miércoles, 2 de noviembre de 2011

CONVERSACIONES EN THE COMICS JOURNAL 300: HOWARD CHAYKIN & HO CHE ANDERSON 3 (de 3)

Conversaciones en The Comics Journal 300: Howard Chaykin & Ho Che Anderson 3 (de 3) Por Gary Groth, 2009. Traducido por Frog2000. Parte 1. Parte 2.

Anderson: Eso tiene mucho sentido. Te desafiaré una vez más (es mi último reto del día) con el tema de la calidad. Quiero decir, como ya sabes, creo que eres un gran artista de cómic, y siempre he tenido mucho respeto por tus cosas, por tus portadas para comic book, etc. Pero, por ejemplo, hablemos un poco sobre tu trabajo como ilustrador.

Chaykin: Nunca he sido muy bueno.

Anderson: No, no, no, eso no es cierto. No lo es en absoluto.

Chaykin: En realidad nunca he logrado nada en ese campo.

Anderson: Eso es otra bobada.

Chaykin: Muy bien.

Anderson: No me lo creo. Pero te diré algo, y puede que estés de acuerdo conmigo o no (casi es como volver a la charla sobre Black Kiss.) Siempre me han gustado mucho tus portadas pintadas, como las que hiciste para Time2, Blackhawk y algunas otras. Es un material precioso. Pero me he dado cuenta de que un montón de tus cómics de finales de los setenta o principios de los ochenta…

Chaykin: ...de principios de los ochenta.

Anderson: Casi parece como si otro artista hubiese dibujado ese material. Era como si hubieses encontrado cosas que provenían directamente de los treinta y los cuarenta. Por alguna razón pensaba que tenían más nivel.

Chaykin: ¿En serio?

Anderson: ¿Hay algo de cierto en todo esto o tan sólo estoy meando fuera de tiesto?

Chaykin: No sé, nunca he pensado que yo fuese demasiado bueno. Siempre he creído que era capaz de hacer un buen material porque poseía una buena sonrisa y unos zapatos brillantes. Si pienso de nuevo en ello, creo que sencillamente estaba haciendo mi trabajo. En realidad no lo tengo en mucha consideración. Pero te lo agradezco. Sé que no estás intentado ponerme en entredicho, sino que es un halago.

Anderson: Es raro, porque tus cómics parecen provenir de un lugar muy personal, por lo que de alguna forma respeto más ese tipo de material. Pero si hablamos en términos de pura habilidad, de alguna forma me hace preguntarme si el cheque que te pagaban por tus portadas no habrá sido más grueso. Y si era así, puede que te esforzases un poco más. No sé si ese es el motivo por el que se aprecian diferencias entre un trabajo y otro.
Chaykin: No, en absoluto. Terminé convirtiéndome en un artista de “paperbacks” después de una gran bronca a gritos con el que entonces era el editor de Marvel Comics, porque me reprochó mi conducta. Y por eso no nos llevamos bien. Yo nunca había sido uno de sus “muchachos”, y no le gustaba nada mi actitud, así que tomó cierta decisión sobre una de mis portadas.

Y la decisión que tomó fue la de corregir un elemento de la portada que yo no creía que fuese necesario, pero que él hizo de todos modos. E hizo que el artista que llevó a cabo la corrección la hiciese directamente sobre el original en lugar de hacerlo sobre una plantilla, que habría sido lo más educado. De ahí la discusión. Y esa discusión fue lo que me empujó a largarme del medio de los cómics por un tiempo y convertirme en un artista de portadas para “libros de bolsillo”.


La verdad es que tampoco hice mucho dinero. Ganaba más con los cómics que como autor de portadas para libros de bolsillo. Pero fue un trabajo gratificante. Realmente lo fue. Hice cosas retorcidas y extrañas para lo que es normal en ese sector (y eso que el universo de los libros de bolsillo es muy conservador). Y se hizo aún más conservador durante la administración Reagan, pero al final la editorial que me había contratado terminó quebrando. Te estoy muy agradecido por los halagos. Eres muy amable. Pero no estoy de acuerdo del todo con lo que dices, aunque...

¿Por dónde íbamos, a qué personaje tenemos que asesinar ahora?

Anderson: Me preguntaba si ese editor del que hablas es Jim Shooter.

Chaykin: Sí, de nuevo, nunca nos hemos llevado muy bien. Él hacía las cosas a su manera y yo a la mía. Él era como era.

Anderson: A lo largo de los años he oído muchas historias sobre Jim.

Chaykin: Es un tipo complejo.

Anderson: Sí, lo entiendo. ¿Alguna vez has echado de menos trabajar con Ken Bruzenak?

Chaykin: Muchísimo.

Anderson: ¿Y qué ocurrió para que no volvieses a hacerlo?

Chaykin: La labor de rotulado ha sido asumida por los trabajadores internos de cada editorial, y él se ha quedado fuera de ese circuito. Se quedó alienado de un par de formas en un par de lugares. Hace tiempo estuvimos trabajando juntos en una obra para Disney Italia que al final también se va a editar en Estados Unidos.

Anderson: Claro, me muero por verla, ¿No será Century West?

Chaykin: Sip.

Anderson: Perfecto.
Chaykin: Su trabajo era fenomenal. Junto con el dibujo e
nvió las fuentes de letra que había ideado, así que en cada lengua que se ha publicado, el rotulado está hecho por el propio Ken Bruzenak. Me parece asombroso. Ken y yo somos gemelos de madres diferentes. Juntos hacíamos un equipo magnífico. Hace un mes estuve hablando con un cliente sobre un proyecto masivo que al final ha terminado colapsándose bajo su propio peso. Quería alquilar los servicios de Ken para la rotulación, el tipo de letra y la dirección artística. Cuando le eché un vistazo al coste me di cuenta de que nunca íbamos a poder hacerlo. Menos mal que todavía no había llamado a Ken para embarcarlo en el proyecto, eso me ha dejado muy aliviado, porque luego lo habría dejado tirado. Hubiera sido muy cruel.

Anderson: ¿En qué trabaja ahora?

Chaykin: Está viviendo en Savannah, Georgia. Su esposa es profesora en el Savannah College of Art and Design, y él trabaja de forma independiente como director de arte para revistas locales.

Anderson: A principios de su carrera fue ayudante de Steranko, ¿no es cierto?
Chaykin: Claro. Trabajó con Jim al mismo tiempo que yo lo estaba haciendo con Neal Adams. Nos conocimos cuando apenas éramos adultos y nos detestamos en cuanto nos vimos. Pero por alguna razón, cuando se vino a buscar trabajo seis meses antes del lanzamiento de Flagg!, lo llamé y le dije: “¿Te interesaría colaborar en mi serie?”

Algunas de sus cosas me parecían realmente interesantes, y también gran parte del material que había hecho con Jim. Algunas páginas de Atmósfera Cero y otras. Y entonces empezó a despegar en la industria. Pero ahora se ha quedado en el más completo anonimato. Nunca le han dado el crédito que se merece, y eso que fue él quien ideó toda una forma completamente diferente de rotular que desde entonces ha  sido copiada por todo el mundo.

Anderson: Estás en lo cierto.

Chaykin: Se lo ha inventado todo y nadie lo recuerda.

Anderson: Bueno, no sé... una vez, conversando con Lester Young, la gente empezó a piropear todo el rato a Ken Bruzenak.

Chaykin: Hay un montón de gente a la que nunca se ha tenido en cuenta. Acabo de unirme a un grupo de facebook que se llama “Al Boasberg Appreciation Society.” Es un nombre que debería sonarte, pero probablemente no lo va a hacer. Fue el escritor de un sketch de los treinta muy famoso. Ideó aquella secuencia del camarote de “Una noche en la Opera”. Creó la franquicia que finalmente terminaría convirtiéndose en el programa de radio de George Burns y Gracie Allen. Se inventó al Cobarde Lothario interpretado por Bob Hope. Escribió algunos gags para el show de Jack Benny. Y ahora está en el olvido, porque jamás lo han acreditado como guionista. Y eso que en realidad fue él el responsable de la moderna comedia de situación.

Anderson: Para mí tu época dorada han sido los ochenta. Me encanta lo que hiciste durante los noventa, y también me gustan tus cosas actuales, pero las de los ochenta eran fantásticas. Me encantan todas tus colaboraciones con Steve Oliff.

Chaykin: Adoro a Steve. Siempre suelo reunirme con él en las convenciones. Cuando se vino al Este estuvo viviendo en casa de mi madre, así que Steve y yo nos conocemos desde hace bastante tiempo. Steve es otro tío al que nunca se le ha apoyado todo lo que se merece por todo lo que ha aportado al negocio de los cómics.

Anderson: ¿Crees que alguna vez os volveréis a juntar?

Chaykin: No es probable.

Anderson: ¿Por qué no?
Chaykin: No creo que lo hagamos. La vida sigue adelante.

Anderson: Es una pena. Siempre he tenido la esperanza de veros reunidos a los tres, pero supongo que nunca lo veremos...

Chaykin: Con Bruzenak es bastante probable. Si en algún momento se me pasa por la cabeza auto-editar algo, Bruzenak va a ser el primero en el que piense.

Anderson: Vale, eso me interesa mucho. ¿Qué es eso de "auto-editar" algo?

Chaykin: En cuanto me quede sin trabajo, empezaré a producir material propio para publicarlo y distribuirlo a través de un sello. Si lo hago, me gustaría contratar a Bruzenak en el acto. Ken sabe bien lo que se hace y es el mejor de todos. Sencillamente no hay nadie mejor en el negocio. Y punto.

Anderson: Me interesa saber lo que piensas sobre otros dos de tus colaboradores: el primero es Lou Stathis, con el que yo mismo he trabajado y que me parece un tipo magnífico.

Chaykin: Me acaban de entrar ganas de llorar. Te lo digo en serio. Me he emocionado.

Anderson: Te diré algo, tío. Siempre he pensado que Lou Stathis era una especie de mentor para mí.

Chaykin: Uno de los mejores hombres que he conocido en mi vida.

Anderson: Claro, era un gran tipo. Era muy duro, y para que yo aprendiese me jodió todo lo que pudo, pero gracias a eso he terminado respetándolo mucho más.

Chaykin: También era uno de los hombres más sentimentales y llorones que he conocido en toda mi vida.

Anderson: ¿Sentimental? ¿Lou?

Chaykin: Una vez me senté junto a él y empezamos a llorar juntos.

Anderson: ¡Guau!

Chaykin: Le echo mucho de menos. A Lou y también a la señora Gil.

Anderson: Guau, nunca llegó a enseñarme su lado tierno.
Chaykin: Una vez nos describió a mí y a mi segunda esposa como la gente más oscura y sombría que había conocido en toda su vida. Y eso, viniendo de Lou Stathis, era un esmerado cumplido. Y encima estaba en lo cierto.

Anderson: No me enteré de su muerte hasta dos años después de que ocurriese. Estaba hablando con Shelly Bond y me lo comentó. Fue todo un shock. Una puta mierda.

Chaykin: Sí, falleció demasiado joven. Era el Griego más Judío que había conocido en toda mi vida.

Anderson: Conocía su lado griego, pero no sabía que era judío.

Chaykin: Socialmente era Judío, pero biológicamente era Griego, o genealógicamente Griego. Pero tenía una especie de sensibilidad Judía, era increíble.

Anderson: Me contó que durante un tiempo estuvo sopesando trasladarse a Toronto, pero al final se dijo: “que lo jodan”.
Chaykin: Bueno, podía aparecer en cualquier momento. A mí me lo presentó Julie Simmons-Lynch. Yo era el miembro masculino de la fiesta de boda de Julie. Y Lou y yo estábamos tan mamados como se podía estar a finales de los setenta. Durante años estuve al tanto de su vida y de lo que hacía. ¿Conoces a Axel Alonso (el editor de Vertigo que ahora se está encargando de la línea de los X-Men de la Marvel)? Lou fue el tutor de Axel. Cuando voy a alguna reunión con Axel y empezamos a charlar, al menos una o dos veces al año, solemos recordar a Lou y nos ponemos a sollozar. Era un tipo increíble. Las chicas lo amaban.

Anderson: ¿A Lou?

Chaykin: Oh Dios, pues claro. Tenía ese toque “hipster” y bohemio que hace que las chicas te adoren. Y luego, cuando lo conocías de verdad, Lou solía hacer maravillosamente de sí mismo. Cuando conocí a Lou creo que ya estaba casado, así que nunca nos fuimos de ligue.

Anderson: También me interesa saber lo que piensas sobre Bill Marks.

Chaykin: No he visto a Bill desde hace mucho tiempo. Lo conocí cuando yo era tan joven como Gary [Groth], era la época en la que también lo conocí a él [a Groth]. Era un adolescente que solía revolotear alrededor de mi segunda esposa. Me refiero a que podría haber cogido a Bill del cuello y lo podría haber estampado en el suelo de la habitación. Era muy divertido trabajar con él. A Bill le encantaba comer. Mis recuerdos asociados a Bill incluyen sentarnos y ponernos a comer como cerdos.

Anderson: ¿Dónde lo conociste, en Canadá o en Estados Unidos?

Chaykin: Lo conocí en San Diego. ¿Lo has visto últimamente?

Anderson: No lo he visto desde hace diez o quince años, pero por mí está bien.

Chaykin: ¿No os llevábais bien?

Anderson: No, no fue precisamente una experiencia placentera.

Chaykin: Básicamente, si querías conseguir algo de él tenías que pasarlo por encima.

Anderson: Claro, bueno, estaba un poco lleno de mierda.
Chaykin: La última vez que vi a Bill fue a finales de los noventa en Toronto. Me gustaría verlo de nuevo, o que alguien me diga qué tal le va todo, pero nadie me ha dicho nada.

Anderson: Al principio mi relación con Bill marchaba bien, pero luego empezó a no funcionar.

Chaykin: Suena como el tipo de relación que se suele tener con Bill.

Anderson: Te voy a hacer una especie de pregunta incierta, no sé si querrás responderme, pero si nos fijamos en cómo han ido cambiando los cómics desde los ochenta hasta ahora, y el tipo de influencia que has ejercido sobre el medio, ¿hacia donde crees que se están 
dirigiendo?

Chaykin: No tengo ni idea. Hace diez años di una discurso en una reunión que se centraba en las leyes de propiedad internacional. Yo creía que los cómics iban a terminar desapareciendo.

Anderson: Te lo he oído decir muchas veces.

Chaykin: Me parece que ahora los cómics existen casi exclusivamente como una fuente de material adicional para el cine. Acabo de cumplir cincuenta y ocho, y siempre he asumido que el Imperio se va a derrumbar dos años después de mi muerte. La verdad es que no tengo la intención de vivir en una nueva versión mejorada de la Gran Depresión de la que tanto se quejaron mis padres. Lo que quiero de la vida es comodidad y privacidad, y ahora estoy bien surtido de ambas. Tengo suerte de tener la vida que tengo. No tengo ni idea de hacia dónde van a evolucionar los cómics. Sólo espero estar en la parte delantera de esa carrera. A pesar de lo que se pueda pensar, me encanta hacer cómics. Me gusta el proceso que conllevan. Ahora mismo tengo encima de la mesa varias composiciones para portadas. Tengo las pruebas para el próximo número de Fortune, justo al lado de “22 Panels That Always Work”, de Wallace Wood.

Me encanta el proceso técnico de los cómics, pero no tengo ni idea de hacia dónde se dirigen. Me impresiona el nivel de excelencia técnica en la reproducción que se ha conseguido hoy en día, porque cuando empecé, los cómics parecían una mierda grasienta. El único material que se podía reproducir bastante bien era el que estaba hecho en blanco y negro. Y ahora el material en color tiene una pinta jodidamente enriquecida e impresionante. Me encanta.

Anderson: ¿Así que ya no eres tan fatalista como para creer que el medio vaya a desaparecer?

Chaykin: Bueno, es perfectamente posible. Mi esposa me comentó hace un tiempo la extraña idea de que el negocio del entretenimiento estaba en plena recesión. Y yo me carcajeé. Y claro que se encuentra en problemas y está atravesando dificultades. Quiero decir, parece como si tú creyeras que yo puedo tener trabajo siempre que me apetezca. Una de las razones por las que me he bajado en Nueva York después de la Wizard Con es para ponerme en contacto con varios clientes diferentes y decirles: “Hola, estoy aquí. Por favor, denme de comer.”

Anderson: Te lo he comentado porque no pasan demasiados meses sin que se escuche el rumor de que estás trabajando en una nueva serie.

Chaykin: Que tus palabras lleguen a los oídos de Dios. Lo que ofrezco es consistencia y responsabilidad. Muchos de mis colegas son tíos que continúan siendo unos aficionados. Yo no lo soy. Hemos hecho de nuestro hobby nuestra forma de vida, pero también creo que soy un profesional asalariado. Una vez, alguien describió a Jerry Mulligan como un asalariado de primera. Era capaz de tocar en grupos de música tradicional, grupos be-bop, bandas de swing, bandas de fusión. Hasta cierto punto, creo que yo ofrezco algo parecido, pero en el campo de los cómics.

No soy el mejor artista de cómic bélico del mundo, no soy el mejor haciendo ciencia ficción, pero soy capaz de hacer de todo, porque encaro cada género que se me pide con la misma lógica narrativa y con la misma atención al detalle. No hago el capullo ni remoloneo en el trabajo.
Anderson: Me encanta tu número de Solo. Me quedé fascinado con la historia titulada “Bad Blood.” Me parece una de las mejores de todas las que has hecho. ¿Me puedes contar algo más sobre ella?

Chaykin: Sé que molestó a mucha gente.

Anderson: ¿En serio?

Chaykin: Claro, en realidad está basada en una anécdota que escuché hace unos veinte años. No era sobre un blanco supremacista, sino que en realidad trataba sobre un chico de clase media de Orange County que estuvo sin desvelarle a su esposa que era judío y lo mantuvo en secreto durante un montón de años, pero cuando ella se enteró se volvió loca y asesinó a sus hijos.

Anderson: Wow. Joder. Creía que solo era ficción.

Chaykin: Por lo que sé, la anécdota también puede ser una leyenda urbana. Aunque me la contó una fuente bastante fiable.

Anderson: ¿Tenías pensada hacer la historia desde entonces?
Chaykin: Es una historia de hace veinte años. La arrogancia que provoca la vergüenza puede ser muy profunda. La capacidad humana para dignificar la vergüenza como un estado moral superior también es bastante profunda. Tan sólo es una anécdota genial y me parecía que funcionaba perfectamente como historia. Me lo pasé muy bien haciendo mi número de Solo. Era como un pastiche privado de la EC. Hice una historia bélica, una película del Oeste, una de ciencia-ficción, una historia de shock histérico-liberal y una pieza de humor que demuestra mi incapacidad para hacer historias de terror. Sigo afirmando que soy incapaz de hacer ese tipo de historias, lo que hago tiende a ser demasiado bonito como para encajar en ese género.

Anderson: Otra de las cosas que siempre me ha gustado de tu trabajo es que sueles incluir elementos étnicos. Parece que por alguna razón muchos cómics tienden a ser deliberadamente anodinos. Sin embargo siempre has usado tu Judaísmo como una insignia honorífica.

Chaykin: Supongo que eso también habrá ayudado un poco a mantenerme fuera del podio. Cuando estaba haciendo Flagg! solía llegarme mucho correo de odio porque en la serie mantenía un elenco mixto de secundarios étnicos. Soy un gran seguidor de la semiótica y de la cultura popular y tengo claro que la razón de que Milton Berle y Sid Caesar se fuesen a pique en los años cincuenta fue porque la televisión empezó a ser un fenómeno nacional de una costa a otra y el pueblo americano que vivía entre ambas no entendían ni una palabra de lo que les estaban contando en pantalla.


En el nuevo número del New York Review of Books hay un artículo en el que Geoffrey O’Brien revisa DVD´s que reeditan las películas de Hollywood anteriores al Code. Habla un poco sobre cómo era la audiencia del Medio Oeste, del momento en que empezaron a ver todas esas primeras películas sonoras repletas de prostitución, esclavitud y crimen y el resto de cosas que tenían como base diálogos afilados lanzados directamente en su cara. De forma parecida, me parece que mi actitud tampoco me ha ayudado mucho a triunfar.

Anderson: Resulta muy fácil que en nuestra sociedad (excepto los WASPs) nos veamos afectados por el auto-desprecio. ¿También tú lo has sufrido?
Chaykin: Bueno, estuve auto-despreciándome un montón de años, y otro montón más teniendo que imaginar quién era, qué quería, quién pensaba que era yo. Y definitivamente he dejado atrás todo eso. Lo primero que me ayudó a dejarlo fue cuando descubrí las drogas. En cuanto empecé a entusiasmarme con las drogas y la bebida en mi tiempo de ocio, muchos de los sentimientos que padecía empezaron a esfumarse, porque podía hacer lo que me diera la gana. Me hicieron poderoso.

Pero cuando me limpié y me convertí en una persona sobria, tuve que volver a aprender muchas actitudes que había olvidado. Crecí entre Brooklyn, Queens y Manhattan, que son lugares con un verdadero trasfondo étnico. Crecí en un edificio en el que la mayoría eran personas de color, oriundos de Puerto Rico, Italianos y Judíos. Sí, era ese tipo de barrio.

Cada seis meses, los papás de toda la manzana (puertorriqueños, italianos, de color, chicos judíos) se reunían, juntaban dinero, alquilaban un proyector Bell & Howell y proyectaban carretes de película durante cuatro horas un sábado por la noche.

Puede que apelotonasen a todos los niños del bloque en uno de los dormitorios de uno de los apartamentos (otro de los apartamentos había sido convertido en una sala de cine) y las mujeres se sentaban en la cocina, fumaban y realmente ponían a parir a sus putos maridos. Esa era la situación que yo vivía de niño en un barrio pobre del Nueva York de los cincuenta.

Anderson: ¿Los negros y los italianos se sentaban juntos?

Chaykin: Una de las cosas que creo que vosotros, los tíos de Toronto y Canada, no pilláis, son las obsesivas relaciones sexuales que existen entre los negros e italianos de la ciudad de Nueva York.

Anderson: Cuéntame más, por favor.
Chaykin: En paralelo al racismo descarnado, se pueden ver una especie de dinámicas sexuales (y mucho más extensas de lo que parece). Hay chicas italianas que se acuestan con chicos negros, hay chicas negras que se acuestan con chicos italianos. Existe una enorme y secreta obsesión. La hermana de mi madre se casó con un siciliano. Los niños fueron criados como judíos y católicos italianos, todo a la vez, por lo que al final se han quedado completamente jodidos.

Uno de mis primos, que es seis años mayor que yo, es un racista cuyos cantantes favoritos son Clyde McPhatter y Ben E. King. Su hermano mayor, que estuvo en la Marina, se pasó diez años haciéndose pasar por negro con el nombre de Bobby Hollywood.

Anderson: Nunca había escuchado hablar de alguien que se hiciese pasar por negro.

Chaykin: Bueno, Johnny Otis también lo hizo.

Anderson: Es acojonante.

Chaykin: Quién, ¿Johnny Otis?

Anderson: No, tan sólo que alguien pueda llegar a hacer ese tipo de cosas en este mundo.

Chaykin: Johnny Otis era un chico griego de California. Era el tembloroso padre de Otis. Johnny se hizo pasar por negro. Mi primo Bobby se casó con tres mujeres negras, una detrás de otra. Estuvo viviendo en Harlem trabajando como pintor de señales, y después de que su tercer matrimonio fracasara, acabó viviendo en el Sur de California. Engordó hasta pesar ciento cincuenta kilos y se casó con una redneck basura blanca. Ahora vive en Bakersfield.

¿Qué coño quiero decir con todo esto? Pues que me parece que ese tipo de relaciones son tan profundas como complejas. Es cualitativamente similar (a nivel sexual y romántico) a las relaciones sexuales y sociales entre Judíos y Negros que se dieron en el Nueva York de los cuarenta y cincuenta.

Anderson: Deberías hacer un comic book con todo esto, aunque tengo la sensación de que ya lo tienes pensado.

Chaykin: Es un tema que siempre me ha corroído. Me atrae mucho, aunque solo sea desde un aspecto visual.

Anderson: Otro comic book que he oído que ibas a hacer a lo largo de todos estos años, era un drama romántico que transcurría en la Segunda Guerra Mundial. ¿Lograremos verlo en algún momento?

Chaykin: No. La pieza “Abril en Paris” de Solo fue la versión corta de esa historia. En Europa vivían un montón de músicos negros en los treinta que se fueron a los Estados Unidos justo antes de que comenzase la Segunda Guerra Mundial. Coleman Hawkins volvió a Nueva York en 1939. Grabó “Body and Soul” después de ofrecer una actuación en el Kelly Stables y de que todo empezase a cambiar. Pero yo suelo fantasear sobre la historia de un tío que se despierta en París en pleno agosto, justo cuando los Nazis ya lo han ocupado. A estos chicos no les interesaba la política, no la prestaban ninguna atención.

Y ahora, ¿en qué andas trabajando tú, Ho?
Anderson: Ahora mismo estoy intentando hacer una película. Acabo de terminar el rodaje de un cortometraje en el que llevo trabajando desde hace tiempo. Sospecho que actualmente mi carrera en el comic book se encuentra en suspenso. Así que ahora mismo estoy buscando trabajo.

Chaykin: ¿En serio? ¿Cuántos años tienes?

Anderson: 39.

Chaykin: Oh, pero si eres un bebé.

Anderson: Bueno, pienso en mí más como en un historietista fallido que como un verdadero autor de cómics, así que creo que toca moverse, creo que ya te lo he comentado antes.

Chaykin: Cuando me fui de la televisión me dije lo mismo. Sentía que mi carrera en televisión había sido un paréntesis de catorce años, y estoy contento de no haber quemado todos los puentes y tener un lugar atractivo donde poder volver para trabajar y utilizar mis habilidades. Pero no sé cuánto tiempo va a continuar esta situación, porque la economía está colapsándose. Vivimos una época preocupante.

Anderson: Yo creo que seguirás bien, Howard.

Chaykin: De nuevo, que las orejas de Dios oigan lo que sale de tus labios, colega. Tienes la misma fe en mí que mi esposa. Soy un tío que para el público tiene una especie de aura sospechosa, aunque es cierto que los profesionales me tienen en alta estima.

Anderson: Eres una especie de artista de artistas.

Chaykin: Independientemente de lo que piense el público, soy un caballo de batalla, un hombre responsable y un profesional que hace lo que dice que va a hacer. No existe separación entre el trabajo que hago y lo que digo acerca del mismo. Camino por mi camino y hablo de lo que sé hablar.

Anderson: Creo que ahora estás deslumbrando a todo el mundo de nuevo.
Chaykin: Eso es porque estoy en el baño. La porcelana del W.C. es deslumbrante, ¿no crees?

Soy un trabajador profesional y sé que me tienen cierta estima. El problema es que el público actual es minoritario y para ellos no soy una figura muy querida en este medio.

¿Y tú? ¿Estás convencido de haber terminado con los cómics, al menos por el momento?

Anderson: Bueno, nunca digas “nunca”. Mi amor por este medio no ha disminuido, pero al mismo tiempo siento como si hubiese empezado una nueva aventura y me lo estoy pasando francamente bien. Mientras estaba rodando, he vivido una época maravillosa, y de alguna forma quiero centrarme en esto y poder formar parte de ello. Si lo logro o no, ya veremos. Quiero decir, me gustaría continuar trabajando y haciendo pequeñas películas (espero alcanzar cierto nivel con el tiempo) pero también quiero seguir haciendo cómics, aunque no sé qué va a pasar.

Chaykin: Yo no tengo ningún interés en volver al mundo del espectáculo.


Anderson: Bueno, ya lo has vivido durante un tiempo. Verás, has disfrutado de una carrera estable en ambos campos. Yo todavía estoy intentando establecer una como dibujante.

Chaykin: Eres un tipo con credenciales, simplemente todavía no has producido el material suficiente como para difundir tus credenciales por todo el mundo, eso es todo.

Anderson: Claro, bueno, ya sabes, es algo que no se puede ver en las obras que he hecho hasta ahora. No hay ninguna editorial de cómic que esté dispuesta a darme una oportunidad. No sé si seré tan versátil como tú, Howard, sospecho que no, pero me parece que soy bastante bueno en el tipo de material que hago. Si me dan un trabajo, quiero hacer ese trabajo lo mejor que me permitan mis capacidades y creo que he tenido la oportunidad de hacer una cantidad variada de material a lo largo de todos estos años, tanto como guionista, como dibujante, periodista y algunas otras cosas más.

4 comentarios:

WOLFVILLE dijo...

Excelente material, como siempre. Me han dado enormes ganas de conseguir el resto de la obra de Chaykin del que conozco "Black Kiss" y algo de su material de mallas. Creo que "American Flagg" se reeditará en breve, asi que palante.

Un saludo.

Agu Ariza dijo...

Entrevista brutal! Una vez leída completa, vuelvo sobre lo mismo: honestidad. Muy interesante como trabaja aunque no me quede del todo claro.

Agu Ariza dijo...

tras leer esta super entrevista, he tenido un día-Chaykin y me he encontrado un documental-entrevista en la red. Es un complemento idea. Hay otro de Moore que no va y otro más de Moebius en el mismo enlace. http://www.taringa.net/posts/comics/2977655/Tres-grandes-del-comic-_Moebius_Chaykin_-Moore_.html

frog2000 dijo...

Gracias!! lo del método de trabajo tampoco lo entendí muy bien. Supongo que estén Chaykin y su ayudante en el mismo estudio y se vayan pasando las páginas a toda leche según van completando su respectivo trabajo (??)

Y en breve Norma edita el American Flagg!, más Chaykin para las baldas... ¡Saludos!