lunes, 20 de abril de 2015

TENGO PREVISTO INVERTIR EN SEGURIDAD CONTRA ROBOTS CARNÍVOROS, por Warren Ellis.


Por Warren Ellis para Wired, mayo de 2009, traducido por Frog2000.

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Estoy observando una imagen que espero que de verdad sea obra del Photoshop. Representa un urinario para hombres que tiene conectados sendos brazos robóticos a cada lado. Las “manos” del robot, negras y con aspecto de atenazadoras mandíbulas, están desplegadas en un gesto de bienvenida. La mente humana tiene tendencia a pensar de forma antropomórfica, y no me lleva mucho tiempo identificar cosas que podrían ser ojos, así que ya ves, con esos brazos parece como una pequeña cabeza de Mr. Potato  y, oh, por Dios, esa grieta en la porcelana se asemeja a unas fauces, por lo que antes de que te des cuenta habrás dejado de dormir y empezado a orinar únicamente en botellas de agua mineral vacías.

Lo peor es la frase que acompaña a la imagen, que explica que este amigable inodoro es el mejor robo-amigo posible que puede existir para tus necesidades. Los brazos son para sostener tu pene mientras miccionas, dejando libre tus manos para otras cosas esenciales como usar el teléfono móvil, rascar una tarjeta de lotería o agitarlas frenéticamente para que alguien te rescate o te de pasaporte.

Así que, sí, espero que esto no sea un prototipo funcional preparado para el futuro de los Eloi, donde los hombres son tan mierdosos como para no querer fatigarse sosteniendo su viejo hueso mientras echan una meada. Además, mucha gente sabe que hay monos que han tenido conectados brazos robóticos a sus cerebros. Yo no voy a poner mi dispensador de pasta de “papi” en cualquier lugar que se encuentre cerca de un conjunto de brazos robóticos que podrían estar conectados neurológicamente a algún chimpancé sarnoso completamente desquiciado por el mal funcionamiento de su botón de comida y que fantasea con evocar a Roddy McDowall en señal de protesta.

Mientras estoy escribiendo esto el EATR se encuentra en pleno desarrollo. El “Energetically Autonomous Tactical Robot” financiado por Darpa es un robot diseñado para comer todo lo que tenga enfrente suyo como combustible. Combustible que utilizará para deambular por ahí con sus compañeros y matar a seres humanos. Incluso mejor aún, una vez que los cadáveres humanos se hayan secado un poco, el EATR podría comérselos también para alimentarse y continuar vagando, rondando por ahí en enjambres y siguiendo matando seres humanos. Claro, su constructor e instructor afirma que este sucio asunto es en “beneficio de la humanidad”. Pero si Darpa pudiese encontrar una forma de adaptar un rayo mortal para Internet... bueno, probablemente la mayoría de nosotros no estaríamos aquí leyendo esto. No es que tengan la intención de que el EATR (¡lo han llamado EATR! ) ruede hasta una granja y se coma babosas para seguir funcionando, como ocurría con ese lindo agro-bot que apareció en la BBC hace unos años. El EATR se comerá troncos, animales atropellados y arbustos, y básicamente todo lo que está o ha estado vivo, y todos los humanos que pueda cazar a tiros, hacer explotar y probablemente destripar.

Recuerdo leerme el guión de los hermanos Wachowski para Matrix en 1997 o así, que me había enviado mi agente del mundo del cine en aquella época, y pensar que era una bonita pieza de ciencia ficción para todo el mundo. Sus influencias eran claras y evidentes, pero se necesitan mentes interesantes para ahondar en la idea de cuántas unidades térmicas británicas es capaz de producir el cuerpo humano. En realidad, averiguar cuántas calorías gasta el cuerpo humano no resultaría demasiado útil para el argumento de la película. Pero esa omisión puede llegar a ser uno de los errores famosos de la ciencia ficción como herramienta especulativa, al igual que lo es la ausencia de teléfonos móviles en la ficción cyberpunk. Lo último que alguien quiere escuchar sobre ti, amigo lector, es el sonido de tu persona siendo arrastrada dentro de una zanja por un enjambre de EATRS, al igual que le ocurría a Charlton Heston al final de Soylent Green, chillando: “¡No nos quieren usar como baterías, nos quieren como barritas de energía!”

Los Wachowski se irán a la tumba (en realidad a los estómagos de los robots) sabiendo que serán recordados por los supervivientes del Robochompcalypso como las únicas personas que fallaron al vaticinar lo que se avecinaba.

Todo lo cuál ilustra una cosa muy peculiar de la ciencia ficción: la gente se espera que sea capaz de predecir el futuro. Todo lo que H.G. Wells fue capaz de decir es: “todo se va a ir a la mierda en 1940”, y todo el mundo se pensaba que se estaba follando a Nostradamus. El género tiene pegada esa etiqueta: la ciencia ficción va sobre predecir el futuro.

Sólo que no es así. No puede ser. El futuro es un blanco móvil. No es igual de previsible que el tiempo que va a hacer, e incluso los que predicen el tiempo fallan con esos extraños huracanes devastadores. La ciencia ficción nunca te va a decir lo que vas a tener que hacer el año que viene. Lo que realmente hace bien es utilizar la especulación para examinar el estado de las cosas en la actualidad, aunque sin embargo sea capaz de advertir sobre los posibles futuros.

Por lo tanto, si te quieres ahorrar dinero, haz como yo e invierte en seguridad contra robots carnívoros. Y ten mucho cuidado con los aseos públicos.