martes, 12 de enero de 2016

CONTRALUZ, ALGUNOS PENSAMIENTOS TARDÍOS SOBRE EL LIBRO DEL SIGLO, por Warren ellis

Reseña publicada por el autor en 2014 en su página web. Traducida por Frog2000.

CONTRALUZ [AGAINST THE DAY] de Thomas Pynchon es un libro que resulta casi imposible de acabar. En muchos sentidos rechaza la idea de finalizarlo. Tiene más de mil páginas, y cada escena tiene más o menos el tamaño de una novela corta. Es un libro en el que te puedes sumergir como si fuese una enciclopedia. Está ambientado entre 1893 y la Primera Guerra Mundial, y se editó en 2006. De ninguna forma está de actualidad. Pero yo estoy sentado escribiendo esto porque el libro trata sobre todo. Incluso podría ser la novela que mejor definiese el Siglo XXI.

Trata, como ocurre con la mayor parte del postmodernismo, sobre la colonización ejercida por el relevante negocio sociocultural del Siglo XX. Fue el primer movimiento lo suficientemente brillante y poderoso como para generar la tendencia de la novela mimética que quiere atar todos los cabos sueltos como si fuesen un chiste. Vivimos en un Siglo en el que el director de tecnología de la CIA puede anunciar con orgullo en una conferencia sobre seguridad que ahora ya podemos saber todo lo que ocurre en todas partes y en tiempo real, pero como hemos descubierto desde entonces, el hecho de ser capaces de grabarlo todo no es lo mismo que conocerlo y comprenderlo. Cada llamada telefónica que se realiza en Estados Unidos se queda grabada y almacenada durante treinta días, pero sólo la fracción más pequeña de las mismas será escuchada alguna vez por el Estado o por cualquier otra persona. En CONTRALUZ hay cientos de personajes operando. Incluso la poderosa acción en plan enjambre humano que supone la Wikipedia se estropeó al intentar afrontar la tarea de seguir las acciones que ocurren en cada capítulo. Al contar una historia sobre el desconectado Siglo XX, la vista omnisciente de Pynchon evoca el estruendo del XXI, un mundo en el que el número de personas a las que se puede observar y seguir sus vidas desarrolladas plenamente ha tenido que ser calculado por antropólogos. (Se llama el Número de Dunbar. Son ciento cincuenta personas.)

CONTRALUZ se pasea por los géneros como si fuese un programa de televisión de larga duración que ha entrado en fase de decadencia. (Y sin duda CONTRALUZ es un libro decadente.) Tiene secciones escritas con el mismo estilo de las aventuras sobre extraños jóvenes propias de la época, "Episodios" de científicos jóvenes desenvolviéndose a lo largo de escenarios de fantasía como si fuesen scouts dementes. Hay una historia de detectives de época en la que un investigador privado se come dosis seudo-tóxicas de dinamita para conseguir ser inmune a las explosiones. Hay un western con anarquistas, y una subtrama sobre extraños cristales que pueden dividir a una persona en dos. La duplicación es un tema importante en el libro, y a veces creo que Pynchon también nos está diciendo así sobre qué puede tratar el mismo: que aquella época también es esta época. A pesar de todos sus zepelines, los pasajes en Tierras Huecas y los psíquicos, no hay nada más extraño que el momento en el que estamos viviendo ahora mismo.

El mundo de CONTRALUZ se encuentra tan inundado de maravillas científicas como el nuestro. Incluso Nikola Tesla hace acto de presencia. Hacen aparición constantes oleadas de maravillas tecnológicas y míticas, al igual que ocurre en el nuestro: porque también vivimos en un mundo de mitos, mitos de otros universos que crean fríos agujeros en el cielo que chocan contra nosotros, como ocurre en las teorías de Laura Mersini-Houghton, y las maravillas tecnológicas ordinarias de satélites que nos hablan a través de las astillas de vidrio que llevamos en nuestros bolsillos y máquinas que imprimen nuevos órganos humanos.

Lo que intento decir es lo siguiente: este es un libro acerca de estar en el límite. Mucho más que CABARET, entre otras cosas porque CABARET ha sido definido por su época y ahora no es más que un estúpido receptáculo para la Weimar chic. CABARET va de no ver lo que ocurre cuando te encuentras en el límite. CONTRALUZ encara el limite como si fuese una tormenta que está aproximándose, la más grande de la Historia, una para la que nadie podía estar preparado. Es la historia sobre encontrarse en el ojo de ese huracán. En el Siglo XX hubo algunos pocos de esos ojos. En el Siglo XXI no habrá ninguno, es la Era de lo que la comunidad tecnológica se complace en llamar "la interrupción". Así es como vamos a vivir a partir de ahora... rodeados por el torbellino provocado por un extraño y terrible clima, sin saber nunca cuando el gran muro negro cambiará de dirección y chocará contra nosotros. CONTRALUZ seguirá siendo relevante, porque es la imagen donde se retrata cada minuto de cada día a partir de ahora. Cosas increíbles, cada tipo único de historia diferente que nos podamos imaginar, y la completa emoción que produce el estar constantemente al límite del burbujeante caos mortal.

CONTRALUZ es el espejo del mundo moderno. Es el libro que no querríamos acabarnos nunca.