lunes, 25 de mayo de 2015

LA BBC, COMPETENCIA DESLEAL EN 2010, por Warren Ellis.


Artículo para Wired (2010)

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Como siempre esta columna aparece en el momento equivocado. Seguramente ya estarás vadeando dificultosamente el 2010, sacudiendo probablemente la cabeza y chasqueando la lengua por la época tan extraña que empieza a parecer, preguntándote si "Celebrity Big Brother" iba a concluir con el suelo abriéndose y revelando un pozo de fuego, con Satanás arrastrando a los participantes de nuevo al Infierno, y te has quedado mirando el Google Nexus One y preguntándote cuál será la diferencia entre eso y los otros 8.000 nuevos teléfonos medio inteligentes que el proveedor de tu móvil quiere desesperadamente que te compres.

El tren de las elecciones generales está, desde tu punto de vista, rodando sin compasión y echando chispas hacia su horrible, vacía y aplastante conclusión. Se puede atisbar a Gordon Brown en el brutal frontal del oscuro engendro de la ingeniería que emerge lentamente entre las brumas hasta desvelarse con terrible claridad, y aquel adusto contable escocés con mala vista está recordando los días en que la gente decía que el líder laborista John Smith, un adusto contable escocés con mala vista, era alguien verdaderamente inelegible...

Pero probablemente ni te importa, porque eres una persona inteligente y entiendes cómo fueron las cosas la última vez que los conservadores estuvieron al cargo, y por lo tanto aceptas que lo que se espera de nuestro futuro político estaba condenado desde un principio.

Sin embargo he vuelto a comienzos del 2010 y tengo que decidir lo que realmente te preocupa a diferencia de las cosas por las que dices estar preocupado. Como esa cosa que están promocionando con una francamente brillante campaña oculta y sobre la que voy a escribir y que presumo llamarán iPad, ese mágico dispositivo para el que muchos editores están ideando aplicaciones a pesar de que aún no se haya declarado oficialmente que de verdad existe dicha jodida cosa.

Todo el mundo se preocupa por el iPad, ya que su impresionante potencia tecnológica hará... algo, al parecer. El iPad se follará al Kindle y hará que el Kindle se llame Herbert o algo así. Transformará a todas las revistas y las pondrá en la nube y hará que Apple no sea tanto un distribuidor como una monstruosa emisora Omnimedia come-niños.

Hará que 2010 brille por sí mismo. Escucharás el término "post-industrial" cada vez más, y la idea de que las revistas puedan ser transmitidas inmediatamente desde el escritorio hasta una pizarra electrónica como si fuesen un archivo InDesign reutilizado, sin tener que pasar por todas las bobinas de esas grandes y sucias máquinas graznantes y de todas esas malditas furgonetas gigantescas: eso es muy postindustrial. Como lo es ignorar el gran proceso industrial que tiene como fin construir esas pizarras electrónicas, porque eso va a estar hecho en China por esclavos con el salario mínimo utilizando grandes y sucias máquinas con bobinas y en zonas con el tipo de carcinógena sordidez que haría que Dickens declarara que el Londres victoriano era un entorno parecido a un paraíso vacacional en comparación.

No estoy aquí para decirte que te preocupes por cuestionar el discurso "hype" del producto. Eso sería inútil, ya que en gran medida ya has dado el paso para aceptarlo como una de las condiciones habituales de la vida en el mundo occidental. Sin embargo, creo que sí que empezarás a preocuparte un poco por las transmisiones.

Porque la gente va a empezar a hablar en términos sombríos sobre la BBC. Ese muchacho, Murdoch, habló el año pasado sobre el tema. Hablaba sobre la BBC como "una competencia desleal". Lo que es una forma inteligente de enmarcar el debate, como si fuese... en su mayoría parece como si fuesen los perros de las fuerzas comerciales cazando a un viejo zorro muy cansado que claramente se ha hartado de la persecución, en lugar del discurso razonado que se podría asociar con la palabra "debate" .

Presenta un panorama de las transmisiones en antena que parece una darwiniana jungla comercial. Un espacio en el que necesitas comprar un plato o una caja o una pizarra y seguir comprando nuevos productos cada dos años, y los proveedores competirán por tu dinero con cosas cada vez más brillantes, intentando romper en pedazos a todos los demás. Ese es el motivo por el que quieren que pienses en la BBC como si fuese competencia desleal. Quieren echarla abajo.

La BBC no compite. Al igual que la NHS, puede que no sea perfecta, pero está siendo pagada por el público con el fin de proporcionar un servicio a dicho público. No está compitiendo. Afortunadamente hay algunas cosas públicas que no tratan sobre las fuerzas del mercado y el mínimo común denominador: nuestra cadena más antigua y más importante es una de ellas. Compite con las retransmisiones comerciales del resto de la misma forma que una montaña compite con un camino: la montaña estaba allí primero, y si la carretera no quiere seguir la ruta a su alrededor, que se joda.

Cuando oigas a la gente hablando sobre las retransmisiones y los escuches hablando sobre la BBC, pregúntate sobre lo que están hablando en realidad, y pregúntate también sobre cuál es el discurso inherente, como lo harías con cualquier anuncio.