lunes, 9 de abril de 2018

ALAN MOORE, BARDO DEL NUEVO ORDEN (2 DE 2)

Entrevista que formó parte del libro "Comic Book Rebels. Conversaciones con los creadores de los nuevos cómics", por Stanley Wiater y Stephen R. Bissette. Underwood Books, 1993,1997. Parte 1.

CBR: Entonces, ¿por qué elegiste tirar las cosas por la borda cuando renunciaste a trabajar con las principales editoriales de cómic? En su lugar preferiste montar tu propia compañía, Mad Love, además de colaborar con empresas más pequeñas e independientes.

MOORE: En mi carrera las decisiones estéticas y las decisiones comerciales siempre han ido de la mano. Antes, cuando estaba trabajando para 2000 A.D. y Warrior, nunca recibíamos royalties, el autor no podía controlar el copyright de lo que hacía. Obviamente, no es el mejor incentivo para hacer un buen trabajo. Por ridículo que parezca visto en retrospectiva, en ese momento DC era una propuesta mucho mejor. Porque al menos les estaba dando royalties a los creadores, y aunque no les permitía ser los dueños de su propio trabajo, se había empezado a hacer ruido y se hicieron algunos movimientos en la dirección adecuada. Pero las dos cosas parecen ir de la mano: si tienes libertad creativa (barajando también ciertas consideraciones comerciales), entonces querrás hacer un mejor trabajo. Intentarás perseguir el aspecto estético de ese ideal radical del que hemos estado hablando antes. En mi caso empecé trabajando para 2000 A.D. y para la Marvel británica. Luego seguí en Warrior, porque su forma de llevar el negocio parecía más ética, y porque junto con eso, parecía haber más potencial para mi crecimiento creativo personal. Más tarde me marché a trabajar para DC por razones muy similares. Pero con el tiempo, tus ambiciones superan el espacio específico en el que te encuentras. Cuando has probado la satisfacción que conlleva ser dueño de tu propia obra, ¡con el tiempo estarás menos satisfecho trabajando para otros! Cada vez estarás menos satisfecho vertiendo tu alma y tu corazón en el pozo sin fondo de una corporación que en realidad no se interesa demasiado por ti. Después de Watchmen llegué a un punto decisivo en mi carrera. Quiero decir, ¿cómo continúas después de Watchmen? Supone un problema tremendo. ¿Haces algo que sea una serie de superhéroes aún más compleja? (Que estoy seguro que es lo que DC hubiese querido que hiciera.) ¿O haces una obra que simplemente repita una y otra vez la fórmula de Watchmen? ¿O alguna otra cosa? Y si haces esa otra cosa, ¿qué podría ser? De repente me di cuenta de que los temas sobre los que realmente quería escribir eran bastante... eran temas marginales. [Sonrisas.] ¿Sabes? Quería escribir sobre crímenes y asesinatos. Sobre sexo y pornografía. Sobre la vida normal y la gente normal. Y también me di cuenta de que DC no estaba demasiado entusiasmada con un proyecto como, digamos, Big Numbers. Imagino que si se lo hubiese propuesto, podrían haberme hecho llegar que se lo estaban pensando con la intención de arrullarme, y luego quizá sugerirían gentilmente que podría emplear mejor mi tiempo haciendo otra novela gráfica de Batman. Me di cuenta de que DC nunca apoyaría las ideas más extremas que se me habían ocurrido. Así que me dije que la única forma en que podía garantizar que tendría espacio suficiente como para continuar expandiéndome creativamente era haciéndome con el control completo (hablo en el sentido del negocio) de todo el proceso. Porque no quería tener a alguien por encima que me dijese: "Bueno, creemos que este va a ser un título muy poco popular. Preferiríamos que hicieses superhéroes." La única forma en la que podía conseguir ese espacio era metiéndome en el mundo de la auto-edición y alineándome junto a otras editoriales creativas. 
CBR: Entonces, ¿qué te llevó a volver a los superhéroes, específicamente a tu proyecto más reciente para Image Comics, titulado 1963

MOORE: ¿Además del hecho de que Steve Bissette me llamase para proponérmelo? [Risas.] Fue un puñado de cosas, una de las más importantes el tema financiero. Como he señalado, los temas que exploramos en Lost Girls y From Hell: Jack, el Destripador Alicia en el país de las maravillas en la Austria de 1913, o la construcción de un centro comercial en Northampton, puede que no fuesen las ideas más comerciales que haya tenido en mi vida. Pero nunca he considerado volver a trabajar de nuevo para DC y Marvel desde que les di la espalda hace tantos años. Solo quiero trabajar con editores creativos que me permitan llevar a cabo el trabajo como a mí me gusta. Y aunque mi estética es diferente de la de ellos, admiro lo que están haciendo las personas que llevan Image. Han sacudido la industria de una forma brutal, y es probable que lo hayan hecho para mejor. Pero cuando estuvieorn hablando conmigo, todavía no sabía si tenía algún interés en hacer superhéroes de nuevo. Sencillamente no quería hacer una serie de superhéroes a menos que fuese algo que pudiese encontrar interesante. Porque aunque he dicho que el dinero era uno de los ingredientes fundamentales, nunca he hecho nada simplemente por dinero. ¿Sabes? Si no puedo encontrar una forma de disfrutar del proyecto, entonces nunca lo haré. Ahora, esto me presentaba un gran problema, porque después de Watchmen y Miracleman me había cansado bastante de los superhéroes. Me había quedado particularmente harto de los superhéroes posmodernos que siguieron la estela de esas obras. Me parecía que los cómics posmodernos eran como mirar el espejo distorsionado de una feria, donde entras y ves esas cosas grotescas, y piensas: "Dios mío, ese soy yo". Esa fue la sensación que tuve al leer algunos de esos cómics: pude ver reflejos estilísticos que habían tomado de mi propio trabajo, pero utilizados principalmente como una excusa para meter más sexo lascivo y más violencia gráfica. He de confesar que pasé por una mala racha para poder superarlo. Y tengo la vaga impresión de que incluso llegué a decirme: "Dios mío, quería hacer que los cómics fuesen un lugar mucho mejor que visitar". Pero ahora, en todos los lugares donde me fijo, veo a todos esos vigilantes psicóticos que reparten muerte sin piedad. ¿Sabes? Sin una pizca de la ironía que esperaba haber aportado a través de mis personajes. Y me sentí un poco deprimido, porque parecía que sin saberlo había dado paso a una nueva era oscura de los cómics... ¿No? Parecía no haber nada en lo que deleitarse, ni la frescura ni el encanto que recordaba de los cómics de mi propia juventud. Me pareció terriblemente vergonzoso. 
CBR: Entonces, supongo que con 1963 estás dispuesto a recuperar el encanto que se solía encontrar en los cómics de superhéroes de aquel período, un momento que coincidió con tu propia juventud.

MOORE: Cuando era joven, lo que más disfrutaba de los cómics no era solo ese elemento de fantasía de poder masculino adolescente. Si. Era así hasta cierto punto, pero no solo me parecen fantasías de poder para chavales. Claro, si alguna vez alguien me intentó amedrentar, no hubiese estado mal poder convertirme en Hulk, y sospecho que muchos niños te admitirán que disfrutaron de los cómics en su juventud gracias a ese elemento. Pero más importante todavía es el mundo de la imaginación que pude descubrir en los cómics. Lo que más me impresionó no era el hecho de que Superman pudiera empujar planetas, sino que era dueño de una Fortaleza de la Soledad, y una ciudad embotellada, y era capaz de viajar en el tiempo y afrontar todo tipo de extrañas paradojas temporales. y que el planeta del que provenía tenía un volcán dorado y una montaña enjoyada. ¡Y eso me parecía increíble, esas cosas fantásticas me llevaron a pensar en todo tipo de lugares interesantes! Lo mismo sucedía con los primeros cómics de la Marvel: lo que más me apasionaba eran sus maravillosos conceptos, no los músculos de los superhéroes. Pero cuando miro los cómics posmodernos, no veo nada de ese "sentido de la maravilla". En su mayoría se ha reemplazado por escenas de lucha cuerpo a cuerpo entre personajes que tienen poderes poco probables y con una falta de imaginación terrible. También está la cuestión de la moralidad. Hace poco estuve hablando con un amigo, y ambos llegamos a la misma conclusión. Por muy tonto que parezca, si tuviese que mirar hacia atrás para descubrir cuál fue el mayor factor individual que hubiese dado forma a mi código moral cuando era niño, no fueron mis padres, que tampoco es que me dieran demasiada instrucción moral, ni la escuela, tampoco la iglesia. Fue Superman. Superman tenía un código de moral que se expresaba repetidas veces y con bastante claridad. No es que fuese demasiado sofisticado. Más o menos era el equivalente de: "No mientas". "No mates a nadie." "Intenta ayudar a otras personas si están en apuros." Lo cual puede parecer ingenuo y simple, pero como código básico de moralidad, funciona hasta que creces y puedes matizar algunas de las áreas menos sutiles. Es cierto en mi caso, y creo que también lo fue para mucha gente de nuestra generación: aprendimos nuestra moralidad a través de estos cómics de superhéroes simples y tontos. Entonces, ahora es cuando me pregunto, en un mundo de Punishers y Wolverines y Lobos, qué es lo que los niños estarán aprendiendo hoy en día. ¡Me preocupa mucho! Ahora existe esa especie de nihilismo en los cómics. Lo cual está bien si eres un adulto inteligente y cínico: puedes reírte ante ese comportamiento violento. Pero si tienes nueve o diez años, me pregunto qué tipo de valores les estamos inculcando. Particularmente en un mundo que ya está impregnado de películas de Arnold Schwarzenegger y salvajes filmes protagonizados por asesinos. Simplemente me hace cuestionármelo. Así que, básicamente, decidí que podría ser divertido intentar recrear una era más inocente de los cómics, que se remonta hasta 1963, un año que me parece muy fecundo. ¡Y tratar de crear una línea de cómics imaginativos como si se hubiesen creado en 1963! Con toda la inocencia y toda la ingenuidad intactas. También los he creado de una forma bastante parecida a como se hicieron los cómics en aquel entonces: en lugar de escribir un guión muy detallado y bien pensado, empecé a describir lo que ocurría y les di a los dibujantes las descripciones de las viñetas muy por encima, luego ellos dibujaban las páginas, y más tarde me las pasaban para que escribiese los diálogos. Es una forma muy rápida de trabajar, y totalmente ajena a la forma en que lo he hecho hasta ahora. Hacer 1963 ha sido muy divertido. Me ha dado muchísima energía que ha sido muy refrescante en mitad de mis proyectos más exigentes. Es un poco como trabajar habitualmente en una orquesta sinfónica, pero tocar los fines de semana en una banda bubblegum. Y además me ha hecho recordar algunas de las razones por las que empecé a querer involucrarme en los cómics. 
CBR: ¿Crees que los cómics aún no han alcanzado todo su potencial? 

MOORE: En el medio del cómic existe una cantidad infinita de potencial sin explotar. Y cuanto más investigo, más grande me parece. Solo escribiendo los primeros cuatro o cinco números de Big Numbers, se me han ocurrido tres o cuatro cosas completamente novedosas que no se habían hecho nunca antes en los cómics. Y solo estoy hablando acerca de mí, una persona que sigue sus propias ideas individuales. Sí, cada vez es más difícil pensar en nuevas formas de utilizar el lenguaje de los cómics, pero eso no disminuye de ninguna manera el hecho de que esas nuevas formas todavía están presentes y sin cosechar. Me puedo imaginar fácilmente a los talentos más jóvenes que no están tan vacíos y hastiados como yo, que serán capaces de desenterrar algunas verdaderas gemas en sus obras. Creo que en el medio del cómic hay posibilidades que ni siquiera se han imaginado todavía. Los cómics son un lenguaje antiguo que se remonta a los ideogramas chinos, y lo que estamos haciendo es establecer la gramática y el vocabulario más básicos. Espero que las generaciones posteriores puedan usar esa gramática y vocabulario para componer obras magníficas. ¡Apenas hemos arañado la superficie de lo que se puede hacer! Me refiero a que cuando tienes a tu disposición todo el mundo de palabras e imágenes para jugar, entonces lo tienes absolutamente todo. No hay nada que no se pueda hacer en los cómics. No hay nada que se haya intentado en ningún otro medio artístico que con el tiempo los cómics no puedan igualar o mejorar. Es responsabilidad de las personas que están vivas en este momento explorar este lenguaje lo más minuciosamente posible, encontrar sus propias temáticas y seguir sus propios caminos individuales y peculiares. Y seguirlos inexorablemente.

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