lunes, 19 de enero de 2015

HÉROES DE ACCION, LA JUBILACIÓN ES PARA LOS DÉBILES, por Warren Ellis


HÉROES DE ACCION, LA JUBILACIÓN ES PARA LOS DÉBILES,
por Warren Ellis para The Guardian, 2010. Traducido por Frog2000.

Al principio de mi novela gráfica "Red", el asesino retirado de la CIA Paul Moses (al que el espía corporativo de las películas de Bourne podría llamar "un activo"), está viviendo tan tranquilamente como le resulta posible, sufriendo pesadillas en solitario y esperando a que llegue su hora lo mejor que puede. La única relación que tiene en su vida es con la empleada de la Agencia que se encuentra al cargo de su pensión. Ella no sabe cuál fue su trabajo y él nunca ha querido conocerla en persona. Al comienzo de la película que adapta "Red", el asesino retirado de la CIA Frank Moses está intentando adaptarse a una vida de aburrimiento, y está ocupado en una desventurada relación de seudo-ligue a larga distancia con la empleada de la Agencia que se encuentra al cargo de su pensión. Ella no sabe cuál era su trabajo, y él no puede decírselo. Esencialmente, en ambas versiones Moses es un hombre que piensa que su vida se ha acabado. En ambas versiones un equipo de combate de la CIA intenta asesinarlo en mitad de la noche por razones desconocidas. En ambas versiones evita la muerte, mata a todo el equipo encargado de eliminarlo casi sin tener que pensar, y de repente y de una forma terrible vuelve a recuperar su anterior vida.

El atractivo de dicha idea es el siguiente: no importa cómo te crees que eres, un día sucede algo que te demuestra que eres tan bueno en algo como siempre lo has sido. Hay un magnífico poderío dramático y emocional en el concepto del Héroe Renacido. Echa un vistazo a la reciente película de Rambo, titulada sucesivamente Rambo y John Rambo. Cuando vemos por primera vez a Sylvester Stallone en esta película, francamente parece un novillo en los huesos que alguien se ha dejado olvidado bajo la lluvia durante seis semanas. No es Rambo. Es "John", y es viejo y se expresa con monosílabos hasta el punto de lo catatónico, es alguien derrotado. Tendrán que ocurrir cosas horribles antes de que se convierta de nuevo en Rambo, al igual que el personaje de Bourne se asegura de que pasen cuando Matt Damon es atacado por policías en El Caso Bourne. Aún sabiendo cuál es su edad, el público disfruta perversamente con el hombre jubilado que asume el aspecto de demente asesino Black-Op de las Fuerzas Especiales que vuelve a la "actividad".

Estas historias nos cuentan que no se puede prescindir de nosotros, que es un error que se nos descarte, que podemos tener  una última oportunidad de triunfar. Un gran amigo mío estuvo visitando a sus padres en una remota granja americana durante la gran fiesta anual que celebran. Todos sus amigos aparecieron por allí, amigos que había conocido a lo largo del transcurso de toda una vida aplicando la ley en distintos niveles. Policías, espías, tipos del ejército. Y a mi amigo le gustó mucho explicarme que estuvieron hablando durante mucho tiempo sobre las ganas que tenían de ver "Red". No tanto porque yo fuese un genio inmortal o porque supiesen que éramos amigos sino porque era algo que les parecía extraño: aún no se había hecho una película que tratase sobre su generación. También todo esto trata sobre los actores que han ido madurando según han continuado interpretando sus propias historias, actores que no deberían ser despedidos. Las películas de Hollywood son tan penetrantes que sus relatos van tejiéndose a nuestro alrededor, y la meta-historia de "Bruce Willis, héroe de acción" por lo menos nos parece tan real como los freaks que desfilan en los "realitys" televisivos. La versión más insidiosa de este tipo de historia es la del pornógrafo padre divorciado de Taken [Venganza, 2008]. El desechado "papi" es un "preventivo" retirado de la CIA que tiene que revisar sus viejas habilidades para salvar a su hija mientras que su ex esposa y su nuevo, rico y zalamero marido no hacen nada: como ella pasó de mí y el otro tipo no hace lo que yo le digo que haga, tendré que salvar el día golpeando la garganta de una gran cantidad de extraños extranjeros. A su manera, creo que lo contrario resulta más convincente. El motor de las películas de Bourne es el de que en una época en la que existe correo electrónico y teléfonos móviles por todos lados, sencillamente la gente no nos dejará jodidamente solos en momento alguno, y tal vez algún día, nosotros, al igual que le ocurre a Jason Bourne, terminemos por cabrearnos y les patearemos los huevos a todos ellos.

Pero estas películas que funcionan con el esquema del "regreso del operativo retirado" comparten una postura emocional común que nos resulta muy placentera, y esa es la de que quizá nosotros estemos en lo cierto después de todo, y que puede que realmente seamos buenos en algo, por lo que nos parece bien intentar demostrarlo de nuevo.

Su atractivo es suficiente como para que The Expendables [Los mercenarios, 2010], el último hurra del equipo de duros mercenarios envejecidos de Stallone (más Jason Statham, el estándar de oro de las película de acción del Siglo XXI), se encamine hacia una taquilla universal de unos 300 millones de dólares. El gravemente infravalorado Harry Brown [2009] interpretado con la típica flema británica y los 77 años de edad de Michael Caine también dispone de su propio momento Bourne. Caine interpreta a un antiguo soldado que se reafirma en su entrenamiento militar para castigar a unos inútiles del Sur de Londres. Ha generado 10 millones de dólares hasta la fecha. Una vez más, parte de la fuerza de estas películas proviene de su historia, casi podrías mirar "Harry Brown" con los ojos entrecerrados e imaginártela como la secuela de "Get Carter" [Asesino Implacable, 1971] de Caine, si el Cockney "terminator" de Jack Carter no hubiese muerto en aquella playa.

Por otro lado, merece la pena mencionar que Caine estaba cerca de los 40 cuando hizo "Get Carter". Al igual que le ocurría a Steve McQueen cuando hizo "Bullitt" [Bullit, 1968], e incluso entonces su rostro ya parecía una colección de rocas que venían envueltas en una piel de tambor fabricado con cuero curtido. La edad combinada de los protagonistas de la épica película "The Taking of Pelham One Two Three" [Pelhalm, 1. 2. 3., 1974] es algo así como de 300 años. Los dos héroes de la policía (Walter Matthau y Jerry Stiller), parecen tener 101 años cada uno. Lee Marvin ya tenía 44 fue cuando hizo Point Blank [A Quemarropa, 1967], y eso que Marvin había salido del vientre con la cara de un antiguo luchador de bar que revisa cada sábado por la noche los muros del hogar de la tercera edad para intentar pillar un poco de whisky. Eran tan jóvenes como lo eran los aventureros cinematográficos durante los primeros días del cine de acción: lo del adolescente es algo que se ha inventado recientemente, porque entonces no llegabas a convertirte en héroe de acción hasta que eras demasiado viejo como para aparecer en televisión.

El final de ese ciclo en particular se produjo apenas unos años después de Get Carter y Bullitt, cuando le dijeron a McQueen que en el mundo moderno de mediados de 1970 él era demasiado viejo como para interpretar a... John Rambo.

Existe la sensación de que ahora la gente los está redescubriendo -aunque sea de forma breve y superficial-, como si de hecho, el público no sólo no quisiera desprenderse de su amor por los actores y por ese tipo de personaje de más edad, sino como si además quisieran continuar el viaje con ellos durante el mayor tiempo posible. No importa que sea desde el extremo más sórdido de la cultura pop, o en los géneros más evidentes y amazacotados. Para las generaciones que crecieron con estos personajes no existe una edad repentina donde solo se pueda hacer frente a dramas de época y películas de Woody Allen. Y si tienes la misma edad que los espías abruptamente sacados de su retiro que aparecen en "Red", entonces el Matt Damon de Bourne te parecerá un feto vestido con un abrigo.

Tal vez realmente exista una nueva etapa en Hollywood: un recordatorio de que nuestras generaciones veteranas no sólo todavía pueden emocionarnos, sino también que tienen dinero para gastarlo. Y mientras tú estás divirtiéndote con tus juegos de ordenador que a ellos no les gusta o no los entienden, ellos están comprando asientos para ir al cine y ver películas en las que tú mismo apareces recibiendo sus patadas en la cara.