jueves, 27 de septiembre de 2018

MÚSICA Y CÓMICS: DAN CLOWES EN LAS VEGAS

Artículo escrito para el facebook.

Los tórridos ritmos surgen descoyuntados desde el reducido escenario que ocupa la innominada banda habitual del local, haciendo que la mujer que la acompaña encima de las tablas se contonee en una parodia de baile africano. Las trompetas, azuzadas por los golpes de batería, expulsan un mejunje infernal que sería inaudible si no fuese porque su rápida cacofonía apenas dura unos segundos, para a continuación desacelerar y acoplarse mansamente a los desarrollos de la guitarra y el bajo, consiguiendo que el público vitoree a la stripper. La febril música les está haciendo sentir tan bien consigo mismos... tan poderosos por una sola noche, que han olvidado facturas, hijos, mujeres y pleitos. La velada es suya y esa chica también lo será. Agarrada a la barra, la deseada mujer se retuerce sensualmente mientras el cantante negro del grupo que ameniza el gallinero con su extraño aspecto de rock star venida a menos no deja de vociferar insultos y escupir a duras penas las letras del tema de Chuck Berry que la banda de desgraciados con la que suele actuar ha elegido desbaratar. Se atusa el pelo, peinado con un tupé gigantesco, y estira la solapa de su arrugada americana mientras aguijonea con lasciva mirada los movimientos embutidos en un mínimo traje de lentejuelas de su acompañante. Está seguro de que se acostará con él esa misma noche. Esos panzudos vendedores a domicilio y contables borrachos como idiotas de las mesas no tienen ni una oportunidad. El humo del tabaco y de los puros expelido en ebrias bocanadas revolotea por toda la sala velando las caras torcidas de absolutamente todo el mundo, incluyendo los camareros, facilitando que la bailarina que ahora mismo está haciendo girar las borlas de sus pezoneras parezca no tener más de veinte años cuando en realidad acaba de cumplir los cuarenta semanas antes. El calor es pegajoso...

Si el otro día hablábamos de Charles Burns, hoy nos toca ocuparnos del insigne Dan Clowes, quizá el dibujante que mejor ha sabido retratar diversos ambientes sórdidos de los cincuenta americanos en su Lloyd Llewellyn. Vale que el guión administrado en largas dosis podía parecer espeso, pero los dibujos eran icónicos, ¿no? Además, Clowes estaba empezando en el medio y se nota, porque en apenas seis años empezó a entregar sus mejores obras: COMO UN GUANTE DE SEDA FORJADO EN HIERRO, GHOST WORLD, DAVID BORING. Mezclaba la rareza y la rutina en dosis maestras que mixtificaban perfectamente entre sí y también sabía hacer blanco con sus historias cortas, en especial en esa agria CARICATURA que da nombre a una recopilación entre lo más acerado de su producción, que ya es decir. Pero todo esto poco tiene que ver con el largo texto introductorio del principio, en realidad un intento de presentar otra de las facetas de un autor que de las trincheras de lo alternativo ha pasado a ser respetado en las revistas de arte fino de todo el mundo mundial.

Daniel Gillespie Clowes también fue un significativo dibujante de portadas de discos para grupos como Supersuckers ("The Smoke Of Hell"), Raunch Hands ("Payday"), Thee Headcoats ("Heavens To Murgatroyd, Even! It's Thee Headcoats! (Already)") o Cheater Slicks ("Destination Lonely"), prodigándose además como embellecedor de recopilatorios donde se rescataba esa música del infierno tan vital llamada garage, fabricada por los chavales de los barrios residenciales norteamericanos de principios de los sesenta, buenos chicos que aún no habían llegado a la mayoría de edad como para bajar a la gran ciudad, según entendían sus padres, pero que sí eran lo suficientemente maduros como para tocar destartalado rock del que en muchos casos se editaba un single en una tirada de poco menos que cincuenta unidades. Y eso por no hablar de lo poco que ha quedado grabado de los combos, muchos de ellos anónimos, que tocaban en los garitos más tirados de Las Vegas acompañando los bailes de las chicas medio desnudas y que amenizaban las melopeas que se cogía el -poco- respetable público. Estos grupos son los que aparecen en los recopilatorios titulados LAS VEGAS GRIND, compilados por ese Alan Lomax del punk que atiende por el nombre de Tim Warren en su sello Crypt, y bendecidos por Dan Clowes en su segunda y cuarta entregas (en esta última se utilizó la misma portada con los colores cambiados, una más de las poco recomendables prácticas habituales del capo de la casa discográfica para ahorrar dinero.) En estos trituraderos suena rythm and blues, rock y blues, en su mayoría instrumentales, la voz suele reducirse a gritos y gorgoritos de acompañamiento, y los maravillosos ritmos son estándares de big bands y composiciones que repiten clichés rítmicos e imitan temas famosos interpretados por músicos que permanecen en el anonimato y cuyo trabajo era repetir los mismos acordes noche tras noche en el mismo garito. Sin pretensiones de ningún tipo, sonando a veces como la sintonía de los dibujos animados de los cincuenta, esta música solo estaba cocinada para una cosa, dar ambiente en bares de strippers y reprobables tugurios donde refugiarse noches enteras en la ebriedad más disoluta.

martes, 25 de septiembre de 2018

MÚSICA Y CÓMICS: PETER BAGGE -NO- FUE UN GRUNGE

Artículo escrito para facebook. Las fechas de los cómics referidos son de su edición en castellano.

Cualquier seguidor de Peter Bagge debería tener en cuenta toda la metralla política que ha ido soltando durante estos últimos catorce años en sus entrevistas, justo después de finiquitar su famoso "Odio", pues no deja de ser el monólogo personal con el que intentar contrarrestar a base de "razonamientos" las cuestiones de sus adversarios políticos, así como una forma de auto-convencerse de que lo que él maneja es lo correcto. Peter Bagge es otro adepto del objetivismo de Ayn Rand, lo más alejado de la tríada "sexo, drogas y rock n´roll" de la generación X a la que dio la puntilla con la ayuda de la añorada Lisa y compañía en ODIO para posteriormente abrazar una coyuntura bastante más conservadora, aunque no exenta de humor carnicero, nocivo, muy divertido. Como si estuviese utilizando uno de los "sigil" de Grant Morrison, el Buddy de Peter Bagge iba despojándose número a número de su actitud miserable pero alternativa y abrazando una forma de vida miserable pero convencional mientras igualmente el autor dejaba atrás la supuesta progresía que le atribuíamos a alguien que había militado en PUNK magazine, se había hecho con las riendas de WEIRDO por orden del propio Robert Crumb, y estaba incrustado en la escena alternativa musical y del cómic con su ODIO y todo lo que había venido antes, para revelar su lado de vecino de adosado residencial caro (mucho tuvo que ver su matrimonio con su mujer Joanne) al que todo buen norteamericano parece aspirar.

Cuánto habrá tenido que fingir este hombre para poder anunciar su creación en las revistas musicales de punk rock de los noventa, y cuánto se habrá reído el editor de Fantagraphics mientras vendía la serie poco menos que como la panacea grunge que nos iba a enseñar lo que valía un peine a todos los adictos que consumíamos cada entrega. ODIO era algo formidable, y sigue siéndolo aunque nos hayamos enterado a posteriori de que los gustos de su autor puede que no se correspondiesen del todo con lo que aparecía en sus páginas, que al fin y al cabo no eran sino una sátira sobre una supuesta peña anti-sistema que como mucho luchaba por sí mismos y su modo de vida. Un individualismo que tiene que ver en gran medida con la autora de "La Rebelión de Atlas". Por lo menos, Bagge también se aprovechó de su fama (ODIO vendía bastante, según confesaba Jaime Hernandez en una entrevista) y legó para la posteridad los dibujos de algunas magníficas portadas de discos alternativos y de garage punk (la sinergia era tal que se anunciaban en cada entrega de la serie "Hate" estadounidense.) Echa un vistazo a las cubiertas de "Sweetness" de Funland, al single "Down Right Blue" de los Hellacopters o al "Enough Ready Live!" de los brutales maromos neoyorquinos The Action Swingers. Pero Bagge prefiere el desvencijado pop que reinó sin que nadie le hiciera sombra durante los cincuenta y sesenta, tanto que formó parte de The Action Suits, un grupo que operaba bajo las premisas aducidas donde militó como batería en los noventa sustituyendo al mismísimo Al Columbia, y se encargó igualmente de los diseños de las carpetas de los singles. El grupo editó un puñado de saltarines 7" pulgadas llenos de frescura, y sus miembros se hicieron colegas de Gas Huffer, Mudhoney y los Posies. Alguna vez hasta tocaron en una de las ediciones de la San Diego Comic Con.

Después de esa época dorada de finales de los ochenta, todos los noventa, y principios de los dosmiles, parece como si Peter Bagge hubiese dejado de estar de moda, como si los críticos celebrasen un supuesto coma creativo del autor. Siento contradecir la nauseabunda falacia de que los viejos roqueros no deberían seguir molestándonos con su música, porque con sólo echar un vistazo a la última producción del de Seattle, se puede comprobar que este tipo es alguien con algo que decir, por muchos pinchazos como "Other Lives" (2010) y "Reset" (2013), contrarrestados por las maravillosas "La Mujer Rebelde" (2014) y "Fire" (2017), por mucho que no comulgue con su afiliación política. El mejor jardín donde meterse para comprobar esto último es "Todo el mundo es imbécil menos yo" (como casi toda su producción, editado por La Cúpula, 2011), la serie de historietas que funcionan como crónicas sobre la Norteamérica más perezosa y tonta para la revista Reason en las que Bagge se disfraza de reportero para machacar lo que no le encaja desde su perspectiva "libertarian". Eso por no hablar de la reveladora biografía de Margaret Sanger antes sugerida, una de las activistas menos recordadas que vivió y actuó bajo criterios propios que a veces la hicieron enfrentarse incluso a compañeros de trinchera. Si, a veces Peter Bagge flojea y entrega ficciones que no nos importan ni un pimiento, pero lo mismo -ejem- le ocurre a Beto Hernandez. Si, se habrá convertido en una marca personal y única, y por lo tanto no tiene rival en su estilo y en ocasiones se permite el lujo de mandar esa vis cómica especial que posee a tomar por saco, pero sobre todo se le puede notar el oficio y el talento: sus tebeos siempre braman a los cuatro vientos su amor por el medio.

Bagge explicaba en una entrevista de 1993 en The Comics Journal cómo veía ODIO a toro pasado:

"Bueno, tú misma has dicho que esa generación [X] parece estar relacionada de alguna forma con mi trabajo. Y todo tiene que ver con la edad de Buddy Bradley y sus amigos, y ese es el estilo de vida que a ellos les importa. Y supongo que la forma en que se relacionan entre sí, las situaciones que viven, el trabajo que tienen, sus intereses, sus actividades creativas... ciertamente todo eso son cosas con las que no creo que se relacionen todos los que han llegado al final de su adolescencia, sus 20 años. Pero por lo menos la gente que se molesta en pillar ODIO, que es un considerable porcentaje de la población, sí se ve reflejada en la revista. Cada generación tiene ese factor rebelde del 5%, que es un poco marginal. Precisamente por eso sintonizan con el estilo de vida que plasmo en estas páginas. Todas esas otras cosas, lo que pienso acerca de otros temas, como por ejemplo el aborto, tal vez las personas que, de nuevo, se identifican con Buddy Bradley y están viviendo un estilo de vida parecido, creo que hay muchas posibilidades de que estén de acuerdo conmigo en muchas de ellas. Pero incluso siendo así, hay un montón de gente de esa misma edad que no lo estará. Aunque sí que contará para ese pequeño porcentaje de la población del que estaba hablando antes, esos marginados que se sienten atraídos por algo como ODIO–y que ante todo, la única forma de que lo conozcan es entrando en una tienda como Fallout o The Beguiling o Quimby's en Chicago. Lugares donde sólo un bicho raro entraría por su propio pie sin largarse corriendo atemorizado."

lunes, 24 de septiembre de 2018

¡LA ESPECTACULAR RESEÑA DEL TREINTA Y TANTOS CUMPLEAÑOS DE 2000 AD! (5 DE 6)

Artículo de Tucker Stone y Joe McCulloch para The Comics Journal (página web, 2015). Traducido por Frog2000. Parte 1parte 2parte 3, parte 4.

Hewligan’s Haircut
Por Peter Milligan y Jamie Hewlett

TUCKER: Bueno, esta sí que te gusta, ¿verdad? Véndemela, Joe. Siempre he pensado que no tenía demasiada sustancia o que era tan divertidísima como dicen, así que, ¿qué me estoy perdiendo?

JOE: Eh... a decir verdad, "Hewligan’s Haircut" no es el mejor cómic de Peter Milligan, ese sería Enigma, aunque si me preguntas, el mejor cómic del que ha formado parte el escritor es Rogan Gosh, pero probablemente es en este donde más se confiese sin tapujos: es como una gran metáfora nerviosa sobre una vida creativa en un mundo con el que no te identificas especialmente. La verdad es que no es fácil de tragar, no. Al tratarse de un tomo centrado en un artista sensible e incomprendido que sabe que su mierda es mejor que la de nadie, constantemente está coqueteando con transformarse en una fuente de irritación, tambaleándose entre la auto-compasión y la arrogancia apenas disfrazada, por no hablar de su dulcemente espinosa amalgama de chica de ensueño que existe únicamente para despertar al héroe / autor y que descubra su propio potencial bombástico... es como una historia escrita por un adolescente, completada por risibles rellenos como "personas mentalmente enfermas prisioneras de una sociedad convencional" y untuosas jeremiadas contra amenazas culturales tan importantes como Andrew Lloyd Weber y el Pop Art. Te lo juro por Dios, es como el primer cómic de género sobre un preso condenado a cadena perpetua al que le he visto expresar incluso una leve admiración por Roy Lichtenstein y que debería haber recibido una carta de recomendación para la Medalla de la Libertad Presidencial, estadounidense o no...

Oh dios, entonces es lo mismo que "The Sculptor", [El Escultor, Scott McCloud] ¿no? ¡Es la misma maldita cosa!

Pero de la misma forma que un Future Shock de un guionista prominente puede ser interesante porque resume sus obsesiones posteriores sin refinar, este tomo recoge la mayor parte de las preocupaciones de Milligan -cuestiones sobre la identidad, la ambivalencia de la cultura popular- destiladas en una especie de grito juvenil lo suficientemente inmediato como para que los lectores jóvenes se interesen en lo que le resulta interesante a los mayores, trazando todo su mapa psíquico mediante una estructura compacta, juegos de palabras, y alusiones a Joyce y todo. Y dado que la interpretación de Milligan sobre la "locura" se traduce esta vez en ver el mundo como literatura interpretable, es lógico que arriesgue más, y su forma de contar historias posea cierta opacidad que ni siquiera se le ha visto en sus trabajos psicodélicos más auto-conscientes. Supongo que para algunos fans de Grant Morrison, Zenith funcionará de la misma forma, aunque esto no es específicamente juvenil, solo inusualmente crudo e inmediato, y te deja sin protección, lo cuál me parece que marca una diferencia. (Dejaré que los historiadores cataloguen los problemas de "The Sculptor", con lo que ya tienen su trabajito.)

Además tenemos el dibujo de Jamie "Gorillaz" Hewlett, la (admitámoslo) única razón por la que esto no es algo que te darían gratis con un número de Judge Dredd Megazine. Hewlett disfrutó de una estancia breve y extraña en 2000 AD en torno a '89 -'90, casi siempre como co-artista o como un reemplazo tardío de Brendan McCarthy. Hewligan’s Haircut fue su única serie original, y en ella desparrama sus habilidades artísticas de una manera que nunca he visto en otro sitio. Hay collages de fotos, dibujos que imitan cuadros, pinturas elaboradas, excelentes trazos en blanco y negro... No creo que sea más que algo anecdótico, pero sin embargo parece alentador ver que es capaz de hacer algo así, te lo concedo, aunque al año siguiente Simon Bisley le quitó los grilletes a los procesos de color con Slaine: El Dios Cornudo [Norma]. No, no era una pálida imitación con hombres musculosos. Las dos series no tienen nada que ver.
Harry 20: On The High Rock [Editado en castellano en 2000AD presenta números 2 a 9, MC Ediciones]. Por Gerry Finley-Day y Alan Davis

TUCKER: Para aquellos que no tengan un interés serio y purificador en el trabajo de Alan Davis, esta historia sobre una estación espacial que es una prisión fuera del mundo puede ser una versión mediocre de un relato que se ha contado mejor al menos en otras cincuenta versiones, la más obvia en ese básico de las reposiciones para la televisión de pago, "The Shawshank Redemption" [Cadena Perpetua, 1994]. Esa película (y la historia corta en la que se basa) no tienen más pretensiones de innovar que Harry 20, pero al menos se pueden trasegar en menos de 180 minutos sin sentir que no se les está prestando la debida atención. Por qué esta serie se seleccionó para su distribución estadounidense está más allá de mi comprensión. Más que en el caso de la mayoría de lo que 2000 AD ha sacado últimamente, con esta tenemos más que suficiente.

JOE: Sin embargo, la historia es divertida. Cuando he mencionado que 2000 AD "tiene" que usar cada guión por el que ha pagado en un momento determinado, esta fue la historia en la que específicamente estaba pensando, ya que Alan Grant terminó reescribiendo gran parte del guión original para convertir el trabajo de Finley-Day en algo que se pudiera publicar. El serial apareció entre el '82 y el '83, pero definitivamente, los guiones originales eran más antiguos. Me gusta Finley-Day, Invasion! es mi top de lo irresponsablemente divertido y con garra de los setenta, pero aparentemente su aptitud compositiva era lo suficientemente cuestionable como para que parte de la jerga del astronauta, como "scrotnig", fuese culpa de los errores ortográficos que se podían encontrar en los guiones que había enviado. En Thrill-Power Overload, Finley-Day escribió una historia en la que una nave espacial persigue a otra a través del espacio, y el piloto de la nave de enfrente rompe la ventana del lado del conductor y empieza a disparar a través...
Leviathan
Por Ian Edginton y D'Israeli

TUCKER: Uno de los nuevos seriales editado recientemente por S&S [en '03 -'05], Leviathan fue bien recibido y trata sobre un enorme barco que desapareció a finales de los años 20. Después de un breve noticiario que detalla su inauguración, la trama salta veinte años en el futuro y se limita a centrarse en los desafortunados pasajeros y contar una historia de asesinato. No es que sea demasiado predecible, aunque es probable que ya hayas adivinado que el asesinato conducirá al descubrimiento de por qué el barco desapareció en primer lugar. Tampoco es muy sorprendente que esta historia tuviese cierto éxito en 2000 AD, porque es mucho más audaz que algunas de los otros trillados seriales de la revista, pero aparte de ese contexto de "no parece Juez Dredd o Rogue Trooper", resulta difícil decir algo especial al respecto. Esta recopilación incluye dos historias posteriores derivadas, ambas ambientadas antes de los eventos de la principal, y ninguna es demasiado interesante. El distintivo dibujo de D'Israeli, negro, blanco y gris, tiene sus encantos, pero sigue siendo un cómic de un "buen soldado", el tipo de dibujo que respetas, pero que no engancha.

JOE: Los '20, ¿eh? Mis propias experiencias con Ian Edginton, un perro verde en el sentido de que antes de su obra para 2000 AD disfrutó de una prolífica carrera en los superhéroes norteamericanos y los cómics vinculados a los media, lo ubican como un tipo 'de época': proyectos como Stickleback (también con el invaluable D'Israeli) y Ampney Crucis Investigates se deleitan desplegando jerga antigua y la solemnidad pasada de moda, aunque aderezadas con imágenes de terror violentas. "Es más audaz que muchos" puede ser una buena forma de etiquetarlo. Curiosamente, lo que he leído de su primera serie, más larga -la ahora concluida "The Red Seas", con Steve Yeowell- es insulsa en comparación, tal vez por empezarla sin haber aprendido todavía a nadar.
Brass Sun: The Wheel of Worlds [publicado en castellano por ECC como Brass Sun, la rueda de los mundos]. Por Ian Edginton y I. N. J. Culbard

JOE: Para los norteamericanos, probablemente en la actualidad este sea el trabajo más destacado de Edginton como guionista, ya que Rebellion lo publicó el año pasado como una miniserie de cómics con las miras puestas en el Direct Market. Además S&S lo distribuyó en un tomo de tapa dura. He leído Brass Sun dos veces, primero como una serie semanal y luego como un cómic, y es bastante fácil ver por qué está recibiendo tanto impulso: se lee como la gran entrada de 2000 AD en terrenos contemporáneos, con una heroína encantadoramente amarga al estilo Adèle Blanc-Sec, conocedora de una sabiduría secreta y competente más allá de sus pares, que se lanza a luchar contra las fuerzas autoritarias y finalmente revela los secretos del mundo de mecanismo de relojero en el que viven varios de sus nuevos amigos y ella. Si no fuese por el estallido ocasional de sangre derramada, podría haber rivalizado con The Phoenix, aunque el colorido dibujo extremadamente suave de Culbard no sea su mejor baza, esta es una nave muy robusta y eficiente, y supongo que la familiaridad con sus situaciones y temáticas en futuros volúmenes, harán que tenga cada vez más resonancia.
Rogue Trooper: Tales of Nu Earth 01-02
Ro-Busters: The Disaster Squad of Distinction
Durham Red: Bitch
Sláine: Book of Invasions 1
The Ten Seconders: American Dream
Button Man: Get Harry Ex
All-Star Future Shocks
Tharg's Creepy Chronicles
Por varios guionistas y varios dibujantes. [Kraken ha editado en castellano cinco tomos que recogen los inicios de la saga de Rogue Trooper. Button Man está editado por ECC. Sláine está parcialmente editado por Norma y Yermo, algunos Future Shocks se pueden encontrar en un tomo de Kraken titulado "Future Shocks, lo mejor"]

JOE: Así que aquí tenemos la inevitable miscelánea de tomos que Tucker nunca llegó a revisar, y que ni tengo ni he leído lo suficiente en otros sitios como para comentar con demasiada autoridad. Los dos tomos de Rogue Trooper recogen la mayoría de los cómics de la saga de infantería espacial de principios y mediados de los ochenta guionizados por Gerry-Finley Day, y dibujados en gran parte por Dave Gibbons, Cam Kennedy, Colin Wilson y Brett Ewins; hay dos volúmenes más en el Reino Unido que se pueden importar. Ro-Busters fue un robot primerizo escrito por Pat Mills para ABC Warriors, que Rebellion recogió en su día en un recopilatorio; la edición de S&S, de 112 páginas, parece ser un poco más delgada que la del Reino Unido. Durham Red tiene la dudosa distinción de ser el único personaje editado por S&S que hicieron los creadores de Juez Dredd, John Wagner y Carlos Ezquerra, hasta que empezaron con su cazarrecompensas mutante Strontium Dog. Sin duda, la sexy heroína vampiro cogió confianza en esta historia de 1987 escrita por Alan Grant. El de Sláine es el primer tercio de la saga de bárbaros célticos de 2003-2006 guionizado por Pat Mills que no parece tener programado un segundo o tercer tomo. Es notable el arte digital neo-photosófico increíblemente llamativo de Clint Langley. The Ten-Seconders es una colección de cómics sobre sobrehumanos de 2006-2008 guionizada por Rob Williams, uno de los escritores más fiables de 2000 AD. En su mayoría está dibujada por Mark Harrison, que es bastante bueno. Solo he leído un tomo posterior, que (en su mayoría) estaba dibujado por Edmund Bagwell, y que también es bastante bueno, aunque el cómic en sí era un poco aburrido. Tal vez fuese mejor antes. Button Man es en realidad una serie de John Wagner y Arthur Ranson (propiedad de sus creadores) que salió expulsada de Toxic!, una revista rival que Wagner había co-fundado; es una historia de crímenes extremadamente violenta, notable por sus terroríficos dibujos hiperrealistas, que solo alientan el apetito de Wagner por la violencia. Frazer Irving dibujó una historia posterior que no se ha recopilado en este tomo. All-Star Future Shocks es una antología personalizada de S&S que repite muchas cosas de la recopilación de Rebellion de 2008 titulada The Best of Tharg's Future Shocks (es decir, muchas historias de Peter Milligan, Grant Morrison y Neil Gaiman), mientras elimina a gente como John Smith en favor de nombres más reconocidos como Mark Millar. Tharg´s Creepy Chronicles también tiene algo de Millar, su serial ultra-oscuro de 1990 Silo con el artista Dave D'Antiquis, pero el evento principal es Storming Heaven, una alegoría de Gordon Rennie y Frazer Irving de 2002 sobre adolescentes contra-culturales de los ´60 que obtienen super-poderes al tomar LSD, y que parece estar hecha exactamente con el mismo pegamento de contacto en el que Zenith ha seguido insistiendo.
Sláine: Warrior’s Dawn
Por Pat Mills, Massimo Belardinelli, Angie Kincaid, Mike McMahon

TUCKER: Las historias originales de Sláine pueden recordar el estilo de Conan, pero no pasa mucho tiempo antes de que las señales visuales desaparezcan, dejándole a uno con la sensación de que está leyendo el proyecto final de un fan de Dungeons & Dragons adicto a la cafeína más que un remix del mundo de Howard. Pero cuando el control cae en las manos de Mike McMahon, la serie ofrece un buen argumento para revisar únicamente sus imágenes. Un estilo que más tarde afirmó haber inventado con la certeza absoluta de que Sláine se debería dibujar de otra manera, incluso si eso significaba llevarse la serie por la fuerza lejos de su co-creadora (Kincaid, quien resultó ser la esposa del guionista) en ese momento. Sláine parece tan vital en estas páginas que es difícil criticar lo rudimentario que resulta todo lo que está haciendo. Básicamente, no te importará que no te importe, y para cuando lo hagas, habrás alcanzado la etapa de Simon Bisley, que es cuando de todos modos la historia empezó a estar muy bien.

(Finalizará)

domingo, 23 de septiembre de 2018

MÚSICA Y CÓMICS: CHARLES BURNS, NO HAY CÓMICS PUNK

Artículo que escribí originalmente para facebook.

"Recuerdo cuando apareció por primera vez el cómic underground, fue como si hasta el momento todo el mundo se estuviese muriendo de hambre. Todo el mundo se moría por tener una identidad, y había ganas de que apareciesen tebeos hippies, cómics que dicha generación pudiera apreciar y donde se expresaran sus sentimientos. Pensé que ocurriría lo mismo con el punk, que en algún momento habría cómics punk. Recuerdo haber visto a Gary Panter por primera vez y pensar, "Oh, sí, ¡esto es lo que son los cómics punk!", pero el punk parecía tan efímero, no fue tan aceptado, no produjo el mismo efecto que [con cómica voz hippie] ´la contracultura hippie´."

Así se expresaba Charles Burns en una entrevista en The Comics Journal. En los inicios de su carrera sus tebeos estaban, indefectiblemente, impregnados de la cultura del rock n´roll con un toque de irreverencia al estilo punk. ¿Cómo no acordarnos con un puntito de nostalgia del momento en el que descubrimos perdido en un número de El Víbora a su personaje El Borbah, el detective luchador mejicano que demostraba que precisamente la paciencia no era una de sus virtudes? ¿Cómo no recordar a Chico Perro y su extravagante forma de enamorarse de las mujeres con las que trabajaba en un local de típica "fast food" norteamericana? Llegó a tener hasta su olvidada serie de imagen real en el LIQUID TV de la MTV y todo. Y eso por no hablar de que su obra mayor, Agujero Negro, fue capaz de cruzar el "angst" adolescente con la música del diablo y conseguir hacernos rememorar esa sensación de no saber muy bien dónde estábamos ubicados que sentíamos cuando éramos (más) jóvenes.

Pero Charles Burns, perro verde de la cultura alternativa, con un estilo de dibujo y otro de guión sin parangón incluso entre sus iguales (Dan Clowes y Peter Bagge, de los que nos ocuparemos en otra ocasión) comentaba en una entrevista en aquella legendaria revista U EL HIJO DE URICH que uno de sus grupos favoritos son otros adalides de la rareza: Royal Trux, una banda que utiliza el blues de los Rolling Stones y lo narcotiza en canciones que van al ralentí, talmente como si sus intérpretes hubiesen consumido algo no demasiado recomendable para la salud... puro nihilismo, como los cómics más agresivos del autor que nos ocupa.

viernes, 21 de septiembre de 2018

MÚSICA Y CÓMICS: LA VIDA DE BRIAN

Artículo que escribí originalmente en facebook.

Se pueden observar una sucesión de paisajes pos-industriales: islas de cemento como consecuencia de la confluencia de varias autopistas, parches de terreno vallados llenos de cascotes condenados a no volver a ser transitados jamás excepto por los encargados de mantenimiento de las compañías eléctricas o los vagabundos. Chimeneas de los altos hornos de fundición expulsando hacia el cielo humo lechoso, ríos sin vida que discurren por cauces artificiales diseñados por manos humanas. Pedregosas e impersonales extensiones de terreno calcinadas por el sol y plantadas en mitad de la metrópoli. Entre las altísimas torres de apartamentos se pueden ver los restos del vestíbulo de un antiguo cine asediado por una pila de informes cascotes de cemento y hierros retorcidos. Un ejecutivo se coloca la corbata mientras mira con desdén ese resquicio de una antigua Civilización. Levanta la mano hacia el taxi sin ruedas que desacelera hasta colocarse a su lado flotando. Rápidamente el hombre de negocios se sube al vehículo, quiere escapar de la presencia de unas ruinas que le recuerdan a su infancia y que ya pensaba que había conseguido erradicar para siempre de la memoria. Mejor continuar eligiendo mentalmente en qué anónima habitación disfrutará de otra de sus fantasías sexuales. Una perversión que conoció a través de unos holo-discos de importación japoneses.

Steve Albini es uno de los productores musicales más reputados, aunque desconocido para las masas, de la escena americana actual. Nacido en el "underground" de la ciudad de Chicago, su primer grupo Big Black achicharraba pabellones auditivos con su música retorcida y violenta, mezcla de tecnología desechada y rock que se miraba en el espejo del post-punk, mientras las angustiosas letras retrataban con sorna la Amérika de la obsolescencia programada, que a su entender había errado, denunciando con asco que los productos parecían ser más importantes que las personas y que las consecuencias de estas políticas serían desastrosas. Años después, el “ingeniero de sonido”, tal y como él mismo se considera, grabaría el “In Utero” de Nirvana en una versión que nunca se llegó a comercializar legalmente. Se rumorea que le pagaron un millón de dólares por el disco fantasma, que Albini invirtió en sus Electrical Audio Studios, donde grabaría a la flor y nata de la música alternativa de los noventa: Pixies, Pussy Galore, Low y un largo etcétera.

Al otro lado del charco, concretamente en León, un joven autor se las arreglaba para incluir en La Gaceta de León unas ilustraciones que acompañaban los sucesos, generalmente escabrosos, que sucedían localmente en una tierra aniquilada por la pobreza. Miguel Angel Martín, su dibujante, vibraba con las canciones de Big Black, por lo tanto uno de sus primeros personajes se haría eco de sus gustos. Keibol Black, el gélido sicario que no tenía problema alguno en matar a cualquiera que se interpusiera entre su misión y el dinero que le reportaría su cumplimiento, también era fanático de “Songs about fucking”, uno de los discos más lúcidos del grupo de Albini. 

Miguel Angel Martín pertenece a ese reducido grupo de demiurgos que ha sabido encajar todos sus encargos en un universo propio, creado por su forma personal de dilucidar la realidad: tanto en los álbumes de cómic que realiza con mayor desparpajo y anhelo recogidos en la recopilación “Total Overfuck”, aquel otro del entrañable “Bug” (un pobre bicho sintético que las pasa de todos los colores), o los que almacenan la vida de un sujeto que casi se ha erigido como su personaje fetiche: Brian the Brain, donde se aúnan ternura y desprecio (el que el resto de congéneres sienten por el mutante protagonista), pasando por los trabajos de encargo para la editorial discográfica Subterfuge o como portadista de libros, en un principio más impersonales, todas sus obras parecen sumergidas en el mismo hábitat. Una cosmogonía que de vez en cuando el autor refuerza con un nuevo álbum (aunque últimamente no se prodiga demasiado), sorprendiéndonos con un escorzo más que añadir a su pesimista visión de la raza humana. 

En el Universo Martín las relaciones humanas se basan en la no irrupción en el espacio del otro, solo se traspasa cuando se quiere agredir o para practicar un sexo impersonal, mero trámite en pos de la búsqueda del placer o del dolor. Para comunicarse, principalmente se utiliza tecnología, pantallas de todo tipo. Los niños son poco menos que propiedades, y los adultos también suelen ser tratados como simples números, o bien productores o bien compradores en el devenir de la sociedad consumista, sin demasiados rasgos personales que los distingan unos de otros. De ahí que nos identifiquemos con los protagonistas de sus cómics, pues destacan mucho en cuanto a que no encajan en la informe masa humana restante, actuantes que visten y se comportan de forma similar. Sin embargo Brian the Brain es un mutado que sufre la desgracia de estar obligado a mostrarle en todo momento al resto algo que le diferencia peligrosamente, su cerebro, en un mundo en el que no abundan. Por su parte, otro de sus personajes, apodado Bitch, se ha exiliado del sistema e intenta atacarlo. Monika Ledesma tiene el cuerpo de caucho y una voluntad de hierro que la empuja a sobreponerse a las continuas penurias a las que tiene que hacer frente. 

Algunas veces el historietista, generalmente acusado de frialdad por la crítica más invidente, ha amortiguado dicha desolación incluyendo momentos de ternura o de humor, que aunque seco, descomprime bastante bien la tensión de sus historias. Es lo que ocurre en Días Felices, en Bug o en algunos de los mejores parajes de Brian. Son momentos de respiro impactantes que funcionan como contrapunto del perturbado panorama que los rodea. La frialdad del dibujo y la extremada agresividad del guión concuerdan con lo que la mayoría de agoreros más apocalípticos repiten a todo aquel que quiera escucharlos: que el hombre es un lobo para el hombre. Las calles de la ciudad parecen vacías, apenas se puede ver a un puñado de transeúntes pasando como una exhalación. Los terrenos que se encuentran en las afueras de las urbes no ofrecen mayor solaz. Son lugares desconocidos e inhóspitos. Los personajes prefieren los interiores, las cuatro paredes donde el imprevisto y el azar son mínimos. En estos tebeos las emociones provienen de la música que el autor disemina en sus relatos: en las pintadas o conversaciones, o en las performances en directo a las que a veces acuden los individuos. Otras veces las sensaciones surgen del sexo sin tapujos y espasmódico y de los momentos de gore brutal que resbalan por las viñetas. Lejos de parecer una apreciación sobre uno de nuestros futuros posibles, el paso del tiempo está convirtiendo a estas historias en clarividentes documentales sobre nuestra época actual.

jueves, 20 de septiembre de 2018

MÚSICA Y CÓMICS: SPIDER-MAN LOW-COST

Rescato otro de los artículos que escribí en facebook relacionados con los cómics y la música.

Aunque no es cierto, pensar que este despropósito, los dibujos de los sesenta de Spider-Man, fueron un tropiezo de Hanna-Barbera es bastante habitual, pero es que no es para menos. Producidos por Ralph Bakshi de la forma más módica posible, siempre han sido uno de los adminículos de Marvel más engorrosos de consumir. Cualquiera que en la actualidad sea capaz de tragarse sin pestañear alguna de sus tres temporadas, especialmente la segunda y la tercera, entrará en una dimensión desconocida parecida a la que presentaban los demonios de Clive Barker en Hellraiser, donde el placer y el dolor se mezclan sin remisión. La cadena de televisión ABC externalizó la producción de la serie animada y para ello contrató a Grantray-Lawrence, una pequeña empresa formada a mediados de los cincuenta que básicamente se encargaba de generar anuncios de bajo presupuesto y que no tenía ni idea de cómo producir una serie de dibujos animados.

Spider-Man es un comic book demasiado importante para el desarrollo del medio y no se merecía este desastre. Durante sus primeros doscientos números, el tebeo fue tan vanguardista como emocionante, un culebrón de super-héroes definitivo que no ha sido superado ni siquiera por la nostálgica e hiper-violenta carta de amor que Robert Kirkman está escribiéndole al género en su Invencible. Pero a mediados de los sesenta Marvel hacía las cosas de la forma más barata posible. Al fin y al cabo, y a pesar del éxito que tenían sus tebeos, seguía siendo un modesto negocio cuya cara visible era Stan Lee, aunque en realidad seguía estando dirigido con puño de hierro por Martin Goodman, uno de los supervivientes de la Edad de Oro de los cómics que se había forjado su trayectoria utilizando los medios más arteros posibles. En Marvel la orden era no tocar demasiado las gallinas de los huevos de oro de la compañía, no sea que ocurriera como en la fábula, y ese espíritu impregnaría muchas de los productos que complementaban los cómics, dándoles un aspecto cutre y apagado. Qué estrechez de miras la de Goodman, alguien que había sido tan hábil como para fundar en los años cuarenta diversas compañías con las que poder torear las arremetidas del fisco americano. Seguramente ni se le pasaría por la imaginación que los productos derivados de los cómics funcionaban como marketing empresarial, y que con sus férreas decisiones estaba ofreciendo una pobre imagen de marca a la firma de la que era propietario.

Pero escasez de recursos también significa afluencia de ideas con el fin de mantener las apariencias como mejor resulte posible, y en "Spider-Man, los dibujos animados", los guionistas y productores poco menos que sufrieron una hemorragia cerebral de tanto pensar en cómo economizar. Las escenas se reutilizaban alegremente de un episodio a otro y las voces se grabaron en Canadá, ya que era más barato hacerlo en ese país que en Estados Unidos, por lo que muchos de los acentos no sonaban norteamericanos. En los primeros episodios, uno de los malvados recurrentes era Misterio, que se quitaba el yelmo y descubría su cara para contar sus terribles planes a todo el que quisiera escucharlo, pero cuando fue reutilizado en los siguientes episodios ya nunca se volvería a desprender de él. De esa forma no tenía que mostrar su verdadera cara mientras hablaba y eso que te ahorrabas en animaciones. Bakshi y su equipo también utilizaron material ya creado para otra de las series de dibujos animados que habían producido, "Rocket Robin Hood", un programa de la TV canadiense que trasladaba la leyenda del arquero a un entorno espacial. Muchas veces las escenas de transición no pegaban ni con cola, pero así se iban completando a todo tren los veinticinco minutos de duración de cada episodio. En la web de la emisora de radio WFMU incluso comentan que había algunos como "Revolt in the Fifth Dimension" en los que habían incluido tanto metraje cortado de antiguos "Rocket Robin Hood" (especialmente de un capítulo que oportunamente se llamaba "Dementia 5") y habían reutilizado tantos anteriores planos de villanos que parecía que esos dibujos los habían hecho bajo la influencia de las drogas. No lo dudo ni por un segundo. Fuese o no consecuencia de la ingesta de algún hongo, los dibujos animados del Spidey de los sesenta son cualquier cosa excepto sanos para el espectador.

Cuando Grantray-Lawrence entró en bancarrota después de la primera temporada, Steve Krantz, uno de los mandamases de la emisora televisiva donde se emitía la serie, ABC, se haría cargo de las dos siguientes temporadas e incluso adelantaría el dinero para que Ralph Bakshi, que empezaba a hacerse un nombre, filmara la adaptación del Gato Fritz de Robert Crumb. Pero no es que esto hiciese que se preocupara más por la calidad de la serie de Spider-Man. Por lo menos en la primera temporada aparecían villanos clásicos del héroe de Marvel como el Duende Verde o el Rino, pero la obsesión por gastar cada vez menos condujo a que en la segunda y la tercera, los clásicos antagonistas fuesen sustituidos en bastantes de los episodios por monstruos más sencillos de dibujar, aunque su aspecto fuese ridículo, llevándose la palma un par de alienígenas con ojos al estilo del alien de Roswell que no sé cómo pasarían el comité de censura, porque daban bastante pavor. Aunque lo más sangrante es que el personaje titular parecía no estar inmerso del todo en su contexto habitual, y podría haber sido sustituido por cualquier otro protagonista sin mucho esfuerzo. Era un Spider-Man sin sustancia y que actuaba fuera de personaje. Incluso el aspecto del traje era increíblemente mísero: con la intención de realizar la animación lo más rápido posible, las mallas de Peter Parker sólo tenían dibujadas las redes en la cabeza, en los brazos y en las piernas, aunque en algunos primeros planos se extendían hasta el pecho, otorgándole a la figura del héroe un aspecto bizarro y a medio terminar. La tercera temporada sería la más delirante del paquete, con música de archivo más oscura, colores más apagados, mayor reutilización de anterior metraje que nunca, y con unos fondos estrambóticos que revestían de un tono crepuscular al programa. En una de las recientes sagas de la colección regular titulada "Spider-Verso", donde aparecen todas, o casi todas, las versiones que han existido alguna vez de la estrella roji-azul, Dan Slott homenajeaba el delirante "cartoon" con melancólica ironía.

En cuanto a la música, el verdadero plato fuerte de tan penosa sucesión de elementos de este Spider-Man sin duda alternativo, para la serie se adquirieron temas de relleno que las grandes compañías como Capitol Records tenían almacenados en stock, miles de canciones grabadas y guardadas listas para vender al mejor postor. Cuando una productora de televisión o de cine necesitaba música genérica para sus shows y películas, compraban un paquete de estas canciones. Es posible que en Spider-Man se utilizase música que ya había estado sonando, o que sonaría en un futuro, en otras famosas series como Doctor Who y El Fugitivo, por no hablar de que también había sido utilizada en algunos anuncios para Servicio Público. Sin embargo, el tema original de la serie, bautizado con el sagaz título de "Spider-Man Theme", sí que fue compuesto expresamente por Ray Ellis y Bob Harris, bendecido con la letra del premiado Paul Francis Webster, y grabado en Toronto en los estudios RCA. La canción terminaría convirtiéndose en una de las preferidas de los estadounidenses gracias a su alegre ritmo y a su estupenda ejecución por parte de doce vocalistas (a los que, por cierto, les pagaron por la sesión aunque nunca más volverían a recibir ni un duro por los derechos.) "Spider-Man" es ya un estándar de la música pop, una de las sintonías de la televisión más veneradas y homenajeadas por músicos de renombre como Woody Shaw, Ramones, Apollo 440, que la grabó para el video-juego de Spider-Man que apareció en el año 2000, o Aerosmith. En la versión de la serie emitida en sudamérica fue el Capitán Memo el que cantó una adaptación de la letra en español. Hasta el cachondo de Homer la versionearía en la película de los Simpsons (2007) para jalear a su colega, el Spider-Cerdo. Es lo más remarcable que se puede salvar de este Spider-Man low-cost, uno de los movimientos comerciales más deleznables perpetrados por Martin Goodman con la ayuda de su empleado favorito, Stan Lee. Al menos la canción, y también, por qué no decirlo, el involuntario matiz psicodélico del engendro, vibraban en armonía con el año en el que se emitió, 1967.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

MÚSICA Y CÓMICS: ROBERT CRUMB ES TODA UNA FOLK-STAR

Entre 2105 y 2016 escribí una serie de artículos sobre la relación entre la música y el cómic para el facebook de Gotham Central Comics de Getafe. Uno de ellos se centraba en las LOCAS de Jaime Hernandez y con el tiempo se hinchó, corrigió y mejoró, convirtiéndose en uno de los escritos de los que estoy más orgulloso. Apareció publicado en Karate Press. El resto los iré rescatando por aquí.

Si me preguntas cuál es mi película predilecta relacionada con los cómics, diría que esa es Crumb [Terry Zwigoff, 1994], el documental que analiza al prolífico creador como el Crumb-ser-humano-con-imperfecciones en lugar del Crumb-responsable-del-cómic-underground, o el Crumb-estrella-del-medio-de-la-historieta, captando así perfectamente quiénes somos, de dónde venimos y acaso hacia dónde vamos el resto de nosotros. Robert Crumb era un talentoso tipo anónimo que no sabía bregar con la realidad tal y como estaba montada mientras estaba creciendo, y que encima tenía que compartir su desazón con una familia desestructurada, por lo que tuvo que refugiarse en un entorno más cómodo, el de la imaginación, donde sería el Rey y no el Perdedor. Crumb se sabía diferente porque sus gustos eran más sofisticados que los del resto de rednecks que asistían a su mismo colegio. Sabía que no encajaba y que nunca lo aceptarían, porque nunca se le habría ocurrido, como ocurría en las conversaciones que captaba a vuelapluma en la calle, celebrar la mediocridad, ¡es que ellos incluso la alentaban! Sabía bien que las debilidades que lo convertían en un bicho raro parecían más terribles que las de sus compañeros y vecinos. Su lenguaje corporal y aspecto desgarbado, que se quedarían congelados en el tiempo durante décadas, provocaban rechazo y disgusto entre sus semejantes. Pero por lo menos el futuro autor tenía un espíritu investigador y mucha inquina escondida madurando, lista para arrojar contra los habitantes de este loco mundo cuando llegase el momento adecuado. A pesar de que lo más saludable sería pasar desapercibido, a veces al joven Robert no le importaba potenciar su diferencia con declaraciones tan peregrinas como "de pequeño me sentía sexualmente atraído por Bugs Bunny". A Crumb, un espíritu ácrata que parecía estar condenado a una existencia solitaria, no le quedó más remedio que refugiarse en sus dos pasiones: los cómics y la música. Y allí se hizo fuerte. Inconscientemente y en contra de lo que le dictaba el sentido común, que era quedarse callado y seguir cómodamente oculto en su madriguera, de nuevo, su actividad lo convertiría en un rostro conocido. Qué poco sospechaba el joven autor que en menos de quince años su carrera provocaría mucho, mucho ruido.

Crumb dibujaba mucho, a todas horas, y llegó a perfeccionar su estilo de tal forma que cualquiera al que se le coloque el sambenito de "underground", inmediatamente tendrá que pasar "la prueba del algodón" y ser comparado con el dibujo del autor. El dibujo de Robert Crumb es reconocible de inmediato, el de aquellos a los que ha inspirado es reconocible como una copia -a veces afortunada, otra no tanto- del maestro. Los tebeos del creador de Fritz, el Gato también difieren entre sí. Resulta relativamente sencillo saber cuáles de las historietas de Robert Crumb pertenecen a su época más díscola y subversiva (aunque nunca se haya ablandado del todo, metiendo siempre el dedo en el ojo de los que quieren reglamentar a sus congéneres y denunciando sin complejos la impudicia y la "idiocracia"), cuáles están influenciadas por el LSD, con cuáles quiere patear la hipocresía y cuáles son puramente lúdicas, gozosos ejercicios creativos. Pero sobre todo, lo que ha conseguido Crumb es idear un canon de dibujo y, en menor medida, de guión. Por eso es uno de los autores vivos más importantes en la actualidad.

Su otra pasión, la música, es la que le confiere otro de los rasgos más interesantes a este creador. Crumb es un impenitente coleccionista de discos. Sus estilos favoritos son el blues, el jazz y el folk surgidos en la Norteamérica de principios de Siglo y que en muchos casos quedaron recogidos en discos a 78 revoluciones, que al principio se fabricaban de pizarra. En el documental "Crumb" se puede ver su colección y resulta impresionante, sobre todo cuando empiezas a echar cuentas de cuánto tiempo de su longeva vida se habrá pasado el autor oriundo de Filadelfia para juntar todas estas valiosas y caras piezas de cultura musical. Y escucharlas. Su pasión también le ha llevado a formar parte de desvencijados grupos como The Cheap Suit Serenaders y Les Primitifs du Futur, que funcionan como un reproductor viviente y actual de los gustos de sus músicos. En una entrevista en el The Comics Journal, Crumb, tan poco dado al auto-bombo, contaba cómo se vio envuelto en la vida de una banda que después de formarse en los setenta, aún parece seguir en activo de forma esporádica:

"Bueno, empecé a salir con Rober Armstrong, Al Dodge y Terry Zwigoff porque todos teníamos gustos en común en lo que se refiere a la música, los viejos cómics y todo lo demás. Llevábamos varios años tocando de forma casual, hasta que un día alguien nos preguntó de refilón si tocaríamos por dinero en una fiesta. Nos chocó muchísimo, pero nos quedamos con la idea de que se podía hacer dinero con esto. Lo siguiente fue que Nick Perls, que trabajaba en una pequeña compañía discográfica de Nueva York, Yazoo Records, nos llamó y nos preguntó si nos gustaría grabar un álbum. No sé cómo se le ocurrió la idea. Probablemente oyese hablar sobre nuestra banda. Pero aquello disparó las fantasías de todos de convertirnos en estrellas del rock o algo así. Durante un tiempo, Al y Robert estuvieron pensando de verdad que podrían llegar a a vivir del grupo, que ganarían un montón de dinero y que se convertirían en grandes celebridades gracias a los Cheap Suit Serenaders. Así que empezamos a darlo todo por el grupo para pasar al siguiente loco nivel con el que también tuvimos que terminar lidiando. Y Al fue muy inteligente y manipulador, y supo mantenernos involucrados en la carrera musical de los Cheap Suit Serenaders durante años."

Cuando Robert Crumb embellece una de las recopilaciones de Yazoo, donde se rescatan por estilos o por autor las músicas que dieron forma a lo que se conoce como "música popular", el producto se convierte inmediatamente en pieza de coleccionista, debido a su atractivo dibujo, reforzando además la labor arqueológica de recuperación de piezas añejas que siguen igual de estimulantes que cuando se crearon, pero que además poseen la capacidad de evocar una etapa de la cultura norteamericana que solo por la pura fuerza de esa música se revela importante. Música, eso sí, desconocida incluso en el momento en el que se grabó y comercializó, llegando a muy pocos. 

Alguien tuvo una gran idea cuando decidió publicar muchas de las ilustraciones de Crumb centradas en su pasión por el folk y blues de Yazoo, más algunas otras aportaciones realizadas en el campo de la ilustración sobre músicos como Ma Rainey o Blind Lemon Jefferson, trading cardscarteles y pósteres impulsados por su pasión de coleccionista, en un libro recopilatorio (aquí publicado por La Cúpula en 2011 con el título de "La Colección de Portadas de Discos") cuyo formato se asemeja al de un vinilo. Un objeto que puede pasar desapercibido pero que es un complemento ineludible en la caudalosa bibliografía de nuestro dibujante. Robert Crumb se crece cuando ilustra, porque sabe que tiene que captar el ojo en menos tiempo, ya que la ilustración es un arte menos acumulativo que el del cómic, da mucho menos tiempo a quedar cautivado, por lo que el maestro se demora mucho más en sus dibujos, los perfecciona, los mima. Sus retratos de los bluesman y las portadas de los recopilatorios, al igual que los antiguos estilos practicados por los grupos con los que toca en directo, también se las arreglan para recoger la esencia de ese pasado rememorado y materializarlo en el presente. Son dibujos -y canciones- impregnadas de una profunda carga emocional cuya contemplación o escucha también podría provocar la nostalgia a cualquiera que no se haya visto nunca atraído por una música que de tan pura produce sobredosis sensorial.

En la misma entrevista, Crumb recordaba su actividad como músico:

"Estuvimos tocando en el circuito "folknik", pero nadie se ha hecho rico interpretando este material. No es como la música rock ni nada parecido. Cuando tocas con ukeleles y acordeones no tienes el mismo atractivo. [Risas.] Diseñamos cómo sería nuestra actuación encima del escenario y aprendimos cómo tocar para entretener a un grupo de gente en un "nightclub" con este pequeño espectáculo. Nunca me sentí demasiado cómodo en mi papel de intérprete en directo. Por lo general nunca he sabido cómo mirar a la gente cuando estoy sentado frente a ella y veo sus expresiones de perplejidad. Pero me divertía mucho con la música, mientras la tocaba estaba feliz. Y también me gustaba estar con los chicos. Pasamos buenos ratos. Es una buena forma de conocer chicas. De vez en cuando podía conocer alguna."


1-The Cheap Suit Serenaders - I´m Gonna Get It
2-The Cheap Suit Serenaders - Singing In The Bathtub
3-The Cheap Suit Serenaders - Sing Song Girl
4-Robert Crumb - Hula Medley
5-Les Primitifs du Futur - La Valse Chinoise
6-Les Primitifs du Futur - Cruelle Tendresse
7-Les Primitifs du Futur - Dionnette
8-The Crumb Family - St. James Infirmary
9-R. Crumb And His Keep On Truckin' Orchestra - Wisconsin Wiggles
10-R. Crumb And His Keep On Truckin' Orchestra - River Blues
11-The Crumb Family - In The Pines
12-Robert Crumb & Jerry Zolten - Chimpin 1
13-Robert Crumb with East River String Band - Where you been so long

martes, 18 de septiembre de 2018

¡LA ESPECTACULAR RESEÑA DEL TREINTA Y TANTOS CUMPLEAÑOS DE 2000 AD! (4 DE 6)

Artículo de Tucker Stone y Joe McCulloch para The Comics Journal (página web, 2015). Traducido por Frog2000. Parte 1parte 2, parte 3.

The Complete Bad Company
Por Peter Milligan, Brett Ewins, Jim McCarthy, Steve Dillon.

TUCKER: "Bad Company" de Peter Milligan tiene una deuda con "Darkie´s Mob" de John Wagner, pero esta última tiene una deuda con Joseph Conrad, y si no paro ahora mismo, se me agrietarán los labios hasta que me remonte hasta Gilgamesh por lo menos. Eso sí, "Bad Company" es una de las historias de 2000 AD que se han editado más de una vez en estas costas, y creo que es porque es bastante buena, incluso aunque tengamos en cuenta la secuela psicodélica postiza. "Bad Company" es la historia de un grupo de soldados de infantería adictos a la violencia que trituran todo a su paso al otro lado de un planeta infernal, una ficción clásica para niños conducida hasta extremos espeluznantes. Poniéndose más fáciles las cosas, Milligan crea a un villano con el que es imposible identificarse o con el que como mucho te puedes identificar a regañadientes, y luego suelta un equipo de tipos duros que van destruyéndolo todo. Si bien las circunstancias hicieron que la gran historia que estaba resultando ser quedase manchada con una buena cantidad de extrañas tonterías al final, su periplo inicial es un brillante ejemplo de cómo manufacturar una historia alternativa a Dredd y Future Shocks para la revista.

JOE: Parece que este año también va a continuar, así que puede que ese "Completo" sea un nombre inapropiado...
The War Machine
Por Dave Gibbons, Will Simpson, Michael Fleisher, Steve Dillon, Kevin Walker.

JOE: ¡Que ironía! De todos los populares ataques de angst superheróicos de finales de los 80, nadie parece recordar el que se sacó de la manga el mismísimo coautor de Watchmen. Su perdido The War Machine supone una absoluta revuelta que rehace el Rogue Trooper de Gibbons y Gerry Finley-Day (un cómic sobre un comando perdido protagonizado por un soldado artificial que busca la venganza) como una loca ópera sangrienta y asesina digna del Frank Miller más patibulario. De hecho, originalmente se suponía que Gibbons iba a escribir y dibujar esta cosa, pero terminó embarcándose en el "Give Me Liberty" de Miller, y sospecho quees lo que le llevó al Gibbons-guionista a adoptar exactamente la narrativa desapasionada de tipo duro: Un francotirador. Sigue moviéndote. Sin prisioneros. Alambre de espino. Desgarra los trajes anti-gas. Los humanos quedan atrapados. Nosotros nos libramos. Está claro que recuerda a Frank el Tanque de Demolición. Demonios, incluso Henry Flint dibuja la maldita portada de esta nueva edición de una forma que claramente parece un homenaje a Miller.

Pero el dibujante no es ni Flint, ni Miller, ni Dave Gibbons, sino el prolífico diseñador y guionista de "Juego de Tronos" Will Simpson en su regreso al cómic, y su buen gusto hace que salpique las páginas de rompedor fuego rosado, cielos y sangre rojos sobre la piel azul, y terrible acero negro. A veces casi recuerda el trabajo de Bill Sienkiewicz y Miller en "Elektra: Asesina", pero Simpson es lo suficientemente surrealista como para crear un remolino impresionista de terror en mitad de los combates: transmite el caos al rojo vivo de la lucha que persiste incluso como una pérfida intrusión mental en tiempos de paz. Las más de 74 páginas están estructuradas en tres actos (lo suficientemente breves como para que la historia tenga la decencia de terminar justo cuando todo ese discurso de "Hermanos, muramos con honor" empieza a resultar molesto). El primer tercio del tomo está compuesto por una gigantesca secuencia de combate, el segundo se aproxima al viaje de "Apocalypse Now" a lo largo de un pedazo de infierno, y el tercero acusa al complejo militar-industrial de ser los VERDADEROS traidores, ¡toma ya! Fundamentalmente, supongo que tendrá mucho que ver con aprovechar la popularidad de "Platoon" y "La Chaqueta Metálica", al igual que Hook Jaw lo hizo con Spielberg, mientras que al mismo tiempo presenta un ¡Nuevo! ¡Oscuro! ¡Violento! origen de una súper-persona perdurable para los Grandiosos Ochenta, pero Dios mío, mejor ponlo junto a La Sombra de Howard Chaykin, ¡porque estos bastardos hacen que de mucha caña!

En la parte final del tomo hay un puñado de historias posteriores de Gibbons / Simpson que es un poco como ver una película de varios fragmentos centrada en una rebanada de pan que se va descomponiendo lentamente.
Shakara: The Avenger
Por Robbie Morrison y Henry Flint.

TUCKER: Excelente acción y ciencia ficción protagonizada por un guerrero galáctico al estilo de Nemesis. Un gladiador que se abre paso por el universo masacrando a aquellos que mataron a su gente. Basado absolutamente en el dibujo de Henry Flint en ABC Warriors, el resultado es genial. Tan directo como el bate que usan sobre la cabeza de Joe Pesci en "Casino". Muy recomendable.

JOE: Ojalá Simon & Schuster hubiese editado el segundo volumen (final). Durante un tiempo lo tuvieron previsto, pero nunca más se supo. ¿Quizá fuese víctima de una reducción de la ambiciosa producción? Tal vez solo fuese por una cuestión económica...
Kingdom: The Promised Land
Por Dan Abnett, Richard Elson, Steve Roberts.

TUCKER: Esta es una inofensiva historia post-apocalíptica que saca a relucir diversas revelaciones (cómo terminó el mundo, cómo se rige el Sistema en la actualidad, cómo han cambiado las cosas) de manera efectiva. Es bastante rápida, y Dan Abnett no se avergüenza de dejar las riendas de la narrativa a Richard Elson, confiando en que el dibujante se encargue de la mayoría de las escenas de lucha (que constituyen un buen tercio del libro) sin depender del diálogo como una muleta. Hay momentos a lo largo de la historia que me dejaron preguntándome si tal vez Elson no será un poco mojigato, ya que su violencia tiene cierta tendencia a la mansedumbre, pero también es probable que el artista esté de acuerdo con el problema básico de la historia, que es que todo es bastante mediocre. Comparado con un gran cómic, no hay gran cosa que apreciar en Kingdom, pero en comparación con cualquier procedimental de una hora decentemente realizado (sea de la variedad de abogados o policíaco), está por encima de la media.

JOE: Entonces, ¿qué piensas de Dan Abnett? ¿Te gusta lo que hace? ¿Te gusta la experiencia Dan Abnett? No me he comprado ese libro, pero me he leído lo último de Kingdom, publicado a finales del año pasado en 2000 AD. En su mayoría eran escenas de batallas llenas de personajes con vestimentas cartoon de utilidad indistinta que gritaban frases que se repetían una y otra vez, con una narración repetitiva en la parte superior de la mayoría de los capítulos que creo que evocaba alguna tradición oral aborigen, pero se parecía más a que se intentaba colmar la incertidumbre de que los lectores fuesen capaces de olvidarse de la mitad del elenco de personajes de una semana a otra, y creo que no es algo infundado. Probablemente me lo habría saltado si cada entrega no se tomara como mucho 45 segundos para terminar. La verdad es que he pasado mucho de Sinister Dexter, la reciente serie de un jillón de páginas que apareció después de Los Guardianes de la Galaxia en la bibliografía de Abnett. De hecho, de todos los que conozco que leen 2000 AD, podría contar con los dedos de una mano el número de personas que admiten abiertamente "seguir" Sinister Dexter. Sin embargo, creo que hay una mayoría silenciosa que ha ido manteniendo durante casi dos putas décadas esta acuosa mezcla de batiburrillo a la Ennis (época Predicador) y batiburrillo a la Tarantino (época Pulp Fiction), y esa es la especie de tragaperras que la Dan Abnett Experience ocupa en mi gran cartografía de 2000 AD: rellena eficientemente el espacio que a menudo suelo obviar, pero que se supone que alguien más se leerá. Durante un tiempo disfruté de su serie Insurrection, una ópera espacial inmersa en la continuidad de Judge Dredd... ¿quizás sea uno de esos guionista que se beneficia de una premisa firme y preexistente como base desde la que empezar a extrapolar cosas propias? También ha escrito gran cantidad de novelas de Warhammer... Nunca me he leído sus Guardianes, aunque podrían funcionar.

TUCKER: De alguna forma esta serie encapsula bastante bien la labor habitual de Dan Abnett: parece el tipo de persona que no tiene muchas ambiciones más allá de entregar las cosas a tiempo. Nunca me he enganchado a su trabajo con las propiedades cósmicas de Marvel, pero sí que he leído lo suficiente como para estar relativamente seguro de poder afirmar que parecía poseer cierto genuino entusiasmo, lo cuál tiene mucho sentido. Si te has forjado una carrera creativa trabajando con versiones genéricas del entretenimiento mainstream, es probable que cuando tengas la oportunidad de acometer un universo popular propio, creas que estás dando un paso adelante, incluso aunque sea un trabajo como asalariado para alguien. En realidad, cuando leo los cómics de Dan Abnett suelo pensar en qué estará pensando Andy Lanning (quien ha trabajado con Abnett en casi toda su obra estadounidense). ¿Se leerá lo que ha hecho y desearía poder cambiarlo? ¿O no le importa lo más mínimo? ¿Le miente a Dan y le dice que se lo ha leído, saboreando secretamente que ni siquiera lo ha intentado?
Lenny Zero and the Perps of Mega-City One
Por Andy Diggle, John Wagner, Jock, Henry Flint, Steve Dillon.

TUCKER: No es una mierda, pero está cerca.
Low Life: Paranoia
Por Rob Williams, Henry Flint, Simon Coleby.

TUCKER: Aunque el universo de Juez Dredd ha engendrado algunos cómics interesantes, Low Life no es uno de ellos. Esta serie es una de esas decepciones que comienza mal y sigue empeorando, la historia de los Jueces Encubiertos de Mega-City One y los diversos problemas a lo Hammett en los que se metieron. (Esto no es exacto del todo, pero después de terminar "Low Life", lo único que queda en la memoria es su textura de cliché de género negro. Eso y el inusual diseño de "Dirty Frank", el personaje basado en Alan Moore.) La portada presenta prominentemente un "Juez bebé", y aunque aparece para criticar sabiamente algo, la mayor parte de este tomo trata sobre un Juez que se llama Aimee Nixon y sus diversos trabajos encubiertos. Lo único que brilla es el dibujo de Henry Flint, pero después de veinte páginas de esta banalidad, es difícil no sentir que estás perdiendo el tiempo. Se volvió vagamente interesante cuando relacionaron parte de la trama con una historia de Juez Dredd ["Trifecta", que publicará a finales de este año S&S], pero la pura verdad es que ninguno de los personajes de Low Life es demasiado interesante, y para cuando te has leído una página, tu cerebro ya habrá descifrado cómo serán las siete siguientes.

JOE: De nuevo, nunca había leído esto, pero me gustan las historias más recientes de Low Life... el material estrictamente dibujado por D'Israeli que básicamente es Dirty Frank: The Ongoing Series (todos los cuadros de texto parecen estar narrados con la voz de Alan Moore, y el efecto es espléndido). Una mezcla decente de humor más vistoso que surrealista y una gran y bufonesca parodia de esas que incorporan a Mitt Romney como el villano de una historia ambientada en las elecciones de EE. UU. bajo la forma de un tiburón antropomórfico parlante.

TUCKER: Lo secundo por completo. Cada vez que se centra en "Dirty Frank", Low Life se vuelve infinitamente mejor. La historia más reciente que estás describiendo (relacionada con el intento de hacerse con el poder de Mega-City) es un excelente ejemplo de lo que debería hacer Williams con su tiempo. Mete a Aimee en un bote de remos y que se vaya muy lejos, y arroja al bebé dentro para que le haga compañía.
Hondo-City Law
Por Robbie Morrison, Frank Quitely, Andy Clarke, Neil Googe, John Wagner, Colin MacNeil.

TUCKER: Quitely. Merece la pena.

JOE: Sí, pero ¿qué pasa con las otras 127 páginas? Creo que hay que enfatizar que Frank Quitely no aparece demasiado en el tomo, aunque sin embargo, lo que hay aquí representa más de un tercio de sus dibujos para 2000 AD y sus hermanos. Además, el... "humor dialéctico" de la historia de Wagner / MacNeil evoca una frase del comediante Hari Kondabolu sobre el amado personaje de los Simpsons Apu: "Si viera a Hank Azaria poner esa voz en una fiesta, lo patearía hasta matarlo".

TUCKER: A veces creo que el tratamiento creativo de los estereotipos raciales del Juez Dredd (lo peor es cómo se representan los hispanos, pero las cosas japonesas de "Hondo" bien pueden ser el escalofriante ganador) se suele excusar porque el cómic es en general una gran sátira sobre los Estados Unidos y los estadounidenses... aunque probablemente esta apreciación solo sea un mecanismo defensivo que surge mentalmente en cuanto pienso en criticar un poco a Dios-Wagner. Las mayores críticas de Dredd son contra el consumidor estadounidense de voluntad débil, ese tipo que se contenta con dejar que el fascismo pisotee las calles mientras la televisión siga funcionando 24 horas al día, 7 días a la semana. Si estos cómics de Dredd odian algo de verdad, entonces creo que odian a los que se callan esperando que mamá les de su comida masticadita, a pesar de la evidente ironía de que las historias se imprimen en el tipo de papel que se creó para que algún día pueda atarse con hilo y lanzarse a una hoguera. Pero cuando este tipo de lenguaje hace aparición, es muy molesto porque también resulta muy incongruente, una reliquia de un tiempo en el que Dredd no parecía tener nada que decir sobre el tema, lo mismo que nunca parece reconocerse que algunos Jueces son negros, y otros mujeres, un futuro en el que parece que hemos dejado atrás el racismo y la misoginia y centramos toda nuestra energía en si eres fuerte o débil, representes o no la ley. Pero entonces Dredd visita el extranjero y los japoneses hablan como en una película de propaganda de los años cuarenta, y no sé qué decir, porque no hay excusa que valga.
Zombo: Can I Eat You Please?
Zombo: You Smell of Crime and I'm the Deodorant
Por Al Ewing y Henry Flint.

JOE: Definitivamente, soy fan de Zombo: es el tipo de humor ridículo y saturado de cultura popular capaz de arruinar la carrera de un guionista y avergonzar a su familia, pero por Dios, es una trampa de la que Al Ewing sale bien librado. Además, no lo he consultado en el Guinness, pero es muy probable que Henry Flint tenga alguna entrada como el Artista Más Desconocido en el Extranjero (en la división de artistas británicos del cómic): una vez hizo aquella miniserie de los Omega Men en 2006-07 para DC con una Dominic Regan en colores que parecía absolutamente insana.

TUCKER: ¡Zombo! Ninguna queja sobre Zombo. En cuanto empecé a prestar atención a Charlie Brooker, también empecé a disfrutar de este tomo, una forma de descubrir lo completamente jodida que está la televisión británica en cuanto te alejas de esa zona de calidad compuesta por Spooks / Prime Suspect / Thick of It. Henry Flint es uno de esos tipos que se coló en mi casa y se hizo un lugar en mis estanterías. Hasta que no comenzamos con esta conversación a cuatro manos, no me di cuenta de la cantidad de obra suya que había leído hasta el momento. Es el tipo de humor en el que mejor destaca 2000 AD, y ocho páginas a la semana es la mejor forma de paladearlo.

(Continuará)

jueves, 13 de septiembre de 2018

¡LA ESPECTACULAR RESEÑA DEL TREINTA Y TANTOS CUMPLEAÑOS DE 2000 AD! (3 DE 6)

Artículo de Tucker Stone y Joe McCulloch para The Comics Journal (página web, 2015). Traducido por Frog2000. Parte 1, parte 2.

D.R. & Quinch, Obra completa. Edición en español por parte de Kraken.
Por Alan Moore y Alan Davis.

TUCKER: Esto no está tan mal. DR. & Quinch es una creación de Alan Moore y Alan Davis, un cómic humorístico que sigue las aventuras y travesuras de un par de adolescentes hiper-violentos. Es algo así como Ren & Stimpy, o cualquier otra serie de televisión demasiado sofisticada como para que parezca claramente para niños, aunque sigue ahondando en placeres parecidos. En parte logra lo que se propone, un sentimiento que Moore parece haber compartido en alguna entrevista, y en parte es una sátira de Hollywood bastante obvia, (¿hay algo peor que una sátira sobre Hollywood?), así que es probable que con esto te baste. Como siempre ocurre con la mayoría de los cómics de Alan Davis, no vas a olvidar que estás viendo a un artista cuya mayor ambición es lograr ser absolutamente competente.

JOE: El propio Moore afirmó más tarde (tal y como se comenta en "Thrill-Power Overload", un documental subtitulado "10 Años de 2000 AD") que la intención era transitar por el mismo camino que "Dennis the Menace" [Daniel, el Travieso]... la versión de Beano, no la de Hank Ketcham. También consideró que "es probable que pida que destruyan esta obra en mi lecho de muerte", pero me imagino que lo dice con cierto brillo en los ojos, sobre todo por lo refrescantemente desvergonzado del tebeo. Aunque tenga una extra-pésima reputación, en la medida en que los personajes están fuertemente inspirados por O.C. y Stiggs de las páginas de National Lampoon, tampoco es que 2000 AD haya tenido reparos para tomar influencias progresistas de cualquier otro sitio.

Sin embargo, en su día fue un cómic muy, MUY popular. Por mi parte, no puedo decir que alguna vez me llegase a gustar demasiado. Hay que tener en cuenta que la obra es conscientemente erudita, pero también tiene un punto slapstick, porque los autores no intentaban ir de pretenciosos, no se trata de eso. Creo que las historias contemporáneas de los Bojeffries de Moore en Warrior con Steve Parkhouse eran mucho mejores, tal vez porque allí estaba lidiando con un entorno urbano más deprimido y semi-depresivo: algo más próximo a lo que conocía el guionista. Moore "puede" ser un tío realmente divertido -sus guiones para el "1963" de Image incluyen una de las sátiras más devastadora de Stan Lee jamás publicadas, y eso que Stan Lee es alguien que invita a la parodia- pero esto es como leer los cómics de Masacre un año después de que se hayan editado. Supongo que el humor nerdo esquemático y "anárquico" envejece muy mal.
La Balada de Halo Jones. Publicada en España por Kraken.
Por Alan Moore y Ian Gibson.

JOE: Si en este momento existe una gran diferencia que trazaría una línea entre 2000 AD y los cómics de acción "mainstream" estadounidenses -una diferenciación macro, global, posiblemente injusta- diría que es el hecho de que lo queramos o no, ya no tenemos más Halo Jones.

Me refiero a lo siguiente: La Balada de Halo Jones nunca llegó a terminar. Moore y Gibson hicieron tres guiones, recopilados aquí, y luego Moore, que para entonces estaba recibiendo muchos encargos de DC (alrededor de 1985), tuvo una de sus explosiones características y se negó a seguir trabajando hasta que le concedieran los derechos de la tira a Gibson y a él. Si recuerdas su acuerdo para Watchmen, Moore cortó amarras con DC porque se suponía que los derechos les revertirían a Dave Gibbons y él cuando se agotara la tirada, lo que por supuesto nunca sucedió... A pesar de todos sus errores, Halo Jones sigue siendo superior a todo lo que hizo Moore para 2000 AD, cuyos propietarios eran IPC cuando la revista se lanzó en 1977, y todavía estaban jugando al mismo juego que Walt Disney, sin indicar en las páginas crédito alguno de quién había hecho las historias. Las identidades de los creadores se consideraban similares a un secreto comercial, y el deseo de aparecer en los créditos una arrogancia desmesurada que amenazaba el sustento de todos por culpa de una frívola vanidad. Kevin O'Neill tuvo que empezar a meterlos ocultos en la página. Esa es la hiel de las mentiras con las que los creadores británicos tuvieron que tragar, y por eso al final se desencadenó la invasión británica en los cómics de género estadounidenses, porque, por malo que fuera el trato, DC seguía haciéndolo mucho mejor. A excepción de que lo dicte cualquiera que sea dueño de 2000 AD, no hay ninguna posibilidad de que los derechos de Halo Jones reviertan a sus creadores, y por eso, teóricamente pueden volver a editar el cómic en cualquier momento, pero a diferencia de DC y Watchmen, NO LO HAN HECHO, porque creo que reconocen que el valor de la serie recae totalmente en sus creadores, que buscaron inspiración en cosas americanas impulsadas por sus creadores como Love & Rockets.

Sin embargo, es difícil decir la palabra "creadores" sin argumentar que... lo que no se suele decir sobre la ruptura Moore / 2000 AD es que también propulsó la ruptura de Moore y Gibson. Este último quería continuar trabajando en una tira que se había vuelto muy popular, respetada y creativamente satisfactoria. De hecho, intentó lanzar una continuación de la serie escribiéndola él mismo, pero 2000 AD no podía hacerlo sin el permiso de Moore, y ya sabes... no ha sido la única vez que la presión de Moore para otorgarle crédito a los "creadores" ha suscitado problemas en sus asociaciones creativas: también se produjo cierta fricción entre Alan Davis y él en "Capitán Britania". (¡Davis ofrece una breve descripción de todo esto en "Kimota! The Miracleman Companion", de TwoMorrows.) Amo a Moore, me encanta que sea un genuino iconoclasta en una escena capaz de canonizar a cualquiera capaz de contentar fácilmente a la base de fans, pero opera desde una distintiva posición ventajista, porque es un prominente guionista al que no le falta trabajo en un oficio que permite a escritores de tal renombre un relativamente amplio período de actividad. Por el contrario, por lo general el dibujante está sujeto a una sola tarea, de la cual extrae su sustento, así que no necesariamente se pueden permitir suscribir la ideología de Alan Moore. La de Moore es un tipo de política dictatorial similar a los guiones dictatoriales de los que Gibson ha admitido (de nuevo, en "Thrill-Power Overload") que ignoró algunas partes que no le parecían necesarias, porque, después de todo, si eres tan crítico con la función de los cómics, escritor original, entonces seguramente podrás dibujar todos estos malditos detalles en tu propio tiempo. ¡Ah! ¡¿Qué?! ¿Que no puedes dibujar lo suficientemente rápido? ¿Estás diciendo que no puedes dibujar de una forma adecuadamente habilidosa que comunique el tono de la obra? ¿Quieres decir... que los cómics... son un arte visual!!? Por supuesto, Gibson también depende de Moore. No he visto otra obra del dibujante que posea la misma calidad que Halo Jones, y lo que hemos escuchado acerca de sus planes para una continuación en solitario del proyecto se podría resumir en tres palabras: es esclavismo, cabronazo, aunque no es muy probable que vaya a lograr algún apoyo. Pero la pelota sigue en nuestro tejado: si todos los dibujantes de cómic del mundo dejaran de trabajar mañana por la mañana, la mayoría de nuestros amados guionistas tendrían que ponerse a escribir el currículum esa misma tarde, mientras que si todos los guionistas desaparecieran de repente en un rapto, todavía existirían los cómics. Probablemente muchos se parecerían a las heces que producía Image en torno a 1995, pero todavía tendríamos cómics. De todos modos, el Halo Jones existente es un cómic fabuloso, y 2000 AD sabe muy bien que son geniales, y de ahí que tengan la ligera sabiduría de que tener algo genial entre manos no significa que haya que exprimir la gallina de los huevos de oro.
Zenith. Editado en España por ECC.
Por Grant Morrison, Steve Yeowell, M. Carmona, Brendan McCarthy.

JOE: Por otro lado, aquí tenemos una obra de varios tomos que nos llegan después de una larga disputa entre 2000 AD y el guionista Morrison, quien comenzó a trabajar en la tira bajo un régimen anterior y ha impugnado la propiedad de la obra. Dicha controversia tampoco ha conseguido limitar la amplia distribución de estos volúmenes, que sí representan una visión genuinamente ignorada de muchas de las obsesiones de Morrison en su primera etapa. Leches, la trama general trata sobre una malévola invasión de Tierras paralelas, notablemente similar al actual Multiverso de Morrison, y además posee la querencia del escritor por los conceptos de los superhéroes perdidos y olvidados como agentes de cambio, tan prominentes en 1987.

Sin embargo, los particulares periplos de Zenith parecen más inmaduros que frescos. La Fase 01 es francamente "terrible" al ubicar a su malcriada estrella de rock en un escenario básico donde se reúnen varias fuerzas, entre ellas olvidadas celebridades de los '60 enfrentadas a un malvado nazi / Lovecraftiano de lo más común. Salvo porque en cuatro días cura a un hombre de su molesta adición al alcohol, Zenith ni siquiera HACE nada hasta presenciar una muerte heroica y poder reunir climáticamente el valor para luchar. Me reí ligeramente con la reformulación de un psicodélico Doctor Extraño a lo Ditko como Tory intrigante del poder, pero en el cómic no hay ninguna idea Morrisoniana que no se formulase mucho mejor en Animal Man al año siguiente, y aun así está muy lejos de Paradax, la tira de superhéroe como estrella de lrock de Brendan McCarthy y Peter Milligan que apareció en las páginas de Strange Days de Eclipse unos años antes: una obra realmente extraña, frívola, alegremente irresponsable, efervescente como los pop ups y con una narrativa digresiva. Zenith estaba abiertamente inspirado por ese trabajo, hasta el punto en que contactaron con McCarthy para dibujarlo, por lo que contribuyó con algunos diseños conceptuales antes de decidir, por su propia cuenta, que "no podía ver el lado positivo de ilustrar una tira que esencialmente estaba copiando algo que originalmente era mío", pero en comparación con Paradax, el argumento de Morrison es totalmente conservador, se asemeja a nada más y nada menos que a ese parangón de los cómics de superhéroes para papás, Kingdom Come, con el regreso de la vieja guardia pasada de moda para ofrecer una guía responsable a los pequeños y malvados cachorros. Olvídate del brillo de los discos pop y mira con atención a los viejos súper-tipos susurrando solemnemente poesía mientras fabrican una milagrosa nube de tormenta con sus inspiradores poderes: ESA es la estética de Zenith. "Influyó en toda una generación de historias de superhéroes, y actualmente es mucho más influyente que Watchmen o Dark Knight", se jactaba Morrison en Thrill-Power Overload, ¿y quién podría discutirlo? Verter una cucharadita de despreocupación para darle sabor a una jarra de reverencia es, sin duda, la receta preferida de los superhéroes.

Pero eso sí, Zenith siempre fue una especie de disfraz. En su libro de memorias de 2011 Supergods [Turner], Morrison se sincera y asegura que como revista, 2000 AD no le gusta particularmente más allá del hecho de que pagase a nuevos guionistas, y que Zenith se editó para cumplir con la intención editorial de vencer a los editores estadounidenses en el juego del revisionismo superheróico, aunque Morrison lo diseñase cuidadosamente como mecanismo mediante el que llegar a escribir a dichos superhéroes estadounidenses. El guionista adoptó a sabiendas "la desaliñada delgadez del hipster" en su propia persona, y no hace falta mucha imaginación para ver a Zenith como el avatar de marca de Morrison, el primero de los muchos juegos de ficción planteados como respuesta al intelectualismo anal y la desesperada auto-gravedad de Watchmen y sus allegados.

Sin embargo, he aquí el problema. Zenith está dibujado por un artista, Steve Yeowell. Y como el dibujo de un cómic controla gran parte del tono, sencillamente Zenith no es el buen rato desechable que aparentemente había planeado su guionista. No puede serlo. El trabajo de Yeowell en la Fase 01 es vacilante, solo funciona bien cuando las bestias cósmicas llegan para el clímax, pero en la Fase 02 ha logrado meterse en el cómic y las páginas se consolidan por completo a base de sombras opacas al servicio de una atmósfera conspirativa, una acción apenas coherente y aterradoras escenas lideradas por un cyborg con mala leche construidas en su mayor parte a base de trazos curvos y manchas de negros. Ya no es una fiesta, es una maldita película de terror: se apodera de un guión de un Morrison más poderoso, plagado con elementos de experimentación genética, conflicto edípico y holocausto nuclear, y reformula funcionalmente a su héroe idiota como un hombre menos arrogante y crecido y lo convierte en un ingenuo joven atrapado por sonrientes slashers paternales / industriales / políticos. Es un dibujo tremendamente serio que desgarra las cortinas del teatro para encontrar a Zenith detrás del escenario en un ataque de ira que tiene la intención de asesinar el angst de tus padres, con lo que se parece a toda una estrella del pop, ¿no? Y en ese estado, esta premonición de toxicidad futura arruina a los buenos superhéroes, (un tema importante en posteriores guiones de Morrison), lo que nos hace ver más allá de la puñetera y engañosa intención del guionista y los editores para darnos cuenta de que verdaderamente, este es un trabajo absolutamente incomprendido por culpa de nuestra confianza ciega en los rumores publicitarios; y así es como lograremos tragar con su argumento.
Nikolai Dante: Too Cool To Kill
Por Robbie Morrison, Simon Fraser, Charlie Adlard, Henry Flint, Chris Weston.

TUCKER: Este cómic es notable por incluir prostitutas y otras cosas por el estilo, que es algo que todavía elude cualquier cómics de superhéroes, porque eso está mal, ¿no? Dante es un sinvergüenza lascivo, cortado por el mismo patrón con el que diseñaron a Han Solo, y persigue la fama y la fortuna mientras intenta sobrevivir en una Rusia futurista devastada por la guerra donde los Zares nunca dejaron de gobernar. A veces, el escenario es interesante, y el cómic nunca oculta que esto es una gran telenovela sobre un hombre al que le gustan las mujeres pícaras que algún día aprenderá a preocuparse por la libertad, el amor, por qué la anarquía no funciona, y así sucesivamente. El argumento seriado en ocho páginas puede disminuir o mejorar las historias porque, por lo general, exige dar una breve explicación cada semana, pero mantiene la historia en movimiento.

JO: Supongo que las ventas del primer tomo no fueron lo suficientemente buenas como para justificar la publicación de los siguientes diez volúmenes en Simon & Schuster, lo cuál duele bastante. Nikolai Dante es una de las obras largas de 2000 AD relativamente poco seriadas concebidas como un trabajo cerrado con un final definido.

TUCKER: Como Nikolai Dante ha finalizado tan solo unos meses antes de este artículo [escrito originalmente en 2012], era difícil imaginar que fuese a mantener el nivel de este tomo por mucho tiempo: casi todas las conclusiones alcanzadas en la historia final se establecieron en sus primeras páginas, por ejemplo: se resuelve la trama de si ella se enamorará de él o no, y esa es la más obvia. Sin embargo, lo que sea que hayan hecho para rellenar la historia durante más de diez años no aparece en este Too Cool To Kill, que es un cómic sólidamente entretenido.

(Continuará)