulsar todas esas cosas escandalosas que realmente parecían estar consumiéndole y, cuando finalmente observé que las ponía sobre un papel, me dije: "Sí, está haciendo lo que cree de verdad, ¡pero seguro que el público se pone en su contra!"

PINKHAM: Sin embargo, según él tú debías estar cagándola, o por lo menos cagándola como auto-editor. Porque estás casado, tienes una familia...

VEITCH: No creo que esa idea la aplique sólo a la hora de hablar sobre la auto-edición. Creo que también estaba hablando sobre lo que él ve mal en el mundo. En el caso de la auto-edición no hay duda de que las cosas son más fáciles cuando eres soltero. Hay un montón de casos registrados de interesantes trabajos creativos que quedaron desbaratados por las presiones conyugales. Pero también sé que hay un montón de cosas que las criaturas solteras no pueden hacer por sí mismas [risas].

Eso hace que me resulte más difícil. Definitivamente debería vender 10.000 al mes de "Rare Bit Fiends" para poder mantener los mismos ingresos que cualquiera de clase media, como conseguía, por ejemplo, haciendo la serie típica de DC. Esa es mi meta, pero tengo un largo camino por recorrer para conseguirlo.

PINKHAM: ¿Cuáles de las ideas de Sim te parecen particularmente importantes?

VEITCH: Todo eso de que las compañías son una mierda. [Risotada]. Lo aprendí por la vía más difícil. Creo que cuando estuve trabajando para una compañía intenté conectar con ella a nivel emocional, desde el inconsciente. Esa fue una de las razones por la que siempre que me he marchado me ha dado la sensación de que me han violado, aunque algunas veces sí que lo hayan hecho [risas]. No fui lo suficientemente “cool” y profesional como para pensar: “Oh, tan sólo son negocios.”

Todo ese proceso me encaminó hacia Tundra, donde todo se salió de madre. Fue como si me arrojaran un jarro de agua fría en la cabeza. Steve y yo, los dos, abandonamos toda la situación diciendo: “Esto apesta. Hemos perdido el control.”

Otra cosa que me dejó impresionado ocurrió al final de la segunda reunión de la Declaración de Derechos de los Creadores, cuando Dave les indicó a Peter y a Kevin lo que pensaba sobre la mierda que le parecía el estudio que estaban intentando montar. Predijo una serie de cosas que sonaban realmente escandalosas en ese momento, pero que terminaron por hacerse realidad. Ya sabes, uno de los problemas de Dave es que es muy contundente, es capaz de encabronar a la gente y ahuyentarla, por lo que nadie intenta llegar a entender de qué está hablando. Construye coaliciones buenísimas, y luego se las carga por motivos ideológicos.

Dave es una verdadera mula trabajando. Cuando Hunter Thompson proclamó una vez: "Cuando las cosas se ponen raras, el raro se convierte en un profesional", ¡Dave respondió a esa llamada! [Risas.] Dicho esto, tampoco puedo estar de acuerdo con su diatriba contra la "permanencia de la fusión” de su número 186 [de Cerebus].
Lo que mucha gente se está perdiendo es que detrás de la cuestión de género también se encuentra su condena de los sentimientos humanos. Para mí el corazón es muy importante. Muchos de los problemas de la sociedad se remontan al hecho de que las personas no tienen contacto con sus sentimientos. Existe un contexto histórico general, empezando por el humanismo racional, el método científico y la Ilustración, bajo el cuál, en algún momento la mente racional se hizo cargo de las necesidades emocionales del corazón. Me parece una idea brillante. En la década de 1700, de 1800, se estaban haciendo todos esos descubrimientos científicos y la industria estaba empezando a tomar forma, se estaban construyendo las máquinas y la Sociedad se estaba organizando en una fuerza de trabajo de consumidores. En el Siglo XX hemos pasado por dos Guerras Mundiales horribles, y sufrimos gigantescos problemas ecológicos que se remontan a la Revolución Industrial. Creo que es una situación catastrófica que se podría haber evitado si durante el camino la gente de la Ilustración hubiese permitido que sus corazones ayudasen a tomar las decisiones. Cuando Henry Ford creó la línea de montaje en Red River y pobló la Tierra de automóviles, en realidad no estaba escuchando a su corazón o a las verdaderas necesidades del Planeta, sino que estaba racionalizando la necesidad inmediata de transporte.

PINKHAM: En la entrevista con Pascoe enlazabas todo esto con nuestra dependencia de lo textual.

VEITCH: Creo que leer un texto de forma lineal te puede hacer desarrollar un pensamiento lineal. Es propio de una mente sencilla y está orientado hacia un objetivo concreto. Lo que me gusta de los cómics es que difunden información de forma más integral, y creo que lo que necesitamos hoy en día, ahora mismo, es una conceptualización holística. Napoleón era un pensador lineal. Así como Hitler.

PINKHAM: Sim tiene un verdadero punto de vista al estilo de la Ilustración: las mujeres son animales, parte del hábitat natural del hombre que tiene que ser domesticado mediante el orden y la ingenuidad.

VEITCH: La verdadera guerra de los sexos se produce entre el sentimiento y la razón. Pero sólo es una batalla más en toda la guerra que la humanidad lleva a cabo consigo misma, o quizá también forma parte de la búsqueda que hacemos de nosotros mismos. Jung dijo que había cuatro funciones de la psique humana: sensación, pensamiento, intuición y sensibilidad. Parece que ninguna es intrínsecamente superior al resto. El objetivo debería ser conseguir un equilibrio entre las cuatro, como si estuvieras equilibrando tus sentidos: no tienes por qué cortarte las orejas porque tus ojos ya te estén proporcionando todo lo que necesitas.

Sospecho que la forma óptima para vivir nuestra existencia como seres humanos es manejando estas cuatro funciones.

Dicho esto, pienso que muchas de las cosas que Sim ha señalado acerca de los aspectos problemáticos de las emociones son ciertas. Pero hay una diferencia entre el sentimiento y la emoción. Yo definiría la emoción como algo crudo, algo fuera de control, algo inconsciente. Deberíamos considerar que el sentimiento puede ser un instrumento bien afinado mediante el que podemos entrar en contacto con las cosas que no podemos ver, como los sistemas macro-ecológicos que están más allá de cualquier cosa que la mente racional sea capaz de calcular.

En mi propio caso, tener un hijo fue lo que más me ayudó a abrir mi corazón y ponerme en contacto con mi lado más sensible. La situación me obligó a madurar. Eso puede ser lo que necesita Dave [risas]. Funcionó con Gary [risas].
Dave no tiene equilibrio, pero es una de las mejores cosas que le ha ocurrido a los cómics. Apareció nada más comenzar el mercado de venta directa, y probablemente, si hablamos en términos de producción creativa, hizo mejor uso de su potencial que cualquier otro. Tiene un carácter difícil, pero ha creado una franquicia valiosa haciendo exactamente lo que quiere hacer, y lo ha hecho a través del método de ensayo y error, racionalizando las cosas al máximo. Ahora mismo creo que está aplicando sus increíbles poderes de deducción para tratar de cumplir con la promesa real que vio en el mercado de venta directa antes de que fuese secuestrado por las grandes editoriales.

PINKHAM: Y así, ¿crees que el desequilibrio de Sim proporciona un elemento de equilibrio a la industria del cómic?

VEITCH: Creo que la industria necesita artistas más inteligentes. Cualquier dibujante que pueda guionizar y dibujar debería intentar auto-editarse. Lo que hay que aprender para auto-publicarse es tan poco en comparación con cualquiera de las otras habilidades que tienes que saber para trabajar en el negocio (dibujar, escribir o rotular un comic book), que parece trivial en comparación.

Ya sabes, la consecución de un verdadero mercado de venta directa llegará el día en el que Marvel y DC trastabillen en Walmart. Creo que las grandes editoriales (Marvel, DC, Image y algunas otras) terminarán intentando vender cómics sólo para los consumidores en general. Ahora, algo como “Rare Bit Fiends” no se puede vender en el mercado mainstream, pero tampoco puedes vender Vertigo o Fantagraphics. Podría ser una verdadera oportunidad para que las editoriales alternativas heredasen los restos del mercado de venta directa cuando las grandes abandonen ese sistema.

Imagínate en lo que se podría convertir el medio de los cómics si tuviese 20 o 30 hogares de auto-edición como Cartoon Books, Aardvark-Vanaheim, Colleen Doran, James Owen, Spider-Baby... y con suerte, King Hell [risas], posicionados sólidamente. Quiero decir, tan sólo estoy pensando en la estabilidad y en la integridad que le daría ese tipo de estructura a este medio artístico. Podríamos lograrlo si nos centrásemos en la importancia de la producción creativa en primer lugar, en lugar de hacerlo en las necesidades de las empresas que, con la excepción de algunos pocos momentos brillantes, han ido dictando toda la historia de los cómics en Estados Unidos.

PINKHAM: La parte difícil es convencer a las tiendas de que pueden sobrevivir sin ese sistema.

VEITCH: Bueno, la verdad es que ahora no pueden sobrevivir sin él. Tienen cajas llenas de Marvel en la trastienda que nunca van a vender. Con suerte, algunos de ellos despertarán en algún momento. Estoy sorprendido por el tiempo que se está necesitando para que se lleve a cabo. Cada verano algún genio del marketing [risas] de algún empresa grande da con la forma de vender jillones de series horribles a las tiendas que nunca se van a vender.

PINKHAM: “¡Universos!”

VEITCH: Los pobres vendedores están cogidos por el cuello. Tengo que decir que a mí eso me benefició un montón. ¡Muchos se han tenido que tragar un montón de copias de 1963! [Risas.] La diferencia es que yo no me di cuenta hasta después de que hubiese ocurrido. Creo que algunos vendedores han empezado a vender cosas auto-editadas o algo parecido: los llaman "self-retailers."

PINKHAM: ¿Te refieres a las ventas por correo?

VEITCH: No, me refiero a gente que está montando tiendas de cómics que se basan en lo que les gusta y no en lo que dicta el mercado. Creo que fue Larry Marder a quien se le ocurrió el concepto de lo que es el equivalente de la auto-edición para los artistas, "self-retailers": el tipo que dirige la tienda de cómics sólo pide lo que realmente le gusta. Y ya sabes, si en todo el país hubiese 400 o 500 de estas tiendas, la auto-edición despegaría en cualquier momento. ¡Estoy seguro de que terminaríamos desarrollando el potencial que todos vimos en el mercado de venta directa en 1978!


FIN 

jueves, 10 de julio de 2014

miércoles, 9 de julio de 2014

LA ENTREVISTA CON RICK VEITCH EN THE COMICS JOURNAL (4 DE 5)

Por Jeremy Pinkham para The Comics Journal nº 175 (Marzo de 1995). Traducida por Frog2000. Parte 1parte 2, parte 3.

RICK VEITCH: También me dio la opción, algo que ningún editor ha hecho antes o después, de hacer un repaso final después de que la obra estuviese completamente acabada encima de su mesa. Me envió las fotocopias de todo el número y nos pusimos a charlar por teléfono. Cualquier palabra o estructura gramatical que viésemos que no funcionaba, o que no tuviese sentido, la revisábamos y encontrábamos una solución. De esa forma arreglamos un montón de escenas que no habrían funcionado en un principio. Tengo que otorgarla el crédito por hacer todo ese esfuerzo extra. En algún momento ocurrió algo bastante extraño, creo que a la altura de mi segundo número. Todavía no me habían pagado el primero. Yo había escrito y dibujado el primer número y me había puesto a guionizar el segundo, en ese punto me había quedado sin un duro. Todavía no me había llegado el cheque. “¿Dónde está el cheque?” “Um, no estoy segura, tiene que haber un problema.” Y le dije: “¿Qué problema?” [Risas.]

Como descubrí después, una de las políticas de DC Comics consistía en que si guionizabas y dibujabas una serie, entonces no podían hacerte un contrato de externo. Así que me ofrecieron dos opciones: o bien me hacía de la empresa, o me convertía en empleado de Warner Communications, ninguna de las cuáles me convencía. 

Así que empezó toda una estresante pelea de mierda que se originó desde el principio de mi estancia en la serie como guionista y dibujante... finalmente consentí y les dije: "Está bien, seré empleado de DC Comics siempre y cuando pueda tener algún tipo de cláusula que diga que puedo hacer otros cómics para otras empresas." De esa forma no me quedaba totalmente encerrado en la empresa, sólo en la Cosa del Pantano. Solía trabajar fuera de sus oficinas y todo eso. Firmamos el contrato, y entonces no quisieron darme ninguno de los beneficios [risas]. Empecé a ver realmente y en términos contundentes cómo eran exprimidos los freelancers. Tuve que luchar para conseguir el mismo seguro, jubilación y el paquete de vacaciones que le daban al chico de la sala del correo. 

Lo peor de ser externo, de trabajar en un título concreto, era que parecías un empleado, actuabas como uno, olías como uno, pero no obtenías ninguno de sus beneficios.

Afortunadamente, en ese punto conocí a Eastman y Laird en Massachusetts en la época en la que habían conseguido el éxito en el mercado directo con sus Tortugas en blanco y negro.

Peter tenía mi edad y Kevin tenia unos veintipocos. Sacaron su cómic... Se quedaron con los derechos a pesar de haber hecho las rondas pertinentes intentando vender su serie a Marvel y DC. Los habían rechazado en todas partes. Terminaron auto-editándose esa maldita cosa. Y lograron tener un gran éxito. Tenían ciertos vínculos con Dave Sim. Ese fue el punto en el que empecé a entrar en la órbita de Sim. En las Convenciones solía reunirse y charlar con Eastman y Laird, para hablar sobre cómo se podía llegar a la gente a través de la auto-edición. También intentaban definir qué funcionaba en las obras auto-editadas y qué es lo que no lo hacía. 

Dave se vino a un simposio sobre comic book que se celebró en el Instituto Greenfield, en Massachusetts, donde lo conocí por primera vez. Hicimos un panel de presentación, y al instante me atacó como si yo fuese un títere de DC. Ya sabes, se había corrido una juerga, se había tomado un par de copas, estamos todos de pie a su alrededor y nos estaba contando todas esas historias hilarantes sobre que había estado con Colleen Doran en una Convención, y todos esos artistas de mediana edad, ya sabes, de la generación que estaba por delante de nosotros, se acercaron y empezaron a actuar como completos cerdos machistas al referirse a Colleen, y Sim estaba haciendo esas indignantes imitaciones de personas a las que todos conocíamos. Y por desgracia, en ese momento mi esposa se acercó al grupo. Él nunca había visto a mi esposa, y entonces se la presenté, y directamente empezó a hacer su imitación de un cerdo artista chauvinista de mediana edad, ¡con ella como objetivo! Fue una extraña forma de conocer a ese tío [risas]. 

PINKHAM: No le enseñes a tu esposa el Cerebus nº 186...

VEITCH: Supongo que por culpa de la dinámica de nuestra situación en ese momento, me pintó como un apologista de DC Comics, pero en realidad no lo era. Él acababa de empezar a despejar su agenda telefónica, y había cortado con los distribuidores. Y eso causó una gran consternación, sobre todo en Diamond.

PINKHAM: Se deshicieron de "Puma Blues".

VEITCH: Es cierto. Castigaron a Sim rehusando hacerse cargo de "Puma Blues". Y empezamos con lo que terminamos llamando “El Grupo de la Lista Negra.” Todo empezó con unas reuniones informales entre Eastman, Laird, Bissette, yo mismo, y Steve Murphy y Michael Zulli, y con cualquiera que quisiera acudir a nuestro local de  Massachusetts, Vermont, en la zona de New Hampshire.

Solíamos ir a un restaurante y comer patatas fritas grasientas y hablar sobre lo que creíamos que marchaba mal en los cómics, lo que estaba mal del trabajo como externo de las grandes compañías, lo que estaba bien de la auto-edición, y empecé a decirme: "Sí, claro, eso de la auto-edición podría funcionar." Y todo acabó convirtiéndose en las “reuniones de verano", que creo que se iniciaron con la "reunión Kitchener" patrocinada por Sim. La segunda reunión cumbre fue en Northampton y estuvo patrocinada por los chicos de las Tortugas. Se trajeron a Scott McCloud, Larry Marder, Sim, Gerhard, yo mismo…

PINKHAM: ¿Os facilitaron transporte?

VEITCH: Creo que a algunos les echaron una mano. Mark Martin estaba allí, Richard Pini, una panda de tíos de los Mirage Studios, que recientemente había empezado a hacerse más grande. Mirage acababa de firmar con Surge.

PINKHAM: Suena como si hubiesen puesto dinero donde tenían que hacerlo.

VEITCH: Bueno, verás que la historia que te estoy contando se convirtió en un verdadero punto de discordia para algunos. Tan pronto como llegamos, Scott McCloud produjo un borrador de lo que él llamó la "Carta de los Derechos del Creador." Empezamos a debatir las cosas desde el primer día, tratando de definir lo que son los derechos inherentes del autor que crea una propiedad en el medio del cómic.

Y nos dijimos: "Sí, esto merece la pena”. Pasamos un par de días tratando, palabra por palabra, de definir eso de que una persona que crea algo sea su dueño antes de cedérselo a otro. Suena un poco absurdo, pero créeme, muchas de esas cosas seguían sin concretarse en esa época, sobre todo en las grandes empresas. Muchos derechos eran absorbidos por las grandes empresas en un visto y no visto. Nos parecía que intentar conseguir plasmar en un papel los derechos era una buena causa que perseguir. Conseguir hacer que todo el texto fuese corregido fue mucho más difícil de lo que parece, creo que todos nos quedamos satisfechos con el documento final, aunque algunos se opusieron a ciertas cláusulas.
PINKHAM: ¿Y en tu caso? ¿Pusiste alguna objeción?

VEITCH: No, estaba completamente convencido. Durante las reuniones con esos chicos también aprendí a discutir las cosas a fondo. Al mismo tiempo, por supuesto, Sim, Eastman y Laird empezaron a intentar convencerme de que empezase a auto-editarme de una vez. Tenían una habilidad especial para descubrir autores que supiesen escribir, dibujar y rotular. Intentaron convencerme de cuál era el siguiente nivel para alguien que poseía todas esas habilidades, que es la auto-edición. Yo me resistía. En ese momento tenía problemas con DC, pero seguía pensando que lo mejor para el medio era que las empresas cambiasen sus políticas y actuasen decentemente con los trabajadores externos. No quería cortar con DC del todo. Supongo que Dave y el resto preferían otra cosa. Querían destruir sus estructuras, no rehabilitarlas.

Al mismo tiempo coincidíamos en un montón de cosas. Especialmente con Dave. En lo creativo conectaba bien con él. Solíamos hablar sobre la creación de historietas, y sobre la naturaleza de la creatividad y de cómo la misma era capaz de aumentar los niveles de energía. Creo que nuestra conexión era no-verbal, nos unía la naturaleza de los cómics y la forma en que los creábamos. Los dos pensábamos parecido sobre cómo se podían lograr nuestros objetivos en el medio. Lo más interesante de todo fue al final... Firmamos el documento y nos hicimos una foto, y nos reunimos por última vez. En ese punto Dave comenzó deliberadamente a criticar a Eastman y Laird y a los Mirage Studios. No recuerdo lo que dijo exáctamente, pero les acusó de estar montando una estructura de estudio que implicaría la incorporación de una gran cantidad de jóvenes artistas de todo el país que se mudarían a Northampton y que harían cómics de las Tortugas y su merchandising bajo contrato.

A Dave le parecía una carretera sin salida. Soltó todo lo que pensaba. Les dijo que estaban dejando de ser auto-editores. Y la reunión se volvió más intensa, y Eastman y Laird se lo tomaron de forma muy personal, y ya no quisieron ni escucharle.

La reunión se disolvió con esa nota amarga. No creo que Pete y Sim volviesen a conectar de nuevo. Pero me parece que deberían haber escuchado lo que Dave tenía que decir en ese momento. Muchas cosas que predijo se cumplieron con creces.

PINKHAM: Parece como si en ese punto Eastman hubiese empezado a distanciarse de Mirage.

VEITCH: Fue en cuanto formó Tundra. En realidad, en ese momento Eastman y Laird eran una asociación que funcionaba bastante bien. Tenían personalidades muy contrastadas. Kevin es exuberante, carismático y está lleno de energía, rezuma felicidad, y sea lo que sea lo que le digas, él te contestará: “De acuerdo, hagámoslo”. Peter es más relajado y cínico. Es mejor hombre de negocios. No se vuelca sobre las cosas de forma apresurada. Se las piensa y encuentra una buena razón para hacerlas. Los dos tomaron un montón de decisiones muy inteligentes de forma consciente o inconsciente antes de que las cosas se salieran de control. 

¡CRUCIFICADLO!


PINKHAM: Cuando estabas trabajando en la Cosa del Pantano parecía como si hubiese ciertas cosas que te estaban atormentando: los cambios en el formato, los crossovers...

VEITCH: Son el tipo de cosas que te pueden quitar el viento de las velas creativas. La culpa la tienen los chicos que dirigen la parte comercial, porque no tienen ni idea de lo que están haciendo los creativos. De alguna forma improvisan y cargan a los creativos con todas esas decisiones erróneas... creo que la gente capaz de sobrevivir más tiempo en la olla a presión que suponen empresas como DC y Marvel son los únicos que se pueden ajustar a todo lo que les proponen, pero yo no disponía de esa habilidad.

PINKHAM: En una nota de King Hell comentabas que DC no era capaz de traspasar los límites de los superhéroes.

VEITCH: Cualquiera que revise mi etapa en la Cosa del Pantano, se dará cuenta de que solo hay una página donde aparece el símbolo pectoral de Superman y su tipo de letra en los cuadro de texto. Pero tuve que modificar dos o tres cuadros de texto. Porque lo que había escrito en los tres o cuatro primeros les pareció demasiado, en las jerarquías de DC saltaron todas las alarmas...

PINKHAM: ¿Qué habías escrito?

VEITCH: Bueno, hablaba sobre el lado oscuro de los súper-poderosos. En ese punto había empezado a formular algunas ideas sobre el Bratpack, ¿de acuerdo? Me dijeron: "Bueno, bueno, mejor hablemos sobre heroísmo y sus buenas obras y ese tipo de cosas." Terminé teniendo que escribir dos o tres descripciones azucaradas para agregar a las partes que ya había escrito.

PINKHAM: Entonces, ¿de dónde provenía la orden? ¿De arriba?

VEITCH: No estoy seguro. Creo que pudo ser Karen. Tienes que entender que los superhéroes son su negocio. Cualquier cosa que los manche los hace flipar.

PINKHAM: Me parece interesante que eligieras el crossover de “Invasion”, que era un elemento realmente intrusivo en la serie, como el comienzo de la historia del viaje en el tiempo.

VEITCH: Quería quitarmelo de encima cuanto antes [risas]. Esas son las cosas que más temía. Aparecían de repente en algún recoveco del camino, te hacían retroceder y entonces estabas en medio de un crossover disparatado al que tenías que hacer frente.

PINKHAM: Cuando decidiste hacer las historias del viaje en el tiempo, ¿viste la controversia potencial que se iba a producir por lo de la crucifixión?
VEITCH: Un poco. Lo que hice fue proponer la historia a Karen. Ella le dijo a Dick Giordano lo que tenía en mente. Y él quiso ver el esquema de la historia. La aceptaron. Querían ver el guión, porque de entrada creo que era en dos partes. Y lo aceptaron. Supongo que en ese momento Jenette no formaba parte de la serie, y tampoco sé por qué no saltaron antes las alarmas hasta que todo el número estuvo casi completado.

Creo que a todo el mundo le sorprendió la reacción de Jenette para ese número. No creo que Karen estuviese de acuerdo con ella. La verdad es que nadie se puso de parte de Jenette, ni tampoco les pareció bien que el número no se publicase.

Pero ya sabes, todos intentamos resolver el problema. Seguimos siendo muy buenos amigos. Al final no nos enfadamos. Eso sí, escribí un par de cartas para expresar un poco mi ira.

Así que lo dejé. Todo se había salido de madre. No había nada que hacer. El asunto apareció hasta en la MTV. También en el Wall Street Journal. Y a continuación en el Time. Y entonces, de repente, fue como si todo el mundo... estuve hablando con gente de todo el país: entrevistas en la radio... fue una maravilla. Me enseñó mucho sobre cuáles son las historias que se pueden convertir en noticia. ¿Por qué un elemento concreto poco arriesgado como Swamp Thing nº 88 se convierte en una historia con cobertura en la prensa escrita? Tendrías que haber estado dentro y ver qué es lo que sucedió para entender las dinámicas que se produjeron.

PINKHAM: El Wall Street Journal fue un poco impertinente. 

VEITCH: Si. Fue muy frívolo, pero creo que fue como un golpe directo contra el búnker de DC. Recuerda, la película de Batman se estaba a punto de estrenar. Time y Warner se estaban intentando fusionar. La derecha religiosa estaba en todos los medios de comunicación, y Salman Rushdie había sido condenado a muerte. Ese número estaba dedicado a Salman. 

Una de las cosas más divertidas fue que la señora de Time llamó para entrevistarme. Me dijo que Time estaba cubriendo la historia porque todos sus empleados estaban perdiendo una fortuna con sus “stock options” por culpa de la fusión Time-Warner que se estaba llevando a cabo y que estaban cabreados con Warner [risas], y que por eso estaban cubriendo esta historia, y probablemente un montón de otras historias para hacer que Warner pareciese una mierda [risas].

PINKHAM: Nunca lo había escuchado desde ese ángulo.

VEITCH: Pues es cierto.

Así que me sentía muy bien, pero antes de que todo terminara empecé a sentirme mejor. Mi esposa estaba embarazada y el bebé estaba a punto de nacer. Dos días antes de que se pusiera de parto recibimos una llamada y me dijeron que DC iba a despedirme como empleado de Warner Communications y que estaban cancelando mi póliza sanitaria. Cualquiera que haya tenido un bebé sabe que los últimos días antes del parto son increíblemente tensos y que eres extremadamente vulnerable. Ella se quedó devastada. Me fui directo al departamento de personal de Warner ¡y resulta que hay una ley en contra de la cancelación del seguro de salud cuando eres un empleado real de la compañía, y no uno externo! Seguía estando al día con los pagos. Afortunadamente, todo marchó bien durante el nacimiento, y tuvimos a ese pequeño niño que se llama Kirby. Parecía tan apropiado... después de toda la mierda por la que había pasado Jack Kirby y por la que habíamos pasado nosotros... Me pareció como el perfecto signo de exclamación.
EL COSTE HUMANO

PINKHAM: Entonces te pusiste a buscar nuevas cosas que hacer.

VEITCH: Después del nº 88 de la Cosa del Pantano ocurrió otra cosa más. Peter Laird me llamó y me dijo: “Hey, ¿por qué no haces una serie de las Tortugas?” Y le dije que aceptaba.

En un primer momento no entendía muy bien a las Tortugas. Tampoco me había leído el cómic. Las conocía, había ojeado su cómic, pero en realidad no me había sentado y me lo había leído. Le pregunté a mi otro hijo, Esdras, que en ese momento tenía 12 años: "¿Qué pasa con estas Tortugas?" Y él me miró. "Son como un chiste, papá. ¿Es que no lo pillas?" [Risas.] Mientras las leía empecé a cogerles el tranquillo, y me di cuenta de por qué tantas personas se habían quedado extasiadas. Y empecé a guionizar y dibujar una miniserie de tres números.

Pude pagar el alquiler, estuve pasando el rato con los chicos del estudio, cosas así, y de repente estrenaron la película. ¡Y la película se convirtió en una de las mayores modas de la cultura pop desde hacía 25 años! Y entonces, de repente mi teléfono empezó a sonar y me llamaron todos los agentes de bienes raíces, agentes de bolsa, vendedores de autos... todo el mundo que supiese algo sobre cómo manejar dinero me llamó por mi ligera conexión con las Tortugas. Y todos querían conocer a mis amigos de las Tortugas. Básicamente pasé de todos. Pero sé por lo que Kevin y Peter debían estar pasando en ese momento. Quiero decir, el éxito de la película hizo que estuviesen totalmente sobre-expuestos en televisión, periódicos, en todas partes, la película se promocionó como la historia de éxito total de la década de los noventa. Los rumores hablaban sobre la cantidad de dinero que había generado, y en pocas semanas se vieron desbordados por todo tipo de personajes de los bajos fondos, estafadores y vagos de toda Nueva Inglaterra, o incluso de todo el país [risas].

PINKHAM: El dulce sabor del éxito.

VEITCH: Fue más de lo que nadie se esperaba. Y lo interesante es que de alguna forma se cerró un círculo: los cómics comenzaron con Siegel y Shuster mientras trágicamente se les negaba su participación en el enorme éxito cosechado por su personaje. Con Eastman y Laird fue todo lo contrario. Es como si 50 a 60 años después, finalmente los creadores hubiesen cogido a sus personajes y la magia de los mismos les hubiese hecho alcanzar el éxito. Pero todo ese éxito tenía su lado negativo.

PINKHAM: Más tarde, de alguna forma también los apartaron de sus personajes.

VEITCH: No lo sé. La verdad es que fueron bastante astutos. Separaron a los personajes de los dibujos animados de los del cómic. Y por eso existe lo que ya conoce todo el mundo: por un lado los personajes para niños de los dibujos animados y por otro los personajes reales de la serie en blanco y negro. En realidad nunca ablandaron a éstos últimos. Aunque eso sí, fue como intentar cabalgar un ciclón. La tragedia de Mirage fue el costo humano que supuso ese tipo de éxito, y ser testigo de su caída fue horrible.

PINKHAM: ¿Cómo te enteraste de lo que estaba ocurriendo en ese momento?

VEITCH: Bueno, justo después de ponerse tan de moda, Kevin y Peter se hicieron increíblemente ricos. Esa Navidad nos convocaron a todos y nos entregaron grandes pluses que realmente no nos merecíamos. Parece que esa generosidad sacó lo peor de cada uno. Muy pronto los abogados de todo el mundo empezaron a pasarse por el estudio [risas]. No te podías dar la vuelta sin chocarte contra uno de ellos. Y las cosas empezaron a ponerse un poco raras. Era obvio que Kevin y Peter tenían diferentes puntos de vista sobre lo que debían hacer con Mirage a continuación. Ese fue el motivo de que Kevin montase otra compañía. Mirage siempre tendía a organizarse a la ligera. Pero en cuanto la Turtlemanía se convirtió en todo un éxito y empezó a entrar el dinero, cada vez más y más abogados empezaron a meterse por en medio, sencillamente fue imposible que la empresa siguiese adelante. Fue entonces cuando Kevin nos dijo a Bissette y a mí que iba a montar una nueva empresa. Y nos presentó a su tío Quentin, que era quien les había prestado el dinero a Kevin y Peter para imprimir el primer número de las Tortugas. La idea de Kevin era empezar una empresa que revolucionaría la forma en que los comic books se lanzarían al mercado. Quería basar su negocio en los derechos de los creadores y en la Declaración de Derechos de los Creadores. En realidad no le preocupaba conseguir ganancia alguna. Los contables le habían recomendado invertir su fortuna o que pagase los impuestos y declarase las ganancias. Kevin se lo tomó todo muy a pecho. Comenzó con Tundra e invirtió en algunas otras compañías.
Steve, Kevin y yo elaboramos una especie de plan sobre lo que debería ser Tundra. De nuevo, no teníamos ninguna necesidad de ganar enorme cantidades de dinero. De esa forma Tundra podría publicar un montón de títulos esotéricos, muchos de los cuáles no se podían encontrar en el mercado. El plan original era lanzar cinco títulos el primer año y diez el segundo, y a continuación rematar la operación con quince títulos en total. El primer título que hicimos fue Bratpack, que creo que en ese momento había planeado auto-editar como cómic en blanco y negro por mi cuenta. Acordamos co-editar Bratpack como parte de King Hell y Tundra y nos dimos un apretón de manos. Ellos pondrían el dinero necesario para que yo pudiese aplicar semitonos de color más elaborados. Su organización se haría cargo de todo el proceso y del marketing, para que yo pudiera sentarme y ponerme a crear. Nos dividiríamos las ganancias. Todo esto cabreó a Dave Sim un montón, porque le parecía que Tundra estaba socavando todo lo que él estaba intentando hacer con los autores que se habían involucrado en el mundo de la auto-edición. Yo me convertí en uno de sus principales objetivos. Dave había sido alguien fundamental para que tomase la decisión de auto-editarme The One en un tomo. En ese momento era el único proyecto que en realidad había llegado a auto-editarme alguna vez.

PINKHAM: ¿Fue antes de Tundra?

VEITCH: Antes de Tundra. Y Sim había sido alguien instrumental al ayudarme con el impresor. Todo eso de que nos juntásemos los autores que nos estábamos auto-editando empezó a flojear en cuanto apareció Tundra. Al parecer, al existir Tundra ya no era necesaria la auto-edición, porque la editorial se haría cargo de los problemas empresariales y los artistas serían libres de crear. Y me enamoré de la idea. Pero Sim ya me había advertido en términos muy claros sobre lo que ocurriría finalmente, lo que suele ocurrir en todas las empresas. Pero no creo que ni siquiera Sim estuviese preparado para darse cuenta de lo velozmente que se fastidiaron las cosas.

PINKHAM: Es posible que nunca hubiese visto una compañía dirigida por un benefactor tan generoso.

VEITCH: Kevin perdió el control desde el principio. Ese primer verano en San Diego, compró 65 proyectos. Y todo se convirtió en una loca carrera para construir una organización que fuese capaz de manejar esa gran cantidad de material en poco tiempo.

PINKHAM: ¿Había rumores en el negocio sobre el hecho de que estuviese comprando material de todo tipo?

VEITCH: No creo. Es cierto que cuando empiezan a pasar cosas, en una comunidad creativa tienden a transmitirse rápidamente. Bissette y yo estábamos intentando mantener las cosas en secreto. Pero nos dimos cuenta de que todo nos saltaba de las manos. En un principio teníamos la esperanza de atraer a Alan, Neil, Dave McKean y algunas otras personas clave parecidas, y sacamos los cinco primeros títulos. Nuestra idea para Tundra era la de que fuésemos capaces de concentrar las cosas y obtener una repercusión con algunos pocos proyectos interesantes. Pero Kevin era insaciable. Era su negocio, su elección. Nadie podía convencerle de lo contrario. Creo que tendía a ser tanto un patrón como un editor. Y por eso hizo las cosas de esa forma, porque amaba la historieta, tenía mucho dinero y tan sólo quería ayudar a la gente. Gran parte de esta fabulosa gente creativa apenas es capaz de sobrevivir trabajando en este negocio. Compró gran cantidad de obras de arte, y tampoco quería una sola página... compraba la miniserie completa. Eso podía suponer una gran diferencia en la vida de un artista pobre. Kevin también estaba planeando montar un museo, de modo que era una forma de canalizar más dinero hacia la comunidad que en caso contrario se habría utilizado para pagar impuestos. ¡Creo que hasta cierto punto Kevin cambió la forma de cómo debían ser las cosas económicamente para un dibujante de comic book!
PINKHAM: Recuerdo ver “Tantalizing Stories” y pensar que estaba muy bien que por fin los cómics se editasen en ese tipo de formato.

VEITCH: Lo he escuchado más de una vez. Algunos afirman que la única razón de que existiese Tundra fue para publicar "Frank In The River". Y "Understanding Comics". Creo que no había ningún editor parecido que se pudiese haber encargado de cualquiera de esos proyectos. Tundra se hizo cargo sin problemas. Los editó y encontraron su público. Los dos son hitos del campo de la edición de la historieta.

PINKHAM: ¿Cuál era la situación cuando vendiste tu serie Bratpack? ¿Te pagaron bien?

VEITCH: No, estúpidamente no supe explotar mi título [risas]. Todo lo que quería era una calidad decente de edición, por lo que lo que me pagaron lo invertí en eso. No quería preocuparme por la calidad del formato y no poder concentrarme y no entregar mis páginas. Muchos otros tuvieron ofertas mejores que la mía. Pero yo estaba a bordo desde el principio, y me veía a mí mismo como parte de Tundra. Creo que Steve también sentía lo mismo. Sobre todo durante el primer año. Mientras la empresa comenzaba desesperadamente a contratar a cualquiera y a ponerlos en posiciones de autoridad, Steve y yo estábamos trabajando muy duro para intentar resolver muchos de los conflictos de personalidad que surgieron en ese momento. Allí no existía una verdadera jerarquía. Kevin no solía hablar sobre los objetivos que quería conseguir, y por debajo de él las cosas siempre tendían a salirse de madre, lo que debía ser Tundra, el rumbo que debía tomar… fue un verdadero desastre. No creo que hubiese momento alguno en el que tuviese control real de la empresa. Hasta casi al final, cuando se la vendió a Kitchen.

PINKHAM: ¿No se suponía que Bratpack también lo iba a publicar Ballantine Books ?

VEITCH: Oh, si, claro. En Dell. Fue otra buena debacle [risas]. Tundra consiguió un agente y el agente llevó a cabo una subasta y me parece que vendió cinco proyectos de Tundra, y Bratpack estaba entre ellos. Creo que From Hell era otro, y también Melting Pot. No estoy seguro del resto.

PINKHAM: ¿Cómo funciona una subasta de ese estilo?

VEITCH: Todo se hace por fax. Se envía un fax a 20 editores diferentes donde les dices: “Podéis comprar todos estos títulos, hacedme una oferta y blah, blah, blah”. A continuación ellos te envían un fax con las ofertas. Conseguimos una muy buena por Bratpack, creo que de 50.000 dólares, para hacer una película.

Por supuesto, yo acababa de terminar la serie y todos mis amigos me llamaron a filas. "¡Tío, ese final no mola demasiado!" [Risas.] Entonces cogí la historia de nuevo y me la repasé: cambié algunas partes, añadí más páginas, le di un final completamente diferente con la ayuda de Bissette y Neil Gaiman (que se la leyó y sugirió algunas cosas, actuando en cierta forma como editor adjunto [risas]). Y la reformé para la película (en realidad, creo que al final tenía buen aspecto), y eso significó dar marcha atrás y rehacer toda la historia, porque iban a hacer un gasto importante y finalizar la producción le estaba suponiendo un enorme dolor de cabeza al querido Paul Jenkins.

Pero lo terminamos. Me pasé por Tundra el día que se suponía que el tomo iba a imprenta. Estaba revisando las galeradas y Kevin me llamó para que fuese a su oficina. Le habían llamado los de Dell, que se habían retirado del trato porque Waldenbooks había rehusado seguir adelante, y todo por culpa de una escena donde los personajes fumaban crack. Y justo enfrente mío pude ver cómo todo el trato se deshacía por completo.

Eso enterró profundamente el proyecto en un agujero financiero. En realidad, Bratpack había hecho algo de dinero hasta ese mismo momento. Habíamos podido pagar todos los gastos que generaba hasta el momento, y era un proyecto económicamente solvente (no por mucho margen, pero estar cubierto en Tundra era una cosa muy rara [risas]). Y entonces, por culpa de todo el trabajo extra que supuso la película, creo que aún sigue enterrado en ese agujero financiero. Me rompió el corazón.
ALIMENTANDO AL HAMBRIENTO

PINKHAM: ¿Qué estabas intentando hacer con Bratpack?

VEITCH: Para mí fue como una catarsis, porque había estado a punto de convertirme en uno de esos artistas de superhéroes de "fill-in" que llenan las páginas de las grandes empresas. Soy alguien que ha conseguido prosperar en la olla a presión que supone el medio del cómic, alguien que tiene cierta obsesión (creo que esa es la palabra correcta [se ríe]) por dibujar superhéroes y generar un montón de páginas de cómic. 

Mi experiencia en DC me había agriado un poco. Después de Swamp Thing 88, quería romper con todo. Bratpack era en gran parte un grito de traición hacia los sentimientos personales que sentía hacia los superhéroes, quería expresar cómo mi amor de la infancia había sido devorado de alguna forma por esos cínicos empresarios.

Después de haberme pasado tres o cuatro años trabajando en el establo de los personajes de una empresa sin intentar comunicar realmente alguna idea importante sobre los superhéroes (tanto general como particularmente), estaba bastante frustrado. 

Para mí, Bratpack fue también el resultado de haber sufrido un montón de problemas a la hora de digerir el reaganismo. [Risas]. Supongo que le ocurriría lo mismo a un montón de gente. El arquetipo del Vigilante era bastante prominente en la cultura de la época, y era algo que los políticos nos sugerían como una necesidad. El miedo y la paranoia estaban a la orden del día. Enviamos al Ejército a luchar en la guerra del Golfo con excusas recogidas de viejas películas de Clint Eastwood.

PINKHAM: “Vamos, alégrame el día.”

VEITCH: Yo estaba tratando de lanzar ideas sobre lo que era el vigilantismo: avisar de cómo lo habían insertado en el superhéroe moderno. Imaginé que me gustaría hacerlos más malvados, mucho más malos, los vigilantes superheróicos más escandalosos que pudiese conseguir, pensando que de esa forma haría que la gente se indignase lo suficiente como para que dejasen de leer cómics de superhéroes. Visto en retrospectiva, me gustaría decir que no funcionó: alimenté el mismo hambre de los lectores que también alimentaba la máquina de producir superhéroes del momento, y tan sólo los empujé hacia un nivel diferente.

PINKHAM: ¿Recibiste cartas en donde te felicitaran por lo que habías intentado hacer?

VEITCH: Recibí cartas de algún asqueroso de la "Man/Boy Love Association" en las que me agradecía la relación entre Midnight Mink y Chippy [risas]. Estoy orgulloso de Bratpack, pero al mismo tiempo no estaba lo suficientemente preparado como para afrontar que algunas personas podían utilizar la serie como una racionalización del abuso infantil.

PINKHAM: Acabas de comentar que por medio de Bratpack intentabas que la gente dejase de leer cómics de superhéroes, pero además fue tu primera serie de la saga "Heroica" aparecida en King Hell.

VEITCH: La verdad es que creo que no funcionaba del todo. Tampoco parecía que los superhéroes estuviesen realmente a punto de auto-destruirse. Luego empecé Maximortal, y entonces apareció la saga de la muerte de Superman, que supuso un importante momento histórico en el género de los superhéroes estadounidenses. Sospecho que la muerte del arquetipo del superhéroe podría haber sido ideado por la sección política de esa cínica obra corporativa, quizá para conseguir más cuota de mercado [risas]. Claro, que finalmente se lo trajeron de vuelta, pero todos en el mundo real sabemos que Superman ha muerto.

PINKHAM: Dicho eso, ¿sigues ateniéndote a tu descripción original de la “Heroica” como un proyecto realizado a lo largo de diez años? 
VEITCH: Bueno, supongo que me llevará otros siete años acabarlo, y sé que ahora mismo no estamos en la época más adecuada. Si hablamos en puros términos de negocio, intentar lanzar por mí mismo un cómic de superhéroes a color podría crearme grandes dificultades económicas, un problema al que tengo que buscar solución. Si hablamos sobre lo que estoy intentando comunicar sobre los superhéroes, supongo que el proyectos funciona si lo tienes en cuenta desde un contexto cultural más amplio. Las cosas que sentía en aquel entonces no son las mismas que me gustaría comunicar ahora, y puede que los superhéroes se estén encaminando hacia otra nueva transformación. Supongo que lo mejor será sentarse y esperar a ver lo que ocurre.

PINKHAM: Deberíamos volver sobre Bratpack, para pulir un poco más las cosas. Re-elaboraste toda la serie, sobre todo el último número. ¿Se empezaron tus amigos a fijar en las intenciones de la serie en lugar de en la forma?

VEITCH: Como he comentado antes, la primera versión supuso una catarsis extraña, pero la serie no estaba planeada tal y como acabé rehaciéndola a continuación, por lo que tendría que remontarme hasta el momento del que hemos hablado, hasta el punto anterior a “Heartburst”, cuando creo que en su mayor parte incluí lo que sentía en ese momento, aunque todavía no estuviese demasiado elaborado. Sin embargo, eso es lo que hice en Bratpack. En parte, uno de los motivos de que me pusiera a hacer esa serie lo tuvo la locura en general que supuso intentar ayudar a establecer lo que era Tundra.

Mientras estaba haciendo Bratpack también formaba parte (sin que fuese nada oficial) de una reunión de cerebros dispuesta a conseguir que Tundra se pusiera en marcha, con las miras puestas en los derechos de los creadores. Gran parte de mi tiempo se gastaba buscando soluciones para los problemas que surgían entre el personal, intentando enseñar a gente que nunca antes había trabajado en el medio las cosas más básicas que había que hacer a la hora de editar...

PINKHAM: Así que supongo que viajarías muchas veces hasta Northampton...

VEITCH: Oh, claro. Entre que estaba haciendo Bratpack y que estaba intentando ayudar a que funcionase Tundra, probablemente viajaría hasta allí una o dos veces durante el primer año, porque estábamos intentando tener listos los contratos y el resto de locuras que surgen cuando intentas poner en marcha una gran empresa editorial. Es uno de los motivos por los que no puedo entender bien lo que ocurrió, porque yo estaba justo allí, trabajando en la empresa, y tenía mucho que decir, sobre todo a través de mis propios proyectos.

PINKHAM: ¿Conoces si alguno de los empleados "oficiales" se tomó a mal que intentaras enseñarles cómo realizar sus labores de edición?

VEITCH: Bueno, no sé si se puede decir que estuviese enseñándoles cómo hacerlo, sino que fue más como si yo estuviese presente, y cuando aparecía algún problema les decía cuál podría ser una posible solución, en lugar de “inventarla”. No tenía autoridad, aparte de que Kevin escuchase lo que yo tenía que decir. 

En esa época había como una especie de vacío de poder, porque Kevin era muy impreciso con lo que quería, y si dos personas tenían dos ideas diferentes acerca de lo que quería Kevin, las cosas se ponían confusas y se iban de las manos. Creo que muchos de los problemas se generaron por la falta de experiencia del personal.

PINKHAM: Una parte importante de Maximortal trataba sobre la presión que sufren los creadores de cómic por parte de sus editores.

VEITCH: Maximortal es una ficcionalización de la historia de Siegel y Shuster, que esencialmente habían sido despedidos por Warner.

PINKHAM: Es una poderosa fuerza contra la que enfrentarse.
VEITCH: Si, creo que finalmente los propios Siegel y Shuster cedieron porque DC aceptó cuidarse de ellos. Cuando apareció la película de Superman eran ancianos, y como que Warner estaba tan avergonzada frente a la comunidad creativa como para terminar dándoles un estipendio anual. Supongo que no querían que un refrito de la triste historia de Siegel y Shuster apareciese en la prensa. Así que les ofrecieron una cantidad, una fracción mínima en comparación con lo que había generado Superman a lo largo de los años. Fue en ese momento cuando ellos se negaron a seguir hablando de lo que les había ocurrido. Se suele especular con que es posible que tuviesen que firmar declaraciones de confidencialidad para conseguir que les diesen el dinero.

PINKHAM: Parece ser la estrategia corporativa favorita. 

VEITCH: Justo antes de la película Siegel ofreció cierto número de entrevistas en las que comentaba un montón de cosas que les habían ocurrido. Conseguí encontrar algunas de esas entrevistas, porque la verdad es que son bastante difíciles de localizar, y después de leerlas pensé que sí, que todo fue una verdadera tragedia.

Me gustaría que alguien investigara realmente y escribiera la verdadera historia de Siegel y Shuster y del personaje que crearon. Es como si Conan Doyle perdiese a Sherlock Holmes a manos de la revista Strand. Alguien dijo una vez que las tres grandes creaciones de la historia de la cultura popular eran Mickey Mouse, Sherlock Holmes y Superman. Y Superman aglutina toda una forma de arte y toda una industria. Lo trágico es cómo se excluyó a sus creadores del éxito de Superman, estuvieron en situación de pobreza la mayor parte de sus vidas.

PINKHAM: Supongo que sería mucho después de descubrir esas entrevistas con Siegel cuando ideaste aquello de “Spiegal and Schumacher”, sin saber siquiera si la serie tendría éxito o no.

VEITCH: Si, en una de las primeras entrevistas Siegel reimprimía una carta que le habían enviado los tíos de DC. DC estaba en pleno proceso de negociación con Fleisher para la serie de animación, había libros de Superman por todas partes, juguetes por todas partes, el cómic vendía millones de copias. Y ese tío le escribió una carta a Siegel diciéndole: “Sí, sabemos que se te debe una cierta cantidad de royalties por cualquier uso que se haga de Superman fuera del cómic, pero en realidad estamos perdiendo dinero con el personaje.”

Así que no resultó muy difícil [risas] dar con esos elementos trágicos para mis personajes de Spiegal y Schumacher. Un amigo que a mediados de los setenta estuvo trabajando en la parte de producción de DC me contó que durante su primera semana le llamaron para celebrar una gran reunión. Llegó la policía y le enseñó una foto de Jerry Siegel y le dijo: "Este hombre ha amenazado con bombardear el edificio de oficinas. Si lo ves por algún lado o ves extraños paquetes por los alrededores [risas] háznoslo saber."

En el libro de Joe Simon también aparece una historia en la que en un momento dado Siegel aparece por la empresa y le cuenta a alguien que va a vestirse como Superman y a saltar desde un determinado edificio en un momento determinado, y todo el mundo acude para verlo... pero claro, nunca se presentó. Pero eso indica lo absolutamente desesperado que estaba. Desafortunadamente, nadie sabe por qué estaban tan desesperado en ese momento, aparte de que estuviese realmente jodido. No sabemos nada sobre su personalidad.

Después de haber disfrutado de una buena época como dibujante contratado que ha estado trabajando en un sistema que esencialmente se estructuró mediante la violación de Siegel y Shuster 35 años antes, pensaba que mencionarlo en la serie supondría una labor bastante loable. Creo que hay un par de puntos en los que fui un poco demasiado lejos, podría haber sido más sutil y eficaz. Pero de nuevo, el asunto me había generado una buena cantidad de rabia que necesitaba sacar al exterior.

(Concluirá)

NUEVA YORK EN EL DAREDEVIL DE FRANK MILLER

"Investigué mucho para hacer un buen trabajo. Si me pedían que dibujara una cascada, iba hasta una y la dibujaba. Esto es algo que a...