lunes, 27 de abril de 2015

EXITOSO EN TODOS LAS DISCIPLINAS, ENTREVISTA CON CLIVE BARKER (PARTE 4 DE 5)


Entrevista realizada por S. C. Ringgenberg para The Comics Journal 171 (1994). Traducida por Frog2000. Parte 1parte 2, parte 3.

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RINGGENBERG: En cuanto finalizas un proyecto de gran envergadura, como por ejemplo el libro en el que estás trabajando en la actualidad, ¿te tomas un tiempo para recargar las pilas?

BARKER: No, recargo las pilas cambiando de medio. Por ejemplo, cuando estoy escribiendo, lo hago sin música en una habitación con vistas al patio trasero con nada más que mirar excepto el cielo y el césped. Es una experiencia muy solitaria e interna. Cuando pinto es una experiencia más física, porque lo hago en lienzos enormes y acabo cubierto de pintura y con la música puesta muy, muy alta. Es algo muy diferente. De alguna forma ambas cosas son como una especie de ying y yang. Con una película es algo que me resulta incluso más fuerte. Porque cuando estás haciéndola estás tratando con un montón de gente y con políticas diferentes, algunas buenas y otras no tanto, y creo que es maravilloso poder volver a la mesa, cerrar las puertas y decirme: “de acuerdo, ahora voy a escribir el guión de una película.”

RINGGENBERG: ¿Cuánta respuesta obtuviste por parte de los autores a los que se les asignó los títulos de la línea Razorline?

BARKER: Alguna, pero no demasiada. En parte fue por culpa de que ignoraba quiénes eran algunos de ellos. Conocía el trabajo de Fred Burke, por supuesto. No conocía a un montón de gente, así que, de nuevo, a la hora de colaborar conviene que te asesores. Hablar con ellos y tener una buena cantidad de ejemplos entre los que poder elegir. Había algunos que creo que no eran los más apropiados para las series, respecto a otro montón, tampoco Marvel creía que fuesen apropiados, pero encontramos a algunos que sí que nos gustaban a los dos. Creo que hay algunas series que son tremendas. Lo único que lamento es que el mercado no ha soportado el fruto de nuestro trabajo. Pero haces lo que tienes que hacer y sigues moviéndote y esperas hacer las cosas tan bien como puedas hacerlas, y también te esperas que la próxima vez te salgan mucho mejor.


RINGGENBERG: Por ejemplo, una de las personas que estaba escribiendo uno de los títulos de la Razorline, Elaine Lee, parecía ser una elección muy extraña.

BARKER: Bueno, soy un fan tremendo de Elaine gracias a su Starstruck.

RIGGENBERG: Oh, yo también. Creo que es una de las mejores. 

BARKER: Oh, es maravillosa. Quería que ella formase parte de la línea por su Starstruck.

RINGGENBERG: ¿En serio?

BARKER: Si, Starstruck es un tebeo maravilloso, pero prácticamente no lo conoce nadie. Es muy triste, pero así son las cosas. Zillones de personas conocen a Spawn, pero nadie sabe qué es Starstruck. Así son las cosas, esa es la diferencia entre El Piano y Sra. Doubtfire. Por eso nunca quiero saber nada de las cifras. Por eso siempre quiero saber si algo te ha impresionado de verdad, ¿te ha removido este material? ¿está hecho de forma bella? ¿han puesto los autores el suficiente cuidado al hacerlo? ¿está hecho de forma habilidosa? ¿con una visión propia? ¿con compasión? Lo que ocurre es que la mayoría de las veces no nos interrogamos tanto sobre los cómics que se están haciendo para nosotros como todo lo que nos preguntamos sobre otras formas de arte. De alguna forma rebajamos nuestras expectativas en lo que respecta a los cómics. Incluso a quienes nos gustan los cómics, también rebajamos nuestras expectativas al pensar en ellos. Hasta cierto punto es una consecuencia de aquello que siempre han sido los cómics, de que siempre hayan sido forraje para críos. Creo que los que los leemos y estamos involucrados en el medio hemos pasado por una fase, quizá desde hace cinco años o así, en la que teníamos la idea en la cabeza sobre un nuevo futuro para los cómics en el que conseguiríamos llegar a otro tipo de público a través de este medio, uno más amplio y adulto que iba a permitir que madurase. Y realmente es algo que no ha terminado de materializarse. Dicho público aún no ha aparecido por ningún lado. Recuerdo haber tenido largas discusiones sobre la situación de los cómics en Japón, un país en el que cuando bajas al metro puedes ver a todos los oficinistas leyendo manga en los vagones, ¿no sería algo precioso el hecho de poder vender un millón de copias de un tebeo cada semana a la gente, que podrían leérselas en el metro de Nueva York? Eso podría pasar en cualquier momento. Podría suceder en uno u otro momento, pero creo que habrá que recorrer un largo camino primero. Me gustaría que el público creciese de tal forma que realmente se pudiesen mantener más cómics adultos a la venta. Pero pienso que aún no tenemos el suficiente número de compradores para que eso se haga realidad.


MANOS HÚMEDAS Y MAQUINILLA DE AFEITAR QUE ESCUECE


RIGGENBERG: Volviendo sobre tus novelas y películas de terror, siempre me ha parecido que incluían un elemento sexual, la idea de la seducción de lo diabólico. ¿Intentaste introducirlo de forma consciente bajo la piel de tu lector? ¿O es algo que ha ido incubándose poco a poco en lo que escribes?

BARKER: Nunca he pensado en introducir nada bajo la piel del lector en el sentido de: “¡ooohh! No sería magnífico que…” Hago lo que creo que en mi opinión funciona. El material sexual de las novelas es una parte claramente significativa de las mismas. No sólo en las de terror, sino también en las de fantasía. Refleja un interés continuado por el sexo por parte del autor [risas], y también refleja que la ficción de fantasía y de terror lleva mucho tiempo estando dominada por la ausencia de sexo. Me refiero a que en ese género al que vagamente llamamos “fantasia heróica” no descubriremos gran cosa si nos fijamos de en las partes vitales por debajo del ombligo de los hombres o mujeres que lo protagonizan. Casi siempre ocurrirá algo parecido respecto al material de terror. Hay una sensación de incomodidad cuando se habla sobre el tema de la sexualidad. En lo que a mí respecta, lo incómodo siempre me resulta interesante. Me refiero a que si te sientes incómodo, entonces –por el amor de Dios- habla sobre ello. El tema del sexo es algo tan poderoso en nuestra cultura que aparece de forma sublimada y sin sublimar en nuestros anuncios y en la TV, vídeos, películas, etcétera. Así que ¿por qué no hacerle frente? Nos remueve, nos cambia, nos influencia todo el tiempo. Por mi parte creo que sería toda una frivolidad no aprovecharlo, creo que sería una cobardía no hacerlo.

RINGGENBERG: Cuando estás escribiendo ciertas partes de tu trabajo, ¿alguna vez te ha hecho encogerte algo que hayas escrito que sea particularmente horrible?

BARKER: Noooo… soy más propenso a escribir con las palmas sudorosas porque creo que lo que hago es más sexy que brutal. [Risas.] En Imajica o en El ladrón de días, y en Sortilegio y El Gran Espectáculo Secreto, el material de terror es incluso mucho más relevante. Me refiero a que sí, ocurren algunas cosas extrañas, pero dicha extrañeza no está creada para asquearte o ponerte enfermo. De alguna forma está creado para liberarte de los grilletes de la realidad en la que vives…


RINGGENBERG: Al revisar un buen montón de tu obra de terror, me he dado cuenta de que una de las cosas que aparecen en muchas de tus películas y en los cómics son las cadenas y los ganchos de carne y todo el resto de imaginería parecida. ¿Encuentras esas cosas inherentemente aterradoras?

BARKER: Bueno, perdóname por no estar de acuerdo con tus observaciones, pero si echas un vistazo a “El libro de las maldiciones”, y a los treinta y pico relatos de Libros de Sangre, a Razas de Noche y a Candyman, creo que en realidad dicha imaginería casi se limita a las películas de Hellraiser y, más allá, a los cómics derivados de las películas. Creo que una de las cosas que el artista decide hacer cuando se pone con este material es incluir dicha imaginería en la página. Pero no es algo que encuentre más aterrador que un machete o una motosierra. Creo que todo depende del contexto. Todo depende de si te metes en el relato o de si no lo haces. Una de las cosas que siempre intento hacer es que lo que hago sea algo más interesante que presentar a una pandilla de adolescentes e irlos matando uno a uno. Creo que si el público está interesado, si ellos se enganchan a los personajes, aunque no sean como ellos... me refiero a que creo que muchos de los personajes de mis libros, y también de mis películas, son muy despreciables, pero por lo menos también son interesantes. No son planos. Así que si la gente se ve reflejada en la narración, entonces supongo que se asustarán, más que nada porque sentirán que están atrapados en la narrativa junto con el protagonista, ya se trate de Helen en Candyman o Frank y Julia en la primera película de Hellraiser –ellos eran personas que de alguna forma resultaban interesantes porque se salen de lo común, no son personajes planos. No parecían haber saltado de Central Casting, California. 

RINGGENBERG: Me preguntaba si ese tipo de imaginería tenía algún tipo de connotaciones para ti, sobre los mataderos o algún otro tipo de cosas parecidas.

BARKER: Bueno, por supuesto. Resulta algo inevitable. Si utilizas ganchos y cadenas existirán connotaciones bastante próximas a los mataderos. Pero son una herramienta entre todo otro montón de herramientas para describir a Pinhead, así como los elementos punk y las modificaciones corporales que, por supuesto, se asocian con él. Haces todo lo posible para usar tantas cosas como puedas para intentar asustar a la audiencia. Pero al final del día, cualquier número de actos truculentos y herramientas amenazadoras no tendrán valor alguno si de alguna forma la audiencia no participa emocionalmente en la historia. Y por lo que a mí respecta, eso tiene mucho que ver con la historia. Tiene mucho que ver con: ¿habías escuchado antes hablar sobre una historia por el estilo? Incluso, ¿he conseguido crear algo parecido a una historia? ¿O sólo he presentado una situación "colócalos y cárgatelos", que es el caso de las películas de la saga de Viernes 13 y que parecer ser cada vez más en lo que se está convirtiendo Pesadilla en Elm Street, algo que no es que intrigue terriblemente a nadie? No voy a ver esas películas porque siento que sencillamente no van a sorprenderme demasiado, no tienen complejidad alguna, algo que en un principio creo que es lo que más me atrae de la narrativa.


RINGGENBERG: Me has dejado asombrado con algo que has comentado antes, y era eso de que no te gustan las bromas en las películas de terror, y aunque hay series de Razorline, como Hokum y Hex con elementos de comedia, de alguna forma su ambientación es bastante amenazadora.

BARKER: Para empezar, creo que existe una gran diferencia entre una película de terror y un comic book. Lo segundo es que Hokum y Hex es más un cómic de super-héroes que se dirige a una audiencia de más de diez años. No es una película de terror hardcore que está pensada para mayores de dieciocho años. No veo los paralelismos entre ambas en lo que respecta  a los objetivos buscados por cada uno de los productos. En las películas de terror, casi sin excepción, existen algunas honorables excepciones: claramente "La novia de Frankenstein" es una de ellas, pero el humor y el terror no se mezclan bien. Uno coarta al otro. Es algo que me parece muy cierto en el cine. No creo que lo sea tanto en la página impresa, incluso en el medio de la escritura o en el medio del comic book. En un relato se puede incluir una frase bien llevada con humor y en cierta forma hacer que te acerque más a la situación terrorífica. Creo que siempre será una cuestión de equilibrio. Pero hasta donde sé, el tipo de humor que ves en una película de Freddy Krueger, malos juegos de palabras y otras cosas similares, para mí frenan en seco el ambiente terrorífico. 

RINGGENBERG: Hablando sobre el tema de las series Razorline, ¿cuán detallada era tu biblia para el Decamundi [eran las diez realidades exploradas en los cómics Marvel que se etiquetaron como "Barkerverso"]?

 BARKER: En mi cabeza lo tenía extremadamente detallado. Parte de la diversión la ofrecía el poder desarrollar toda una mitología con la que otros guionistas, dibujantes y lectores pudiesen jugar con el paso del tiempo. Por ejemplo, la serie de Ecktoid está transformándose ahora mismo en un video-juego llamado “Ecosphere”. Tendrá una mitología increíblemente desarrollada. Y eso es algo que siempre se agradece, tanto por parte del lector como del escritor. Siempre he disfrutado mucho con los creadores que piensan sus mundos de forma detallada.


RINGGENBERG: Dices que en tu cabeza lo tenías completamente detallado, ¿y cuánta cantidad llegó hasta el papel?

BARKER: Hay un montón de notas. Probablemente habré compartido un cuarenta por ciento de lo que sabía sobre dichos mundos con los creadores, y a partir de entonces es cuestión de algo como: “bueno, seguid vuestro propio camino, y si después tenemos algún desacuerdo importante, que es algo que no suele pasar, entonces ya lo hablaremos.” Pero como decía, parte del placer de hacer esto es dejar que la gente haga su trabajo a su manera. Es un acto de equilibrio, no quieres imponer demasiado control, no quieres ser un palo en la maquinaria. Quieres dejar que los creadores y editores tengan su propio espacio. En parte es por respeto a los otros creadores, y en parte también temes que dicha libertad no siempre se vea recompensada. Creo que no lo ha sido en las películas, y ciertamente tampoco lo ha sido en los comic books. He visto un montón de cosas repetitivas en los cómics, un montón de material que apenas me parece un recalentamiento de otras cosas. Finalmente, es una de esas cosas que más me apenan del medio del cómic.

RINGGENBERG: ¿Su naturaleza derivativa?

BARKER: Si, absolutamente.

RINGGENBERG: Parece que hay un montón de gente con talento que no actúa de dicha manera. 

BARKER: Primordialmente esto es un negocio que está comandado por hombres de negocios, y no estoy hablando de una compañía en particular. Estoy hablando sobre el negocio de los cómics en general. Creo que sería bastante difícil que en los cómics mainstream te dejasen hacer lo mismo que en las novelas mainstream, por ejemplo, que es algo así como: “esta es mi visión y quiero hacer esto.” Nunca me dejarían incluir en la página de un cómic la mayoría de cosas que he puesto en la página escrita de una novela o de un relato y eso no sólo es por su naturaleza adulta, sino a que mis ideas divergen radicalmente de las reglas del género en el que estoy trabajando. He escrito novelas y relatos cortos de terror que no recordaban a otras novelas y relatos cortos de terror. He escrito fantasía que no recuerda a ninguna otra novela de fantasía. El editor tuvo la fe suficiente en mí como para poner dinero y para esforzarse en promocionar y encontrar el nicho de mercado, y ahora la gente reconoce mi material y ya está lista para hacerse con él cada vez que se publica de una forma masiva. Los comic books, y eso es algo que definitivamente se puede encontrar en el mercado actual... los comic books no tienen tiempo de hacerse con un público. Son cancelados rápidamente, y supongo que las cosas siempre serán así, aunque ahora me parezca que está ocurriendo más que nunca. Creo que ahí fuera existen un montón de universos que, francamente, me recuerdan a otros universos. Y simplemente te dices, “oh, sí, de acuerdo, ahí tenemos a otro super-héroe musculoso con una pistola enorme”. Y no es mi cinismo de alguien de cuarenta y un años, porque otras veces me he leído super-héroes disfrazados sin nada fresco o un solo giro en ellos. Pero no creo que poner una gran pistola en sus manos sea darle otro ángulo diferente. Tampoco creo que lo sea dibujarlo con grandes bíceps. Sólo es una forma de rellenar de sangre la página. De nuevo, se trata de volver a la historia, se trata de volver a tener un punto de vista, se trata de volver a tomar la decisión de decirle a tus lectores algo sobre lo que piensas sobre el mundo. Y eso implica que A) tienes que saber algo sobre el mundo y B) que tienes que tener el coraje de comunicárselo a tu lector. Si no lo haces, entonces me parece que sencillamente estás malgastando árboles.


RINGGENBERG: Una de las cosas de las que también he podido darme cuenta en las series de la Razorline es que parece como si deliberadamente hubieses diseñado un rango muy diverso de temas y personajes. ¿Lo hiciste con el propósito de orientar las series hacia un mercado determinado? 

BARKER: No creo que fuesen creadas para mercados concretos, porque no estoy seguro de si alguien sabe lo grandes que son dichos mercados. Supongo que mucha gente que viste de negro se leerá Sandman. Puede que haya muchos niños de ocho años que se leen X-Men. Pero más allá, más allá de esas divisiones generalistas, no sé si alguien sabrá algo sobre cómo se encuentra el mercado en la actualidad. Creo que hay un montón de suposiciones. Y no creo que sólo ocurra en el medio de los cómics, creo que es algo que habría que investigar en cualquier otro medio. Puedes suponer las cosas hasta cierto punto, y puedes hacer algunos supuestos, pero también puede que el público -siempre- te sorprenda al rechazar algo que pensabas que estaba dirigido exactamente para alguien en concreto, o aceptando algo que parecía que se dirigía a un público amplio. Eso es lo que ocurre siempre con las películas, y también con los libros… si echas un vistazo a las listas de bestsellers, además del material más obvio, los Grishams y los Kings y los Danielle Steel, ¡ahí tienes el jodido "Puentes de Madison"! ¿Qué ha ocurrido? ¿Quien se hubiera imaginado que aquí teníamos un libro que estaría en la lista de best-sellers durante, cuánto tiempo lleva actualmente? ¿Cincuenta semanas?

RIGGENBERG: ¡Y los críticos lo pasaron por alto!

BARKER: Obviamente, aunque tampoco importa mucho. El público lo ha encontrado y es lo que quería consumir, y así ha sido. Y sigue vendiendo. Así que la audiencia es capaz de sorprenderte. Por lo que no estoy muy seguro de que puedas orientar algo de una forma certera y alcanzar un gran éxito con ello.

RINGGENBERG: Así que deduzco de lo que estás intentando decir es que consideras los esfuerzos más creativos como una especie de puro azar.

BARKER: Bueno, no es puro azar para el creador. Sólo lo es para la persona que decide que quiere ganarse unos pavos. 

RINGGENBERG: Ahhhh….

BARKER: Y deberías tener clara cuál es la diferencia, ¿verdad?

RINGGENBERG: Claro, ya veo lo que quieres decir.


BARKER: La idea es que cuando el creador se siente frente a su mesa por la mañana, o frente al lienzo, o lo que sea, se diga: “Quiero hacer algo que tenga significado para mí, y también quiero comunicarles algo a mis lectores, así  que no voy a poner todo mi corazón para intentar conseguir millones de lectores, sino que voy a intentar contar la verdad tal y como yo la entiendo”, entonces eso no será puro azar, porque sabes exactamente lo que estás haciendo. Y serás tu mejor juez y jurado en lo que concierne a ese material, y probablemente lo estarás haciendo para ti y para un puñado de otras personas a las que sabes que les gusta este material, y esperas que haya otro puñado más ahí fuera. Pero tienes que poner todo tu corazón. La gente que pierde el rato con algo que quieren vender, en realidad son personas que se dicen: “de acuerdo, voy a ir al mercado y distribuir este material”, sea una película o un libro o un tebeo. Y sí, en su caso es puro azar por completo. Y esa es una de las razones por las que los distribuidores de cualquier medio artístico tienden a ponerse bastante nerviosos. Porque lo que intentan es algo que resulta bastante difícil de predecir.


RINGGENBERG: Dejando aparte cualquier tipo de pregunta sobre el rédito económico, simplemente cuando echas un vistazo a tus propios títulos de la línea Razorline, ¿te quedaste contento con el resultado?

BARKER: Sí y no. La respuesta es que cambiaría un montón de cosas y hay otro montón que dejaría igual, y sería la misma respuesta para cualquiera de las películas o libros en los que me he visto involucrado. Creo que hay dos cosas que siempre debes saber sobre cualquier obra que hagas y la primera es: era allí donde estabas cuando la hiciste. Y esa es una de esas cosas que siempre he intentado hacer y transmitir a cualquier novelista o cineasta que me ha pedido consejo. Les digo: “no hay verdades absolutas por las cuales alguien pueda juzgar la excelencia de lo que haces. Todo lo que te puedes decir es: lo he hecho con el corazón y ahí es donde me encontraba en aquel momento.” En el momento en el que empiezas a escribir para un crítico invisible, en el momento en el que empiezas a escribir para una audiencia invisible que esperas que te compre a millones, en ese momento has empezado a transitar el camino de la decepción y la desesperación. Así que todo lo que puedes hacer es decirte, “he hecho esto. Es lo que hago. Y ahora estoy haciendo esto otro.” Una de las cosas que nosotros hacemos, y que es una vía increíblemente enfermiza y penetrante de nuestra cultura, es que estamos hablando constantemente sobre lo bueno, lo malo y lo feo. Hablamos de que “esto vende tantas copias, por lo tanto es un cómic mucho mejor”, o “esta es una película muy buena porque Siskel y Ebert piensan todo esto sobre ella.” Juzgamos constantemente. De continuo. Ahora estamos en plena fiebre de los Oscars, acabamos de dejar atrás la fiebre de los Globos de Oro y vamos a comparar cinco películas que probablemente han sido hechas con una buena cantidad de angustia e introspección, y todas ellas son completamente diferentes unas de otras. Cómo demonios puede alguien comparar La Lista de Schlinder y El Piano es algo que se me escapa. Pero necesitamos hacerlo, de alguna forma u otra, en nuestra cultura necesitamos poder colocar las cosas en categorías de excelencia, “prefiero esto a esto”. Y yo digo ¡al infierno! Haz tu trabajo, intenta que sea bueno, sigue adelante. No pongas un ojo en lo que está haciendo otro y te digas: “Jesús, estoy desesperado porque eso es algo que creo que está mal y eso otro también y también eso otro.” Porque siempre va a haber cosas que están mal. Hacemos cosas imperfectas porque somos seres imperfectos. No es un gran misterio. Sólo tienes que hacer tu trabajo y no detenerte.

(Continuará)