martes, 11 de octubre de 2011

STAN LEE, CEGADO POR EL "HYPE". UN ASESINATO DE CARÁCTER INMEDIATO. POR ALAN MOORE

Stan Lee: Cegado por el “Hype”. Un asesinato de carácter inmediato. Artículo escrito por Alan Moore para Daredevils Magazine nº 3 & 4 (1983). Traducido por Frog2000.

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Dudo que cualquiera de los que se encuentran sentados leyendo este artículo no conozcan el nombre de Stan Lee, aunque sea de oídas... a menos, por supuesto, que seas una de esas personas desafortunadas que se han pasado toda su infancia metidas en un cesto de la ropa sucia. Si ese ha sido el caso, por favor, deja que te informe sobre los detalles más básicos.

Stan Lee es el nombre del genio imperfecto responsable del imperio Marvel Comics en su totalidad. Sin Stan Lee no estarías leyendo este artículo. Sin Stan Lee no hubiesen existido ni Cuatro Fantásticos, ni X-Men, ni Hulk ni tampoco ningún Thor, nada de nada. Sin Stan Lee muy probablemente no habría existido la película de Conan, y estoy casi seguro de que la industria del cómic al completo sería muy diferente, eso en el supuesto de que hubiese existido algo parecido a una industria.

Por otra parte, sin Stan Lee no te podrías sentar frente una cosa que produce tantos escalofríos como la serie de TV basada en Spider-Man. Supongo que este es uno de esos casos en los que es mejor estar a las duras y a las maduras.

Mi larga relación con este señor se remonta hasta hace veinte años, en el fatídico día en el que, encamado por culpa de una de esas repugnantes enfermedades infantiles, envié a mi madre para que me comprara mi ración semanal de cómics. El cómic que ese día quería en particular era el Blackhawk de la DC.

Sin embargo, sabiendo que era poco probable que mi madre recordase un título tan enrevesado compuesto por una palabra de dos sílabas como Blackhawk, fui hacia lo seguro y le dije que el cómic que quería mostraba a un montón de gente con uniformes azules en la portada.
Cuando volvió a casa sostenía en sus manos el tercer número de los Cuatro Fantásticos. Imagínate mi sorpresa.

Por supuesto, mi madre se disculpó profusamente. Gracias a eso, tan sólo la tuve que abofetear suavemente y me frené para no soltar a los dobermans detrás suyo, algo que suelo hacer a menudo. Cerca de dos horas después, finalizada la lectura del cómic algo así como por octava vez, empecé a reconocer que en realidad me había hecho un favor tremendo. ¡El cómic era tan estupendo que te hacía echar espumarajos por la boca de una forma delirantemente salvaje!

Bueno, yo no era el tipo de niño que por lo general suele disculparse, pero recuerdo que por la noche arrojé a mi madre un montoncito adicional de carne cruda y decidí anillar un par de eslabones más a su cadena…

Llegados a este punto, quizá debería explicar exactamente lo que me dejó totalmente impresionado de aquel tercer número de los Cuatro Fantásticos. Después de todo, cuando el primer número hizo aparición, la mayoría de vosotros tan sólo erais un montón de genes y cromosomas aleatorios que estaban dando vueltas a la búsqueda de cómo empezar a existir. Pero por encima de todo, habéis crecido en un mundo en el que se puede encontrar una variedad de títulos tan enorme como para poder elegir entre cerca de cuarenta títulos de superhéroes cada mes.

Dudo que te puedas imaginar el enorme impacto que pudo causar este cómic solitario en aquellos tiempos, en los yermos terrenos de la historieta de 1961, o en la fecha que fuese que ocurrió todo esto que te estoy relatando. Especialmente para alguien cuya única exposición a los superhéroes había sido a través del claro y limpio habitáculo de héroes de mandíbula cuadrada de la DC.
Lo más inmediatamente perceptible del tebeo era la absoluta extrañeza que producía el dibujo de Kirby. Tenía una cualidad escarpada, una textura que casi parecía desagradable para unos ojos acostumbrados a las gráciles figuras dibujadas por Carmine Infantino o 
el suave entintado de Murphy Anderson. Dicho esto, mi gusto por su dibujo empezó a crecer rápidamente en mi interior. 

Escasos meses después ya ni siquiera era capaz de mirar el trabajo de Infantino o Kane o Swan o de cualquier otro dibujante de la DC de la época, sin sentir que me encontraba perdido... porque faltaba la crudeza o algo parecido. Como decía, el dibujo era muy, muy extraño. Aquellos de vosotros que sólo os hayáis visto expuestos a la obra de Kirby a través de obras como “Los Eternos”, no podéis ni empezar a imaginaros lo raras que eran el resto de sus obras.

Sin embargo, los guiones eran todavía más raros. Y eso no significa que el argumento fuese demasiado excepcional... Si mal no recuerdo, en la historia aparecía un villano de segunda llamado Hombre Milagro que tenía el poder de crear ilusiones. Atacaba a los Cuatro Fantásticos, los golpeaba, se reagrupaban, lo golpeaban a su vez, fin de la historia. No era nada especial.

Lo que era especial era la caracterización de los personajes… la forma en la que hablaban, pensaban y se comportaban. Quiero decir... piensa en ello por un momento… en la historia aparecía un típico científico noble llamado Reed Richards que solía hacer declaraciones pomposas sobre cualquier cosa, desde la radiación Epsilon hasta el Amor Universal.

Tenía una novia cobarde y pusilánime, Susan Storm, que siempre daba la impresión de que habría sido más feliz si estuviese recostada en el sofá con una botella de valium a su lado y el último número de Vogue, en vez de ser capturada por el Hombre Topo o algún otro por el estilo.

Su delgaducho hermano adolescente se llamaba Johnny, y era temerario, bocazas y ligeramente desagradable. El tipo de persona al que parecía que le resultaría más sencillo pillarse una caravana para vivir que conseguir una novia estable.

Y por último, pero ciertamente no menos importante, también estaba Ben Grimm, La Cosa.

En aquellos primeros tiempos, La Cosa no se parecía en nada a tu peluche, ni era ese simpático “osito anaranjado” en el que se convertiría con los años. En aquellos días lo habían retratado como una especie de Hulk maníaco-depresivo que padecía constantes migrañas, siempre lanzando diálogos del estilo de: “¡Bah! Fuera de mi camino, insignificantes mortales!”, mientras destrozaba coches y edificios con un entusiasmo que hacía que el habitual hooligan futbolístico lo mirase con admiración.

En más de una ocasión estuvo peligrosamente cerca de asesinar a la Antorcha Humana por culpa de su tremendo mal humor, pero en general, daba la impresión de que siempre estaba a punto de convertirse en un villano en toda regla y que al final terminaría dejando a los Cuatro Fantásticos para siempre.
Para alguien que ha echado los dientes con la aséptica cordialidad de la Liga de la Justicia de América, resultaba embriagador. Me refiero a que si alguna vez Superman hubiese dicho algo remotamente desagradable a Batman o a Wonder Woman en DC Comics, podías tener la certeza de que lo que ocurría es que estaba sufriendo los efectos imprevisibles de la Kriptonita Roja o estaba siendo controlado por la última versión del "Rayo Letal" de Lex Luthor.

En su lugar, parecía que Ben Grimm iba a arrancarle a alguien los brazos y piernas en cualquier momento, sin otro motivo mejor que porque sus cereales se habían quedado empapados antes de aparecer para el desayuno.

Había una escena memorable en ese mismo tercer número que mostraba a la Mujer Invisible ofreciendo con orgullo a sus compañeros de equipo unos nuevos uniformes que había diseñado. (Hasta ese momento, los Cuatro Fantásticos vestían con ropa de calle normal y corriente.)

El uniforme de La Cosa era un traje de color azul muy ceñido que se completaba con botas negras y un yelmo azul que a lo mejor se lo ponía para ocultar su horrible rostro de color anaranjado lleno de grumos. Al final del número lo rompía en pedazos en un acceso de furia, quedándose sólo con las botas negras y los calzoncillos modificados que hemos conocido y amado hasta hoy mismo.

Al mismo tiempo, la Antorcha se ponía gritar como consecuencia de un berrinche que tendría mejor pinta en un niño de cinco años, por lo que decidía abandonar a los Cuatro Fantásticos para siempre. Se puede entender por qué estaba mucho menos interesado en el Hombre Milagro y su ilusoria horda de monstruos que en la vida privada del cuarteto.

Fue la primera vez que pude degustar los guiones de Stan Lee y me quedé enganchado.
Los números posteriores no me defraudaron. En el cuarto, el Sub-Mariner hacía su primera aparición desde los cincuenta, presentándose con la pinta de un vagabundo totalmente ido y amnésico que se estaba pudriendo sosegadamente en una casa medio derruida, hasta que el establecimiento era visitado por la Antorcha Humana después de dejar atrás a sus otros tres compañeros.

En la que para mí sigue siendo una de las escenas cómicas más electrizantes que haya visto nunca, un asombrado Johnny encendía una llama en uno de sus dedos y comenzaba a rasurar la hirsuta melena y la barba enmarañada del vagabundo hasta terminar revelando el sobrenatural rostro triangular y la elegante curva de las cejas del Príncipe Namor, el legendario Hombre Submarino.

Y así continuaron las cosas. Y no sólo en las páginas de los
Cuatro Fantásticos: durante ese período, Lee expandió toda la línea Marvel, modernizó los títulos bandera de la casa e incrementó constantemente su zoo de animales super-humanos, y todavía más recamarcable, escribió él mismo todos los títulos. Thor, Hombre Hormiga, Daredevil, Iron Man, Hulk, Los Vengadores... si tienes bien presente que todos los títulos eran mensuales, quizá te gustaría sentarte y coger papel y lápiz y empezar a pensar cuántas páginas de argumentos tenía que escribir Stan The Man cada mes, además de ejercer de jefe de redacción de un Imperio del Cómic Book que estaba creciendo con la misma velocidad que un bola de nieve que ha echado a rodar.
Me refiero a que en mi caso también soy bastante conocido por escribir una página o dos a tiempo, pero la idea de tener una carga de trabajo como la que tenía él me hace temblar sin control mientras emito divertidos ruiditos chirriantes. El tío debía de tener como ocho litros de café negro ahí donde la mayoría de nosotros tenemos sangre.

Naturalmente, no todos los guiones eran igual de buenos, aunque si alguien me hubiese dicho algo parecido en aquella época, le habría sacado la espina dorsal para mostrársela a continuación.

Al igual que le pasó a la mayoría de los lectores de la época, me convertí en una persona con el cerebro absolutamente lavado por culpa del rugido excesivo y gigantesco de la maquinaria promocional de la Marvel. Si en algún momento su palabrería propagandística me hubiese informado de que el próximo cruce entre Millie la Modelo y Rawhide Kid iba a ser “La mayor aventura épica de todos los tiempos”, entonces, por la gracia de Dios, lo sería y no me importaban nada ni Guerra y Paz, ni La Biblia, ni Las Minas del Rey Salomón, ni Moby Dick. Por lo que a mí respecta, si no estaba escrito por Stan Lee no me hacía falta tenerlo en consideración.

Es probable que uno de los logros más notables de Stan Lee fuese lograr amarrar a su público a sus series, y eso que el rango de edad de sus lectores era bastante más alto del de los que usualmente se les suele asociar. Y lo hizo aplicando cambios constantes, modificando sus series y haciéndolas evolucionar.

Ninguno de los títulos tenía permitido permanecer estático durante demasiado tiempo. Iron Man empezó como un juggernaut vestido con una armadura gris para pasar a convertirse en una persona con otra elegante armadura roja y dorada que se convertiría gradualmente en el uniforme actual que conocemos. Hulk dejó a los Vengadores y nunca más volvió al grupo. Cada cierto tiempo asesinaban a un Comando Aullador. Puedes criticar lo que quieras del Universo Marvel de los inicios, pero también se puede afirmar que no era aburrido.
Según se asentaban los sesenta, los guiones de Lee empezaron a reflejar los cambios que estaban teniendo lugar en la Sociedad. El duro realismo callejero dio paso 
lentamente al sentido de la aventura y la maravilla a una escala cósmica enorme, al mismo tiempo que miles de niños de la clase media americana empezaron a vestirse con caftanes, se dejaron crecer el pelo y partieron hacia San Francisco para poder vivir sus propias aventuras cósmicas. 

Para muchos, este período “visionario” de los guiones de Lee sigue siendo su mejor trabajo. Personalmente, aunque me dejó completamente asombrado durante un tiempo, cuando lo he revisado en retrospectiva he podido darme cuenta de que a varios niveles tan solo suponía el principio del fin. Dicho esto, es probable que mientras estuvo funcionando fuese lo más divertido que se podía experimentar sin riesgo de ser encarcelado.

Los Cuatro Fantásticos se toparon en rápida sucesión con el impresionante devorador de planetas llamado Galactus, con el iluminado y pulimentado Estela Plateada, con la Utopía tecnológica incrustada en el corazón de las junglas africanas de la Pantera Negra, con los Inhumanos, con el Vigilante y con otra enorme plétora de personajes que nos nublaron el juicio de manera similar.

Thor se encontró con los colonizadores Rigelianos y, más memorable aún, con Ego el Planeta Viviente. Nunca voy a olvidar el momento en el que pasé la página de ese número de “Journey into Mistery” en particular y me enfrenté con la splash-page de un gigantesco planeta orgánico donde se podía ver la cara injertada de un octogenario maligno.

Créeme, cuando la gente de mi edad narra con intención poética el sentido de la maravilla que se podían encontrar en esos viejos cómics, saben perfectamente de lo que están hablando. Era de ese tipo de cosas que sólo se ven una vez en la vida. El tipo de conceptos que te dejan el cerebro machacado y te hacen preguntarte por el tiempo que iban a lograr mantener Lee y sus colegas del Bullpen el mismo ritmo y estilo.

Tristemente, la respuesta es que no pudieron hacerlo durante mucho más.
En cuanto Marvel empezó a ramificarse, cada vez de forma más compleja, empezó a parecer que Lee estaba demasiado ocupado durante la mayor parte de su tiempo con las decisiones editoriales del día a día inherentes a la labor que ejercía en una empresa tan grande, por lo que no tenía tiempo libre suficiente para ponerse a escribir.

Entonces empezaron a aparecer otros guionistas. En realidad, algunos de ellos, como Roy Thomas, eran muy competentes. Otros lo eran menos. Pero algo que todos estos nuevos guionistas tenían en común era que se habían criado leyendo los guiones de Stan Lee.

Y eso era positivo, porque les prestó a todos los títulos una continuidad muy agradable. Roy Thomas continuó lo que había hecho Stan Lee con un estilo muy parecido... pero que los guionistas viniesen amamantados por Stan Lee también tenía su parte negativa, porque se tuvo que afrontar un panorama en plan Qué-Es-Lo-Que-Ocurre-Una-Vez-Que-Hemos-Eliminado-a-Stan-Lee-De-La-Ecuación. Fue una especie de proceso mediante el que las cosas empezaron a diluirse.

Con el tiempo siguieron apareciendo otros guionistas que habían echado los dientes con Roy Thomas, y la idea original se diluyó aún más. Algunos guionistas con pocas ideas para argumentar sus historias y caracterizar a los personajes, y con la habilidad propia de una lombriz de tierra común, empezaron a creer que todo lo que se necesitaba para escribir guiones era una buena y sólida historia al estilo Stan Lee, con el Dr. Muerte o Galactus retornando de nuevo y con los héroes discutiendo obligatoriamente en un par de viñetas.

Pero gracias al ingenio de Lee para la publicidad, la máquina de Marvel seguía cogiendo cierto impulso. Cada portada del mes se jactaba de que lo que contenía
 estaba destinado a ser “¡la pelea super-heróica más grande jamás contada, con la Mítica Forma de hacer de los Cómics Marvel!” Y como éramos unos bobos, nos lo tragábamos. Después de todo, ¿nos había mentido Stan Lee alguna vez?

No importaba mucho que el número en cuestión nos volviese a contar las mismas viejas escenas de lucha sin sentido que ya nos habían pasado por la cara un centenar de veces. No importaba que los personajes hubiesen degenerado hasta convertirse en parodias poco profundas de lo que habían sido alguna vez. Nos habíamos comprado nuestros equipamientos de la Merry Marvel Marching Society y habíamos alzado cruces de fuego en los jardines de aquellas personas sospechosas de leer cómics de DC o de la marca “Brand Ecch”, tal y como nuestro intrépido líder sugirió alguna vez que debíamos referirnos cuando hablásemos sobre la distinguida competencia.Éramos fanáticos de ojos desorbitados que competían con sectarios asesinos dementes o con miembros de la familia Manson. Éramos verdaderos creyentes.

Lo peor de todo era que las cosas se habían quedado paralizadas. Los títulos habían dejado de evolucionar. Si echas un vistazo al último número de Spider-Man, te podrás dar cuenta de que el personaje quizá haya cumplido los veinte años de edad, y que sigue preocupado por saber qué es correcto o incorrecto, y que sigue metiéndose en un montón de problemas con sus novias.

En el lado positivo se podría asegurar que casi todos los que actualmente trabajamos en el medio, especialmente aquellos de nosotros que somos guionistas, tenemos una deuda enorme con Stan Lee. Soy el primero en admitir que independientemente de cuál sea mi estilo de escritura, probablemente se pueda rastrear hasta aquella tarde de jueves en la que a mis ocho años me quedé sentado alucinando con aquel cómic de extraño aspecto que estaba tan lejos de Blackhawk como la Madre Teresa de Hugh Hefner. Esa es una deuda que no me tomo a la ligera, y si yo llevase sombrero, sin duda me lo quitaría frente al Señor Lee, para darle las gracias por haberme ofrecido la inspiración que ahora me está ayudando a pagar el alquiler.

Además, como ya he comentado en los párrafos de apertura de este artículo, sin la chispa revitalizadora que Lee se trajo al negocio en aquella época, los cómics actuales serían tremendamente diferentes e incluso puede que ni siquiera existieran.

Es posible que unos cuántos guionistas claramente influidos por Lee… Chris Claremont, Marv Wolfman, Jim Shooter... no estuviesen entre nosotros. Si eso es bueno o malo, todo depende de tu opinión sobre el talento de estos artistas. Stan Lee ha sido un referente en el desarrollo de la industria y no hay forma de negarlo.
Pero también es un arma de doble filo. Me doy cuenta de que a menudo parece como si los ejemplos de guionista más brillantes de la industria, los que están en la cúspide de su talento, finalmente ejerciesen un efecto perjudicial para el medio en su conjunto. Algo similar ocurre con el Mad, por ejemplo. Sin duda, el Mad original de la EC es brillante por sí mismo, pero nos ha condenado a sufrir un panorama en la que casi cualquier nueva revista de humor que aparece se encuentra obligada a acarrear un título asociado con la enfermedad mental (Cracked, Sick, Crazy, Frantic, Panic, Madhouse, etc) y además, cuando en ellas intentan parodiar los diferentes géneros, han de contar con alguna pálida imitación al estilo de Mad, aunque sin lograr igualar la maravillosa forma de manejar las cosas de la revista original o evocar la imaginación de sus autores. Lo mismo ocurre con Stan Lee.

Stan Lee se convirtió en un nombre que era sinónimo de cómic exitoso. Si sus competidores no lo copiaban podían parecer anticuados. Su mayor competidor, DC comics, optó por seguir el primer curso de acción y actualmente está realizando un producto intercambiable con el de su homólogo en Marvel.

Verás, en algún punto, alguien que pertenecía a la casta de editores más novedosos de Marvel... puede que fuese Marv Wolfman o algún otro, llegó con una de esas pequeñas perlas de sabiduría tradicional que suenan increíblemente moderadas y completamente estúpidas y que parece como si algunos editores fuesen capaces de sacarse de la manga de vez en cuando.

Esta pequeña gema en particular sonaba a algo parecido a lo que sigue: “A los lectores no les gusta el cambio. Tan sólo quieren la ilusión de cambio.” Como decía, la primera vez que se escucha suena poco perspicaz, pero parece estar bien razonada. Pero en mi opinión, también es una de las teorías más engañosas y retardadas con la que he tenido ocasión de cruzarme alguna vez.
¿Quién dice que a los lectores no les gusta el cambio? ¿Es que han hecho una encuesta o algo parecido? ¿Por qué no me han consultado?

Si los lectores son tan reacios al cambio, entonces, en primer lugar ¿cómo es que Marvel nunca ha vuelto a ser tan popular como cuando estaban cambiando constantemente y la innovación estaba a la orden del día? Francamente, esa frase hace que me enfurezca.

Puede que estos razonamientos me resultasen más simpáticos si tuviesen una sólida base económica detrás. Por ejemplo, si de repente los títulos de Marvel empezasen a vender más a partir del momento
 en el que se adopta la política de “no complicar las cosas”, entonces podría estar de acuerdo, aunque fuese a regañadientes, con la idea. 

Pero no es ese el caso. El título actual más vendido de Marvel son los X-Men, o lo era cuando he podido fijarme en las listas de ventas. Vende algo así como 300.000 copias y se considera un éxito asombroso.

Escucha esto, en un país que tiene el tamaño de América, vender 300.000 copias es absolutamente patético. Si nos fijamos en los primeros cincuenta, no es ningún secreto que una publicación que en comparación pertenecía a una liga menor, como el Daredevil original de Lev Gleason (sin relación alguna con el de Marvel), vendía limpiamente seis millones de copias cada mes. Incluso en aquellos primeros tiempos del Imperio Marvel, cualquier cómic que tan sólo vendiese 300.000 copias probablemente podría haber sido una grave fuente de preocupación para los que estaban involucrados en su producción, y de hecho, lo más seguro es que hubiese sido cancelado. Actualmente esto es lo mejor que tenemos.
Ahora bien, tampoco quiero causar demasiada alarma o desánimo sugiriendo la inminente caída de Marvel. Algunos de los recientes acontecimientos de la casa de la hamburguesa parecen bastante prometedores, y de hecho, parece que sólo ha sido posible realizarlos para poder salvar los muebles
 en el último minuto, tal y como siempre ha ocurrido en los cómics. Pero, y este es un gran pero, quizá todos estos movimientos se han hecho muy tarde. Tal vez sea demasiado tarde. Tendremos que esperar y ver qué ocurre.

En cuanto a Stan Lee, releyendo las cada vez más frecuentes declaraciones del hombre, se supone que todo es más brillante y mejor de lo que ha sido nunca antes. Sin embargo, gradualmente está quedando meridianamente claro que Stan Lee ya no está ni siquiera mínimamente relacionado con aquella línea de cómics que le hizo un hombre tan rico. Oh, por supuesto, claro que tenemos el “Stan Lee presenta ...” en la parte superior de cada “splash-page” y el spot invitado de vergonzosos balbuceos geriátricos del propio Stan que aparece en las páginas del Bullpen Bulletin de vez en cuando, pero tengo mis dudas sobre si el Sr. Lee se ha molestado en leer un sólo cómic de Marvel en algún momento desde los primeros setenta. Todo lo que sé es que ocupa alguna especie de puesto ejecutivo en la soleada Costa Oeste de América y está completamente inmerso en un mundo de lingotes de oro y de pelo de color gris en el pecho. En pocas palabras, ya está fuera de viñeta.

Así que finalmente, y volviendo al propósito inicial del artículo, ¿qué tipo de legado ha dejado detrás? ¿Qué tipo de papel representa en la historia del comic book, el de héroe o el de villano?

Bueno, usando un concepto que el propio Señor Lee convirtió en popular durante los primeros sesenta, es un héroe pero también es un villano, igual que Submariner u Ojo de Halcón. Su influencia en el medio es tan benigna como venenosa.

Vemos que en La Liga de la Justicia, Green Arrow y Hawkman discuten trayéndonos pálidos ecos de los originales rapapolvos entre La Cosa y la Antorcha Humana de antaño. Firestorm tiene cerca de veinte años, un montón de problemas y relaciones problemáticas con sus novias. En efecto, tenemos dos grandes empresas que a todos los efectos están fabricando cómics de Marvel, pero sencillamente lo hacen bajo nombres diferentes.
El resto de empresas de mediados de los sesenta... Charlton, ACG, Tower y demás… optaron por no seguir el ejemplo de Marvel para quebrar posteriormente, dejando el campo del cómic poblado únicamente por pálidos fantasmas de las viejas glorias de Lee.

Incluso los editores independientes que recientemente han ido apareciendo parecen incapaces de hacer algo más radical que retocar débilmente las fórmulas básicas promulgadas por Lee. “Captain Victory” es poco más que Los Eternos interpretados a la velocidad equivocada y el “Missing Man” de Ditko no habría estado demasiado fuera de lugar como argumento secundario del Dr. Extraño.

Por extraño que parezca, al imitar superficialmente el “Renacimiento Marvel” del Señor Lee, la mayoría de sus imitadores parecen incapaces de reconocer la cualidad más importante que éste se trajo consigo al medio de la historieta.

Lo que se trajo Stan Lee al medio durante su apogeo fue un punto de vista tan salvaje como radicalmente diferente.

Y en lo que a mí respecta, su trono vacante permanecerá vacío hasta que encontremos a alguien que tenga el coraje y la imaginación suficientes para hacer lo mismo.

¿Alguien se ofrece?


BONUS: ALAN MOORE HABLA SOBRE JACK KIRBY

domingo, 9 de octubre de 2011

miércoles, 5 de octubre de 2011

LA SOMBRA, por Alan Moore

Artículo aparecido en Seminar nº 2 (1970). Traducido por Frog2000.

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Apartados a un lado de la multitud de superhombres de traje ceñido que llevan con nosotros casi desde los albores del comic book, nos encontramos a todos esos héroes que no suelen vestir con disfraz convencional. Este grupo, aunque poco numeroso, engloba a personajes tan notables como Sandman, The Face, The Green Hornet, el Spirit de Eisner, y más recientemente, Brain Children, Mr. A (aparecido en Witzend) ¡y a The Question! de Steve Ditko. Pero quien tiene el honor de ser el miembro más antiguo de este grupo, así como uno de los personajes más singulares del mundo del cómic, recae en la increíble creación de Street & Smith Publications ¡La Sombra!

Las raíces de La Sombra se pueden rastrear más o menos hasta el cinco de octubre de 1915. Esta fecha es tremendamente significativa, porque marca en el calendario el lanzamiento del primer número de la revista pulp de Street and Smith, “Detective Story Magazine". Pero, ¿cómo se puede vincular dicha efeméride con el personaje? Haces bien en preguntarlo.

Con la intención de aumentar la circulación de “Detective Story”, en 1930 Street & Smith (o “S & S”, como eran más conocidos) se ramificaron y empezaron a producir un programa policíaco para la radio, espolvoreando todo el asunto con un elemento de misterio al animar al locutor a que se anunciara a sí mismo como… espera a ver… ¡La Sombra! Éste siguió presentando el programa bajo dicha guisa, y de ahí el incidental origen de “La Semilla del Crimen da Frutos Amargos” y otras famosas frases del personaje.

La Sombra alcanzó una inmensa popularidad, y por lo tanto, como nadie está dispuesto a perder la oportunidad de sacar provecho de algo bueno, S & S comenzó a planear un
magazine del personaje. ¿Qué podía salir mal cuando tenían a John Nanovic como editor y a Walter B. Gibson como escritor? ¡De hecho, cómo iba a salir algo mal! Y así, poco a poco, el personaje empezó a convertirse en uno de los héroes más asombrosos de la historia de la fantasía.
Sin embargo, los autores tuvieron que superar varios obstáculos antes de que el primer número de La Sombra llegase a ver la luz. Al parecer, Gibson (que añadiré que también era mago profesional) había escrito la historia, y lo único que faltaba era que S & S encontrase una portada adecuada para ella. Sin embargo, en la única que pudieron conseguir aparecía una sombra justo al lado de un tipo de inescrutables rasgos orientales que se encontraba recostado contra una pared. La sombra, al parecer, era la del interfecto. (¡Estos chinos son condenadamente inteligentes!) Por desgracia, en la historia escrita por Gibson no aparecía ningún oriental, por lo que naturalmente, en lugar de solucionar el problema ordenando una nueva portada, la editorial decidió que Gibson tenía que volver a escribir toda la historia. (Corre el rumor de que Gibson inventó al personaje a las cinco en punto, mientras se estaba afeitando).

Bien, después de tantas idas y venidas, “The Shadow”, vol. 1, número 1, apareció por fin en las estanterías de los quioscos como publicación trimestral en abril de 1931. La primera historia, titulada “The Living Shadow”, presentaba a sus lectores a Harry Vincent, quien se terminaría convertiendo en un secundario habitual de las hazañas de La Sombra. “The Shadow Laughs” y “Gang Lands Doom” aparecieron rápidamente a continuación.

En 1932 La Sombra cambió su periodicidad de trimestral a mensual, y entre 1932 y 1933 se convirtió en quincenal. Siguió apareciendo con esa cadencia hasta bien entrados los años cuarenta. (Se estima que Gibson escribió unas 178 historias del personaje, que por cierto, ¡acabo de darme cuenta de que es la mitad exacta de los días que tiene un año bisiesto!)
El encanto de La Sombra es difícil de describir. Es cierto que en los habituales héroes modernos se echa mucho de menos el aspecto misterioso omnipresente de este personaje. Desde etnonces, ni siquiera en los primeros tiempos de Batman, ha podido ser igualado. Se pueden encontrar ciertos indicios en las primeras historias de Spiderman. También se puede encontrar un fuerte rasgo enigmático en The Creeper, aunque no se acerca al que posee La Sombra ni de lejos. (¡Tal vez estuviese usando el desodorante equivocado!) Puede que se deba a su atuendo: la negra capa ondeando y mezclándose con la oscuridad del abrigo negro, y el anillo de ópalo en forma de girasol que refulge de forma ocasional. O tal vez se deba a su forma de actuar: imbuyendo el miedo en los corazones de los hombres con su risa escalofriante y espeluznante, o restallando sus revólveres gemelos en los casos más difíciles de resolver.

Posiblemente podamos entender mejor la popularidad de La Sombra con una cualidad que por mi parte (sin duda soy alguien con un gusto dudoso) llamaría el “complejo de Dios”. La Sombra era alguien inmejorable, intocable, demoníaco. Para La Sombra, fallar resultaba impensable. Él era La Sombra, por lo que era invencible, ya que cualquiera que se opusiera al personaje estaba destinado al fracaso, porque La Sombra era 
La Sombra. La Sombra sabía que la maldad anidaba en el corazón de los hombres. Su venganza era terrible (¡por no hablar de sus diálogos!) Era inmortal e invisible…

De todas formas, por volver sobre lo que estábamos hablando antes, a partir de la publicación de la revista de 
La Sombra en 1931, el programa de radio empezó a dedicarse al personaje por completo. El programa estaba guionizado por escritores como Jerry McGill, Max Erlich, Alfred Bester y Harry E. Charlot, quien, según me han contado, y al igual que ocurrió con el escritor de terror Ambrose Bierce, murió en circunstancias parecidas a las que relató en sus historias.

Orson Welles estuvo trabajando en el programa desde 1937 hasta la primavera de 1939. Bill Johnstone lo realizó desde 1939 hasta 1944, y Bret Morrison desde 1944 hasta 1954. En definitiva, el programa duró cinco años más que el magazine.

A principios de los cuarenta, la revista de 
La Sombra volvió a obtener cadencia mensual. Después se fue deteriorando hasta reducirse al formato “digest”, y empezó a aparecer cada dos meses. En 1948 una renovación desesperada que buscaba intentar volver al formato de revista pulp fracasó, y en el verano de 1949 apareció el último número de la revista, ya entonces trimestral, con la historia titulada “The Whispering Eyes”.

Ese mismo 1949 también desapareció el cómic mensual de 
La Sombra publicado por Street & Smith, que llevaba editándose desde 1941. Sus creadores, Frank Birder y Bob Powell, serían recordados por “Sheena, Queen of the Jungle” (y por la Antorcha Humana, pero ese dato será mejor olvidarlo).Además apareció una tira de periódico dibujada por Vernon Green y distribuida por Ledger Syndicate. También se llegaron a comercializar juguetes de La Sombra, “Big Little Books” y de hecho, el personaje incluso llegó a ¿disfrutar? de la misma posición famosa que Batman iba a acaparar en breve, aunque los momentos finales fuesen desastrosos.

En el programa de radio 
La Sombra tenía el poder de la invisibilidad. En los pulp era seudo-invisible cuando se mantenía en la oscuridad, pero en la película se podía ver claramente su figura en todo momento.

Kane Richmond (actor en “Syp Smasher” de la Republic y “Brick Bradford” de la Columbia) interpretó la trilogía de películas del personaje para Monogram. Se titularon “The Missing Lady”, “The Shadow Returns” y “Behind the Mask!”. También se produjo un serial de la Columbia en el que Victory Jory interpretaba al justiciero y en el que también aparecía Rod la Rosque. La Sombra era una segura diversión para las mañanas de los sábados.

Los ecos de La Sombra siguieron resonando. Radio Comics editó un nuevo título del personaje en 1964. El primer número, o al menos eso quiero pensar, pudo suponer un serio intento de recuperar la atmósfera de La Sombra original, pero rápidamente, al igual que ocurría con el resto de la desafortunada línea de lanzamientos de la editorial, se convirtió en la habitual basura “camp” super-heróica donde aparecían villanos tan poco probables como Shiwan Kan, Attila the Hunter y Demon. Parafraseando las inmortales palabras del estrangulador de Boston “¡Choke!” Ni que decir tiene que no duró demasiado tiempo. En realidad, su desaparición incluso fue misericordiosa.

Más ecos resonantes hicieron aparición con el lanzamiento de una línea de libros de bolsillo editada por Belmont. Estaban escritos por Maxwell Grant, que era un seudónimo de Dennis Lynds y del mismísimo Walter B. Gibson.

Estos libros supieron recoger el sabor de La Sombra clásica y lo combinaron en una nueva propuesta de sólida base de hormigón. En ellos Lamont Cranston ejercía el papel de La Sombra y también Allard Kent, (nadie sabía bien quién era La Sombra, pero disponía de una gran cantidad de identidades paralelas. ¡Sin duda, esta etapa parecía estar basada en la dualidad Kent/ Superman!)

También contaban con la presencia de Harry Vincent y Margo Lane, la ayudante de La Sombra de los primeros días del programa de radio. Aparecía la Clandestine Global Network of Evil (C.Y.P.H.E.R.), una organización con unas características más parecidas a las de Thrush, Spectre y a otras parecidas que a las que se enfrentaba La Sombra original. Aún así, era un enemigo muy bueno con el que enfrentar a nuestro imbatible personaje. Los títulos que aparecieron fueron los siguientes: 'The Shadows' Revenge”, '”Cry Shadow”, “Mark of the Shadow”, “Shadow-Go Mad”, “Night of the Shadow”, “'The Shadow, Destination Moon”. “The Shadow Strikes” y “Return of the Shadow!”
Las portadas eran una copia de las de los pulp originales, pero no tengo ni idea de quién era el dibujante, porque estaban realizadas por una agencia artística ajena a la Belmont.

Desde Inglaterra emergieron más ecos de La Sombra a través de una colección editada por un periódico de baja calidad titulado “Thriller Library” o algo parecido, donde se reimprimían las genuinas historias pulp del personaje. Más adelante, en la colección “Hurricane” de la editorial Fleetway, se presentaría una serie sobre una Sombra Victoriana, que en muchos sentidos era muy parecida al personaje original. Por supuesto, Odhams ofreció la muy inteligente “Cloak” de Mike Higgs, una tira humorística basada en La Sombra que he de informar que, lamentablemente, se encuentra perdida.

Me pregunto si todavía habrá mercado para La Sombra. Tal vez, 
en manos de Alex Toth o Wally Wood pudiese alcanzar cotas anteriores. De todos modos no sería ser peor que el voluntarioso comic book que se editó hace poco, en el que nuestro héroe era tan sólo una sombra de sí mismo (¡groan!)

Quizá un día regrese La Sombra. Sigo esperanzado.

Agradezco la ayuda prestada por
 Miss Gail Wendroff y Steve Moore para la realización del artículo, que como de costumbre, me informaron del maravilloso trabajo de Mike Higgs. Prácticamente fue él mismo quien escribió este artículo. También quiero darle las gracias a Mike por toda la información, sin la cuál este artículo tampoco habría sido posible. Y un agradecimiento eterno a mis padres, sin los cuales mi existencia tampoco habría resultado posible. 

Portada de Seminar número 2.

martes, 4 de octubre de 2011

FOETUS & CHROME CRANKS - VICE SQUAD DICK


Foetus / Chrome Cranks – Vice Squad Dick
(PCP Entertainment, 1994)

1-Foetus – Vice Squad Dick
2-Chrome Cranks – Little Johnny Jewel
3-Foetus – Outside Of Time
4-Chrome Cranks – Vice Squad Dick

AQUI.

ENTREVISTA CON WILLIAM WEBER, DE CHROME CRANKS.

Entrevista con With William Weber, de Chrome Cranks. Usurpada de Critical Mass. Traducida por Frog2000.

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Critical Mass: Gracias por tomarte tu tiempo para charlar con Critical Mass, William. Has tocado En muchos grupos, entre los más notables están G.G. Allin & The Murder Junkies, Chrome Cranks, The Candy Snatchers y The Brass Knuckle Boys. En la actualidad estás dando conciertos en directo con Uncle Dave Lewis. ¿Qué tal han ido estos conciertos?

William Weber: Uncle Dave y yo llevamos tocando juntos bajo varias encarnaciones desde el '86. Le considero uno de los compositores de canciones más brillantes de entre todos los que he conocido. Y es una enciclopedia viviente de... bien, de todo tipo de información. Así que siempre es magnífico poder acompañarlo sobre el escenario, porque siempre se aprende algo nuevo.

CM: Recientemente tu antigua banda Chrome Cranks se ha vuelto a juntar. El grupo tiene un sonido muy al estilo del garage rock del Midwestern que se aleja un poco del sonido más imperfecto que grabaste con Murder Junkies y Candy Snatchers. ¿Puedes contarnos brevemente cuál es la historia de la banda?


WW: Huh, no sé por dónde empezar... ¡sin quedarme sin aliento! Peter Aaron (Voz/ Guitarra) y yo empezamos con el grupo en Cincinnati, allá por el '89. Pasamos por algunas dificultades hasta poder encontrar músicos que tuviesen una visión mental parecida a la nuestra. Me trasladé a NYC en el verano del '91 y Peter me siguió a principios del '92. Una vez allí, enganchamos a Jerry Teel (famoso por los
Honeymoon Killers) y probamos a varios bateristas antes de que Bob Bert (Sonic Youth, Pussy Galore) se quedase con nosotros. Eramos un grupo muy ocupado… grabamos un montón de cosas, hicimos el típico vídeo que la MTV emitía una y otra vez... giramos por todos los Estados Unidos y por Europa. Y finalmente decidimos dejarlo en el verano del '98 porque estábamos cansados de mirarnos unos a otros las caras. Pero de todos los ensamblajes de los que he formado parte, los Cranks han sido mis favoritos y los que más éxito han cosechado. Gracias a ellos pude conocer una buena parte del mundo.

CM: ¿Hay planes para grabar nuevas canciones con los Chrome Cranks en un futuro cercano?

WW: ¡Claro! En Mayo de 2010 nos volvimos a reunir para ofrecer algunos conciertos en NYC y además hemos grabado un LP completo en Marcata Recording producido por Kevin McMahon. Es lo mejor que hemos hecho desde nuestro primer lanzamiento. Más o menos lleva grabado un año, pero todavía no hemos encontrado una discográfica que quiera editarlo. Tampoco tenemos prisa... podemos esperar.

CM: ¿Hay planes de gira para los próximos meses?

WW: Bueno, cada miembro del grupo vive actualmente en un Estado diferente. Así que para juntarnos tenemos que planearlo muy bien. Aunque ya habíamos tenido que hacer algo parecido antes... nunca había sido a una escala tan enorme. Todo depende de cuándo y quién edite nuestra última grabación. Siempre he dejado mi propia vida a un lado para irme de gira por la carretera, así que en mi caso sería capaz de encontrar una forma… pero no puedo hablar por el resto. Como he dicho... dependerá de las circunstancias que rodeen a la edición de nuestra última grabación.

CM: Creciste en Cincinnati, Ohio, pero has vivido y tocado con bandas a ambos lados del Atlántico. ¿A qué lugar le llamas actualmente tu hogar?

WW: Volví a Cincinnati en enero del año 2000. Eso no significa que yo... simplemente es algo que ha ocurrido. He estado buscando mi destino por todo el país, desde Nueva York hasta Portland o Seattle… y entonces me detuve en mi ciudad natal para una simple visita. Una vez allí, encontré y me compré la casa de mis sueños. Lo siguiente que sé es que... años después... nos encontramos en 2011 y constantemente me encuentro dándole vueltas a un tema… creo que debería ser alguien que viviese de alquiler… ¡en lugar de ser el dueño de toda una casa!

CM: Pasaste algunos años grabando y girando con G. G. Allin, era su última época. ¿Qué supuso formar parte de la locura y la violencia que rodeaban a The Murder Junkies?

WW: La mayor parte de la “locura y la violencia” está grabada en video… y a Dios gracias. Porque de la mayoría no puedo ni acordarme. Pero aquí estoy 18 años después, y me gustaría decir que... aquella época que estuvimos funcionando como una “banda” transcurrió de forma muy rápida. Quiero que se me entienda bien, GG estuvo en prisión casi todo el tiempo durante los dos años y medio que formé parte de los Murder Junkies. Sólo hicimos tres giras y una grabación. Y cuando GG no estaba en prisión, tampoco vivía en NYC… de hecho, odiaba esa ciudad. Pero el poco tiempo que realmente estuvimos juntos como grupo… fue magnífico. No sé si la gente se da cuenta de que Merle y Dino son una gran sección rítmica. Eramos un grupo muy efectivo. Mirándolo de nuevo, creo que personalmente... me alegro de haber podido aparecer en la película “Hated” ¡y eso que ni siquiera me entrevistaron! Y estoy muy orgulloso de "Brutality", el disco que grabamos juntos. Me parece magnífico que ese álbum enfrentara a los fans de G.G. A algunos les gustó un montón y otros dijeron que era lo peor que había hecho G.G. nunca. Pero honestamente tengo que decir que... G.G. pensaba que era lo mejor que había hecho en toda su vida. Y esa información proviene directamente del Hombre, chicos...

CM: ¿Hubo algún momento en aquella época en el que pensaras “qué hostias estoy haciendo”?

WW: En todas las bandas en las que he estado ha habido un momento en el que me he hecho la misma pregunta. Con G.G. estaba más tiempo detrás del escenario que encima de él. Quiero decir, sabía lo que estaba haciendo encima del escenario, pero ¿y después? Me sentía como una niñera que se quedaba sin cobrar. Lo mismo ocurría con los Candy Snatchers. Si los dejaba hacer... se gastaban de golpe en tías y alcohol lo poco que habíamos ganado ese día en el concierto. A veces me sentía como un padre... que les da permiso a sus hijos para que salgan por la noche. Y lo que más me fastidiaba era que si yo no estaba con ellos, no eran capaces de encontrar mágicamente otro sitio para ofrecer el siguiente concierto. Sencillamente yo era el único que era capaz de bregar con las finanzas y con los problemas.

CM: He escuchado que G.G. era diferente con sus amigos que cuando salía al escenario. ¿Es cierto?

WW: Claro, su personalidad podía variar. Lo que te puedo contar es que tenía un gran sentido del humor. Lo mantenía bien oculto, pero al mismo tiempo... era el que más animaba a todo el mundo cuando salíamos por la noche. Tan sólo tenías que asegurarte de no ser el blanco de sus bromas... ya que podía ser realmente implacable.

CM: Cuando G.G. murió en el '93, ¿te quedaste muy consternado? ¿O tú y el resto sabíais que era algo que iba a ocurrir más pronto que tarde?

WW: Me sorprendió muchísimo... El día anterior habíamos tocado en la gasolinera, donde… cosas del destino, ofrecimos nuestro mejor concierto. No creo que ninguno de nosotros se esperase que iba a ocurrir nada por el estilo. Puede que en los primeros días... antes de que yo estuviese en el grupo, cuando G.G. siempre estaba drogado y borracho… ya sabes, puede que en esa época se lo esperase todo el mundo. Pero definitivamente, al final él estaba dedicado a lo que llamaba su “misión”. Acabábamos de grabar un disco que todavía no se había puesto a la venta, habíamos hecho una exitosa gira por todos los U.S.A.… teníamos mucho por hacer y mucho que esperar. Y si no hubiese fallecido, creo que podría haber seguido grabando buen material. Sólo que.. se pasó un poco más aquella noche... y bueno, tuvo una sobredosis.

CM: Después de la muerte de G.G., The Murder Junkies grabaron el EP "Feed My Sleaze". Pero te marchaste del grupo justo después de grabarlo, ¿cuál fue el motivo?

WW: Una de las razones para dejar el grupo fue que Chrome Cranks empezaron a dar muchos conciertos. Después de la muerte de G.G., los Murder Junkies hicieron un par de tours de dos semanas con varios cantantes. A pesar de que fue muy divertido, para mí no era lo bastante rentable como para poder continuar. En realidad se podría decir que no he ganado mucho dinero con ninguna de las bandas con las que he estado girando. Se ha parecido más a una labor de amor. Pero en ese momento andaba bastante corto de dinero, y tal y como estaban los alquileres de NYC entonces… y fue entonces cuando se me presentó la oportunidad de girar con los Cranks. En el décimo aniversario de la muerte de G.G., en 2003, me volví a enganchar con los Murder Junkies e hicimos un par de giras… de nuevo, con varios cantantes. Pero en 2005 mi salud se resintió y tuve que dejar mis labores como guitarrista en manos de mi amigo Scotty Wood. Y entonces, por supuesto... se marcharon a Europa e hicieron un exitoso tour. Estuve tocando con el grupo durante catorce años en clubs de mierda y en el momento en el que no puedo hacerlo… ¡se marchan al extranjero! ¡E incluso llegan a tocar en Australia! ¡Arghhhh!!!

CM: ¿Sigues en contacto con Merle y Dino?

WW: Desde 2005 han pasado un par de veces por Cincinnati y he saltado al escenario para tocar algunas canciones con ellos… pero eso es todo. Ahora tienen un vocalista fijo y un guitarrista con el que pueden irse de gira. Acaban de lanzar un nuevo disco, y como Merle ya tiene una formación estable, ya no necesita mis refunfuños sobre las condiciones de la vida en la carretera, etc, etc. Le hice saber a Merle que me gustaría formar parte de su mundo la próxima vez que viajasen fuera del país... pero desde entonces no he tenido noticias suyas. Pero eso sí, espero que me llamen en 2013 para el 20ª aniversario.

CM: A finales de los ´90 estuviste en The Candy Snatchers. ¿Cómo te uniste a esa salvaje pandilla?

WW: Bueno, en el verano de 1998 los Cranks decidimos dejarlo. Yo pillé un trabajo en una cadena de tiendas de instrumentos musicales nacional… y empecé a hacer bien las cosas. También estaba dejando la bebida. Cuatro meses más tarde conocí a Sergio... que tocaba la batería con los Snatchers en aquella época. Entre bromas, le sugerí que la próxima vez que saliesen de gira deberían llevarse a un segundo guitarrista. Le gustó mucho la idea y me dijo que se lo iba a preguntar al resto de la banda. Semana y media después me llamaron y dejé la tienda y acabé en Virginia Beach para patearme la carretera de nuevo. Y luego, semana y media más tarde... volví a la bebida.

CM: Sé que tocas en la mitad del disco en directo de los Candy Snatchers titulado "Color Me Blood Red". ¿Es en el único en el que apareces?

WW: Claro... y eso me jode un poco. Jerry Teel y yo teníamos en marcha el Funhouse Studio en NYC. Les comenté a los Snatchers que podrían grabar gratis en él… pero nunca se pasaron. Me alegro de que ese show de Chicago saliese editado. Se grabó al comienzo de mi último tour con ellos… así que la gente todavía no estaba demasiado quemada.

CM: ¿Aún sigues en contacto con alguno de los fundadores de los Candy Snatchers, como Larry o Willy?

WW: Después de u
no de los conciertos que hicimos los Cranks en Brooklyn el año pasado, estuve con Larry fuera de la sala. Tenía laringitis y se suponía que iba a dar un concierto la noche siguiente. Estoy seguro de que lo hizo y también estoy seguro de que le salió bien. Es uno de los mejores “frontman” que he visto en directo. ¿Willy? No he oído nada de él desde hace mucho tiempo. El año pasado apareció un libro titulado "The Road", con artículos recopilados por Tony Patino. Tiene unas cuantas historias de músicos donde hablan sobre lo bizarro y humorístico que puede ser girar con una banda. Willie y yo aparecemos en él, y por supuesto, los dos contamos la misma historia sobre lo que ocurrió en el bolo de Chicago… pero desde dos puntos de vista totalmente diferentes. Si lo miras bien, es un asunto muy divertido. 

CM: He tenido la oportunidad de ver a los Candy Snatchers unas cuantas veces a lo largo de estos años. ¡Y eran unos salvajes! ¿Eran tan bestias fuera del escenario como lo eran encima de él?

WW: Yo siempre decía... que era como viajar con cuatro G.G.'s… incluyendo el olor. Soy una especie de tipo muy calmado... suelo quedarme en el escenario mientras ellos saltan, vomitan, rompen las guitarras, y ahí estoy yo, haciendo una pose a lo Billy Zoom en la parte más oscura del escenario, sin moverme del sitio, esperando que alguien vea bien que todo concuerda. Lo mismo me ocurría cuando estaba tocando con G.G.

CM: Hace unos años abriste tu propio estudio, el Krakdhaus. ¿Puedes hablarnos un poco sobre él y las bandas que han grabado allí?

WW: Estuve guardando todo mi equipo de grabación en el estudio Funhouse de Nueva York hasta el año 2002. La casa que compré en Cincinnati tenía un sótano… ¡con un techo de más de dos metros y medio! Ese fue el motivo principal por el que compré la casa… para poder montar un estudio. ¡Todos los músicos quieren tener un verdadero lugar de grabación en su propio sótano! Un amigo mío se curró toda la carpintería basándose en los diseños que le había pasado. Sin ángulos de noventa grados, con dobles paredes insonorizadas… todo lo que yo pensaba que sería capaz de evitar el ruido. A mi amigo le llevó un poco más de lo esperado… pero en 2003 ya estaba terminado y trasladé mi equipo allí. Desafortunadamente... también me hizo dejarlo. Perdí las ganas de grabar a otros grupos y he utilizado muy poco las instalaciones. Durante años he estado grabando todos mis proyectos caseros en el MacBook Pro, mientras me quedaba sentado frente al televisor. He grabado a un puñado de grupos, pero no se parece mucho a lo que estuve haciendo en NYC. Hace poco lo he empezado a utilizar de nuevo. Me encantaría decirte de dónde proviene el nombre, pero… ¡eso podría meterme en problemas!

CM: ¿Te gusta grabar a otras bandas? ¿O echas de menos hacerlo con un grupo del que formes parte?

WW: Siempre es mejor cuando grabas con un grupo, y yo no soy un productor... sólo soy un músico. He grabado a muchas bandas en NYC… pero también he terminado quemándome. Y cuando estás grabando con alguien que es tu productor, puedes concentrarte en la música de otra forma. Así me resulta más fácil centrarme en lo que estoy grabando y en las otras personas con las que estoy grabando. Otra ventaja añadida es que al observar
 cómo trabaja un ingeniero de sonido, he aprendido cosas nuevas. Me encanta todo lo relacionado con el proceso de grabación y la experiencia en el estudio... pero estoy pasando una época en la que no quiero ponerme de nuevo a los controles. Creo que con el tiempo eso va a poder cambiar. 

CM: ¿Qué es lo siguiente que va a hacer William Weber? ¿Hay alguna nueva grabación en un futuro cercano o algo que puedas adelantarnos?

WW: Hmmm…Veamos. Por supuesto, me encantaría estar girando otra vez como primer o segundo guitarra del grupo de alguien. Por mucho que haya renegado de la vida en la carretera, ni yo mismo me lo creo... porque sigo llevándolo en la sangre. También me gustaría hacer más colaboraciones online. Hay una banda de Winnipeg llamada Trousermouth con la que he estado colaborando en un par de sus canciones. ¡Además tienen a Traci Gunns! ¡Nunca pensé que apareceríamos en la misma grabación! Acudí a la fiesta de grabación del disco y me lo pasé de maravilla tocando y pasando el rato con ellos. Hmmm, qué más… tengo mi propio pequeño sello, llamado Cacophony Cincinnati, en el que suelo editar el material que grabo en solitario. En 2007 me puse un poco maniático y saqué tres proyectos de golpe. Uno bajo el seudónimo de "dumBass"… el único instrumento que aparecía en el disco era el bajo, 
para ser más preciso aparecían bajos de 12, 8, 6 y 4 cuerdas. Otro lo titulé "Glitch"… se trataba de ruidosas grabaciones con varias guitarras y sintetizadores que había ido recopilando. ¡Ese puede templar la tolerancia de cualquiera que lo escuche! Y el tercero se llamaba "Bertha Kuhl", de un trío con el que he estado grabando material en plan jazz y blues. Debería estar disponible en iTunes, aunque últimamente ni siquiera lo he comprobado. Tengo muchas otras cosas en la maleta, pero todavía no he hecho nada con ellas. Voy a intentar conseguir algo un poco más difícil, que es meter un pié en el mundo de las bandas sonoras y la música ambiental. Todo el mundo que ha podido escuchar mi material, me ha dicho que tiene un toque noir al estilo de David Lynch. Pero hacer llegar esas canciones a la persona correcta es muy difícil. Creo que lo único con lo que puede ganar mucho dinero un músico en la actualidad es con las bandas sonoras. A menos que seas alguien famoso... pero puedes ir olvidándote de hacer dinero vendiendo discos o marchándote de gira. Sin embargo ¡eso no quiere decir que vaya a dejar de transitar por ese camino!

CM: ¿Hay alguna web que te gusta visitar? ¿Dónde pueden obtener los fans información sobre lo que haces y sobre tu estudio?

WW: Claro que la hay. Pueden entrar en www.williamweber.com, que aunque tiene bastante mal aspecto, ¡está llena de enlaces sobre alguna de las bandas con las que he hecho unas cuántas carnicerías! Si alguien quiere ayudarme a arreglar la web, por favor… ¡que se ponga en contacto conmigo! También hay links sobre los próximos bolos que voy a dar, mi biografía, discografía, sobre el estudio y todas las redes sociales en las que suelo hacer un poco el troll. Y también he enlazado los sitios donde hago algunas colaboraciones online.

CM: Quiero agradecerte que te hayas tomado tu tiempo para hablar con Critical Mass, William. Soy fan de tu trabajo desde hace muchos años. Espero que sea posible verte en Chicago en el futuro. Gracias, tío.

WW: ¡Gracias por tu interés! La próxima vez que vaya a Chicago nos podemos reunir en mi bar favorito... que bien podría ser… ¡debajo del Delilah's!

CM: ¡Así será!


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BONUS: Entrevista con Peter Aaron (Chrome Cranks).

lunes, 3 de octubre de 2011

Revolutionary Corps Of Teenage Jesus – Righteous Lite


Revolutionary Corps Of Teenage Jesus – Righteous Lite
(Creeping Bent, 1999)

1-Righteous Lite
2-Protection Rat
3-Daddy Died
4-Pay Tha Wreck, Mr. Music King
5-Money Day
6-Puzz Puzz
7-American
8-Motor Cross
9-Who Cares Who Dies
10-Sinister Minister

AQUI.

domingo, 2 de octubre de 2011

Free Kitten – Free Kitten With DJ Spooky That Subliminal Kid / Free Kitten With We


Free Kitten – Free Kitten With DJ Spooky That Subliminal Kid / Free Kitten With We
(Kill Rock Stars, 1997)

1-Untitled (DJ Spooky's Spatialized Chinatown Express Mix)
2-Never Gonna Sleep
3-GAA

AQUI.

NUEVA YORK EN EL DAREDEVIL DE FRANK MILLER

"Investigué mucho para hacer un buen trabajo. Si me pedían que dibujara una cascada, iba hasta una y la dibujaba. Esto es algo que a...