lunes, 21 de julio de 2014

¿CÓMICS O COMIX?, por Jaxon, miembro de Rip Off Press (1 de 5)


¿Cómics o Comix? Por Jaxon, miembro de Rip Off Press.
Artículo aparecido en Blab nº 4 (1989). Traducido por Frog2000.

Nota del editor: la primera parte de este artículo fue escrito en 1971, durante el auge del fenómeno de los comix underground. Apareció en una pequeña publicación impresa de la época llamada “Infinity” que cerró sus puertas después de media docena números. Visto por pocos, recordado por algunos, decidimos recuperar el ensayo y darle la exposición que dignamente se merece. Jaxon ha dejado la mayor parte del texto original intacto, realizando tan sólo algunos cambios menores por requerimiento de los editores, además de aportar un complemento compuesto por un artículo escrito durante el invierno de 1988, justo a continuación del original. Juntos, contrastando en ambos ensayos la marca del comix underground con la de los cómics, quizá sean lo mejor que se haya escrito nunca sobre el tema.

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El término "comix underground" es uno bastante desafortunado. Sin embargo, aquellos de nosotros que trabajamos en la industria del comix estamos atrapados en él, y tendremos que sacar lo mejor del mismo hasta que a los divulgadores de lo novedoso y a los responsables de las categorías se les ocurra otro término para los cómics underground que se encuentre más próximo a los conceptos acuñados por los padres fundadores del medio, que también son los de la industria del cómic oficial. Personalmente, cuando se habla de esta tendencia revitalizadora de la "tira humorística" prefiero la sencilla denominación de "comix". Carece de ciertas connotaciones que creo que a ojos de nuestros lectores potenciales (y quizá también a nuestros propios ojos) perjudican la sinceridad de nuestro movimiento. De alguna forma, para quien piensa acerca de sí mismo que pertenece al underground le podría parecer un término incluso glamuroso. Después de todo, tradicionalmente las redes del underground han tenido un honorable sentido de resistencia ante la opresión en los países ocupados. Sin embargo, y siendo realistas, nosotros no somos personas cautivas, excepto en la medida en que lo esté nuestra mente o les permitamos a otros disponer de dicho privilegio. Y nuestro negocio está siendo conducido de la misma forma mundana que otros empeños comerciales. Esto bien parece ser una política inteligente, porque tal y como dicen los Boy Scouts, "has de estar preparado", pero en la época actual somos libres de llevar a cabo nuestro trabajo en un mercado libre, y sólo un obstinado paranoico podría insistir en dejar apostado un guardia armado a las puertas de la imprenta. 

En lo que a mí respecta, supongo que el verdadero peligro que amenaza la vitalidad de los comix puede llegar a través de su explotación comercial por parte de gente que no entiende lo que estamos haciendo y que los ven como una oportunidad de sacarse unos pavos rápidamente, otra moda de la que sacar provecho. Ese fue el destino de la gran “travesía” de los pósters, otra de las innovaciones surgidas desde el underground. 


Yo no temo, como le ocurre a mucha otra gente de la contracultura, que las fuerzas de la uniformidad, ya sea bajo la guisa de la ley y el orden o bajo la sencilla amenaza de la represalia económica, puedan detener la actual y galopante marea de libre expresión de los comix. No temo las consecuencias que tendría la aparición de otro desinformado Dr. Fredric Wertham que denunciase la satánica influencia de los comix. Por un lado, hemos visto 20 años de cómics "más limpios" en este país, y aquellas cosas que el buen doctor dijo que debían rectificarse y que como consecuencia instigaron un código para los cómics, han evolucionado en algo mucho peor. El Dr. Wertham estaba preocupado con la idea de que "lo que vemos, lo imitamos", asumiendo que porque una historia de un cómic describiese asesinatos cometidos a hachazos, todo el mundo saldría a asesinar a alguien con un hacha... pero con la misma facilidad también se le podría haber ocurrido todo lo contrario; que al ver los hechos reflejados en todo su asqueroso detalle, ¡dicha fantasía indulgente podría disuadir a alguien de cometer un verdadero crimen! Es bastante conocido que la mayoría de las medidas terapéuticas están diseñadas sin otro propósito en mente que ayudar a la gente "enferma" a representar sus fantasías, y de ese modo convertirlas en algo inocuo. Creo que los psicólogos de hoy en día están mucho mejor preparados para comprender la naturaleza explosiva provocada por las fantasías reprimidas de lo que lo estaba el Dr. Wertham. El hombre estaba bastante equivocado. El editor de Mad, William M. Gaines, pudo darse cuenta, pero él era un hombre adelantado a su tiempo, y además no tenía los medios necesarios para prevalecer por encima de la mentalidad de caza de brujas de Wertham y sus esbirros. Ahora, a comienzos de los setenta, los que estamos en el underground nos encontramos en otra posición, y a una escala que se adapta totalmente a nuestras necesidades.

Incluso si algún organismo de control del pensamiento decidiese actuar con "mano dura" con los comix, tengo confianza en que el medio a través del que creamos nuestras ilusiones seguirá existiendo y prosperando, siempre y cuando existan espíritus libres, porque la libertad de expresión es algo tan fundamental de la naturaleza de los cómics como lo es de la propia democracia. Ese es el motivo por el que el medio de los cómics ha brotado y florecido en un país donde celebrar la libertad es toda una tradición, y la razón de que el medio sufra mucho más durante los períodos de crisis del proceso democrático, un proceso a través del que los hombres libres se relacionan entre sí.

Creo que los cómics son una institución de la sociedad libre tan esencial como, por así decirlo, sagrada. Sagrada debido a su profundo carácter profano, debido a su habilidad para despertarnos, engatusarnos, involucrarnos, atropellarnos, para a continuación resurgir por nosotros mismos. Creo que muchos americanos sienten lo mismo y se sienten protectores con los cómics, dándose cuenta vagamente que son un reflejo de las profundas corrientes que surcan nuestra sociedad. Naturalmente, no habrá mucha gente que confiese tomárselos tan en serio, y así es como debería ser. Una de las características más bellas inherentes al medio es su habilidad para funcionar a varios niveles de percepción de forma simultánea (los cómics pueden llevar envasado en su interior el mismo batacazo que proporcionaría una lobotomización, mientras se les resta importancia como si "sólo fuesen material para críos".)


No alcanzo a ver cómo nosotros o cualquier otro movimiento auto-sostenido a través de la libre expresión podría ser suprimido con eficacia mientras sigamos manteniéndonos fieles a los deseos y necesidades de nuestro público. Y lo cierto es que la opresión no es uno de los anhelos que tiene la gente cuando piensa en las "dominicales". Quizá lo sea el aburrimiento que le produce el producto, pero no la opresión. La opresión tan sólo despierta el apetito por consumir productos surgidos de la imaginación de los historietistas, y allá donde algunos cómics la padecen hasta el punto de haberse convertido en algo inane, vacío y "correcto", han surgido otros que han tomado su lugar y que han continuado estimulando la imaginación de las personas. Estoy completamente convencido de que la gente sin libertad y con un nivel de tecnología rudimentario podría quedarse completamente satisfecha sin su ración de cómics habitual. Las personas libres tienen esperanzas, miedos, sueños, fantasías y tabúes que no quieren que sean extinguidos, y ese es el tradicional papel que le corresponde a los cómics: complacer las fantasías de la gente. Si te encuentras con una cultura sin cómics, puede que te topes con personas apresadas firmemente bajo el yugo de la tiranía. Pero incluso entonces es probable que veas graffitis mostrando el humor del hombre oprimido.

Siendo ese el caso, ¿cómo es posible que los cómics americanos establecidos se enfrenten a un terrible declive económico y creativo? ¿Por qué se hunden las ventas y los nuevos títulos mueren nada más nacer? ¿Por qué las dominicales de los periódicos son cada vez más y más pequeñas cuando una vez fueron el eje principal del esquema de publicación de cualquiera de los constructores de imperios, hasta el punto de que la marcha de uno sólo de los artistas de un "Syndicate" podía hacer temblar al mismísimo Hearst? ¿Por qué dicho mercado adulto, que una vez supuso la mayor base económica del reino del cómic, ha perecido para la industria? ¿Y por qué, de forma simultánea a la agonía que sufre la industria del cómic, los comix underground están prosperando y afrontando posibilidades que parecen tener un futuro ilimitado?

Creo que el declive comenzó allá por 1954, cuando la industria del comic book se inclinó humildemente ante la estupidez de un subcomité del Senado y se ató a sí misma de pies y manos con un "Código" que no le ofrecía a los artistas posibilidad alguna de comunicar nada significativo acerca del mundo real. Leed alguna vez el [Comics] "Code". Hace que el más pío de los catecismos parezca blando en comparación. Cómo llegó a pensar la industria que podría cumplir con el "Comics Code" y producir algo que se acercase vagamente a la tradición de humor visual tal y como ha ido evolucionando en este país, es algo que aún me resulta todo un misterio. Fue la mayor capitulación de la libertad creativa, voluntaria o de otra forma, que pueda recordar de nuestra historia reciente. Y ocurrió en nuestro país, y seguimos apegados al mismo código con mínimos cambios. No es de extrañar que la juventud americana, alimentada en la tradición de hombres que hablan con frases enérgicas como: "no sé qué camino tomarán otros, pero en lo que a mí respecta dadme la libertad o dadme la muerte", hayan vuelto la espalda a los cómics. Tampoco sé lo que sentirán acerca del Código muchas de las personas que trabajan en los cómics comerciales, pero a CUALQUIERA que le preocupe el papel que hayan ejercido los cómics durante los terremotos culturales que se han producido en nuestra sociedad en los últimos 20 años, deberían elevar fuertemente la voz a favor del cambio. Hasta que lo hagan, seguiremos armando un buen lío y asaltando las puertas exteriores.

(Continuará)

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