lunes, 20 de agosto de 2012

ENTREVISTA CON TERRY GILLIAM EN COMICS JOURNAL (2 de 3)



ENTREVISTA CON TERRY GILLIAM EN COMICS JOURNAL
(Comics Journal 182, Noviembre 1995. Realizada por Paul Wardle y traducida por Frog2000. 2 de 3. Parte 1.)

ACTUANDO

Paul Wardle: ¿Desearías que te hubiesen dejado más oportunidades de interpretación en los primeros shows del grupo?

Terry Gilliam: No, realmente no. De nuevo, si te soy honesto, creo que nunca sentí que yo cubriese unos estándares mínimos como actor. Actué un montón en el Instituto, pero luego lo dejé. Y ellos pasaron directamente de acudir a la Universidad a actuar sin parar en programas junto con David Frost y Marty Feldman. Y nunca se detuvieron. Estos tíos eran realmente muy buenos. Yo nunca sentí que ese fuese mi rollo. Me iban más los dibujos animados, pero me gustaba estar en los shows, y también quería tener algo que hacer, así que empecé a actuar en pequeños trozos de los sketches. Lo que más me gustó desde el principio fue disfrazarme, maquillarme, elegir el vestuario y todo eso. Así que me gustaba mucho hacer esos trajes cada vez más extraños, disfrutaba mucho haciéndolos.

Wardle: Parece como si siempre hubieses interpretado las partes más feas. Especialmente en las películas. 

Gilliam: Lo grotesco. Siempre lo hacía porque nadie más quería hacerlo.

Wardle: Como el carcelero de “La Vida de Brian”, o el profeta con la cara llena de barro.

Gilliam: Claro. Durante una época me gustó mucho hacer ese tipo de personajes, porque creo que siempre le daban una textura mayor a la película. Mientras que John no podía vestir con nada que le resultase incómodo, y por eso no se ponía ni siquiera una barba falsa, yo decía “¡Que lo jodan!”. Intentábamos hacer películas periódicamente, y queríamos poblarlas de grandes personajes.

Wardle: ¿Es cierto que Eric Idle irrumpió en tu despacho y robó algunos de los fotogramas, debido a que no quisiste contribuir con ellos a los libros sobre los Python?

Gilliam: ¿Qué?

Wardle: En uno de los libros sobre los Monty Python, Idle comentaba que no habías contribuido a esos libros porque te parecía que “esos “Funny Books” no venderán nada bien”. Así que él comentaba que había tenido que irrumpir en tu casa y robar algunos de tus “cut ups”.

Gilliam: Puede que tuviese dudas del éxito que alcanzarían esos libros, pero también sé que Eric es muy bueno empezando cosas, pero lo es menos acabándolas. Lo que ocurrió con el “Big Red Book” de los Monty Python fue que, de nuevo, Eric se fue de vacaciones y yo fui quien tuvo que acabar ese libro.

Wardle: ¿Así que nunca te robó ningún “cut up”?

Gilliam: No, es una historia muy interesante, pero no es verdad.

Wardle: Supongo que tan sólo es parte de la leyenda que él se ha ido construyendo.

Gilliam: Creo que está bien construir leyendas. Siempre son más interesantes que la realidad. La realidad fue que Eric ponía en marcha las cosas y la gente como Terry, Mike o yo mismo las acabábamos.

Wardle: ¿Qué hay sobre la aseveracion [de John Cleese] de que “Terry Gilliam ha terminado peleándose con todos aquellos que ha conocido alguna vez y no ha hablado con ellos durante los últimos tres años”?

Gilliam: ¿Dónde dices que dijo eso? [Risas.]

Wardle: En el documental “Life of George”.

Gilliam: Creo que probablemente será algo cierto. Parece que hay una parte de mí que tiende a la ruptura. No creo que haya reñido nunca con nadie. Sencillamente soy alguien muy intenso. [Risas.]


Wardle: Pero aún así, finalmente ¿subyace algún tipo de amistad?

Gilliam: Claro. Eso es lo más importante de todo. Toda esa mierda. Fue algo que simplemente ocurrió. Estaba tan convencido de que tenía la razón en ciertas cosas, que no podía ver que había otra forma de enfocarlas. De hecho, las cosas se han ido calmando un poco según me he ido haciendo mayor. Realmente, ahora es cuando estoy empezando a extraer todo lo que de divertido tiene la vida.

Wardle: ¿Ya no estás tan enfadado como lo estuviste una vez?

Gilliam: Claro. Aunque tampoco soy una persona que esté muy segura de sí misma.

DIRIGIENDO

Wardle: “Monty Python and the Holy Grial” fue tu primera tentativa de dirigir secuencias en directo. ¿Fue difícil trabajar con un presupuesto tan limitado como 460.000 dólares?

Gilliam: No, eso no fue un problema. De hecho, fue una de las cosas que probablemente hicieron que la película fuese mejor.

Wardle: Usando cáscaras de cocos en vez de caballos...

Gilliam: Claro, ambicionábamos hacer una gran película medieval y épica, con caballos y todo lo demás, pero no nos lo podíamos permitir. Hicimos lo que hicimos. Gritamos sin parar que no teníamos lo que necesitábamos, aunque en cada punto al que llegábamos y nos pasaba eso, se nos ocurría una solución con la que resolvíamos el problema.

Wardle: ¿Es cierto que Pink Floyd y Led Zeppelin pusieron dinero para que hiciéseis la película?

Gilliam: Fueron Pink Floyd, Led Zeppelin, Elton John, Crysalis Records y puede que Island o Charisma Records. En aquella época, en Inglaterra, eras responsable de pagar a Hacienda casi el 90 por ciento de tu dinero, si hacías el dinero suficiente. Ya fueses una pop star que salía de vez en cuando del país o estuvieses asumiendo algunas pérdidas fiscales. Los Python siempre fuimos los números uno para los grupos pop.

Wardle: Así que los Floyd y los Zeppelin eran fans...

Gilliam: Y creo que apadrinarnos fue una buena forma de invertir su dinero. Si eso hacía dinero, bien. Si no lo hacía, teníamos que pagar los costes nosotros. Para nuestras primeras cuatro películas, eso fue lo que hicimos básicamente. Jabberwocky (La Bestia del Reino) fue financiada de esa misma forma, y cuando salieron “Life of Brian” (La Vida de Brian) y “Time Bandits” (Los Héroes del Tiempo), el que puso el dinero fue George Harrison. Nuestro empuje inicial fue gracias a las bandas pop... y a la imposible tasación de impuestos que tenía Inglaterra.

Wardle: Estás acreditado como co-director en “Los Caballeros de la Mesa Cuadrada”, junto con Terry Jones. ¿Cuáles fueron tus labores como director, más allá de las secuencias animadas?


Gilliam: Eso es algo bastante difícil de recordar. Creo que soy responsable del aspecto final de la película. De nuevo, esa era mi habilidad. “Hagamos esto, hagamos lo otro, elijamos el emplazamiento.” Por lo general, Terry y yo estábamos de acuerdo en casi todo. Al menos en un principio. Entonces las cosas se pusieron un poco más difíciles, cuando empezamos a dirigir y yo comenté: “Esta es la forma en la que deberíamos hacer las cosas”, y Terry dijo, “Si, pero yo creo que deberíamos...” Y en ese punto es donde las cosas se pusieron más y más difíciles cada vez, porque había un grupo de gente que quería saber qué es lo que tenía que hacer. Entonces intentamos trabajar a través de una sola voz, y ese iba a ser nuestro director asistente, pero lo que ocurrió es que además, él era el director de presupuesto, y empezó a no trasladar de forma precisa lo que le estábamos diciendo. En su lugar, él era el que estaba haciendo toda la película. Así que toda la cosa se convirtió en algo un poco más estúpido. Al final Terry gastó demasiado tiempo discutiendo con esos tíos, mientras yo me quedaba detrás de las cámaras. Esa fue otra forma de actuar que nos funcionó razonablemente bien. Aunque yo me encontraba mal mentalmente debido a que durante años había estado usando trozos de papel que nunca me replicaban, y de repente tuve que empezar a tratar con el resto de tíos del grupo, que no paraban de joderme y quejarse durante todo el tiempo. Por ejemplo, en una escena ninguno quería llevar armadura, era un plano en el que la cámara estaba incrustada en un agujero del suelo para filmar cómo se arrojaba un conejo contra ellos. Se quejaron y me fastidiaron y lloriquearon todo el tiempo, y finalmente les dije: “Bien, ¡que os jodan mucho! ¡Lo dejo!” En aquellos días yo era alguien muy petulante y puede que les dijese: “¡Que lo jodan! ¡Dirigidla vosotros mismos! ¡No tengo por qué soportar todo esto!”

Wardle: ¿Así que abandonaste varias veces la dirección?

Gilliam: Claro. Unas cuantas veces. Recuerdo un momento concreto después de la primera semana (que había sido toda una pesadilla debido a que todo lo que podía ir mal había ido mal). El National Trust nos rechazó todos los castillos que habíamos escogido como emplazamiento para rodar. En el primer rodaje la cámara se rompió... Quiero decir, fue una pesadilla, y en el peor momento de todos, cuando estábamos intentando tragar con todos esos hechos y simplemente estábamos allí plantados, Graham, borracho como una cuba desde la tarde, sencillamente se enfureció muchísimo con Terry y conmigo: “¡Vosotros, arrogantes gilipollas! ¿Por qué pensáis que sois capaces de dirigir algo? ¿No debería estar haciéndolo Ian McNaughton (que había dirigido los shows para TV)? ¡Lo estáis jodiendo todo!” Eso es justo lo que necesitábamos en ese momento, que Graham nos lanzase una de sus diatribas...

Wardle: Y aún así, cuando veo “Holy Grial”, todo parece encajar muy bien. Fue la primera película que vi que mostraba la Inglaterra medieval tal y como debió ser, con la mierda y el barro y las víctimas de las plagas...


Gilliam: Ahí nos inspiró Pasolini, porque él había hecho “The Canterbury Tales” [Los Cuentos de Canterbury, 1972] y algunas otras más, y para bien o para mal daban una buena sensación de cómo debían ser las localizaciones y la atmósfera de otras épocas, y Terry yo nos obsesionamos con ello. Hay un montón de cosas humorísticas en la realidad... la mierda, el barro, las actitudes de las que se hacían gala en otras épocas. Eso era lo más importante para mí, y por eso hicimos que la película oliese y apestase y creo que hicimos lo correcto. De nuevo, tuvimos un montón de problemas con John, que no quería tener nada que ver con toda esa mierda, y con Eric, al que realmente tampoco le gustaba mucho. Graham rechazaba las cosas sólo algunos días. Y Mike, Terry y yo nos tomamos muy en serio recrear bien un tiempo y un lugar determinados. Antes de “Holy Grail” la comedia siempre estaba rodada de forma suave, luminosa, aireada, limpia, y decidimos hacerlo tan serio como lo había  hecho Pasolini o alguno de los otros grandes directores que habían recreado alguna vez otra época. Si sólo hubiésemos hecho todas las estupideces y bromas sin darlas esa atmósfera concreta, no creo que hubiese surgido una película tan divertida. Tuvimos grandes peleas en el show de TV, intentando que todo fuese más oscuro y que hubiese más sombras por todos lados. En un drama puedes hacerlo, pero no en una comedia. No lo conseguimos y no pudimos hacer el programa más oscuro, porque Ian [McNaughton] nunca consiguió que le dejasen, y porque el presupuesto nunca nos llegaba, o los técnicos no querían ni hablar de ello. Así que nuestro enfoque para la película era el de hacerla de esa forma, así que fue oscura y sombría y sucia y maloliente y dolorosa y fría. Si tienes la intención de incluir todas esas cosas en una película, cuando empices a hacerla, florecerá la comedia.

Wardle: [Risas.] Eso sí, rodar todo eso no suena muy placentero...

Gilliam: [Risas.] Sería interesante saber si fuimos los primeros (en mostrar Inglaterra de esa forma.)

Wardle: ¿De dónde sacaste la idea para el cortometraje (The Crimson Permanent Assurance Co.) con el que se abre “El Sentido de la Vida”?

Gilliam: Había dibujado algunos edificios con marinos en ellos y me puse a pensar en esas escenas y en dónde poder incluirlas, así que me senté y escribí un guión. Originalmente lo hice para animarlo y pensé “Que lo jodan, ¡adelante con lo otro!”, porque en aquella época ya estaba harto de la animación. No quería quedarme encajado como animador del grupo. Estaba aburrido de eso, así que me dije que lo haría como una pequeña película [risas]. Fue como una especie de regateo: “Tú haces esas animaciones, y luego ya podrás ponerte a hacer películas.” Se suponía que iba a estar conectado con el resto de la película, cuando hubiesen transcurrido dos tercios del metraje, y entonces lo filmamos. Tenía mi propio equipo de sonido, mi propio grupo de actores y el equipo técnico y todo lo demás. Entonces lo incluimos en la película y no funcionó. Tenía un ritmo diferente. No tenía nada que ver con el resto del Mundo que aparecía en “El Sentido de la Vida”. La cadencia era bastante diferente. Terry se apresuró a decirme que recortara el cortometraje un poco, y me sugirió que lo quitásemos de la mitad de la película y lo pusiésemos al principio del todo. ¡Y bingo! Como apertura funcionó muy bien por sí mismo.

Wardle: He oído que has dirigido anuncios que sólo se han emitido en Europa.

Gilliam: Claro. Los hice después de Brazil, cuando pensé que la película nunca llegaría a emitirse en cines. Estaba en un punto verdaderamente bajo de mi carrera, y entonces esa empresa francesa (su producto era la Orangina), me contrató para hacerlos. Me pareció algo muy divertido, y dije que lo haría con la condición de que nunca se emitiesen fuera de Francia. No quería que se viesen en Inglaterra. No quería que la gente se enterase de que estaba haciendo anuncios. Ese fue el trato. Realmente era un buen anuncio. En realidad hice otro a principios del año pasado para Nike. De nuevo, realmente era un buen guión, y como no había estado detrás de una cámara desde hacía casi cuatro años, accedí a hacerlo. Cada vez que hago uno, dejo de hacerlos hasta diez años después. Haré otro más dentro de diez años.

Wardle: Es un estricto régimen el que te has impuesto.

Gilliam: Exáctamente, tampoco me reporta mucho dinero, ¿sabes?


UNA MALA REPUTACION SALUDABLE

Wardle: He leído los libros “The Battle of Brazil” y “Losing the Light”, que relatan detalladamente tus problemas con los estudios en dos películas que verdaderamente me parecen únicas. ¿Te dio mala reputación con los estudios, forzándote a hacer películas más “mainstream” con la intención de recuperar su confianza?

Gilliam: Realmente no. Creo que una mala reputación saludable. He decidido que está muy bien tener mala reputación en Hollywood. Lo que haces con eso es alejar a un montón de idiotas que acudían corriendo hacia ti porque habías hecho una buena película. Muchos de ellos se mantienen alejados gracias a esa reputación. Los más valientes siguen acudiendo, y normalmente son más inteligentes de lo normal. En “El Rey Pescador” fue algo magnífico, porque toda la gente del estudio se había leído “The Battle of Brazil”, y querían que me comportase de alguna forma escandalosa y explosiva. No levanté la voz ni una sola vez. Sonreí y fui muy educado. Eso me fue muy útil, porque estaban constantemente aterrorizados por lo que podría pasar en un momento dado, así que pasaban de puntillas a mi alrededor, y eso está bien.

Wardle: Por lo que he leído en esos libros, en cualquier caso no fue culpa tuya que las películas no funcionasen demasiado bien en taquilla.

Gilliam:  Si no realizas la película de forma apropiada, no harás dinero. Nunca me molestó no hacer mucho dinero. Me parece patético ese momento en el que América se obsesionó por hacer películas que recaudasen dinero. Cada semana se puede ver en los periódicos, incluso en el New York Times, los ingresos brutos de las películas. Eso me molesta mucho. Por un lado, estamos trabajando en algo que es un negocio. Las películas necesitan recaudar dinero, o por lo menos no deberían perder una gran cantidad del mismo. Pero la percepción que se da está realmente sesgada, debido a que los números no son los correctos. La gente no entiende que realmente los números no significan gran cosa. Cuando hicimos las primeras películas de los Python no teníamos ningún tipo de reputación en Hollywood, incluso aunque habíamos ganado bastante dinero sin contar las películas. Hicimos muy poco dinero con ellas, pero fueron un buen negocio. Además, nosotros somos los propietarios de ellas. Pero para los estándares de Hollywood no habían producido mucho dinero, así que no conseguimos ningún estatus dentro de él. No les interesábamos, pero creo que no hay nada mejor que ser alguien completamente libre a la hora de hacer aquello que quieres hacer, las películas que nos gusta hacer, y además poder hacer algo de dinero con ellas. Cuando empezaron a interesarse fue justo después de “Los Héroes del Tiempo”, que consiguió recaudar una pequeña fortuna en los Estados Unidos, y entonces, para los estándares de Hollywood, ahora era alguien que hacía dinero. Quisieron que hiciese películas de Hollywood, algo que no me parece demasiado interesante. La única ventaja de que “Los Héroes del Tiempo” hiciese algo de dinero fue que hizo despegar “Brazil”. Los americanos están entrenados para creer que el dinero significa calidad, y por eso me aterroriza que impriman los ingresos brutos en los periódicos.


Wardle: ¿La gente no se da cuenta de que películas clásicas como Ciudadano Kane o ¡Qué bello es vivir! no fueron grandes éxitos de taquilla cuando se proyectaron por primera vez?

Gilliam: “El Mago de Oz” y “Cantando bajo la lluvia” tampoco fueron un gran éxito.

Wardle: Quizá dentro de 20 años “El Baron de Munchausen” será recordada como un clásico.

Gilliam: El problema básico que tuve con Munchausen fue que no dieron a conocer la película. Hicieron 117 carteles para anunciar la película. De una película de arte casera suelen hacerse 400. La película no se dio a conocer. Entonces acabé con esa especie de reputación: “Oh, este tío hace esas enormes películas totalmente fuera de control y que no recaudan dinero.” Hice una película que se salió de presupuesto y eso fue todo. Y luego he vuelto a hacer lo mismo de nuevo.

Wardle: Al leer el libro parece que fue un poco por culpa tuya.


Gilliam: Fue culpa mía porque me metí en una situación que puede que estuviese condenada de antemano [risas.] Todo fue un enorme desastre. Estaba malísimamente producida. Sufrimos una pesadilla haciéndola. Nos las arreglamos para hacer una película que casi era tan buena como lo que me había propuesto hacer, y luego, con el fin de ganarme el respeto del nuevo personal del estudio, corté varias cosas para no perder dinero. Yo tomé esa decisión. Nadie me forzó a hacerlo. Lo hice para ganarme a esa gente, porque estaban detrás de la película y entonces no le dieron ninguna cancha. Eso es lo que definitivamente me enloqueció. Creo que la película hubiese sido un poco mejor si la hubiese añadido unos pocos minutos más. Creo que el proceso fue un poco apresurado, frenético y que me quedé agotado.

Wardle: Me puse nervioso tan sólo leyéndome el libro. Era como si hubieses estado combatiendo en una guerra.

Gilliam: Es es lo que fue exáctamente. Salí de ella con algunas cicatrices profundas.

Wardle: Sin embargo, supongo que conseguiste que la gente colaborase contigo.

Gilliam: Claro, gente que nunca creerías que gastaría su tiempo en cosas como esa. Lo peor fue lo difícil que me resultó poner al equipo en marcha de nuevo. Fue en la época de “El Rey Pescador”, creo. “Aquí tenemos un buen guión. Es sencillo, será rápido de filmar. Quieren que yo lo haga. Y lo voy a hacer”. No tenía ningún efecto especial para los estándares con los que suelo trabajar.

Wardle: Cuando esa película se proyectó en primicia en el Toronto Festival of Festivals, citaron un comentario tuyo: “Gracias por justificar mi decisión de venderme.” ¿Te sentías realmente de esa forma?


Gilliam: [Risas] No, solo fue una forma de hablar. [Risas de nuevo] Fue la primera película que hice para los estudios, así que para lo que suelo hacer, me había vendido. Era el guión de otra persona. Aún así yo tenía el control completo sobre la película, e hice la película que quería hacer. Así que bajo dichos estándares, fue algo magnífico. La idea que hay detrás de decir algunas cosas es la de revolver las cosas, y si la gente quiere tomárselo en serio, que lo hagan. Probablemente algunas personas pensarán que me vendí. Es como cuando Bob Dylan abrazó la electricidad. Si hubiese hecho una película con la que no hubiese quedado muy contento, que hubiese estado ordenada por otra persona, y me hubiesen cortado cosas que yo no quería cortar, entonces sería diferente. Retuve el control total sobre ella. Creí que podría volver a lanzar mi carrera, traerme de vuelta, y eso es algo que hizo. Fue la primera película de todas las que he hecho que no sufrió cortes al final. Además, yo era el garante de su acabado. Si me hubiese pasado con el presupuesto, hubiese tenido que poner el dinero de mi propio bolsillo. Así pude demostrar lo buen chico que era. Lo que sea que pensaras de mí, te has equivocado. Afronté el problema directamente, metí mi cabeza en la boca del león. “No hay ningún truco oculto, ¡adelante!” Entonces la acabé con un presupuesto menor, bajo mis condiciones, y tuvo mucho éxito. “¿Qué más queréis, chicos?” [Risas] Uno de mis lados es muy práctico y pragmático. Me senté allí y les dije: “Estos son los soldados que yo he elegido. Estos son los que vosotros tenéis. ¿Queréis trabajar con nosotros o no?” Vayamos a la guerra y veámos qué es lo que pasa. [Risas] Al final estábamos en un punto en la que creían que la película era demasiado larga...

Wardle: ...que es como siempre haces todas tus películas.

Gilliam: Claro, siempre. Me dije: “Esto está bien, pero no sé cómo cortarla hasta que tenga dos horas.” Querían que cortase catorce minutos de película. Al principio habíamos tenido buenas puntuaciones cuando la habíamos emitido como prueba. Fuimos elegidos en dos ocasiones como la mejor. Le gustó al ochenta por ciento del público. Y entonces me presionaron y me presionaron y me presionaron para que efectuase recortes. Al final me senté en el Polo Lounge. Todo los tíos del estudio estaban allí. Les dije: “de acuerdo, ¿qué es lo que queréis cortar?” Sugerí que la viésemos de nuevo en pantalla. Les dije: “dime lo que queréis cortar, y si hay alguna diferencia significativa en las cartillas de voto después de esa segunda versión, consideraré el hecho de recortar la película”. Estaba intentando ser tan equívoco como me fuese posible. Me trajeron como unos cuatro minutos y medio para cortar. Sabía que de todos modos iban a hacerlo, así que lo teníamos todo preparado. Finalmente hicimos los recortes y fue una proyección terrible. Desde el momento en el que entró el público de la versión recortada, pude darme cuenta de que era mejor que el de la proyección anterior. Daban esa sensación. Pensé: “¡Ya estoy jodido! Funcionará un cien por cien mejor que la versión completa y tendré que fastidiarme y seguir adelante con esos recortes que no quería hacer.” Y por supuesto, eso les retro-alimentó más aún. “Bien ¡cortemos más cosas!” De repente se empezaron a comportar de forma estúpida; querían cortar cosas imposibles, algo ridículo. Entonces, mientras estaba enseñando de nuevo la versión original, las cartillas de voto mostraron exáctamente lo mismo que en la versión recortada. Era un empate, pero yo dije; “Si mi nombre sale en esa película, no lo aceptaré.” Me contestaron: “¿qué?” Y les dije: “¡Queréis hacer que trague con este jodido sistema de hacer las cosas. Los resultados de las cartillas son el mismo. Mi nombre está en ellas. Deshagamos los recortes.” Y se pusieron como locos. Me escribieron una carta en la que me decían que yo estaba totalmente fuera de control, que no era un jugador de equipo, blah, blah, blah, que no quería hacer los recortes y que eso podía herir las posibilidades financieras de la película. Ni siquiera respondía a sus llamadas. Les dije que todo era una puta mierda. En el mejor de los casos, las películas pueden jugar con su longitud. Yo no intento hacer películas largas, pero si empiezas a quitar cosas, entonces todo lo demás se colapsa sobre sí mismo. Creo que es mejor que algo sea largo en vez de que sea corto.


Wardle: ¿Pensaste alguna vez en que llegaría un momento en el que podrías hacer las películas a tu forma, sin tener que hacer concesiones a ningún estudio?

Gilliam: Supongo que no. No tenía ni idea de lo que me ocurriría. Yo no trabajo con ninguna especie de vacuna preparada. Necesito cosas a las que golpear. Necesito muros. Se necesitan parámetros contra los que golpear la cabeza. Tienes que tener a gente que te diga: “¡No puedes hacer eso!”, y entonces les contestas “¿Que no puedo hacer qué?, ¡que te jodan! ¡Lo voy a hacer!” A veces se convierte en la mejor forma de hacer las cosas.

Wardle: Se parece a lo que leí sobre aquel momento en el que empezaste a odiar del todo a la gente del estudio y no querías tener nada que ver con ellos.

Gilliam: Oh, claro. No hay ninguna respuesta posible a ese momento, pero creo que no querría estar en una situación en la que no tuviese algunos parámetros. Ciertamente, cuando estoy haciendo una película me vuelvo muy fatalista con todo este tipo de cosas. En serio, creo que la película se hace a sí misma. No soy yo quien la hace, sino que tan solo soy la mano que la está dictando. Piensa en cualquier otro arte, sea el que hace un escultor o lo que sea, lo que haces es algo que empieza a formarse por sí mismo. Sea porque surge en respuesta a ti, a los materiales con los que trabajas, o porque estás luchando contra ello. De hecho, a veces es por ambas cosas. Si no le das libertad completa, no sé que hará. Probablemente tan sólo gire en un millón de direcciones diferentes como una masa informe. Las películas son algo extraño, y esa es la razón de que me guste hacerlas. Dibujar una tira de cómic es otra cosa. Tan sólo estamos el pedazo de papel y yo. Pero en las películas tienes que hacer frente a un montón de cosas, a muchos tipos diferentes de persona. Al dinero, al talento, al tiempo. Es lo más cercano que existe al mundo real, y es un mundo totalmente falso. Ese es el motivo de que me guste hacerlas. Por eso me gusta, y también lo odio por la misma razón. Estás dividido en un millón de direcciones diferentes, así que empiezas a perderte a ti mismo. Se supone que tú eres el ojo calmado del huracán, y que todo el mundo se ve atraído hacia ti. Es como si fuese el Mago de Oz. Siempre que crean en ti, y en el poder del Mago de Oz, entonces las películas podrán terminarse bien. En el momento en el que pierdas su confianza, la película empezará a fallar. Y entonces te convertirás en un actor que está interpretando el papel de director.

(Continuará)