domingo, 3 de junio de 2018

POLÍTICA, por Alan Moore

Fuente: MOMENTUM NORTHANTS. Website de Momentum en Northamptonshire. Traducción: Frog2000. Nota: el título del artículo-arenga es inventado para dar contexto.

Como anarquista, como alguien que no cree ni en los líderes ni en los medios mediante los que son seleccionados, cuando se trata de respaldar políticas de cualquier tipo me encuentro en evidente desventaja. Dicho esto, yo no nací siendo anarquista.

Nací de una pareja de clase trabajadora ordinaria en lo más parecido que Northampton tiene a un ghetto, y crecí en la creencia, probablemente simplista pero sincera, de que era deber de nuestra familia y personas como nosotros votar como Laborista desde que el mismo, inequívocamente, era el partido de la gente trabajadora. En la década de los cincuenta, lo que creían mis padres no estaba basado en el idealismo nostálgico, sino en los indudables hechos de que el gobierno laborista de la posguerra había introducido un Servicio Nacional de Salud y había permitido el acceso a la educación gratuita para sus hijos.

Eran personas sencillas y poco sofisticadas que sentían que su clase se había llevado la peor parte de la Segunda Guerra Mundial, y que consideraban la promesa de un futuro más justo como una merecida recompensa por las dificultades por las que estaban pasando. Ojalá los dos hubiesen sobrevivido más años, por supuesto que sí, pero al mismo tiempo estoy contento de que ambos se hayan ido en 1997, y por lo tanto nunca hayan seguido viviendo descorazonados con el advenimiento de Tony Blair y su nueva dieta: el Nuevo Laborismo.

Si hubieran presenciado la deriva de la supuesta izquierda de este país en las décadas transcurridas desde entonces, estoy seguro de que no les habría asaltado la primera idea que tuvieron ante lo que estaban asistiendo. Lo que ellos creyeron y por lo que lucharon se ha vuelto irreconocible y completamente contrario a todos los principios y valores de la clase trabajadora.

Ahora, en este siglo XXI, comenzamos a ver un atisbo de resurgimiento de figuras políticas que parecen tener ideales genuinamente socialistas: Bernie Sanders en los EE.UU.; Jeremy Corbyn en el Reino Unido, tan solo para enterarnos de que a pesar de las masivas oleadas de apoyo popular, esas personas son aparentemente "inelegibles".

La palabra "inelegible" parece ser una abreviatura de la frase "a partir de ahora solo se permite elegir a los conservadores", un reajuste masivo del concepto de democracia sobre el que no recuerdo que se haya consultado a nadie. Y sin embargo, dado el torrente ridículamente desproporcionado de ridiculización y demonización al que están siendo sometidos políticos como Corbyn, deberíamos sospechar que son sus oponentes los que temen cada vez más ser los "inelegibles".

Si creemos sinceramente que Jeremy Corbyn no es elegible, ¿por qué molestarse en decir una palabra más sobre Jeremy Corbyn? De hecho, ¿por qué, en primer lugar, molestarse en señalar su estado de "inelegibilidad"? Vale la pena recordar que a lo largo del tiempo y a lo largo y ancho de este mundo, los poderes electos y las autoridades son siempre más despiadados cuanto más asustados están. Hasta cierto punto, cada dardo mediático y cada vergonzosa contienda de recriminaciones en el propio partido se podría aplaudir como una medida del éxito sin precedentes de este inelegible candidato.

Como anarquista yo no voto, prefiriendo la acción política directa y poder opinar sin intermediarios elegidos de por medio. Sin embargo, si votara alguna vez, intentaría votar algo que hiciese viable la historia humana en lugar de posicionarse en su contra. Las agendas económicas y políticas impuestas en Occidente durante los últimos treinta o cuarenta años nos conducen claramente hacia un entorno arruinado y a la austeridad internacional mientras los multimillonarios del planeta intentan convertirse en trillonarios, hacia Donald Trump, y hacia un abismo horrible que amenaza con hacer que La Guerra Civil Inglesa parezca una solución de patio de colegio. Para cualquier persona sana que verifique dicho escenario, esto no puede ser una opción.

Si han empezado a hacer aparición personas como Jeremy Corbyn que proponen una dirección mucho más humana y factible para la sociedad, y si tales figuras están obteniendo un enorme apoyo por parte del electorado a quien se les ha negado tener voz durante demasiado tiempo, entonces es posible que esto se deba a que las personas como Corbyn se han vuelto históricamente necesarias. Los anteriores conductores de nuestro vehículo a lo largo de las estrechas y tortuosas carreteras de montaña de 2016 parecen estar durmiendo una borrachera de cocaína de treinta años de duración, y ahora podría ser un buen momento para que alguien pragmático tomase el volante.

Si crees en la democracia como algo más que una máquina expendedora que dispensa varios sabores ligeramente diferentes de privilegio, entonces deberías poner toda tu mente y todo tu esfuerzo en apoyar a alguien que ofrezca un futuro en el que la gente común pueda vivir de verdad.

Como he dicho de forma repetida e irritante, yo no voto, pero si algunas vez los muertos y los difuntos tienen derecho a hacerlo, sé con certeza qué opción marcarían los Ernest y Sylvia Moore del número 17 de St. Andrew's Road. Jeremy Corbyn es la única figura política actual que la clase trabajadora en la que crecí podría haber reconocido como tal.

No pierdas esta oportunidad de deshacerte de todo el peso remanente y luchar por un futuro al que nosotros y todas las personas que vinieron antes que nosotros deberíamos aspirar; del que podamos enorgullecernos. Es hora de detener todas estas estupideces terribles e inhumanas, y si vas a votar, entonces te sugiero que votes por alguien que parezca dispuesto a detenerlo. Mis mejores deseos para Jeremy Corbyn, Momentum y el Partido Laborista de su sincero pero comprensiblemente enfrentado amigo, Alan Moore.

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