viernes, 8 de mayo de 2015

EL CASO VALDEMAR Y OTRAS PESADILLAS, ENTREVISTA CON JOSÉ LUIS BUENO PINA


Bautizado con uno de los más laureados relatos de Edgar Allan Poe, "El Caso Valdemar y otras pesadillas" es un extenso cómic de cien páginas en el que se adaptan relatos de cuatro de los escritores más atractivos de todos los tiempos. Si a la habilidad de Poe para conferir historias capaces de angustiar a cualquier lector de forma atemporal le añadimos los nombres de Jack London (inmortal no sólo por su Colmillo Blanco o sus Relatos de los Mares del Sur, sino también por sus lúcidos ensayos políticos) y el de Hanns Heinz Ewers (el más desconocido y justamente por eso tan misterioso como atractivo en cuanto se empieza a rascar un poco en la biografía y producción de alguien capaz de influir tremendamente sobre luminarias de la talla de H. P. Lovecraft o Dashiell Hammett), y para terminar sumamos a la atractiva mezcla a alguien de la talla del insigne Gustavo Adolfo Bécquer, EL CASO VALDEMAR Y OTRAS PESADILLAS resulta ser mucho más que prometedor. Su lema: "La lectura perfecta para disfrutar de unas dulces pesadillas" parece reforzar las buenas vibraciones de aquello que atisbamos en su Verkami, plataforma escogida para la autoedición de la obra, con unos artistas que parecen ser muy capaces de recoger la malsana y vívida esencia de estos escritores maestros, una habilidad sin la que nos encontraríamos completamente perdidos. Pero no es el caso. Entre el repóquer de autores involucrados en el tebeo tenemos a José Luis Bueno Pina adaptando los relatos con su personal estilo a los guiones y a unos artistas que si aún no son punteros pronto empezaremos a escuchar hablar de ellos: son Lola F. Sioux (ilustradora de la portada), Ninona, Jessica Mars, Miguel Ángel Rodríguez Touceiro y Guillermo Arias-Camisón. Mi pasión por la obra de Jack London y Edgar Allan Poe me insta a preguntarle al guionista cómo empezó todo. Las imágenes pertenecen a los autores del proyecto.

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1-¿Qué es lo que os lleva a tomar la importante decisión de publicar un álbum de cien páginas con un proyecto con una personalidad diferenciadora como es EL CASO VALDEMAR?

Todos los autores que participamos en el cómic somos unos enamorados del terror gótico y el cómic es una plataforma perfecta para tratar este género. Te permite combinar la fuerza de los silencios y la estética que el cine tanto ha aprovechado sin perder esa intimidad que proporciona un libro. Nada te sumerge de forma tan abrumadora en una historia como sentarte solo y de noche a disfrutar de una buena lectura. Ya sea una novela o un cómic.



2-¿Eres especialmente seguidor de la literatura romántica y gótica? ¿Qué os hizo elegir algo que genera una ambientación y una evocación concretas en el lector?

Sí, soy bastante friki de la literatura gótica. Aún se me pone la carne de gallina cuando recuerdo la primera vez que leí “La máscara de plata” de Walpole o “La Araña” de Ewers. De hecho, me dolió mucho no ser capaz de hacer una adaptación de esta historia del Walpole a la altura del relato original. Mi idea era incluir a estos dos autores como como representantes del ocaso del género. Es evidente que la llegada de la Segunda Guerra mundial hizo que la gente ya tuviese demasiado miedo del mundo real como para necesitar acudir a su imaginación. El miedo dejó de ser divertido.

En la actualidad el cine y las novelas de terror vuelven a estar en auge, es un buen momento para echar la mirada atrás y ver que unos pocos visionarios ya lo habían contado todo sobre este tema. “Valdemar” de Poe representa nuestro miedo a la muerte y lleva al límite dicha obsesión. El relato de Jack London es el miedo a lo visceral, a un cuchillo en las tripas, a una mano que aprisiona tu cuello y te estrangula. “El monte de las ánimas” de Bécquer es el miedo a lo invisible, a lo que no vemos, el miedo creado por el folklore popular. Y “La araña” de Ewers es el miedo a nosotros mismos. Precisamente por eso este último es mi favorito, porque pocos hemos sido víctimas de un psicópata y menos aún de un fantasma, cuesta ponerse en la piel de los protagonistas. Sin embargo, todos hemos hecho locuras por amor, y lo que plantea este relato es ¿hasta dónde estarías dispuesto a llegar por la persona amada, aquella a la que has entregado tu corazón y nubla tu juicio?



3-¿Resultó complicado adaptar a cualquiera de los cuatro autores? ¿Encajaron bien con las particularidades y elementos propios del medio del cómic?

Resultó bastante fácil porque seleccioné estos relatos entre más de 150. Busqué aquellos que encajaran a la perfección con las posibilidades que ofrece el medio del cómic. Tuve que descartar a autores que adoro como Maupassant y a (que nadie me mate por lo que voy a decir) Lovecraft por esto mismo, porque la fuerza de sus relatos se basa en su dominio de las palabras, que incluso hoy en día sigue siendo insuperable. De hecho, por eso creo que la única adaptación a cualquier medio que se ha hecho de la obra de Lovecraft que mantiene la fuerza de sus historias es la de Breccia, porque el dibujante conservó sus palabras, y sus ilustraciones lo único que hacen es ambientar y crear formas etéreas. No narra con sus viñetas, busca más las sensaciones que consolidar una imagen física. Algunas veces incluso da la sensación de que dibuja sonidos. Dios, que pedante soy. Perdona. 



4-Ya que doy por sentado que esto es tan bueno que va a funcionar estupendamente ¿tenéis pensado lanzaros con una segunda parte? ¿A qué otros autores (te gustaría) os gustaría adaptar?

¡Dios te oiga! ¡Jajaja! De hecho, muchos buenos dibujantes nos están ayudando a promocionarnos a través de sus redes sociales (Paqual Ferry, Óscar Martín, Victor Santos, Álvaro Ortiz…) y algunos ya me han dicho que cuente con ellos si se hace un segundo tomo. En ese caso me gustaría arriesgarme y adaptar a varios de los autores que he mencionado antes. “La máscara de plata” de Walpole o “El Horla” de Maupassant estarían entre los elegidos. También me gustaría incluir a más autores hispanohablantes, como Quiroga y su “Almohadón de plumas” o a un contemporáneo como Carlos Cifuentes y su delicioso relato “Aura”.

Creo que me hicieron esta misma pregunta en otra entrevista y dije unos relatos completamente distintos. Soy un desastre. Después de veinte días de promoción mi cabeza no da para mucho, lo siento.



5-El potencial que tiene Verkami para sacar adelante proyectos con una marcada personalidad propia es asombroso, ¿pensásteis en un primer momento en alguna forma de financiación alternativa? ¿Tienes (tenéis) planes para continuar funcionando a través de esta plataforma? ¿Qué otros proyectos están guardados en cartera?

El problema con el crowdfunding sigue siendo muy sencillo: ¿qué hago cuando acaba? Tienes un buen producto entre manos, pero a las tiendas les supondría un esfuerzo imposible llamar uno a uno a cada autor cada vez que tuviera que reponer stock. Solo les compensaría con un superventas como Blacksad y poco más. Yo trabajé 9 años en una tienda de cómics y ya costaba mantener el contacto con solo 3 o 4 distribuidoras… La única solución es seguir promocionando y vender directamente desde tu página personal, con el tiempo y el esfuerzo que ello supone.

Realmente creo que en estos momentos el crowdfunding solo es una buena solución para aquellos que, como nosotros, empiezan desde cero o para aquellos que tienen una fama tan descomunal que ya no necesitan de las vías tradicionales para promocionarse y quieren quitar intermediarios entre ellos y su público. Es bastante duro descubrir que un artista gana entre un 5% y un 10% de cada cómic que vende.

Por otro lado, toda esta situación también ofrece una posibilidad bastante refrescante: si todos los grandes autores comienzan a autoeditarse dejarán un gran hueco en la industria tradicional y las editoriales no tendrán más remedio que promocionar a nuevos artistas. Puede que en el futuro el hecho de lanzarse a la autoedición signifique la verdadera consagración de un autor. Sería una bonita ironía teniendo en cuenta que el origen de todo este sistema era justamente el contrario.