sábado, 12 de julio de 2014

LA ENTREVISTA CON RICK VEITCH EN THE COMICS JOURNAL (5 DE 5)

Por Jeremy Pinkham para The Comics Journal nº 175 (Marzo de 1995). Traducida por Frog2000. Parte 1parte 2parte 3, parte 4.

PINKHAM: Habida cuenta de esa ira, ¿cómo te sientes trabajando para Tekno Comix?

VEITCH: [Risas.] Mientras trabajo en Tekno Comix ya no soy “Roarin’ Rick” [Rugiente Rick], sino “Whoarin’ Rick.” [Emputecido Rick.]

Creo que la diferencia es que he conseguido evolucionar, así que no necesito conectar con Tekno Comix a un nivel tan personal. Cuando empecé en DC todavía era un chico joven que amaba los superhéroes de Julie Schwartz. Y cuando empecé con Marvel tenía deificados a Stan Lee y a Jack Kirby. Me lo he conseguido arrancar. Me doy cuenta de que en Tekno Comix no soy nada más que un técnico bien pagado. A nivel emocional tengo la suficiente madurez como para decir: “Sí, es un trabajo para al que me han contratado, y me pagan bastante bien. Eso es todo”. Pero no quiero planear mis necesidades artísticas a largo plazo con ellos. Simplemente no sería capaz. Si se van a pique, no derramaré ni una sola lágrima. Y si se convierten en la próxima Sony Corporation y editan grandes cantidades de mi trabajo tampoco es que me vaya a deprimir.

PINKHAM: En el séptimo número de Maximortal, tu hermano Tom escribía a la columna de correo lo siguiente: "Me preocupa el subtexto racista: el Hombre De Verdad como rubio hombre ario de ojos azules contra el Malvado Y Ávaro Hombre Judío. 'Sydney Wallace' podría ser una caricatura de la propaganda nazi. El mismo tipo de prejuicios estropeaba la por otra parte excelente Bratpack." ¿A qué venía? Me parece que reaccionaste de forma bastante acalorada [risas].

VEITCH: Es lo bueno de ser editor ¡que tú tienes la última palabra! Creo que forma parte de un conflicto que hemos celebrado todos estos años centrado en la naturaleza de nuestro lado de la “sombra”, teniendo en cuenta el arquetipo de "sombra" al estilo junguiano, como término psicoanalítico. Es decir, el lado oscuro del ego que supone un componente esencial de la raza humana. Tom y yo solíamos debatir sobre… llámalo argumentos o tomas y dacas filosóficos centrados en la naturaleza de la “sombra”. En última instancia él afirmaba que no tenía “sombra” y que había sido capaz de trascender su lado oscuro, ¡y yo estaba más que obligado a señalar que pensaba que todo eso me parecía una chorrada! Esta fue su respuesta: decía que Maximortal estaba producido por el lado inconsciente de la “sombra” de mis fantasías, aunque tal vez revelase alguno de sus propios puntos débiles durante el proceso. Con su carta venenosa me arrojó airadamente a la cara esas ideas, algo habitual en él. Pero bueno, todo forma parte de la diversión. No es que nos hayamos enfadado, tan sólo es una extraña variante del juego de "la gallina" [donde dos conductores se dirigen uno contra el otro, ganando el que se aparte el último]. Le gusta escribir cartas por el estilo [risas]. No es que nos odiemos, sino que solemos jugar a ese extraño juego.

PRIORIDADES

PINKHAM: ¿Qué te parece más prioritario, “Rare Bit Fiends” o “Heroica”?

VEITCH: Ahora mismo es “Rare Bit Fiends”. “Rare Bit Fiends” está lo más cerca del arte elevado que cualquier cosa que haya hecho antes. He puesto todo mi corazón. En realidad me veo haciendo “Bit Fiends” hasta que me muera. Sería increíble poder dejar constancia de los sueños humanos en forma de cómic.

Mi enfoque para “Rare Bit Fiends” es como si yo fuera un pintor. Los días que me paso dibujando cómics sobre mis sueños son como si entrase en un profundo estado meditativo. Me resulta muy gratificante. Estoy consiguiendo llegar a un entendimiento cada vez más profundo de quién soy.

“Rare Bit Fiends” es arte. No es comercial. He pensado en comercializarlo, recopilarlo y sacarlo en el mercado directo, lo llevaré a imprenta, todo eso. Pero lo más importante es el propio trabajo con los sueños. Siento como si hubiese encontrado "mi tema".

PINKHAM: ¿Crees que has rebasado las ideas que puedas haber tenido alguna vez sobre cómo "debe" ser un cómic?

VEITCH: Absolutamente. Es completamente experimental. En lugar de simple entretenimiento es más poético. En ese sentido estoy seguro de que será difícil encontrar una cantidad decente de público que lo compre. Pero no me preocupa: tengo la sensación de que finalmente todo terminará funcionando. Al mismo tiempo me parece interesante que haya conseguido crear un cómic absolutamente imposible de licenciar.

Es como si fuese un cómic puro, es arte puro. Sencillamente no puede existir en cualquiera de esas otras formas bastardas que irrumpieron en los cómics durante los 70 y 80. Siento que con “Rare Bit Fiends” he dado con algo que es adecuado para los cómics como forma, no como mercancía.
PINKHAM: La mayoría de los sueños tienen una página de longitud, ¿es una decisión consciente?

VEITCH: ¡Tienes que recordar que hago este cómic en mi tiempo de sueño! [Risas.]

PINKHAM: ¿Has recibido más información sensorial que la que muestras en la página, aunque tomes la decisión como editor de transmitirla entera en una sola?

VEITCH: Tiendo a soñar, o a recordar mis sueños, en pequeñas unidades. Todavía poseo esos diarios en prosa de mis sueños que apunté cuando era más joven, también solía pasar muchas noches en vela. Mi cerebro no ha vuelto a funcionar de la misma forma. Sé que sigo soñando durante toda la noche, pero no soy capaz de recordarlo… Puede que sea porque me he hecho mayor, pero no estoy seguro.

PINKHAM: [Risas.] En una entrevista con James Pascoe asegurabas que en el cómic se pueden encontrar argumentos y desarrollos de los personajes capaces de traspasar su fachada para estudiar los arquetipos que se encuentran detrás. Que esos personajes arquetípicos podrían continuar expresándose de diversas formas a lo largo de una serie.

VEITCH: Te aseguro que me encantaría volver a mi antigua fábrica, que es el lugar donde mi padre trabajaba cuando era niño. Supongo que simbolizará los complejos de Rick Veitch como padre [risas]. Me doy cuenta de que en esos sueños siempre aparecen problemas reales. Aparece un montón de emoción y desesperación. Te apuesto lo que quieras a que si sigo haciendo este proyecto a lo largo del tiempo, la fábrica seguirá regresando en mis sueños. Seguro que las personas que sigan interesadas a lo largo de los años dirán: "Oh, ¡ya vuelve Rick a tocar el tema de la fábrica! Ya vuelve a lidiar con el recuerdo de su padre."

PINKHAM: Podrías organizar recopilaciones temáticas de “Rare Bit”: “El Libro de la Vieja Fábrica”, y otros parecidos.

VEITCH: Una vez estuve pensando en hacer una recopilación en CD-ROM, podría ser una buena forma de organizar mis sueños por temas. Podrías presionar la pestaña de “auto-edición” y aparecerían todos los sueños de Dave Sim. Abriría cada número con la escena de un gato, porque sueño con ellos de forma bastante regular. 

PINKHAM: ¿Por eso lo llamaste “extraños pedazos del diablo”?
VEITCH: Claro, por eso lo llamé “Rare Bit Fiends’’. En realidad me parecía gracioso, pero sí, sueño mucho con el gato. De hecho, cada vez que sueño con él tiene un aspecto diferente. En el primer sueño que he mencionado antes, el gato venía hasta mi lado, me saltaba encima y me destrozaba. Luego era algo que se moría y que vomitaba una materia que se transformaba en otro gato. Y luego, en el tercero, se quedaba plantado mirándome, dando clases sobre los sueños, erguido encima de sus patas traseras. Había otro donde aparecían unos cincuenta gatos, y todos estaban lamiéndome [risas]. Por lo tanto, no estoy muy seguro de lo que puede simbolizar, pero parece estar evolucionando constantemente. 

PINKHAM: ¿Crees que existe el peligro de que puedas dejar de soñar con cosas que son importantes para tu bienestar psicológico, o que puede que ya no resulten de interés para tu público, o que podrían llegar a avergonzarte si las mostrases en tu serie? 

VEITCH: La verdad es que no convierto todos mis sueños en un cómic. Definitivamente hay alguno que no estoy listo para compartir. Así que odio arruinar tu fantasía, (en voz baja) no se lo digas a nadie... ¡pero en realidad los dibujo mientras estoy despierto! [Risas]. Sólo comparto lo que quiero compartir.

PINKHAM: Me estaba preguntando si ahora que has decidido seguir haciéndolos, puede que en algún momento termines dibujando cómics con tus sueños menos brillantes por culpa de las expectativas creadas, algo en plan, “¡Oh, mierda... ya es hora de pensar en algunos sueños más."

VEITCH: Si alguna vez me quedo seco, podría hacer diez números más de Rare Bit Fiends sólo con el material que estuve soñando durante mis primeros veinte años. Mi verdadero interés en este proyecto pasa por ver cómo varía el contenido y el tono de lo que estoy haciendo ahora, y también en investigar lo que son capaces de profetizar. Estoy bastante seguro de que cuando sueñas aparece algún elemento profético. Lo he estado dando muchas vueltas, de hecho, puede que te envíe un sueño que tuve con 20 años. Estaba en el funeral de Jack Kirby y miraba hacia arriba, hacia la cima de una montaña, y allí estaba una figura de pie. Al principio pensaba que podía ser mi vecino, pero al mirar más de cerca me di cuenta de que era yo, pero 20 años más joven. En ese sueño me acercaba hasta mi globo ocular, y el color y el patrón de mi ojo se convirtió en aquella increíble cosa hipnótica. Ese sueño me llamó mucho la atención. Me lo tomé como una señal de que podría ser una buena idea hacer realidad este proyecto.

1963: EL TALLER DE CÓMICS EN CADENA SIMULADO

PINKHAM: En el primer “Rare Bit Fiends” contabas la intra-historia de "1963".

VEITCH: Supongo que debería contar toda la historia de "1963", porque en realidad es bastante interesante. Bissette y yo pensábamos que teníamos que auto-publicarnos porque, obviamente, lo de Tundra no iba a funcionar. Habían vendido Tundra (a Kitchen Sink), pero hacía tiempo que Steve y yo habíamos llegado a la conclusión de que Dave Sim tenía razón. Dave Sim nos había advertido sobre cada trampa que se nos iba a presentar en el camino, aunque de todos modos seguimos adelante con Tundra. Finalmente todo comenzó a cobrar sentido. Queríamos y necesitábamos retomar el control de nuestro propio destino y asumir la responsabilidad de tomar las decisiones empresariales nosotros mismos. Pero nos faltaba el capital. Los dos teníamos ingresos decentes, pero necesitábamos algún tipo de capital, porque en caso contrario nunca podríamos publicar nuestras series.

Así que estábamos dándole vueltas cuando de repente apareció Image. Creo que todo el mundo se quedó sorprendido. Esos chicos habían dejado Marvel y formado Image, e iban en serio. Estábamos muy emocionados: estos creadores no se habían quedado a la sombra de su editor, sino que le dieron la espalda y empezaron con algo propio, así que en realidad empezaron a conseguir vender muchísimo, arrebatándole un pedazo de la cuota del mercado especulador a los gigantes de la industria. Fue un punto clave en la evolución del negocio de los cómics.

De todos modos, esos chicos acudieron a nosotros y nos dijeron lo que querían, y potencialmente nos sonó bien. "Hey, aquí tenéis algunos creadores con responsabilidad y control sobre el aspecto comercial de sus cómics." Al mismo tiempo también nos dieron algo de miedo, porque acabábamos de sufrir la explosión de Mirage y Tundra, esa mentalidad de la fiebre del oro y del capital combinada con una mala organización. Todavía estábamos saliendo de la trinchera. Después de lo ocurrido en Mirage tenía problemas con el contrato que me habían hecho como externo [risas]. Algunos enloquecidos maníacos de Mirage a los que nunca había conocido y que tenían alguna extraña posición de poder, me estaban llamando y amenazándome con que si no firmaba el trabajo de los años anteriores, nunca volvería a ver ningún "royalty" por los derechos.
PINKHAM: Ouch.

VEITCH: Fue incluso peor: el contrato era más miserable que nunca, incluso peor que el que me había hecho DC.

PINKHAM: Eastman y Laird son amigos tuyos, ¿verdad?

VEITCH: Me gusta pensar en ellos como mis amigos.

Pero entendía las presiones a las que estaban sometidos. Me sentí mal por ellos, por las posiciones que habían adoptado: eran poseedores de medios increíbles y los dueños de una rica veta de la cultura del cómic, a saber, las Tortugas Mutantes Ninja. Pero a nivel personal estaban atrapados en una pesadilla organizativa.

Parecía que habían perdido la conexión humana que había formado parte de la razón por la que se habían creado cosas como la Propuesta para los Derechos de los Creadores, y fue como la otra cara de la moneda de lo que podía ocurrir por culpa de su generosidad, con toda esa gente rodeándoles de repente justo después de haber triunfado.

Por lo tanto, por un lado me enviaron ese horrible contrato, y además empecé a cabrearme por algunas críticas poco profundas que me hizo alguien del que nunca había oído hablar antes. En realidad fue lo que acabó con cualquier posibilidad de que trabajase con ellos.

PINKHAM: ¿Tuviste que firmar?

VEITCH: No, nunca llegué a hacerlo. Pero sé que un montón de gente firmó condiciones mucho peores.

Creo que tenían miedo de que les demandaran, y por una buena razón. Por culpa de cómo están establecidas las leyes de este país, tienes que protegerte de las demandas. Eso significa que tienes que mirar los contratos con lupa. Si alguna vez quisieran vender las Tortugas, podrían causarles problemas a gente como Dave Sim, Rick Veitch, Steve Bissette, Michael Zulli y otro puñado de personas que habían sacado sus propias versiones de las Tortugas ratificando el trato con un simple apretón de manos.

PINKHAM: Aunque se podría pensar que Mirage no tendría ningún problema para sobrevivir económicamente contratando a cualquier dibujante freelance disponible...

VEITCH: Honestamente, no creo que Peter o Kevin tuviesen la culpa. Fueron los abogados que estaban por allí sentados y que buscaban algo que hacer. [Risas]. Ya sabes, me alegro de que a mí no me ocurriese nada.

PINKHAM: Volvamos sobre 1963.

VEITCH: De repente Jim Valentino llamó a Bissette porque quería extender y densificar la empresa contratando proyectos de otros creadores. Jim quería contratar a Alan. Creo que al principio quería que Alan y Steve hicieran otra Cosa del Pantano, pero Alan no estaba interesado en absoluto. Tenía una vaga idea sobre que le gustaría empezar a hacer un cómic de superhéroes tal cuál, exactamente como solían ser los cómics antes. Era una idea muy tenue, pero a Valentino le bastó, "¡Sí, suena genial!" Y le vendió la serie a Image. Desde el principio decidieron que querían que yo me subiese a bordo del proyecto. De nuevo, creo que en parte porque pensaban que era bueno con… los asuntos técnicos.

PINKHAM: [Risas.] “Ahora todo lo que necesitamos es a alguien que se ponga a trabajar.”
VEITCH: Así que me llamaron nada más empezar y Alan creó de la noche a la mañana “1963”, los seis títulos. A Steve y a mí nos llevó un rato entender bien lo que quería. Hicimos los bocetos de producción y le enviamos un fax con los mismos: "No, no, Rick... Eso es demasiado bueno [risas]. Haced las cosas de forma más cruda." Muy pronto, según proseguíamos con la serie, nos convertimos en una especie de "bullpen virtual" por teléfono y fax. Él se convirtió en el "Afable Al", yo me convertí en "Roarin 'Rick" (que en realidad era mi apodo en los Hero Comics que había hecho de pequeño) y Bissette se transformó en "Robusto Steve." Y creativamente las cosas empezaron a ponerse en marcha. Todo empezó a encajar con bastante rapidez.

Ese mismo año Bissette y yo viajamos a San Diego, aunque seguíamos sin estar demasiado de acuerdo con los tratos con la editorial. Uno de los motivos era que Jim Lee quería trabajar con Alan. Tenía muchas ganas de traérselo a uno de sus cómics. De esa forma empezó a surgir la idea de un anual que iba a dibujar Lee y que pondría punto final a todo el proyecto. Sería una buena contienda entre nuestros personajes de 1963 y los modernos superhéroes de 1993 de Image…

PINKHAM: Así que no estaba previsto que fuéseis el equipo artístico del anual.

VEITCH: Claro. Nosotros sólo hacíamos los primeros seis. Pero todavía no habíamos cerrado el trato. A Steve y a mí nos daba algo de miedo. Estuvimos hablando un montón con Valentino, que se portó fenomenal y se esforzó todo lo que pudo para que los otros chicos de Image apoyaran lo que queríamos hacer. Éramos uno de los primeros proyectos externos de Image en llevarse a cabo, y esos tíos se pasaron un buen rato poniéndose de acuerdo en cuanto a lo que querían hacer. Eran siete, habían alcanzado un éxito masivo, y estaban tratando de asentarse y dar con algún tipo de forma de dirigir la empresa. Estaban contratando gente y empezando a organizarse, todo era una gran confusión. Y nosotros nos quedamos mirando y nos dijimos: "¡Oh, tío... de nuevo en Tundra" [Risas.]
 
Estábamos algo temerosos, y todavía no nos habíamos decidido del todo (todavía había un par de cosas en el aire), y una de ellas era el asunto con Jim Lee, si realmente quería hacer el proyecto con nosotros o no. Y un día estaba paseando por la zona de distribuidores de San Diego cuando se me acerca Don Simpson y me dice: "¡Hey, tío, deberías acudir al panel de Image ahora mismo! Quieren hablar contigo. Llévate a Bissette." Así que Bissette y yo fuimos allí y había como unas 2.000 personas. Quiero decir, había una multitud. McFarlane estaba haciendo su numerito a lo Oprah Winfrey con el público comiendo de su mano. Me refiero a que resultaba bastante obvio que en realidad habían montado alguna sorpresa. Y allí estábamos Steve y yo, al fondo de la sala, tratando de llegar a un acuerdo con los chicos que estaban sobre el escenario…

PINKHAM: ¿A través de los micrófonos?

VEITCH: No, haciendo señales con la mano. Ya sabes, Valentino iba a levantarse y a acercarse corriendo a charlar con nosotros, pero finalmente envió a algún otro. Después Lee bajó del escenario y le preguntamos: "¿De verdad que quieres hacer el proyecto con nosotros?" Y nos dijo: "Está bien, escuchad. Si somos capaces de anunciarlo en este mismo momento…” [risas] "Estoy dentro."
PINKHAM: Pero entonces... ¿fue como una trampa, os llamaron para poder dar las buenas noticias?

VEITCH: Eso es. Fue una situación donde sufrimos una presión enorme. Steve y yo estábamos completamente fuera de nuestro elemento. Nunca antes habíamos hecho un trato de forma similar.

Así que estuvimos hablando como unos cinco minutos y les indicamos que estábamos de acuerdo. Lo anunciaron oficialmente y escuchamos una gran ovación, y luego nos precipitamos hacia el escenario. Hablaron un poco más y entonces Liefeld empezó a tirar camisetas y gorras y otras cosas hacia el público. La audiencia se subió encima del escenario y los guardias de seguridad nos empujaron hacia la puerta lateral [risas]. La multitud se acercó al escenario y Bissette y yo nos quedamos en plan: "¿Qué pasa?" Estábamos atónitos por toda esa loca situación en la que nos habíamos quedado atrapados. [Risas.]

PINKHAM: Como una especie de firma en la Apple Records durante un concierto de los Beatles.

VEITCH: Pero todavía no teníamos un acuerdo final. Básicamente había sido como un apretón de manos, y entonces empezamos a trabajar. Los términos económicos eran una barbaridad: Image se quedaba con el 10 por ciento de las ganancias, Shadowline de Valentino obtenía el 10 por ciento de las ganancias, y los creadores obtenían el otro 80 por ciento, lo cual era fantástico. Era como un sueño. Al mismo tiempo, en cierta forma Alan y yo teníamos dificultades financieras y necesitábamos algún tipo de fondos. Necesitábamos un préstamo. Nos lo proporcionó Valentino a través de Shadowline, que nos financió con una pequeña tasa por página (75 dólares la página), lo suficiente como para mantenernos a flote hasta que se empezasen a producir beneficios.

Y entonces nos volvimos a Vermont y llamamos a Alan, y -bing, bing, bing- empezamos a trabajar. Steve y yo alquilamos una cabaña justo entre nuestras dos casas (vivimos a 30 millas de distancia uno del otro) y un par de días a la semana nos reuníamos en ella y empezábamos a producir los cómics, y Alan nos decía: "Tenéis que dibujar dos o tres páginas por día.”

PINKHAM: Para darle ese toque apresurado...

VEITCH: “…que crepite, como lo que hacían Ditko y Kirby.”

PINKHAM: Espero que en esas condiciones no os diese uno de sus guiones habituales, a menos que se estuviese refiriendo a que os teníais que leer dos o tres páginas al día.

VEITCH: Era un guión al estilo Marvel. “Afable Al” llamaba y nos describía lo que ocurría en el argumento. Entonces le enviábamos por fax los lápices acabados y él se ponía a dialogarlos… y si te lees 1963 verás que los diálogos son un poco bobos, cosa que a Alan le resulta bastante difícil.
PINKHAM: Bueno, después de hojear la miniserie de Violator

VEITCH: El error que cometimos fue que... en realidad fueron un montón. Uno de ellos consistió en que Steve y yo nos encargamos del aspecto editorial y de la producción de toda la serie sin que nos pagaran. Nos imaginamos que iba a producir beneficios, y que serían enormes. Así que terminamos poniendo toda la carne en el asador organizando la serie, asegurándonos de que llegara a buen puerto. Valentino estuvo todo el tiempo a nuestro lado, las cosas no podían haber marchado mejor por parte de Image. Se encargaba de todo lo que necesitábamos. Pero nosotros… deberíamos haberlos conocido mejor. Organizar a un grupo de artistas tarados de todo el mundo, y a un guionista que es un excéntrico de clase mundial... [Risas.]

PINKHAM: Así que el “sweatshop” simulado se hizo realidad.

VEITCH: Lo gracioso es que de alguna forma todo terminó evolucionando. No creo que Alan llegase a conectar con el proyecto de la misma forma que había hecho con otros más serios como From Hell. Según íbamos profundizando, parecía que él se iba desentendiendo. Nosotros nos sentíamos muy apegados y empezamos a hacer la sección de correo y mierdas por el estilo, algo que debería haber hecho él.

Steve y yo conseguimos solucionar cualquiera de los problemas de la parte de Image. Ya sabes, era una locura. Se encontraban en esa etapa proto-plásmica de éxito masivo, pateando a Marvel en ventas. Y por supuesto, eso fue lo que alimentó la burbuja de los especuladores. Steve y yo no entendíamos de qué iba todo eso de la especulación, porque ninguno de nuestros cómics eran realmente cómics con los que especular, pero terminamos acoplándonos. Sacamos nuestras series justo cuando la burbuja estaba estallando, por lo que los dos primeros números de 1963 tuvieron pedidos gigantescamente ridículos. Creo que del primero se pidieron 600.000 copias.

PINKHAM: Jesús. [Risas].

VEITCH: Del segundo número pidieron 500.000 copias. Era una cantidad enorme, gigantesca… Aunque el gran error que cometimos, el más importante, fue que no entendíamos lo importante que era promocionar y anunciar la serie, lo importante que era para el caché de Image. Si miras de nuevo los catálogos de los distribuidores de la época, hay bloques de anuncios de Image masivos, a todo color: “¡Tío! 20 páginas de anuncios de Image a todo color…” No hicimos nada parecido. No entendíamos lo importante que era, y tampoco teníamos tiempo, porque apenas lo teníamos para hacer aquello del “bullpen” virtual juntos, y conseguir que las series apareciesen a tiempo.

Así que el final creativo fue algo que hicimos de forma conjunta. Valentino, en un último acto desesperado por promocionar el título, contrató a Larry Marder para que hiciese una campaña publicitaria, a pesar de que era muy tarde y la serie casi estaba a punto de aparecer. Aún así fue capaz de identificar cierta cantidad de los problemas y hacerles frente. Creo que si se hubiese promocionado mejor, las ventas de 1963 podrían haber sido mayores en los puntos de venta.
SIM Y LA AUTO-PUBLICACIÓN

PINKHAM: Has comentado que Dave Sim supuso una gran influencia para que tomases la decisión de auto-editarte. Dada su idea de la familia y de la esposa como drenadores del potencial artístico del artista masculino, ¿es la auto-edición un arte propio de solteros?

VEITCH: Puedo decirte que todo lo que sé de él (nos hemos reunido poco) es que expresa cosas que ha discutido conmigo de forma informal. Ese es uno de los motivos por los que me he dado cuenta de que su tomo "Reads" es tan poderoso. Hemos pasado algunos ratos juntos, hablado de la auto-edición hasta las cuatro de la mañana, tres o cuatro de nosotros sentados en la habitación de un hotel, todos discutiendo animadamente. Y él empezaba a expulsar todas esas cosas escandalosas que realmente parecían estar consumiéndole y, cuando finalmente observé que las ponía sobre un papel, me dije: "Sí, está haciendo lo que cree de verdad, ¡pero seguro que el público se pone en su contra!"

PINKHAM: Sin embargo, según él tú debías estar cagándola, o por lo menos cagándola como auto-editor. Porque estás casado, tienes una familia...

VEITCH: No creo que esa idea la aplique sólo a la hora de hablar sobre la auto-edición. Creo que también estaba hablando sobre lo que él ve mal en el mundo. En el caso de la auto-edición no hay duda de que las cosas son más fáciles cuando eres soltero. Hay un montón de casos registrados de interesantes trabajos creativos que quedaron desbaratados por las presiones conyugales. Pero también sé que hay un montón de cosas que las criaturas solteras no pueden hacer por sí mismas [risas].

Eso hace que me resulte más difícil. Definitivamente debería vender 10.000 al mes de "Rare Bit Fiends" para poder mantener los mismos ingresos que cualquiera de clase media, como conseguía, por ejemplo, haciendo la serie típica de DC. Esa es mi meta, pero tengo un largo camino por recorrer para conseguirlo.

PINKHAM: ¿Cuáles de las ideas de Sim te parecen particularmente importantes?

VEITCH: Todo eso de que las compañías son una mierda. [Risotada]. Lo aprendí por la vía más difícil. Creo que cuando estuve trabajando para una compañía intenté conectar con ella a nivel emocional, desde el inconsciente. Esa fue una de las razones por la que siempre que me he marchado me ha dado la sensación de que me han violado, aunque algunas veces sí que lo hayan hecho [risas]. No fui lo suficientemente “cool” y profesional como para pensar: “Oh, tan sólo son negocios.”

Todo ese proceso me encaminó hacia Tundra, donde todo se salió de madre. Fue como si me arrojaran un jarro de agua fría en la cabeza. Steve y yo, los dos, abandonamos toda la situación diciendo: “Esto apesta. Hemos perdido el control.”

Otra cosa que me dejó impresionado ocurrió al final de la segunda reunión de la Declaración de Derechos de los Creadores, cuando Dave les indicó a Peter y a Kevin lo que pensaba sobre la mierda que le parecía el estudio que estaban intentando montar. Predijo una serie de cosas que sonaban realmente escandalosas en ese momento, pero que terminaron por hacerse realidad. Ya sabes, uno de los problemas de Dave es que es muy contundente, es capaz de encabronar a la gente y ahuyentarla, por lo que nadie intenta llegar a entender de qué está hablando. Construye coaliciones buenísimas, y luego se las carga por motivos ideológicos.

Dave es una verdadera mula trabajando. Cuando Hunter Thompson proclamó una vez: "Cuando las cosas se ponen raras, el raro se convierte en un profesional", ¡Dave respondió a esa llamada! [Risas.] Dicho esto, tampoco puedo estar de acuerdo con su diatriba contra la "permanencia de la fusión” de su número 186 [de Cerebus].
Lo que mucha gente se está perdiendo es que detrás de la cuestión de género también se encuentra su condena de los sentimientos humanos. Para mí el corazón es muy importante. Muchos de los problemas de la sociedad se remontan al hecho de que las personas no tienen contacto con sus sentimientos. Existe un contexto histórico general, empezando por el humanismo racional, el método científico y la Ilustración, bajo el cuál, en algún momento la mente racional se hizo cargo de las necesidades emocionales del corazón. Me parece una idea brillante. En la década de 1700, de 1800, se estaban haciendo todos esos descubrimientos científicos y la industria estaba empezando a tomar forma, se estaban construyendo las máquinas y la Sociedad se estaba organizando en una fuerza de trabajo de consumidores. En el Siglo XX hemos pasado por dos Guerras Mundiales horribles, y sufrimos gigantescos problemas ecológicos que se remontan a la Revolución Industrial. Creo que es una situación catastrófica que se podría haber evitado si durante el camino la gente de la Ilustración hubiese permitido que sus corazones ayudasen a tomar las decisiones. Cuando Henry Ford creó la línea de montaje en Red River y pobló la Tierra de automóviles, en realidad no estaba escuchando a su corazón o a las verdaderas necesidades del Planeta, sino que estaba racionalizando la necesidad inmediata de transporte.

PINKHAM: En la entrevista con Pascoe enlazabas todo esto con nuestra dependencia de lo textual.

VEITCH: Creo que leer un texto de forma lineal te puede hacer desarrollar un pensamiento lineal. Es propio de una mente sencilla y está orientado hacia un objetivo concreto. Lo que me gusta de los cómics es que difunden información de forma más integral, y creo que lo que necesitamos hoy en día, ahora mismo, es una conceptualización holística. Napoleón era un pensador lineal. Así como Hitler.

PINKHAM: Sim tiene un verdadero punto de vista al estilo de la Ilustración: las mujeres son animales, parte del hábitat natural del hombre que tiene que ser domesticado mediante el orden y la ingenuidad.

VEITCH: La verdadera guerra de los sexos se produce entre el sentimiento y la razón. Pero sólo es una batalla más en toda la guerra que la humanidad lleva a cabo consigo misma, o quizá también forma parte de la búsqueda que hacemos de nosotros mismos. Jung dijo que había cuatro funciones de la psique humana: sensación, pensamiento, intuición y sensibilidad. Parece que ninguna es intrínsecamente superior al resto. El objetivo debería ser conseguir un equilibrio entre las cuatro, como si estuvieras equilibrando tus sentidos: no tienes por qué cortarte las orejas porque tus ojos ya te estén proporcionando todo lo que necesitas.

Sospecho que la forma óptima para vivir nuestra existencia como seres humanos es manejando estas cuatro funciones.

Dicho esto, pienso que muchas de las cosas que Sim ha señalado acerca de los aspectos problemáticos de las emociones son ciertas. Pero hay una diferencia entre el sentimiento y la emoción. Yo definiría la emoción como algo crudo, algo fuera de control, algo inconsciente. Deberíamos considerar que el sentimiento puede ser un instrumento bien afinado mediante el que podemos entrar en contacto con las cosas que no podemos ver, como los sistemas macro-ecológicos que están más allá de cualquier cosa que la mente racional sea capaz de calcular.

En mi propio caso, tener un hijo fue lo que más me ayudó a abrir mi corazón y ponerme en contacto con mi lado más sensible. La situación me obligó a madurar. Eso puede ser lo que necesita Dave [risas]. Funcionó con Gary [risas].
Dave no tiene equilibrio, pero es una de las mejores cosas que le ha ocurrido a los cómics. Apareció nada más comenzar el mercado de venta directa, y probablemente, si hablamos en términos de producción creativa, hizo mejor uso de su potencial que cualquier otro. Tiene un carácter difícil, pero ha creado una franquicia valiosa haciendo exactamente lo que quiere hacer, y lo ha hecho a través del método de ensayo y error, racionalizando las cosas al máximo. Ahora mismo creo que está aplicando sus increíbles poderes de deducción para tratar de cumplir con la promesa real que vio en el mercado de venta directa antes de que fuese secuestrado por las grandes editoriales.

PINKHAM: Y así, ¿crees que el desequilibrio de Sim proporciona un elemento de equilibrio a la industria del cómic?

VEITCH: Creo que la industria necesita artistas más inteligentes. Cualquier dibujante que pueda guionizar y dibujar debería intentar auto-editarse. Lo que hay que aprender para auto-publicarse es tan poco en comparación con cualquiera de las otras habilidades que tienes que saber para trabajar en el negocio (dibujar, escribir o rotular un comic book), que parece trivial en comparación.

Ya sabes, la consecución de un verdadero mercado de venta directa llegará el día en el que Marvel y DC trastabillen en Walmart. Creo que las grandes editoriales (Marvel, DC, Image y algunas otras) terminarán intentando vender cómics sólo para los consumidores en general. Ahora, algo como “Rare Bit Fiends” no se puede vender en el mercado mainstream, pero tampoco puedes vender Vertigo o Fantagraphics. Podría ser una verdadera oportunidad para que las editoriales alternativas heredasen los restos del mercado de venta directa cuando las grandes abandonen ese sistema.

Imagínate en lo que se podría convertir el medio de los cómics si tuviese 20 o 30 hogares de auto-edición como Cartoon Books, Aardvark-Vanaheim, Colleen Doran, James Owen, Spider-Baby... y con suerte, King Hell [risas], posicionados sólidamente. Quiero decir, tan sólo estoy pensando en la estabilidad y en la integridad que le daría ese tipo de estructura a este medio artístico. Podríamos lograrlo si nos centrásemos en la importancia de la producción creativa en primer lugar, en lugar de hacerlo en las necesidades de las empresas que, con la excepción de algunos pocos momentos brillantes, han ido dictando toda la historia de los cómics en Estados Unidos.

PINKHAM: La parte difícil es convencer a las tiendas de que pueden sobrevivir sin ese sistema.

VEITCH: Bueno, la verdad es que ahora no pueden sobrevivir sin él. Tienen cajas llenas de Marvel en la trastienda que nunca van a vender. Con suerte, algunos de ellos despertarán en algún momento. Estoy sorprendido por el tiempo que se está necesitando para que se lleve a cabo. Cada verano algún genio del marketing [risas] de algún empresa grande da con la forma de vender jillones de series horribles a las tiendas que nunca se van a vender.

PINKHAM: “¡Universos!”

VEITCH: Los pobres vendedores están cogidos por el cuello. Tengo que decir que a mí eso me benefició un montón. ¡Muchos se han tenido que tragar un montón de copias de 1963! [Risas.] La diferencia es que yo no me di cuenta hasta después de que hubiese ocurrido. Creo que algunos vendedores han empezado a vender cosas auto-editadas o algo parecido: los llaman "self-retailers."

PINKHAM: ¿Te refieres a las ventas por correo?

VEITCH: No, me refiero a gente que está montando tiendas de cómics que se basan en lo que les gusta y no en lo que dicta el mercado. Creo que fue Larry Marder a quien se le ocurrió el concepto de lo que es el equivalente de la auto-edición para los artistas, "self-retailers": el tipo que dirige la tienda de cómics sólo pide lo que realmente le gusta. Y ya sabes, si en todo el país hubiese 400 o 500 de estas tiendas, la auto-edición despegaría en cualquier momento. ¡Estoy seguro de que terminaríamos desarrollando el potencial que todos vimos en el mercado de venta directa en 1978!


FIN 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias por la entrevista.

Ahora que se ha solucionado el tema Eddie Campbell, Rick Veich se lleva la palma (quizás ex-aequo con los 2000 ADeros Pat Mills y John Wagner) a mi autor favorito más maltratado por el panorama editorial español.

Su Swamp Thing sigue inédito de forma absurda. Abraxas, Army@love, Can´t get no, Rare bit fiends...leches, hasta el 1963 de Moore! Es que tiene el gafe el tío por aquí.
Sólo hemos visto la trilogía heróica que publicó Norma, y de aquella manera, que The One y Maximortal eran originalmente a color. En fin.