
“Desde el Infierno: Correspondencia”, (1997), cartas entre Alan Moore y Dave Sim en Cerebus números 217 a 220; reimpresas en “The Extraordinary Works of Alan Moore”.
Parte 6 de 7. Traducido por Frog2000.
Primera parte, segunda parte, tercera parte, cuarta parte, quinta parte.
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Dave Sim
Bueno, no estoy muy seguro de si hablaba de pecado o de maldad o de Maldad, así, tal como suena. Si las andanzas y el movimiento de las antenas de una hormiga pueden llegar a afectar a todo el continuo (y creo que en eso estoy de acuerdo,) entonces también creo que la elección personal entre “0” y “1” tiene poco significado respecto a lo que podríamos llamar las proporciones convencionales: tan sólo es una especulación, o quizá una reflexión (debo utilizar mi propio lenguaje, ¿no?), pero tiendo a ver la moral y la elección ética tal y como son, se mire la situación tanto en “pasado”, como en “presente”, como en “futuro”. Creo que es muy fácil confundirnos al hacer más compleja la percepción y / o la verdad; y también al catalogar de mayor forma aquellos hechos por los que se produce el conocimiento. Los mejores telescopios y análisis espectro-gráficos aún no han podido refutar (desde mi punto de vista) la noción de que Dios creó las estrellas.
Entonces, hablamos de un paisaje infinitamente más complejo que todo aquello que nos podamos llegar a imaginar… un sitio donde ocurren todas las cosas… por buscar un término mejor, el fin Científico de todas las cosas. Y (juzgándolo bajo un terrible dolor de cabeza) si expones todas las filosofías arcanas, lo mágico y lo alquímico bajo una apariencia estructurada, gastando una gran cantidad de tiempo y energía (tal y como tú -claramente- has hecho), también terminarás en un lugar igualmente complejo, un enorme lugar donde ocurren todas las cosas que nos podamos llegar a imaginar, el fin Místico de todas las cosas. Incluso asumiendo que ambos modelos se pudiesen llegar a convertir en algo más grande aún a lo largo de los próximos (digamos) veinte años (¿y qué nos hace dudarlo?), la cuestión aún podría seguir siendo la siguiente: ¿es Dios, tal cuál, la acumulación, la suma total de todas esas estructuras, o por el contrario, El creó todas esas estructuras? Para mí hay una gran diferencia entre “ser parte del páncreas de Dios” y “posiblemente estemos alojados en el páncreas, en un lugar cerca de lo infinito, que fue creado por Dios”. Es parecido a esa noción de que Dios es la acumulación de todas las percepciones que existen sobre El. Estoy de acuerdo con tu analogía del hormiguero (me encanta lo que, de forma parecida, hizo Rick Veitch en Maximortal con la escena de la colmena, un ser que está creado a partir de la suma de toda la humanidad, la vida de todas las plantas, de las bestias del campo, de las aves en el cielo, de los peces del mar, etc) Una Conciencia Total acumulada, compuesta de los Arquetipos y las complejidades fractales que se encuentran mucho más allá de las capacidades que la conciencia de cada individuo puede llegar a concebir, por no hablar de percibir. Simplemente hay demasiados microcosmos en esa estructura, o en todas las percepciones que yo tengo o que conozco, para que incluso seamos remotamente capaces de creer que su existencia no sea cierta.

Pero para mí, eso no es Dios. Llámalo Bang-Bulge-Crunch (visto por última vez en Strange Tales, número 77. Estoy seguro de que recordarás la clásica portada de Kirby “Nadie escapa del terror de: Bang-Bulge-Crunch”) si quieres llamarlo de alguna forma, pero ello, o él, seguirá siendo un sistema cerrado y finito. Dios es infinito, por lo que Bang-Bulge-Crunch no es, por definición, Dios.
Recogiendo tu optimista último párrafo, de todo corazón, estoy (listos, ya) completamente de acuerdo. Hay un argumento persuasivo que se podría citar, en el que se comenta que nos encontramos en la cúspide de una genuinamente Era más Madura, que la conciencia y la expresión individual tienen una cualidad al estilo de “no hay dos copos iguales”, y esto puede ser una especie de bonus imprevisto: finalmente, no hicimos tan mal el trabajo de llegar hasta 1997 de (más o menos) una pieza. No habremos logrado erradicar la Guerra, la Pobreza, la Enfermedad y el Hambre por completo, pero al menos hemos aprendido unas cuántas lecciones en el camino. En esta coyuntura sería difícil imaginar a alguien presentándose como el Próximo Nixon o como un Stalin Mejorado, o como la respuesta del S. XXI a Joe McCarthy. Si seguimos progresando como hasta ahora, quizá lleguemos a un lugar en el que las filosofías y las opiniones divergentes sean vistas tal y como son (y no como nichos donde incluir la encarcelación, la opresión o las purgas masivas – o incluso las purgas más pequeñas) y creo que la mayor parte de nosotros se quedará bastante sorprendido de la mejora general que puede llegar a conseguirse.
No quiero que pienses que estoy evitando el tema del que hablábamos (a pesar de que creo que deberíamos dejar claras las diferencias entre nosotros de la forma más extensa que sea posible, a menos que te interese que, durante una ronda de respuesta de tres minutos de duración, exponga mis propias percepciones sobre ese Dios Combativo del que hablaba Norman Mailer. Esta sigue siendo tu entrevista,) pero creo que has escrito una maravillosa Novela Gráfica llamada From Hell. ¿De qué trata, entonces? Estoy seguro de que a mis lectores podría fascinarlos…
Es broma.

A veces me doy cuenta (mucho tiempo después de haber acabado uno de los tomos de Cerebus), de que durante el transcurso de una historia, también he estado contando algo sobre mí mismo. Quiero decir, aparte de todo aquello que suelo incluir de forma consciente (y también me he dado cuenta de que cuando me tropiezo con algo que había olvidado que estaba ahí, me pongo a sonreír), mi inconsciente me pone alerta sobre algo que tengo delante en ese momento, o hace que perciba más claramente aquello sobre lo que estaba pensando mi mente consciente.
¿Hay algo en From Hell que haya sorprendido a Alan Moore cuando éste lo ha revisado de nuevo?
Alan Moore
Lo siento, Dave, pero tus creencias teológicas son todas una mierda: seguro que has olvidado ese número de Amazing Adventures de los setenta en el que Roy Thomas probó de forma concluyente que Bang-Bulge-Crunch tan sólo era una parte de Eternidad o de Ego, el Planeta Viviente. Olvidé cuál de los dos. Y por otra parte, todos ellos eran Kang el Conquistador desplazándose a través del tiempo. Supongo que este esquema fundamentalmente religioso está bastante cerca de todo lo relacionado con la “Iglesia Teológica-de-Alan-y-Dave” de la que hemos estado hablando en privado, y de hecho, ya he tomado precauciones declarándote como Anti-Papa y Enemigo de Toda la Humanidad. Sin resentimientos.
Respecto a las sorpresas retroactivas que el inconsciente le puede deparar a uno durante el transcurso de una obra, aunque ya esté muy familiarizado con dicho fenómeno, he pasado un momento difícil intentando recordar algún ejemplo concreto sacado del proceso que tuvo que ver con la realización de From Hell. Supongo que la sorpresa principal no tendrá tanto que ver con una secuencia o con un episodio en concreto, sino con toda la obra al completo: a pesar de que confío en el uso del “mapa de gran altitud” descrito anteriormente, los fragmentos de información que posteriormente he ido desenterrando sobre el tema me dejaron ligeramente desconcertado, ya que podrían haber encajado sin muchos problemas dentro de los parámetros de mis primeros garabateos esquemáticos. Un ejemplo entre docenas podrían ser los detalles referentes a la muerte de John Netley, cuando su caballo choca contra el obelisco. Mientras escribía el cuarto capítulo, en el que hice hincapié en el tema de los obeliscos y en el creciente malestar de Netley con los mismos, no estaba completamente seguro de que alguna vez hubiese existido un cochero llamado John Netley, y mucho menos que hubiese muerto de una forma tan completamente apropiada.

Lo que quiero decir es que si From Hell no hubiese sido etiquetado como ficción y melodrama desde un principio, si From Hell hubiese sido catalogado como "real", al igual que casi todas las demás ficciones sobre el Destripador, entonces no hay duda de que yo podría haber sido muy aclamado, porque la gente creería que había acertado validando mi punto de vista sobre “la verdad”. Todos los expertos sobre el Destripador transitan vistosamente entre los ropajes de fantasía y el serio telar forense de las pruebas concluyentes. El problema es que muchos de ellos quieren que su obra resultante no se perciba como ficción.
Lo que yo describo como “mi argumento de ficción” ellos lo describen más complacientemente como su propia teoría de lo que ocurrió en realidad. Esa forma de pensar, que le sonará familiar a todos aquellos seguidores de las teorías conspiratorias y Expediente X, recoge cada fragmento de lo ocurrido, rumor o mito urbano que pueda ser encajado dentro de todo el patrón evolutivo, confirmando su propia teoría sobre lo que pasó en realidad de forma evidente y tajante. Pero lo mejor de todo es que la falta de pruebas también puede ser interpretada como una confirmación que valida la teoría: ¿Por qué la policía no aportó más pruebas en la época en la que ocurrieron los hechos? Porque ellos forman parte de aquellos que nos quieren ocultar los hechos. ¿Por qué no hay ninguna evidencia verificable sobre el platillo volante que se estrelló en Roswell? Porque “ellos” lo están ocultando.
Durante el transcurso de la escritura del guión de From Hell, me reuní con un autor cuyos libros, creo, son populares en el mercado de las Ciencias Ocultas. Son libros que tratan sobre algo llamado “la búsqueda de lo psíquico”. Su premisa es, por lo que pude entender, la de empezar una búsqueda junto a un par de compañeros que sean psíquicos. Quizá estés buscando el Santo Grial o la Espada del Destino o, no sé, las llaves de tu coche o lo que sea. Tus colegas psíquicos te llevarán hasta un montón de piedras, iglesias antiguas y sitios parecidos, dejando un montón de pistas durante el camino (muchas de ellas de forma psíquica. Sólo, ya sabes, para crear ambiente. Espero que lo entiendas.) Es bastante posible que durante la búsqueda, las cosas vayan mal. Normalmente eso es signo de que te encuentras bajo ataque psíquico, y una rápida comprobación junto a tus compañeros psíquicos casi te lo podrá confirmar del todo. Si buscas en el periódico, podrás encontrar la noticia de que el tren de las cinco y cuarto que viajaba de Liverpool a Londres ha descarrilado durante ese día, con lo que plausiblemente te darás cuenta de que la causa más probable haya sido la malévola energía psíquica lanzada por tu adversario astral, y que debido a tu pantalla protectora de luz astral blanca, habrá rebotado causando el caos sobre los pasajeros inocentes. Al final puedes escribir un libro sobre tus aventuras en la vida real. Estoy siendo muy injusto, estoy seguro, pero coges la idea.
De todas formas, durante mi breve conversación con dicho autor, me comentó que él mismo había estado investigando los residuos astrales de Whitechapel, junto con un par de compañeros paranormales, y que se había dado cuenta de que mi “teoría” propuesta en From Hell era muy parecida a la forma en que la que todo había sucedido de verdad. Sentí que estaba siendo muy cruel cuando educadamente le apunté que From Hell era, de hecho, una historia en forma de cómic, y que probablemente era tan real como la película Pocahontas de Disney. No tenía nada personal contra él, entiéndeme, y estoy seguro de que su enfoque sobre la psico-geografía es tan válido como el mío, pero respecto a mi obra, no quiero poner ni un solo dedo de mi pie dentro de la tentadora piscina de “La Verdad”. Está muy bien documentado que la Verdad es una mentirosa patológica. Invariablemente, a la ficción la solemos vestir con ropajes de fantasía. Por otra parte, la autoproclamada Ficción es honesta por completo, porque cuando aparece lo hace diciendo “Soy una mentirosa”, ahí mismo, en la cubierta de atrás. Si me leo la biografía del próximo Primer Ministro Tony Blair (le vi paseando por el centro de la ciudad hace algunas semanas. Parecía un jodido muñeco de los Thunderbird.), entonces, al final, seguiré sin saber a qué atenerme con Tony Blair. Sin embargo sé dónde me encuentro con Hannibal Lecter o con El Mago de Oz.
Volviendo al punto central de esta divagación, mientras estaba trabajando en From Hell, constantemente me desconcertaban y sorprendían la gran cantidad de “evidencias” confirmadas con las me que iba tropezando y que apoyaban mi teoría; precisamente por el motivo de que yo ya sabía que no eran una teoría: eran totalmente ficticias. Esto es un fenómeno mucho más extraño y asombroso que si simplemente hubiese dicho: “¡Yo estaba en lo cierto! ¡William Gull fue Jack el Destripador!”
Cuando el Universo entero parece confirmar nuestras ficciones en vez de nuestras supuestas teorías, podría estar sugiriéndonos la existencia de una extraña relación entre la ficción, la mente, la percepción y el cosmos mucho más cautivadora que la simple resolución de un acertijo.

Una vez escuché una anécdota sobre magia contemporánea: alguien estaba decidido a poner dicha disciplina bajo exámen: empezaría a creer en algo tan raro que seguramente nadie podría confundirlo con la realidad, y así podría ver lo que ocurriría. Y el ser en el que se pondría a creer sería Noddy, el pequeño conductor de un coche de juguete tocado con un sombrero en forma de campana que protagonizaba los libros para niños de Enid Blyton. De hecho sería el creador absoluto del Universo y el Dios de todos los dioses. En un par de semanas abandonó el experimento alarmado, porque estaba convenciéndose de que Noddy, rozando la prueba concluyente, era el Ser Supremo. Se topó con artículos en revistas que mostraban que se habían descubierto recientemente algunos dibujos prehistóricos en el interior de cuevas en el que se representaba una figura obviamente sagrada que vestía lo que aparentemente era un largo gorro puntiagudo con una pequeña campana en la punta. También había leído una entrevista con Enid Blyton en la que ella misma describía una extraña visión que había tenido mientras estaba bajo la influencia del gas adormecedor del dentista, y en la que fue llevada hasta el otro extremo del Universo a la velocidad de la luz para reunirse con el mismísimo Dios, aunque no pudo describir detalladamente la conversación. Esto, entre otro barullo de cosas y significados que previamente estaban ocultos en los pasajes de la Biblia (por ejemplo, Cain fue expulsado hacia la Tierra de Nod), le hicieron creer que Nod era Dios y Enid Blyton su profeta.
Con From Hell, y a la luz de todo lo anterior, supongo que debería decir que si escribí una sola línea de lo que posteriormente se convertiría en la obra final que sea capaz de golpear alguna cuerda resonante del inconsciente, esa podría ser una frase del prólogo, enunciada por Robert Lees e incluída por ninguna razón en particular, sino tan sólo por que me sonó bien y me pareció bastante apropiada. “Todo lo disfracé, y se convirtió en verdad de todas formas. Esa es la parte divertida.”
Dave Sim
¿Yo?, ¿Anti-Papal? ¿Por qué? A no ser que creas que tu estratégica alianza con uno de los Extremos servirá a tus nefandos propósitos, ahora que él ha sido expulsado del redil de cinco nalgas de la Imagen Sagrada…
Realmente no me debería tomar a broma estas cosas. Habiéndome resignado a ser “el líder” de los editores que se auto-publican cuando me llamaron “el padrino” de la auto-edición en CBC Radio, actualmente tengo una carta sobre mi mesita de café, enviada por un nuevo editor independiente que me llama “el santo patrón” de la auto-edición (sin las comillas). Con toda seriedad, lo encuentro engorroso: el hecho de que yo no parezca nada más que alguien a quien se le reconoce como la persona que está al frente de la curiosidad colectiva, a finales del S. XX.

No puedo ayudarte mucho, pero creo que tu última respuesta tiene mucho valor. Somos unos mentirosos: más caritativamente, podríamos ser descritos como fabricantes o inventores. Robamos un trocito de conversación, una pizca de un libro que leímos una vez –y que la mayor parte de las veces hemos olvidado-, un fragmento que recolectamos de nuestro pasado, y creamos una mentira que hacemos parecer tan interesante como podamos. El valor que observo en tu última contestación es porque incumbe (o al menos creo que lo hace) a todos los aspirantes a escritor (o mentirosos profesionales), sirviéndoles como nota de advertencia sobre lo que se van a encontrar al sumergirse profundamente en esta profesión. Llámalo Karma, Hubris, o “trampa para incautos” (en el sentido bíblico de la frase). Si vas a ganarte el sustento a través de la mentira, será muy posible que dichas mentiras regresen, desconcertantemente, contra ti (tal y como tú comentas). Visto de cerca me parece lo más sensato, y es algo que yo también tengo presente. “¿No parece eso interesante?”. Luego vuelvo sobre lo que estaba haciendo. Bien podría ser una “señal” de algo, pero probablemente no lo sea. Y si te lo tomas así, te estarás deslizando por la pendiente hacia la Tierra de L.-Ron-Hubbard. “¿No parece eso algo interesante? Oh, pero si casi me olvido de la pasta de dientes. He de salir a comprarla.”
También pienso en el momento en el que Oscar Wilde escribió “El Retrato de Dorian Grey” antes de conocer a Alfred Douglas.
Hablando de “trampas para incautos”, Jaka ha vuelto a mi vida en tres o cuatro ocasiones, pero siempre se queda a la suficiente distancia, o aparece de una forma que me ha sido bastante fácil poder evitarla. Y eso es lo que he hecho. Como ya he descrito la época en la que sufrí sus arbitrarios arbitrajes, conozco la diferencia entre algo aproximado y un artículo genuino. La miré durante unos segundos. “¿Es interesante o no lo es?, bueno, me basta con mirarla,” y luego volví a lo que sea que estuviese haciendo antes.
Somos traficantes de alegorías, metáforas y símbolos. No sé tú, pero casi todas mis conversaciones suelen tener al menos dos niveles: el agradable nivel humano y el nivel en el que encontramos la muy ocupada mente del escritor, diseccionando cada caramelo y poniéndolo en esos espacios alegóricos, metafóricos o simbólicos. Me he dado cuenta de que me siento mucho mejor prestando más atención al primer nivel que al segundo. Cuando la situación ha sido al revés –cuando ha dominado la mente del escritor y el lado humano de las cosas se ha quedado en un distante segundo plano-, ser escritor me ha supuesto una carga. Eso siempre lo he tenido presente.
Me acaba de llegar una carta de un fan en la que me pregunta si Neil, tú y yo hemos salido y nos hemos emborrachado juntos, como si fuesemos colegas de siempre. Ya lo hemos hablado antes, recordando mis días de borrachera, -quiero decir, días de enormes borracheras- y la última persona con la que me gustaría emborracharme sería con otro escritor. Lo primero que quiero hacer después de asistir a un Salón o a una sesión de firmas, en la que me he tomado unas copas con otros creativos de tipo creativo, es pillar un morado adecuado y tan sólo hablar de cómo van los Toronto Leafs y si el entrenador o el director general deberían ser despedidos; tan sólo quiero estar haciendo el bobo por ahí, con los chicos. Virtualmente ninguno de aquellos con los que socializo en Kitchener tiene ni la más vaga idea de lo que hago para ganarme la vida. “Así que, ¿sigues haciendo esos dibujos animados?” “Claro, por lo general me siguen dando un techo”. Mis viajes siempre les resultan interesantes. Que algún iluso o cualquier otro tipo de persona esté dispuesto a pagarme un buen dinero para que vuele a una ciudad americana y me instale en un hotel. Y que la gente acuda para que les autografíe mi obra. Ahora que ya no voy por salones ni sitios parecidos, ya no me preguntan tanto “¿qué hay de nuevo o excitante en tu vida?”. “No mucho, trabajo muy duro. Siempre estoy trabajando”.
Parece que tengo lo mejor de los dos mundos –la satisfacción de todo aquello que conlleva convertirse en dibujante o guionista. Cierto renombre dentro de la profesión escogida, trabajo regular, unos ingresos un poco mayores- y también soy un rostro entre la multitud, sin nadie que me recuerde la otra parte de mi vida cuando me marcho a casa por la noche.
Como me he pasado gran parte de este intercambio de correo discutiendo sobre la realidad y la “realidad” (ambas son nuestro tema), pensé que podría darte la oportunidad de asegurarle a todo el mundo que no te encuentras instalado en un loft al estilo de el del Doctor Extraño, envuelto en ropas de terciopelo, con retortas y vasos burbujeando, y con puertas hacia otras dimensiones abriéndose y cerrándose a tu alrededor según estás leyendo esto.
¿Cómo es Alan Moore cuando está “en el pub”?

Alan Moore
Oh, Dave, si todo fuese tan sencillo... Alarmado y preocupado por mi bienestar, como también, estoy seguro, de que lo estará el lector medio de Cerebus, me gustaría mucho asegurarles que, a pesar de todas esas divagaciones ocultas que existen por ahí, sigo llevando una vida ordinaria, aunque me temo que podría retorcer muchísimo mi descripción si yo quisiera. El interior de mi casa se parece cada día más a algo dibujado por Steve Ditko, sólo que quizá sea algo menos paranóico y angular. La habitación en la que me encuentro tecleando esto ahora mismo, que es mi sala de estar, está dividida por una partición de madera que incluye una ventana arqueada y con vidrieras en la que hay un diseño de Otz ChIIM que resalta las estrellas que tiene pintadas. El techo pintado entre violeta y morado también está cubierto por estrellas doradas. La librerías arqueadas y diseñadas en madera están por todas partes, y rebosan con todo tipo de libros sobre la magia: grandes y maravillosas cosas a las que mirar. Un par de biblias de 1776. “The Magus”, escrito por Barrett. Una primera edición firmada de “Golden Hind” de Austin Spare. Una bonita edición en facsímil de “A True and Faithful Relation Of What Passed For Many Years Between Dr. John Dee and Some Spirits.” Tres Necronomicones diferentes.
En la estantería superior reposa un cráneo de un monje Tibetano de dos mil años de antigüedad, con incrustaciones de plata. La tapa del cráneo puede quitarse para poder beber en él. Una carta enmarcada de Leah Hirsig, escrita en Suiza en 1927 y firmada por Crowley. Cerca de la vidriera de Otz ChIIM, una única página “emborronada” por Veitch describe un sueño en el que aparecemos mi madre y yo y que él tuvo durante la misma semana en la que ella cayó enferma y fue desahuciada por los médicos... un encantador, edificante y pequeño dibujo que nos muestra a ambos llenando una garganta con flores de plástico. Cálices. Una tabla Ouija. Una espada. Una máscara. Varitas. Recipientes para incienso. Cuadros de Dioses y Demonios y otras cosas imaginarias. La túnica está en un armario escaleras arriba. Sólo me la pongo en ocasiones especiales, ya que sería demasiado bonito holgazanear por la casa con ella puesta. Es de seda naranja, con un collar y un cinturón morados. Tiene mucha más clase que esa mierda comprada de segunda mano en una tienda Oxfam que siempre lleva colgada el Dr. Extraño.

Supongo que la idea que estoy transmitiendo es la de que, cuando me “convertí” en Mago, estuve todo el rato vestido como una chirriante drag queen. Pero en realidad estuve hablando abiertamente sobre mis experiencias e ideas con todo el mundo, desde los taxistas hasta con mi propia familia. Lo más maravilloso y misterioso de todo fue que no tuve ni la más ligera controversia por nada. Todo el mundo lo aceptó como si, ahora que pienso en ello, fuese la cosa más normal del mundo. Yo me empeñaba en hablar sobre demonios, ángeles y un gigantesco dios-serpiente con capacidad de hablar, como si fuesen parte de mi rutina diaria... y por lo tanto, como algo que, en general también era parte de la existencia cotidiana. Y nadie me lo discutió, y de hecho, un gran porcentaje de personas se aventuraron tímidamente y me contaron alguna bizarra experiencia propia, como si por fin pudiesen revelar algo; como si ya tuviesen a alguien con el que poder abrirse.
Insisto en que la Magia está en la Vida Real. Yo me comporto como si esto fuese así, y en menor medida, creo que también lo hace todo el mundo. Una (la magia) y otra (la vida) van unidas.
Quizá mis relaciones en Northampton sean un poco diferente que las que tienes tú en Kitchener, no sé. Siempre he vivido aquí y soy alguien relativamente conocido incluso antes de que me convirtiese en profesional de los cómics. Si pareces alguien diferente y has estado viviendo durante casi toda tu vida en un sitio pequeño, acabarás siendo parte del paisaje. Si es que no te conviertes en alguien inmutable y eterno, alguien mucho más estable y duradero que la mayoría de los edificios que ahora mismo se erigen en el centro. Probablemente debido a la exposición que tuve durante los ochenta en revistas, televisión y en algunos sitios un poco más raros, mucha más gente parece saber quién soy y lo que hago. Dicho esto, normalmente la gente tiende a dejarme a mi aire, así que esa es la razón por la que vivo aquí. Cada dos semanas alguien se me acerca en el pub o en la calle y me hace un comentario bastante agradable sobre mi obra, pero también hay mucha gente que me recuerda porque estuve trabajando en la empresa que instala cañerías o porque soy el sobrino de Chick Moore. O el nieto mayor de Mad Ginger Verson. O el padre de Leah y Amber, escritor de cómics y que una vez se pilló un disco de Pop Will Eat Itself.
Aquí hay una continuidad de la que formo parte que es mucho mayor que la de la industria de los cómics. Una de las cosas sobre dicha continuidad… y como te envié una copia de “La Voz del Fuego” al menos te podrás hacer una idea de lo que intento decir … es que es muy antigua, con cicatrices y erudita, y eso es algo que, sorprendentemente, no se encuentra en ningún otro sitio. Cuando le hablé a mi familia (que son los muy tradicionales y sin ningún doble sentido miembros de una familia de clase trabajadora) sobre mi intención de convertirme en Mago, nadie agitó ni un párpado. Mi madre entró en un estado parecido al de una niña excitada, maravillándose ante el cuadro del Dios Serpiente, y quiso hacerse con una copia de inmediato, al igual que lo hizo mi tía, católica devota. Pero por el contrario, ninguna de ellas quiso poner el cuadro de Asmodeus en su casa. La gente mayor que ha escuchado el CD “The Moon and Serpent Grand Egyptian Theatre of Marvels” parece a menudo más receptiva y se queda menos aterrorizada que algunos de los jóvenes que lo han escuchado. Casi tuve la sensación durante aquellas primeras semanas, al menos por lo que respecta a mi familia, de que si alguien decide convertirse en mago, simplemente es una de esas cosas que ocurren un par de veces cada cientos de años. Algo interesante, pero tampoco muy excitante, y después de todo, seguimos teniendo que pagar las facturas. No es mucho, pero al menos es algo digno de respeto. Probablemente merezca mayor respeto que guionizar cómics, algo mucho menos Universal.

Además, para mí, la Magia no es un planeta extraño y alienígena que he de visitar, sino una nueva forma de observar este planeta, un nuevo lenguaje con el que nuestras rutinarias vidas puedan ser expresadas de forma más luminosa. Para un Mago, caminar por la calle para comprar un paquete de cigarrillos en la tienda de la esquina supone una experiencia mágica. Cualquier cosa, desde las matrículas de los coches hasta la envoltura de un caramelo tirada en la cuneta, incluso las observaciones casuales de los transeúntes, son una fuente potencial de información e inspiración.
El Mago lee las cosas de acuerdo a una gramática diferente, pero él o ella también están leyendo el mismo libro que lee todo el mundo. No hay una verdadera necesidad por parte del Ocultista de distanciarse del Mundo a través de su comportamiento, aunque parezca que un gran número de ellos actúe de dicha forma. Una loable excepción es la de Austin Osman Spare, el único Mago de este siglo que ofrece alguna rivalidad seria a Crowley. Spare rechazó su prometedora carrera artística en el West End, volcándose por entero en ese mundo, viviendo en los barrios más pobres de Brixton o del East End, y haciendo exhibiciones en los cuartos traseros de los bares en vez de en las galerías que le ofrecieron hacerlo. Se asoció casi exclusivamente con la pobreza urbana crónica, y no por culpa de una deformada noción de caridad propia de la clase media, sino porque ellos eran la gene con la que más le gustaba estar. Probablemente también aceptó vivir así debido a su personalidad: era buen dibujante, alguien risueño con el que tomar un trago, cuidadoso con sus compañeros, y además podía hacer llover dibujando un garabato en un pedazo de papel arrugado. Era un tipo imponente.
Supongo que lo que estoy diciendo es: “Lo que ves es lo que hay.” Actualmente, después de haber sufrido un período en el que he tenido una gran cantidad de duro trabajo, he ido refinando la Hydra hasta convertirla en algo con una sola cabeza. Soy Alan Moore cuando estoy charlando con mis hijas, o para mi tía de 89 años, o para la policía, o para mis lectores, o para mí mismo. Soy Alan Moore cuando estoy escribiendo Supreme o From Hell o mi parte de esta charla. Soy la misma persona cuando saco la bolsa de basura los jueves por la noche. No es fácil, pero al menos es posible serlo, y también creo que es deseable serlo.
De acuerdo. Supongo que lo seré hasta el final. Mirando al fondo de la pantalla, veo que estoy en la página 38 del documento que he bautizado como “SIM 1”. Debería coger esta oportunidad de pedir disculpas personalmente a tus lectores, ya que ciertamente, nunca me han hecho daño, por hacerles sufrir una experiencia bastante similar a la de estar atrapado en un ascensor detenido en compañía de David Koresh y Charles Manson. Pero por supuesto y por otra parte, como nunca han intentado ser amables conmigo, que les jodan. Deberían sentirse agradecidos de que ellos mismos no se hayan visto envueltos en esta conversación, porque así no sufrirán tu dolor de cabeza y tampoco necesitarán pastillas. Deberían estar doblemente agradecidos de que no estemos sentados en la misma habitación, mientras les hablo y cruzo la mirada, en cuyo caso dejarían de tomar pastillas para el dolor de cabeza y empezarían a pensar tanto que se les convulsionaría el lóbulo temporal. No bromeo. Al menos durante estos días.

Dave, esta ha sido una conversación de la que he disfrutado mucho. Gracias por darle a un anciano la oportunidad de hablar sobre sí mismo durante tanto tiempo y en un fórum tan prestigioso. Por supuesto, me doy cuenta de que si realmente te caigo bien, entonces tendré un cameo en "Guys" al igual que lo tuvo mi descuidado y olvida-cabezas colaborador, pero supongo que podré vivir con ello. Cerebus, como si necesitase que yo lo dijera, aún es para los comic-books como el hidrógeno para la tabla periódica, y es uno de los pocos cómics que sigo leyendo y disfrutando de forma regular cada mes. De acuerdo, así que esto sólo es una petición, con la esperanza de verme a mí mismo mirando de frente un charco de mi propio vómito en alguna viñeta sin importancia de "Guys", aunque antes deberías aprender a tomarte todos estos cumplidos con misericordia.
Accidentalmente tuve un sueño sobre el último número de Cerebus... de hecho, sobre la última página del mismo. El personaje estaba elevándose a través de alguna especie de efecto especial minimalista, y estaba pintado de colores. Recuerdo que había mucho azul celeste. Eso es todo lo que te puedo contar.
Mis mejores deseos para Gerhard y para ti. Vente de nuevo por aquí tan pronto como puedas, y podremos continuar esta conversación con unas cervezas frías y convulsionando al rojo nuestros lóbulos temporales.
Dave Sim
Bueno, ciertamente me tomaré en serio la oferta que me haces. Quizá este Noviembre o el siguiente podrían ser los meses apropiados, dado que finales de otoño es la fecha presente en cada uno de los capítulos de “La Voz del Fuego” (ISBN 0-575-05249-X, Victor Gollancz imprint, the Cassell Group, Wellington House, 125 Strand, London WC2R OBB, 10 libras además del coste del envío).
Como nota aparte, leí el libro durante mis últimas vacaciones con mi novia –y después de olvidárseme al cambiar de hotel-, provoqué lo más cercano que tuve durante esos días a una seria discusión al insistirla en que teníamos que volver YA, AHORA MISMO, a por él. Enorgullecido por mi particular inmersión en mi herencia Judeo-Cristiana (de cosecha reciente), imaginé al ectoplásmico Alan Moore vestido con su capa naranja, riéndose de mi devoción por el Cordero de Dios, viajando a toda velocidad por la autopista de Florida y enconado en volver a conectar con el Libro del Mago.

Gracias por halagar Cerebus con mucha más gracia que la que yo podría tener. Por supuesto, todos los cameos en "Guys" fueron autoeditados, y se utilizaron personajes autoeditados (tuve que sustituir a Hilly Rose por Katchoo en el último minuto, cuando Terry Moore “saltó por la borda” –fue como cambiar todo el paisaje-), pero aún tengo que hacer tres novelas más para acabar la saga de Cerebus y mi naturaleza competitiva no me permitirá que la encarnación que apareció de tí en la serie de tu ancestralmente desafiante colaborador, Bacchus, siga permaneciendo como el lugar en el que apareció el personaje definitivo de Alan Moore en el campo de los cómics (sigue siéndolo hasta el momento).
Mi relación con Kitchener es muy diferente de la que tienes tú con Northampton, algo que probablemente era de esperar, teniendo mucho que ver con el hecho de que esta ciudad sea relativamente nueva, por lo que no es “muy antigua, con cicatrices y erudita”. Como me gusta decir, la mayor parte de sitios del Reino Unido tienen pubs que son miles de años más antiguos que los de Canadá. La “Voz del Fuego” es maravillosa porque transmite de forma muy conveniente esas profundísimas raíces que tan bien permean en la conciencia Norteamericana (y a mí también, desde luego) cuando viajamos a tu pintoresca pequeña isla (claudico, pero no me arrodillo, Alan, ya me conoces.)
Nuestro intercambio de puntos de vista ha sido una experiencia estimulante (aunque bastante corta, me dijeron, cuando metí el archivo del fax del segundo trimestre encima del enorme archivador). Y por si nuestro respectivo sistema de creencias permanece intacto: por mi parte, creo que Alan ha caído presa de las limitaciones implícitas del Bang-Bulge-Crunch y sus Legiones de Caídos, y del Que No Me Levante y Tampoco Pueda Hacerlo, y para tí (corrígeme si me equivoco) Dave habrá sido timado [gulled] -como referencia oblicua a From Hell- por ese peculiar culto Redentor al Sol que se le fue de las manos, y también se cerró en banda ante todo ese material Realmente Cool que, de todas formas, tan sólo se compone de un pentagrama y un ritual...
Bueno, al menos evitaremos sacar a relucir lo verdaderamente antiguo que es el negocio. Tan antiguo como Nerón, que inmoló a nuestros chicos crucificados cuando se dio cuenta de lo que debía hacer al pasar por debajo de un farol del patio durante una de las fiestas de su pequeño jardin. O tan antiguo como todos los magníficos templos y estatuas paganas que cayeron bajo la bola de demolición. Verdaderamente “muy antiguo, con cicatrices y erudito”.
Además de la recriminación dispongo de otras cualidades para seguir adelante, así que espero que por lo menos lleguemos a un lugar en la historia en el que, con la percepción nacida de nuestra visión de conjunto, sea posible atribuirnos la culpa por la mayoría de atrocidades cometidas en el pasado, por los sistemas de creencias impuestos por la fuerza... y que podamos llegar a saber lo que nos ha sido impuesto (que no tiene nada que ver con las propias creencias) y que sería necesario eliminar.

Déjame comentarte algo respecto a tu observación de que eres una parte mucho mayor de la continuidad de Northampton que de la industria del comic-book, es algo que yo no puedo..., ni podría querer estar... en desacuerdo. Pero también quiero decir que la distinción entre medio e industria es muy, muy pronunciada. Con la evolución que han producido tus contribuciones al medio: desde La Cosa del Pantano a Watchmen y V de Vendetta, a Brought to Light y Un pequeño asesinato, y con tu (hasta ahora) logro cumbre From Hell, me parece muy triste considerar que la oportunidades futuras para un guionista de cómic de tu estatura estén limitadas a Spawn o Supreme, aunque también sea un material entretenido. Y créeme, lo encuentro muy entretenido.
No lo veo como error tuyo, sino como error del medio y su configuración actual, por culpa de cómo se encuentra actualmente. Me parece que el medio siempre ha sido (y nunca tanto como ahora) algo amorfo que está compuesto por la suma de conciencias y acciones de la holgada comunidad de personas que lo conforman, sus profesionales más activos. Un argumento persuasivo podría ser el de que no existe la suficiente gente tarada que disponga de mucho dinero a nuestro alrededor, como fue el caso de Bissette, cuando se deshizo de su correa y puso sobre la mesa su soñada antología de terror. Pero veinte mil dólares o una cantidad parecida le dieron la patada en el culo, después de lo cuál tuvo que gastarse miles de dólares de su propio bolsillo (los cuáles no tenía) para mantenerla viva hasta que fue barrido hacia la singular y desinteresada locura de Kevin Eastman y su Tundra, donde con el tiempo emergería gracias a Denis Kitchen –que enloqueció muchos años antes que cualquiera de nosotros. Loco y desinteresado. La locura y el dinero se fueron al oeste y se mezclaron con los super-héroes y con Hollywood, dos maldiciones para aquellos de nosotros que siempre hemos tenido asuntos más importantes que atender.
Quizás parte de culpa (y no muy pequeña) la tenga a ese peculiar instinto Inglés que hace que un autor aumente rápidamente su imagen icónica y luego se apresure a quedarse apartado a un lado (una habilidad que ya fue afilada hasta la perfección durante la Rock n´ roll British Invasion). Creo que tanto Neil como tú habéis tenido vuestros quince minutos de gloria y habéis disfrutado la corona de laurel antes de que vuestros posibles sucesores y también admiradores empezasen a bajaros del panteón y os arrojasen hacia un metafórico Elba Inglés. Una pintoresca... y peculiar... pequeña isla más grande.

Tuve la oportunida de ver a Neil y a Scott McCloud durante el ochenta cumpleaños de Will Eisner (nombra a alguien, a ver si estuvo allí). Con un poco de suerte, he sido capaz de trabajar tan sólo en Cerebus durante casi veinte años. Los pequeños intereses que tenga en otras formas de arte, entretenimiento y comunicación son insuficientes y no me siento tentado de apartarme del campo de los cómics (y francamente, no creo que eso vaya a cambiar en 2004). Reconozco que otros no han podido. Si Neil está escribiendo una serie de TV o una novela o un libro ilustrado como Stardust, si Scott se encuentra perdido en el ciberespacio (creo que yo también he caído, pero es difícil decir por qué no me puedo “levantar”), y si vas a poner todas tus energías en otro libro o CD, entonces, bueno...
Por lo menos, el medio, “el medio”, no el negocio, ha conseguido tener a Sandman y Mr. Punch y Zot y Understanding Comics y From Hell, antes de que os vayáis. Y quizá simplemente te hayas tomado unas vacaciones y regreses cuando la locura y el dinero se reconfiguren. O quizá no.
De todas formas, gracias (sinceramente) a aquellos de nosotros que no nos vamos a ir de vacaciones en un futuro inmediato, por darnos (por darle al medio), algo parecido a logros de alta graduación.
(Continuará)