martes, 24 de mayo de 2016

LOST IN TRANSLATION: "¡HEY, CHICOS! ¡GEKIGA!" PARTE 1 DE 8, por Bill Randall.

Artículo aparecido en The Comics Journal nº 244 y 245 (2002). Traducido por Frog2000.

Japón no posee una clase baja como tal. De hecho, más del noventa por ciento de sus ciudadanos afirman en los sondeos pertenecer a la clase media. Así que continúan creyendo en esa especie de mito, a pesar del hecho de que la contínua recesión ha ampliado drásticamente la brecha entre los que tienen y los que no. Como país perteneciente al primer mundo, Japón se apoya en las clases más bajas para mantener sus infraestructuras urbanas. Al igual que ocurre en los Estados Unidos, muchos de los trabajos a pie de calle van a parar a manos de los inmigrantes sin papeles. Más aún, hay cierto número de minorías que habitualmente son objeto de discriminación, como los coreanos y los burakamin, la casta social representada por el famoso escritor Kenji Nakagami. Oficialmente estas clases sociales extremadamente paupérrimas son ignoradas y relegadas a los márgenes, pero siguen estando presentes. Afortunadamente no carecen de voces que se hagan eco de ellas, incluso aunque a menudo sean también ignoradas. En el mundo del cómic, la voz de estas clases es el gekiga. 

El género del gekiga comenzó oficialmente en 1957, cuando el dibujante oriundo de Osaka, Yoshihiro Tatsumi, acuñó el término. Aunque aún era un quinceañero, sus ambiciones eran tremendamente elevadas: quería diferenciar su obra de las historias de manga influenciadas por Disney que habían aparecido antes, y por eso se esperaba que el "gekiga" podía ser el estandarte de un cómic serio y orientado a los adultos que atrajese a nuevos lectores, no demasiado diferente de aquel "commix" de Art Spiegelman, aunque le faltase tanto el juego de palabras teórico como la actitud cool auto-consciente del autor de Maus. 

En 1959, Tatsumi y otros seis artistas comenzaron a trabajar en colaboración y formaron el grupo Gekiga Kobo. Su dibujo era más detallado, las hitorias no evitaban los elementos que se percibían como tabúes y sus tomos podían ser encontrados en las librerías de alquiler kashihonya, de las que habían florecido unas 30.000 a lo largo de todo el país. Entrabas, te pillabas un cómic, lo alquilabas por muy poco dinero y podías así disfrutar de una buena historia sobre peleas entre yakuzas, sin niños valientes ni nada por el estilo de por medio.

"Gekiga" significa literalmente "dibujos dramáticos", mientras que "manga" alude a los dibujos "irresponsables" o "sin un propósito concreto". El primer carácter del término, "geki", tiene connotaciones básicas relacionadas con el mundo del teatro, aunque también puede significar "intenso". Además, el nombre se refiere a historias gráficas de un nivel de seriedad próximo a lo teatral, en contraposición a las historias narrativas populares que se desarrollaron habitualmente en los parques en representaciones con dibujos denominados kamishibai. Como la mayoría de las categorías del cómic japonés, "gekiga" se puede usar tanto de forma específica como imprecisa, aludiendo tanto a "cualquier cómic serio y realista" como a "un cómic publicado para el mercado de librerías de alquiler de los cincuenta y sesenta." Otro ejemplo de la poca exactitud de estas categorías se puede encontrar en la a menudo borrosa distinción que se hace entre los cómics para chicos y los que específicamente se crean para chicas. Por lo general el shojo (cómics para chicas) está dibujado por mujeres. Sin embargo fue un hombre (el omnipresente Osamu Tezuka) quien dibujó el primer ejemplo del género. Además, aunque Rumiko Takahashi es una mujer, sus comedias románticas son técnicamente cómics para chicos, ya que aparecen serializadas en revistas shonen. Además, aunque se podría argumentar que cualquier cómic que no pertenezca al mainstream podría ser gekiga, me gustaría centrarme específicamente en la línea de cómics que surgió para abordar directamente el malestar económico y espiritual presentes después de la guerra. 

Por otro lado, el gekiga difiere considerablemente de los "cómics con historia" de los que Tezuka fue pionero. Concretamente, dicho autor empezó su carrera como un artista del mercado del entretenimiento. Quería crear obras de fantasía que estuviesen realizadas de una forma brillante para un país que necesitaba desesperadamente una forma de escape. Al hacerlo revolucionó el medio con sus métodos narrativos "cinemáticos", dividiendo las acciones en múltiples pequeñas partes y difundiéndolas libremente una viñeta tras otra a través de unos cómics que se extendían desde los pocos cientos de páginas hasta las miles de ellas.

(Continuará)