martes, 25 de abril de 2017

LOST IN TRANSLATION: EL HUMOR NO TIENE POR QUÉ SER "KAWAII" (1 DE 3)

Artículo de Bill Randall para The Comics Journal nº 273 (2006). Traducido por Frog2000.  

Hace tiempo que no escribo una crítica. Por el momento tengo un par de artículos en proceso sobre los mangas de humor, el presente, un tríptico o algo parecido sobre cierta tendencia actual, sirve de puente mientras vadeo las contradicciones inherentes que se pueden presentar al escribir sobre Enomoto, posiblemente uno de los tres Historietistas Más Atrozmente Escatológicos del Mundo. En su artículo estoy intentando bordear el límite entre el elogio y la repugnancia. Pero eso será en una próxima ocasión. Hasta que termine de repasar su estilo maestro, me gustaría revisar las profundas raíces del manga de humor y sus derivaciones, empezando por...

The State of Manga in the Showa Era
Osamu Tezuka, editor
Jistugyo no Nihon Sha, 2004

El período transcurrido entre 1926 y 1989 se denomina como la Era Showa. Más o menos finaliza con la muerte de Osamu Tezuka, el editor de algunas de las series originales incluidas en esta recopilación (o si lo prefieres, con el fallecimiento del Emperador Hirohito). Hasta cierto punto fue una época bastante infernal, quizá la más interesante de la historia de Japón, tanto por la oscilación económica pendular que se produjo, por no mencionar que el país pasó de ser el mayor enemigo de América a convertirse en su probable futuro propietario. Por supuesto, esa posibilidad no contempla la burbuja económica de principios de los noventa, pero nada de lo que sucede a gran escala suele ser lo suficientemente interesante a menos que la gente real tenga la oportunidad de meter mano y cagarla por completo. 
Por lo menos estos cómics son capaces de reflejar lo que estaba ocurriendo en su momento mediante historias que retratan necesidades humanas, desde aventuras de adolescentes hasta representaciones de la pobreza o fantasías románticas que preceden a los mangas llenos de gags del volumen "Fire" de esta serie. (Por alguna razón que desconozco, los volúmenes se titulan "Fire", "Water" y "Earth".) "Fire" clasifica de forma un tanto extraña las historias de fantasía de Keiko Takemiya, porque creo que encajarían mucho mejor en la segunda parte del tomo, el punto en el que las cosas empiezan a mejorar. En realidad, "mejorar" es todo un eufemismo, especialmente porque desde el primer cómic lleno de chistes, los autores son capaces de arrasar con todo lo anterior. Si en la primera mitad se responde a la cuestión de "qué ocurriría si las cosas bonitas ocurriesen de verdad", Gag Guerrilla se ríe en tu propia cara del tema. Este episodio del cómic de Fujio Akatsuka retrata a un artista enfrentado a su modelo, un elemento muy fértil mediante el que intentar construir un ideal. Pero mientras los dos bobos protagonistas intentan crear una obra maestra semi-cubista, todo lo que consiguen es fastidiarla a lo grande, eso incluye lo que le hacen al comerciante de arte que intenta tratar con ellos. La única fantasía que se permite Akatsuka es invertir el cuento de hadas habitual utilizando términos deliciosamente humanos. 
La mayoría de las otras series del tomo se deleitan sumergiéndose en el reino alternativo de la especulación: "¿qué ocurriría si dijese o hiciese lo que quisiera en cada momento?" Es una de las mejores excusas humorísticas (o satíricas) de todas, y una cultura tan reglamentada como la japonesa solo consigue que la cosa mejore. En ambientes estrictos como el colegio, la respuesta a esta pregunta hace posible que las reglas se conviertan en algo tan placentero como un sueño. Go Nagai se hace esta pregunta en su serie Harenchi Gakuen. Conocido en Occidente como la "Shamesless School", nunca tuvo tanta popularidad como su Mazinger Z o Cutey Honey, pero su mayor logro fue que el lector se pudo dar cuenta de que Nagai era uno de los mangakas más provocadores de su generación. La historia en particular recogida en este volumen, "Operation: Toilet", retrata todo el odio reprimido y la violencia que hierve justo debajo de la superficie de una escuela cuya disciplina se ha alejado del ideal educacional. A lo largo de la serie, el dibujo va exhibiendo poderosos diseños de los personajes y una sólida representación de la escatología y la violencia de la que hacen gala. En su día, Nagai se ganó el desprecio de las amas de casa y las asociaciones de padres y alumnos de todo Japón, y esta historia ofrece una clara explicación de los motivos.
Nagai utiliza personajes habituales en historias relativamente extensas consiguiendo dar forma a fantasías subversivas específicas arraigadas en un mundo creíble y consistente. De entre los otros veinte artistas que aparecen en la recopilación, tan solo Yukio Sugiura, Fujiko F. Fujio y Haruko Tachiiri han trabajado en historias largas como Nagai, aunque ninguno con la misma energía transgresora. Entre otros, el Doraemon de Fujio y la aproximación de Sugiura en Journey to the West parecen haber escapado de una antología de manga para niños. Aunque no carecen de momentos muy graciosos, se centran más en los personajes y en el argumento. Por otro lado, Tachiiri contribuye con algunas historias de cuatro y cinco páginas con un sentido del diseño directa y perfectamente inspirado en Carl Barks y John Stanley. Su rígido diseño de página consigue que las transiciones entre las historias de chistes privados y las tiras cortas de cuatro a ocho viñetas de extensión presentadas en el resto del tomo sean agradables. Estos tres autores representan una de las direcciones en las que se han ido ramificando las tiras de gags, aunque no podría asegurar que hayan logrando un trabajo demasiado interesante.
Más cercano en espíritu y próximo al efecto que pueden provocar los chistes de prensa, los cómics de Yasuji Tanioka y Shigehisa Sunagawa demuestran bastante claramente lo despojados que pueden ser los cómics en general. La tira de Tanioka, Agyagya Man, encaja inmediatamente en estos parámetros gracias a su estilo inconfundible. Su trabajo, bastante familiar para el público occidental, pone el acento en el cómic de estilo fuertemente minimalista, aunque no hace falta añadir nada más para mejorar estos cómics. Los dibujos absolutamente primitivos de Tanioka comparten un montón de rasgos con los de Sunagawa. Este autor suele dividir la página en cuatro viñetas, aunque también puede utilizar cinco. Sus historias de samuráis comparten el mismo idioma visual que sus tiras de chistes actuales. Los dibujos de los dos artistas tienen similitudes con los garabatos que se pueden encontrar en las paredes de los servicios públicos, aunque la obra de Tanioka posee un sentido del diseño mucho mayor que la de Sunagawa. Los dos artistas hacen que sus dibujos contrasten con los típicos guiones ásperos y un refinado sentido del absurdo. La suma de todos estos elementos consigue que su trabajo haya envejecido mucho mejor que el de sus colegas.
Los restantes artistas del tomo trabajan en un formato básico de tira de una a ocho viñetas. Son un buen recordatorio de que la cultura de los cómics en Japón no se limita a las sagas épicas de miles de páginas. De hecho, el yon-koma o tira de "cuatro viñetas" es de lo más frecuente y suele aparecer por todos lados, en antologías del tamaño de una guía telefónica hasta en los periódicos. A pesar de que se podría considerar que el resto de tiras no son yon-koma ortodoxo, muchas lo son, y todas se aferran a las mismas convenciones básicas. 

Una de esas convenciones es la de evitar las historias largas en favor de los episodios autónomos. A pesar de que algunos de los cómics son históricos, no hay ninguno serializado por capítulos. Los personajes solo son recurrentes para poder ser humillados y que el lector se ría de ellos, y siempre son clichés más que personajes específicos. Oficinistas, policías, amas de casa y mocosos, todos hacen aparición en estas historias, pudiendo ser una representación de la vida de cualquiera. 
Se suelen favorecer los dibujos más sencillos e icónicos, y las historias necesitan estar comprimidas y ser inmediatas. No hay espacio para la equivocación. A pesar de mi afecto incondicional por Harenchi Gakuen y Gaki-Deka, este formato corto me interesa más que las tiras de chistes. El humor necesita que la viñeta esté despojada de elementos confusos, dejando tan sólo el material suficiente como para que los espectadores puedan reconstruir las cosas por sí mismos. Sencillamente, mediante la utilización de unas pocas viñetas el autor es capaz de llegar bastante lejos, sea para bien como para mal.

(Continuará)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hi buddy , i'm looking for the Red Devils , Darin Lin Wood (Fireworks) first band ,have you got them?
If Yes ,Thanks in advance