miércoles, 21 de abril de 2021

LA LIGA DE LOS HOMBRES EXTRAORDINARIOS, LA TEMPESTAD, por Brian Nicholson

Artículo de Brian Nicholson para The Comics Journal (2019). Traducción: Frog2000.

Una explicación en cinco actos.

I. Es después del fin del mundo, ¿aún no te has enterado?

Asegurar que Sun Ra dijo una vez: "Es después del fin del mundo, ¿aún no te has enterado?" sería un eufemismo. June Tyson lo repitió nueve veces en los primeros cuarenta y cinco segundos de la primera canción de la banda sonora de la película "Space Is The Place" ["IT’S AFTER THE END OF THE WORLD, DON’T YOU KNOW THAT YET?”]. No pretendía ser un comentario ingenioso, sino un apunte enfático. Haríamos bien en aceptar la idea, y si eres lector de cómics de superhéroes desde hace mucho, debería resultarte bastante fácil hacerlo, ya que estarás familiarizado con la fastidiosa tendencia de la existencia a seguir adelante sin problema después de muchos... exagerados eventos apocalípticos. Si eres lector de Alan Moore, es muy posible que sepas que la conclusión de su arco "American Gothic" en La Cosa del Pantano, coincidió con la celebración de las Crisis en Tierras Infinitas en toda la editorial, aunque su etapa continuó otro año más sin disminuir la calidad. Puede que recuerdes que presionar el botón de reinicio del evento empujó a Moore a escribir una historia final de Superman, un poco antes de que John Byrne comenzase otra el mes siguiente.

Décadas más tarde, Moore comandaba su propia línea de cómics de superhéroes, uno de los cuales, Promethea, estaba destinado a servir como núcleo explicativo de la sincera creencia de Moore en lo oculto. El fin del mundo fue profetizado en la serie y maniatado al año 2012, y cuando el mundo terminó al final de su etapa, fue una experiencia positiva para todos los seres vivos, un alejamiento de los tupidos velos que dividen a la humanidad, iluminándose el mundo y desplazándose hacia un lugar mucho mejor. Esa secuencia concluyó el trabajo de Moore en su sello America's Best Comics, con un epílogo que apareció en un número de la serie Tom Strong. Es un final optimista. Sus obras para Avatar Press centradas en la mitología de H.P. Lovecraft, terminaban con la Tierra y la humanidad descendiendo hacia una oscuridad de la que nunca volverán a emerger.

Si Moore creía realmente que el mundo iba a terminar en 2012 o no, parece de mala educación imprimir su punto de vista en una fecha posterior. El mundo no se acabó, el globo terráqueo siguió dando vueltas, aunque si por fin llegó o no un anticristo al escenario mundial sigue siendo tan discutible como siempre. Ciertamente, subrayar que existía dicha amenaza a la vida revistió de cierta urgencia a la creación de otro apocalipsis, esta vez en The League Of Extraordinary Gentlemen: Century, que comenzó en 2009 y se presentó en tres números de cadencia anual, cuyas tramas transcurrían en 1910, 1969 y 2009, y donde la tensión se iba incrementando hasta llegar a una conclusión apocalíptica. El final era anticlimático: la serie continúa de nuevo en este último volumen, "The Tempest", unos años después. Si bien los cambios en el contexto cultural solo han reforzado la sensación de que el final de "Century", con su descripción de Harry Potter como anticristo, se podría interpretar como un pequeño agravio sacado de quicio, ese diálogo con la literatura de género británica se entendió como la razón de ser de la serie, excusable a medida que avanzamos hacia un Moore que aborda un panorama cultural aún más espantoso.

II. La legión de héroes sustitutos

Empezando en 1999, The League Of Extraordinary Gentlemen continuó las historias de los personajes creados en las novelas británicas del siglo XIX, e integró obras dispares en un universo compartido muy parecido al que se podía encontrar en los cómics de Marvel o DC de los años sesenta. Esta idea de altos vuelos surgió esencialmente cuando sus autores entendieron que tales obras, con frecuencia serializadas, tenían sus antecedentes en los pulps del siglo XX y en el fermento cultural general del que surgió la narrativa de superhéroes individualizada de la década de los 30. Con ese punto de partida, plantearon un “universo compartido” que incorpora tantas creaciones como pueda recoger a partir de textos ya existentes.

Basado originalmente en la utilización de figuras literarias del siglo XIX actualmente de dominio público, avanzar hacia el presente ha requerido escoger a personajes populares con errores ortográficos y completar ciertos detalles de fondo con otros cuyos autores es poco probable que pongan una demanda. Aún así, hay que cubrir el expediente histórico, y cuando lo han hecho en su ficción, los autores lo han representado de la siguiente forma: para las crónicas de la Segunda Guerra Mundial utilizaron al personaje de Chaplin en "El gran dictador", Adenoid Hynckel, como sustituto de Adolf Hitler. En "The Tempest", para hablar del presente tenemos a Johnny Gentle, de "La broma infinita" de David Foster Wallace, como sustituto de Donald Trump. Es más una broma discreta que uno de los momentos importantes de la trama, pero como la obra se refiere al momento presente, hay que reconocer la existencia de Trump. Aún así, el proyecto se define por hablar sobre la ficción, la cultura que dicta nuestro discurso, que en 2019 significa hablar de forma explícita de superhéroes, porque sus hazañas se pueden encontrar por todas partes, en salas de cine y series de televisión, y son entendidas y apreciadas por un amplio rango de público del que seguramente formarán parte personas que habrán despreciado los cómics como basura para analfabetos durante los primeros veinte años de la carrera de Moore.

En virtud de la influencia inmortal de su trabajo en el género sobre lo que vino posteriormente, para Moore el material superheróico se encuentra cargado de significado. Su trabajo con personajes que creó como análogos de las antiguas propiedades de la Charlton ha tenido influencia en décadas de obras, y ahora los estantes de DVDs de los grandes comercios están tan recargados de películas de superhéroes como los estantes de una tienda de cómics lo estaban en 1992 de cómics de superhéroes. Los personajes lo son apenas desde una perspectiva literaria, y la omnipresencia del género es mayor de la que podría tener cualquier personaje individual, por lo que no hay necesidad de analogías.

Los superhéroes que aparecen en este volumen de League Of Extraordinary Gentlemen provienen del dominio público, habiendo aparecido anteriormente hace décadas en los cómics británicos que intentaron hacer negocio esquilmando los cómics estadounidenses, antes de ser demandados o simplemente desapareciendo al despertar poco entusiasmo, tal y como suelen hacerlo las copias. Cada número contiene una "strip" de complemento donde estos personajes forman un equipo, y se les ubica en un contexto paródico de principios de los sesenta como añadido a su aparición en la narrativa principal. A continuación están las contraportadas con páginas de correo falsas, similares a las que se pueden encontrar en la serie de Moore 1963, iniciada para Image Comics en 1993, aunque nunca llegase a concluir.

Si bien he dicho que estos personajes no son directamente análogos de los superhéroes populares, en realidad hay una parodia bastante simple del origen de Batman en el quinto número. De acuerdo con mi referencia inicial de Sun Ra, se podría decir que Moore "desenmascara a Batman" en ella, enarbolando contra el personaje esa crítica de que es una persona rica que golpea a los pobres, y trasladándola al más delineado sistema de clases británico, donde su figura parece aún más ridículamente innecesaria.

Mientras tanto, cada número de "The Tempest" está diseñado para que su portada se parezca al tipo de cómic que ha aparecido en las estanterías de las tiendas y ha ganado popularidad sin estar protagonizado por superhéroes: cómics para chicas, cómics de humor, cómics de terror, Classics Illustrated. El interior en sí mismo abraza a medias todo esto: uno de los segmentos del  "cómics para chicas" incluye un cómic con fotografías, el número de terror tiene interjecciones realizadas por un macabro anfitrión, el número humorístico juega un poco más con los elementos de la farsa. Mientras tanto, la portadilla interior nos presenta un texto complementario con una biografía de un historietista británico maltratado por la industria.

III. El infierno está vacío y todos los demonios están aquí

Puede parecer un confuso cargamento de bagaje conceptual, y lo es. La obra es densa, y leer cada número a medida que ha ido saliendo, ha hecho más difícil encontrar un hilo conductor para poder determinar su significado.

Sin embargo, así es como se ha sentido la vida desde 2016 hasta ahora: como si gran parte de la ciudadanía se estuviese mintiendo a sí misma, creyendo en múltiples teorías de la conspiración, pensando que la realidad consensuada es esencialmente irreconciliable, y que solo puede ser interpretada por aquellos que están versados en los locos sistemas de pensamiento en los que creen otras personas. En la derecha tenemos a QAnon y el Pizzagate, junto con el viejo y confiable supremacismo blanco de "Los protocolos de los ancianos de Sion". Al investigar los orígenes de cualquiera de estas conspiraciones, uno descubre la  posibilidad de que los temas de QAnon sean una broma urdida por izquierdistas. En la izquierda hay muchas luchas internas sobre cuán digno es invertir en la narrativa de la colusión rusa, en lugar de simplemente intentar ganar las próximas elecciones, y hay aún más divisiones provocadas por cómo ganarlas exactamente. Muchas de las formas supuestamente objetivas con las que se mide la realidad, por ejemplo las estadísticas, están siendo manipuladas conscientemente para ganar votaciones. Los funcionarios electos tienen entonces una influencia considerable sobre las narrativas que se nos cuentan gracias a la credulidad de los medios de comunicación: por eso muchos optan por hablar sobre lo poco que se puede confiar en los medios de comunicación.

Hablo desde mi perspectiva vital en Estados Unidos, porque es lo que conozco. Mi comprensión de la política del Reino Unido es más vaga, pero lo que yo entiendo es igualmente difícil de seguir para los oriundos de aquí, mientras las figuras de la izquierda son regularmente tachadas de antisemitas con acusaciones realizadas con toda la mala fe del mundo. Si las narrativas de las novelas de Thomas Pynchon tratan sobre conspiraciones de tal complejidad fractal que degeneran en entropía, la interpretación de Moore del momento moderno es que la entropía lo ha superado todo, pero que todavía existe una densidad propiciada por el peso de la historia.

La idea principal detrás de The League Of Extraordinary Gentlemen es que existe un universo narrativo general en donde encajan todas estas viejas historias. Lo que hacía que esto fuese una mala idea es que es imposible reconciliar todas estas ficciones, ya que no fueron diseñadas para encajar. Moore puede tener la inteligencia suficiente como para hacer ensamblar ciertas partes con resultados elegantes y divertidos, pero aquí, en el mundo real, el resto de nosotros nos estamos volviendo locos con lo que básicamente son diferencias filosóficas esencialmente irreconciliables entre las historias que estamos viviendo y lo que nuestros vecinos se cuentan a sí mismos. No somos capaces de ponernos de acuerdo, y muchos sienten que ya no vivimos en el mismo universo que las personas de nuestra familia inmediata. Este es el momento histórico sobre el que Moore nos está hablando.

Moore está especialmente capacitado para escribir una historia sobre la función de las historias en los momentos finales de la narrativa. Es de los primeros de la generación de los novelistas gráficos: personas que observaron la interminable serialización de los cómics de superhéroes y se dieron cuenta de que no era tan satisfactoria como una obra literaria real por su falta de finales. Luego trabajó, esforzándose en serio, en las páginas de La Cosa del Pantano, para conseguir la suficiente caracterización y peso temático como para que los arcos de la historia pudieran terminar de forma satisfactoria. Más tarde guionizó "La Broma Asesina" con la gravedad suficiente como para que se pudiera interpretar como una historia final de Batman. Escribió "¿Qué fue del hombre del mañana?" después de ser reclutado para finalizar décadas de historias de Superman, un universo absolutamente auto-referencial, y consiguió hacer algo conmovedor utilizando décadas de material con una salvaje variación de tonos construida alrededor de un núcleo de auto-referencialidad que nunca había estado destinado a ser cohesionado como obra única. Fue hace más de treinta años, y desde entonces, su propia narrativa le ha sido arrebatada de múltiples formas. Literalmente, las historias que ha escrito le han sido arrebatadas, el significado del trabajo que creó con la intención de que le perteneciese ha sido comprometido por el hecho de que una corporación ha visto un mayor potencial de ganancias en basura franquiciada que en una obra de mérito literario.

Al mismo tiempo, hay una generación más joven de fans que da validez a todos estos reclamos, además de desechar a Moore como un simple anciano, señalando la preponderancia de la violencia sexual en el trabajo de Moore como el fetiche de un viejo verde, y la aparición de una extraña y arcaica caricatura racial en "Dossier Negro" como indicativo de alguien que está ya alejado de cualquier actitud tolerante. Ambos ejemplos coinciden con el hecho de que en DC puedan lavar con un tono rosáceo el robo de la propiedad intelectual de Moore al hacer que la primera aparición de Promethea en un número de la Liga de la Justicia estuviese guionizada por un creador abiertamente gay que cumple con el importante rol de escritor apropiado para Midnighter, un análogo gay y más violento de Batman que se convirtió en una propiedad de DC en la misma fusión corporativa que posiblemente adquirió a Promethea. (Digo posiblemente porque parece que es un terreno tan pantanoso que Moore simplemente no ha tenido la fuerza de voluntad suficiente para litigar).

Tom Strong apareció en una serie titulada The Terrifics, guionizada por Jeff Lemire, un autor al que tal vez se considera con cierta “credibilidad independiente” por haber escrito y dibujado originalmente novelas gráficas publicadas en Top Shelf. Honestamente, no sé cómo los creadores de estas obras justifican o excusan su participación, y se siguen considerando "buenas personas" o miembros de una comunidad de artistas. Estoy seguro de que, después de que sus editores les hayan encomendado la tarea de integrar las creaciones de Moore en la continuidad de DC, profesarán ser fans de Moore, a pesar de los hechos evidentes que hacen que tales afirmaciones parezcan profundamente poco sinceras. Es como enterarse del artículo sobre Bernie Sanders que Pete Buttegieg escribió en el instituto: supongo que en tu juventud puedes estar al tanto de muchas cosas sin aprender nada de ellas.

Hay muchos motivos por los que Moore ha sufrido una amarga decepción con la industria del cómic mainstream. Me gustaría llamar la atención acerca de que la industria del cómic convencional es una metonimia de las tendencias más importantes que circulan dentro de la cultura estadounidense. La diversidad que ofrece es superficial, con un montón de cosas que comparten el mismo núcleo hueco y vacío, está enamorado de la violencia y del Imperio, y le resulta indiferente cualquier elemento exterior que aumente su cuota de mercado a medida que se deterioran los recursos necesarios para llevar a cabo un plan sostenible a largo plazo. Hay un exceso de producto ofertado, por lo que no hay forma de ser consciente de lo que verdaderamente podría ser bueno o trascendente, solo un producto comercializado en un nicho para individuos atomizados, para que jueguen con su engreída auto-satisfacción, sea porque quieren ser halagados por aspectos superficialmente inteligentes y de enfoque serio, o simplemente por avivar su cerebro de lagarto a base de sádica crueldad hacia otro ser imaginado. Aprovechando las tensiones de la nostalgia en nuestra cultura, las corporaciones propietarias de estos personajes han podido capitalizar décadas de prácticas laborales explotadoras, y han ampliado el espectáculo utilizando el impulso presupuestario adicional que les puede brindar su asociación con el siempre rentable ejército estadounidense.

Si es cierto que hay un "universo compartido" que enlaza las historias que se cuentan en las películas de Iron Man y Thor, también existe un universo moral compartido que une a Marvel y DC, y las voces dominantes de los principales partidos políticos. Es uno donde principalmente se valora el poder, aunque no es ese el mundo que ocupa Moore. Las historias que cuentan las "majors" esperan crear una apariencia simplista de “bien contra mal” en base a grupos dispares que luchan por el poder y sus incómodas coaliciones. La historia que necesita contar Moore es diferente. No trata acerca de la psicología que motiva al electorado y sus representantes, pero sí entiende que su psicología es un tenso revoltijo. Todos los involucrados disponen de un marco de pensamiento diferente con el que abordar las cosas, y entran en conflicto entre sí por múltiples razones, de tal forma que muchos de ellos están completamente trastornados. Parece deprimente a muchos niveles, pero también alcanza cuotas excelsas de absurdez, y si bien los tiempos nunca han sido más oscuros y las apuestas han estado tan increíblemente altas, casi todo lo que dice alguien con cierto grado de poder en la actualidad siempre parece muy estúpido. De ahí que a menudo "La tempestad" no parezca avanzar utilizando una lógica basada en la caracterización realista o el naturalismo mimético. Está escrito en un registro más cercano a las tiras de humor que Moore realizó para su antología "Tomorrow Stories" que a "From Hell". La tragedia se repite como una farsa, y Moore conoce el material que parodia mucho mejor de lo que Donald Trump conoce la etapa como presidente de Ronald Reagan.

Las dos entrevistas más recientes de Moore que he podido leer apoyan la idea de que su obra actual debería leerse como un proyecto político: entrevistó al escritor Jarett Kobek para un video de Youtube, en donde Kobek hablaba sobre su nuevo libro, en el que los intentos de un autor de escribir una novela de fantasía dan paso a las quejas atormentadas sobre el actual y abrumador estado del mundo. Al hablar sobre la imposibilidad de contar una historia en este momento, Moore asentía, a pesar de que la narrativa de "The Tempest" es satisfactoria de una manera que no tiene mucho que ver con el texto de Kobek. Unos días antes de que el número final llegara a las tiendas, Moore apareció en el podcast Chapo Trap House, un show cuyas tendencias políticas se corresponden básicamente con las quejas sobre la opinión pusilánime centrista que yo he estado ofreciendo en este artículo.

No deseo alinear mis creencias políticas con las de Alan Moore, ni tampoco sugerir que su política se alinea con quien esté más a la izquierda en una celebración electoral determinada. Moore es un anarquista declarado, algo hacia lo que mis propios instintos se acercan cada pocos meses más o menos, ya que la democracia representativa parece cada vez más una farsa, con un sistema de controles y equilibrios como premisa que se acerca cada vez más al mínimo común denominador, mientras esperamos a que los funcionarios electos actúen de una vez y se comporten heroicamente mientras cada transgresión contra las normas democráticas es tratada como una tentación para que el público espere a la siguiente y emocionante entrega de El Proceso de Votación. Me ha cansado de la misma forma en que me cansé de leer cómics de superhéroes mensuales: fueron demasiadas veces en las que sentía que acababa de leer la misma historia que el mes anterior. Cada elección es catalogada como la más importante de nuestras vidas, su forma de vender esta serie de eventos es asegurando que la actual y última es la que lo va a cambiar todo. Por citar al rapero Aesop Rock cuando habla sobre terapia: "Te recuerdo que es un chanchullo, no una rehabilitación".

Moore ya había intentado antes alejarse de los peores aspectos de la industria del cómic, y su último intento lo obliga a despedirse completamente del medio.

IV. El Historietista, el Guionista, su Esposa y su Influencia

Este volumen se titula "La tempestad" rememorando la última obra de Shakespeare. Moore ha declarado que planea que este sea su último cómic, y el título alude a dicho paralelismo entre las dos obras. El título también apunta a la prominencia en la historia del personaje de Próspero, un mago con su origen en la obra de Shakespeare, pero que lleva presente en The League Of Extraordinary Gentlemen desde el "Dossier Negro" de 2007. En la Liga, el personaje parece, al menos en parte, un sosías de Moore, con su bien publicitado interés en la magia y su larga barba.

En la Liga, Próspero reside en The Blazing World, el reino de la magia explícita, las hadas y todo lo demás. El mundo más amplio que lo rodea es el mundo de la literatura, de modo que los dos, con sus reglas separadas, deberían, esencialmente, ocupar un nivel diferente de realidad. The Blazing World está representado en 3D estereoscópico, las gafas van incluidas tanto en The Tempest [no en la edición española] como en The Black Dossier, y los residentes de estos reinos están representados con gafas similares. Para mí, y supongo que para los demás, leer un cómic en 3-D es bastante difícil, debido a la forma en que se mueven los ojos durante el proceso de lectura para poder asimilar el texto. Básicamente, a partir del "Dossier  Negro" la densidad de la experiencia de lectura vibra en el cerebro de forma similar: como si los hemisferios del cerebro del lector estuviesen captando el contenido de la página desde ángulos ligeramente diferentes. El ojo se esfuerza en los segmentos en 3D, el cerebro se esfuerza todo el tiempo en todas partes.

El grado de dificultad disminuye al volver a leer los volúmenes que recordabas más tediosos. The Tempest es una experiencia de lectura mucho más divertida que "Dossier Negro" o "Century". La serie logra un delicado equilibrio entre generar un espacio que haga referencia y reconcilie todas las historias de las que habla, y contar una historia satisfactoria por derecho propio. Si los anteriores volúmenes te parecieron demasiado opacos al leerlos por primera vez, ahora nos ayudan a recordar lo fácil que era perdernos en la historia que nos contaban porque sus hilos se entretejen por fin en este volumen actual.

Aún así, si la referencia a Shakespeare del título no nos advierte que deberíamos tener algo de cariño por los intelectuales y las personas de pensamiento elevado para saber si este cómic está hecho para nosotros, permíteme mencionar a otro artista que "no es para todo el mundo", y que viene al caso. "La tempestad" de Shakespeare también fue la base de la película de 1991 "Prospero’s Books" [Los libros de Próspero] de Peter Greenaway. La obra de Peter Greenaway dispone de una especie de estructuralismo quisquilloso capaz de impresionar a nivel intelectual a cualquiera, incluso aunque es visceral y pervertida. Su genio parece similar al de Moore y, aún manteniéndose aparte del resto del mundo, vibrando en su propia frecuencia, parece una más que probable fuente de inspiración. La capacidad de Moore para hacer sus cosas con una premeditación comparable sugiere que su distanciamiento auto-impuesto de Internet le ha sentado bien: su cerebro no se ha derretido ni se ha vuelto adicto a sus propias distracciones.

Sé que afirmar que la adicción a Internet es mala para el cerebro se considera grosero, porque muchos jóvenes nacieron con ella en la sangre y no se pueden imaginar afrontando voluntariamente un período de abstinencia. Pero debido a las diversas diferencias generacionales que convierten a los baby boomers en un significativo blanco de desprecio, acusar a las personas mayores de sufrir daños cerebrales por la exposición a las redes sociales no parece estar tan vetado. Ya he hablado acerca de los elementos del trabajo de Moore de los que se burlan los fans más jóvenes, pero deberíamos apuntar que los cómics que ama Moore, impregnados en su ADN, están bastante pasados ​​de moda en este momento.

Moore nació una década después de Robert Crumb, y su éxito comercial sin duda le ha permitido fumar más hierba que a cualquier otro dibujante underground con quien comparta veneración por la MAD de Harvey Kurtzman. A pesar de la formalidad de su trabajo, hasta cierto punto está claro que aspira a la concepción anarquista de los autores underground. Hasta donde sé, las únicas veces que Moore ha ofrecido respaldo publicitario en este siglo a algún cómic publicado por DC, estaba dibujado por Richard Corben [se refiere a "La Casa en el Confín de la Tierra"]. Aparte de Kevin O’Neill, el colaborador con el que Moore ha tenido una relación más extensa sin dejarla de lado, tenemos también a Rick Veitch y Melinda Gebbie, personas cuyo primer trabajo publicado apareció en cómics underground. Aunque O'Neill no proviene de ese mundo, el Comics Code denegó la aprobación de su trabajo durante los ochenta porque les parecía retorcido. Es el colaborador ideal para Moore, porque sus composiciones mantienen la claridad, mientras el trazo en sí no solo posee "bordes angulosos", sino que parece mantener una capa de suciedad que infecta cualquier cosa con la que se atreva.

No me refiero a "angulosidades" en el sentido de "debilidades de estilo", aunque en la obra aparecen muchos personajes, y definitivamente no todos son reconocibles al momento incluso en el caso de los personajes principales, no solo de los secundarios. Pero se puede resolver todo gracias al contexto; tan solo es una lectura compleja, con un montón de partes en movimiento. O’Neill está obligado a hacer un montón. Supongo que fue quien dirigió las secuencias fotográficas. Dibuja grandes mapas recortados, secuencias en formato de tira cómica, y una gran variedad de pequeños homenajes a fragmentos de la historia de los cómics. Si eres fans del cómic como medio, o has crecido leyéndolo, hay muchos momentos que te encantarán, porque es como si se estuviesen interpretando sus grandes éxitos. A cierto nivel, el trazo de O´Neill puede parecer rígido y afectado, pero es capaz de hacer cualquier cosa y cuenta los chistes de una manera socarrona.

O'Neill tiene en su haber obra propia que vale la pena considerar al hablar sobre La Liga. Cuando se anunció la serie, resultaba fácil asociar al autor con sus premisas Victorianas. Sus trazos son excelentes, es capaz de dibujar entramados con un nivel de detalle que recuerda a los grabados que siempre hemos tenido en mente. Sin embargo, gran parte del efecto se pierde por culpa de la reducción del tamaño original de sus dibujos y de las capas adicionales de coloreado digital. Ahora la serie ya no se ambienta en el siglo XIX, y sentimos que su estilo de dibujo lo determina tanto un sentido de coherencia interna como su habilidad para retratar las cosas con humor. Antes de ilustrar la serie, O'Neill era más conocido en el mercado estadounidense por su trabajo en Marshal Law, una parodia de los superhéroes mucho más oscura y cruel de lo que se puede entrever en estas páginas. Los lectores británicos conocieron a O'Neill en el magazine 2000 AD, y el último número de "The Tempest" está diseñado para parecerse a dicha revista.

Si pensamos en Moore en términos de teatralidad y dramatismo, podemos recordar su faceta de profesor impartiendo estructuralismo literario y en la de dibujante de humor underground como dos personajes enfrentados. El dibujo de O'Neill es la manifestación de ese humor, aunque paradójicamente, visto bajo un prisma escenográfico, funciona como la parte más adusta, en el sentido de que refleja la manipulación intelectual del guionista y se la toma al pie de la letra. O por volver sobre la comparación con Greenaway, la suya es una actuación mastica-escenarios propia de Michael Gambon, alguien que hace el trabajo necesario de tomarse todo con altivez para acercárnoslo y hacérnoslo más próximo. Tal vez parezca un poco agotado, pero deberíamos perdonarlo. Esa metáfora acerca de que el elemento humano es zarandeado por fuerzas superiores no solo es una buena descripción de la colaboración en un cómic donde el dibujante ilustra un guión complejo: es la mismísima historia de nuestra era.

Si bien nuestro momento actual, en función de cómo lo estamos sintiendo, se podría describir con precisión como caótico, los problemas a los que nos enfrentamos son problemas de toda la vida que se han ido construyendo y que nos han conducido hasta el presente. Ya he hablado antes sobre la política electoral, que realmente solo es la parte del presente que nos permite albergar cierta esperanza. Hay muchas cosas que me preocupan, y ramificaciones que nadie ha comenzado ni siquiera a abordar: como la forma en que está cambiando la educación. Cómo se va centrando cada vez más en los campos de la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, porque dichos campos no quieren asumir la labor de pagar por la capacitación de sus trabajadores, acrecentando cada vez más las expectativas por el conocimiento matemático en estudiantes cada vez más jóvenes, y viendo cómo aumentan el número de escuelas con una disciplina estricta o con estudios dirigidos por programas de ordenador, a pesar de que los expertos en desarrollo del cerebro infantil creen en la importancia de la escuela y el juego para enseñar empatía y habilidades sociales; los niños que más tarde carecen de estas cualidades se convierten en adolescentes alienados que se deslizan por extraños agujeros de gusano online que se aprovechan de las personas emocionalmente desconectadas para radicalizarlas con ideologías inhumanas, canalizándolos mediante algoritmos que priorizan el contenido favorecido por los que gastan más tiempo online, creando un mundo espantoso donde todo el mundo puede lavarse las manos sin afrontar las consecuencias, ya que hasta cierto punto las cosas suceden de forma automática y algorítmica.

El temor que esto genera es el opuesto al de una cosmovisión conspiranoica: no postula nada acerca de una camarilla en la sombra responsable de orquestar el mal, sino que apunta hacia una serie de circunstancias culturales no relacionadas entre sí que finalmente convergen para aumentar exponencialmente el daño causado por sus efectos individuales. Si las conspiraciones parecen reconfortantes porque conforman una narrativa en donde los malos actores tienen una agenda que cumplir, y tal vez se puedan vencer dejándolos expuestos, en la actualidad es más factible que las personas de buena intención no tengan esperanzas de poder cambiar los efectos que ya se han puesto en movimiento. Es posible que el cliffhanger del final del número 11 de Watchmen te haya familiarizado con esa sensación.

V. Nos contamos historias para seguir viviendo, y reímos para no llorar

Si bien la tempestad que se desata en la obra de Shakespeare y desencadena la trama se desarrolla durante el primer acto, aquí llega en el clímax de la narración. Es una tormenta de ficciones. El mundo está dominado por todas las premisas fantásticas capaces de destruir las mentes de aquellos que se han visto obligados a soportarlas, todos los invasores marcianos y vampiros e híbridos entre mono y humano. Muchas de estas fuerzas son referencias específicas a obras con las que no estoy familiarizado y que ni siquiera soy capaz de adivinar.

Próspero lo pone todo en marcha, pero la Liga se ha confabulado con él sin saberlo. Moore ofrece una crítica de todo su proyecto, de la Liga y de otros, como creador de lo fantástico. En el pasado, los principales antagonistas de la serie fueron el ejército, las agencias de inteligencia, los pragmáticos, los "realistas", los imperialistas. Estos hilos de la trama también están presente en los primeros números de "La Tempestad", pero lo que realmente condena al mundo, después de evitar el desastre nuclear, son nuestras viejas amigas, las ficciones. Va implícito que Moore está reconsiderando el papel de lo fantástico en la vida humana. Antes, le parecía algo inspirador que sacaba a relucir lo mejor de nosotros mismos. La ciencia ficción inspiró grandes logros, mientras que las brujas y las hadas estaban destinadas a recordarnos nuestros lazos con el mundo natural rememorando el folclore del pasado. Ahora los superhéroes dominan la cultura, nuestra época se encuentra en su momento más sombrío y hay que empezar a reconsiderar cómo son las cosas.

Moore y O'Neill llevan trabajando en The League Of Extraordinary Gentlemen veinte años de forma intermitente. Moore pronto empezó a sentirse mal por la influencia negativa que había tenido su trabajo de los ochenta en el medio del cómic. Termina su carrera con una nota de autocrítica, que rotundamente no es la crítica que otras personas le han hecho. Moore critica la forma en que se ha utilizado su propia obra, cómo su visión radical se vio comprometida por los intermediarios corporativos que le pagaban. Si The Black Dossier terminó ensalzando las virtudes de la imaginación y fue criticado por el uso de una caricatura racial que simbolizaba la imaginación, esta obra posterior destaca que la imaginación en sí misma no es necesariamente virtuosa, y que ensalzar el escapismo como un valor es tan nihilista como el enfoque rígidamente materialista del realismo. Tradicionalmente, este ha sido el enemigo de la obra, como bien ejemplificaron James Bond y su misoginia, o el ejército y su pragmatismo acerca de que el fin justifica los medios para así justificar la crueldad.

Sin embargo, al final, trayéndose de vuelta al personaje de Golliwog Moore mantiene una actitud de "si tienes algún problema con esta caricatura racial, vete a la mierda", esencialmente porque sabe que el público lo odia y también porque desea parodiar la recuperación de bazofia sentimental que satisface a los fans. Termina, como una comedia de Shakespeare, en una gran escena de matrimonio, entre personajes que los lectores apenas conocen, y con el Golliwog sentado en primera fila. Moore no se disculpa por el uso que hace del personaje porque, creo, la discusión al respecto le parece una distracción de sus intenciones, y estas son que la obra no solo se ha de ver como una distracción.

A Moore le interesa hacer preguntas sobre el pasado y lo que preservamos del mismo. Claramente, hay cosas del siglo XIX que le parecen interesantes, pero no creo que sea principalmente un nostálgico. Obviamente, durante un tiempo estuvo interesado en el hecho objetivo de que gran parte del trabajo de esa época sirve como un antecesor del género de superhéroes, pero sospecho que si ahora hay algo que sirva como un punto de inflexión en contra de esas obras, y si el guionista está realmente interesado en algo, sería en el retrato psicológico y los matices de lo que nos hace seres humanos y que aún no han cambiado. Si Moore estuviera al frente de un museo de exhibiciones históricas, que de alguna manera es lo que es esta serie, la premisa original se podría parecer a una exposición que está a punto de transformarse en otra cosa.

Una de los ideas principales de la trama de la serie es que uno de los personajes, Satin Astro, había viajado hasta 1964 para unirse a un equipo de superhéroes con la esperanza de evitar el desastre futuro que tendrá lugar en el siglo XXI. He mencionado antes que las páginas de correo falsas de cada número eran bastante similares a la serie 1963 de Moore, y este punto de la trama también es similar. The Tempest parece una secuela espiritual, además de una verdadera conclusión de aquella obra, aunque lleva unas cuántas viñetas darse cuenta y empezar a lamentar que Moore no finalice lo que empezó en Big Numbers.

El trabajo de Moore siempre tiene algún otro significado soterrado. El autor es tanto un vestigio de la época en que los niños realmente leían cómics, como alguien que está de acuerdo con la idea de brindar instrucción moral a los adolescentes y adultos que se pueden encontrar ahí fuera. Lo que incluye lecciones sobre anarquismo y ocultismo, porque eso era lo que le funcionaba. Lo más curioso de la serie The League Of Extraordinary Gentlemen es que, debido a que gran parte de la misma trata sobre literatura, se puede percibir cierto elemento de análisis sintáctico que en algún punto ha de reducirse a las preferencias estéticas. Creo que muchos lectores renegaron de la serie, y de Moore, después del volumen de Century que culminó con un enfrentamiento entre Harry Potter y Mary Poppins. Quizá fue un poco mezquino, una reacción exagerada. Sería interesante preguntar por qué Moore consideró a Mary Poppins una fuerza emblemática del bien y ridiculizó a Harry Potter como el anticristo. Sin querer ofrecer opinión sobre la respectiva calidad literaria de ambas obras, vale la pena señalar que Moore básicamente se solidariza con cualquiera cuyo trabajo creativo fuese robado y explotado por la corporación Disney, y observa con sospecha a aquellos que realmente pueden beneficiarse de las fantasías que venden a niños y adultos con retraso del desarrollo. No lo olvides: Batman fue aparentemente "creado por Bob Kane", ya que Kane fue uno de los pocos que trabajó en la industria que se las arregló para tangar al sistema de forma que consiguió el crédito por un trabajo que nunca llegó a hacer. The Tempest incluye breves biografías de historietistas británicos maltratados por la industria. Cualquier sátira sobre los cómics de superhéroes está templada por el respeto por las personas que trabajaron en ellos. Gran parte del significado que tiene este género en la obra proviene de esa sensación de falta de significado propia. La solidaridad de Moore con esas personas olvidadas se extiende a su propia visión de sí mismo en la actualidad. Es un anciano, en mejores condiciones financieras que la mayoría, pero aún no tan exitoso como sería teóricamente si poseyese una mayor porción de su trabajo. Moore es consciente de que el público ha seguido adelante, y que muchos de ellos prefieren a Harry Potter, así que lo dejan de lado. Está gritando al vacío. Allí, una vez olvidados, personajes y creadores conviven por igual, como abstracciones.

martes, 9 de febrero de 2021

EL CINE DE MIKE LEIGH REVISADO POR ROGER EBERT (y 5): ENTREVISTA CON MIKE LEIGH EN TORONTO, LA TRANSCRIPCIÓN COMPLETA (2008)

Entrevista del 9 de septiembre de 2008 en el Festival de Cine de Toronto. Traducción de Frog2000.

Roger Ebert: Tu trabajo me atrae mucho. Nadie más está haciendo algo parecido, y desde que empezaste, ya hacías gala de todas tus particularidades.

Mike Leigh: Bueno, he de decir que si alguien sabe de eso, ese eres tú, y además me gusta ponerte al día de mis cosas, porque tu reseña de “Bleak Moments” ["Momentos Sombríos", la primera película de Leigh] es una de las experiencias fundamentales de mi vida. La originalidad... la conexión y continuidad entre "Bleak Moments" y "Happy-Go-Lucky" [Happy, un cuento sobre la felicidad]..., sé a lo que te referías en tu reseña. Tiene completo sentido.

Roger Ebert: Ya me había fijado en Sally Hawkins, pero nunca la había visto interpretar a un personaje como este. ¿Qué te llevó a pensar que era la elección adecuada para un papel tan difícil?

ML: Lo que suelo hacer es empezar a colaborar con los actores para que vayan creando a los personajes, y de alguna manera, un par de cosas encajaron de inmediato. La primera fue que, después de haber trabajado con Sally Hawkins en las dos últimas películas y llegar a conocerla muy bien, sentía que había llegado el momento de hacer una película en la que fuese la protagonista para intentar crear algo extraordinario. La otra fue que quería hacer una película que se pudiera catalogar como una "película contra lo miserable". Una película celebratoria, porque en 2008 están pasando una gigantesca cantidad de cosas que nos pueden hacer sentir bastante mal. Pero también hay personas que se llevan bien con los demás, entre ellos los profesores, que por definición aprecian y nutren el futuro. Sabía que entre Sally y yo podríamos crear un personaje explosivo, enérgico y positivo. Y además, cada vez que hago una película intento, dentro de mis limitaciones... intento hacer algo diferente. Cada vez que te invito a cenar, no me gusta servir el mismo plato. Así que sentía que después de haber hecho “Vera Drake” y “Todo o nada”, pensaba que en realidad había llegado el momento de hacer una película más positiva y optimista, una especie de celebración de la vida. Así que por un lado está la conjunción de esas dos cosas, y por otro, la idea de poner a Sally en el centro y aprovechar su propia energía, humor y espíritu incuestionables. Me dije que era lo más adecuado.

RE: Su personaje va evolucionando hasta tener que lidiar con esa poderosa confrontación con Eddie Marsan, pero esencialmente no nos damos cuenta de sus progresos , no sé si lo vemos venir, pero cuando llega, la protagonista parece conducirse de la forma más cabal.

ML: Por supuesto, cuando llegan los problemas nos damos cuenta de que era inevitable. Mucha gente sigue diciendo que creía que iba a pasar algo terrible y que los personajes iban a estrellarse sin salvación. Hasta cierto punto, mucho tiene que ver con las expectativas de los espectadores que suelen ver películas de Hollywood. Lo importante es que ella sepa cómo lidiar con lo que le ocurre. Nos podemos preguntar: ¿por qué diablos sigue yendo a las clases de conducir? Hay un momento en la película en el que alguien le dice: "Siempre puedes escoger a otro instructor". Y ella contesta: "Bueno, ya veremos qué tal va". Su espíritu más terrenal y su generosidad hacen que le otorgue al profesor el beneficio de la duda. Y su propio sentido del humor se apodera de ella, porque como ocurre con todas las personas con un sentido del humor muy desarrollado, entre las que podemos contarnos, cuando conoces a alguien que carece totalmente de sentido del humor, saca lo peor de ti. Ella lo sabe. Por eso, cuando se vuelve un poco más atrevida, en realidad está intentando ser amable. Simplemente no puede evitarlo. Pero cuando resulta obvio que él la ha empezado a acosar fuera de su hogar, las cosas se ponen más serias. Lo importante es que finalmente ella sabe cómo lidiar con la situación, porque ya hemos visto que sabe cómo lidiar con los niños, y básicamente él es un niño. Es un hombre muy inmaduro y ella se da cuenta de lo que ocurre.

RE: Eddie Marsan lleva mucho tiempo en el negocio, y es conocido como comediante. Sin haber visto todo lo que ha hecho, me parece que en "Vera Drake" fuiste el primero, sin duda uno de los primeros, en utilizarlo en un papel serio.

ML: Sí. No sé si será cierto en el caso de algunos actores. Me refiero a que Eddie encarnaba papeles menores en "Gangs of New York" y "21 Gramos"… conmigo estuvo después de... Bueno, de todos modos, ¿cuál era la pregunta?

RE: Tú siempre lo has visto como un buen actor para papeles serios.

ML: De hecho, es un gran actor. Dicho sea de paso, como persona es un hombre extremadamente divertido, al igual que Sally Hawkins. Pero, chico, ¿sería capaz de presionarlo para que encontrase las interioridades del personaje? Fue todo un hallazgo. En "Vera Drake" [donde es el tímido pretendiente de la hija] actúa de una forma extraordinaria, ¿no es cierto? Es un buen ejemplo de mi forma habitual de trabajar, me pongo en contacto con un actor y aunque no tenga ni idea de lo que vamos a hacer, sé que va a ser un festín de posibilidades y que daremos con algo extraordinario.

Para mí, eso es lo que merece la pena de este negocio de las películas: emprender ese viaje, descubrir por mí mismo qué es lo que busco, con todas las sorpresas concomitantes. Sally y el resto de personas, sin excepción, son auténticos actores que se lo trabajan mucho, son intransigentes y no dejan pasar ni una oportunidad. Ahí están las escenas de las clases de conducir. Al principio, las improvisaciones que hicimos implicaban utilizar un coche de verdad, y conducíamos por las calles e improvisábamos la situación desde el principio, sin que los actores conocieran cómo eran sus respectivos personajes. Yo iba recostado en el asiento trasero y lo que estaba sucediendo en el coche me parecía tan hilarante que tenía que intentar controlarme la risa, pero es cierto que las terribles calles de Londres no son lo mejor para la suspensión trasera de un Ford Focus. Trabajamos a fondo para corregir esas complejas escenas. Y estos chicos no dejaron piedra sin remover. Es como si su actuación se hubiese materializado en ese mismo momento. Son como 'momentos' de verdad.

RE: Cuando empezaste en el cine, eras el clásico "outsider". Ahora se te considera uno de los mejores directores británicos y te han concedido la Excelentísima Orden del Imperio Británico. Sin embargo, al principio tuviste incluso problemas para exhibir tus películas en el Reino Unido. ¿Nos enseña esto alguna lección?

ML: Con el debido respeto, sencillamente esa pregunta no tiene respuesta. No sé si el O.B.E será muy relevante. Me siento obligado a decírtelo, y a menos que haya algo que tú sepas y yo no, y seguro que Ken Loach podría decir lo mismo, y probablemente lo haya hecho, sigue siendo bastante difícil estrenar nuestras películas en las pantallas británicas. En el caso de "Happy-Go-Lucky" las cosas no funcionaron tan mal como antes. Pero tampoco han funcionado de la misma forma en que las películas de Hollywood suelen dominar el mercado, porque ese cine nos ha colapsado. Es un problema internacional. Hay tantas películas en cartelera, que además son blockbusters, que es muy difícil aguantar poco más que un tiempo mínimo, lo cual es una pena. Las películas pasan a editarse en DVD mucho más rápido y antes de lo que solían hacerlo.

Pero por responder tu pregunta, es probable que yo haya progresado un poco, de ser un "outsider" de entre los típicos "outsiders", puede que haya pasado a ser una especie de "outsider" interior". Y me parece bastante saludable. No es que lo buscase especialmente, aunque suelo tomar decisiones que probablemente, sea de forma consciente o no, me garantizarán que siga siendo un "outsider". Solo hago proyectos en los que no haya interferencias en el casting y en el resto del proyecto. Y por eso pago un precio. Sigo sin poder conseguir presupuestos más allá de una determinada cifra. Por lo tanto, hacemos películas que comparativamente tienen buena pinta gracias a actores muy capacitados. Sigo siendo extraordinariamente austero, y la verdad es que me encantaría pintar sobre un lienzo más grande. La única vez que lo hice fue en "Topsy-Turvy". Se podría argumentar que hasta cierto punto, también en "Vera Drake". Incluso "Topsy-Turvy", que rodé hace 10 años, costó solo 10 millones de libras, que es muy poco dinero.

Tengo en cartera algunos proyectos específicos. Me gustaría desesperadamente hacer una película sobre J. M. W. Turner, el gran pintor, un personaje fascinante. Sería un tremendo despliegue cinematográfico. En realidad, en el caso de "Topsy-Turvy" empezamos con un presupuesto mayor, pero mientras la estábamos rodando, el presupuesto se fue reduciendo particularmente debido a la crisis del sudeste asiático, y las cosas se terminaron por desplomar, así que nos quedamos con un millón y tres cuartos de libras menos mientras estábamos en pleno rodaje. Tuvimos que aceptar una serie de compromisos. En “Topsy-Turvy” prácticamente no hay exteriores, y los que ves (creo que hay tres) se construyeron de una manera muy barata en la parte trasera de un edificio en alguna parte. Es una película muy de interiores.

En una película sobre el gran Turner, que se golpeó contra un mástil de un barco para poder pintar a su perro, no funcionaría de la misma manera. Turner viajó a Venecia y a un montón de lugares del Mediterráneo y pintó paisajes marinos. Si hiciésemos una película sobre su vida, no podríamos recortar tanto en exteriores. En Inglaterra no puedes rodar en exteriores ni por un segundo. Es muy caro. He empezado a mostrar el proyecto en varios sitios, aunque en realidad, nadie, pero nadie, está aún interesado, porque insisto en que quiero rodar mis propios guiones, sin interferencias, etc., etc., lo cual no suele ser negociable. Cuando lo consigo me quedo en una curiosa posición donde puedo actuar con absoluta libertad pero con recursos limitados. En cierto modo se podría argumentar que... quizá tú mismo, Roger Ebert, dirías que... bien, en realidad, no está tan mal, porque me ha hecho ser medianamente disciplinado a la hora de hacer mis películas. Y es cierto, pero sin embargo, he cumplido 65 años y seguiré haciendo películas mientras pueda físicamente... ¿cuántos años tienes?

RE: Sesenta y seis.

ML: Sesenta y seis. Entonces, sabes bien que seguiremos manteniendo la llama, que debemos continuar, pero que el tiempo se acaba y no hay vuelta de hoja. Pero si podemos hacerlo, hay que seguir adelante con estas cosas.

RE: Nuestra amiga común londinense, Gillian Catto, se pasó años intentando poner en pie una película sobre Turner protagonizada por su vecino de al lado, Peter O'Toole, que habría encarnado al padre de Turner, mientras que Bob Hoskins habría sido Turner.

ML: Oh, ¿en serio? Bueno, lamento que no lo consiguiera, pero también me alivia un poco, porque odiaría que esta película no fuese uno de mis objetivos. Que otra persona haya tenido la misma idea que yo es muy interesante.

RE: Durante los años que te pasaste exiliado del cine convencional, estuviste trabajando constantemente en el teatro, y has dirigido muchos de tus guiones para televisión. ¿Contribuyó dicho período a que finalmente te convirtieses en director cinematográfico, o más bien retrasó tu carrera?

ML: No, la verdad es que no me supuso ninguna demora. Quiero decir, en ese momento, como tantos otros, me pasé mucho tiempo sentado lamentando el hecho de no estar rodando películas. Ciertamente, si en 1971, cuando hice "Bleak Moments", alguien me hubiese dicho que iba a rodar mi próximo largometraje dentro de 17 años, me habría sentido extremadamente angustiado. Quizá habría saltado desde el puente de Waterloo. Pero, por supuesto, lo cierto es que durante ese período me habría resultado imposible hacer más largometrajes.

Antes de nada, era imposible hacerlos, me refiero a rodar en el Reino Unido largometrajes autóctonos, independientes y serios. Nadie podía. Pero incluso si hubiese existido una forma de hacerlo, tampoco creo que me hubiese metido en muchos problemas, porque al sistema no le hubiese importado la forma en que hacía las cosas. Por supuesto, estuve trabajando de forma intermitente y como autónomo haciendo teatro y también haciendo películas para televisión, como has apuntado, durante 12 años. Y lo que ocurría con la BBC, porque ahí es donde se concentraba todo, es que entonces, como sabe todo el mundo, era una organización totalmente progresista. Entrabas allí y te decían: "Bueno, estas son las fechas, este es el presupuesto, cinco semanas, seis semanas, el rodaje, lo que sea, coge y haz la película". Y cuando empecé a hacer cine fue el final de toda esta etapa.

Así que cuando apareció Channel 4 a principios o mediados de los 80, cambió todo el panorama, porque se podía llevar a cabo la idea de producir teatro financiado por la televisión. Para entonces, yo tenía un portafolio lleno de ideas, y decidí que ese tipo de trabajos eran viables. Pero aparte de todo esto, aparte de la economía y la política, me había pasado mucho tiempo desarrollando, creciendo y aprendiendo el oficio y haciendo películas sin interferencias de ningún tipo, y es en serio, cada vez era mejor. Y cometí mis errores, y algunos fueron peores que otros, así que cuando te pones con series como "Grown Ups" [para la BBC], lo haces de forma muy elaborada. No hay duda de que la realidad es justamente como tú la has descrito, y esa es que, absolutamente, si hubiese empezado directamente haciendo uno o dos largometrajes fuera de la BBC, hubiese rodado menos películas. No sé cómo las podría haber hecho, pero si fuese así, habría sido una experiencia mucho menos enriquecedora y, ciertamente, el mero hecho de haber rodado (me parece que) nueve películas o algo parecido en poco más de una década, es el equivalente a haber estado haciendo lo que suelen hacer los artistas, salir al exterior con su cuaderno de bocetos. Es lo que estaba haciendo realmente con mi cámara, no quedarme sentado en las oficinas de cineasta, soñando, postergando el momento, y cada vez más amargado y frustrado. Me refiero a que hice cosas como "Abigail's Party", bastante avanzadas.

RE: Qué contento me puso su recopilación en DVD.

ML: ¿Has visto la colección en DVD? ¿Tienes la caja? ¿El set británico en caja? Sí, no me refiero a la edición pirata americana, sino a la británica.

RE: Si, tengo un reproductor que vale para todas las zonas.

ML: Oh, bien. Así que tienes el original británico. Es que se ha comercializado otro...

C: ¿Pirata?

ML: Oh, en Estados Unidos siempre sale la edición pirateada. Hace años que permitimos que lo hagan, para que al menos la gente pueda ver las malditas películas. Pero ahora las están reemplazando por nuestra nueva colección británica de precio medio. Y el próximo año saldrá otra recopilación con todas las películas de televisión remasterizadas, para las que he hecho comentarios, así que se podrán conseguir mis obras completas. Estoy muy contento, porque, ya sabes, puede que ruedes estas películas y luego se hundan en la oscuridad y todo ese esfuerzo se desperdicie.

RE: Cambiando un poco de tema, me parece que Timothy Spall es tu actor ideal, capaz de crear un hombre que en cierto grado se ríe por fuera y llora por dentro. [Leigh colaboró con Spall en “Life Is Sweet” (La vida es dulce, 1991), “Secrets and Lies” (Secretos y mentiras, 1996), “Topsy-Turvy” (1999) y “All or Nothing” (Todo o nada, 2002).]

ML: Absolutamente. Es un actor con una profundidad emocional increíble y una gran compasión frente a los sentimientos dolorosos, junto con un gran sentido del humor. Es un gran actor. Y aún no he terminado con él.

RE: Algunos críticos aseguran que sueles convertir a tus personajes en blancos de la condescendencia. A mí nunca me lo ha parecido. Creo que aceptas los defectos y complejidades de los personajes, y por eso los amas.

ML: Bueno, tú lo sabes y yo también, y estamos totalmente de acuerdo, que quizá esos críticos a los que te refieres cuenten más sobre ellos mismos en sus reseñas que sobre mi trabajo. En cierto modo, está bien que el personaje sea capaz de producir esa reacción en una minoría. Al ver 'Happy-Go-Lucky', parte del público suele reaccionar de una manera inequívoca: "No soporto a esta mujer. Me gustaría matarla." Fue el comentario de un buen montón de críticos británicos, y aquí en Toronto también lo han dicho algunos. Simplemente no lo entiendo. Ese sentimiento proviene de una forma de ver las películas que se centra más en observar el lenguaje cinematográfico que en fijarse en la gente y el mundo. Es muy insular y cínico.

RE: Poppy [el personaje de Sally Hawkins en "Happy-Go-Lucky"] tiene una gran empatía. Por ejemplo, con el niño a su cargo.

ML: Lo importante, y para mí fascinante y significativo de ella, es que el personaje es muy empático, abierto, se para a escuchar a los demás. En una escena va caminando por la calle a su aire, escucha un extraño canto y se topa con un vagabundo, pero no lo juzga, sino que se pone en su piel.

RE: Me encanta esa escena. Poppy le deja hablar y le pregunta si tiene hambre. No tiene miedo, sino que está genuinamente preocupada por él. Creo que él es consciente y por eso se tranquiliza al final. Seguro que nadie ha hablado en días o semanas con él.

ML: Absolutamente. De nuevo, un puñado de personas me dijeron: "Simplemente no entiendo la escena. No encaja con el resto de la película. Es como una trama postiza". Intentaron que la cortara, lo cuál me resulta increíble, pero sigue en la película. En esa escena pasan cosas muy importantes. Ves caminando al personaje por una especie de parque. Va a lo suyo, parece un lugar tranquilo. Entonces se encuentra con ese tipo, le pregunta cómo está, vuelve a su apartamento, y se guarda para ella el encuentro. Ni siquiera es una especie de trama argumental. Es solo que algunas cosas hay que mantenerlas en privado, son sucesos a los que simplemente te aferras y que se convierten en algo íntimo.

RE: Es una escena fundamental.

ML: También yo lo creo. Además, aparte de cualquier otra cosa, ese hombre es otro actor notable, Stanley Townsend, un actor irlandés, que hizo algo extraordinario. ¿Te he dicho dónde está rodada? La filmamos en las entrañas de la antigua central eléctrica de Battersea, ¿conoces ese edificio en el río Támesis? Es un edificio extraño con cuatro chimeneas situado en South Bank, y nadie sabe qué hacer con él, pero es un edificio protegido, un gran edificio art déco, y allí está y cuesta una fortuna mantenerlo. Por lo general no le suelo decir a la gente dónde filmamos, pero me gusta mucho esa escena. Me di cuenta de que si Poppy se cruzaba con él en el parque a plena luz del día, no tendría el mismo empaque y enfoque, así que le dije al diseñador de producción que tenía que ser en algún sitio donde en realidad no supiésemos dónde nos encontramos, ya sabes, así que filmamos allí, y no sabrías decir dónde estás. De alguna forma, quería sacar subliminalmente a la audiencia de su zona de confort. 

lunes, 18 de enero de 2021

EL CINE DE MIKE LEIGH REVISADO POR ROGER EBERT (4): EL "OUTSIDER" INTERIOR, ENTREVISTA CON EL DIRECTOR MIKE LEIGH

Entrevista de Roger Ebert a Mike Leigh en el Festival de Cine de Toronto de 2008. Traducción: Frog2000.

Durante años, Mike Leigh ha sido un consumado "outsider" del mundo del cine británico. Ahora está siendo aclamado como uno de los mejores directores del Reino Unido. Todavía es un "outsider", pero las cosas parecen marchar un poco mejor. "Es probable que haya progresado un poco", me dice Mike Leigh, "de ser un "outsider" de entre los típicos "outsiders", puede que haya pasado a ser una especie de "outsider" interior".

Esta entrevista se realizó en Septiembre, en el Festival de Cine de Toronto, donde se proyectó la nueva y maravillosa película de Leigh, "Happy-Go-Lucky" [Happy, un cuento sobre la felicidad]. También se proyectará el viernes en el Festival de Cine de Chicago, donde en 1971 dio comienzo su carrera: allí recibirá el premio Lifetime Achievement Award del CIFF. Por su parte, aquí se estrenará el 24 de Octubre.

Entre la gran primera película teatral de Mike Leigh, "Bleak Moments" [Momentos sombríos], y su segunda, "High Hopes" [Altas ambiciones] (1988), pasaron 17 años. Desde entonces, ha rodado otras ocho películas, todas vibrantes gracias a sus personajes peculiarmente atractivos y argumentos liberados de lastre. Seguro que Leigh es más conocido por "Secrets and Lies" [Secretos y mentiras], "Topsy-Turvy" y "Vera Drake" [El secreto de Vera Drake]. Durante la aludida sequía de 17 años, estuvo trabajando sin parar, escribiendo y dirigiendo obras teatrales y haciendo películas para la BBC. Pero con el método de trabajo en el que insiste en su cine, le resultó imposible encontrar respaldo financiero.

Aunque en algunos círculos existe la impresión de que las películas de Leigh son improvisadas, en realidad siguen un estricto guión. Sin embargo, es aquello en lo que se transforman lo que asusta a sus inversores. Toda película da comienzo con una noción de la historia y con algunos actores a los que el director admira especialmente. Juntos, definen los personajes e "idean" situaciones improvisadas para los mismos, y va surgiendo la trama. Leigh se niega a mostrar el guión por adelantado a los patrocinadores, y tampoco acepta consultas sobre la elección de actores, además de que se reserva el montaje final. Aún así, no entiendo por qué los inversores le dan la espalda: ¿sabrán ellos lo que es el cine? A menudo terminan respaldando basura y perdiendo dinero. ¿Qué otro director conoces que nunca haya hecho una mala película, haya sido nominado a tres premios Oscar y cuyas películas tengan muchas más nominaciones?

Sally Hawkins también merece una nominación por su virtuoso trabajo en "Happy-Go-Lucky", donde interpreta a una maestra de escuela incansablemente positiva de unos 30 años cuya vida da un giro extraño cuando empieza a recibir clases del profesor de conducción equivocado. El instructor está interpretado por el comediante británico Eddie Marsan, y su trabajo es de todo menos un papel divertido.

"Al principio, las improvisaciones que hicimos implicaban utilizar un coche de verdad", me dice Leigh, "y conducíamos por las calles e improvisábamos la situación desde el principio, sin que los actores conocieran cómo eran sus respectivos personajes. Yo iba recostado en el asiento trasero y lo que estaba sucediendo en el coche me parecía tan hilarante que tenía que intentar controlarme la risa, pero las terribles calles de Londres no son lo mejor para la suspensión trasera de un Ford Focus. Trabajamos a fondo para corregir esas complejas escenas. Y estos chicos no dejaron piedra sin remover. Es como si su actuación hubiese ocurrido en ese mismo momento. Son como 'momentos' de verdad".

Vale, así que inviertes tu dinero en la producción y Leigh la dirige tirado en el asiento trasero. ¿Cómo empieza todo?

"Lo que hice", comenta, "es empezar a colaborar con los actores para que crearan a los personajes, y de alguna manera hubo un par de cosas que encajaron de inmediato. La primera fue que, después de haber trabajado con Sally Hawkins en las dos últimas películas y llegar a conocerla muy bien, sentía que había llegado el momento de hacer una película en la que fuese la protagonista para crear así algo extraordinario. La otra fue que quería hacer una película que se pudiera catalogar como una "película contra lo miserable". Una película celebratoria, porque en 2008 están pasando una gigantesca cantidad de cosas que nos pueden hacer sentir sombríos. Hay personas que se llevan bien con los demás, entre ellos los profesores, que por definición aprecian y nutren el futuro. Sabía que Sally y yo podíamos crear un personaje explosivo, enérgico y positivo".

Y lo hicieron. Es imposible que no sonrías al verla, a menos que, por supuesto, la odies con todas tus fuerzas.

"Es interesante que el personaje sea capaz de producir esa reacción en una minoría. Al ver 'Happy-Go-Lucky', parte del público reacciona de una manera inequívoca: "No soporto a esta mujer. Me gustaría matarla." Fue el comentario de un buen montón de críticos británicos, y aquí en Toronto también lo han dicho algunos. Simplemente no lo entiendo. Viene de una forma de ver las películas que se centra más en observar el lenguaje cinematográfico que en fijarse en la gente y el mundo. Es muy insular y cínico".

Cada película de Leigh suele tomar un desvío por una dirección inesperada. En esta ocasión, la heroína mantiene una conversación con un vagabundo que está en las últimas y que parece no tener nada que ver con el resto del guión, pero es emocionalmente invaluable para las escenas posteriores.

"El personaje es muy empático, abierto, se para a escuchar a los demás", comenta. "Está caminando por la calle a su aire, escucha un extraño canto y se topa con un vagabundo, pero no lo juzga, sino que se pone en su piel".

"Me encanta la escena", le confieso. "Happy" escucha al vagabundo, y le pregunta si tiene hambre. No tiene miedo, sino que está genuinamente preocupada por él. Creo que él es consciente y por eso finalmente se tranquiliza. Seguro que nadie ha hablado en días o semanas con él.

"Por supuesto", asegura Leigh. "De nuevo, un puñado de personas dijeron: "Simplemente no entiendo la escena. No encaja con el resto de la película. Es como una trama postiza". Intentaron que la cortara, lo cuál me resulta increíble, pero sigue en la película. En esa escena pasan cosas muy importantes. Ves caminando al personaje por una especie de parque. Va a lo suyo, parece un lugar tranquilo. Entonces se encuentra con ese tipo, le pregunta cómo está, vuelve a su apartamento y nunca se lo comenta a nadie. Ni siquiera es una especie de trama argumental. Es solo que algunas cosas hay que mantenerlas en privado, son sucesos a las que simplemente te aferras y que se convierten en algo íntimo".

Lo que ocurre es que al usar su método para hacer cine, Mike Leigh descubre dónde se esconden las cosas privadas y es capaz de sacarlas a la luz.

miércoles, 13 de enero de 2021

EL CINE DE MIKE LEIGH REVISADO POR ROGER EBERT (3)


El cine de Mike Leigh revisado por Roger Ebert. Parte 1, parte 2. Traducción: Frog2000

VERA DRAKE (EL SECRETO DE VERA DRAKE, 2004)

Reseña de Roger Ebert (2004)

Vera Drake es como una melodiosa delicia de ciruela centrada en una mujer que siempre tararea o canta para sí misma. Es feliz porque se siente útil y le gusta ser útil. Trabaja como mujer de la limpieza en la casa de una familia rica, donde pule el bronce como si fuera de su propiedad, y luego regresa a su piso lleno de gente para cocinar, limpiar y reparar las cosas para su esposo, hijo e hija, sin dejar de animarlos cuando el día a día los ha derrotado. Vera visita diariamente a personas inválidas para comprobar que sus almohadas están rellenas y que tienen cerca una buena taza de té, y también practica un aborto una o dos veces por semana.

Londres en la década de los cincuenta. El racionamiento provocado por la guerra todavía sigue en vigor. Un par de medias de nylon se pueden canjear por ocho paquetes de cigarrillos "player´s". Vera (Imelda Staunton) le compra azúcar a Lily (Ruth Sheen) en el mercado negro, pero Lily también le proporciona el nombre y la dirección de las mujeres que necesitan "ayuda". Lily tiene de dura y cínica todo lo que Vera es amable y confiada. Vera nunca aceptaría dinero por "ayudar" a las niñas porque "no tienen a nadie más a quien acudir", pero Lily cobra 2 libras y 2 chelines, aunque Vera no lo sabe.

En una película como esta, de actuaciones perfectas y aparentemente poco trabajosas, Imelda Staunton es la protagonista clave, y su éxito en la creación del personaje de Vera Drake permite que cada pieza de la historia encaje en su lugar y le pertenezca. Necesitamos creer que es alguien ingenuo para que Lily se pueda aprovechar de ella, pero nos lo creemos. Necesitamos creer que su moralidad es simple y pragmática para poder justificar los abortos, que hasta 1967 eran un crimen en Inglaterra, pero nos lo creemos.

Algunas de las mujeres que acuden a solicitar su ayuda han vivido historias lamentables: fueron violadas, todavía son casi niñas, se suicidarían si sus padres se enterasen, o en uno de los casos, tienen siete bocas que alimentar y la madre no tiene ganas de seguir adelante. Pero Vera no es una trabajadora social que brinda asesoramiento, simplemente las ayuda haciendo algo que cree que puede hacer de manera segura. Su método añejo incluye jabón, gel desinfectante y, por supuesto, mucha agua caliente. Otra abortista describe su método como "tan seguro como estar en casa".

La película está guionizada y dirigida por Mike Leigh, el director inglés actual más interesante, y como sus anteriores "Topsy-Turvy", "Grandes ambiciones", "Todo o nada" e "Indefenso", los propios actores la han ido "ideando". Dicho método consiste en reunir al elenco antes de empezar a rodar durante semanas o meses donde se va improvisando, creando y explorando a los personajes. No creo que la técnica haya funcionado nunca mejor que en esta ocasión: la vida familiar en esas pequeñas habitaciones es tan palpablemente auténtica que mientras los demás protagonistas esperaban sentados a la mesa del comedor a que Vera acabase de hablar con un policía detrás de la puerta de la cocina, pude sentir como si estuviese esperando en la estancia con ellos. No es que nos "identifiquemos", sino que la película nos hace partícipes tranquilamente y sin ambages.

La película no trata tanto del aborto como sobre la familia. Los Drake son cercanos y cariñosos. Stan (Phil Davis), el esposo de Vera, que trabaja con su hermano en un taller de reparación de coches, considera a su esposa un tesoro. Su hijo Sid (Daniel Mays) trabaja como sastre, mantiene una marca de moda propia, es popular en los pubs, pero vive en la casa de sus padres por culpa de la crisis inmobiliaria de la posguerra. Su hija Ethel (Alex Kelly) es tremendamente tímida, y hay otra trama dulce y discreta en la que Vera invita a un soltero solitario y taciturno llamado Reg (Eddie Marson) a tomar el té para, básicamente, zurcir un matrimonio.

"Vera Drake" cuenta una historia paralela sobre una chica rica llamada Susan (Sally Hawkins), la hija de la familia donde limpia Vera. A Sally la viola su novio, se queda embarazada y acude a un psiquiatra que podría derivarla a una clínica privada para que la realicen un aborto legal. Como todos en la película, a Sally hablar sobre sexo le parece terrible por ignorancia y timidez. "¿Te forzó?", la pregunta el psiquiatra, y Sally no está segura de cómo responder. La idea de Leigh es que aquellos con 100 libras podían conseguir abortar legalmente en Inglaterra en 1950, mientras que con dos libras dependían de Vera Drake, o de mujeres que no eran tan agradables como ella.

El mundo de Vera se desmorona cuando uno de los abortos casi produce una muerte, y todo cambia para la pequeña familia unida cuando la policía llama a la puerta. El Detective Inspector (Peter Wight) es un hombre de considerable envergadura, imponente, y no carece de simpatía. Cree en la ley y la hace cumplir, pero comprende de inmediato que Vera no quiere lucrarse, por lo que no se comporta de forma desagradable con ella. Por otro lado, en la escena del Tribunal nos queda claro que la ley no da cabida a los matices o a las circunstancias puntuales.

Algunas de las mejores escenas de la película tienen que ver con la familia sentada a la mesa, conmocionada (después de que Vera le susurre a su esposo al oído lo que ha pasado, desvelándole algo que nunca habría sospechado). En algunos momentos, Leigh utiliza su técnica para que un personaje reticente se convenza definitivamente de algo. En la última cena de Navidad de Vera, Reg, comprometido ya con Ethel, pronuncia lo que para él es un largo discurso: "Esta es la mejor Navidad que he tenido en mucho tiempo. Muchas gracias, Vera. ¡Un brindis!" Sabe que confesarle a Vera que la cena que ha preparado es perfecta significa más para ella que cualquier discurso sobre lo que está bien y lo que está mal, aunque luego argumenta: "Si eres rico todo va bien, pero si no eres capaz de alimentarlos, tampoco vas a poder amarlos".

"Vera Drake" no es tanto un alegato a favor o en contra del aborto como una película que se opone a las leyes que hacen poco por eliminar el aborto, pero mucho por convertirlo en algo más peligroso para los pobres. Sin importar lo que diga la ley, ni entonces ni ahora, sea en Inglaterra o en Estados Unidos, si te puedes pagar un pasaje de avión y las facturas médicas, siempre podrás conseguir que te practiquen un aborto de forma competente, por lo que esencialmente, las leyes convierten al hecho de ser pobre e intentar abortar en algo ilegal.

Puede que con esto esté revistiendo a "Vera Drake" de más ideología de la que probablemente pueda tener. La fuerza de la película de Leigh es que no es un panfleto, sino un retrato profundo y verdadero de estas vidas. Vera es amable e inocente, pero Lily, quien la proporciona los abortos, es dura, deshonesta y no tiene corazón. La película enseña que la ley es inflexible, pero le otorga al policía un rostro humano. Y lo que con más fuerza perdura de la película tiene que ver con cómo la familia Drake está a la altura de las circunstancias basándose en la lealtad y el amor.

"Vera Drake" fue nombrada mejor película, e Imelda Staunton mejor actriz en el Festival de Cine de Venecia. Sin duda, cuando llegue a los Oscar tendrá varias nominaciones.

HAPPY-GO-LUCKY (HAPPY, UN CUENTO SOBRE LA FELICIDAD, 2008)

Reseña de Roger Ebert (2008)

"Happy-Go-Lucky" de Mike Leigh es la historia de una buena mujer. Así de simple. Primero vemos a Poppy pedaleando en su bicicleta por Londres, siempre con una sonrisa en el rostro. Entonces se detiene en una librería e intenta animar al adusto dueño. No, la verdad es que no es así. Porque no quiere cambiarlo, tan solo infectarlo con su naturaleza torrencial. Puede que ni siquiera se esté dando cuenta de lo que hace. Luego alguien la roba la bicicleta. Y se lo toma con calma.

Poppy es uno de los papeles más difíciles que cualquier actriz podría afrontar. Tiene que sonreír y ser alegre y optimista durante (casi) todo el tiempo, y además hacerlo de forma natural y convincente, como si la luz del sol surgiese de su interior. Es más difícil que interpretar a Lady Macbeth. Sally Hawkins ha aparecido en otras películas, como "El secreto de Vera Drake" de Leigh y "El sueño de Cassandra" de Woody Allen, pero este es su papel estrella. En el festival de Berlín de 2008 fue nominada como mejor actriz. Emplearé deliberadamente un cliché: es toda una alegría para la vista.

Al principio, parece que eso es todo lo que hay. La película trata sobre Poppy, y su trabajo como profesora de primaria, y sus lecciones para bailar flamenco, y sobre su compañera de piso Zoe, y su hermana Suzy, y cómo comienza su relación con Tim, el consejero escolar que aparece para ayudarla con un niño problemático. Con esto casi estaría todo. Pero "Happy-Go-Lucky" es mucho más, y va mucho más allá.

En la escena con el niño pequeño, nos damos cuenta de que no es nada superficial, que es capaz de escuchar, observar, empatizar y encontrar el tono adecuado en cada respuesta. En otra escena, que parece no encajar pero es profundamente efectiva, se encuentra con un hombre sin hogar en las sombras bajo una vía de tren, y empieza a hablar con él. Es una de esas personas que canta una y otra vez lo mismo, con ferocidad. Ella lo escucha, habla con él, le pregunta si tiene hambre. No tiene miedo. Se preocupa por su situación. Creo que él es consciente, y ella se las arregla para aliviarlo. Es posible que este hombre lleve sin hablar con nadie días o semanas.

Así que vemos destellos de las interioridades más profundas de Poppy. Un día decide aprender a conducir y conoce a Scott, el instructor. Eddie Marsan lo interpreta de forma brillante. Es un comediante inglés que, como actor, a menudo ha encarnado papeles taciturnos y angustiosos, como el del padre judío pesimista de la reciente "Sesenta y seis". Scott es un hombre enfadado. Curiosamente para un profesor de academia de conducir, parece canalizar su ira al volante. Su sistema para ayudar a la protagonista a recordar el espejo retrovisor y los dos espejos laterales implica ponerles el nombre de ángeles caídos. Él la grita con ahínco. Nadie podría conducir con Scott a su lado.

Cualquier otra persona dejaría de dar clases con Scott después de la primera lección, pero no es el caso de Poppy. ¿Puede que porque cree que puede ayudarlo? Su relación se hace más profunda en una escena extraordinaria en la que de repente vemos las interioridades de los dos y entendemos mejor la jovialidad de Poppy. También nos damos cuenta de la aterradora inseguridad y el odio hacia sí mismo que se profesa Scott. Marsan actúa de una forma fascinante.

Esta es la película más divertida de Mike Leigh desde "La vida es dulce" (1991). Por supuesto, el director nunca ha hecho una película completamente divertida, y "Happy-Go-Lucky" tiene escenas que no lo son para nada. Siempre se descubren detalles de trasfondo y rarezas. Parece como si sus películas se desarrollaran de forma espontánea: ve a sus personajes de una forma que solo se va revelando gradualmente. Casi siempre descubre actuaciones notables, en parte porque elige actores, no estrellas, y en parte porque los actores y él ensayan durante semanas, equilibrando el diálogo, inventando historias, descubriendo de dónde provienen los personajes antes de comenzar a rodar la película, prediciendo a dónde podrían ir después de terminar.

Ya había visto a Sally Hawkins en otras películas. Era la niña de papá que acudía a la clínica privada en "Vera Drake". Ningún papel podría ser más diferente que el de Poppy. Leigh, que pasó años trabajando en el teatro, se la imaginó como Poppy, un papel que muy pocas mujeres serían capaces de interpretar. Puede que Meryl Streep pudiese mantener ese nivel de alegría vital, pero ¿qué es lo que no puede hacer?

Y también tengo que preguntarlo: ¿qué es lo que no es capaz de hacer Hawkins? Hay innumerables formas en las que podría haberla fastidiado. Pero se monta en su bicicleta y se gana nuestra más profunda simpatía. Como he dicho, Poppy tiene un don para no apresurarse, sino que se detiene un momento, estudia la situación, comprende a las otras personas e intenta ayudarlas. Pero con eso no quiero decir que se meta en sus vidas.

ANOTHER YEAR (2010)

Reseña de Roger Ebert (2011)

No todos los años se estrena una nueva película de Mike Leigh, pero cuando tiene lugar, nos vemos bendecidos con su simpatía, penetrante observación, e instinto para la comedia humana. Con lo de "comedia" no me refiero a una de risotadas, sino a la que te llena los ojos de lágrimas en el cine y nos permite reconocernos en sus personajes adorables y miserables. "Another year" de Leigh es como un largo y purificador baño de empatía.

Todo da comienzo con Tom y Gerri, una pareja del norte de Londres que lleva años felizmente casada. De inmediato nos damos cuenta de los riesgos que Leigh está dispuesto a asumir. ¿Un matrimonio feliz? ¿Entre dos personas sabias y adorables? ¿Que además son inteligentes y comprenden el mundo real? ¿Y que encima no son caricaturas, ni personajes comodones, ni clichés, sino simplemente dos personas a las que te gustaría conocer? Me moriría de los nervios cada vez que fuese a visitar su casa, y creo que tardaría mucho en marcharme.

Así se siente Mary (Lesley Manville). Lleva años trabajando en la oficina con Gerri, una especialista en trastornos de la conducta. Muchos tienen una amiga como Mary: soltera, ha dejado atrás la juventud pero tampoco lo parece, bebe demasiado, busca al cónyuge perfecto como una forma de mantener a distancia cualquier relación del mundo real. Mary se apega demasiado a Tom (Jim Broadbent) y Gerri (Ruth Sheen). Cada vez que los visita, nos recuerda aquella definición de Robert Frost: el hogar es aquel lugar donde, si tienes necesidad de acudir, ellos tienen el deber de acogerte.

Mary necesita una cura. Necesita de verdad la sobriedad. Lleva un signo invisible colgado alrededor del cuello: es una necesitada. Pero Tom y Gerri no dan lecciones. A veces dejan caer pistas de forma sutil. "Es una pena", le comenta Tom a Gerri después de otra triste visita de Mary, y eso es todo lo que tiene que decir. Sin críticas, sin ira, solo una declaración objetiva. En su vida compartida están de acuerdo en todo. Cultivan un huerto, trabajan, preparan cenas para sus amigos, esperan que su hijo encuentre a la chica adecuada, están enamorados. Sorprendentemente, con esa edad, su hijo de 30 años, Joe (Oliver Maltman), los ama y es feliz.

Leigh tiene un don para las escenas ambientadas en situaciones sociales que provocan vergüenza. Nos retuercen como espectadores, no porque los personajes sean molestos, sino porque nosotros también lo estaríamos en esas situaciones. Tom, Gerri y su hijo asisten al funeral de la cuñada de Tom. Nunca hemos estado en un funeral como este, y sin embargo, es como muchos otros. El clérigo desapegado, los eficientes funerarios, el padre distante, el hijo cabreado, el puñado de vecinos que no conocían tan bien al difunto, los esqueletos en el armario de la familia. Leigh husmea las maneras en que las personas muestran su angustia sin poder evitarlo.

La película no necesita esa escena. No tiene escenas obligatorias. Como la vida, es algo que sucede cuando conectas a las personas entre sí. Mary vive en un mundo muy pequeño, donde es poco probable que encuentre la felicidad. Se compra un coche para otorgarse mayor "libertad", pero nadie que beba como ella podría encontrarla. Empieza a tener fantasías con el hijo de sus amigos, Joe, como posible compañero. Joe lleva a casa a Katie (Karina Fernández) para que conozca a sus padres, que se quedan encantados. Cuando Mary conoce a Katie y se entera de quién es, es una catástrofe.

Todos los actores están perfectos. Lesley Manville es una virtuosa interpretando el patetismo de Mary y, sin embargo, nunca cae en la caricatura. Fíjate en la forma en que la cadencia de su voz va variando con la bebida. Fíjate en cómo las respuestas de Tom y Gerri a su amiga se van modulando durante el transcurso de la visita. Para el caso, observa a Ken (Peter Wight), el amigo de Tom. Ken no es ninguna bicoca, pero podría ser feliz saliendo con Mary y quizás casándose con ella, y después de todo, ¿puede aspirar Mary a algo mejor? Ella persiste en el engaño de que claro que sí.

Aquí llegamos a lo importante, lo más atractivo del cine de Mike Leigh. El autor no tiene miedo de que sus películas las protagonicen personas imperfectas. Jim Broadbent tiene demasiada cuota de pantalla, y Ruth Sheen no la suficiente. En la mayoría de sus películas, a todo el mundo se le ocurre una buena idea. A riesgo de ofender a muchos de sus muchos actores y colaboradores, confesaré que Mike Leigh no ha dejado ni una sola vez en 40 años que sus protagonistas sean estrellas de cine convencionalmente hermosas. En cambio, ha enriquecido el cine británico colaborando con personas nada convencionales, lo que incluye a actores y actrices como Imelda Staunton, Sally Hawkins, Timothy Spall, Marianne Jean-Baptiste, Brenda Blethyn y David Thewlis.

"Another Year" ofrece personajes que podríamos amar, hacernos sentir incómodos, identificarnos con ellos u horrorizarnos. Veo muchas películas en las que los personajes no tienen personalidad, tan solo atributos. Me gusta James Bond, pero también me hace pensar: ¿acaso es humano? Todos los personajes de "Another Year" son humanos, y algunos demasiado humanos. Ver esta película fue enriquecedor.

sábado, 9 de enero de 2021

EL CINE DE MIKE LEIGH REVISADO POR ROGER EBERT (2)


El cine de Mike Leigh revisado por Roger Ebert. Parte 1. Traducción: Frog2000

SECRETS & LIES (SECRETOS Y MENTIRAS, 1996)

Reseña de Roger Ebert (2009)

Se suele prestar demasiada atención al famoso método de Mike Leigh para "idear" sus guiones. Es conocido que suele imaginar a los personajes y una situación, pone a los actores a interpretar a los personajes, se une a ellos en los talleres donde el diálogo y la trama empiezan a tomar forma, y ​​solo entonces se pone a escribir el guión. Es cierto, pero tampoco eso significa que deje las cosas a medias: su película "Secrets & Lies" (1996) revela a un cineasta que suele trabajar con la más delicada de las precisiones para lograr exactamente lo que desea. La recompensa al utilizar su método se produce en escenas como las dos tomas más largas e ininterrumpidas de la película, cuando urge a sus actores a utilizar las disciplinas propias del teatro y la pantalla.

Leigh, nacido en 1943, filmó su primer largometraje, "Bleak Moments", en 1971. Su segundo, "Grandes ambiciones", se estrenó en 1988. En medio, estuvo trabajando constantemente para televisión y teatro, pero no fue capaz de financiar ninguna película porque los patrocinadores querían ver primero un guión y, por supuesto, el director no tenía ninguno. Cuando vi "Bleak Moments" la primera vez, supe que estaba viendo una obra maestra de un gran director y escribí una larga reseña para el Sun-Times. Resultó ser la primera crítica que se hacía de la película; Leigh había sido ampliamente ignorado en su hogar en Inglaterra. En los 17 años transcurridos entre las dos cintas, perfeccionó lo que instintivamente había empezado: retratos tragicómicos de personas descontentas en circunstancias difíciles, y un retrato del bochorno que se puede producir en las situaciones sociales que bordea la patología.

Aunque a veces convierte a alguno de los personajes en caricaturas, su trabajo posee cierta compasión que actúa como una red de seguridad para el espectador. Los personajes que parecen exagerados en una escena, de alguna forma se van puliendo más tarde mientras transcurre el metraje. En "Secretos y Mentiras" se puede ver en la actuación de Brenda Blethyn como Cynthia Purley, trabajadora de una fábrica que se tambalea descontenta por la pequeña casa en la que nació mientras observa a Roxanne, su hija de 20 años, con desesperación. Cynthia parece una antología de la tristeza y la preocupación más ásperas, pero cuando su peor pesadilla se haga realidad empezará a transformarse.

Es lo que sucede cuando recibe una llamada telefónica de Hortense Cumberbatch, a quien Cynthia dio a luz a los 16 años y terminó dándola en adopción sin haberla visto nunca. Hortense (Marianne Jean-Baptiste) es una mujer negra, ahora de unos 20 años, que trabaja de optometrista. Después de la muerte de su madre, decide buscar a su madre biológica, y el secreto guardado sobre la primera hija de Cynthia amenaza con salir a la luz. Este secreto ha sido ocultado no solo por Cynthia sino por su hermano menor, Maurice (Timothy Spall), y su esposa, Monica (Phyllis Logan).

Cynthia rompe a llorar y le cuelga el teléfono a Hortense. Su hija vuelve a llamarla. Cynthia acepta temerosamente reunirse con ella. Al principio no se puede creer que su hija sea negra: "Tiene que ser un error, cariño. Mírame". Cuando vio por primera vez sus documentos de adopción, Hortense también pensó que tenía que ser un error: "Aquí dice que mi madre es blanca". Hortense y Cynthia entran en un bar a tomar una taza de té, y aquí comienza la primera toma larga e ininterrumpida de la película: la cámara nunca se desplaza del plano medio, y nadie más entra en la composición. Cynthia le comenta que nunca ha dormido con un hombre negro ("Recordaría algo así, ¿verdad?"). Entonces su cara cambia. Acaba de despertar un recuerdo enterrado. Empieza a sollozar.

La forma en que las dos mujeres interpretan la escena es fascinante. Están actuando en tiempo real, generando una nueva relación en el acto: Cynthia siente los primeros sentimientos hacia esta hija que trabaja de optometrista, cuando su otra hija, Roxanne, es barrendera.

Las escenas de las dos mujeres, juntas y separadas, se entrecruzan con otras de Maurice y Monica, sin hijos, y la frialdad en la que ha encallado su relación. El director dedica una cantidad inusual de tiempo a los retratos realizados por Maurice en su estudio. Son interesantes en sí mismos. Una mujer cuyo rostro quedó señalado en un accidente de tráfico dice que quiere tener "el peor aspecto posible" para cobrar más cantidad del seguro. Luego se produce una extraña visita por parte de un borracho que le vendió el negocio a Maurice. ¿Por qué enseñar estas escenas? Porque sientan las bases del estallido de Maurice cerca del final, comenzando con: "Me he pasado la vida intentado hacer feliz a la gente".

Maurice y Monica, que viven en una espaciosa casa nueva, casi nunca ven a su hermana y su hija. Un día deciden invitarlos para celebrar el 21 cumpleaños de Roxanne. Cynthia insta a su hija a traer a su novio: "No sabría quien es ni aunque se parase frente a mí". Luego llama a Maurice y le pregunta si puede llevar a la fiesta a "una compañera del trabajo". Esta será Hortense, aunque es reacia a asistir a un acto familiar en el que se pueden producir ciertas dificultades.

Pronto llega la segunda toma larga e ininterrumpida, centrada en una mesa de picnic llena de gente en el patio trasero de la casa de Maurice, mientras los invitados se acomodan con cierta inquietud. La tensión es palpable, y no solo por la inexplicable presencia de Hortense. Cynthia, que crio a Maurice como su "hermano pequeño", odia a Monica, y el sentimiento se reproduce a flor de piel. A Roxanne no le gusta Maurice. Paul (Lee Ross), el novio, solo tiene un pequeño murmullo que casi ni es diálogo, pero si se le observa atentamente se verá que está aterrorizado mientras sujeta la comida: las manos apretadas, la barbilla temblando. Y luego, mientras se reparte el pastel de cumpleaños, Cynthia deja caer la bomba: Hortense es su hija.

Cómo se desarrolla este hecho y a qué conduce está englobado en el título de la película. Lo interesante es que no hay signo alguno de prejuicio racial. El hecho de que Roxanne esté aprendiendo que tiene una media hermana es suficiente. La conmoción del anuncio del secreto se extiende por la habitación, haciendo sacudir otros secretos familiares y mentiras.

Fíjate bien en la escena, porque ilustra perfectamente lo que quiero decir acerca de la delicada precisión de Mike Leigh. Cada ejecución de la cámara, cada primer plano, el tamaño y el tiempo de ejecución de cada primer plano, la edición de todo el conjunto, suman para poder desplegar la escena con la mayor fuerza posible. Es material suficiente para una temporada de tele-novela, pero desarrollado en varios minutos sin parecer nunca forzado o arbitrario.

Lo que se hace más complicado de muchas películas de Leigh es intentar procesar la parte cómica. En sus películas más optimistas como "La vida es dulce" (1991) y "Topsy-Turvy" (1999), la comedia es más evidente. En sus películas más oscuras, como esta, "Bleak Moments", "Grandes ambiciones" (1988) y, por supuesto, "El secreto de Vera Drake" (2004), se puede encontrar el humor, pero a menudo está reprimido y es insidioso, el tipo de humor que en una situación social te tienta a reír cuando parece inapropiado. Uno de los mecanismo favoritos de Leigh es idear algún tipo de fiesta, cena o reunión de la que se generan todos los hilos de la historia, a veces con tremendos inconvenientes.

"Bleak Moments" está finalmente disponible en DVD, al igual que la famosa película de la BBC de Leigh "Abigail's Party" (1977). La vergüenza social en ambas resulta palpable: ¿se supone que tenemos que reírnos o torcer el gesto? Es el tipo de elección que puede convertir una película en algo hipnótico. Considera una de las escenas largas de "Bleak Moments", cuando la heroína, una mujer hermosa, fría y reservada (Ann Raitt), acude a una primera cita con un maestro dolorosamente tímido (Eric Allen). Durante su parálisis en el restaurante chino, y en su confrontación con el camarero, puedes sentir toda la carrera de Leigh al acecho.

En mi crítica de "Bleak Moments" escribí que la película "no es entretenida de ninguna forma convencional. Lo que no quiere decir que ni por un momento sea aburrida o difícil de ver; por el contrario, es imposible no verla". Describe gran parte de su trabajo. Un compañero de la crítica me dijo hace mucho tiempo durante una proyección en un festival: "Estaba fascinado con lo que acontecía en la pantalla. No podía dejar de ver la película. Pero no podría volver a verla nunca jamás".

Yo sí que podría, escribí entonces, y lo he hecho. La fascinación que provoca Mike Leigh es diferente a casi cualquier otra cosa en el cine, porque se arriesga, profundiza, y explora la comedia humana buscando entre las lágrimas.

CAREER GIRLS (DOS CHICAS DE HOY, 1997)

Reseña de Roger Ebert (1997)

El mundo de Mike Leigh está lleno de esas pequeñas victorias ganadas dolorosamente. Sus personajes no poseen vidas que puedan evolucionar fácilmente; no se pueden rehacer de la noche a la mañana, como si fuesen historias de auto-ayuda exitosas. Están atrapados en quiénes son y en cómo empezaron, y de alguna forma encuentran el coraje para mantenerse y llevar a cabo mejoras sustanciales en su vida.

"Career Girls", la primera película de Leigh desde la anunciada "Secretos y mentiras", trata sobre dos mujeres de 30 años que fueron compañeras de habitación cuando iban a la universidad hace seis años en Londres. Ahora se encuentran de nuevo. ¿Han mejorado sus vidas? Sí. ¿Están donde quieren estar? No. ¿Están seguras de que pueden llegar hasta allí? La verdad es que no mucho.

Annie (Lynda Steadman) toma el tren en dirección a Londres para encontrarse con Hannah (Katrin Cartlidge), que todavía vive en la ciudad. Annie es tan tirante como una cuerda de guitarra: no habla, deja escapar las palabras a partir de sus inhibiciones. Sin embargo, está mejor que el primer día que conoció a Hannah en respuesta a un anuncio para buscar compañera de piso. En aquellos días, Annie tenía una desagradable afección cutánea que cubría la mitad de su rostro, y no era necesario que un especialista supusiera que la erupción estaba relacionada con sus nervios.

A Leigh le gusta dejar que las escenas se desarrollen a su propio ritmo. Nunca se apresura para llegar hasta la conclusión, porque la forma de hablar los personajes suele ser más importante que las conclusiones. Ambas actrices actúan de una forma muy femenina (o Leigh les indica que lo hagan), y mientras las observamos, recordamos cuán tranquilos y articulados suelen ser la mayoría de los personajes en las películas: ¡te imaginas que alguien ha escrito todos sus diálogos para que los memoricen! No es el caso de Annie, que parece ardientemente consciente de sí misma, ni de Hannah, que es tan nerviosa que las palabras le salen como si te fuesen a saltar encima. Me recordó una buena actuación en una película muy diferente: el trabajo de Benicio del Toro en la nueva "Exceso de equipaje", donde también encuentra un nuevo tono para sus diálogos, perezoso y arrollador. Los estilos discursivos distintivos pueden estar llenos de afectación, o pueden ser un regalo del actor: "Career Girls" es como un taller sobre la defensa personal conversacional.

Las dos mujeres se sientan y conversan, y luego deciden salir (Hannah está buscando apartamentos). Se encuentran con algunos viejos amigos de sus días universitarios, lo que incluye a un agente inmobiliario llamado Adrian (Joe Tucker), quien sorprendentemente me recordó algunas escenas de "Trainspotting", cuando Renton, el personaje de Ewan McGregor, se pone un traje y corbata y empieza a trabajar como agente de bienes raíces. Adrian estuvo saliendo con una de las compañeras de habitación, luego con la otra, pero no recuerda a ninguna de las dos.

En un flashback hilarante, vemos otra página de su vida social: cuando beben en un pub con Ricky (Mark Benton), que cierra los ojos cuando habla, quizá para leer mejor las palabras en el interior de sus párpados. Uno de los actores favoritos de Leigh es Timothy Spall, quien interpreta al fotógrafo de "Secretos y mentiras"; no es difícil ver a Ricky como una versión más joven del mismo personaje.

A medida que avanza "Career Girls", gradualmente nos vamos dando cuenta de que no habrá mucha trama que resolver. Annie y Hannah se encuentran en mitad de su búsqueda. Saben de dónde vienen, pero la dirección en la que van parece bastante turbia. No han tenido éxito ni tampoco han fracasado, ni son felices ni particularmente tristes, y tienen trabajos que, por el momento, conforman el eje de sus vidas. En resumen, son como la mayoría de los jóvenes con empleo de las grandes ciudades, y de forma importante, su imagen se define por los apartamentos en los que viven. (Al mirar por la ventana de un rascacielos que les enseña un agente inmobiliario, una de ellas comenta: "¡Desde aquí se puede ver la lucha de clases!") ¿De qué sirve una película como esta? Inspira a la reflexión. Las películas con un guión fuertemente delimitado establecen un objetivo y lo alcanzan, y podemos irnos a casa con la impresión de que se ha logrado alguna cosa. Las películas de Mike Leigh se dan cuenta de que para la mayoría de las personas, la mayoría de los días, la vida consiste en la rutina de ganarse la vida, interrumpida por pensamientos fugaces de adónde nos llevarán nuestros esfuerzos algún día: financiera, romántica, espiritual o incluso geográficamente. Nunca llegaremos a la mayoría de esos sitios, pero las imágenes mentales son las que nos mantienen intentándolo.

Annie y Hannah juegan siempre a un juego. Sostienen un ejemplar de "Cumbres borrascosas" de Emily Brontë, cantan "Señorita Bronte, Señorita Bronte..." y luego hacen una pregunta, como si fuese una tabla Ouija. A continuación abren una página al azar, apuntan con el dedo, y leen lo que indica donde están señalando.

Reconocí la edición que estaban usando: el libro en rústica de Penguin English Library, publicado por primera vez en 1965. Tengo una edición idéntica en mis estanterías, así que la agarré. "Señorita Bronte, señorita Bronte", dije: "¿cuál es el resultado final para los personajes de esta película?". Lo abrí en la página 163, apunté con el dedo y leí: "¡Oh, ¡me estoy abrasando! Quisiera estar al aire libre, ser una niña fuerte y salvaje, reírme de las injurias en lugar de enloquecer cuando se me dirigen.''

TOPSY-TURVY (1999)

Reseña de Roger Ebert (2000)

"Topsy-Turvy" de Mike Leigh es el trabajo de un hombre enamorado perdidamente del teatro. En esta obra de época gloriosamente entretenida, se cuenta la historia de la génesis, preparación y presentación de una ópera cómica, "El Mikado" de Gilbert y Sullivan, celebrando de paso todos los sueños y el trabajo duro, el conflicto de personalidades y el espíritu de equipo, la inspiración y lo mundano que sucede en cualquier presentación teatral, por muy inspirada o inepta que sea. Cada producción es completamente diferente y todas son exactamente como esta.

Al comienzo la película, Arthur Sullivan y William S. Gilbert acarrean 10 éxitos seguidos y gobiernan la escena teatral de Londres. Sus operetas cómicas, producidas por el famoso empresario Richard D'Oyly Carte, han costeado incluso la construcción del Teatro Savoy, donde, lamentablemente, su última colaboración, "Princess Ida", ha supuesto tal fracaso que incluso el dentista de Gilbert le dice que en realidad duraba demasiado.

El compositor Sullivan tiene suficiente. Recién nombrado caballero por la reina Victoria, decide que es hora de componer óperas serias: "Mi trabajo con Gilbert me está matando". Escapa a París, a un burdel, donde D'Oyly Carte lo localiza y se entera de que tal vez Gilbert (Jim Broadbent) y Sullivan (Allan Corduner) no vuelvan a colaborar jamás. Cuando Sullivan regresa a Londres, mantiene una reunión con Gilbert tensa y estudiosamente educada, y rechaza la última obra de Gilbert, tan boba como todas las demás: "¡Oh, Gilbert! ¡Tú y tu mundo del "Topsy-Turvy!" Los dos hombres son bastante diferentes. Sullivan es un mujeriego y un dandy, Gilbert es un hombre de negocios con buen ojo para los detalles teatrales. Un día, en mitad de su actual situación en punto muerto, su esposa Kitty (Lesley Manville), lo arrastra hasta una recién inaugurada exposición japonesa en Londres, donde observa una actuación de Kabuki, bebe té verde y se compra una espada, que su mayordomo clava en la puerta. Poco después, mientras camina por su estudio, la espada cae y surge la inspiración: Gilbert corre hasta su escritorio para empezar a escribir "El Mikado". El mundo de Gilbert y Sullivan está formado por tonterías caprichosas con rigurosa atención al detalle. La diversión se puede encontrar en la tensión entre la invención absurda y la entrega meticulosa: fíjate en la canción "I Am the Very Model of a Modern Major-General" de "Los piratas de Penzance", interpretada con la disciplina de un metrónomo, pero a un ritmo vertiginoso. Su propio formato supone todo un shock para los valores victorianos: las tramas y las canciones parecen convencionales mientras a la par las hacen parecer claramente una locura.

Mike Leigh podría parecer el último de los directores británicos modernos atraído por el mundo de las óperas del Teatro Saboya. Sus películas, que empiezan con guiones sin rematar, "ideados" por el director en colaboración con sus actores, siempre han tratado sobre la Gran Bretaña moderna, a menudo sobre tipos inarticulados, alienados, tímidos, hostiles, psicológicamente torpes tanto en su comedias como en sus obras más serias. En su filmografía se incluyen "La Vida es Dulce", "Indefenso" y "Secretos y Mentiras", nada ni remotamente cercano al cosmos de Gilbert y Sullivan.

Pero dale otra vuelta. Leigh ha trabajado tanto en el teatro como en el cine, y sus películas dependen más que la mayoría de disciplinas teatrales como la improvisación y el ensayo. En Londres, a menudo sus producciones han tenido lugar en pequeños teatros, donde incluso detalles como los tickets de entrada y la contratación de los tramoyistas no escapan a su atención. Cada átomo de su ser respira un hombre del teatro, y por eso existe una conexión directa entre su obra y la de G&S.

Los primeros tramos de "Topsy-Turvy" se asemejan en líneas generales a otras películas sobre teatro: fracaso, crisis, promesa de no volver a trabajar nunca más, inspiración repentina, un nuevo comienzo. Todo está muy bien hecho, pero la película empieza a brillar cuando se toma la decisión de seguir adelante con "El Mikado". No es simplemente una película que se fija en lo que hay detrás de la escena, sino en los libros de contabilidad, en la forma de contratar a los actores, en el diseño de vestuario, en los problemas del personal, en las decisiones de casting, en la vida sexual y en los trabajados ensayos sin fin llenos de detalles: para fabricar y perfeccionar incluso un estúpido momento sin importancia se necesitan horas de trabajo, y en lugar de prescindir simplemente del mismo, se desecha con estilo e ingenio.

Mi escena favorita es aquella en la que Gilbert hace ensayar a sus actores a base de lecturas lineales. El actor George Grossmith (Martin Savage) no expresa la agitación suficiente, y Gilbert le recuerda que su personaje está condenado a muerte, "por algún elemento sólido, sea aceite hirviendo o plomo derretido. Tenlo muy en cuenta". También se esfuerzan mucho para poder pronunciar de forma correcta la palabra "corroborativo". Gran parte de los miembros del reparto son veteranos de otras películas de Leigh, incluyendo a Timothy Spall, con su forma de pera y sus labios carnosos: su personaje parpadea en un intento de contener las lágrimas cuando su gran canción parece estar condenada al fracaso durante el ensayo general. Broadbent construye a un Gilbert preciso, engañoso e incisivo, y el Sullivan de Corduner es un estudio del típico socio que no es capaz de admitir que la grandeza radica siempre en la colaboración. El montaje de Leigh es astuto, ya que muestra grandes números musicales como "Three Little Maids" desde el ensayo hasta la noche del estreno, y el vestuario y los decorados recrean fielmente las clásicas producciones de la D'Oyly Carte Company.

No todos los espectadores estarán familiarizado con Gilbert y Sullivan. ¿Necesitan estarlo para disfrutar de "Topsy-Turvy"? Sospecho que no mucho más de lo que uno necesita saber sobre Shakespeare para poder disfrutar de "Shakespeare in Love", aunque en el caso de ambas películas, cuanto más sepas, más las disfrutarás. La crítica ha comparado las dos películas porque son de capital británico, ambas tratan sobre genios teatrales, y se ocupan de la tradición teatral. La diferencia es que "Shakespeare in Love" se centra en una historia de amor y "Topsy-Turvy" trata sobre el amor por el teatro. El amor romántico envejece y madura. La película nos recuerda que, de alguna manera, el amor por el teatro siempre es adolescente: descuidado, apasionado, culpable. Es una de las mejores películas del año.

ALL OR NOTHING (TODO O NADA, 2002)

Reseña de Roger Ebert (2002)

"All or Nothing" de Mike Leigh echa un vistazo detrás de tres puertas de una urbanización de vivienda pública del sur de Londres y encuentra soledad, desesperación y una obstinada veta de humor entusiasta. Sus personajes intentan recordar una época en que fueron alegres y tenían esperanza. Pero ahora queda poco que los anime, excepto comer y dormir, la tele, el pub el sábado por la noche y, el joven y desconsiderado sexo que los hace apurarse para criar a sus propios hijos ingratos.

Phil Bassett, interpretado de forma triste y con la dignidad maltrecha por Timothy Spall, es un conductor de taxi que mira hacia adelante mientras en el asiento trasero se desarrollan varios dramas. Su esposa, Penny (Lesley Manville), trabaja de cajera en Safeway. Tienen dos hijos gordos y poco atractivos: Rachel (Alison Garland), limpiadora en una residencia de ancianos que se sumerge en la lectura de novelas románticas, y Rory (James Cordon), que se tambalea desde la mesa hasta el sofá, sus ojos hipnóticamente fijos en la televisión, su voz oscilando entre la ira y el martirio.

Su piso da al pasillo exterior de un proyecto de viviendas de rasgos anónimos, pero tiene una puerta de madera con un llamador, un recordatorio de la época en que la familia tuvo la esperanza de transformarlo en hogar. Ahora es un lugar donde apenas se pueden encontrar. Phil duerme hasta tarde, su esposa va a trabajar temprano, Rachel vive en su propio mundo, y Rory rezuma hostilidad. Al menos Penny tiene la compañía de los vecinos del corredor: suele salir con Carol (Marion Bailey) y Maureen (Ruth Sheen), y acuden por la noche al karaoke del pub. Maureen es una madre soltera a cuya hija Donna (Helen Coker) maltrata su novio. Carol, cuyo esposo, Ron, también conduce un taxi, es una alcohólica que se tambalea alucinada a plena luz del día.

Suena sombrío, y lo es, pero nunca es deprimente porque Leigh, quien puede que en sus películas anteriores provocase algunas risas a expensas de sus personajes, claramente ama a estas personas y se preocupa por ellas. Son, nos damos cuenta, gente completamente sin recursos; carecen de las habilidades necesarias para disfrutar de la vida y se han visto atrapados en una rutina de debacle económica. Phil tiene la apariencia de un filósofo, y comenta tristemente que la vida es trabajar todo el día, dormir toda la noche y luego te mueres. Cuando un colega conductor se queja de un accidente automovilístico, Phil mira el lado positivo: "Es posible que si hubieses seguido conduciendo, hubieses atropellado a una niña a la vuelta de la esquina". La película presta atención a los vecinos, pero se centra principalmente en los Bassetts, hasta que un día sucede una situación imprevista, aunque no revelaré en qué consiste, que actúa como un catalizador que los saca de su depresión y letargo. Es el tipo de cosa negativa de las que surgen cosas buenas. Fíjate cuidadosamente en cómo sucede, quién reacciona y cómo lo hace, y verás que Leigh ha convertido a todos los vecinos en personajes cuyos problemas ayudan a definir la respuesta.

En "All or nothing" hay momentos de observación tan aguda que asentimos comprendiendo. Mira la forma en que Maureen se entera de que Donna está embarazada, y cómo lo maneja (al principio y más tarde), y cómo trata al novio. Mira cómo la alegría y la belleza brillan brevemente en el pub cuando las mujeres empiezan a cantar. Y fíjate en cómo Timothy Spall atraviesa una crisis vital mientras apenas dice una palabra y nos transmite todo lo que necesitamos saber con la mirada.

Hay una escena que explica a la familia Bassett tan bien como cualquier otra. Phil necesita reunir cierta suma de dinero, y habla con su esposa e hijos por separado. Rebusca una moneda debajo del cojín del sofá donde está Rory, pero Rory la encuentra primero y se la quita. Rachel le presta dinero como si fuese la menor de sus preocupaciones. Penny intenta averiguar qué estará pensando. Phil sigue repitiendo que le devolverá el dinero al día siguiente. Es su pareja desde hace 20 años y recoge el préstamo como si se lo estuviesen dando en el pub.

En la actualidad, Mike Leigh es el principal de los directores británicos, toda una ironía, porque después de su brillante "Momentos sombríos" (1971) pasó muchos años haciendo películas para televisión porque nadie le financiaba las películas para la gran pantalla. Sus actores y él improvisan los guiones durante largos períodos en los que viven como si fuesen los personajes. Los temas suelen ser la vida laboral de la clase media en Gran Bretaña, aunque en su alegre "Topsy-Turvy" (1999) nos habló sobre el "backstage" de las producciones de Gilbert y Sullivan. En "Todo o nada", regresa a su material más familiar en una de sus mejores películas.

Las escenas finales del filme casi son perfectas. Rory es el centro de atención: no te pierdas cuándo y cómo, de repente, dice algo en medio de una conversación que trata sobre su persona. Cuando un director consigue una risa de reconocimiento por parte del público, demostrando que conoce a sus personajes y retratando su comportamiento típico, es que ha hecho bien su trabajo. Estas personas son reales como pocos personajes del cine. Al final, parece que dejarán entrar un poco de sol en sus vidas y podrán comunicarse entre ellos un poco más. Y como espectadores nos quedamos aliviados.

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