viernes, 3 de junio de 2016

LOST IN TRANSLATION: "¡HEY, CHICOS! ¡GEKIGA!" PARTE 5 DE 8, por Bill Randall.

Artículo aparecido en The Comics Journal nº 244 y 245 (2002). Traducido por Frog2000. Parte 1parte 2parte 3, parte 4.

Tal y como he dejado apuntado en la anterior entrega, el gekiga es una disensión del cómic japonés de vital importancia. En esta ocasión examinaré a un par de artistas que han hecho suyos elementos básicos del gekiga, retorciéndoles para conseguir sus propósitos. Los dos poseen una visión única sobre Japón y comparten cierto número de preocupaciones y temáticas. El primero ya debería ser conocido por la mayoría de los lectores.

Yoshiharu Tsuge

Nacido en Tokio en 1937, Tsuge fue merecedor de una excelente entrada en Dreamland Japan de Frederick Schodt. Será suficiente con comentar que es un talento de primera más o menos contemporáneo de Osamu Tezuka, aunque con un punto de vista sobre el mundo completamente diferente. Tsuge empezó creando historias para el mercado de alquiler de manga durante sus primeros pasos y durante esa temprana época la depresión y la frustración recurrentes comenzaron a hacerle mella. Incluso llegó a vender su propia sangre para poder hacer frente a las crecientes deudas que acarreaba. En algún momento estuvo trabajando como asistente del seminal artista de terror Shigeru Mizuki, y finalmente encontró su propio espacio en las páginas de GARO. Allí desarrollaría una carrera que se convertiría en una de culto, empezando por su trabajo de 1968 titulado "Screw-Style", y terminaría convirtiéndose en uno de los gigantes más reconocidos del cómic japonés. Sin embargo, su producción es relativamente pequeña si se la compara con otros portentos de la historia del manga. Desde su debut "Hannin wa dare da!" (¿Quién es el criminal?) hasta su última obra "Betsuri" (Despedida) en septiembre de 1987, fue el creador de 150 historias cortas, la mayoría de ellas durante los cincuenta y los sesenta. Aunque también creó algunos seriales, ninguno de ellos puede compararse con historias épicas como Fénix o Galaxy Express 999. Las ediciones recopiladas de su obra tan solo suman siete volúmenes, las de Tezuka, 300. No obstante, el lugar de Tsuge en el panteón de los grandes no tiene discusión, así como la fama de la que disfruta su figura en Japón, gracias a varias películas y series de televisión que se basan en sus historias. Existen dos motivos por los que la obra de Tsuge haya perdurado hasta el día de hoy: fue (y continúa siendo) único y siempre ha sido un autor que ha entregado trabajos excelentes. 

Tsuge urdió dos tipos básicos de historias: la surrealista y la autobiográfica. Hablamos de "surrealismo" en su definición más tradicional: ensoñadoras, Tsuge se basó en sus propios sueños para obtener la materia prima de sus narraciones. También en su propia vida, con una cantidad parecida de historias sencillas y del día a día. Ambos rasgos representan un intento de concordar de forma adecuada su vida. Schodt apuntó en su obra algunas declaraciones del autor: "Tan solo estoy intentando averiguar cómo seguir existiendo siendo diferente y sin sentirme inseguro por ello." Por eso mismo, las historias de Tsuge son Arte que intenta explorar la alienación, un intento de vencer esa sensación. Dicha temática recorre toda su obra. Quizá la mejor recopilación introductoria de su trabajo sea el tomo titulado Neji-Shiki. Contiene catorce pequeñas historias concebidas a lo largo de 16 años, una producción variada con muestras propias de la época en la que fueron concebidas reminiscentes del Ninja Bugeicho de Sanpei Shirato hasta historias más herméticas y psicológicas como "Salamander" y "Master of the Gensankan Inn."
Creo que la más importante es la historia que da título a la recopilación (traducida al inglés como "Screw-Style") donde podemos ver a su protagonista y narrador sin recursos económicos en una misión de búsqueda de ayuda médica por una localidad asolada por la guerra. Escena tras escena, Tsuge concibe un mundo vaporoso que resulta completamente efectivo debido a una narrativa subrayada no por la rápida sucesión de viñetas tan común en la historia del manga, sino por dibujos únicos que van mostrándose poco a poco al lector. Por ejemplo, a lo largo de viñetas de media página o página completa, Tsuge dibuja a su narrador tropezando varias y distintas veces mientras atraviesa un campo repleto de blusas blancas para ser literalmente arrollado a continuación por una banda militar y finalmente encarar a la doctora que estaba buscando, que aparentemente es completamente inconsciente del combate sin cuartel de barcos acorazados que está teniendo lugar a su espalda. Casi todas las viñetas de la historia están compuesta por un dibujo que capta rápidamente la atención, por no hablar de las variaciones del trazo denso y negra línea repleta de entramados. El efecto que produce es más parecido al del arte para pósters que el de las tiras cómicas que sugieren algunas de las otras historias de Tsuge. 

Este denso imaginario y un estilo particular se combinan con una narrativa sesgada que empuja el medio del cómic hacia zonas más allá de la narrativa "cinemática" a la que estamos tan acostumbrados. Esta obra realizada con 34 años traza el mapa del territorio de los cómics-tratados-como-poesía, enarbolando sin descanso conexiones que se alejan de lo lineal. Desde el principio hasta el final, página tras página, se van reflejando pequeños ecos de la obra, o incluso dentro de la misma página. Las señales vacías que recubren las vías reflejan los bocadillos sin palabras de la doctora mientras empieza su "tratamiento"; los escarpados paisajes y los edificios contrastan abruptamente con la utilización de las siluetas en los momentos en los que aumenta el estrés psicológico, y la historia termina tal y como empezó, en el Océano. Todo lo que se puede encontrar en la historia, desde la progresión sutil de acontecimientos o los diferentes modos de transporte, por no hablar de la yuxtaposición de un personaje que parece una abuelita con la ginecóloga sexualmente atrayente, retumba pleno de significados más profundos. Si realizásemos una lectura más detenida de la obra podríamos rellenar el mismo espacio que todo este artículo, y todas las posibles lecturas que tiene Neji-Shiki podrían llenar varios números de la revista.

(Continuará)