viernes, 15 de enero de 2016

EL ARTE Y EL RUIDO DE WILL EISNER EN THE SPIRIT

Artículo realizado para el facebook de Gotham Central Comics. Félix Frog2000 (2015)

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El 2 de junio de 1940 aparecía por primera vez el cómic THE SPIRIT en Register and Tribune Syndicate.

Desde entonces Will Eisner, su creador, estuvo produciendo historias del personaje hasta bien entrados los ochenta, aunque nunca llegó a abandonarlo del todo hasta que el autor falleció en 2005. Incluso cuando dejó su creación en manos de otros, fue lo suficientemente competente (demostrando el cariño que le tenía) como para escoger a autores de primera fila. Por cierto, la fallida película del personaje dirigida por Frank Miller es posterior a su muerte. 

La saga del personaje se puede dividir en tres etapas claramente diferenciadas entre sí: la primera abarcaría desde sus inicios hasta 1945 y está recogida entre el primero y el onceavo número de la canónica edición de Los Archivos de The Spirit (aquí la está publicando Norma mientras que en EEUU la completó la editorial DC en 26 volúmenes.) Durante poco más de un lustro (1940-1945), Eisner siguió fogueándose en un medio en el que ya acarreaba años de experiencia como antiguo copropietario de la "shop" de "Eisner & Iger", donde además de aprender y enseñar el oficio, había dibujado kilos de páginas de historietas. Estos primeros años destacan porque fueron aquellos en los que el neoyorquino redescubrió las posibilidades del medio mientras colaboraba con otros autores que trabajaban como sus ayudantes mientras además ganaba algo de dinero. Recordemos que entre la marea de trabajadores de los cómics de aquellos años Eisner despuntaba, pero aún no se podía decir que fuese uno de sus irrefutables genios.

La segunda etapa de The Spirit, aquella en la que prescindió de ayudantes y manos externas (o por lo menos de la mayoría de ellas) y elevó el medio hasta las cotas de calidad por las que es tan merecidamente reconocido, es la que se encuentra recogida entre los volúmenes 12 y 25 de Los Archivos. La última, donde nos podemos deleitar con todo el material que el autor realizó después de los años cincuenta, se puede disfrutar en el último tomo, el 26. Incluso hay un veintisieteavo mamotreto que recopila "Las nuevas aventuras de The Spirit", con la participación de Alan Moore, John Ostrander o Tom Mandrake. The Spirit se ha relanzado varias veces tras el fallecimiento de su creador sin llegar a alcanzar el éxito, y no precisamente por la falta de talento de los nuevos autores que se han hecho con las riendas. Darwyn Cooke fue uno de los que no atinaron con su versión. La más reciente urdida por Matt Wagner, titulada "Will Eisner's The Spirit", respeta lo suficiente al personaje y las convicciones del género pulp como para que no nos sintamos defraudados tras su lectura, pero poco más. Difícil lo tienen todos los competidores del creador original, porque Will Eisner no solo sigue siendo uno de los artistas mayores del género, sino también uno de sus más importantes teóricos, alguien acostumbrado a investigar qué es y cómo funciona lo que funciona en el medio con el fin de ofrecer la vuelta de tuerca que cualquiera nos esperábamos que nadie podría dar ya.

Para muestra, un botón, o en este caso una de las historias que he elegido sin buscar mucho (todas son ejercicios de estilo) de entre su ingente producción de la segunda etapa del personaje. Repasemos "Ruido". Apareció por primera vez en 1950:

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1º PÁGINA. 

La historia se abre con una "splash page" donde no vemos figura humana alguna, ni siquiera un paisaje u objeto que podamos reconocer y que nos ofrezca una pista de dónde demonios nos encontramos. Pero lo que vemos tampoco nos aleja de lo que se nos va a contar ni la composición nos resulta menos atractiva. Incluso nos intriga por ver lo que ocurrirá a continuación. Las onomatopeyas sobre las que Will Eisner reflexiona en esta página son uno de los recursos básicos del cómic, y con ellas se expresa perfectamente el sonido ("Sound" era el título original de la historieta que aquí Norma tradujo como "Ruido"). El guión alude continuamente a que escuchemos lo que está pasando, a que oigamos lo que ocurre en la narración. A pie de página también podremos tanto ver como escuchar los pasos que da algún personaje, lo que nos obliga a dar la vuelta a la página cuanto antes para comprobar cómo sigue desarrollándose la historia. Por último, como los elementos pictográficos no se encuentran encartados por viñetas, la composición de la página llama mucho más la atención. Ah, y como suele ser habitual, el título de la serie, "The Spirit", forma parte integrante tanto de la narración como de la composición de página.

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2º PÁGINA 

Los sonidos siguen omnipresentes a lo largo de toda la historia. A Eisner le bastan ocho viñetas compuestas por planos medios y primeros planos (excepto la última, que anticipa cómo irá evolucionando la angustia del protagonista durante la siguiente página) para retratar a los protagonistas y sus personalidades. El guión es meta-ficcional, con una trama que da protagonismo y ambienta lo que ocurre utilizando a uno de los figurantes principales en la elaboración de un cómic, en este caso un dibujante. El propio autor de The Spirit aparece en la distancia, lo podemos “escuchar” a través del teléfono aunque no lo oigamos, respondiendo a los requerimientos de su colega de profesión. La quinta viñeta incluye uno de los trucos más socorridos del tebeo, con el teléfono sonando en primer plano, lo que nos empuja hacia el siguiente tramo de la historia (la conversación telefónica.) El estado psicológico de abatimiento final se ve refrendado por los persistentes y molestos sonidos producidos por la fuente de agua y la tormenta del exterior.

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3º PÁGINA 

Dibujar el agobio consecuencia de una situación insostenible es algo difícil que Will Eisner supera gracias a sus enfoques de "cámara" claustrofóbicos (el primer plano de la ante-última viñeta, la perspectiva isométrica de la tercera.) En ese soliloquio del dibujante podemos ver que el reputado autor de “Contrato con Dios” también se ríe disimuladamente de la habitual apetencia por lo escabroso que solemos tener los lectores de todas las épocas de la cultura moderna. Si nos fijamos, a lo largo de esta historieta aparecen todos los sentidos: vista, gusto (cuando el artista exige dos limones en su té con hielo), tacto (podemos “notar” cómo aplasta una mosca), oído (ubicuo a lo largo de toda la narración), olfato (en el sudor del protagonista, en el olor del puro.)

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4º PÁGINA

La" cámara" gira de forma obsesiva alrededor de nuestro aturullado personaje, la página lo "enfoca" como lo que es: el verdadero y único protagonista. La "lente" parece retorcerse, la composición de página es estupenda, equilibrada, construida con la habitual parrilla de 3x3, un atractivo ritmo que provoca que sigamos enganchados a la lectura. Un competente y exclusivo recurso del cómic que posteriormente sería utilizado por motivos similares a los de Eisner en la obra de los Hermanos Hernández o en la de Alan Moore. En las primeras cinco viñetas las sombras tienen más peso que en las últimas cinco, que se encuentran más "iluminadas". El dibujante se ve interrumpido constantemente por el ruido, el del teléfono, el de la calefacción. Ese “¿qué pasa aquí?” que se pregunta en la última viñeta, también nos lo preguntamos los lectores. Es algo que nos obliga a pasar de página deprisa y corriendo.

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5º PÁGINA 

Ahora Eisner compone la primera fila de la página a base de cuatro viñetas con la intención de ralentizar la acción. Todo lo que ocurre en la historia está encuadrado dentro de ellas, aunque en otras ocasiones, si ha hecho falta romperlas o prescindir de las viñetas (como ocurría en la "splash page" del inicio), no ha habido ningún problema en hacerlo. El dibujante que protagoniza "Ruido" sigue diezmado por el miedo y el ruido. De nuevo, la composición de página es perfecta, las cuatro primeras viñetas de la primera fila se sostienen sobre las tres de la segunda, que a su vez lo hacen sobre las dos de la última.

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6º PÁGINA 

¿Qué decir sobre este ejemplo de simetría entre lo que ocurre en la narración dibujada “ficticia” y la “real”? En ambas los protagonistas se ahogan. De nuevo aparece lo meta-ficcional. Las chispas alrededor de la cara que se puede ver en la ante-última viñeta señalan la sensación de agobio del protagonista. El plano general de la última está lleno de ruido molesto y perturbador que incrementa la agonía que sufre el dibujante. Las tres viñetas centrales son magistrales, sencillas y al grano, aceleran el ritmo de lo que está ocurriendo.

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7º PÁGINA 

La página final está repleta de información, pero en lugar de dar sensación de acumulación, como si estuviese mal almacenada, es inteligible y cada elemento dibujado tiene peso en la historia. En las primeras viñetas observamos cómo muere el dibujante mientras intenta coger el teléfono, objeto omnipresente a lo largo de toda la historia. Los timbrazos del mismo lo envuelven por completo. La viñeta central demuestra la confesión del asesino, tan importante para la trama que llena casi la mitad de la viñeta, mientras que el sempiterno golpeteo de las gotas que caen de la fuente de agua llenan gran parte del espacio de la izquierda de la viñeta. En el centro de la composición reposa el cadáver en atronador silencio.

Las dos últimas viñetas sirven para que el autor haga otro chiste más sobre su profesión y para que Spirit, el relegado protagonista de la historieta, aparezca de soslayo, uno de los rasgos habituales de una serie a la que no le hacía falta su obsesiva aparición para convertirse en el majestuoso e indispensable manual de cualquier historietista y en el catálogo de arte más sugerente para el degustador de cultura de cualquier pelaje.