lunes, 31 de diciembre de 2018

KILLED BY DEATH, LOS GRIMORIOS PUNK DE LOS OCHENTA, por Frog2000

“The only place where there aren't too many
Is in our local cemetery
I'll tell you now I'll do what I can
And get em all sent to Iran
Because I hate tourists tourists suck
It's only their daughters I wanna f*ck
There isn't a tourist that I don't hate
So get the hell out of my state
I hate tourists”

Freeze – I Hate Tourists

Antes de empezar el artículo (zurcido para un fanzine inédito de nombre ARCADE PUNK que aparecerá en algún momento de 2019), estimados lectores, deberíais conseguir de cualquier forma legal o (al menos) alegal el primer disco, el del encabezado, de la saga Killed By Death. Como todos los grandes LPs, si lo subís de volumen sonará más glorioso, y ambientará adecuadamente vuestro hogar y el de vuestros vecinos, convirtiéndoos sin dudarlo en la nueva comidilla punk del bloque o zona residencial de chalets donde residís.

En el primer Killed By Death, tan sugerente o más que cuando apareció en las tiendas por primera vez, y que tanto me costó conseguir en su momento, no hay ni una sola canción desechable. Lo cierto es que cuando se escucha cualquier otro recopilatorio de estas características, se pueden ver de inmediato los rellenos y fallos. Muchos compiladores no saben secuenciar las canciones, tampoco cuándo parar. Desde que inflar los CDs hasta copar los setenta y pico minutos que soportan se volvió un deporte aceptado en cualquier discográfica, grande o pequeña, estos productos consiguieron lo que deberían haber evitado desde el primer momento: provocar el absoluto sopor. Si su formato físico es el vinilo, entonces el editor está sujeto a lo que pueda proporcionar legalmente a su público. No es este el caso: Killed By Death dura lo que debería durar un disco, el tamaño de un vinilo de 12", ni un jodido minuto más. Y si encima las esquivas bandas embutidas con sus mejores canciones de forma PIRATA son todas representativas de cualquier estilo punk que merezca la pena (olvídate del tecno, de la new wave melosa o de los experimentos industriales, aquí predomina el rock fabricado con guitarras), te puedes permitir hacer un recopilatorio rotundo, ese que hay que tener. Para conseguir este Killed By Death tuve que pelearme con catálogos de referencia mil, Correos, la anticipación hasta que llegase a buen puerto, y las dos mil quinientas pesetas de 1993 (una fortuna, oiga) que me clavaron por el primer Killed By Death con la portada del zombie que atesora incunables en su cripta y viste con una camiseta de Black Flag. Mi edición, más corta que la primera, y por eso más efectiva, es la que fue expurgada del primer EP de Beastie Boys, y sendas canciones de los Wipers y FU 2 (en realidad los Downliners Sect con otro nombre). Desde su edición y posteriores reediciones, la influencia de este primer KBD no ha hecho sino aumentar, y muchos de sus temas se han versionado en garages y garitos de todo el planeta sin que parezca que esto vaya a tener fin, porque cada uno de los grupos escogidos lo ha sido desde el punto de vista de alguien que ha cribado y escuchado música durante demasiadas horas. Si tuvieras la posibilidad de editar un recopilatorio de tu música favorita, o por lo menos de tu música favorita en un momento determinado, y después distribuirlo a nivel mundial, ¿qué canciones escogerías? El chavalote sueco que cocinó esta recopilación lo tuvo claro: para empezar, Mad y su inmortal "I Hate Music", y continuó derrochando oportuno gusto con Hollywood Squares, Slugs, Vox Pop, Controllers, Dogs, Gasoline, Kraut, Child Molesters, Cold Cock, Authorities (que participan con dos temas), los increíbles Nuns (con un tema en directo), Users y Vicious Visions.
Pero entremos rápidamente en materia, y para eso echemos un rápido vistazo a la wikipedia (porque hasta el subgénero de las recopilaciones punk dispone de su propia intra-historia oficial), y a mis propios recuerdos de lo que pude leer en los Ruta 66 y otras revistas que atesoro. En 1972, el mítico Lenny Kaye trabajaba como articulista y crítico para revistas de rock que sentaban cátedra como Creem y la entonces furiosa Rolling Stone. En su futuro no tan inmediato se encargaría de los riffs que densificarían la propuesta de los primeros discos de Patti Smith (”Radio Ethiopia” (1976), “Easter” (1978), “Wave” (1978), pero en el año en el que Mao Zedong y Richard Nixon se vieron las caras por primera vez, uno de los múltiples contactos del músico le consiguió un trabajo de lo más estimulante. Kaye conocía a Jac Holzman, el amo de Elektra, que le propuso realizar una recopilación con temas de los años sesenta que retratase otras aristas musicales más desconocidas del momento, y le regaló el nombre: "Nuggets", un disco muy conveniente si se quiere conocer de una vez por todas qué es eso del garage y la psicodelia. Su subtítulo lo dice todo: "Artefactos Originales de la Primera Era Psicodélica, 1965-1968". Kaye escogió con sumo placer sus canciones favoritas, y de rebote, abrió las puertas para que otros coleccionistas y melómanos locos como Greg Shaw urdieran LPs de archivo tan potentes como "Peebles" (aunque las condiciones de los temas no le importasen demasiado, y juntase el listado a partir de fuentes tan reprobables como grabaciones en cinta, o sonase de aquella manera en su primera entrega de 1978), y sobre todo Tim Warren, jefe de Crypt Records, que inundaría alegremente cubetas de discos de todo el planeta con sus “Back From The Grave” y “Garage Punk Unknowns”. Estos verdaderos bibliotecarios de la música escudriñaban sin descanso tiendas de discos y librerías, desvanes y cochiqueras, colmados de viejo y rastrillos, hasta encontrar singles de tiradas absurdas editados en los sesenta de combos que a lo sumo llegaron a legar un par de canciones, pero, ah... qué temazos inmortalizaron en algunos casos.
En la recopilación editada en 1983 por el neoyorquino Warren "Back From The Grave", se ofrecían barbaridades imposibles de conseguir (sobre todo porque se encontraban ilocalizables, aunque fueses rico) de The Alarm Clocks, The Malibus, The Swamp Rats y sobre todo, de The Rats, uno de los actos más punkos de la historia. Muchos otros sacaron recopilatorios directamente en cassette, como el frondoso "Bay Mud" de 1986, que radiografiaba la escena de San Francisco. Por su parte, Roir se las arreglaba plasmando muchos de sus productos en cinta -entre otros, echa un vistazo a World Class Punk (1984), recopilado por Mykel Board-, discos de grupos desconocidos y piratas en directo con momentos puntuales pero reseñables de las diversas escenas underground que en apenas quince años serían tan influyentes como para ganarse el derecho de ser reeditados en vinilo. 
Eso por no hablar de los sellos que se rumorea pertenecían a organizaciones mafiosas como el dicharachero The Swingin' Pig y sus decenas de ramificaciones, cuyas ediciones aparecían y desaparecían en formatos dispares y con portadas y listados de canciones parecidos, pero modificados, para confundir al comprador. Uno de los casos que más gracia me hacen es el de las recopilaciones piratas en cinta bautizadas como “Destroy Tapes” de Dave Fergusson, cuya jeta de cemento le hizo indicar su verdadera dirección en la carátula, aunque no tuviese derechos de nada del material que arrejuntaba.
Si bien las casas discográficas de turno siempre habían editado recopilatorios con la intención de dar a conocer su catálogo, los empaqueados de Tim Warren y otros, generalmente propulsados desde el lado más artesanal y con pocos medios, eran propios del coleccionista obsesivo, agrupando lo que más les hacía vibrar y editándolo arriesgando su propio dinero. Estos recopilatorios de singles ultra-oscuros fueron necesarios para que no se perdiese la exigua producción de muchas bandas. En muchos casos, algunos de estos alardes musicales parecían faltos de genio, pero derrochaban energía, candor, amateurismo y poca profesionalidad. O sea, eran tremendamente punk. Quiero decir que despedían mucho encanto. Y en ocasiones, y perdonen que recurra al tópico, una sola canción valía por discografías enteras.
Los recopilatorios piratas de joyas punk complicadísimas de conseguir del período que empieza en 1977 hasta mediados de los ochenta fueron el siguiente paso natural. Biblias del hardcore punk como Maximum Rock n´Roll o Flipside habían editado sus propios recopilatorios contemporáneos (“Welcome To 1984”, “Flipside Vinyl Fanzine”), al igual que Alternative Tentacles, SST o Dischord, los tres bastiones de la música underground que construyeron la red hardcore en los Estados Unidos y funcionaron además como distribuidoras, no solo de productos autóctonos sino de gran cantidad de material extranjero. Estos magazines y sellos también alentaron y dieron a conocer los productos piratas de muchos grupos y escenas. Como la distribución estaba solventada y podían colocar sus productos sin problemas, prescindiendo además de los gastos de almacenaje (los discos se agotaban a la velocidad del hardcore), los bootlegers sacaron las primeras entregas de lo que se convertiría en gigantescas "sagas" que pronto inundarían el mercado. Los más conocidos, los que crearon escuela y subgénero para siempre, fueron los Killed By Death y los Bloodstains Across... puntos suspensivos y un sinfín de países: Bloodstains Across Texas, Bloodstains Across Spain, etc. Su aspecto, netamente punk y destartalado, parecía sobresalir entre el resto de discos legales, eran más chillones, parecían prescindir de la profesionalidad en favor de la contundencia. Además, en sus surcos había canciones jamás escuchadas de singles de cuya existencia incluso se dudaba. Por recurrir de nuevo al tópico, diamantes en bruto desconocidos. Parecía positivo que alguien se preocupara de reunir todas estas canciones que de otra forma seguirían almacenadas y escondidas para siempre sin una segunda oportunidad. Pero por su extrema rareza, a su vez estos LPs de tirada limitada (se estima que de las primeras ediciones se tiraron entre 750 y 1000 copias) empezaron a convertirse en un producto igual de complicado, muy raros de ver.
El primer Killed By Death apareció en 1988 de la mano de la discográfica fantasma Redrum Records. Fuentes de fiar (Terminal Boredom entre otros foros) aseguran que fue labor de un coleccionista sueco, pero dejemos que el no firmante del artículo de Aburrimiento Terminal sea quien nos explique el origen del meollo, aunque la información puede ser igual de veraz que sus agresivos ataques contra los mentideros que aseguraban que estos recopilatorios provenían de aquí o de acullá. Estamos hablando de punks que suelen trolear con lo que es la historia del género, así que como decía mi abuela, "de lo que te digan, la mitad":

Los cuatro [primeros Killed By Death] fueron recopilados por un sueco gregario con tendencia a atracarse y zambullirse en cualquier cosa nueva que le pareciese interesante. Ten en cuenta que muchos de estos discos no eran tan antiguos... la mayoría se habían editado originalmente solo diez años antes. La tendencia del sueco a espetar: "yo estuve allí y he hecho esto", es una de sus cualidades más entrañables (junto con el desbarre dogmático sobre cualquier tema que te puedas imaginar). Killed By Death es como muy de 1990. La realidad: el título de la serie tiene menos que ver con ser fan de Motörhead y más con un homenaje a Tim Warren y su serie "Back From The Grave". O eso me dijo el sueco un día mientras compartíamos una celda en una prisión turca. ¿Quién podría imaginar que KBD llegaría a ser una categoría más de discos punk, un grupo de noticias de Yahoo y una frase clave utilizada en exceso en eBay? Otras recopilaciones que aparecieron alrededor de la época (o un poco antes) fueron "Feel Lucky Punk?!", "Year of the Rats", y los comienzos de otra serie de éxito atronador: "Bloodstains".
El sueco aludido, Johan Kugelberg, se convertiría más tarde en uno de los mánagers de Matador Records, un label indie responsable de unos cuántos aciertos que consolidarían las escenas grunge y alternativa de los noventa, aunque en mi opinión, junto con el resto de discográficas indies con ambiciones, también acabase para siempre con la frescura del underground y precipitase la profesionalidad mal entendida de los grupos "alternativos", que empezaron a fichar con las majors (y a desaparecer en consecuencia, porque nadie, excepto Sonic Youth, puede aguantar condiciones tan leoninas). Kugelberg, que era un coleccionista reconocido, se había reunido en algún momento de los ochenta con Tim Warren y después de charlar sobre “Back From The Grave” se le encendió la bombilla y decidió publicar los cuatro primeros KBD.
Este cuarteto sigue estando entre lo mejor de la larga saga, pero no por ser los primeros, porque esto no es una cuestión de quién ha llegado antes, sino por, de nuevo, el buen gusto mostrado en la recopilación de los singles escogidos. De la primera entrega ya hemos hablado, aunque habría que puntualizar que su aspecto, su portada, nunca superada, es, como apuntaban en Terminal Boredom, un homenaje velado al primer Back From the Grave (y si no fíjate en la tipografía de la letra dibujada, por no hablar del juego de significado entre los títulos. En la portada del segundo KBD se puede ver una tumba ("grave") con la misma tipografía que indica: "RAW RARE PUNK ROCK 77-82"). Tremendo que en el primer volumen se reeditara sin derechos el primer EP de los Beastie Boys pre-rap "Polly Wog Stew" (que había aparecido en 1982), aunque se eliminó en sucesivas ediciones para quitarse de encima molestos problemas legales.
Solo por el tema que da inicio, el "Bummer Bitch" de los Freestone, y el vitamínico "Just Head" de los bostonianos Nervous Eaters, el KBD2 es una secuela a la altura del primer disco. Eso sin desmerecer la labor de bandas punk ígnotas como Psycho Surgeons, los californianos Cheifs, o Mad, aunque por supuesto, me sobra el bromazo final de los Child Molesters versionando a Yoko Ono. Algunas de las bandas, que en ese momento no le importaban a nadie, más tarde acabarían siendo rescatadas por sellos prominentes como Matador (que editó por primera vez "Perfumed" de Chain Gang) o Alternative Tentacles (que hizo lo propio con los singles de Really Red o Eat). Además, en este KBD2 se podía encontrar una panoplia de grupos suecos, ingleses, americanos, australianos (aunque los primeros KBD seguían plagados eminentemente de bandas norteamericanas), algo que diferencia a los KBD de la otra célebre recopilación con la que imaginariamente se disputaban el mercado, "Bloodstains", centrada en diferentes escenas. Por cierto, de esta dinastía recomiendo unos cuántos: Bloodstains across California, Bloodstains across Spain, Bloodstains across Australia, los cuatro centrados en U.K. Son todos recopilatorios cuidados y con una tremenda selección de temas. La estética de la portada tiene su propio estilo y es reconocible de inmediato, elemento del que carecen los KDB, aunque esta ausencia de marca, a veces, haya redundado en su beneficio.
En el tercero y cuarto discos de la saga, el sueco, afincado en Nueva York, echó los restos y metió temas de instituciones del punk como The Queers, The Plugz y The Lewd (en el 3º) o Zero Boys, Huns y The Victims (en el 4º), en algunos casos con muchos temas de una sola banda (canciones de varios singles, no los singles completos). Para 1993, los KBD y algunas otras recopilaciones bootleg puntuales eran ya leyenda y generaron una rutina: de vez en cuando en el mercado aparecía un objeto deseable que contenía algo desconocido envuelto en una portada provocadora, un objeto de coleccionista que no superaba el valor de los singles individuales que contenía en sus tripas por muy poco. Además, buscar los KBD en la época pre-internet no era tanto una cuestión de encontrar el grial de los singles difíciles de conseguir reunidos todos en un solo artefacto, sino algo más parecido a participar en un juego que consistía en pillarse un buen producto en el que el recopilador de turno había intentado meter canciones que le encantaban, para él una cuestión muy personal. En algunos casos, como ocurría con Warren, Kaye, o Shaw, el material recopilado poseía una especie de sello de calidad. Por su parte, el comprador descubría, quizá por primera vez, a qué demonios sonaba ese grupo de nombre tan sugerente, y adquiría un pedazo de la "otra" Historia de la música, la no oficial.
En el quinto y sexto volumen entró en liza un nuevo protagonista, un australiano que siguió la saga de forma correlativa y que presentaba a un mogollón de bandas más, porque si hay algo que se puede decir del punk, es que se extendió como la lepra en la Edad Media, y en cualquier pedanía y lugar de los setenta y ochenta, pudo asomar una banda sugestiva que se las arreglaba para grabar al menos un single. Las portadas de esta dupla son bastante infames, aunque en la contra se intenta explicar en los textos de qué narices tratan estos recopilatorios, y amontonadas, se reproducen las carátulas de los singles originales. Suenan los potentes The Stalin japoneses, y los famosos The Boys, una banda inglesa que de desconocida no tiene mucho, con seis discos y varios singles en las costillas, pero esta vez la cantidad de grupos es mayor y los pepinazos más cortos, y rápidos. Por lo general, el material era ligeramente más conocido que en las cuatro entregas precedentes. Años más tarde, el sexto disco fue recibido en la plataforma All Music Guide con una reseña demoledora, aunque para mi gusto bastante cerril, pues bien se podría aplicar a cientos de estilos, grupos y etcétera que pululan por el mundo, por no decir que la cita a Flipper y Devo huele un poco a elitismo de autor que ya se ha hecho mayor y al que esto le pilla un poco lejos, en este caso hablamos de Stephen Howell: "La calidad de producción de cada canción es mínima, al igual que la propia música. Las baterías suenan como cajas de cartón, mientras los vocalistas con sordera despotrican sobre potentes pero romos acordes. Incluso hay temas new wave, ya que Screaming Urge nos presentan su monotonía a lo Devo en "Homework". Sin embargo, la mayoría de los grupos suenan como el hermano menor de Flipper, lo que no dice mucho de ellos." Vale, ¿y? Si la mayoría de bandas habían grabado en condiciones pésimas, o algunos de los temas fueron recuperados a partir de singles que se daban por perdidos y que por fortuna se pudieron encontrar, ¿cuál es el problema? Quizá lo sea que el espíritu que anima el punk, ese poder hacer lo que quieres con los medios y capacidades disponibles, se pierde cuanto más te alejas de tus inicios o cuando ya has dicho todo lo que tenías que decir sobre la música durante todos tus años de carrera. Howell ha loado algunas otras entregas de la serie, así que... quizá estoy divagando. Teniendo en cuenta su valor como artefactos especiales con los que pasar un buen rato, estos dos discos son igual de reseñables que los cuatro anteriores. (¿Y quién se resiste a cualquier cosa que lleve un numerito en la portada?)
Mientras se difundían estas dos partes de la saga, también se lanzaba al mercado el recopilatorio "Back To Front" (6 volúmenes), esta vez auspiciado por el veterano sello alemán Incognito Records y aplaudido por la celebérrima revista y foro de discusión y pullas sin cuento Maximum Rock n´roll. La reacción estadounidense fue empezar a recopilar excepciones musicales en los “Teenage Treats” (editados por Xerox, 10 volúmenes). Competidores que justo aparecían para el estreno de KBD número 7, cuyos artífices fueron... ¡tachán! los responsables de "Bloodstains". Como bromazo indicaron en la contraportada la dirección auténtica del australiano responsable de los dos anteriores discos de la saga.
El lema de la octava entrega aparecida en 1995 proclamaba con orgullo cabronazo: "Todo Punk Americano, Nada De Forraje Extranjero". Dando por buenos los rumores acerca de que alguien estaba trabajando en la octava parte, los autores, con sorna, decidieron titular su primer KBD con un 8 y medio. El octavo nunca se llegó a editar (en 2017 apareció una cinta bootleg que se intentaba hacer pasar por el disco perdido, pero no tenía nada que ver.) Los artífices de este disco y los cuatro siguientes son nombres reconocidos en la escena de la crítica punk (uno de ellos) y un coleccionista potente (el otro), pero la información en la contra-portada sobre lo recopilado, toda una tradición, estaba plagada de errores y es poco fiable, por no decir que la reproducción de las portadas de los singles originales es pésima. Eso sí, las propias portadas, con elementos de cómic y chanzas acerca de los responsables de entregas anteriores, y algunos de los textos de presentación, son muy divertidos. Lo mismo ocurre con las ilustraciones de las etiquetas de cada cara. Entre los participantes hay barbaridades sónicas de quilates, pero también actos muy pop que diversifican la colección. Los recopiladores tienen sus propias bandas favoritas: Turnbuckles, Meaty Buys, The Nothing y Sado Nation.
A estas alturas los KBD y el resto de recopilatorios eran una mina, todo dios los conocía y muchos los esperaban, así que los piratas informaban con antelación a las tiendas de discos sobre lo que iban a editar. Otras veces apañaban el arte gráfico de las recopilaciones ANTES de planchar el disco aunque finalmente no tuviesen aún todo el material que se indicaba. A los de Killed By les pasó con el single de "The Nothing", que no estaba en su poder en ese momento, por lo que tuvieron que gastarse quinientos dólares de los noventa en dicho artefacto. De algunos singles solo existía una copia localizada en todo el mundo.

En el décimo disco contradijeron su lema de “Todo Punk Americano” e incorporaron grupos canadienses, por lo que no les quedó más remedio que arengarnos en un texto acerca de por qué habían incluido dichos temas: "Estamos cansados ​​y hasta el gorro ​​de toda la mierda que hemos tenido que aguantar sobre nuestros últimos magníficos volúmenes, el ocho y el nueve. El punk americano no es tan bueno, lo que escuchamos suele ser una mierda. Puede que lo sea. No tomamos partido por nadie, tan solo queremos tu dinero. Te ofrecemos algunos temas del norte para acallar todas esas bocazas. Por favor, no nos deis las gracias por los discos rellenos de la chatarra canadiense más floja que seguro que a partir de ahora van a aparecer durante los próximos dieciséis volúmenes".
Más tarde, solventado errores y con la lección aprendida, este par seleccionaría y se sacaría de la manga otros dos geniales compilados: "No One Left To Blame" (2001) y "Staring Down The Barrel" (2006), repletos de bandas de punk y new wave, aun más -si es que es posible- inaccesibles que las que aparecían en los KBD: Urban Gorilla, Mind Games, Damion Circle And The Luxenboys, todas con un único single en su haber.
Entre 1996 y 2003, KBD, con otros recopiladores diferentes a los anteriores, y la competencia, entraron en guerra y empezaron a anegar las tiendas de discos con productos poco cuidados, donde se repetía material, con canciones poco interesantes o más sencillas de conseguir, pues pertenecían a bandas de larga trayectoria y mucho más asequibles. Había llegado la decadencia y el principio del fin. El KBD 11 era directamente una basura, un grupo pésimo de Nashville, los Frosthy Shakes, haciéndose pasar por una banda punk desconocida de Boston. Ni siquiera sonaban punk. Lo único que tiene gracia son las carátulas fake de la contraportada que intentaban hacer pasar por verdaderas. Lo mismo ocurre con el KBD 16, donde un tal Mike Lucas se entretiene haciendo versiones de mierda de Stooges o Velvet Underground. En los siguientes discos el lema de "Todo Punk Americano" empezaría a obviarse cada vez más, aunque el ritmo de producción no bajó durante casi toda la década y principios de la siguiente, editándose (vete tú a saber por quién) 34 referencias más, a veces siguiendo el orden real de la "colección", y otras según le apetecía al responsable: aparecieron las entregas número 666, la 200, el Killed centrado en Florida, la 1234, la 007, algunas, como la 26º, con todos los temas de bandas canadienses, la 202, todas españolas y con los singles completos, o la 201, todas italianas, pero por lo general, los KBD cada vez eran menos interesantes.
KBD se había convertido en un género en sí mismo y era fácil colocar entre quinientas y mil copias, lo que suponía un buen dinero para el recopilador. Cuando dejó de ser algo que te pedía el cuerpo y se convirtió exclusivamente en un negocio, el mercado quedó sepultado de material, y como suelen asegurar los que nos trituran, fue entonces cuando bajó la demanda. El ritmo descendió y se espaciaron los lanzamientos, y muchas recopilaciones con aspiraciones de seguir en el mercado, legales o no, desaparecieron del mapa. Killed By Death ha continuado hasta hace relativamente poco, pero ya no es lo mismo, porque no puede serlo. O hay falta de ganas, de tiempo, o de ideas, pero los últimos volúmenes parecían sobrar directamente. Irónicamente, lo que se ha incrementado son las reediciones de los primeros discos. Siguen siendo bootlegs, pero más fáciles de avistar en ferias de coleccionista o en tiendas a precios razonables. Eso sí, las ediciones que he visto en CD dinamitan un poco el espíritu original de los KBD.
Cuando empezaron, los KBD y similares se convirtieron en el tesoro más deseado, porque muchos compradores habían comprobado que después de los influyentes Ramones y el hardcore melódico, el punk estaba perdiendo filo, convirtiéndose en algo cada vez más apto para todos los públicos y menos aguerrido. El punk destruye el elitismo, pero también debe alimentar la diferencia: cada uno a su ritmo y manera. Pero según se fueron dejando atrás los ochenta, muchas de las nuevas bandas se miraban exactamente en las anteriores. Al sistema le estaba resultando cada vez más fácil detectar similitudes que parecían conformar un estilo determinado para pasar a absorber así el movimiento punk. Esta sobreabundancia de lo mismo tuvo también su lado positivo y propició que parte del movimiento se volviese más indómito, muchas veces refugiándose en recovecos donde más hacía falta. 

En sus inicios, la música y la cultura punk habían navegado entre los barrizales de los barrios donde la gente se tiene que levantar para trabajar a las siete de la mañana, muchos tienen inquietudes en lugar de ser números, y aunque seas adolescente, te has dado cuenta demasiado pronto de que quizá todo lo que te habían contado era mentira. Algunos de estos chavales de barrio habían montado en los setenta y ochenta las bandas que aparecían en los KBD. Los Killed By Death recuperaban a músicos que habían sido (y seguirían siendo) anónimos, poniendo en entredicho esa parte de la cultura de consumo que asegura que lo antiguo no tiene ningún valor, mientras ofrecían a cualquiera que los buscase (aún lo hacen) minúsculos e importantes momentos de furia y energía descontrolada y comunicación de códigos prohibidos, puro soylent green musical con el que lograr digerir la existencia de una forma más dispuesta. En los noventa y los dos miles, otros continuaron el legado tomando buena cuenta de los géneros representados en Killed By Death y similares, y empujaron un poco más los límites, desmintiendo de una tremenda patada en la jeta que el punk está muerto, una frase que solo la podría decir en alto y sin que se le caiga la cara de vergüenza un cuñado de la música.

sábado, 29 de diciembre de 2018

OSAMU TEZUKA Y SU RECTIFICACIÓN SOBRE MICKEY (4 DE 4)

Artículo de Ryan Holmberg para The Comics Journal, 2012. Traducción: Frog2000. Parte 1parte 2, parte 3.

Uno de los rasgos de Mickey es que es absolutamente reconocible incluso cuando se presenta de una forma alejada de las versiones oficiales de Disney. Sus características distintivas, particularmente la forma de su cabeza, le permiten funcionar ajeno a cualquier estilo gráfico particular. Desde mediados de la década de los treinta, los artistas de akahon japoneses habían aprovechado esta situación, permitiéndose usar la imagen de Mickey sin el estilo concreto de Disney. Conozco algunos ejemplos que aparecieron en el akahon de posguerra, por ejemplo, en Doctor Strange (Kai hakasei) de Yoshioka Ryūzaburō, publicado en Nagoya en 1948.

La historia es una aventura de "detective juvenil" al estilo de Edogawa Ranpo, sobre un niño precoz que usa su inteligencia e invenciones para capturar a una pandilla criminal, en este caso una que utiliza un robot para robar trenes y bancos. El asombroso invento de este manga es una poción que le permite al niño transformarse en otros personajes a voluntad: una mujer cuando quiere caminar por la ciudad de incógnito, un gorila gigante cuando es hora de pelear, o Popeye por la misma razón. En algún momento se queda atrapado en una habitación cuyas paredes se están empezando a acercar una a la otra para aplastarlo, así que el niño se transforma en un roedor en miniatura de Mickey, que se parece al de la portada de Manga College, y salta por la ventana con barrotes.
Por supuesto, el objetivo del artista no era realizar una representación fiel del Mickey de Disney. Yoshioka era un artista sólido de trazo seguro, contratado a menudo por las principales revistas infantiles, y si hubiera deseado hacer que este ratón se pareciera más a la versión de Disney, ciertamente era capaz de hacerlo. Pero eligió no hacerlo. Para este artista, Mickey no exigía un respeto tal como para dibujarlo con altos estándares. De hecho, la narrativa sugiere que no hay nada de especial en él. Es uno más entre un conjunto de personajes cómicos Hollywoodienses prominentes pero intercambiables.
La imagen de abajo es la portadilla interior de uno de los tomos "Screen Manga" de Hōreikan Enomoto, una serie que el prolífico editor de Osaka produjo a principios de los años 50. Como sugiere su título, la serie estaba diseñada para aprovechar la popularidad de las películas, y lo hizo publicando obras de géneros como el chanbara y el Western de lucha con espadas, pero también intentando simular la emoción de ir al cine a ver películas en pantalla grande. La serie es un tema interesante en sí mismo, así que por ahora solo me fijaré en un par de detalles. La portadilla interior y posterior de cada volumen de la serie están decoradas con una gran variedad de personajes de películas, manga y animación, posiblemente destinados a evocar el cartel o pósteres de un cine pintados a mano. Entre ellos se mezclan Popeye, su novia Olivia y Mickey Mouse, que tiene peor aspecto, como si fuese un lejano recuerdo o el graffiti de un fan.
Mickey aparece por segunda vez en la parte trasera de los tomos, ahora vestido con un traje de vaquero, montando a caballo, sonriendo mientras enarbola una pistola. Es una imagen mucho mejor diseñada, aunque todavía palidece comparada con el original. Al aparecer debajo de la frase "Screen Manga de Enomoto", se convierte en el representante del cómic. Claramente, la imagen de Mickey era tan poderosa como para ser el icono permanente del humor, y un símbolo de entretenimiento en la pantalla. Si embargo, estos cómics no están particularmente bien dibujados. La serie "Screen Manga" tiene algunas florituras interesantes, pero la pobreza del dibujo y el acabado los señala estereotípicamente: son "akahon". Quizás eso es lo que Mickey también representa aquí: una ética del entretenimiento que nunca privilegia la calidad.
¿Y cuál es el punto de unión entre las copias de Mickey y las copias de Tezuka? A Tezuka le encantaba Mickey Mouse desde la infancia. Como artista que respetaba a Disney, sería fácil argumentar que como fan, simpatizaba con el destino de Mickey en el akahon. Pero la conexión también se puede hacer de otra manera, y sin tener que intentar indagar en los pensamientos de Tezuka, porque existe la evidencia impresa.

Aunque podría ser un ejemplo aislado. Pero fijémonos en The Strange Man from Underground (Chitei no kaijin) de Eiji Nishioka, sin fecha y sin información de publicación, incluso el nombre del artista también puede ser inventado, pero por el formato y el contenido, supongo que es un tomo de 1953 o algo así. La obra intenta parecerse a uno de los cómics de Enomoto Hōreikan, pero la calidad sugiere la labor de un imitador. El título ya se basa en Tezuka, tan solo elimina un personaje kanji de su famoso Hombre extraño del país subterráneo (Chitei kuni no kaijin), la aventura de ciencia ficción de 1948 que presenta a Michio, el conejo que habla y tiene sentimientos, a menudo considerado como el primer personaje trágico del manga. Este "manga de bolsillo" de bolsillo posee algunas características de la trama muy parecidas a la obra de Tezuka: las clásicas formas de vida tipo renacuajo de la clásica revista de fantasía estadounidense que viven en secreto bajo tierra, el joven que irrumpe en su fortaleza para hacerse con unos planos de tecnología de alto secreto. En cambio, el profesor barbudo que lo acompaña proviene de The World One Thousand Years Later, de Tezuka. Otra historia de ciencia ficción de 1948 que trata sobre viajes en el tiempo.
Una de las cosas sobre el kakihan de las que Tezuka se queja repetidamente es que le parece que fue esa técnica la que acabó con el estilo, particularmente si hablamos del trazo de un autor. Describió los resultados como carentes del mismo "matiz que mis líneas dibujadas" y "los dibujos estaban realizados con trazos que repelen los ojos". De hecho, era un proceso que tendía a reducir los dibujos y hacerlos más esquemáticos. Dicha característica, incluso las líneas que describen contornos constantes donde se encierran figuras planas, se convirtió en parte del estilo akahon. Los dibujos en The Strange Man from Underground representan una versión exagerada de ese estilo general. Podríamos intentar verlos como simples copias de las figuras de Tezuka, pero carecen del dinamismo de los originales. Parte de su falta de vida proviene del hecho de que esa "falta de vida" a veces también se podía ver en el trabajo de Tezuka en los años en que reinaban el procesamiento de los dibujos con la técnica kakihan y el pirateo del kakihan.
¿Y qué es o que aparece en la contraportada de este seudo-Tezuka?

Mickey Mouse, parado frente a un caballete en el que está pintando la transcripción alfabética del inglés al japonés de "Pocket Manga", como si fuera el responsable de esta obra de arte, con una mano ligeramente más segura que la de su escuálido hermano de la portada de Manga College. La presencia de Mickey podría no significar mucho más que la utilización de su icónica imagen humorística de dibujos animados. Pero si pensamos también en sus veinte años de atrincheramiento en una abierta cultura de uso y abuso de su imagen, y en lo que está sucediendo en el interior de este manga de bolsillo, Mickey muy bien podría aparecer aquí como portavoz de la apropiación.
Su amor por Disney, su respeto a Disney, porque a él también le usurparon ideas, y por la agresividad que suponía la cultura de la copia que era el akahon, además de que sabía que Disney había pasado por lo mismo... parecen razones suficientes para suponer que Tezuka se tomó como propias las desgracias de Mickey a principios de los 50. Pero la verdad es que había más: en 1951, Tezuka comenzó a trabajar, por así decirlo, para Disney. Esa historia, una parte de la historia más grande de la emulación de Disney por parte de Tezuka, merece que se cuente en alguna otra ocasión.

viernes, 28 de diciembre de 2018

OSAMU TEZUKA Y SU RECTIFICACIÓN SOBRE MICKEY (3 DE 4)

Artículo de Ryan Holmberg para The Comics Journal, 2012. Traducción: Frog2000. Parte 1, parte 2.

La norma era la mediocridad. Mickey solía ser plano, una abstracción geométrica sin animación plasmática que deambulaba como un montón de bloques sólidos. El material es interesante, y lo guardaré para un ensayo diferente sobre la aparición de Hollywood en el manga anterior a la guerra, pero aquí tenemos un ejemplo que muestra cuán depravado podía ser el Mickey de la juventud de Tezuka. Al igual que el personaje de Máscara Shitgrin de la posguerra, este manga tampoco es demasiado representativo del akahon de su época. Es el manga para niños peor dibujado que he visto del período pre-bélico, sea de material protagonizado por Mickey o de cualquier otro tipo. No hay datos de publicación en absoluto. No figura el nombre del editor. No se cita al autor. Tengo otro manga de Mickey similar en cuanto a calidad de impresión y color, y es posible que lo editase el mismo editor. Indica la fecha de 1934, es de un lugar llamado Kanei Hakkō de Tokio. Podría ser de la misma época y editor, aunque la calidad del dibujo sugiere un estudio diferente, y el contenido quizá sea de una fecha un poco más tardía.

Su título es una apropiación de "Bakudan san yūshi", "Los tres valientes soldados-bomba", a veces traducido como "Las tres bombas humanas", un famoso episodio militar durante el llamado "Incidente del 28 de enero" de 1932 en el que las fuerzas japonesas atacaron Shanghai en respuesta a la destrucción de las empresas japonesas de la ciudad por parte de los residentes chinos. En un combate celebrado el 22 de febrero, tres soldados de infantería japoneses irrumpieron bajo una lluvia de balas para embestir con una carga explosiva contra las cercas de alambre de púas del enemigo, despejando el camino para su regimiento, pero explotando y falleciendo en el proceso. Basándose en el hecho, la prensa japonesa mitificó el episodio rápidamente y lo cubrió de forma amplia en más de 100 titulares, también se recontó en libros, se filmó una película y se interpretaron obras kabuki, bunraku y shinpa con bastante ornamentación. Se convirtió en una canción y el disco se vendió bastante bien. Se convirtió en estándar en los libros ilustrados para niños y en los libros de texto escolares, destacándose como una lección sobre la nobleza, la valentía y el sacrificio de los soldados. Algunas veces aparece en el manga, como en esta ocasión, donde los soldados son animales, probablemente monos, y sus atuendos y cuerpos se han modelado a partir de Mickey, con caras diferentes y sin orejas de ratón. No hay uno, sino tres equipos que terminan por explotar.
El último de los soldados es expulsado del campo de batalla hacia un chamizo con chimenea del campo enemigo. Allí se encuentra con el jefe de los contrincantes durmiendo sobre su escritorio. Es Mickey. Pero matar o capturar al enemigo no resulta suficiente. Le coloca unas gafas en la cara y le da una patada en el hocico. "Ooooh... qué aterrador, un soldado enemigo gigante", dice al despertar y ver al pequeño mono con el tamaño de King Kong. El asustado Mickey está atado. La cuerda sale por el hueco de la chimenea. El otro extremo está enlazado a un avión que pasa en ese momento. Mickey es arrastrado hacia arriba y luego hacia el cielo. El valiente mono es elogiado por su buen trabajo.
Solo es un episodio de la obra. Los otros son igualmente crueles y feos. En otro, un Mickey que camina detrás de otro Mickey es golpeado en la cabeza con un palo. Al último le golpean la cabeza en una puerta. Otro es apuñalado en el estómago. A otro le clavan una lanza en la cabeza. Otros son bombardeados desde el aire. A otro lo arrojan desde un avión. A uno se le incrusta una hélice giratoria en la cara.
De igual forma, en uno de sus trabajos previos a su estreno como autor titulado El día de la victoria (1945), Tezuka elige a Mickey para interpretar el papel de piloto de combate enemigo. En este caso, aparece agrupado con otros personajes de dibujos animados y de la animación estadounidense. Que Mickey forme parte del enemigo estadounidense parece natural dado su país de origen. Sin embargo, es probable que el relato de los tres extraordinarios soldados apareciese antes de Pearl Harbor. Por lo tanto, como ocurre con los cerdos de Norakuro, Mickey lógicamente tiene que ser chino. La tunda que le dan no se puede interpretar simplemente como violencia simbólica contra Amérika. Más importante es que sea extranjero y gracioso. Como es extranjero, puede ponerse prácticamente en cualquier papel. Shaka también reconoció a Mickey como un concepto flexible (su rango como intérprete), pero no lo forzó a aparecer en escenarios demasiado extraños. Pero aquí interpreta al estúpido y desafortunado soldado chino. También se explota el lado de cómic de Mickey. Como pequeño héroe que era en su hogar, existía un límite que indicaba hasta dónde podía ser derrotado Mickey, y al final siempre se salía con la suya. Ahora hace reír a los japoneses como objeto de maltrato y ridículo. Shaka lo muestra rodeado de admiradores al llegar a Japón, sugiriendo que se le podría otorgar el mismo respeto más allá de las fronteras de Estados Unidos. Pero si esa escena estuviera en este akahon, tendría que enseñar, en cambio, al ratón despojado de su honor, despojado de sus derechos, enrollado groseramente en la alfombra roja dispuesta para él, y arrojado hacia un ciclo de crueldad de dibujos animados donde lo golpearían una y otra vez en un slapstick japonés. Que Mickey tenga que estar tan mal dibujado es, por lo tanto, muy apropiado. Al inspirar tan poco respeto, el personaje exige aún menos como diseño o propiedad. La fanfarria alrededor de los estudios Disney como la vanguardia de la innovación y la calidad no le ofreció protección alguna. ¿Manotas  infladas y cara de garabato? Símbolos de un mal artista, por supuesto. Pero también significa que Mickey estaba libre para ser maltratado.

No es que el artista o el editor no supieran cómo debería ser Mickey. Después de todo, ahí lo tenemos, en la esquina inferior de cada página, impreso para poder bailar como un dibujo animado al pasar rápidamente todas las hojas, recordándonos sus orígenes en la animación disneyana. Los japoneses sabían cómo era y de dónde venía. Simplemente no les importaba. Al menos, el editor y el artista buscaban la risas precisamente degradando a Mickey. En el akahon se le consideraba poco más que un roedor divertido que podía ser explotado gracias a su popularidad.
La circulación informal de Disney y otros personajes de la animación estadounidense reapareció a principios de la posguerra, apareciendo prominentemente en la portada de los productos o escondidos en su interior. La calidad solía variar. En el caso de lo que está bien dibujado, por ejemplo, tenemos este tablero para jugar al sugoroku de 1947 con una gran variedad de personajes robados, pero en particular hay una gran representación de los años 30: Betty Boop, Popeye, Mickey Mouse y el Pato Donald. Más abajo en la escala hay una pequeña cantidad de mangas al estilo "bean book" (que se distribuyen como premios en los puestos de juegos del día del festival o cambiándolos por caramelos) protagonizada por varios personajes de la animación y cómics estadounidenses, como La Pequeña Lulú, Félix, el Gato, Mutt y Jeff, Las urracas parlanchinas, Mickey y "Duck". La mayor parte del manga de la época no estaba dirigido a los adultos, físicamente estaban hechos para lectores con los dedos pequeños, ya que miden 6 x 4,25 cm, con dieciséis páginas de ilustraciones al estilo acordeón plegado sobre frágil papel encolado delicadamente a las tapas.
El pequeño volumen de Mickey se titula "Mickey´s Fire Brigade". Su nombre está escrito correctamente en inglés en la portada, pero en la primera página del interior indica "Mikkiy", un intento de interpretarlo mediante el lenguaje japonés. Incluso las palabras no estaban libres de mutilación. Del mismo modo, Mickey lleva su hocico de roedor habitual en el interior, mientras que en la portada aparece arrugado. La historia: suena una alarma en la estación de bomberos, Mickey se desliza por el poste y corre hasta el lugar en la parte trasera de la camioneta, conecta la manguera después de solventar algunos problemas, sube por la escalera hasta al último piso del edificio en llamas, donde primero apaga las llamas del trasero de su colega antes de apagar el fuego del edificio chupando agua a través de la manguera y llenando su cuerpo como un globo hinchado y liberándolo con el extraño sonido en inglés de "JIYN". La historia termina con sus compañeros del cuerpo de bomberos felicitándolo por un trabajo bien hecho.
A veces Mickey aparece en el manga de posguerra junto a estrellas antiguas de la pantalla como Popeye o King Kong. Otras, en su lugar, es reclutado para papeles más novedosos. Un "manga de bolsillo" (12.75 x 8.75 cm) de finales de los cuarenta titulado simplemente "Mickey Mouse" coloca a Mickey y Minnie en el mismo papel del Jerry de Tom & Jerry. Publicado por la empresa de papel Katō (Katō kami gyōsha), tal vez este folleto tenía una función promocional. Al menos, da una idea de cuán informal podía ser la publicación del akahon, porque si sencillamente tenías acceso a uno de los materiales esenciales, en este caso papel, estabas preparado para poder aprovechar el auge del akahon.
Claramente, el autor había visto los viejos cortos de Mickey en blanco y negro. La historia da comienzo con Mickey en su viejo papel vodevilesco, bailando al son de un piano. Minnie llega al lugar y lo llama para irse a jugar juntos con un maravilloso tren que ha encontrado en la sala de juguetes. Mickey lo pone en marcha y se sube encima antes de que Minnie se caiga por la boca del cañón. Es una reminiscencia del corto "Mickey´s Choo Choo" (1929).
Luego aparece el personaje de Tom, escondido detrás de una esquina. Hace todo lo posible para atrapar a los ratones, pero sus artimañas siempre fallan. El manga termina de forma algo inexplicable con los ratones desfilando por la habitación portando una bandera con la insignia del gato coronado. Tom pone atención y los saluda, mientras Mickey y Minnie se marchan hacia la seguridad de un agujero de ratón en la pared.
Algunas partes del manga recuerdan a los viejos cortos de Disney y el fin del belicismo que también puso fin a la movilización de Mickey en el manga de los treinta. Por otro lado, el entorno, una casa con una sala de juegos para niños, claramente tiene reminiscencias de Tom. Es una sustitución reveladora. En lugar de estar al aire libre, habitual en Disney, ahora el lector se sumerge en la casa suburbana de los Tom & Jerry de la animación. Mickey ha sido domesticado, no como en las películas a color de mediados de los 30, donde interpretaba el papel de un propietario de una casa humano, sino como parte de la sala de juegos de un niño, aparentemente una plaga, aunque actúa más como un juguete que ha cobrado vida. Los cambios parecen apropiados para el período en que la buena vida suburbana estadounidense se promocionaba ampliamente mediante películas y cómics como Blondie. De forma apropiada, la contraportada de este tomo tiene una imagen del Pato Donald con las siguientes instrucciones: “En esta imagen están ocultas las letras del alfabeto. Intenta encontrarlas”. Este akahon tenía como objetivo capitalizar la popularidad de las cosas culturales estadounidenses. Quizás también deseaba ofrecer herramientas al niño japonés para que pudiera juntarse con los niños de los Ocupantes.

(Finalizará)